Volvamos a encontrarnos.

EPILOGO.-

El sol entraba por la ventana de la habitación. Se veían las cosas, tanto como ropa y toallas sobre la cama. La joven Sora recibió el llamado de su madre para desayunar. Sora obedeció y fue sin chistar.

Madre e hija estaban en la mesa. En ese momento la madre de Sora quebró el silencio.

-¿Cómo amaneciste, hija?—

Sora se quedó en silencio unos segundos… -Bien mamá, amanecí bien—

-Me alegro, Sora—

Después de continuar el desayuno y de saborear los huevos fritos, Sora le dijo a su madre que saldría a jugar tenis, así que le pidió que le trajera su ropa de entrenamiento que había lavado el fin de semana.

Sora se puso su ropa de entrenamiento y tomó su bolso. Se despidió de su madre y le dijo que volvería tarde.

Llegó a su lugar de entrenamiento y en la cancha de tenis se encontró con su entrenador. Comenzaron a jugar un partido y Sora tuvo un buen comienzo, pero en el segundo set empezó a flaquear y a perder muchos puntos, se estaba distrayendo demasiado y no seguía el ritmo del partido ¿La razón? Tai estaba en su mente y no podía dejar de pensar en él.

La distracción de Sora continúo durante todo el entrenamiento y al finalizar este su entrenador la regañó. Le dijo que tendría que estar más atenta, que si seguía con esa actitud de distracción, simplemente no triunfaría en aquel deporte.

Sora aceptó las recriminaciones de su entrenador y agachó la cabeza, como un signo de asumir sus entrenamientos.

-Señor entrenador, lamento las distracciones del día de hoy. Yo, Sora, prometo que nunca más volverá a suceder—

Después de la conversación con su entrenador Sora se dirigió a los vestuarios a ducharse y cambiarse de ropa. Cuando estaba guardando sus cosas en su bolso, se dio cuenta de que de ahí calló la muñequera que había bordado para Tai.

Sora tomó la muñequera en sus manos y la miró con nostalgia, preguntándose qué sería de él, en donde estaría. Sora quería concretar el objetivo de ese regalo que tenía preparado hace unos días.

Sora guardó sus cosas y se retiró del lugar. Mientras viajaba a casa siguió pensando en aquella muñequera y en Tai, así que decidió pasar a casa de los Kamiya.

Sora llegó a la casa de los Kamiya y se encontró con la sorpresa de que sólo estaba Kari en ahí. Sora decidió preguntarle a la chica por su hermano.

-Kari ¿Se encuentra Tai?—

-Lamento decirte Sora que Tai no está y no estará aquí por un año, ya que se fue a estudiar a otra ciudad—

-¡DE VERDAD!— dijo Sora completamente sorprendida.

-Sí, es verdad, Sora-

Con esa noticia Sora se fue a su casa corriendo cabizbaja. Llegó a casa y su madre le sirvió la cena y terminada ésta se fue a su habitación. Allí ordenó su cuarto y entre las cosas, encontró su diario. Comenzó a hojearlo y encontró lo que había escrito hace unos días sobre un sueño que tuvo. Esas líneas trataban acerca de su anhelada relación con Tai, de sus momentos mágicos y de la maravillosa experiencia vivida en París. Todo un sueño para ella, que sólo quería que se hiciera realidad.

FIN.-

Notas: Finalmente he decidido terminar este fanfiction y con un pequeño epilogo que es su fin definitivo. Espero que toda la historia haya sido de su agrado.