LA PROTEGIDA

(Ward)

Por LavenderGoddessV

Traducido por Inuhanya


Capítulo 7 - Heridas y Abrazos


"Bulma!" Llamó Juunanagou, mientras detenía su propio caballo y se apresuraba sobre la caída princesa. "Estás bien?" Preguntó él, la imagen de preocupación mientras examinaba las heridas de la onna.

"He estado mejor," Bulma tosió, aunque añadió una nota levemente humorística, intentando aliviar la vergonzosa situación. "Creo que algunos rasguños y golpes." Habló muy optimista antes de intentar levantarse lentamente. Cayó miserablemente, en los brazos del rey.

"Creo que es peor que unos pocos rasguños y golpes," explicó él, acomodando gentilmente a Bulma en el suelo. Por unos momentos Bulma observó curiosamente mientras el rey movía sus manos libremente sobre su cuerpo. Comenzando con su clavícula, y luego bajando por sus brazos, estómago, y piernas, probó lentamente por heridas. Sorprendentemente, no había nada sexual o sugestivo en sus movimientos; eran más confortantes que nada. Pero, tan aliviadoras como eran sus movimientos, la serenidad que provocó rápidamente se desvaneció cuando un punzante dolor interrumpió su respiración. "Ahha!" Gritó ella, de repente sintiendo una penetrante punzada en su muslo derecho. "Qué demonios hiciste?" Demandó ella poco distinguida.

Juunanagou suspiró levemente antes de asentir para que ella viera la gruesa vista de su pierna, la cual por una especie de shock, su mente pareció bloquear. "Aha." Gimió ella mientras sus ojos miraban el delgado trozo de corteza de árbol que en algún punto durante su colisión, logró perforar su muslo. Sangre parecía estar saliendo de todos lados, y casi como si la herida hubiese pasado en ese segundo, la realidad del dolor brotó por el cuerpo de Bulma. Gruñó; dejando caer su cabeza hacia atrás mientras sus manos casi apretaban desesperadamente su pierna para detener el dolor.

"No." Ella escuchó una voz muy firme retirando sus manos del herido apéndice. "Déjame." Él habló lo calmado suficiente que Bulma sintió que podía confiar en él para manejar la situación. Juunanagou removió su capa, y luego sacó una daga de su antebrazo. "Espero que no tengas particular afecto por estos pantalones, porque voy a tener que cortarlos," dijo él en un tono gentil, más probablemente para ayudar a calmarla que a preocuparla por su ropa.

Bulma asintió en respuesta mientras lo observaba llevar la hoja hacia la parte de abajo de su pierna derecha, y luego cortar la tela hacia arriba pasando la herida. Observó mientras lentamente removía la tela manchada de sangre y tierra, descubriendo su cremoso muslo blanco ante sus descubiertos ojos. Bulma de repente sintió un sonrojo llegar a sus mejillas mientras la vergüenza de tener tan íntima parte, al menos de acuerdo a sus términos, de su cuerpo expuesto la intranquilizaba.

Juunanagou notó el sonrojo y decidió continuar su atención sin comentarios. Por tan simple como parecía para él usar su vergüenza a su ventaja, se contuvo. Algo en ver su expuesta carne le trajo una desconocida sensación de excitación, una que ninguna mujer había provocado de su cuerpo antes. 'Tengo que observar a esta bruja con cuidado,' pensó él ardientemente, antes de llevar la daga a su propia capa. Cortó la prenda por la mitad, y luego cortó un pedazo más pequeño, y se lo alcanzó a Bulma.

"Ahora voy a sacar el trozo de corteza. No te mentiré Bulma, dolerá, pero puedes morder esto, ayudará." Su tono contenía preocupación que sorprendió aún al rey mismo.

"Estaré bien," dijo ella en un tono casi enojado. "Sólo sácalo, y déjame preocuparme por el dolor."

Juunanagou asintió, impresionado por su coraje. "Bien entonces," advirtió él antes de sacar al ofensor tan rápidamente como fuera posible. Bulma no liberó gritos ni sollozos, sólo un profundo y casi animalístico gruñido que excitó a Juunanagou más de lo que admitiría. Al momento que el pedazo de corteza fue removido tomó la mitad de su capa que había cortado y la presionó contra el ensangrentado muslo de Bulma. Una vez que sintió a su paciente lo lúcida suficiente, le pidió su ayuda. "Necesito que sostengas esto fuertemente contra tu muslo mientras traigo mi saco de agua de Heijin."

Bulma asintió mientras observaba al rey regresar a Heijin y luego regresar con su agua. Colocó el saco de agua junto a la pierna de Bulma mientras regresaba a su capa. Comenzó a rasgar la prenda hasta que quedó en delgadas tiras, asumió que funcionaría como vendajes hasta que pudieran regresar al castillo. Una vez que su capa estuvo completamente cortada, Juunanagou tomó la compresa de las manos de Bulma y comenzó a derramar el agua sobre la herida, limpiando el exceso de tierra y sangre antes de envolverla. Lo cual, hizo después con tanta gentilidad como lo había hecho con todas sus atenciones antes.

Una vez que terminó tomó un largo respiro exhausto antes de capturar los ojos de Bulma con los suyos. "Recuérdame nunca correr contigo otra vez; es mucho trabajo," dijo él con una carcajada antes de levantarse. "Estarás bien hasta que regresemos al castillo. Asumiendo que no más árboles se interpondrán en el camino," rió él mientras se inclinaba para levantar a la princesa en sus brazos. Los ojos de Bulma se abrieron, levemente sorprendida por su atrevimiento.

"Creo que puedo lograrlo sola," espetó ella rápidamente. "No soy inútil!"

"Por supuesto que no," concedió Juunanagou cargándola hacia su caballo. "De hecho, resististe bajo ese dolor mejor de lo que cualquier mujer que he conocido. Pero así fueras un endurecido soldado, aún no serías capaz de caminar."

"Pero, si fuera un endurecido soldado dudo que estarías cargándome," se burló ella, permitiéndole reluctante su caballerosidad. Después de todo, no sintió necesidad de prolongar su ofensa y serle negado montar por su sobre protector guardián - "Vegeta." Bulma jadeó de repente mientras los recuerdos de su propósito original brotaron en su mente. "Oh por dios, él va a enfurecerse." Gimió ella, olvidando temporalmente quién estaba escuchándola.

"Déjamelo a mi." Ofreció Juunanagou calmadamente. "No deseo causar un problema entre tú y tu guardián. Asumiré toda la culpa por el incidente."

Bulma estuvo un poco sorprendida por su voluntad para proteger sus intereses, pero nunca en buena conciencia le permitiría hacerlo. "No, ya le mentí a Vegeta una vez, no deseo hacerlo de nuevo, sin importar lo enojado que esté. Sólo tendré que hacerlo entender que esto fue un accidente, y que de ahora en adelante haré exactamente lo que me pida."

"Quieres decir, alejarte de mi." Juunanagou señaló la parte de la demanda de Vegeta que representaba un problema para él. "Verdaderamente me temes?"

Los labios de Bulma temblaron mientras su mente corría por una respuesta. "No… Pero lo que pienso es inmaterial. Le juré a Vegeta--"

"Juraste permitirle censurar tu vida. Siento si estoy siendo atrevido en mis opiniones, pero princesa--"

"Por favor, no." Bulma lo detuvo. "Le debo todo a Vegeta, incluyendo mi lealtad. Él no confía en ti, sea o no su desconfianza infundada es otro asunto, pero debo respetar sus deseos. Lo siento."

"Yo también," dijo Juunanagou con genuina decepción mientras llegaba ante Heijin. Juunanagou levantó a Bulma, de lado, sobre su caballo. Rápidamente siguió mientras montaba al corcel detrás de Bulma, encerrándola cuidadosamente dentro de su abrazo mientras tomaba las riendas. "Entonces haré lo que desees, princesa. Mantendré mi distancia." Él pausó para capturar sus ojos con los suyos. "Si eso es lo que deseas."

Bulma quedó atrapada en su intensa mirada por lo que parecieron horas antes de reunir el coraje para desviar sus ojos de los suyos. "No deseo decir más mentiras," susurró ella, admitiendo indirectamente lo que Juunanagou había sugerido exactamente. "Hikari!" Bulma llamó a su bestia para que los siguiera mientras el par se encaminaba lentamente hacia el castillo. Bulma sabía que no más palabras serían dichas durante el regreso, tenía todo lo que podía y él pareció entender, al menos esperaba.

Gentilmente, Bulma descansó su cabeza contra el pecho de Juunanagou mientras cerraba sus ojos, queriendo descansar antes de la exhausta batalla que temía resultaría de esto.


"Qué demonios quieres decir con que no puedes encontrarla?" La furia en los ojos de Vegeta podría describirse como nada menos que volátil. Aquellos alrededor sólo podían contar los segundos antes de que el hombre perdiera su temperamento completamente.

"No está en los campos del castillo. Revisé los establos y Hikari no está. Asumo que se fue a montar." Kakarotto continuó con su reporte, sabiendo que la siguiente parte ciertamente no sería del gusto de Vegeta. "Bulma usualmente da un paseo en la tarde, sin embargo, lo que me preocupa es que se fue hace cuatro horas, nunca demora tanto tiempo sola."

"Nappa, prepara a Akuma!" Demandó Vegeta, el soldado se escabulló para seguir su orden. "Dónde está Juunanagou?" Vegeta siguió su intuición, sabiendo que el paseo tarde de Bulma era muy conveniente para su enemigo.

Kakarotto aclaró su garganta antes de hablar de las enfurecedoras noticias. "No ha sido visto desde esta mañana, y su caballo, Heijin, tampoco está en los establos."

"Maravilloso!" gruñó Vegeta. "No puedo dejar sola a la onna por una mañana y esto pasa! Una maldita mañana! Sabía que Juunanagou haría algo, pero no lo creí lo tonto suficiente para comenzar tan pronto!"

"Tal vez sólo es una coincidencia." Ofreció Kakarotto, aunque apenas creyendo en sus propias palabras.

Vegeta ignoró la sugerencia del hombre mientras agarraba sus guantes. "Prepara tu caballo, Kakarotto. Si encontramos a Juunanagou a una milla de la onna, mátalo!"

"Eso no será necesario." Una voz casi calmada interrumpió al par mientras Vegeta y Kakarotto giraban sus cabezas para encontrar a una Bulma claramente herida en los brazos del rey Adajinzoun.

Una mirada de pura furia destelló en los ojos de Vegeta antes de que la preocupación sacara lo mejor de él. Ignorando temporalmente a Juunanagou, se apresuró al lado de Bulma con Kakarotto siguiéndolo de cerca. "Onna, qué demonios te pasó?" Preguntó él, sus ojos cayendo inmediatamente en su expuesta pierna, la cual claramente había sufrido una herida.

"Fue un accidente," dijo Bulma. "Hikari tuvo una caída, sólo recibí lo peor de ella. Aunque no es terriblemente seria. Juunanagou limpió y vendó mi pierna por mí. Con un poco de descanso, se recuperará perfectamente." Bulma fue rápida en minimizar la gravedad de la situación.

"Sí?" Los ojos de Vegeta vagaron sobre Juunanagou, casi anticipando la retorcida sonrisa que usaba el hombre con victoria. Sorprendentemente, el rey mantuvo su expresión; Vegeta asumió por temor a que Bulma lo notara. "Bueno, no fue amable de él prestar semejante servicio." Vegeta nunca retiró sus ojos del hombre seguro de que había jugado una parte negativa en lo que sea que hubiese pasado.

"Ninguna amabilidad, me temo, Vegeta. Tanto como odie admitir, mi ayuda fue fuera de egoísmo. Sabía que pelearía con mi conciencia si hubiese actuado tan fríamente como para dejar a tan encantadora onna en desgracia." Entregó Juunanagou tan suavemente que incluso Kakarotto tuvo que recordarse exactamente con quien estaba tratando. Sin embargo, Vegeta no tomó la fachada del hombre tan literal.

"Bueno, tu conciencia puede descansara ahora." Vegeta habló tan calmadamente como una persona puede cuando sus dientes están apretados. "Velaré por la salud de la onna de aquí en adelante." Vegeta levantó sus brazos como si tomara a Bulma del agarre de Juunanagou, pero la princesa lo detuvo.

"Espera, Vegeta." Bulma detuvo su movimiento con una mueca de dolor. "Creo que seria mejor si Juunanagou me lleva a mi habitación, y que el curandero me encuentre ahí. Mi pierna aún está terriblemente adolorida y preferiría no ser movida más de lo que tengo que ser."

Una mirada casi dolida destelló en el rostro de Vegeta antes de asentir su reluctante aprobación. "Si eso es más cómodo, entonces bien. Juunanagou te depositará en tu habitación mientras Kakarotto trae un curandero."

"Gracias." Bulma sonrió antes de asentir para que Juunanagou la llevara a su habitación. El rey obedeció fácilmente, disfrutando mucho la mirada casi… celosa? que el rey Saiyajín exhibía en su enfurecido rostro.

Vegeta observó intensamente mientras el par desaparecía por el corredor, notando cómo Bulma descansaba su cabeza sobre el hombro de Juunanagou en una forma muy cómoda. "Kakarotto!" Siseó Vegeta una vez que el par estuvo fuera de vista. "Trae al curandero y ve que Juunanagou no extienda su presencia con la onna. Entendido?"

Kakarotto rápidamente asintió antes de escabullirse, dejando al rey Saiyajín tomar un poco de tiempo e intentar calmar su acalorado temperamento.


Juunanagou depositó a Bulma gentilmente en su cama, tomando asiento junto a ella después de hacerlo. "Cómo te sientes?" Preguntó él, tomando un suelto mechón azul y regresándolo detrás de su oreja.

"Mejor ahora que estoy en la comodidad de mi propia cama." Sonrió mientras se situaba. Una vez instalada, miró a su huésped con una mirada triste. "Siento mucho todo esto," susurró ella con una pizca de arrepentimiento. "Y no digo sólo mi accidente con Hikari, sino este desastre con Vegeta, y lo grosera que he sido contigo, y--"

"Shhh." Juunanagou sacudió su cabeza mientras detenía sus labios con un enguantado dedo. "Nada de esto es tu culpa. Entiendo completamente tu titubeo con mi presencia. Vegeta y yo tenemos una horrible historia, deseo que no te tocara, pero lo hace. Verdaderamente debo ser el que se disculpe por este desastre."

Bulma sonrió mientras tomaba su mano cubriendo su boca entre las suyas y la movió para descansarla sobre su regazo. "Pareces un buen hombre, Juunanagou, siento mucho no tener el privilegio de relacionarme mejor contigo." El arrepentimiento en su voz era tan evidente como el notorio decaimiento en su postura.

"Igual yo…" susurró Juunanagou en respuesta, levantando gentilmente su mano libre hacia su suave mejilla. Lentamente levantó el caído rostro de Bulma, hechizando a la joven princesa con sus infinitos y cristalinos ojos azules. "profundamente… arrepentido…" Él casi ronronea las palabras mientras muy delicadamente llevaba sus labios para rozarlos contra los suyos. Motivado por su nula demostración de señales de rechazo, Juunanagou se atrevió a presionar sus labios contra los de Bulma. Cuando no recibió protesta, el rey se tornó más intenso; separando gentilmente los labios de la princesa, y pasando su cálida lengua por sus dientes, rogando más acceso.

Bulma se sorprendió por lo repentino de sus movimientos, pero algo en su gentil abrazo y suave beso la detuvo de detener su intrusión. En vez, fue tan lejos como atender su ruego, separando labios y dientes para permitirle a su húmeda lengua saborearla. Los ojos de Bulma se cerraron inconscientemente mientras se inclinaba en el beso. Sus manos soltaron las suyas y lentamente subieron hacia su cuello, donde suavemente las plantó, apretando su agarre sólo para acercarse más a él.

Juunanagou mantuvo su sonrisa; estaba muy complacido con el resultado de su 'duro trabajo' del día. Había esperado tener a la onna comiendo de la palma de su mano la noche anterior, pero las cosas parecían estar progresando bien sin duda. Movió sus brazos para envolverlos alrededor de la cintura de la princesa, ayudando a eliminar el espacio entre el par. Cerrando su pecho contra el suyo, Juunanagou incrementó el ritmo del beso de movimientos casi tímidos a más necesitados y demandantes. El rey se impresionó de encontrar a Bulma encontrando cada rudo movimiento suyo con una salvaje reacción propia. De repente pensó que si la onna no fuera la protegida de Vegeta no le importaría tomar su inmaculado cuerpo para una faena que nunca olvidaría. 'Muy pronto', pensó él excitado imaginando lo que podría ser tomarla completamente; ella gritando su nombre mientras entraba en su cálida humedad, tomando eufóricamente su pureza y corazón. La idea fue todo lo que Juunanagou necesitó para querer rasgar la ropa de la princesa, pero en ese momento no iba a ser.

"Bulma!" El sonido de la voz de Kakarotto separó al par rudamente. Juunanagou se levantó rápidamente de la cama, manteniendo su espalda hacia el soldado y curandero quienes habían entrado. Lo último que el rey necesitaba era que el par viera exactamente lo excitado que estaba por tan simple beso, y entonces…

"Kakarotto!" Juunanagou decidió hablar pudiendo decir que Bulma estaba muy sonrojada y avergonzada. "Me alegra que finalmente encontraras un curandero. Estaba comenzando a pensar que habías olvidado atender a la onna." Juunanagou habló tranquilamente mientras rodeaba la cama, deteniéndose justo ante el guardia, actuando como si Kakarotto no hubiese visto nada. "No quería que la princesa tuviera que esperar sola, así que me quedé unos minutos más. Pero ahora que estás aquí me iré." Él habló, asegurándose que los sentidos de Kakarotto captaran el aroma de excitación de Juunanagou, junto con el dulce aroma que Bulma había dejado sobre él. "Espero que te cures rápido, mi lady." Juunanagou envió un beso de despedida a una Bulma finalmente enfocada antes de salir de la habitación.

Kakarotto optó por permanecer en silencio mientras el curandero atendía las heridas de Bulma. Cuando el hombre terminó le indicó a Bulma no apoyar su pierna tanto como fuera posible. Después de aceptar sus órdenes, dejó a la princesa y a su guardia personal en un incómodo silencio; uno que sólo incrementó la culpa de Bulma con cada segundo. No pudiendo soportar más la casi disgustada mirada de su amigo, habló. "Kakarotto, sé que probablemente estás--"

"Qué demonios estabas pensando?!" Kakarotto la interrumpió mientras cerraba y aseguraba la puerta, evitando más interrupciones. Avanzó hacia la cama de Bulma y se sentó con una dolida mirada en su rostro. "Tienes alguna idea de lo que habría pasado si Vegeta hubiese sido el que entró aquí en vez de mi?!" La expresión de Bulma cayó, la mención de su guardián pareció empeorar su culpa. Sin embargo, tan vergonzoso como se sentía el desafiar la promesa a su guardián, no iba a rogar por su perdón cuando sentía que sus acciones no habían justificado completamente esa súplica.

"Kakarotto, sé que Vegeta estaría furioso de saber que le había hecho una promesa que fallé en cumplir pero… pero si estás pidiendo mi disculpa por aceptar el afecto de Juunanagou… no te concederé tu petición."

"Bulma." El frunce de Kakarotto se profundizó. "Temo preguntar qué hubiese visto si hubiese entrado momentos después."

Los ojos de la princesa se abrieron, con dolor y ofensa. "Te abofetearía si no fueras un amigo tan cercano, Kakarotto. Cómo te atreves a sugerir la posibilidad de que me deshonraría y a mi herencia de semejante forma! Juunanagou y yo compartimos un momento de intimidad. Uno, el cual no tienes derecho a escudriñar! Mis romances con los hombres no son tu asunto!"

"Son mi problema!" Espetó Kakarotto rápidamente. "Mi posición es protegerte! Y te protegeré de una escoria como el Rey Adajinzoun, quien te usará hasta que hayas servido para su propósito y luego te desechará como si nunca hubiese puesto sus ojos en ti! Ese es Juunanagou, y eso es lo que hace! Lastima a todos los que se cruzan en su camino, especialmente cuando el camino lo conduce a alguien que odia." Kakarotto tomó un respiro sabiendo que gritar no iba a atravesar el orgullo de la princesa. "Por favor, Bulma," susurró él, tomando sus manos lentamente entre las suyas, fijando sus ojos con los suyos en una súplica por su acuerdo. "Aún si no temes del peligro en el que este hombre te pondrá, piensa en lo que está haciéndole a Vegeta. La simple idea de Juunanagou lastimándote está destrozándolo por dentro. Vegeta no tiene malicia o egoísmo cuando se refiere a ti. Lo sabes, Bulma. Él sólo quiere protegerte, por favor, si no por ti entonces por él. Deja a Vegeta protegerte."

"Protegerme de qué?!" Demandó Bulma, zafando sus manos fríamente. "Juunanagou no ha hecho nada para sugerir que es un peligro para mi! El único crimen que ha cometido aparentemente es conocerte y a Vegeta!"

Kakarotto sacudió su cabeza mientras se levantaba abruptamente de la cama de Bulma, y comenzaba a caminar hacia la puerta. "Simplemente no tienes idea de lo que estás dejando pasar," susurró Kakarotto sombrío. "Hace diez años Juunanagou destruyó una parte de Vegeta que pensé nunca se curaría. No fue hasta que entraste en su vida que comencé a creer lo contrario. Pero ahora… no puedo obligarte a hacer nada Bulma; eso lo aprendí hace mucho tiempo. Pero, puedo advertirte. Juunanagou te lastimará, aún más de lo que claramente ya ha hecho. Esta no es una posibilidad, es una garantía. Pero aún si tú eliges ignorar cada advertencia que te hago, recuerda esto. Cualquier daño que Juunanagou inflija sobre ti, emocional o física, lastimará a Vegeta diez veces. Esa es la meta de Juunanagou… No dejes que Vegeta sea castigado por preocuparse por ti."

Sus palabras dolieron más que la punzante herida en su pierna, mientras las entregaba con tal convicción. Al momento que la puerta se cerró y Kakarotto se fue, Bulma estrelló sus puños en las suaves almohadas de su cama, antes de colapsar contra su almohada. Cubrió su rostro con sus cálidas palmas intentando encontrar algo de cordura en esta molesta situación.


Nota de LGV: Hm… Parece que las cosas están saliendo mejor para Juunanagou, y peor para Vegeta. Tendrá alguna oportunidad de detener esta bola de nieve antes de que sea muy tarde? Bueno, tendrán que esperar hasta el próximo capítulo para averiguarlo…