Japón regresó al presente con un parpadeo solo para notar como el italiano lo sacudía mientras decía su nombre con la preocupación marcada en sus ojos castaños. Rápidamente comenzaron a compartir las experiencias de los recuerdos falsos que llegaron a sus mentes, todos excepto el nipón que se sentía muy raro y preocupado. El joven de cabello negro les preguntó a los demás si habían visto habitaciones diferentes a las ya recorridas pero todos negaron con la cabeza ¿Por qué había sido el único que había recordado una habitación desconocida?

-Italia-preguntó el japonés sin poder evitar preocuparse por el castaño- ¿Estás herido?-el aludido se sorprendió y tras palparse cada parte del cuerpo, negó con la cabeza- Lamento haberte preocupado- el italiano lo observó preocupado nuevamente antes de salir un momento de la habitación.

Todos comenzaron a discutir acerca de buscar un lugar para pasar la noche, había sido un día muy largo y el cansancio estaba empezando a cobrar fuerza en todos los presentes. Japón empezaba a pensar que quizás los recuerdos no eran recuerdos, tal vez eran un mensaje de alguien…

Finalmente, Inglaterra propuso ir al sótano antes de buscar un refugio para pasar la noche. Al estar todos de acuerdo, salieron de la habitación para caminar por el pasillo principal hacia la puerta del sótano. Las escaleras de madera rechinaron sombríamente mientras bajaban y la temperatura comenzó a descender una vez que comenzaron a explorar la habitación. Fue el japonés quién encontró una llave en una de las alacenas del lugar.

China encontró una habitación secreta en una de las paredes y sin dudarlo, todos entraron a lo que parecía ser un largo pasillo que guiaba a más habitaciones. Comenzaron a recorrer el lugar dándose cuenta de que las habitaciones se conectaban con otras, como un inmenso laberinto. El italiano les suplicó a todos que se quedaran juntos para que nadie se perdiera.

Entraron a la habitación al final del pasillo que solo tenía una gran mesa negra rodeada por varios sillones del mismo color. Algunos se sentaron en los mullidos cojines mientras el resto buscaba alguna pista. Canadá encontró algo extraño en una de las paredes y al golpear suavemente descubrió que era una puerta. Rápidamente arrancó el papel tapiz de la pared revelando una puerta negra bastante maltratada. Alemania fue el primero en entrar, mirando a su alrededor con cuidado, era otro largo pasillo. Los pasos de todos resonaban suavemente contra el suelo mientras avanzaban rumbo a la única puerta que había.

Sin embargo, no pudieron abrirla, estaba cerrada con llave. Intentaron todas las llaves que tenían pero ninguna funcionó así que regresaron a la habitación con los sillones para acto seguido, salir e intentar otra puerta. Llegaron a otro pasillo, el lugar era inmenso, pero eso no los detendría así que siguieron avanzando hasta otra puerta. La nueva habitación tenía un enorme comedor negro y había otras 2 puertas negras al final de éste. Una resultó ser la que estaba cerrada, lo cual significaba que el comedor negro se unía por un pasillo a la sala negra.

La otra puerta se abrió con un suave click y los llevó a un pasillo más corto, sin embargo una reja les impedía el camino. Entonces Japón decidió usar la última llave que encontró. La reja se abrió con un débil chirrido y todos entraron. El camino se partía en 2 hacia el ala oeste y el ala este de la mansión. Italia propuso ir al ala oeste y todos los siguieron.

Grande fue la sorpresa de todos al encontrar a Estados Unidos, a Prusia y a Francia atrapados tras una reja. Todos corrieron hacia la reja, muy aliviados pues al parecer los prisioneros estaban bien. Inglaterra le soltó un golpe al estadounidense en medio de los barrotes pues se había preocupado mucho. El francés suspiró y les pidió que abrieran la puerta. El nipón rápidamente usó su llave para abrir la reja y todos entraron.

El prusiano se lanzó a los brazos del alemán con un suspiro de alivio mientras el canadiense abrazaba al francés, realmente habían estado muy preocupados. El inglés demandó una explicación no sin antes golpear nuevamente a Estados Unidos. Al parecer, cuando el prusiano estaba montando guardia y salió de la habitación al escuchar que golpeaban la puerta, había atacado al francés, confundiéndolo con la cosa gris.

La emoción del reencuentro entre Francia y Prusia se vio truncada cuando el ser apareció y los atacó. Para no poner en peligro al alemán, al japonés y al italiano, el albino había decidido correr al primer piso, atrayendo la atención de la criatura. Ahí se habían encontrado con el americano quién los guió a la celda, parecía ser un excelente refugio hasta que descubrieron que no la podían abrir por dentro.

Mientras todos discutían y ponían al corriente de lo que había ocurrido a Francia y a Prusia, el nipón decidió seguir investigando el sótano con ayuda del inglés y del estadounidense. Los tres se dirigieron a la puerta del ala este donde encontraron otra habitación con varios libreros, un comedor blanco con negro y una alacena. Mientras Japón le contaba al americano de todo lo que se había perdido, el inglés observaba el lugar con una creciente incomodidad, algo lo perturbaba enormemente, más que a los demás.

De pronto, el británico encontró una puerta oculta al rasgar una parte del papel tapiz de la pared. Un escalofrío recorrió a los presentes cuando encontraron un pasillo de piedra iluminado tenuemente por algunas antorchas. Estados Unidos se aferró al brazo del inglés mientras caminaban por ese tétrico pasillo. Sus pasos resonaban contra las piedras hasta que llegaron al final, al parecer había una escalera de cuerda que llevaba hacia… ¡el exterior!

Emocionado, Inglaterra regresó corriendo para avisar a los demás mientras el estadounidense se quedaba ahí para platicar con el nipón. El Reino Unido regresó corriendo a la habitación de los libreros cuando de pronto descubrió un sello mágico en el suelo con su letra. Confundido, el rubio de cejas pobladas rompió el sello, obteniendo un poco más de magia.

Justo en ese momento llegaron los otros dos, preocupados porque el británico se había tardado mucho. Mientras el rubio de ojos verdes sonreía satisfecho por haber recuperado un poco de su poder, el menor de todos encontró un reloj en lo alto de uno de los libreros. A pesar de las negativas del nipón, Inglaterra rompió el reloj porque el estadounidense quería sentir la experiencia de los recuerdos por primera vez.

Un nuevo brote de recuerdos golpeó la cabeza de Japón. Él estaba en el pasillo de piedra con Prusia, Italia y Alemania, al parecer habían logrado escapar. El alemán decidió adelantarse a la salida mientras ellos caminaban un poco más lento, estaban cansados. El grito del germano los alertó de que algo estaba mal. El italiano fue el primero en correr hacia el rubio de ojos azules.

Alemania estaba bien, pero se encontraba frente al ser grisáceo. Un olor a quemado los hizo estremecer. Al parecer, la criatura había quemado la escalera de cuerda, impidiéndoles salir. Entre maldiciones, los cuatro corrieron hacia la puerta cuando el pie del alemán se quedó atorado en una grieta en el suelo, haciéndolo caer. El castaño dejó de correr para regresar y ayudar a su amigo.

-¡Vete! ¡Déjame aquí!-exclamó el rubio tratando en vano de sacar su pie. El italiano dio otro paso hacia él pero la criatura se acercaba, iba a aplastar al germano- ¡LARGO! ¡VETE ITALIA!- El castaño trató de liberarlo antes de que el ser grisáceo lo empujara. Entonces levantó el pie y aplastó la espalda de Alemania

-¡NO! ¡ALEMANIA!-gritaron los otros tres al unísono. Sin embargo, el recuerdo cambió de nuevo, esta vez, el prusiano había regresado para ayudar al alemán.

-¡Váyanse! ¡Ustedes tienen que salir!-gritó Prusia mientras Italia trataba de liberar al germano- Auf Wiedersehen- entre los gritos desesperados de todos, el albino se había lanzado sobre la criatura con su espada en alto. Se la clavó en el pecho antes de que la fuerza demoledora del ser lo aplastara contra el suelo.

El joven de cabello negro regresó al presente y se abrazó a sí mismo. No había nada que hacer, por más que el japonés trataba de ayudar, siempre alguien terminaba muriendo. En todos sus recuerdos siempre había bajas. Los dos angloparlantes lo observaban con preocupación. ¿Cuál de ellos moriría ahora? ¿Podría hacer algo para impedirlo?

Mientras caminaban de regreso con los demás, el inglés recordó que por alguna razón, al alemán no le afectaban los recuerdos, él era el único que sabía cuál era la realidad ¿por qué? En ese momento el americano notó que su antiguo mentor se veía algo desorientado.

-¿Cuántos dedos ves?-preguntó el menor antes de recibir una mirada confundida e irritada por parte del isleño antes de contestar correctamente- Dos dedos, muy bien. Creo que aún no ha afectado tus pobres nervios- el rubio de cejas pobladas le soltó un golpe cuando llegaron a la habitación de la celda. Todos decidieron ir a la salida excepto el estadounidense- quiero investigar los pisos superiores…

Cuando iba a salir, Prusia detuvo al nipón para preguntarle ¿qué le preocupaba? Era obvio que el asiático se veía muy afligido. Finalmente el japonés le dijo que de ahora en adelante, cada decisión que tomara, significaba la muerte de alguien. Fue en ese momento que el prusiano le recordó que no estaba solo, que no debía tratar de solucionarlo todo él mismo, todos se iban a ayudar para escapar.

Japón caminó rumbo al pasillo de piedra con Prusia, Italia y Alemania. Al parecer, Francia, Inglaterra y Canadá habían acompañado al estadounidense a revisar la mansión por última vez mientras China y Rusia habían encontrado algunas medicinas en la cocina y decidieron ir por ellas. El japonés estaba inquieto. El escenario era el mismo que en el recuerdo y la criatura se había vuelto más fuerte.

Todo ocurrió como en el recuerdo, el alemán había caído al suelo pues su pie se había atorado. El prusiano defender a su hermano mientras el italiano atacaba también. Alemania logró ponerse de pie y los cuatro se enfrentaron a la criatura haciéndolo retroceder para poder huir. En su huida se encontraron con los demás, obligándolos a huir también.

Se refugiaron en una pequeña habitación discutiendo qué hacer ahora que habían perdido su única salida. De pronto, el italiano llamó la atención de todos al decir un discurso de despedida, alentando a que todos siguieran con sus vidas si salían de ahí. La confusión de todos los presentes se transformó en miedo cuando la puerta detrás del italiano se abrió y todos se unieron en un solo grito: ¡ITALIA!


Gracias por leer y lamento haber tardado tanto en actualizar.

Espero que les haya gustado y no olviden comentar