Capítulo 7: Misterio resuelto.

Ya hacía algún tiempo que Draken había encontrado a nuestros amigos de la tripulación pirata del Sombrero de Paja, desde entonces él y su tripulación habían seguido navegando hacia el este, a más velocidad que lo que navegaban los otros. Desde luego, si había un barco veloz, después del Fuego Marino del capitán LaBelle y el Halcón Rojo, ese era el Dragón Dorado. Ahora que los dos anteriores habían sido hundidos o destruidos, el Dragón Dorado era el barco más rápido de los siete mares. Y también el que llevaba una tripulación más peligrosa. Tal y como habían dicho los pocos supervivientes a los abordajes: "Un barco aparece de la nada en medio de un banco de niebla tan densa como algodón. Asesinos apareciendo a tus espaldas de la nada y de pronto un dragón a las espaldas que con una bocanada de fuego acaba con tu vida. La tripulación del dragón de oro. La tripulación del pirata Draken".

Finalmente llegaron a donde Draken quería y este les hizo parar, atracaron frente a la costa de una isla justo en el límite del Grand Line y su capitán bajó en un bote a tierra firme tras dar la orden de que sus hombres permaneciesen en el barco.

Hacia medio día habían visto un halcón sobrevolando el barco y el capitán había mandado coger ese rumbo.

No era la primera vez que les mandaba fondear justo en aquella isla y esperarle en el barco. De hecho, había veces que pasaba la noche en la isla y volvía por la mañana con las órdenes de partir de inmediato y varias cajas de botellas de ron de caña de la mejor calidad.

Pero esta vez no cambiaría salvo que su capitán no volvería hasta el mediodía siguiente. Cuando cogió el bote y se fue, le vieron remar hasta dejar la barca encallada en la arena de la playa donde la ató a una roca. Después se internó en la vegetación de la isla y se perdió a la vista.

Lo que hizo fue seguir un camino entre la vegetación, camino que le llevaría hasta donde se estaba celebrando una fiesta.

"¡Hombre, Draken amigo mío! ¿Qué te trae por aquí?" le preguntó un pelirrojo que solo tenía un brazo.

Él y sus hombres llevaban ya unos años con su base allí, salían a navegar de cuando en cuando y siempre volvían con un botín considerable, no solo de oro y joyas sino también de botellas y viandas.

"Shanks, siempre es un placer verte." Le contestó Draken. "¿Un hombre cansado llega a tu fiesta y no le invitas a sentarse?"

"Por supuesto, invitaría al hombre cansado a sentarse y el hombre cansado me diría exactamente que ha venido a buscar a mi isla."

"El hombre cansado se sentaría y gustosamente le contaría a su anfitrión qué asuntos le traen a su isla, pero siempre con una botella con la que poder brindar en la mano." Le contestó Draken sonriendo.

El pelirrojo entonces se rió y ordenó a sus hombres que le diesen al invitado una botella del mejor ron de la isla.

"¿Y bien? ¿Qué nuevos misterios y aventuras te traen por mi isla, Draken?" le preguntó tras un par de brindis.

"Nada interesante." Le contestó Draken. "Tras ver a un viejo amigo pensé que una visita a otro viejo amigo no estaría de más."

"No me digas que Buggy ha vuelto a las andadas." Le dijo el pelirrojo.

"Frío, frío." Le dijo Draken. "Yo que tú apuntaría a alguien un poco más… fogoso. Una auténtica flor."

"¿Ya la has encontrado?" le preguntó el pelirrojo en voz baja y tranquila.

"Sí, pero he jurado no decir nada sobre su compañía." Le contestó Draken. "No quiere ponerles en peligro, por ahora."

"¿Le diste mi mensaje?"

"¿Lo de que vosotros la andáis buscando? Por supuesto, sabes que soy un hombre de honor." Le contestó Draken sonriendo. "Ya está avisada."

El pelirrojo sonrió y bebió otro trago de ron. Continuaron celebrando y charlando de otros menesteres un buen rato, pero cuando ya tenían más alcohol en su estómago y este se había subido un poco volvieron a hablar sobre la chica.

"Bueno, ¿Y cómo fue el reencuentro con tu amada?" le preguntó el pelirrojo. "¿Emocionante? ¿Caliente?"

"La verdad es que no." Le contestó Draken.

"¡No fastidies!" le dijo Shanks riéndose. "¿Con lo de que tienes una belleza conocida a lo largo y ancho de los siete mares y seis océanos y no cayó rendida a tus brazos?"

"No." Dijo Draken sonriendo. "Le di un beso. Pero me lanzó lejos de ella con un solo golpe."

Shanks entonces estalló en carcajadas lo mismo que su mano derecha y francotirador del barco.

"Esa niñita es muy graciosa." Dijo el segundo de Shanks. "Era una monada cuando era pequeña y parece que sigue siendo igual de divertida."

"¿Sigue estando triste por estar plana?" le preguntó Shanks sonriendo.

"¿Plana?" Preguntó Draken. "¡Pero si ahora está de todo menos plana! Deberíais haberla visto… está genial y desde que la hemos visto de nuevo, mis hombres y yo soñamos cada noche con ella."

"¿En serio?" preguntaron riendo el pelirrojo y el segundo. "¡Pero si no era más que una cría cuando nosotros ya éramos piratas!"

"Pues la cría a crecido." Les dijo Draken. "Y ha madurado… no podéis saber cuanto."

"Habrá que ir a buscarla." Dijo entonces Yasuff. "Para ver si es cierto que la sardinilla se ha convertido en toda una sirena."

"Creo que vendrá ella a nuestro encuentro." Dijo Draken sonriendo. "Me dijo que no pensaba esconderse, cuando era pequeña al menos."

"Esa renacuaja nunca ha tenido miedo." Dijo Shanks sonriendo pensativo. "Pero bueno. Estoy deseando verla de nuevo. Y quién sabe… igual esta vez…"

"Yo que tú no estaría tan seguro, Shanks." Le contestó Draken. "Desde que pasó lo nuestro se ha vuelto de hielo."

"Incluso el hielo más frío puede fundirse." Contestó Shanks pasándose una mano por el pelo. "El sol no lo hará, pero seguro que el fuego sí."

(Voz de Zorro)

"Oye, Isa." Le pregunté a la pelirroja tumbada en el palo de siempre. "¿Te ha dado tu mascota mi camiseta limpia?"

Ella entonces estornudó y negó con la cabeza.

"No, últimamente me ha dado otras cosas." Dijo tranquila dándome una piedra de afilar dentro de lo que era mi fajín de repuesto. "Tienes suerte, esta mañana me he encontrado un par de mapas de Nami y calzoncillos de Luffy y Sanji a los pies de mi cama."

Ese bicho debería irse al infierno, pero no muere nunca. Incluso creo que Sanji intentó envenenarlo una vez, pero lo único que consiguió fue que el bicho tuviese diarrea un par de días.

No se puede cortar ni matar a tiros. El bicho parece curarse en nada de tiempo. De hecho, su dueña le suele usar como blanco móvil y lo curioso es que el mono no parece molestarse.

Curioso el mono, y debo decir que es hasta cierto punto mono.

(Voz de Isabel)

Llevamos ya unos días desde que vimos a Jack Draken. Lo de que era parte de los Yountou prefería que no se supiese, por ahora. No era como el resto de miembros. Shanks era un gran capitán y BarbaBlanca era un gran capitán también. Temido por lo que era y no por compartir el nombre con alguien o las escabechinas que sus hombres habían hecho por él. Yo en cambio era una buena pirata, pero ahora seguramente el resto estaban buscándome para retarme y quitarme el título. Aunque era posible que no supiesen que yo no había mermado mis habilidades para nada y encima había mejorado bastante.

Odiaría pensar que solo quieren quitarme el título sin más. Si tenían que quitarme el título al menos que fuese en una pelea, y Shanks, desde luego no tenía nada que hacer nada más.

Cada día me levantaba con unos calzoncillos a los pies de mi cama, el dueño en su camarote y algunos objetos de todos por entre mis cosas. Todo por cortesía de mi mascota.

Era una ricura y muy majo. Me cuidaba más que si fuese un novio y desde luego era mi blanco favorito en mis prácticas de tiro. Últimamente también practicaba un poco con los cañones, sabía como funcionaban pero Usuff me mostró cómo funcionaban de verdad, cómo apuntar… Igual para el tirachinas. Con eso era un poco más torpe. Solo me dejaba tirar bolas de pringue a barriles, botellas vacías e incluso a Jack, pero sobra decir que al mono no le daba ni aunque se quedase quieto y bostezando.

"No seas tan duro conmigo." Le dije sonriendo. "Lo mío son las armas de fuego."

Entonces disparé de nuevo y la bola de harina con yodo rojo le dio en el cuello a Zorro haciéndonos reír a todos.

"Lo siento." Le dije riendo y sacando mi pañuelo para limpiarle la mancha roja que le había dejado en el cuello. "Lo del tirachinas no es lo mío."

"¡Oye!" me dijo. "¿Por qué no lo dejas ya? Eso no tiene gracia."

"Vale, pero si prometes que la próxima vez no te enfadas." Le dije bajando el tirachinas sonriendo.

"Si quieres estar más seguro prueba a ser el blanco." Le dijo Usuff. "Es a lo único que no le acierta nunca."

Entonces le dio una bola en medio de la frente.

"¡Me has hecho sangre!" dijo asustado al tocarse el hilillo rojo que le caía de la frente.

"No te preocupes." Dije sonriendo. "No te apuntaba a ti, intentaba darle a lo que tienes sobre la cabeza."

Una cuerda que parecía a punto de romperse a falta de un toquecito. Eso hizo reír a Zorro y el resto, pero a Usuff no pareció hacerle gracia.

Al día siguiente vi el mapa en que Nami marcaba el rumbo y sonreí. Conocía la zona.

"Esta zona es un poco aburrida." Me dijo. "No hay mucho que pueda decir. No he estado mucho por aquí."

"Yo tengo algo que podría ayudarte." Le ofrecí yo. "Jack, tráeme el mapa 5.4 P, por favor."

El mono levantó las manos para indicar su duda, así que sonreí al recordar que no conocía mi código de ordenación de mapas así que le cambié el pedido.

"El blanco con olor a poyo con mango, y cinta del color de mi pelo." Dije dándole un trocito de plátano que tenía en el bolsito de mi cinturón. "¿Ya sabes cual?"

El monito afirmó con su pequeña cabecita y con sus grititos saltando de mi hombro al suelo con el plátano en las manos y mordisqueándolo.

"¿El mapa blanco con olor a poyo con mango y cinta roja?" preguntó Nami confusa.

"Sí, es que el pobre no sabe leer aún." Le dije sonriendo. "Así que él reconoce mis mapas por el olor, color y color de cinta que los ata."

"Parece que le has adiestrado bien." Me dijo sonriendo mientras el monito me trajo tres mapas blancos con cintas rojas.

"Buen chico." Dije sonriendo. "Te adelantas a mis planes."

Miré el papel atado a los mapas: los 5.4 P, 5.5 P y 5.4 Q. Los tres hechos en los mismos días, cuando visitamos la zona, a partir de mi propia experiencia y mapas del cartógrafo de mi padre. Sonriendo me volví y se los enseñé a Nami.

"Nunca viajo sin mis cosas." Le dije sonriendo.

(Voz de Zorro)

"¡Y me dejó esto!" nos dijo Nami sorprendida. "¡Son unos mapas geniales! ¡Ordenados por tejuelos y colores! ¡Por zonas y comunicaciones!"

"¿Y eso es malo?" preguntó Usuff.

"¡No!" dijo Nami asombrada. "¿Sabes la de información que lleva esa tía en el baúl?"

"Por eso pesaba tanto su baúl." Dije yo. "No trae más que cuatro o cinco ropas, su miseriosa bolsa cerrada con candado y el botiquín básico. Algo más tenía que traer."

"Tiene armamento de fuego también." Dijo Usuff sonriendo. "Y que no se le de bien lo de los cañones y tirachinas no quiere decir que sea mala con las suyas."

"Tiradora con pistolas, revólveres…" dije yo recordando que se las había visto usar contra el mono.

"Carabinas y bayonetas también." Nos dijo Usuff. "¡Domina como el uso de prácticamente todas las armas de fuego que conozco!"

"Y no te olvides de que no lo necesita." Dije yo. "Caza tiburones con espada, pelea bien sin armas solo con el cuerpo. Y nos olvidemos de que maneja la espada muy bien."

"No mejor que tú." Dijo Nami.

Yo entonces me callé, no es que fuese mejor que yo, pero últimamente… me costaba un poco ganarla. Y estaba comenzando a pensar que las muñequeras no eran solo un adorno.

"Porque no es mejor que tú ¿no?" me preguntó al ver que callaba.

"No, pero estoy empezando a temer que lo de ser mejor que ella en eso será difícil." Afirmé. "Más aún cuando estoy oyendo lo que decís."

"¿Cotilleando?" preguntó apareciendo por la cubierta.

Había saltado a nadar, y esta vez llevaba un solo accesorio de más, un cinturón del que colgaban unos cuantos peces aún vivos. "Pescado fresco. Por desgracia no es todo del mismo tipo."

"¿Quitado de un tiburón?" preguntó Nami al ver unos cortes por sus piernas.

"No, hay un arrecife aquí cerca." Dijo descargando los peces en un cubo. "Están atontados con medicinas de las que tenemos por aquí."

"Añade bucear a pulmón a la lista." Dijo Nami.

"¿Cómo?" pregunté yo.

"Nada, nada." Dijo Nami. "Ya llevo yo los peces a Sanji."

"Cuidado con el morado, muerde." Dijo enseñándome un dedo con un poco de sangre.

"Deberías tener más cuidado." Le dije en su cuarto cuando estaba curándose el mordisco. "No debe ser bueno tener tantas heridas."

"Y eso me lo dices precisamente tú que no tienes miedo de ellas." Dijo. "Son solo un par de rasguños."

"Y eso por qué." Le pregunté.

"No tienes miedo a que te maten peleando." Le dije. "Siempre y cuando sea a espada."