Capítulo 7
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El pasado (Parte 2)
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−¿Quieres que te ponga el desayuno para llevar? Son las 8 se supone que ya deberías estar en la oficina –dijo una flamante pelirosa que bebía de a sorbos su café con leche, Sasuke asintió, estaba a medio vestir con las corbata mal amarada y el cabello húmedo por la reciente ducha. Últimamente llegaba siempre tarde y ya su tío lo había amonestado muchas veces. La joven mujer empacó dos emparedados y ayudo al hombre a terminar de vestirse.
Sakura le tendió una tableta de vitamina c, sabía que debía tomar una diaria y él nunca lo recordaba. Terminó de enderezar la corbata y lo besó con fogosidad. Lo amaba, ella lo sabía y era incapaz de decírselo por temor a que él se espantara. Recostó unos segundos su nariz de aquella recién afeitada barba y suspiró, adoraba ese olor de recién duchado, a crema para afeitar olía divino y siempre quedaba un rastro de ese olor en él.
El hombre volvió a besarla y salió como un cohete del apartamento. La pelirosa volvió a suspirar embobada y volvió su atención a la cocina. Todavía recoger todo, asear la casa, lavar la ropa y dejar hecho almuerzo. Sabía que Sasuke no le pediría nada de aquello pero ella quería hacerlo. Sentía que al menos así podía ayudarlo, y como ahora estaba de vacaciones tenía tiempo de sobra en la mañana, luego debía volver al trabajo y quizás esa noche si Sasuke no la chantajeaba con sexo, con duro, salvaje y delicioso sexo, entonces ella podría ir a su pequeño y minúsculo apartamento a quitar las telarañas que llevaban ahí más de un mes.
−¿Quieres que te prepare un snack para que los tengas a mano mientras trabajas? –preguntó Sakura cuando el hombre se puso en pie para continuar en la habitación que le servía de estudio.
−Será mucha molestia, no te preocupes.
−No, de verdad quiero… −susurró ella en tono complaciente pero sin dobles intenciones, sin embargo, para el Uchiha aquello fue detonante, aquel gesto sumiso lo volvió loco y la tomó con fiereza por la cintura. Le subió la falda hasta los muslos, bajó las bragas blancas y las arrojó a un lado para penetrarla con violencia a la vez que halaba de su cabello con fuerza. Lo volvía loco, lo distraía sin proponérselo y eso estaba mal…muy mal. Pero en ese instante, cuando la estaba tomando con tanta agresividad sólo podía pensar en el vaivén de caderas y en lo increíblemente hermosa que se veía gimiendo descontroladamente él no pensaba en nada de eso.
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−Has perdido dos contratos importantes en menos de dos meses Sasuke –recriminó el presidente de Empresas Uchiha.
−Lo sé, lo sé, haré lo necesario para recuperar esas pérdidas tío, no te preocupes –el mayor lo fulminó con la mirada.
−No veo cómo Sasuke. Estoy tan decepcionado de ti… nunca habías sido irresponsable, olvidadizo, indisciplinado. ¡Qué va! Las faldas nos vuelven estúpido muchacho, por eso debemos tener cuidado. Siempre es bueno una dama para pasar la noche, pero de ahí a permitirle interponerse en nuestro día a día, hay mucho.
Sasuke se sorprendió de que su tío diera justo en el clavo. Era cierto, el motivo de sus continuos fallos tenía mucho que ver con el tiempo que le dedicaba a la pelirosa. Se sentía mal, no quería enviarla devuelta a su departamento pero no estaba rindiendo en absoluto. Salió de la oficina de su abuelo con cara de pocos amigos.
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−¿Dices que debes irte a otra ciudad que está a 8 horas de viaje por tiempo indefinido y sin previo aviso? –el tono de Sakura era de completa incredulidad.
−Ajá…−contestó con aire indiferente el moreno mientras masticaba la cena. Sakura había preparado puré de papas y una deliciosa carne.
La cena iba normal hasta que de pronto el hombre saco a relucir un supuesto viaje con destino incierto y que no tenía ningún objetivo fijo.
−¿Qué demonios pasa Sasuke? –cuestionó irritada dejando los cubiertos a un lado. El hombre se sorprendió levemente pero no dio mayores signos de sorpresa.
−Creo que… −luego carraspeó y continuó. –Creo que pasamos mucho tiempo juntos, y esto no me está ayudando en el trabajo. Tengo una carrera que solidificar y mi posición en la empresa de mi familia es incierta sino doy muestras de que soy lo suficientemente bueno para la presidencia. Y ese puesto es… bueno, es por lo que he estado trabajando desde un principio.
−¿Me estás culpando de tu bajo rendimiento? –Sakura estaba impresionada, no se podía creer la desfachatez de Sasuke al culparla de algo tan insulso.
− Yo…
−Te haré un favor y resumiré esta conversación. Lo que me quieres decir es ¿que no tienes tiempo para una relación estable conmigo? ¿Que tu carrera es indiscutiblemente más importante que cualquier relación interpersonal entre nosotros?
−Pues, no lo veo así, yo creo que te estoy pidiendo algo sensato… −Sasuke fruncía el ceño con descontento, definitivamente la conversación había tomado un giro inesperado.
−Me estás pidiendo que dejemos de vernos hasta que tu carrera "este solidificada" –la ironía en la voz de Sakura se estaba volviendo lastimera, casi como un gemido de dolor.
−Sólo hasta que estén mejor las cosas y yo vuelva a tomar mi ritmo de trabajo normal…
−¿Y si para cuando tú estés en esa posición yo ya no estoy disponible, Sasuke?
−¿Tanto desconfías de que logre hacerlo en poco tiempo? –ahora el que parecía resentido era él.
−Sasuke… −susurró débilmente. Luego se levantó, recogió sus cosas en un santiamén y antes de que el moreno pudiera abrir la boca ya ella había cerrado la puerta.
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Sasuke se seguía negando a recibirla a contestarle sus e-mails o a devolverle sus llamadas. Su asistente era sutil cuando le decía que él se encontraba muy ocupado pero ella sabía que él simplemente se estaba escondiendo. El colmo llegó esa mañana cuando el joven Kabuto abochornado acordó una reunión con ella y sin rodeos le dio un cheque con suficiente dinero "para arreglar el problema". Sakura lo rompió en sus narices y con lo que le quedaba de orgullo salió de allí intentando no derrumbarse antes de abandonar el sitio de reunión: un restaurante. Se fue a casa con las lágrimas a punto de brotarle y cuando estuvo más calmada se sentó en una banca solitaria en un parque cercano a su pequeño departamento rentado. No se contuvo de llorar. Miraba con ojos nuevos cada cabecita de cada niño que se encontraba en los alrededores. Se llevó una mano a su vientre y sonrió a pesar de las lágrimas, puede que Sasuke no aceptara a ese bebé y a ella no podía importarle menos, era su hijo y era su deber procurarle felicidad. Pero estaba por otra parte su trabajo, ya le habían hecho saber que debía renunciar debido a su estado, la indemnización por su "renuncia" –más despido descarado que otra cosa− había sido una paga muy módica que le alcanzaba para algunos gastos. Se sentía muy mal físicamente y todo el tiempo se mareaba, esperaba que la consulta con el médico le deparara buenas noticias. Ya había perdido toda la mañana intentando razonar con el asistente de Sasuke, no iba a perder el resto del día y la consulta sólo por estar deprimida.
La consulta de la doctora Tsunade, una mujer rubia, atractiva y muy elegante que para nada aparentaba estar en sus 50 y tantos, estaba ubicada en el extremo norte de la ciudad, era un consultorio cómodo, fresco, y con una atención maravillosa, no sólo de la atractiva rubia sino también de su adorable secretaria, Shizune. Sakura llegó a tiempo para su consulta y se apresuró a saludar a la amistosa castaña que se encontraba haciendo unas anotaciones.
−Llegas a tiempo Sakura, la doctora Tsunade acaba de llegar. Entra al consultorio y hablamos cuando estés despachada. –la pelirrosa asintió con una sonrisa al momento de ingresar en el pequeño saloncito donde se ubicaba el ecosonograma. Allí estaba esperándola Tsunade Senju.
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−Kabuto, ¿qué significa que todas tus cosas están apiladas en cajas? ¿Piensas renunciar sin decirme nada canalla? –Sasuke estaba malhumorado, desde que había roto con Sakura nada lo ponía de buen humor.
−¡Qué va! Me han ascendido joven Sasuke. El señor Madara me ha otorgado un mejor puesto y ya le ha asignado otro asistente, él vendrá mañana a reportarse –Kabuto era un joven de buenos modales, bastante prudente y reservado, no era el mejor asistente del mundo pero se había ganado los respetos del Uchiha en poco tiempo. Sasuke hizo una mueca de comprensión cuando el hombre de lentes terminó de explicarse.
−Está bien, supongo.
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−Tenemos un problema. –Sakura que se hallaba recostada en la camilla de paciente se alarmó inmediatamente.
−¿Pasa algo con la bebé?
−No, la bebé está bien. Es otra cosa la que me angustia. –Tsunade fruncía el ceño con preocupación. –Es por ti, cada vez que te examino tu presión arterial está descontrolada, y aunado a eso está la taquicardia. Pareciera que posees escotaduras uterinas bastante grandes, esto hace que cada día, con el aumento de peso del bebé el útero presione más sobre estas arterias y por ende tu corazón trabaje más acelerado para proveer al feto de nutrientes y oxígeno. Ella estará bien, pero no sé… el parto no es una buena opción para ti Sakura.
−Entiendo…−la voz de Sakura sonaba estrangulada por la incertidumbre y el temor.
−Deberé practicarte una cesárea cuando el momento del nacimiento llegue. Me encargaré de que seas atendida en el hospital de inmediato. No te preocupes. Pero… ¿cuentas con alguien que te apoye durante la recuperación? Es decir… ¿cuando estés recién dada a luz?
−No yo…
−No podrás hacer esto sola Sakura…
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Una demanda, Uchiha Madara la había amenazado con una demanda por interrupción de las labores de trabajo y por otra sarta de idioteces más, no recordaba haberse sentido tan humillada nunca y lo peor era que ni siquiera estaba segura de que una demanda de ese tipo fuese a proceder de verdad. Estaba embarazada y sola, era un hecho. No sabía si había concebido ese hijo antes o después de la ruptura entre ella y Sasuke, pues luego de aquello tuvieron otro par de revolcones pero eso no importaba ahora. El bebé necesitaba de toda su calma, de toda su buena energía. Necesitaba buscar un empleo que la ayudara a costearse la cesárea pues aunque sabía que debió haber aceptado el cheque de Sasuke aunque no fuera para realizarse un aborto en ese momento la indignación y su orgullo pudo más que su necesidad.
La pelirrosa se encontraba en una librería solicitando empleo, era la 5ta vez en ese día que lo hacía, tan sólo esperaba que fueran menos crueles al momento de dar su negativa. Un joven pelirrojo y el encargado de la tienda hablaba por teléfono con el posible dueño de esta y luego de un par de susurros y de miradas de lástima hacia la joven pelirrosa colgó la llamada.
−Lo siento, pero no pueden aceptar su solicitud… −el joven poseedor de unos preciosos ojos verdes la miró profundamente apenado.
−¿Por qué no? En el cartel de afuera dice que necesitan a alguien para atender la librería en las tardes. Yo soy buena con el público… y... y…−las lágrimas iban a desbordarse, Sakura lo presentía.
−Lo siento muchísimo de verdad… he utilizado todos los argumentos posibles pero…
−Pero su jefe se niega a contratar a una mujer embarazada, ¿no es así? –la voz suave de un hombre sorprendió a Sakura. Se giró para encontrarse con un joven alto de cabello negro azabache y ojos oscuros. Por un momento pensó estar frente al mismísimo Sasuke, pero no era así, la complexión del joven era menso robusta y el semblante era menos serio y su expresión más suave.
−Así es, y lo siento mucho.
−No pasa nada Gaara, no es tu culpa. –el hombre colocó una pálida mano en el hombro derecho de Sakura.
−Oye, tengo un empleo que ofrecerte. Si quieres puedes venir conmigo. Es en Konoha y serás perfecta para él.
Sakura lo siguió aun con dudas de si estaba haciendo lo correcto o no, hasta un auto medianamente moderno aparcado a unos cuantos locales de aquella librería. Se sintió cohibida cuando comenzó a cuestionarse las intenciones de aquel sujeto pero la sonrisa afable en su rostro disipaba sus malos pensamientos. El sujeto de cabello muy negro le extendió el periódico a Sakura, precisamente la parte de solicitud de empleos.
−Un anciana vecina mía necesita a alguien que la ayude en casa… yo de vez en cuando la asisto pero…
−¡Acepto! –chilló Sakura apenas reparó en el anuncio donde un joven solicitaba a alguien que le ayudase a cuidar a una señora llamada Chiyo Akasuna quien no era ni senil ni enferma pero que necesitaba de compañía.
−Eso supuse… es un trabajo ideal para ti, por eso lo dije.
−Y… bueno no le importará que yo esté…
−En absoluto. –el joven extendió su mano. –Mi nombre es Sai… ¿y el tuyo?
−Sakura… yo soy Sakura.
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No fue en ningún momento mi intención tardar tanto en actualizar y pido sinceras disculpas por esto. No pienso dar excusas sobre el tiempo o sobre lo increíblemente ocupada que he estado, pues no ha sido por eso. Mi país está pasando por una situación muy difícil y es increíblemente deprimente el hecho de que al parecer a nadie le importe que nuestros estudiantes estén muriendo y que los medios están siendo reprimidos. No es justo. Esto me tiene entre cabreada y profundamente deprimida y cuando no estoy alentando las protestas y buscando los medios para sacar a mi familia de aquí. De igual forma y aunque aquí esté a punto de estallar un golpe de estado o peor una guerra civil, quiero que sepan que me las arreglaré para seguir escribiendo. Aunque sí debo advertirles que si la cosa se pone más fea de lo que está (ya está, muy pero que muy fea) probablemente el acceso a internet incluso desde los celulares estará restringido (como ya está en un estado del país) y por lo que aunque saque ánimos y esté dispuesta y aun tenga terminada la historia, es posible que me vea incapaz de publicarla.
Por todo esto discúlpenme por adelantado si algo así (los dioses no lo permitan) llegue a ocurrir aquí. Vean las noticias, manténganse informados, oigan lo que puedan de Venezuela y deseennos mucha suerte.
