Casi todos los personajes de esta historia no me pertenecen, sino que son de la fantástica escritora Stephanie Meyer, a mi sólo me pertenece la historia.
En memoria a Michael Jackson.
(1958 — 2009)
.
.
.
.
AGUA CON GAS
.
Será que caigo al precipicio
Será que un ángel me enseño a volar
En un momento estas aquí y en un segundo te perdí
En este mundo descubrí si hay algo eterno es junto a ti
.
Fragmento de 'Tus Brazos de Huracán'. Anabantha.
.
La sensación de tanta paz me hizo pensar que todo podía ser un sueño, quizás una pesadilla según desde donde se lo mirara.
Edward me incorporo de forma suave y él se puso de pie para luego tenderme la mano. Alce una ceja ¿Tanto podía haber cambiado? No es que me quejará de su amabilidad, pero hasta hacía unos días yo parecía lepra para él.
-Creo que sería bueno que te llevará a comer algo, debes de estar hambrienta.- me sonroje violentamente cuando como respuesta mi estomago gruño. Edward sonrió.- Además.- continuó más serio fijando su vista en mi rodilla aún lastimada.- debería curarte esa rodilla, lamento no haberme preocupado por ello antes. Debe de dolerte.- realmente pareció sentirse culpable.
Asentí no estando muy segura de cual debería de ser mi reacción correcta para tal situación. Tome la mano de Edward y me apoye en él para volver a la horrible casucha.
Edward me arrastro, bajo las penetrantes miradas de sus compañeros de crimen, hacía una habitación que no había visto antes. Me obligo, aunque de manera caballerosa, a sentarme sobre una gran cama.
Suspire, esa cama no era tan cómoda como la que yo tenía en la Casa Blanca, pero sin duda era lo mejor que había sentido en varios días. No había comparación del colchón con el suelo. Ahora entendía mejor que nunca a los vagabundos de la calle.
Edward corrió de un lado a otro, y al cansarme de seguirlo con la mirada, me deje caer sobre la cama aprovechando mis minutos de relajación. Deje que mis ojos se cerrarán y trate de visualizar algo para que mi mente descansara.
Quise pegarme cuando, sin poder evitarlo, mis pensamientos rondaron alrededor de Edward. No tenía manejo sobre lo que soñaba. Como una película, veía pasar distintos escenarios donde Edward estaba – de diferentes formas – conmigo.
Gemí, frustrada. Decidí que no podía más con aquella locura y abrí los ojos e incorporarme. Me sorprendí cuando al sentarme me encontré con la penetrante mirada de Edward sobre mí. Al parecer hacía tiempo que había acabado de hacer lo que fuera que estuviese haciendo.
Mis mejillas se colorearon al percatarme del ridículo que estaba haciendo.
-No sabía que habías acabado.- intente excusarme.
-Esta bien.- dijo como si fuéramos viejos amigos. Luego su expresión se hizo más dura.- Entiendo que has estado muy incómoda. Ten por seguro que no volverás a esa habitación jamás.
Le sonreí, sin entender porque quería que él se sintiera mejor. Edward se removió incomodo en su lugar, después se dejo caer al suelo, poniéndose de rodillas ante mi con todas las cosas que el Doctor le había dicho que debía poner en mi rodilla.
Amago un par de veces a tocarme, hasta que subió su mirada a la mía para pedir permiso. Asentí y el comenzó a trabajar.
Sus manos se movían con delicadeza sobre mi piel e intentaba causarme la menor molestia. No comprendía como alguien que en estos momentos parecía tan inocente, tierno y… bueno podía haber hecho cosas horribles. Porque, aunque intentase ignorarlo, sin duda él había ido contra la ley al secuestrarme y haberme tratado como lo había hecho.
Me mordí el labio inferior cuando la herida me escoció. Edward se disculpo por ello y termino de vendar mi rodilla.
-Sé que será molesto, pero necesito que utilices esto.- se estiró sobre la cama, todavía sin levantarse, y me tendió unos anteojos sin aumento y una peluca amarilla.- No voy a impedir que escapes y, como he prometido me entregare. Pero realmente necesito antes contarte la historia. Una vez que acabe eres libre de hacer lo que quieras.- Se veía tan desgraciado que solo asentí.
No sabía que decir o que hacer para que Edward se sintiera mejor. Sinceramente muy pocas veces me había encontrado en la situación de consolar a una persona. En esos momentos no me sentí humana, sino una maquina.
Edward por fin se puso de pie, pero no se movió de frente a mí. Me tendió las gafas mientras él me acomodaba la peluca. Cuando acabo con su trabajo se inclino hacía atrás para ver mejor como había quedado.
Lo vi fruncir el ceño y luego morderse el labio para no reír. Lo fulmine con la mirada.
-Me veo ridícula.-no era una pregunta.
Edward negó con la cabeza efusivamente.
-En el baño.- señalo detrás de mí y volteé mi cabeza para seguir la dirección que indicaba su dedo. Allí había una puerta de madera desgastada.- Hay ropa limpia para que puedas cambiarte. También hay toallas secas, shampoo y jabón por si quieres asearte.- asentí de forma exagerada cuando lo sugirió. De verdad no debía de entender cuanto necesitaba una buena ducha.- Tomate tu tiempo, si necesitas algo solo avísame, estaré aquí.
Le dirigí una mirada escéptica.
-¿Piensas que huiré por la ventana?.- pregunte atónita. Creí que había dejado más que claro que no iba a irme a ningún lado por el momento. A no ser claro, que Edward se fuera y me quedará en manos de vil hermana hermosa.
Él soltó una carcajada seca.
-¡Oh, no! ¡Claro que no! He descubierto que no eres tan inteligente como para escaparte.- Realmente sus palabras me enfurecieron sin importar el hecho de que él estaba bromeando conmigo. En un gesto infantil y la única defensa que encontré ante su insulto, le saque la lengua; lo que provoco que se riera aún más. Luego se calmo y suspiro fijando su mirada sobre el acolchado desgastado.- Es más complejo.
-Creo que podré seguirte.- murmure sin pensar, ansiosa de saber que era lo que lo perturbaba.
-Supongo que puedo confiar en ti,- hablo más para si mismo que para mí. Pero me gusto lo que oí, quizás más de lo que debería.- Es sólo que no puedo salir a la sala y enfrentarme a mis compañeros de ataque. Simplemente no estoy seguro de cómo mirarlos.
Lo mire con interés.
-La verdad, es que me perdí, Edward.- me atreví a pronunciar su nombre en voz alta.
Edward me miró sorprendido, luego se relajo y se dejo caer a mi lado con la vista fija en la pared.
-Estoy… confundido, por así decirlo. Por un lado me siento una basura por lo que te he hecho y saber que ellos también son como yo me enfurece.- apretó sus puños y respiro pesadamente antes de continuar.- Luego esta el hecho de que los decepcione, aunque no es que me arrepienta de lo que estoy haciendo ahora. Simplemente siento que los traicione al arrastrarlos hasta este punto y, después, echarme atrás. No es justo para nadie, pero eso es lo que siento. No los quiero ver, no quiero enfrentarme a ello.
-No creo que Emmett te reproche nada.- intente ayudarlo hablando sobre la única persona razonable que había conocido en este lugar.
Edward soltó otra carcajada, está más fuerte que la anterior.
-Justamente Emmett es el único con el que puedo hablar. Él desde un principio se negaba a esto, sólo esta aquí porque siguió a Rose. Él siempre supo que esto era un disparate.
Levanto la vista a mis ojos y me quede sin aliento. Tarde en recordar como inspirar y exhalar. Le sostuve la mirada y él a mí. Permanecimos sólo mirándonos por lo que pareció años, hasta que Edward bajo la suya y me sugirió que fuese al baño.
Entre y una vez que había cerrado la puerta me miré al espejo. Me reí en silencio de mi apariencia. Simplemente con el cabello rubio no era yo. Parecía otra persona completamente.
Gire la perilla del agua caliente y deje que corriera mientras me despojaba de mi sucia ropa. Sentí un alivio enorme al meterme bajo el agua caliente. Está se encargo de descontracturar todos mis músculos, de sacar el sudor, la sangre seca y la mugre de haber estado todo este tiempo en el suelo. Me tome mi tiempo enjabonándome y luego hice lo mismo con el shampoo. No quería salir de allí, pero cuando mis dedos se vieron arrugados, supe que ya había aprovechado todo lo posible.
Cerré el grifo y enfurruñada, me envolví en las toallas que había doblas para mi. Me seque con exagerada lentitud y luego hice lo mismo al cambiarme. Rodé los ojos al ver lo que me habían dejado de ropa. Sin duda no me conocían en nada. Me coloque unos vaqueros extremadamente pegados a mis piernas desde el tobillo hasta la cintura. Arriba una remera blanca que remarcaba mis inexistentes curvas y unas botas pequeñas sin taco. Agradecí aquello, al parecer Edward había notado la inestabilidad de mis pies.
Cepille mi cabello y luego mis dientes usando la pasta sobre mi dedo para lavarlos. La ducha me había cambiado por completo.
Cuando estuve lista tome una gran, e innecesaria, bocanada de aire. Tome las gafas, la peluca y mi ropa sucia, y salí de allí.
Edward estaba recostado sobre la cama leyendo el periódico, aunque no parecía prestarle atención. Alzo la vista cuando me vio y sonrió abiertamente provocando un sonrojo en mí.
-Deja las cosas sobre la silla, Bella.- me indicó una silla cerca de donde estaba.
Lleve mis pertenencias allí, y cuando gire Edward ya estaba junto a mí. Tarde unos segundos reponerme del asombro.
Edward tomo mi mano entre la suya y me arrastro con él hasta un pequeño placard. Rápidamente saco dos buzos y luego tiro de mí hacía la puerta.
Ninguno de los dos era capaz de emitir palabra alguna. Deje que me guiará fuera de ese horrible lugar. Esta vez no me importo las miradas de sus compañeros. Cuando por fin estuvimos fuera el viento me hizo su prisionera. Aunque el frió no duro demasiado, ya que rápidamente Edward me dio un buzo. No chiste y me lo coloqué. Me reí de lo grande que me quedaba, sin duda era de él. Lo agradecí, no sólo por el hecho de que olía de maravilla sino que cubría mi expuesto cuerpo.
Edward, como todo un caballero, sostuvo la puerta abierta del acompañante del Volvo. No soltó mi mano hasta que fue meramente necesario. Cerró la puerta y corrió a su lugar como piloto.
-Sería conveniente si te disfrazarás ahora.- me sugirió.
Lo hice sin decir nada mientras él arrancaba el auto y salía a la calle. Me gusto el hecho de notarlo más relajado, se veía bien en él.
Recogí mi cabello en un rodete* y me coloque la peluca por enzima, tratando de que mi pelo no se notara. Evite colocarme los lentes hasta que tuviera que bajar del auto. En realidad no sé para que debiera de ponérmelos si tan sólo con la peluca nadie me reconocería.
Fue un silencio agradable el que mantuvimos durante todo el viaje. La radio de música clásica nos inundaba y nosotros nos dejábamos llevar.
No supe a donde estábamos yendo. Partiendo de la base no sabía en donde nos encontrábamos. La ruta estaba solitaria y las nubes cubrían el cielo pronosticando una gran lluvia.
Giré mi cuerpo para enfrentarme a Edward. Obviamente no pensaba que iba a matarme por preguntarle en donde estábamos, pero aún así no sabía como hacerlo. Abrí y cerré la boca más veces de las que conté.
Pensaba que Edward no estaba prestando atención más que a la carretera, pero su risa me informo que no era así. Mis mejillas instantáneamente se calentaron.
-Quieres decirme algo y no sabes como.- indago con una sonrisa en su rostro.- tienes libre albedrío aunque no lo creas.- Note que su rostro se contraía, pero se recupero rápido volviendo a su sonrisa torcida.- Puedes preguntar lo que quieras.- me incito.
Asentí y tome aire.
-¿En qué parte de los Estados Unidos estamos?.- lo pregunte tan aprisa y en un tono de voz bajo que no estuve segura de sí Edward me había oído.
Al parecer sí porque me miró de reojo.
-¿Sabes que tu pregunta no es indecente ni nada parecido, verdad?.- al parecer estaba sorprendido de mis nervios. ¿De verdad esperaba que confiara en él en tan poco tiempo? No era que tuviera yo algo contra Edward, pero las cosas había sucedido de una forma extraña. Aunque él se comportaba amable y parecía de verdad arrepentido, no lo conocía. No sabía si algo le molestaría o si tenía trastornos de personalidad múltiple.- Estamos en Forks, y yendo a Port Ángeles. Seguimos en Washington.
Asentí ante su explicación. Sinceramente nunca había oído de Forks, pero no era algo de vital importancia. Lo bueno era que seguíamos en Washington y mejor aún en los Estados Unidos.
Después de eso no volví a hablar y él tampoco. Edward parecía concentrado en el camino y yo fije mi atención al paisaje. No era como si hubiese mucho para ver, todo era demasiado… verde.
No estuve segura en que parte del trayecto deje que mis parpados cayeran. Después de haberme recostados unos minutos en la cama, el asiento del Volvo era lo otro más cómodo que había sentido en días. Quise aprovechar el tiempo de poder dormir un poco y descansar mi espalda, no creía que pudiera soportar otra noche en el suelo.
-¿Bella?.- una voz celestial susurro cerca de mi y me sacudió con cuidado por los hombros.- Ya llegamos.
Bostece sin pensarlo y me tome mi tiempo para abrir los ojos. Gire mi cuerpo y choque con la cara de Edward. Me ruborice al instante. Él se rió y bajo del auto sin decir nada. Se lo agradecí.
Me coloque los anteojos y me que quite el cinturón. Antes de que acabase con dichas tareas, Edward ya estaba sosteniendo la puerta abierta para mí.
Baje y caminamos juntos hasta la puerta de un restaurante italiano. No me había dado cuenta hasta ese momento que el cielo había oscurecido.
Edward me dejo pasar primero y esperamos hasta que el Mestre viniese a acomodarnos.
Bufe cuando una mujer se acerco y comenzó a insinuársele a Edward. No podía ser tan mal educada, hasta donde ella sabía nosotros fácilmente podríamos ser pareja. Edward le pidió un lugar aislado y ella nos dirigió a la parte de reservados. Perdí la cuenta de cuantas veces se le había insinuado antes de irse.
Me senté enfurruñada y Edward me miraba curioso. Lo fulmine con la mirada, lo último que necesitaba era que él comenzara a molestarme a mi costa.
-¿Qué quieres pedir, Bella?.- pregunto pasándome la carta.
La abrí y musite lo primero que leí.
-Eh… tomaré ravioli de setas.- me arrepentí instantáneamente, no tenía ni idea de lo que eran.
Edward asintió y llamo a la mesera. Volví a fulminarla con la mirada mientras Edward le decía nuestro pedido.
-Bella ¿Para beber?.- me saco de mi mente.
Lo mire antes de contestar.
-Un agua con gas, por favor.
-Dos.- se apresuro Edward a decirle.
La mujer anotó todo y se retiro al ser rechazadas más veces de lo que una persona normal podría soportar sin sentir vergüenza.
-Esa mujer es muy poco educada.- masculle con veneno.
Edward no dijo nada y yo no volví a hablar.
Llego un mesero a la mesa, al parecer la mujer ya no sabía con que cara mirar a Edward. Sonreí ante aquello. Dejo nuestras bebidas y las paneras.
Edward empujo los colines hacía mi.
-Deberías comer algo.
-Estoy bien.- le respondí de forma apresurada. Estaba ansiosa por escuchar su historia, y la comida había pasado a un plano sin importancia.
-La verdad, Bella, es que me sentiría mejor sin comieras algo. No lo has hecho en días.
Suspire, resignada al negarme discutir por aquello. Tome un pan pequeño y lo partí en un pedacito antes de meterlo en mi boca. Edward analizaba cada uno de mis movimientos. Lo trague y lo mire.
-Ya cumplí, ahora es tu turno.- le indique.
-No voy a escabullirme, Bella. Te contaré mi historia como prometí, pero sólo quiero asegurarme primero de que te alimentes.
Esperamos hasta que trajeron nuestras comidas, y Edward se aseguro que comiera la mitad antes de comenzar con el relato.
-Recuerdo que me dijiste que una mujer te cuido de pequeña. ¿Qué recuerdas de ella, Bella?
Suspire, sin entender nada. Aún así trate de proporcionarle la mayor información de la que fui capaz.
-La verdad es que no mucho. Era muy pequeña la última vez.- hice memoria de mi infancia.- Era hermosa, eso lo recuerdo. Sus ojos eran grandes y verdes.- divague en mi viaje al pasado.- y era sin duda un amor de persona. Ella era quién me consolaba y jugaba conmigo. Creo que hasta llegue a pensar que ella era mi madre… Pero, un día sin previó aviso, desapareció. No volví a saber de ella.
Levante la mirada y Edward se veía tan perdido como yo.
-¿No quisiste saber de ella?
-Sí.- conteste al instante. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al recordar que había pasado cuando lo había hecho.
-¿Y qué paso?
-Mis padres me prohibieron volver a mencionarla. Me dijeron que me olvidará de ella porque jamás la volvería a ver y que, sí algún día me oían nombrarla debía abstenerme a las consecuencias.- Escuche como jadeó y quise saber de que iba todo aquello.- ¿Qué tiene que ver esto contigo?
Edward suspiro, ahora empezaba la verdadera historia.
-Bella, esa mujer era mi madre.- deje de respirar y mis ojos se abrieron a más no poder.- Elizabeth. Su nombre era Elizabeth.- parecía estar a punto de llorar al pronunciarlo. Me quede callada, no quería interrumpirlo.- No es una bonita historia, Bella.- me previno. Se inclino hacía adelante y apoyo sus brazos en la meza. Sostuvo mi mirada y sus labios comenzaron a moverse.- Mi padre trabajaba para el tuyo, y mi madre era tu niñera. Nunca estuve muy seguro de que era lo que realmente hacía mi padre en el gobierno. Estaba vinculado con las relaciones mundiales y los conflictos y treguas con los países. Al parecer un acuerdo salió mal, tanto como para declararle la guerra a Estados Unidos. Tu padre, queriéndose deshacer de la responsabilidad, le hecho la culpa al mió. ¡Charles Swan es un maldito…!.- se interrumpió al verme fijamente. Yo estaba absorta con lo que me contaba, por alguna extraña razón sus palabras no me sorprendían. En ningún momento dude de ello, sabía al cien por ciento que estaba siento sincero.- Tres días.- suspiro.- Tres días después mi padre tuvo que huir porque lo buscaban para matar. Siempre fue un misterio el saber con exactitud cuanto duro con vida mi padre. Lo que recuerdo a la perfección fue una noche. Mi madre regreso de tu casa, llorando sin consuelo. Rosalie era muy pequeña, y al igual que yo no comprendíamos nada. Mi madre mando a dormir a mi hermana y espero hasta que supiera que no nos podía oír. Después de ello mi mundo dejo de ser el mismo.- En esos momentos los ojos de Edward parecían antiguos, cargados de dolor. Quise llorar por él. Sin ser conciente de lo que hacía, lleve mis manos a las suyas que estaba hechas puchos sobre la mesa, y las acaricie tratando de hacerle saber que estaba con él.- Mi madre me contó todo lo sucedido. Un año después, enfermo por la depresión. Murió a los seis mese.
Jadeé y deje de respirar.
-Dios… mío.- respire.- Lo… Lo siento mucho, Edward.- me costaba hablar. Aún estaba conmocionada por todo aquello.
-Aún no acabe.- ¿Qué más podría haber pasado?.- ¿No te preguntas en donde entras tú en toda esta historia?.- a decir verdad no lo había pensado, pero cuando lo menciono supe que tenía razón. Asentí con la cabeza.- Cuando la noticia de mi padre se hizo pública al igual que el despido de mi madre, la excusa fue que ellos intentaron secuestrarte y abusar de ti.- mis ojos se agrandaron ante la impresión ¿Qué?
-¿Cómo?
-Lo que oíste. La noticia circulo por el mundo manchando nuestro apellido. Pasaron meses con esa historia. En todas las portas de revistas y diarios aparecía una foto tuya y testimonios sobre la supuesta conspiración. En los noticieros era de lo único que se hablaba. Siempre, la noticia eras tu.
-Pero… eso es imposible.- tartamudeé, mis manos temblaban.- Es decir nunca supe de esto. ¿Cómo es que fue tan pública una noticia sobre mí, sin que yo lo supiera?
-Es curioso. Mi madre repetía una y otra vez que tú debías salir de allí, que te estaban usando sin que lo supieras. Por otro lado Rose y yo te odiábamos. Ahora, soy conciente que nunca hubieron dichas entrevistas contigo sobre tal asunto. Pero en aquel momento era muy creíble, de hecho hasta el momento pensaba que era así. Emmett siempre te defendió, por alguna razón él estaba seguro que tú eras una víctima más.
Sufrimos tanto solos.- divago.- Rose y yo nos quedamos sin nada de repente, y tu seguías allí. Pareciendo en cada noticiero como la gran luz de Estados Unidos. Te odiábamos, no podíamos entender como podías dormir en las noches con la conciencia tan sucia.- No había notado mis lágrimas caer sobre mis mejillas, hasta que Edward separo nuestras manos para secarlas.
¿Cómo podían haberme metido en algo tan serio sin siquiera haberme dado cuenta? ¿Por qué nunca había sospechado de que no me dejarán leer el periódico o el por qué tenía cancelados los canales de noticias? Quería gritar, llorar, y matar a mis padres. Me odie a mi misma por haber sido tan ingenua, por no haber insistido por Elizabeth. Por haber sido tan manejable.
-No llores, Bella.- me suplico quitándome los anteojos y continuando secando mis lágrimas.- Ahora sé que no tenías nada que ver.
-¿Por qué?.- solloce.
Edward frunció el ceño.
-¿Por qué, que?
-¿Por qué ahora crees que no tuve nada que ver?
-Porque, Bella.- su voz se torno dulce, como si olvidase todo lo que me había dicho segundos atrás.- Cuando te conocí supe que eras incapaz de algo tan… monstruoso. Desde que despertaste lo supe, pero no quise verlo. Estaba furioso conmigo mismo por no haber escuchado a Emmett o mi madre, por no haber podido leer entre líneas. Tenía que desquitarme, y tú seguías allí. No fui totalmente consiente de todo esto hasta que Rosalie estuvo a punto…- se interrumpió solo.- Bella, no se como disculparme por todo esto. Sencillamente no tengo excusa. Sufriste injustamente, te quisimos hacer pagar por los errores de tu padre cuando, al fin y al cabo, tú también fuiste víctima. Bella, de verdad lo siento.
-No tienes porque.- musite.- La que lo siente soy yo. No puedo creer que haya sido tan ingenua todo este tiempo ¡Destruí una familia!.- me largue a llorar sin consuelo.
Separe mis manos de las de Edward para ocultar mi rostro en ellas. Me sentía horrible. Mis propios padres había destruido a personas por poder, y yo había sido cómplice. Me habían usado para sus crímenes. Rosalie tenía razón, yo también era un criminal.
Mi respiración se hizo agitada y mi corazón se acelero ante la angustia. Merecía todo lo que me había pasado. Edward y Emmett estaba siendo estupidos.
Me sobresalte cuando fui acomodada en los brazos de Edward. Intenté alejarme de él, pero no me lo permitió. Me sentó en su regazo y sostuvo mi cabeza en alto. Sus ojos fijos en los míos, aunque no podía verlos bien a causa de las lágrimas. Edward se dedicó a quitar todo rastro de ellas.
-Bella, si te conté la verdad es porque estoy seguro de que no estabas involucrada en ello…
-¡Si lo estaba!.- le interrumpí ahogadamente.- Ese es el problema. No soy una santa, Edward.- me quebré en varios puntos.- Podría haber sido menos idiota.
-No eres idiota.- recalco seriamente. En ese momento quise reírme. Él había sido el primero en decirme que era idiota por varios factores, y ahora que realmente lo había sido no lo aceptaba. Era tan irónico.- Bella, puede que no seas una santa como dices, pero no eres un monstruo. Sí lo hubieras sabido, mongo las manos en el fuego, de que jamás te hubieras involucrado.- Sus manos se colocaron a cada lado de mi cara y me sostuvieron con fuerza, sin hacerme daño.- Bella, créeme cuando te digo que entiendo como te sientes. Pero no vuelvas a pensar que tú eres culpable, no importa el grado, sobre lo que sucedió.
-Pero…pero…- quise replicar, pero Edward me cayó.
-Júrame que no volverás a pensar que tú eres culpable.
-No puedo.- confesé.
-Sí, puedes. Y lo harás. Bella, no podré volver a respirar si no me dices que no volverás a pensar que eres un monstruo. Ya te he causado demasiado daño y me odiaría aún más al saber que por contarte mi historia lo he agravado todo.
-Edward…- quise replicar nuevamente.
-Júralo.- sus ojos eran tan poderosos…
Me sentí poseída por su mirada. Sin duda deslumbrada por su belleza, no sólo física sino que también espiritual.
Edward era un ángel. Quizás con algunos errores de camino, pero un ángel al fin.
-Lo juro, pero con una condición.- accedí después de poder pensar claramente.
Edward frunció el ceño. Sus manos soltaron mis mejillas y me sostuvieron por la cintura. Me gusto el gesto, me hizo sentir como si Edward no deseará que me separara de él. Y, de más estaba decir, que no estaba dispuesta a hacerlo.
-Qué me dejarás ayudarlos a derrumbar a mi padre.
Los ojos de Edward se abrieron ante la sorpresa. Se recupero al instante, forzando a que sus facciones se vieran duras.
-Claro que no. Te dije que eras libre y que me entregaría. Bella, no vas a ponerte en contra de tu familia.
-¿Qué familia?.- exclame olvidándome que estábamos en un restaurante.- Charles y Reneé jamás me trataron como a su hija, ni yo me sentí como tal. Son malos, Edward. Eso lo sé desde siempre.- Edward abrió la boca, pero esta vez fui yo quien lo cayo.- Ok, si soy libre puedo decidir a donde ir, con quien estar y que hacer. Bien. Quiero quedarme contigo.- no me importo la intensidad de esas palabras. Ya había tomado una decisión y no iba a echarme atrás.- Quiero ayudarte a que te vengues de Charles.
-Vas a arrepentirte de esto, Bella. No quiero ponerte en esa situación. No es justo.
-Nada en esta vida es justo, Edward ¿Nadie te lo ha dicho?.- iba a ganar esta batalla fuera como fuera.- Quiero quedarme contigo.- dije de forma dulce.
Edward no era capas de comprender cuan sinceras eran mis palabras. Por alguna razón, por más que él no me hubiese contado su historia o si hubiese sido otra, yo iba a quedarme con él. Ahora, y no entendía como, me sentía atada a Edward. No tenía fuerzas para estar lejos de él, ni quería tenerlas.
Edward respiro profundamente, y m estrecho más cerca de su pecho.
-No sabes como se aplican sus palabras a mí.- escondí mi cara en su cuello y sonreí sin que me viera.- Sólo espero no lastimarte más de lo que te he hecho.- aún se escuchaba indeciso.- Si en algún momento, no importa cuando, quieres volver a donde perteneces no te detendré. Quiero que lo sepas.
Asentí sin separarme de mi escondite.
-No tienes que preocuparte, sé lo que tengo que hacer.
-¿Y lo que quieres hacer?
-También.- conteste con convicción. Sin duda lo sabía.
Todo esto era demasiado confuso. Hacía menos de 24 horas le temía a Edward, ahora no podía separarme de su cuerpo. El secuestro había perdido su validez, los pecados había quedado atrás. Quizás era idiota por muchas razones, pero la principal era por haber empezado a sentir algo por mi secuestrador.
Y yo que creía que esas cosas sólo pasaban en los cuentos. El síndrome de Estocolmo era verdadero y peligroso.
Ahora había tres cosas de las que estaba completamente segura.
Primera: Edward tenía un pasado oscuro y yo tenía que ver en él.
Segunda: Iba a ayudar a Edward a vengarse de mis padres.
Tercera: Estaba total y perdidamente enamorada de mi secuestrador.
.
.
.
Holis gente nice!!
¿Qué les pareció el chap? Es trágica la historia de Edward, pero así soy yo. Bueno, ahora comienza la verdadera aventura. ¿Qué creen que pasará con Rosalie? ¿Y los padres de Bella?
Grax por sus RR, sus favorites y alerts. Muchas de esas personitas que no me dejaron un RR el chap pasado me harían muy feliz si me dejasen uno en este. Espero con ansias sus RR, así me hacen una escritora feliz.
Besop(L)
Hasta el crepúsculo…
Luchyrct
CLICK HERE, REVIW!
12
