Capítulo 7. Palabras que se empeñan por treparte hasta el corazón.
Yuri había visto cosas hermosas en su vida pero nada podía compararse con el hecho de estar mirando a Victor Nikiforov usando un delantal negro mientras el hombre de los ojos azules iba y venía en medio del bar llevando bebidas y comida entre las mesas.
Aunque ciertamente la noticia de que Victor había decidido trabajar ahí para libarlo a él de las responsabilidades extra lo había hecho enojarse y sentirse culpable, Yuri tenía que admitir que después de que el impacto inicial pasara, y después de que Victor le asegurara una y mil veces de que aquello no era una molestia, el chico se sintió agradecido porque de ese modo podía seguir estudiando sin sentirse agotado la mayor parte del tiempo.
Yuri suspiró pensando en que Victor no paraba de decirle que él era un ángel salvador pero lo cierto era que Yuri también podía decir que Victor era su propio ángel de la guarda quien siempre se encargaba de iluminar su mundo y hacer todo un poco más fácil.
El chico sonrió sin poder evitarlo mientras sus ojos se quedaban quietos sobre la figura del hombre quien, aunque atendía con una sonrisa a los clientes, estaba dirigiendo la mirada de sus ojos azules hacia él provocándole a Yuri unas inmensas ganas de levantarse de la mesa en la que estaba comiendo después de haber tenido un largo día en la escuela simplemente para besarlo. Victor le guiñó un ojo en aquel instante y como si hubiera leído la mente de Yuri, el ruso empezó a caminar hacia él sin que le importara que Mari y Phichit estuvieran observándolo todo desde la barra del bar.
Y es que aunque ya era habitual el hecho de verlos morir de amor cada vez que estaban juntos, Mari y Phichit seguían disfrutando de aquellas escenas porque gracias a ellas podían hacer que Yuri se sonrojara de modo alarmante cuando alguno de ellos le recordaba al muchacho de los ojos marrones uno de sus tantos encuentros con Victor. Pero en aquel momento, mientras Victor se acercaba más y más a él, el pelinegro pensaba que sería capaz de soportar las burlas del mundo entero con la sola condición de que Victor siguiera sonriendo así para él y nadie más que él.
Porque habían pasado casi cuatro meses desde su primer beso y Yuri no podía creer que Victor no hubiera decidido irse ya a Rusia, sobre todo porque el chico Katsuki estaba seguro de que ser el novio de alguien como él era difícil debido al poco tiempo que tenía para dedicárselo a otra cosa que no fuera la escuela que día a día iba poniéndose más difícil o a dirigir la construcción del refugio de animales que poco a poco iba tomando el rostro de un lugar serio y no solo de un sueño gracias a los recursos que Victor había donado para poder levantar aquel lugar. Y si a eso se sumaba también el hecho de que los exámenes para obtener una plaza como médico residente en el Hospital Veterinario de Tokio estaban a la vuelta de la esquina, Yuri tenía que aceptar que sus horas felices con Victor habían sido muy pocas de verdad durante aquellos días.
Pero eso no parecía afectar para nada al hombre de los ojos azules quien siempre lo abrazaba y lo besaba con un sentimiento intenso que hacía que el temor principal de Yuri, el temor de perder a Victor se esfumara con rapidez porque cuando los labios de Victor lo besaban, el miedo parecía paralizarse y todo lo que existía era el calor de aquel hombre que lo protegía del mundo entero con el calor de sus brazos.
Yuri sonrió una vez más pensando en todo lo que Victor había hecho por él y se preguntó no por primera vez si él estaba correspondiéndole del modo en el que debía hacerlo. Y es que había veces en las que Yuri de verdad quería preguntarle a Victor si todo lo que habían vivido hasta ese momento era de verdad suficiente para él. Porque Yuri pensaba que Victor merecía el mundo entero y el chico Katsuki no estaba muy seguro de poder ofrecerle eso a quien se había convertido en alguien tan importante para él.
Porque Yuri sabía que estaba enamorado, lo sentía con toda la fuerza de su corazón que lo sorprendía todo los días al latir por Victor con fuerza, con autentica felicidad. Lo cierto, era que en lo más profundo de su ser Yuri estaba seguro de que su enamoramiento brillante y alocado, ese enamoramiento que había llegado sin que él lo esperara, se había trasformado de pronto en la certeza de que Victor, todo lo que Victor era le hacía sentir amor.
Victor siempre decía que el tema de sus pinturas era el amor y ahora Yuri podía entenderlo perfectamente: él sentía amor por Victor, si Yuri fuera pintor él también habría dibujado la sonrisa de Victor en mil y un tonos distintos de color. El chico suspiró preguntándose por qué demonios su timidez seguía impidiéndole decirle esas cosas a Victor, cosas que el hombre de los ojos azules le decía sin temor. Yuri suponía que tenía que dejarse llevar para poder decir por fin lo que tenía que decir y sabía que tenía que hacerlo pronto. Quizá de ese modo Victor no se iría de su lado jamás, quizá de ese modo Victor querría quedarse por siempre con él.
Yuri sonrió y al llegar a la mesa donde su novio estaba, el pintor ruso que ahora era uno de los meseros más populares de Yutopia se encargó de besar esa sonrisa mientras desde la barra Mari y Phichit empezaban a silbar y a gritar que se buscaran una habitación de hotel para hacer aquellas cosas. Victor sonrió divertido en medio del beso a causa de los gritos de su cuñada y Phichit cuyo pasatiempo favorito era quitarle todo el romance a los encuentros como aquel.
-Hola mi amor- dijo Victor sonriendo encantado al sentarse frente a Yuri pues tenía un momento libre antes de que los clientes comenzaran a pedir más cosas- ¿Cómo te fue hoy? ¿Fuiste a ver a Vicchan? ¿Nuestro nuevo hijo adoptivo sigue bien y con ganas de seguir viviendo?
-Hola…- dijo el joven Katsuki sintiendo que su corazón estallaba de felicidad cada vez que Victor lo llamaba de aquel modo, cuando Victor lo llamaba su amor-. Sí, fui a ver a Vichan antes de venir aquí. Él está bien, estaba jugando con Maccachin cuando llegué a casa. Vicchan se hace cada vez más fuerte, y esa no es la única buena noticia de hoy porque en realidad tuve un buen día…
-¿Sí?- dijo Victor con sincero interés mientras tomaba la mano de Yuri animando al otro chico a contárselo todo.
-Hoy respondieron a mi solicitud de entrada al Hospital Veterinario de Tokio- dijo Yuri con una sonrisa alegre-. Soy apto para el puesto de residente, solo tengo que concentrarme en aprobar el examen teórico y rendir una entrevista formidable…
-Yo sabía que tenían que aceptar tu solicitud, serían unos idiotas si no lo hicieran- dijo Victor con una sonrisa llena de orgullo- ¿Cuándo es tu examen teórico?
-Al inicio del año próximo- dijo Yuri sintiéndose un poco nervioso- ¿Crees que pueda lograrlo de verdad? ¿Crees que podré trabajar ahí tan pronto como me gradúe?
-Respóndeme esa pregunta tú- dijo Victor sin dejar de sonreír- ¿Puede mi Yuri lograr otro de sus sueños?
-Sí puedo…- dijo Yuri sintiendo que mientras esos ojos no dejaran de mirarlo él podría enfrentarse a todo.
-Claro que puedes- dijo Victor riendo alegremente, feliz de ver que el miedo de Yuri no le impediría lograr lo que éste quisiera hacer-. Entonces tendré que preparar todo para que tú, Vicchan, Maccachin y yo vivamos cómodos en Tokio ¿qué opinas? ¿Deberíamos comprar una casa allá? Aunque estaremos allá solo el tiempo que tu especialidad dure ¿No es así? Phichit y Yuko me han dicho que ellos no tienen problema en cuidar del refugio de animales mientras tú y yo estemos lejos así que… ¿qué opinas de rentar algo modesto? Una casa de tres pisos, jardín enorme para los perros ¿una piscina? Claro, sin duda alguna querrás relajarte después del trabajo y…
-Victor…- dijo Yuri sonriendo emocionado- ¿De verdad estás pensando en seguir a mi lado? ¿Irás a Tokio conmigo?
-Me parece que sigues sin creerme cuando te digo que iría al fin del mundo por ti- dijo Victor mirando fijamente los ojos marrones de su amado-. Lo cual por cierto me recuerda que quizá debo decírtelo de otro modo así que aprovechando el hecho de que mi amada jefa me ha dado la tarde libre y que mañana no tienes clases porque todos tenemos que celebrarte…
-¿Celebrarme?- dijo Yuri sintiéndose feliz ante la perspectiva de vivir otro sueño al lado de Victor.
-Es tu cumpleaños mañana ¿no es así?- dijo Victor con aire emocionado, a él siempre le había gustado celebrar los cumpleaños.
-Cierto…- dijo Yuri quien solía olvidarse de aquella fecha en medio de lo caótico de su vida que sin embargo, sí se había vuelto menos agotadora una vez que Victor lo relevara de sus responsabilidades en Yutopia.
-¿Lo había olvidado?- dijo Victor con incredulidad haciendo reír a Yuri por el desconcierto que había en su mirada.
-Acabo de recordarlo- dijo Yuri con sinceridad, sintiendo un poco de tristeza porque para él su cumpleaños siempre había sido un día difícil de verdad.
-Bueno, pues he preparado algo especial para ti- dijo Victor con sus ojos azules llenos de luz-. Tan poni como mi turno termine, iremos a casa y te celebraré la tarde entera, estaremos los dos solos. Chris me prometió cuidar bien a Vicchan y a Maccachin así que no te preocupes. Celebraremos hoy y el día de mañana también. He reparado una fiesta de cumpleaños con todo el mundo ¿sabes? Todos te daremos un regalo especial, lo que me recuerda ¿quieres algo en específico, mi Yuri? la verdad es que no sabía qué regalarte, así que simplemente compré un montón de cosas que creí serían útiles pero no estoy muy seguro de si serán suficientes porque…
Las palabras de Victor se desvanecieron de pronto cuando Yuri lo besó sin saber qué más hacer o decir. Victor siempre hacia más por él de lo que en realidad debía y a un chico como aquel para el que poner sus sentimientos en muchas palabras siempre había sido un tanto difícil, un beso siempre era la mejor forma de hacerle saber al hombre que él amaba que estaba agradecido todos los días por haberse encontrado con él porque había sido el azar afortunado del mundo el que los había reunido. Yuri no estaba esperando por Victor del mismo modo en el que Victor no estaba buscando a Yuri pero los dos se habían encontrado y aquel encuentro era lo mejor que le había pasado a Yuri en casi veinticuatro años de vida que, en los brazos de Victor, se sentían como una vida llena de amor y de alegría.
-Te quiero a ti- dijo Yuri sin poder contenerlo-. Solo te quiero a ti, tú eres todo lo que quiero, no puedo pedir más…
-Y me tendrás para ti por siempre- dijo Victor sintiendo que su propio corazón se derretiría de dicha pura por las palabras que Yuri le había dicho-. Pero tener un montón de regalos el día de tu cumpleaños nunca está de más ¿vale?
-Ok…- dijo Yuri sonriendo felizmente-. Por cierto, creo que tus clientes necesitan de tu atención ahora y si no atienes su llamado mi hermana se va a enojar…
-Y no me puedo arriesgar a hacerla enojar- dijo Victor riendo alegremente-. No quiero que retire su permiso, creo sinceramente que si sigo siendo un buen trabajador y un novio excelente, Mari nos dejará casarnos después de navidad…
-¿Casarnos?- dijo Yuri un poco asustado-. Victor…
-Ok, puedo esperar hasta la navidad del próximo año- dijo Victor riendo alegremente-. Así que quita esa cara de susto mi Yuri aunque, espera un segundo… ¿De verdad crees que sería tan terrible casarte conmigo?
-Claro que no- dijo Yuri con sinceridad-. Si logro casarme contigo, de verdad me sentiré el hombre más afortunado del universo…
-O no, el hombre más afortunado del universo seré yo si eso sucede- dijo Victor suspirando de forma profunda antes de levantarse para seguir con sus deberes-. Espérame media hora más ¿sí? En serio muero de ganas por empezar a festejarte…
-Gracias, Victor- dijo Yuri besando la mejilla de su novio antes de que éste se alejara de él.
-No agradezcas mi Yuri- dijo el hombre de los ojos azules-. El afortunado al conocerte fui yo, créeme…
Yuri sonrió de nuevo pensando que Victor se equivocaba porque en realidad los dos habían sido afortunados al conocerse y algo en el corazón del joven Katsuki le decía que al pasar de los días aquello no cambiaría y que quizá podía irse acostumbrando a la idea de que una vida entera al lado de Victor Nikiforov podría ser una realidad.
-¿Sabes que si miras a alguien con esa intensidad le puedes robar el alma?- dijo la voz e Phichit quien se materializó al lado de Yuri casi de la nada sobresaltado al pelinegro.
-¿Y qué? Él me robó la mía desde hace días- dijo Yuri sin temor de sonar ridículo- ¿Quieres ser el padrino de nuestra boda?
-Le dije a Mari que apostaba mi sueldo de un mes a que sí tendríamos que prepararnos para la idea de una boda pero no pensé que tan pronto- dijo Phichit riendo alegremente-. Yuri, en serio estás enamorado…
-Amo a Victor Nikiforov, Phichit- dijo Yuri dándose cuenta de pronto de que no era nada difícil decir aquello en voz alta-. De verdad lo amo…
-Sabes que no es a mí a quien tienes que decirle eso ¿verdad, Yuri?- dijo Phichit enternecido de verdad-. Y respondiendo a tu pregunta, si le pedías a alguien más que fuera tu padrino de bodas me habría sentido de verdad ofendido…
-Gracias por aceptar entonces, pero antes de eso tengo que cumplir otros sueños ¿sabes?- dijo Yuri con determinación-. Quiero convertirme en una persona que Victor pueda admirar y amar toda la vida, no quiero que él se decepcione de mí. Quiero ser un médico excelente, quiero ser alguien capaz de hacerlo feliz siempre, quiero que él se sienta orgulloso de estar con alguien como yo…
-¡Oh mi pequeño Yuri!- dijo Phichit sonriendo alegremente-. Jamás vas a darte cuenta ¿verdad?
-¿De qué?
-Tú ya eres todo eso para Victor, todo lo que me has dicho es lo que Victor ve en ti justamente ahora…- aseguró el tailandés.
Yuri sonrió al escuchar las palabras de su amigo y suspiró pensando en aquella posibilidad y se dijo que quizá era cierto pero él sabía que podía ser más, que podía mejorar. Porque él de verdad quería darle a Victor solamente la mejor versión de sí mismo. Sí, él sabía que Victor lo aceptaba de forma incondicional pero él quería esforzarse más. Victor valía la pena, Victor valía su vida entera en realidad…
Victor contemplaba con adoración a Yuri quien miraba con verdadera sorpresa el pastel casero que Victor había preparado para él aquella noche. Los dos estaban sentados a la orilla de la chimenea de la pequeña casa de Victor en la que los dos habían pasado juntos la tarde entera hablando, riendo y bailando canciones lentas que hablaban de amor y de felicidad.
Faltaban apenas unos minutos para que el reloj marcara el inicio de un nuevo día y las velas del pastel que Victor había preparado se reflejaban en los ojos marrones de Yuri quien se sentía de verdad contento. De hecho, el muchacho pensó que hasta ese día él jamás había sentido la necesidad de festejar su vida como le ocurría en aquel momento.
Y es que Victor estaba ahí con él cuando lo cierto era que el ruso podía haber estado en cualquier otra parte. Victor seguía sorprendiéndolo a cada hora, a cada segundo. Victor seguía mirándolo del modo en el que lo hacía ahora, de ese modo en el que Yuri sentía que era el amor mismo el que estaba sosteniéndolo con la mirada de Victor.
Porque el hombre de los ojos azules había preparado aquel pastel solamente para él. Victor le había llamado a su madre para que ésta le diera la receta de su famoso pastel de chocolate y el ruso la había seguido al pie de la letra aunque debía admitir que antes de lograr preparar un pastel decente había tenido que hacer incontables ensayos durante los cuales Chris le había advertido que si quemaba la casa él no le conseguiría otra.
Pero el peligro de un incendio era lo que menos le preocupaba a Victor durante sus incesantes tardes de practica culinaria, él solamente había querido sorprender a Yuri y pintar en los labios del chico aquel una sonrisa hermosa y brillante como la que estaba quieta ahora en los labios de su amado cuyos ojos marrones parecían estar hechos de ámbar y oro en aquel preciso momento cuando el reloj de la sala marcaba el inicio de la media noche y con él, el inicio también del vigésimo noveno día de noviembre, la fecha en la que Yuri había llegado al mundo hacía ya veinticuatro años.
-Sopla las velas y pide un deseo ahora, mi Yuri- dijo el hombre de los ojos azules tomando la mano de su amado entre las suyas-. Pide lo que quieras…
Yuri sonrió con calma mientras miraba los ojos de Victor haciéndole saber con esa mirada que él deseo que pediría a continuación también lo incluiría a él y el hombre de los ojos azules no pudo evitar sentirse afortunado por enésima vez. Porque la sola conciencia de ser parte de los deseos de Yuri bastaba para hacerlo feliz, aquello era demasiado hermoso y real.
"Deseo que él quiera quedarse conmigo sin tiempo definido", pensó Yuri mientras soplaba las velas y Victor comenzaba a entonar una canción tradicional de cumpleaños, "haz que él quiera estar conmigo mucho tiempo, haz que mi amor sea suficiente para él porque lo amo, de verdad lo amo."
-Feliz cumpleaños, mi Yuri- dijo Victor tomando un poco del chocolate del pastel para ponerlo en los labios de Yuri quien sintió calor al darse cuenta de que la intención de Victor era comer el dulce de sus labios.
Sonriendo de forma traviesa, Victor besó al joven delante de él con suavidad, haciendo que Yuri sintiera que una llamarada ardiente se encendía en su interior. Porque aquel beso era diferente a todos los que Victor le había dado hasta ese momento, porque en aquel beso se insinuaba también una pasión que quizá, sería consumada aquella noche.
-¿Qué deseo pediste?- dijo Victor separándose de los labios del pelinegro con algo de desgana pero de verdad moría de ganas por saber acerca del deseo de cumpleaños de Yuri.
-Si te lo digo no se hará realidad- dijo Yuri diciéndose interiormente que el sabor a chocolate era sin duda más delicioso cuando se mezclaba con el sabor de los labios de Victor.
-¿Era algo que te hará feliz siempre?- dijo Victor sin poder evitar sentirse curioso.
-Sí, pedí algo así…- dijo Yuri sonriendo alegremente.
-¿Tiene algo que ver conmigo?- preguntó el ruso haciendo reír a Yuri por la sincera intriga de su voz.
-No lo sé…- dijo el pelinegro haciendo que los ojos de Victor se llenaran de inquietud.
-Yuri…
-¿Qué?
-No me hagas pensar idioteces- dijo el ruso sin poder evitarlo-. Ahora mismo estoy pensando que pediste que me fuera de tu lado…
-¿Por qué querría que mi deseo vuelto realidad se fuera de mi lado?- dijo Yuri tomando al ruso por la solapa de su camiseta azul y atrayéndolo hacia sí, provocando que los dos cayeran sobre la alfombra gris sobre la que habían estado.
Los brazos de Yuri estaban rodeando el cuello de Victor y el ruso sintió en seguida que el cuerpo de Yuri lo llamaba a él de forma peligrosa, que el calor de aquel cuerpo era como el inicio de un incendio furioso que nadie sería capaz de apagar. Los ojos marrones de Yuri estaban llenos de pasión, no de miedo y aquello en seguida hizo que el ruso se sintiera atrapado, perdido, excitado y también amado porque en los ojos de Yuri había amor. Un amor como no existiría ningún otro. Un amor que no necesitaba ser puesto en palabras para que Victor pudiera sentirlo.
-¿Soy tu deseo vuelto realidad?- dijo Victor delineando los labios de Yuri con su dedo pulgar.
-Eres todo deseo que haya pedido alguna vez- dijo Yuri con una sonrisa dulce- ¿Sabes algo? Desde que mis padres murieron había pensado que mi vida era una equivocación, que el hecho de que yo hubiera sobrevivido había sido un error. Por eso me acostumbré a no celebrar mi cumpleaños, no quería celebrar una vida que de la que me sentía avergonzado aunque mi hermana y la maestra Minako siempre celebraban conmigo. Y cuando ellas me hacían soplar las velas del pastel, yo siempre pedía lo mismo cada año: siempre pedía ir al mismo lugar que mamá y papá, siempre pedía volver con ellos y pedirles perdón por haberme enfermado y haber provocado aquel accidente…
-Mi Yuri, no digas eso…- dijo Victor sintiendo que su corazón se llenaba de tristeza de pronto.
-Sé que no fue mi culpa, me lo han dicho hasta el cansancio- dijo Yuri con una sonrisa triste-. Una parte de mí sabe que los accidentes simplemente pasan pero la parte de mí que habla con la voz del miedo siempre me hacía pensar que hubiera sido mejor si yo simplemente dejaba de existir. Me costó mucho trabajo dejar de pensar eso, creo que a veces aun siendo mayor lo seguía pensando pero ahora…
-¿Ahora?- dijo Victor sabiendo que Yuri le estaba contando todo aquello por una muy buena razón.
-Creo que mamá y papá me protegieron de morir en aquel accidente porque yo tenía muchas cosas que hacer- dijo Yuri con una sonrisa dolida pero llena de amor por sus padres-. Creo que ellos sabían que yo podía ser un hombre útil para el mundo, un hombre con un sueño lo suficientemente grande para darle fuerza de seguir adelante y también creo que ellos sabían que me encontraría contigo algún día y que además de ser un hombre productivo, yo podía ser también un hombre capaz de amar, un hombre capaz de entregar su corazón…
-Mi Yuri…- dijo Victor sintiendo que su alma se elevaba por los aires con esa declaración.
-Victor Nikiforov, te amo…- dijo Yuri esperando que sus palabras treparan por el corazón de Victor hasta hacerle sentir aquellas palabras hasta lo más profundo de su alma-. Creo sinceramente, Vitya, que si logré sobrevivir a aquel accidente fue simplemente para encontrarme contigo y para no dejarte ir jamás.
-Yo también te amo, Yuri- dijo el hombre de los ojos azules sintiendo ganas de llorar-. Me alegra haberte encontrado, estoy muy feliz de ser el hombre que tú amas…
-Entonces quédate a mi lado y no te vayas, quédate cerca de mí y te prometo que te amaré sin miedo toda mi vida- dijo Yuri sin temor alguno-. Victor, eres mi deseo hecho realidad pero quiero que ese deseo dure una vida entera. Me esforzaré todos los días por hacerte sonreír, haré que jamás quieras irte de mi lado…
-Haces que desee vivir contigo siempre con solo sonreírme así que no debes esforzarte en nada- dijo Victor y acto seguido beso los labios de su amado como si sellara una promesa inquebrantable sobre sus labios-. Te amo porque eres tú, te amo a ti con o sin miedo, te amo porque eres todo el amor del mundo para mí y aun si no hubiera razones para amarte igual te amaría…
Yuri sonrió como el sol de verano sonríe después de una tarde de tormenta y atrajo el rostro de Victor hacia el suyo con fuerza besando al ruso de forma profunda, sintiendo que las manos de Victor se colaban debajo de su ropa. Él sabía lo que Victor deseaba aquella noche porque era lo mismo que él anhelaba tener así que dejó que su cuerpo se estremeciera bajo las caricias y los besos del hombre de los ojos azules que en aquel preciso instante le prometía con sus labios y con sus manos que lo llevaría a conocer otro de los secretos del amor que hasta ese momento él desconocía.
Pero descubrir ese secreto no le causaba miedo y eso era así porque lo haría de la mano de Victor y él sabía que Victor no lo dejaría caer, que Victor le enseñaría todo lo que él no sabía, que Victor lo llevaría a ese lugar desconocido que sin embargo pronto se convertiría en un lugar de encuentro para los dos a través del cuerpo, del alma y de sus corazones inflamados de deseo y de amor…
