Ninguno de los personajes conocidos que se mencionan son míos, sino de la autora J. K. Rowling.


Hermione caminaba por los pasillos sin creerse todo lo pasado. Snape había aceptado su proposición… ¡Snape! Si le hubieran dicho hace unos años que acabaría quedando con el profesor para tomar té y charlar se habría muerto de la risa, seguro.

- ¡Hermione! – Exclamaron sus amigos al verla.

- ¿Se puede saber dónde estabas? – Preguntó Draco – no has venido a historia de la magia.

- Ya… El murciélago me ha puesto dos castigos – respondió fingiendo estar afligida – y en cuanto he ido a darle las tareas me ha hecho ordenar su estúpido armario de bichos – añadió como si estuviera asqueada – y encima después de la cena me toca ir otra vez… Capaz es de ponerme a fregar los calderos con un cepillo de dientes – lloriqueo.

Todos se la creyeron, excepto Draco, que la miraba sospechosamente. Él mejor que nadie sabía que Snape nunca pondría un castigo por la mañana, lo suyo era dejar a los alumnos sufriendo en la noche.

- ¿Qué clases tenéis ahora? – Preguntó Ginny.

- Runas… – respondió Blaise con cansancio – ¿no podemos hacer campana?

- No, Blaise – dijo Theo.

- Pobrecitos… Nosotros tenemos fiesta, la profesora Sprout ha tenido un problema con unas esporas y nos libramos de Herbología – se burló la pelirroja.

- ¿Ellas tienen fiesta y nosotros no? – Se quejó Blaise - ¡No es justo! Cojamos alguna broma de los Weasley y asustemos a esa Babbling un rato – propuso orgulloso.

- No – dijeron todos a la vez, causando que el moreno empezara a hacer una serie de muecas de disgusto.

- Será mejor que vayamos tirando o llegaremos tarde – advirtió Hermione mirando la hora.

Para suerte de la castaña, que llevaba bastante adelantado todo el temario de Runas, el quedarse durante toda la clase mirando fijamente el pergamino sin prestar atención alguna no le acarreó ningún problema. Su mente bailaba en todo lo ocurrido y en lo bien que se había sentido.

Despertar con Snape… Y por segunda vez… Aquello era demasiado, y lo jodido es que le encantaría que hubiese una tercera vez. Se sentía tan bien, tan a gusto, tan protegida… Y eso era algo realmente irónico. Snape nunca le había inspirado lo que se dice un sentimiento de protección, al menos hasta tercero cuando vio que detrás de toda esa amargura había algo más que desconocía.

Recordó cuando le vio mientras dormía y algo se movió en su estómago y bajovientre. ¿Qué le estaba pasando?

Ni siquiera se dio cuenta de cuando acabó la clase, ni de cuando fueron a la biblioteca y se puso a hacer mecánicamente los deberes, y mucho menos se enteró de lo que estaba pasando mientras cenaban en el Gran Salón. Demasiado ocupada estaba su mente repasando una y otra vez todo lo pasado, pensando en cada movimiento tierno de Snape, en la forma en la que la abrazaba, en su peculiar manera de preocuparse y usar ese ácido humor suyo para bromear… Intentó aclararse recordando todo, pero sólo consiguió liarse más, mucho más.

- ¡HERMIONE! – Chillaron sus amigos tan fuerte como pudieron, haciendo que todos en el comedor se girasen a mirarlos, profesores incluidos.

La castaña volvió a la realidad como si le hubiesen dado una bofetada. Cuando se encontró a todo el mundo mirándola empezó a enrojecer.

- ¿Por qué habéis chillado? – Preguntó removiéndose incómoda.

- ¿Por qué? Llevamos diez minutos llamándote y tú en tu mundo – respondió Ginny - ¿se puede saber dónde estabas? Llevas toda la tarde ausente.

Hermione se quedó mirando el plato. ¿Qué tenía que decir? Por suerte su mente funcionó rápido.

- Pensaba en mis padres… - respondió, sabiendo que nadie insistiría.

- Oh… No te desanimes – sonrió Luna cogiéndole la mano – buena forma de distraerles – le susurró al oído sonriendo.

La castaña suspiró para sus adentros. Bien, la cosa había colado, para todos excepto para Luna, como no. Empezó a comer intentando quitar al mago de su mente, pero este rehusaba a irse.

En el otro extremo del salón cierto profesor de pociones tenía su atención dividida, por una parte escuchaba a una cansina Mcgonagall hablar sobre los EXTASIS y por la otra miraba discretamente a cierta sabelotodo que, por lo que había podido escuchar, había estado toda la tarde con la cabeza en vete tú a saber dónde.

En su foro interno, y aunque él aún ni se hubiera dado cuenta, deseaba ser el objeto que tenía tan distraída a la joven bruja. Porque, al igual que ella, él también había estado distraído y rememorando todo lo pasado, pensando en ella, en sus caricias, en sus besos… Pequeñas muestras de afecto a las que él no estaba acostumbrado y a las que se iría volviendo adicto más rápidamente de lo que pensaba.

La hora de la cena se acababa y Hermione sentía su corazón galopar velozmente. Definitivamente, se estaba volviendo loca...

- Espero que no se pase mucho ese idiota – la consoló Ginny.

La castaña, haciendo uso de sus dotes de actriz, colocó una expresión de asco.

- Y si lo hace al menos que se largue y no me toque aguantarlo – aseguró – en fin, ya nos veremos – se despidió de todos.

Caminó nerviosamente hasta el despacho y se paró ante la puerta, intentando tranquilizarse. Entró cuando el profesor le dio permiso y se lo encontró sentado en su escritorio mirando sin ganas un montón de pergaminos que sobrepasaba la altura de su cabeza.

- ¿Y eso? – Preguntó curiosa al ver la desgana del mago.

- Les he puesto un castigo doble en clase a los de primero – explicó él.

- ¿Y se le ha olvidado que luego tenía que corregirlo todo? – Bromeó ella tomando asiento.

El suspiro del profesor le indicó que había dado en el clavo. Y entonces se le ocurrió una idea algo descabellada.

- ¿Quiere que le ayude? – Inquirió temerosa.

Snape se la quedó mirando con el ceño fruncido. ¿Granger ayudándole a corregir el castigo de los de primero? Tenía claro que la joven era completamente capaz pero…

- No me importa – sonrió ella como si supiera lo que estaba pensando – no me gustaría que se quedara sin dormir por haber tenido que corregir todo usted sólo – aseguró levantándose y llevando la silla a una posición en la que estuviese a la misma altura del profesor para poder ayudarle mejor.

- Bueno – suspiró él – son unos pergaminos simples, descripciones de ingredientes varios y poco más – explicó tendiéndole un fajo de pergaminos – si tiene alguna duda no dude en consultarme.

Hermione le miró con la ceja alzada y una sonrisita de medio lado. ¿Dudas ella? ¿Con cosas de primero? Snape bufó. Claro, menuda estupidez acababa de soltar.

Empezaron a corregir los pergaminos en silencio. De vez en cuando Snape le echaba una mirada a Hermione, sorprendiéndose por la facilidad con la que la joven realizaba la tarea. Sus ojos bailaban sobre el papel rápidamente, aunque leyendo todo el contenido con mucho detalle, y la pluma se movía furiosa en los fallos, añadiéndoles pequeñas explicaciones para aclararlos. Era una copia exacta a como lo hacía él. Snape imaginó que después de tantos años viendo sus correcciones en los trabajos del zanahoria y Potter, no se le hacía difícil imitarle.

Dos horas después habían terminado de corregir todos los pergaminos.

- Ufff… - suspiró Hermione moviendo la mano para desentumecerla – debería tener más en cuenta lo que le toca hacer a usted cuando pone castigos.

Snape hizo desaparecer los papeles con un golpe de varita y en su lugar apareció una bandeja con una tetera humeante, un azucarero, dos tazas y un platito de galletitas de chocolate.

- ¿Quiere azúcar? – Le preguntó a la joven mientras servía el té.

- Tres terrones, por favor – respondió ella.

- ¿Tres? ¿Está segura de que le gusta el té?

- Sí, pero dulce – sonrió Hermione.

Pasaron los primeros segundos en silencio hasta que Hermione decidió charlar de algo.

- ¿Qué es lo que más le gusta de estar en Hogwarts? – Preguntó girando la taza en sus manos.

- Cuando los alumnos se van y me libro de aguantarles – respondió Snape recostándose en el sillón.

La castaña soltó una risita.

- Vamos, tiene que haber algo más – aseguró – si fuera eso no le gustaría ser profesor – rio.

- ¿Y cómo sabe que me gusta? – Preguntó él.

- Se le nota en clases – respondió ella – sobre todo cuando todo va medianamente bien y puede observar las pociones bien hechas – aseguró - Le… brillan los ojos – susurró algo sonrosada.

Snape la miró atónito. ¿Le brillaban los ojos? ¿Cómo que le brillaban los ojos? Espera… ¿Por qué ella se había fijado en sus ojos? ¿Le miraba en clases?

- Bueno, quizá haya más cosas – dijo intentando no mirar el tono sonrosado que habían obtenido las mejillas de su alumna - ¿cuál es su cosa preferida?

- ¿Además de ver todos los Extraordinarios en mis notas? – Bromeó ella, provocando que fuera él el que soltara la risita esta vez – supongo que… El sentirme como en casa.

Snape la miró ceñudo cuando sus ojos se pusieron tristes. Mala pregunta…

- No debí…

- No pasa nada – sonrió Hermione - ¿cómo es que le gustan tanto las pociones?

- Me gustan, no hay motivo especial –respondió él – supongo que tiene que ver con la versatilidad que existe en la materia.

- ¿Y DCAO?

Snape le dedicó una expresión de "¿usted qué cree?" algo juguetona a Hermione y, por alguna razón, la joven se quedó sin habla ante la imagen que tenía delante. Por unos interminables segundos vio a su profesor increíblemente irresistible. Notó las mejillas arder y se obligó a apartar la mirada de golpe, quedando con los ojos fijos sobre su taza.

El profesor la miró confundido. ¿Qué le pasaba ahora? ¿A qué venían las reacciones que tenía aquella joven?

- ¿Está bien? – Preguntó preocupando, quizá tenía fiebre o algo así.

Hermione asintió y agradeció que su profesor no se hubiese percatado de que era él quien causaba ese rubor, o al menos no lo demostraba.

- Bien y… ¿Algo que odie en particular? – Inquirió la joven intentando desviar su atención.

- El Quidditch – respondió él.

- El deporte de los idiotas – dijeron ambos a la vez.

Se quedaron mirando y empezaron a reír.

- No me hubiese imaginado nunca que tuviese esa opinión – aseguró él – siempre se la veía muy contenta animando a sus amigos, y se la sigue viendo entusiasmada con la pequeña Weasley.

- Oh, bueno, son mis amigos – se excusó ella – está implícito que tengo que animarles.

- También se la veía muy animada con Viktor Krum – recordó él.

Hermione soltó una pequeña carcajada.

- Dejémoslo en tonterías de adolescente – rio.

- Sigue siendo una adolescente – aseguró él - ¿sigue viéndose con él?

- Nos escribimos y hemos quedado alguna vez, pero sólo como amigos – respondió Hermione curiosa por la pregunta del profesor – es bastante divertido estar con él, aunque sea un poco cabeza hueca – sonrió – a veces me gusta ponerme a hablar de cosas "intelectuales", como él las llama, y ver cómo casi le empieza a salir humo por la cabeza.

- Acusica… - susurró Snape divertido.

- ¿Qué? Él solito se mete en esos líos. Siempre dice que puede seguirme la conversación y luego no – se defendió – con Ron, Ginny o Harry nunca he podido hacer eso… A veces incluso me dejaban hablando sola – dijo haciendo un mohín – por suerte ahora están Draco, Luna y Theo…

- ¿Y el señor Zabini?

- Blaise es un caso aparte… Si se aburre empieza a hacerte bromas, cuando no son cosquillas – respondió ella.

- He visto que se llevan muy bien. No debe de ser cómodo ser la comidilla de todo el colegio – supuso él.

- Bueno, ya no lo somos tanto – explicó ella – los primeros días fueron mucho más difíciles, era como si no hubiera término medio entre atacarnos e ignorarnos. Ahora sólo nos hemos hecho… normales, común…

- Pero siguen sorprendiendo.

- Sí, bueno – rio ella – por suerte ya no tenemos que ir mirando cada paso que demos para asegurar que no haya trampas ni nada.

- ¿Y por qué insistió tanto en ser amiga del joven Malfoy y sus compañeros? Quiero decir, para una heroína como usted hubiese sido mejor dejarlos de lado y seguir con sus cosas.

Hermione frunció los labios.

- Yo no soy así – respondió – Draco y los demás demostraron arrepentimiento por todo lo que hicieron, mostraron que querían cambiar para bien y dejar ese lado oscuro para siempre – explicó – ayudaron mucho con los heridos, se hicieron con casas para que los que se habían quedado sin tuvieran un techo y las necesidades mínimas cubiertas, ayudaron en la reconstrucción de Hogwarts y muchas otras zonas, gracias a ellos conseguimos encontrar a algunos mortífagos que se escondían… ¿Por qué iba a ignorarles después de todo eso? Hubiese sido estúpido hacer algo así… - aseguró.

- Por lo que parece Potter y Weasley no piensan igual…

- Harry sólo se preocupa por nosotras. Tiene miedo de que nos hagan daño o la emprendan con nosotras. Ron simplemente es idiota.

Miraron la hora y se vieron que eran casi la una de la mañana. Se miraron con la boca abierta. El tiempo había pasado sumamente deprisa. Hermione se mordió el labio.

- Si me pillan a estas horas andando por los pasillos me va a caer una buena… - gimoteó.

- Puede usar la red flu de mi chimenea – anunció Snape.

Hermione asintió y cogió otra galleta, acto ante el cual el profesor la miró confundido.

- Si puedo usar la red flu no tengo que preocuparme por la hora – sonrió.

- Tiene que dormir – recordó él.

- Usted también – aseguró.

- Tengo buena tolerancia al poco descanso – anunció él.

- Yo también – sonrió ella.

Snape la miró ceñudo.

- Sabelotodo – susurró.

- Murciélago – murmuró ella.

Vale, estaba claro. Se habían metido en una especie de lucha y ninguno iba a dejarse ganar.

- No quiero que me digan nada si mañana se duerme en sus clases – aseguró él.

- Profesor Snape, todo el mundo piensa que estoy en uno de esos míticos castigos que duran toda la noche. Nadie se extrañará si me duermo – recordó ella.

Hermione no entendía por qué no quería irse y Snape no comprendía por qué no la echaba simplemente, pero la verdad era que ambos estaban muy a gusto en ese momento.

- ¿Puedo preguntarle algo? – Inquirió Hermione en un tono tan serio que puso en alerta al profesor.

- ¿El qué?

Hermione se revolvió incómoda.

- ¿Por qué… Por qué no se defendió? – Preguntó finalmente.

Snape se quedó petrificado.

- No pensé que usara a Nagini – respondió – me confié.

La respuesta no pareció dejar contenta a Hermione, pero la joven decidió que aún era pronto para seguir hondando en el tema.

- ¿Qué opina de la adivinación? – Preguntó la castaña.

- Ni me gusta ni me deja de gustar – respondió el profesor – nunca he tenido contacto con esa temática.

- A mí me parece una completa tontería – aseguró Hermione – esa profesora está loca.

- No más que su compañera Lovegood.

- No se meta con Luna, no es lo mismo.

- ¿Y eso?

- Luna es Luna. Lo suyo es algo propio, su esencia. No intenta ir por ahí convenciendo a nadie.

- ¿Ni cuando se pone a hablar de esos animalejos inexistentes?

- No. Ella no lo dice con intenciones de convencer a nadie, le da igual que la crean o no, igual que pasa de lo que opinan de ella.

- Tengo que decir que es una chica muy peculiar.

- ¿Si, verdad? Nunca pensé que nos acabáramos llevando bien – aseguró Hermione.

- Mientras no le pegue su rareza…

- ¡Profesor, no se meta conmigo ahora! – Se quejó ella.

- No es mi culpa que sea divertido enfadarla – se defendió él.

Hermione hizo un mohín infantil y Snape soltó una risita. Cuando un repentino bostezo tomó a la castaña por sorpresa el profesor se vio como ganador.

- A dormir – ordenó poniéndose en pie y empezando a caminar hacia su habitación.

La castaña se levantó y lo siguió casi corriendo. Cuando llegó a la habitación y vio al profesor sentando en una silla normal una idea fugaz brilló en su mente.

- Vale, pero antes quiero probar una cosa – advirtió.

Snape la miró con el ceño fruncido.

- ¿El qué?

Hermione se mordió el labio y empezó a caminar hacia él, colocándose tras el hombre.

- No me muerda – bromeó.

Snape se puso tenso sin poder evitarlo. No le gustaba el rumbo que estaba tomando eso. ¿Qué quería hacer?

Hermione respiró profundamente. Lo que iba a hacer ahora no se lo había esperado ni ella, pero algo la llamaba a hacerlo. Se fue agachando poco a poco, pasando los brazos por los hombros del profesor, hasta tenerlo completamente abrazado por detrás. Sintió el respingo que había dado el profesor en cuanto sus manos se aferrados a sus bíceps y no pudo evitar sonreír. Y notaba también la velocidad supersónica a la que iba su corazón.

Snape no podía creérselo. Lo que estaba haciendo Granger era tan raro y… le encantaba. Movió sus manos y cogió los delgados brazos de la chica, acariciando la piel con sus pulgares. ¿Qué era aquello que estaba sintiendo? Era una sensación tan agradable, delicada… Volvía a sentirse confundido. No, aquello estaba mal, él no tenía derecho alguno a sentir algo así entorno a él pero… ¿Por qué no podía apartarse? ¿Por qué lo único que quería en aquel momento era que ese suave gesto durara eternamente?

La castaña, alentada por la relajación que estaba observando en el profesor, se movió lentamente, aflojando un poco el abrazo.

Snape volvió a tensarse al notarla cambiar de postura, situándose ante él y subiéndose a su regazo cual niña pequeña. Suspiró cuando la joven apoyó la cabeza en su pecho y la abrazó más a él.

Se quedaron en esa postura unos segundos hasta que Hermione apartó un poco la cabeza y, como en las veces anteriores, se acercó para depositar un beso en la mejilla del profesor, quien cerró los ojos ante el contacto.

- ¿Lo ve? No es malo dejar que alguien se le acerque – dijo la castaña alzando su mano para acariciarle la mejilla.

Snape la miro serio, aguantando las ganas de decirle que siguiera con las caricias. Pero no podía, aquello no…

- Será mejor que vaya a dormir – le dijo.

Hermione suspiró y se levantó pesadamente.

- ¿Puedo venir mañana por la noche también? – Preguntó mientras cogía polvos flu.

- ¿Quiere venir?

- Claro. Pero mañana tenemos que hablar más de usted, que conste – respondió la joven.

Snape frunció más el ceño. ¿Hablar de él? Como si tuviera mucho de lo que hablar…

- Tendrá que hacer las preguntas usted, entonces – anunció.

- No tengo problema, pensaré algunas – sonrió Hermione – hasta mañana, profesor Snape.

Snape vio a la castaña desaparecer entre llamas verdes y se dejó caer en la silla.

- ¿Qué estás haciendo, Severus? – Se preguntó a sí mismo echándose el pelo hacia atrás.

Aquello estaba mal, muy mal. Aquello no podía estar pasando. No podía entenderlo. Él sabía que estaba mal. ¡Por Melín! Hermione Granger era su alumna, pero no podía evitar comportarse como lo hacía. Cada vez que estaba sólo con la joven, cada vez que ella entraba en su despacho, sentía como si el mundo desapareciera. Podía ser… él. Y eso era extraño, ya ni siquiera recordaba la última vez que se sintió tan a gusto y libre de mostrarse él mismo. De hecho, seguramente muchas de las cosas que había dicho y hecho, como esas risas que ella provocaba, le sorprendieron porque después de tantos años fingiendo ya no sabía cómo era realmente. Rio interiormente… ¿Cómo podía haber cambiado tanto la relación que tenían, si es que se podía llamar así, en tan poco tiempo? Y seguro que todo era culpa de esa maldita empatía que le hacía identificarse con ella en cada momento. Pero es que le era tan innegable que Granger era como él de joven…

¿Y si hablaba con el viejo? Él era el único con el que se confiaba alguna que otra vez. ¿Y si se mosqueaba? ¿Y si no le gustaba que su mejor alumna tratara con un ser tan despreciable como él? Podía intentar hablar con Mcgonagall también, pero lo más probable es que ocurriese lo mismo… Y lo peor es que ahora no podía arrepentirse de aquel "trato" que había hecho con la castaña o sería una especie de cobarde.

Hermione se dejó caer sobre el sofá de su sala mientras mirada al techo con una tonta sonrisita de la que seguramente no era consciente. Inhaló fuertemente, notando que su ropa había quedado impregnada con un olor a hierbas y a pergamino… a Snape. Una risita nerviosa la invadió. Merlín… ¿Qué le estaba pasando? Se estaba volviendo loca, seguro, ¿pero a qué nivel estaría ya? Seguro que no alcanzaba a la loca de Bellatrix pero intuía que poco le faltaba.

Había abrazado a Snape y él… había reaccionado bien. No la había maldecido ni mandado al traste, todo lo contrario, se había relajado y había ¿disfrutado? Le gustaba esa idea.

Sintió aquel tirón extraño en la tripa y el bajovientre, el mismo que llevaba sintiendo desde hace días… Más o menos desde que dormiste por primera vez con él, le dijo su mente.

Sacudió la cabeza intentando ignorar los miles de significados de aquello. No se lo creía, tenía que ser una simple coincidencia.


¡Y ya estoy aquí de nuevo! ¿Qué os ha parecido este cap? ¿Os ha gustado este primer encuentro? Herms abrazando a Snape... ¡En taaaaaaaan cuca! _ Yo también quiero abrazarle T_T

Mama Shmi. Hombre... Es que Snape también tiene lo suyo eh... Un poco bipolar si que es XD

AdriSnape. ¡Gracias! Pues a ver cuánto tardan esos dos en darse cuenta jajaja Y esperemos que esa Pansy no de mucha tabarra.

Vero Youkai. ¡Muchas graaaaaacias!

¡Y aquí os dejo hasta la semana que viene! ¡Espero que dejéis muchas reviews, chic s! ^^