¡Muchas gracias por los reviews! Me alegra saber que no soy la única interesada en parejas raras. Espero que os guste este breve RogueCana.
07
Alcohol
—Eres un aburrido, Rogue-chan~
El Dragon Slayer de las sombras permaneció impasible ante las carantoñas y los lascivos comentarios que siguieron a esa primera declaración de ebriedad. Y es que cuando la conoció ya tenía clara una cosa, y esa era que no podría quitarle la bebida con facilidad.
Pero la quería, y esa era una importante faceta suya con la que debía convivir.
—Hace mucho que no lo hacemos, mi Rogue-chan. ¿Por qué no retozamos aquí, en la alfombra?— Cana señaló sonriente la alfombra verde que había frente al sofá, a pocos metros.
—Hace mucho que no lo hacemos porque asegurabas tener la regla— dijo impasible. De haber tenido gafas, se las habría subido con el dedo índice en un acto de condescendencia.
—Menuda estupidez.
Cana se acercó a su tan querido Rogue y lo rodeó con las brazos. Él notó, incómodo, como sus pechos se aplastaban contra sus pectorales desprovistos de armadura alguna. Cana abrió la boca, lasciva, y se acercó a él para darle un buen beso con lengua de los que no se olvidan.
Rogue lo recordaría como un beso con sabor a vino tinto.
Cuando ella se separó, le dedicó una mirada juguetona a la entrepierna de su pareja.
—¿Tan pronto y con un sólo beso?
Él se sonrojó. Dejó que ella le quitara una a una todas sus prendas hasta quedar desnudo y, cuando ese momento llegó, decidió tomar él las riendas sobre la alfombra del salón.
¿Qué pudo haber pasado para que alguien como él y alguien como ella se juntaran?
Nada especial; una visita a Fairy Tail, muchíssimo alcohol y una acción atrevida llevaron a Rogue a perderse entre los encantos de Cana Alberona. Lo que él tal vez no podría atreverse a hacer ya lo hacía ella y, pese a su alcoholismo, su fogosidad y su temperamento eran características que el mago de Sabertooth encontraba preciadas.
El acto culminó con un beso apasionado y una sonrisa brillante.
—¿Sabes, Rogue-chan? Creo que podría encerrarte entre estas cuatro paredes para que no hicieses con nadie más lo que me has hecho hoy.
Él permaneció impassible. Sabía que estaba ebria, pero también sabía que no mentía. Sabía, en definitiva, que le gustaba, y estaba plenamente conforme y satisfecho al sentirse correspondido de tan extraña manera.
