Hola! Bueno dejo un humilde capitulo hecho con todo el corazón, con el poco que me queda por el abuso que han hecho con el, snif, snif. Gracias por acompañarme. Un besote se las quiere

Descargo: Glee no me pertenece. Ojala, pero no, si fuera mío los vestidos de Rachel serían mucho más cortos y los de Quinn mucho más escotados. Que perversa no? En fin.

NO SOY PARA TI

Capitulo 7: ¿Tu cuarto o el mio?

Mismo día a la noche – En el departamento

- ¡Mierda! – era la única forma de expresarse que tenía Quinn cada vez que miraba el reloj. Ya eran la una de la noche y no había indicios de que Rachel pisara el departamento. Apenas pasó la puerta del estudio de tatuajes, salió decidida a esperar a que la chica llegara a su departamento y hacerle las miles y miles de preguntas que tenía dándole vueltas en la cabeza desde que la conoció. Pero esperar a Rachel no estaba siendo nada fácil.

La tarde entera había sido un suplicio. Primero fue Santana quejándose por todo, desde la poca presión que Quinn había puesto sobre Rachel acerca del tatuaje, hasta de como Britt le había dado el teléfono a ese "calvo seguramente recientemente salido de la cárcel", según palabras de la misma latina. Por supuesto que esto desató una pelea entre ambas chicas dejando nuevamente a Kurt, que aun seguía un poco agitado por el susto que le pegó Rachel, y a la misma Quinn entre medio de ellas nuevamente. Y por supuesto que después de eso todo siguió con Brittany yéndose a dormir al departamento de Kurt y con Santana yendo a algún bar de mala muere a buscar cualquier chica con la que pudiera pasar la noche. Objetivo que la latina cumplió a la perfección, porque horas más tardes, cuando Quinn estaba empezando a leer un libro que le ayudara a pasar más rápido el tiempo, su amiga cayó con una pelirroja ebria que fue a parar derecho a la habitación de su socia. La pelea de Britt y Santana fue el único momento que Quinn no quiso ver que Rachel aparecía por la puerta, si llegaba a ver la dramática forma en que Brittany lloraba y la exagerada forma en que Santana la trataba, la empresaria estaba segura que se quedaba sin su socia. No conocía a Rachel, pero por la forma en que se había preocupado por la bailarina, Quinn dedujo que la morena tenía un lado protector muy desarrollado.

Otra de las cosas que Quinn optó por hacer ese día con vistas a que el tiempo fuera más rápido, fue llamar a sus padres. Ella venía de una familia muy unida y donde el respeto, cariño y comunicación nunca habían faltado, por eso tanto sus padres, su hermana o ella, se encargaban de hablar a diario y de decirse cuanto se extrañaban.

La conversación con su padre fue desde campeonatos de golf, a obligar a que Quinn le prometiera que los iba a visitar, a cuanto extrañaban a Quinn en Los Ángeles, a recordarle cuanto Russell detestaba al vago de su novio, hasta los negocios de Quinn en New York. Por su parte Judy, su madre, le contó acerca de cada preparativo que la pareja estaba llevando a cabo para el aniversario de sus bodas de plata, le chismeó acerca de su vecino y la manía del hombre de mirar a su madre mientras esta toma sol en la pileta, despotricó también en contra de su novio y finalmente, para sorpresa de Quinn, le preguntó por Rachel.

Ahora bien, estos dos últimos temas consultados por cada uno de sus padres, eran dos mundos distintos para Quinn. Mientras en los negocios la rubia se movía como un pez en el agua, con Rachel parecía el padre de Nemo entre las anémonas, sabía que si hacía un paso en falso se podía quemar o algo parecido. Quinn tenía un talento natural para los negocios, ya desde chica lograba que el estúpido vecinito de la casa donde creció, le cambiara el delicioso helado de dulce de leche cubierto en chocolate por su sana manzana, para ella era simple y todo le resultaba a su favor. Con la morena era distinto, con Rachel sentía que perdía cada vez que hacía un intento para acercarse a ella. Con la tatuadora Quinn sentía que era la última en ser reconocida, Rachel no parecía tener la misma debilidad que ella sentía por la morena… en fin, todo el mundo Rachel le era desconocido y eso la frustraba cada vez más. Por eso después de que se encargó de contarle a su madre la poca información que tenía, estuvo más decidida que nunca a quedarse hasta la hora que sea a enfrentar a la morena, su madre le había hecho ver cosas que quizás a ella se le estaban pasando y por eso ahora estaba recostada en el sillón, con uno de sus libros preferidos y cada vez que miraba el reloj y volvía a insultarlo - ¿Cuándo llegaras Be…?

Ruidos afuera del departamento la alertaron, Quinn se enderezó y prendió el televisor rápidamente, tampoco era para parecer que la estaba esperando. Tenía todas sus preguntas en la punta de la lengua, apenas viera aparecer a la chica por la puerta las iba a lanzar una por una. Llaves intentando de abrir la puerta le confirmaron la llegada, una última miradita en el reflejo de uno de los vidrios y estaba lista.

La puerta rechinó y Quinn preparó su primer lanzamiento - ¿Porqué llegas a…? – la imagen de Rachel al frenó - ¿Berry? ¿Qué haces? – Como podía cuestionar a alguien cuando ese alguien estaba parada en la puerta de entrada cargando una enorme bolsa negra en un brazo al estilo Santa Claus y una caja blanca más grande que una de zapatos en el otro. Ambas cosas debían pesar bastante, porque la morena Quinn pudo ver gotas de sudor rodar por la cara de la chica.

Apenas Rachel sintió la voz de Quinn se quedó quieta en su lugar sin pronunciar palabra, era tal el silencio que solo se podía escuchar un que otro "Dios mio" y "ahí nena, ahí" que venía de la pieza de Santana.

Quinn giró los ojos ante la inmovilidad y el silencio de la chica, parecía que la morena pensaba que si se quedaba quieta en la puerta Quinn no iba a notar su presencia, reprimió una risa cuando vio los brazos de la morena temblar por el peso de las cosas que traía - ¿Está pesado? – le preguntó haciendo unos pasos adelante.

Rachel enfocó la mirada de Quinn, torció su cuello y entre abriendo su boca asintió.

Esta vez la risa de Quinn salió igual - ¿Y por qué no lo bajas? – volvió a preguntar la rubia acercándose un poco más.

Sin necesitar más opciones y porque el peso de las cosas ya le habían ganado, despacio dejó la bolsa negra en el suelo, sus ojos seguían en Quinn que cada vez estaban más cerca.

- Quédate quieta – como lo había hecho a la tarde en el estudio de tatuajes, Quinn obligó a Rachel a permanecer en su lugar. La empresaria caminó hasta donde estaba la morena y con cuidado le sacó la caja blanca de su brazo – Déjame ayudarte – le dijo.

- Cuidado – fue lo que salió de la boca de la tatuadora. Al parecer lo que había en la caja lo ameritaba.

Quinn dejó la caja blanca en la pequeña mesa de la sala y volvió a mirar a Rachel que permanecía en el mismo lugar con la pose que tanto la caracterizaba. Y el silencio volvía entre ellas y al parecer Santana y su chica de la noche ya estaban descansando porque no se escuchó ningún ruido salvó el quejido proveniente del estómago de Rachel.

Quinn frunció el ceño - ¿tienes hambre? Son casi la una y media de la mañana, ¿cómo puede ser que aun no hayas comido? – le preguntó enojada. La morena solo se limitó a levantar sus hombros.

- No quiero levantadita de hombros – basta de ser condescendiente – Quiero que me contestes la pregunta ¿Por qué no has comido? – insistió.

- Mmm… yo… eeee… después de que Lisa se fue…

- ¿Lisa la mujer entangada? – preguntó Quinn tratando de que no se le vieran sus celos.

Rachel se sonrojó y con la cabeza agachada asintió.

- ¿Estuviste todo este tiempo con ella? – su cara no podía hervir más

Rachel alzó la mirada rápidamente y lo negó.

La empresaria se alegró en silencio - ¿Y bien? Entonces ¿por qué no comiste después de que la entangada se fue? – Y dale con la misma pregunta.

Rachel sonrió y Quinn no supo si era por la forma en que ella se refería a Lisa o porque su respuesta traía algo entre manos.

- Tuve que hacer un enorme tatuaje en la cabeza de un chico – los ojos de la morena brillaban, la rubia podía ver el entusiasmo de la chica – Quería un enorme tribal totalmente simétrico y… - se frenó rápidamente y volvió a agachar su mirada – Perdón. – se disculpó

Quinn se entristeció cuando la voz de la otra chica se frenó - ¿Por qué te disculpas? Cuéntame sobre el tatuaje por favor – pidió mirando como la carita de Rachel volvía a su lugar y en su mente recitó paso por paso sus movimientos mirar, torcer, abrir.

- Eee… tengo…. Tengo que… - las palabras no le salían, pero Rachel señalaba hacia la puerta abierta. – Tengo que… - sacudió su cabeza y se volvió a enfocar en los ojos que tenía enfrente. – Tengo otras cosas para cargar – dijo señalando la bolsa negra que había dejado a su lado.

La rubia siguió cada gesto de la chica y escuchó cada palabra – Bien… ve, aquí te espero – No se pensaba mover.

Rachel no reaccionó de inmediato, miró un rato más a Quinn, dio un paso para adelante, retrocedió, se rascó la cabeza y fue hasta la puerta saliendo al pasillo para luego volver y asegurarse de que la rubia seguía en el mismo lugar. Quinn no se esforzó en detener la sonrisa en su cara.

- Berry… Ve, dije que te espero – le insistió para luego ver como avergonzada Rachel caminaba rápidamente.

Quinn aprovechó el tiempo para acercarse a la bolsa negra y revisarla, no es que pensara que había nada malo, pero había que descartar que fueran partes de algún cuerpo mutilado.

- ¿Una pelota de futbol? ¿Una muñeca? ¿Qué demonios es esto? – la bolsa estaba llena de juguetes de gran calidad. La rubia se dio vuelta y caminó hasta la caja blanca, quedó más intrigada aun cuando encontró remedios, vendas, curitas, alcohol, agua oxigenada y otras cosas que perfectamente podían formar parte de un botiquín, más preguntas se sumaban a su lista. Dejó todo como estaba y después de un suspiró se fue a la cocina, el ruido del estomago de Rachel seguía en sus oídos.

Mientras preparaba algo rápido para la morena podía escuchar ruidos en la sala, se ve que habían más cosas que subir porque Rachel bajo y subió unas tres veces más. Cuando no escuchó nada más, sacó el plato de pastas del microondas, lo dejó en el desayunador y salió en busca de la chica.

- ¿Berry? – Y así como un dejavue, la encontró en la misma pose que cuando llegó, nada más que esta vez estaba entre medio de varias bolsas y cajas iguales que las primeras. Solo una caja azul de aspecto hermético seguía en las manos de la chica. Rachel la miró - ¿terminaste? –preguntó Quinn

Rachel asintió – ven a comer entonces – le dijo Quinn volviendo a la cocina – Espero que te guste porque fue lo único que… ¿Berry? – Rachel no la había seguido.

La rubia suspiró y volvió en sus pasos, la encontró como la había dejado y en su pose característica - ¿No tienes hambre? -Rachel afirmo antes la pregunta - ¿Y por qué no vienes a comer entonces? – preguntó.

- Tu… tu… me hiciste… a mi – se tocaba el pecho - ¿Me hiciste de comer? – finalmente preguntó.

- Si bueno, me dijiste que tenías hambre – contestó Quinn nerviosa. Nunca antes había cocinado para alguien que no fuera ella misma, ni siquiera para su novio – Pero si no quieres… - amagó con volver a la cocina.

- ¡NO! – la frenó Rachel – Es decir… si, si quiero – pero no hizo ni un paso hacia adelante

Bueno entonces vamos porque lo acabo de sacar y no quiero que se enfríe – señaló a la cocina - Además ya has pasado mucho ti… – Una mano en su propia mano la frenó. Rachel había agarrado su mano derecha y la miraba expectante. La empresaria pudo sentir suaves tiritones vibrar de la péquela mano morena y por eso decidió salir de su espamento y empezar a caminar.

- Allí lo tienes – le dijo señalando el plato en el desayunador. Se odio porque esto hizo que Rachel la soltara. La morena se subió a una banqueta y sin previo aviso empezó a devorarse su comida. Cuando sintió a Quinn moverse frenó la comilona y la miró - ¿Te vas a ir? – le preguntó preocupada.

- Nop, solo me voy a sentar delante de ti – contestó la rubia mientras agarraba una de las sillas altas. Rachel volvió a su comida bajo la atenta mirada de Quinn – Cuéntame del tatuaje en la cabeza – pidió llamando la atención de la otra chica y haciendo que los ojitos de Rachel se volvieran a iluminar.

La morena intercalaba su tiempo entre meterse grandes bocados de pasta y contarle a Quinn cada detalle de su obra maestra. Varias veces Quinn le tuvo que recordar que tragara antes de hablar, y varias veces ella misma tuvo que pedir perdón cuando Rachel la hacía reír haciendo que escupiera el agua que ella estaba tragando.

- ¿Hace mucho qué haces esto? – las preguntas empezaban a salir. Ahora que Rachel había terminado de comer, Quinn vio el momento oportuno.

La morena solo asintió y lo confirmó sin dar tanto detalle. Quizás la rubia tenía que tomar una impronta más directa.

- ¿Y qué dicen tus padres de lo que haces? – preguntó. De hecho su madre le había dado la idea de investigarla pero Quinn le aseguró que eso sería violar la intimidad de la morena y que ella iba a intentar algo más sencillo.

Se ve que la pregunta era complicada porque todo el cuerpo de la morena se tensó de inmediato, su mano fue directamente a rascar su cuello y la cara se enfocó en el plato vació que había quedado – Yo… mmmm… yo…

- ¡GUAAAUUU! – Santana y su manía de interrumpir a la gente. La latina entraba en la cocina solo en ropa interior e iba directo a la heladera – Déjenme decirles – había sacado una cerveza y ahora miraba a las dos chicas. Rachel seguía con la cabeza abajo y Quinn la miraba intensamente – Esa gatita no tiene nada que envidiarle a Lord Tugbigton. Tiene unas uñas que mamita, miren como me dejó la espalda – la latina giró a mostrar sus marcas de guerra.

Como no escuchó comentario alguno volvió a enfrentar a las otras dos chicas. Vio la mirada de Quinn y luego la pose de Rachel - ¿pasa algo? – Preguntó - ¿Por qué sigues despierta Q? ¿Estás esperando la llamada de tu novio? – La palabra con n hizo que ambas le prestaran atención. Rachel se topó de lleno con los pechos de Santana y volvió a agachar la cabeza rápidamente.

La latina la pescó justo y no pudo evitar sonreír - ¿Qué pasa rari? ¿Te asustan mis tetas? – le preguntó en broma – Mira que son de lo mejor, pagué mucho por ellas – le dijo agitándolas más cerca de Rachel y haciendo que cada vez la morena se tuviera que inclinar más en su banco para esquivarlas – Vamos tócalas – le insistía.

- SANTANA DEJA A RACHEL TRANQUILA – La frenó Quinn – Vete a seguir ahogando tus penas por Brittany con la colorada esa – la mirada que le hizo Santana le demostró que había dado en el clavo con el comentario.

La latina se acercó al oído de la rubia – Ojala mañana amanezca en uno de los frízer de la rarita – le murmuró para después volver a su habitación.

Una vez de que Quinn se aseguró de que Santana estaba otra vez en su cueva volvió a buscar a Rachel. Pero, como habitualmente pasa, Rachel ya no estaba.

- ¿Qué haces? – la encontró sacando el sofá cama

La tatuadora se frenó y la miró – Voy… voy a dormir – le dijo simplemente.

- De eso quería hablarte – le dijo Quinn avanzando hasta el sofá – He decidido que tu vas a dormir en mi habitación y yo en el sofá – informó

Rachel sacudió su cabeza inmediatamente, para ella eso no era una opción

- No te puedes negar, ya tomé la decisión. Recuperas tu cuarto – la rubia se sentó en la ahora cama marcando terreno.

Rachel volvió a sacudir su cabeza con más fuerza – No, no. No lo quiero – respondió – Tu eres una dama, no puedes dormir aquí – insistió mientras sacaba los almohadones para llenar la cama con estos.

Quinn resopló - ¿Y tú que eres entonces? – preguntó en una conducta totalmente caprichosa.

- Yo soy… yo soy… - se frenó de golpe. Acto seguido se tiró rápidamente en la cama. Así como estaba se tapó toda y se estiró lo más que pudo tratando de abarca la mayor parte del mueble. Inclusive llegó a empujar un poco a Quinn.

La rubia la miraba con la boca abierta al cuerpo que estaba ahora totalmente debajo de la ropa de cama – Berry sal de allí ahora mismo – ordenó. La cabeza debajo de la sabana se negaba – No seas cabezota, sal de allí – insistía obteniendo la misma respuesta – Además no tienes ni el pijama puesto, solo tienes esa ropa cochina que está toda transpirada… Guacale ¿no iras a dormir así cierto? – La cabeza oculta asentía.

La rubia se paró de la cama y de brazos cruzados se quedó mirando a la escondida morena – Bien… tú te lo buscaste – Sin pensarlo dos veces la rubia levantó a la fuerza las sabanas y el cobertor y se metió en la cama con Rachel.

La morena se alarmó y se puso en una punta de la cama lo más lejos de Quinn posible – Vete al cuarto – ordenó por tercera vez.

A pesar de no estar segura de querer tener a Quinn tan cerca Rachel se negó.

- Bueno, entonces vamos a dormir las dos aquí – le dijo con tono de superada.

La morena se encogió de hombros.

- De acuerdo – le dijo Quinn – Buenas noches – saludó para después darle la espalda y acomodarse. Sea como sea, Quinn Fabray se salía con la suya.

A la mañana siguiente

- Pero qué demonios – la rubia empresaria se despertó en su propia cama, dentro de su cuarto y con su pijama puesto - ¡BERRYYYYYYY!