Capítulo 7: El juego del misterio

Hermione comenzaba a recuperar el aliento lentamente y a sentir como la sangre corría nuevamente por sus venas. Estaba descolocada, no entendía nada de lo que había ocurrido... sentía que sus labios palpitaban... -¿Quién pudo haber sido?- Se preguntaba a medida que volvía en sí. Estaba en eso cuando sintió que un papel resbalaba de su pie al separarse de la muralla, reaccionó... el desconocido le había arrojado esa nota. Se agachó rápidamente y desplegó el trozo de pergamino, no podía ver nada, la oscuridad se lo impedía, aumentando su ansiedad, así que corrió al final del pasillo y la luz de dañó los ojos, pero comenzó a distinguir las palabras de la nota que tenía en sus manos.

Hermione:
No sabrás quien soy, por el momento no... sólo quiero decirte que me gustó el beso que acabamos de darnos, la verdad es que al parecer me atraes, no sé, hay algo tuyo que me gusta ... pero solo de esta forma puedo acercarme a ti.
Si te interesa volver a verme, todos los días habrá una en la lechucería un ave completamente gris esperando... para que tú me hagas llegar tu respuesta.

Hasta pronto.

La chica estaba completamente emocionada, ¡Tenia un admirador secreto! No podía creerlo, desde Víctor que un chico no se fijaba en ella... No es que fuese fea, todo lo contrario, los chicos la veían muy seria muy inteligente, muy inalcanzable y por eso preferían mantener su distancia... Luego de unos minutos de emoción el lado racional de Hermione volvió a tomar las riendas, podía sentir aún el calor en sus labios... aquel beso la había dejado en las nubes, el aroma varonil del encapuchado la había vuelto loca, pero no tenía ni la menor idea de quien podría ser y ahora él le pedía un nuevo encuentro. Ella pensó que si le respondía que quería verlo sin ponerle ningún pero, el chico pensaría que ella era una cualquiera que se metía con el primer desconocido que pillaba.

En otro lugar del castillo un chico llegaba a su dormitorio, cerraba las cortinas y se quitaba una amplia capa negra, se lanzaba en la cama y comenzaba a pensar... –Me gustó, si... me gustó, por algo le tiré la nota que tenía preparada- Se llevaba las yemas de sus dedos y los rozaba sobre sus labios... Sabían dulce y eran tan cálidos... si aún conservase la carta que ella le había enviado, casi podría recrear el momento ayudándose de su aroma. Sus delirios pararon en seco y se dio una cachetada. –No puedo creer lo que estas haciendo... ella es una despreciable sangre sucia, una inmunda sabelotodo presumida, tu enemiga de todos estos años y lo más importante, la amiga del cara-rajada Potter, el ser que él más detestas sobre la tierra -.

Pero cosas muy fuerte le habían ocurrido, sentía que había caído en su propio juego, que había fabricado su propia trampa. Cerró los ojos y trató de fijar las sensaciones de aquel reciente momento para poder analizarlas con la mayor calma y frialdad posible... recordaba escalofríos, un vacío en le estómago, un sofocante calor envolviendo su cuerpo y unas enormes ganas de que aquel beso no acabara nunca, por que le había gustado, le había gustado estar tan cerca de esa chica y robar un poco de lo que ella tenía para entregar, ella... ella tenía algo especial, él no sabía si llenaba un poco el vacío o solo lograba detener sus pensamientos, detener las voces q a cada instante martillaban dentro de su cabeza y no lo dejaban tranquilo, ella era un alivio, un agradable alivio... Tal vez podría usarla, usarla para liberarse de su constante prisión, para alivianar un poco su carga, para simplemente disfrutar un rato, para tener unos brazos en quien refugiarse o una nube a la cual subirse... su plan había sido perfecto, sentía que él también había provocado cosas en ella y que su nota seguramente sería respondida... algo dentro de sí deseaba con profundas ansias que aquello sucediera lo más pronto posible...

Hermione doblo la nota y se la metió en el bolsillo, lo había decidido, le respondería al extraño, le reclamaría por lo que había hecho y lo obligaría a decir quién era. Al día siguiente se levantó muy temprano, antes que todos para no despertar sospechas, tenía un secreto consigo y no pretendía revelarlo. Cuando llego a la lechucería, ahí estaba esperándola, como él lo había dicho... una espléndida ave gris plata.