Hola, mis lectoooressss! Lamento MUCHÍSIMO la demora u.u Pero no había tenido tiempo, y tampoco la inspiración suficiente como para actualizar este fic, aunque muchos ya están desesperados por saber qué sucede u.u En fin, resumamos:

En el capítulo anterior, Esmeralda hizo llamado a una misteriosa joven llamada Karai. ¿Quién es ella en realidad? ¿Por qué Yugi presiente haberla visto antes? Además, ¡Yami finalmente mostró su verdadera cara ante Anzu! Aunque claro, sus planes se vinieron abajo cuando todos se reunieron en su encuentro, incluyendo a su otro yo, Atem.

¿Qué pasará ahora?

COMENCEMOS YA!

Pero no antes de escuchar el OPENING de este fic XD Recuerden que lo hice yo con todo mi amor e.e

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Capítulo 7: Frente a un reflejo roto.

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Es bueno volver a verte, Esmeralda. — Yami le sonrió con afecto a la de ojos rojos.

Atem se llevó una gran sorpresa cuando Esmeralda le devolvió el gesto con gran dulzura mientras apartaba su espada de su cuello.

Karai frunció el ceño.

— Diría lo mismo, pero estás causando muchos problemas. — Borró su sonrisa para fruncir el ceño. — ¿Qué tengo que hacer para que dejes en paz a Destino y vuelvas a dónde perteneces?

Yami la miró unos cuantos segundos, después apartó sus orbes bermellón para mirar a Yugi, quien le miró de vuelta con ansiedad y preocupación. El espíritu oscuro le sonrió, logrando que la expresión del menor se suavizara notoriamente. Karai se percató de esto y se molestó. Cogió posesivamente la mano de Yugi, llamando su atención, pero ella no le miró. Le dirigió una asesina mirada al espectro, quien solo se rio con crueldad de su gesto.

Jonouchi y Honda miraban fijamente el otro rostro de su amigo, de su casi hermano. Había algo en los ojos de Yami que se diferenciaba por completo a los de Atem, además del color.

Un oscuro sentimiento.

Atem abrazó con más fuerza a la castaña cuando Yami se giró para mirarlos a ambos. Tanto él como Anzu se estremecieron al ver que los ojos del espectro brillaron con más fuerza.

Furia.

Odio.

Envidia.

Desesperación.

Agonía.

El faraón leía perfectamente las emociones que le transmitía. Yami parecía despedazarlo con una simple mirada. Si estuviera al alcance de sus manos, solo Ra sabría qué haría con él.

El tricolor de ojos rubíes miró a Anzu. La castaña la miró con gran sorpresa, confusión y…

Suavizó su expresión.

Volvió a mirar a Esmeralda y le sonrió con sorna.

¿Necesitas saber la respuesta ante lo obvio?

La de cabellos azabaches solo suspiró.

— Tenía la esperanza de que te quedaría algo de cordura, pero veo que no es así.

Esmeralda le dirigió una rápida mirada a Karai, quien parpadeó y comprendió enseguida.

— ¡Atrás! — Tiró a Yugi de él para salir del callejón y empujó a Jonouchi y a Honda, provocando que cayeran al suelo.

Yami avanzó hacia Esmeralda y la agarró por la parte superior de su blusa negra. Sin titubear, la lanzó contra el final del callejón, donde estaban Atem y Anzu. El faraón reaccionó rápidamente y apartó a la castaña, no podía permitir que saliera herida en su embarazo. Aunque gruñó cuando el cuerpo de su antigua prometida chocó con el de él y se estrellaron contra la pared. Cayeron sentados al suelo, aturdidos.

— ¡Atem! ¡Esmeralda! — La bailarina se arrodilló en frente de ellos para ver qué tan heridos se encontraban.

Sus ojos azules notaron con horror que la fuerza que había utilizado Yami era sobrehumana. Habían quedado grietas en el muro donde habían chocado ambos jóvenes.

— ¡AH! — Gritó de sorpresa cuando Yami jaló de su muñeca para que chocara contra su cuerpo. — ¡¿Qué haces?!

Yami solo la miró unos segundos, para volver a mirar a Atem y Esmeralda.

Ambos le miraron con ira.

— Suéltala. — Ordenó Atem al colocarse de pie mientras ayudaba a la pelinegra a hacer lo mismo.

—…— Esmeralda sonrió con morbo. — Te subestimé. — Empuñó con fuerza su espada. — Ahora voy enserio.

— ¡E-Espera un momento! — Intervino Anzu. Atem y Yami la miraron. — P-Podemos solucionar esto. N-No tienes que lastimarlo. — Titubeó al referirse a Yami.

Atem, al oír esas palabras, hizo que su rabia disminuyera considerablemente. Anzu era incapaz de verle herido, mucho menos si se trataba de su otra mitad. Iba a hablar, pero Esmeralda se le adelantó.

— Lo siento.

Dicho esto, Esmeralda apuntó su espada hacia la castaña. Tanto Atem como Yami palidecieron al entender las intenciones de la heredera. El de ojos rojos gruñó y apartó a Anzu de él. La tétrica sonrisa de Esmeralda se ensanchó. Saltó hacia él y golpeó su clavícula con la punta de la empuñadura de la espada. Yami gruñó de dolor, pero no tuvo tiempo de reaccionar cuando Esmeralda le propinó una potente patada en el torso.

El tricolor salió disparados del callejón para estrellarse con un mástil del muelle. Cayó sentado en el suelo. Abrió con esfuerzo los ojos. Karai sonreía con diversión ante la pelea. Yugi, por otro lado, veía horrorizado la situación ante tanta violencia. Esmeralda salió del callejón y aventó la espada a un lado con una maquiavélica sonrisa. Yami le devolvió la sádica mueca.

— ¡Deténganse! — Suplicó Yugi.

— ¡Esmeralda! — Gritó Anzu siendo sujetada por Atem.

Ni la mujer ni el espectro hicieron caso a los gritos de las personas que querían. Un aura oscura rodeó a la pareja que peleaba. Yami se incorporó lentamente al llevar una mano a su nuca. Estaba sangrando. Tenía que admitir que eso definitivamente no lo esperaba. Recordaba vagamente que conoció muy poco a Esmeralda en el antiguo Egipto. Nunca supo qué clases de poderes poseía, pero de lo seguro que estaba, era que le daba escalofríos verla sonreír de esa manera tan cruda.

Eres buena. — Se rio.

— Gracias.

Pero te recuerdo que yo soy mejor. — Ensanchó la mueca de sus labios.

Corrió, pasando a su lado sin hacerle daño. Esmeralda se giró, sorprendida, pero al leer su mente, comprendió. Yami cogió su espada, que yacía en el suelo. Al tenerla en sus manos, miró con diversión a la joven.

Todos miraron con confusión cuando Yami se hizo un corte en el brazo con el arma. Después, lanzó con gran fuerza la espada hacia la pareja de reyes, quienes quedaron petrificados, sabían que no lograrían esquivarlo.

— ¡KARAI! — Ordenó de un grito Esmeralda.

La joven actuó rápidamente, pues era la que estaba más cerca de la pareja. Se arrodilló para realizar un giró con su pierna, chocándola contra los pies de la pareja. Atem y Anzu tropezaron y cayeron al suelo de espaldas, no sin antes que la espada rozara la mejilla del faraón, quien contuvo un gruñido de dolor.

Todos corrieron hacia la pareja en el suelo. Además del corte en el rostro del faraón, parecían estar bien. Esmeralda y Karai intercambiaron miradas.

— ¿Por qué hizo eso? — Se preguntó Yugi.

— Creí que su intención no era herir a alguien de nosotros…— Comentó Jonouchi.

— El objetivo fue el faraón. — Informó Karai.

— ¿Qué? — Preguntó Anzu. Miró después a Yami, quien parecía satisfecho. —… ¿Por qué?

— No sé por qué… Pero al parecer Yami conoce el poder que posee la espada de Esmeralda. — Karai frunció el ceño.

— ¿A qué te refieres? — Preguntó el tricolor menor.

— Más que realizar cortes físicos, mi espada está hecha para tocar el alma de los individuos. — Decidió hablar Esmeralda.

Atem comprendió enseguida a qué se refería, pero no dijo nada. Esmeralda le agradeció en silencio.

—… ¿Y eso que tiene que ver?

Yami ahora es un cuerpo sólido… Pero de alguna forma u otra… Él sigue siendo Atem. — Apretó los puños. — Pero ahora mi espada ha hecho contacto con su sangre y la de él y se han mezclado, lo que…-

Lo que me ocurra a mí…— Le cortó Yami.

Todos lo miraron.

De ahora en adelante, le pasará lo mismo a él.

Anzu no comprendió a qué se refería con eso. Yami notó su mirada y le sonrió. Miró que cerca de sus pies había trozos de vidrios rotos.

Les daré una pequeña demostración.

Cogió uno de los pedazos y se lo enterró sin miramientos en el hombro con fuerza.

— ¡AGH! — Bramó de dolor el faraón al sentir un gran dolor en su hombro.

— ¡Atem! — Exclamó con horror Anzu al ver que el sector comenzaba a teñirse de rojo. Atem se llevó una mano al sector para detener el sangrado.

Yami se rio al retirar el trozo filoso y lo lanzó al suelo. Retrocedió unos cuantos pasos. Miró a Esmerada con una triunfal sonrisa.

Ahora lo sabes, ¿no? No podrás destruirme, de lo contrario, lo matarás a él también.

Dicho esto, miró de reojo como el sol terminaba de ser tragado por la vista del mar. Apenas desapareció, Yami le dirigió una última mirada a la joven de ojos zafiros antes de chasquear los dedos y desaparecer junto con la última luz del día.

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—… Lo siento.

Anzu distrajo su trabajo de descontaminar la herida del hombro de su novio para mirarlo directamente a los ojos.

— ¿Por qué lo sientes?

—…— Suspiró. — Por todo. — La castaña le miró unos segundos, para después seguir limpiando la sangre. — Yo debí decírtelo antes, lo sé… Pero me enteré el mismo día que supe que…— Se sonrojó un poco.

Anzu sonrió.

— Así que era por eso. Estabas preocupado que me ocurriera algo con el embarazo. — Adivinó. El tricolor hizo una mueca, pero asintió con una acongojada expresión. — No importa.

Atem la miró. ¿Era enserio?

— Anzu…

— Yo confío en ti, Atem. Todo lo que haces, tiene una razón. Y esa es protegernos. — Comentó con firmeza. — Admito que por un segundo dudé, tal vez sea culpa del embarazo que esté más sensible…— Se rio con suavidad. — Pero después recordé… Que tú diste tu vida por la humanidad… Y lo volviste a hacer por mí… Aquella vez…

La castaña tragó saliva al sentir sus ojos humedecerse. Aún tenía pesadillas de la tarde que encontró al faraón casi sin vida gracias al hechicero. Como su respiración se acababa lentamente, su corazón detenido, sus ojos cerrándose para siempre.

Su voz pronunciando su nombre por última vez…

— Anzu. — Parpadeó cuando Atem cogió su rostro entre sus manos. Sus ojos zafiros se conectaron con lo amatistas de él. — Ahora puedo asegurarte… Y prometerte que nunca te dejaré. Menos ahora que formaremos una familia. — Acarició su rostro con las yemas de sus dedos.

—…— Posó una mano en el pecho del joven, sintiendo los latidos de su corazón. Se calmó notoriamente. El solo sentir aquellos latidos, la calmaban bastante. Él verdaderamente estaba allí, con ella. Vivo. — Sí, lo sé…— sonrió un poco.

Atem sonrió y posó sus labios en su frente. Anzu cerró los ojos.

—… Pero hay algo que quiero saber…

El faraón se separó, pero casi soltó una carcajada al ver las mejillas de su novia sonrojadas e infladas en un tierno mohín. Se preguntó qué ocurría ahora.

—… Tú… Años atrás… Dijiste que nunca tuviste candidatas para casarte…— Hizo una mueca al apartar la mirada. — Pero… Veo que con Esmeralda…

Atem se sonrojó.

—… Anzu…— Comenzó al cubrirse el rostro con una mano, avergonzado. — Lo siento, pero… Cuando te conté, no recordaba nada de ella. — Dijo.

Y no mentía. Los recuerdos de su prometida habían comenzado a llegar cuando la volvió a ver en el torneo de años atrás, cuando Anzu se encontraba en América. Claro, Ren y Aoi le habían explicado que su hermana mayor le había puesto un hechizo, donde él no la recordaría, a menos que Esmeralda lo quisiera así.

No pudo evitar fruncir el ceño.

No le gustaba que jugaran con sus recuerdos.

Tuvo demasiados problemas para recuperar la memoria, no estaba dispuesto a tolerar más que jugaran con ella.

Anzu, por otro lado, analizó el rostro pensativo del faraón. Parecía ensimismado en su propio mundo. Estaba recordando su vida como faraón, era bastante obvio. Se mordió el labio.

—… Esmeralda…— Comenzó a decir, para después jugar con unos mechones de sus cabellos.

— ¿Mm? — La miró atentamente mientras volvía a colocarse su camisa cuando terminó de colocarse una gasa por su cuenta.

—…— Entrecerró los ojos y volvió a hinchar sus mofletes.

— ¿Anzu? — Sonrió un poco, tratando de no reírse.

— Esmeralda es… Muy hermosa. — Comentó con pesadez. — Y tan elegante… ¡Y poderosa! — Exclamó alzando los brazos.

— ¿No estás siendo un poco dramática? — No pudo evitar reírse al ver ese gesto tan repentino.

— Atem, estoy siendo honesta… Y tú estás haciéndote el ciego. — Le reprochó. — Ella es… ¡UUUUUUUHHH! — Cogió una almohada y la abrazó, enterrando su rostro en ella.

El faraón pegó un brinco. Aún no estaba acostumbrado a los repentinos cambios de humor de la castaña, a veces le daban un terror inimaginable.

—… A-Anzu…

— ¡Estoy celosa! ¡Y LO ADMITO! — Chilló con la voz ahogada contra la almohada, sin apartar su rostro de ella. — Yo podré estar bonita ahora, pero después…— Comenzó a llorar. — ¡ME PONDRÉ COMO UNA VACA! — Gimoteó. — ¡Y ella seguirá siendo tan bella…!

—… Anzu…— Iba a decir, cuando de repente Anzu alzó el rostro.

Sus ojos ardían de furia.

— ¡TÚ eres el culpable! — Le apuntó con el dedo mientras lágrimas caían de su sonrojado rostro.

— ¡¿Qué?! — Se inclinó hacia atrás, un poco intimidado.

— ¡TÚ me hiciste esto! ¡TÚ me embarazaste! — Comenzó a alzar la voz. — ¡TÚ me sedujiste!

— ¡¿QUE YO QUÉ?!

— ¡No debí dejar que me convencieras a hacerlo sin protección…!— Chilló al llorar de manera más escandalosa.

— ¡Pero si fuiste tú quien quiso…!— Se sonrojó al callarse.

¡Ni hablar hablaría de eso de esta manera!

— ¡¿ENTONCES ES MI CULPA?!

— ¡C-Claro que no!

— ¡¿Entonces de quién es?!

— ¡An…-! ¡MMFF! — Fue interrumpido cuando su novia le lanzó la almohada en el rostro.

La castaña se levantó abruptamente para señalar la puerta.

— ¡Vete!

El tricolor quedó boquiabierto.

— ¿Qué?

— ¡VETE! — Señaló con más insistencia la puerta. — ¡¿O quieres que te eche de casa como Mai lo hace con Jonouchi?! — Le amenazó.

El faraón tragó saliva.

—… A-Anzu…

— ¡¿QUIERES QUE TE ECHE?!

Atem se levantó rápidamente y salió de la habitación. Contuvo el aliento cuando apenas salió, un gran portazo se escuchó a sus espaldas. Suspiró mientras se revolvía el cabello.

Jamás había temido tanto de Anzu en su vida.

Abrió los ojos y vio con gran sorpresa que sus amigos lo miraban con la boca abierta. Honda estaba que se partía de la risa, mientras que Jonouchi estaba tan pálido como él, al parecer, él comprendió perfectamente su situación. Yugi estaba boquiabierto y Karai sonreía con burla hacia él.

Sintió sus mejillas arder de la vergüenza.

—… Supongo que ya sabemos quién es el macho de la relación. — Comentó Karai al rodar de ojos.

Honda no lo soportó más y soltó una fuerte risotada.

Jonouchi levantó y posó una mano en su hombro al formar una mueca moribunda.

—… Viejo… No tienes idea de cuánto te entiendo…

El tricolor y el rubio se miraron varios segundos, hasta finalmente suspirar.

Que Ra los protegiera de los cambios de humor de sus respectivas novias.

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Anzu abrió el ventanal de la habitación que daba paso al balcón para tomar aire. Se había cansado de tanto gritarle al faraón. No pudo evitar bajar la cabeza.

Se había pasado.

Solo por celos.

Pero no pudo evitarlo. En un principio, cuando conoció a Esmeralda, sintió algo extraño. No fue envidia, tampoco los enfermizos celos, fue como si…

Como si no fuese la primera vez que se veían.

Inconscientemente se llevó su mano a su hombro derecho, donde estaba la cicatriz que tenía escrito cómo le decían los gemelos.

Destino.

La bailarina jadeó de la sorpresa y se giró abruptamente para ver a Esmeralda apoyada en la entrada del balcón.

—… Esmeralda…

— Lamento que Ren y Aoi hayan tenido que hacerte eso. — Señaló la cicatriz. — Pero fue necesario.

—… No fue culpa de ellos, sino de…

Abasi. — Murmuró con rencor.

— ¿Disculpa? — Preguntó al no oírle bien.

Abasi. — Alzó un poco la voz. —… Así se llama mi padre.

—… ¿Tu…?— Calló al comprender. —… ¿Tú eres…?

— Lamento que mi familia te haya hecho tanto daño. Hasta en esta línea de tiempo, siempre terminan ocasionando problemas.

—… ¿A qué te refieres?

— Antes de que echaras a Atem de aquí como a un perro, hablaron de lo que está ocurriendo. Con Eternidad.

Anzu se sonrojó. ¡Ra, Esmeralda había oído todo!

— Lo-Lo siento…— Murmuró.

La pelinegra se rio.

— No hay cuidado. Eso no importa. — Dejó de sonreír. — Lo que importa… Es que Eternidad juega con las líneas de tiempo, guía a discípulos a hacerse cargo de ellas. Hay mundos paralelos a este donde hay caos, otros donde reina la paz…— Miró el cielo nocturno con anhelación. —… Yo busco una línea a la cual yo pertenezca.

— ¿Eh? — Parpadeó. — ¿No perteneces aquí? ¿Cómo?

—…— La miró profundamente a los ojos. — Anzu…— Pronunció su nombre con cierto dolor. — Te contaré un secreto. Pero prométeme que jamás… Se lo dirás a nadie… Ni siquiera a Atem. Él lo sabrá en su debido tiempo.

Los ojos zafiros de Anzu miraron fijamente los rubíes de Esmeralda.

—… ¿Por qué me eres tan familiar? — Murmuró más para sí misma que para ella.

Una funesta sonrisa se formó en los labios de la heredera. El vago recuerdo de una joven castaña sin vida entre sus brazos pasó por su mente, mas lo apartó rápidamente.

—… ¿Conoces el clan Anat, Anzu?

—… ¿A…nat? — Pronunció lentamente el nombre.

— Significa fertilidad.

Automáticamente, como un reflejo, Anzu se llevó las manos a su vientre.

—…— Suavizó su mirada. — ¿Me recuerdas?

—…— Parpadeó varias veces.

—… ¿Me recuerdas, Teana?

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Yami se llevó una mano a su hombro. Ya no dolía tanto. Cerró los ojos y suspiró. Pudo jurar sentir las cálidas manos de Anzu curarle, aunque no de manera directa.

Se apoyó en la pared, hasta caer sentado en el suelo.

Ver nuevamente a sus amigos fue… doloroso.

¿Por qué?

¿Por qué a él lo veían como el otro? ¿El otro pedazo?

¿Por qué?

La forma en que Yugi lo miró lo había dejado realmente herido. También Jonouchi, Honda…

Anzu.

Todos temieron de él.

No era justo…

¿Por qué no podían aceptarlo?

¡Él mató antes, y aun así permanecieron a su lado!

¡¿Por qué con su otro yo era así?!

¡¿Por qué con él no?!

¡Lo habían olvidado!

Claro, Esmeralda no lo había hecho. ¿Cómo hacerlo?

Al ser desprendido, Yami se enteró de ciertas cosas que se suponía que no debía saber.

No lo diría, porque se lo había prometido a ella siglos atrás.

Pero aun así…

Ellos no lo querían.

—… Eso es…

Si apartaba a esa persona del camino… Atem tendría que formar parte de la Eternidad como su madre… Yugi volvería a considerarlo su hermano… Jonouchi y Honda volverían a ser sus amigos…

Y Anzu estaría a su lado.

Le haría un gran favor… Y cumpliría lo que más anhelaba.

Esa persona deseaba morir.

Que así fuera.

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— ¿Qué haces? — Preguntó Anzu cuando Esmeralda colocó una mano en su frente.

Tras unos segundos, la castaña se apartó, un poco mareada.

— Lo hice por precaución. Lo sabes, pero serás incapaz de hablarlo en voz alta, a menos que sea conmigo.

—… Ya veo. — Se acarició las sienes. — ¿Hay más personas como tú?

— ¿Cómo yo?

— Personas que… No tienen una línea de tiempo a la cual regresar y buscan la correcta aunque no les corresponda.

— Claro que sí. Los seres que violan las reglas de la vida como yo, somos castigados y nos arrebatan todo.

—… Es horrible.

—… Pero lo merecemos, Anzu.

— ¿Karai también…?

— No, eso fue mi culpa. — Sonrió. — A Karai la saqué de su línea correspondiente, pero porque ella también lo quiso.

— ¿Por qué?

—… Lo siento, pero eso no puedo decírtelo. Eso es asunto de Karai. — Comentó al recordar la interacción entre Yugi y la pelinegra.

— Bueno y… ¿Has conocido a más seres fueras de tiempo?

— Sí, conocí a uno… — Una coqueta sonrisa se formó en su rostro. — Era muy apuesto, pero lo nuestro no pudo ser. — Se encogió de hombros.

— No parecías muy interesada…-

— Él tampoco lo estaba. Él tenía ojos para otra. — Negó con la cabeza al reírse. — Solo nos llevamos bien por tener muchas cosas en común. Aunque nunca me dijo su nombre, pude saberlo gracias al reishi.

—… Ya veo…— Sonrió un poco.

—… Deberías disculparte con Atem. Creo que la regaste en grande. — Comentó.

Anzu se sonrojó.

—… ¿Me perdonará?

— Él te ama, Anzu. — Una bella sonrisa se formó en los labios de Esmeralda. — Si no lo hiciera, hubiera dejado de esperarte años atrás.

La castaña la miró unos segundos, para después contemplar como la pelinegra se lanzaba del balcón para desaparecer en la oscuridad de la noche.

Tenía razón.

Salió de la habitación y se llevó una gran sorpresa cuando notó que todas las luces estaban apagadas. ¿Tanto tiempo estuvo conversando con Esmeralda? Caminó por el living al ver que sus amigos estaban profundamente dormidos.

— ¿Anzu?

La castaña jadeó y se giró para ver a Atem.

— ¿Te encuentras bien?

Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas. El faraón lo notó y caminó hacia ella.

— ¿Te duele algo? ¿Estás bien?

—… L-Lo siento…— Murmuró muy bajito.

El tricolor no comprendió a qué se refería, pero no pudo preguntarle cuando Anzu lo abrazó con fuerza, apoyando su mentón en su hombro sano.

Atem correspondió el gesto sin debatirse mucho en hacerlo.

Sonrió.

Definitivamente, no permitiría que Anzu saliera herida en toda esta situación.

Mucho menos su hijo.

— Todo está bien, Anzu. — Secó sus lágrimas cuando se separaron. La castaña lo vio profundamente a los ojos con una gran agonía, como si de verdad lo que había hecho había sido terrible. — Anzu, vamos… No llores. No fue para tanto.

La castaña sonrió un poco y asintió.

Había prometido jamás decírselo a Atem.

Tendría que cumplir con ello.

— ¿Anzu? — Frunció el ceño para mirarla con preocupación.

La bailarina solo lo volvió a abrazar.

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Continuará…

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Les juro que me reí escribiendo este capítulo XD Haciendo los cambios de humor de Anzu me mataban XD Tengo que agregarle algo de humor a tanta tensión, jeje. Hay muchos secretos, algunos son simples, podrías saberlo con el paso del tiempo.

Pero hay otros que no puedes decir, por temor, por lealtad, por amor.

Anzu se llevaría ese secreto a la tumba.

Nadie lo sabrá.

Ni siquiera ustedes e.e

Nah, mentira XD Todo a su debido tiempo, mis amados lectores!

ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO!

Bueno, contestemos los REVIEWS! Lamento si olvidé hacerlo en otros capítulos Dx

Dragon Espectral: Pues ya has visto que Karai influye mucho tanto en Yugi como en Esmeralda, aunque ella no quiere revelarle el por qué del lazo que comparten. Esmeralda tampoco cooperará con las dudas que tendrá Atem, solo le contestará a Anzu. Espero que te haya gustado el capítulo y te encuentres bien, tomodachi.

Guest: Si me lo preguntas… Yo estoy SEGURÍSIMA que terminarían destruyéndose mutuamente si Atem y Yami se enfrentaran. Son la misma persona, no tienen nada que ocultar, por lo que sus habilidades se las saben de memoria y atacarían del mismo modo. O en el mejor de los casos, terminarían en empato. Si lo vemos en el ámbito CLICHÉ, ganaría Atem por ser el bueno y bla bla bla XD. Espero que te haya gustado el capítulo y estés bien.

linkyiwakura: Gracias. Me alegra que aprecien mi redacción y noten que esta historia no está construida de manera alocada ni apresurada. Todo a su tiempo. Ah, y (Fangirl: MODE ON) A mí también me encanta cuando aparece Atem por detrás de Anzu, jujuju pero bueno, se ha demostrado que ni el lazo que comparte con Esmeralda cambiará el amor que siente hacia ella. ¡NADA lo hará! Espero que te haya gustado el capítulo y estés bien, tomodachi.

Mana: Agradecimientos a "Dragon Espectral" por beneficiarme tan buena idea y presentar a mis personajes favoritos de su fic (Además de los principales e.e) Y pues… Yami juega sucio, HACE TRAMPA D: Ok, perdón XD He visto tantos enlaces en Facebook de eso que tenía que decirlo xD Pero sabes que le gusta irse por los caminos oscuros. TENDRÁS que tener uñas hasta el final del fic porque se vienen sorpresas ENORMES! Espero que te haya gustado el capítulo y te encuentres bien.

Catealex3: Jaja lo lamento xD Pero Yami aquí no es el bueno del cuento. Pero bueno, Atem no quiso decirle a Anzu porque no quería preocuparla, pero como ya lo sabe, no hay marcha atrás. Pero al menos se demostró que eso no significa nada para el gran amor que se tiene nuestro faraón con la preciosa bailarina. Espero que te haya gustado el capítulo y estés bien.

SakuraR177: Te la seguiré dando porque me encanta escribir fics de Yugioh! Sobre todo de esta pareja e.e Espero que te haya gustado el capítulo y estés bien.

Eso es todo!

Nos leemos pronto!

Rossana's Mind.

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