¡Holaaaaa, personas! tanto tiempo, pero al fin soy libre de la u y pude escribir, aunque también se lo deben agradecer a sus reviews que me inspiraron para ponerme manos a la obra.
En fin, ya no los voy a distraer para que continúen leyendo. Espero lo disfruten y gracias por seguir aquí y por dar follow, fav, y dejar reviews 3
Mucha suerte. Abrazos.
Al final resulta que a Simón sólo se le había bajado el azúcar por eso el desmayo. Estaba contenta de que no fuera nada grave, pero, de todos modos, su problema con la bebida la preocupaba, ni siquiera había tenido tiempo de volver a pensar en la proposición que le hizo Bonnibel, en estos momentos tenía cosas más importantes en la cabeza.
No se atrevía a decirle a Simón la verdad, ella no solía mentir, pero hablarle a su padre putativo sobre lo que averiguó hace dos años sobre Betty sería fatal para él.
Flash Back
Un día cansado en su trabajo, llegó a casa sin ánimos ni para cocinar de manera que ordenó una pizza y se sentó frente al televisor a esperar a que llegara. No había nada bueno en la tele, no le quedó más opción que dejarle en el box, era lo único que podía tolerar ver de todos los programas que transmitían a esa hora.
Tenía una soda de manzana en la mesa a la cual le daba uno que otro trago ocasionalmente tratando de no terminársela para no tener que ir por más en cuanto su pizza llegara; no estaba funcionando muy bien, ahora la lata estaba por la mitad y todavía faltaban como diez minutos antes de que aparecieran por ahí.
Estaba completamente recargada en el sofá con los pies encima del reposabrazos, no temía maltratarlo, era suyo después de todo.
Escuchó que tocaban la puerta y se levantó con pereza, pero feliz de que al fin podría probar bocado. Para su sorpresa y decepción no se encontraba en la puerta quien ella esperaba, sino alguien que había olvidado avisar que vendría y que, por lo tanto, ahora la pillaba desprevenida, con apenas una camiseta y un pequeño short. Se avergonzó, pero ya no podía hacer nada.
— ¿Tienes noticias?
Él sólo asintió. Era una persona bastante seria, pero se veía incluso más calmado de lo normal. Eso no le daba buena espina. No lo hizo esperar más tiempo y sin decir palabra se hizo a un lado para dejarlo pasar, entre más rápido acabaran con eso mejor.
Lo dirigió hasta el comedor y una vez que ambos se sentaron él dejó un sobre arriba de la mesa. Ella lo recogió cautelosa, después de abrirlo no entendía del todo lo que estaba viendo. Era una mujer de cabello castaño y algo encrespado, la reconoció de una foto antigua que siempre cargaba Simón en su cartera. Era ella. Su princesa.
— Betty.
El hombre volvió a asentir.
En las fotos se veía feliz, y eso no era todo, estaba en un verde prado con flores y juegos infantiles… Llevaba un niño en brazos. Un hombre la tomaba por la cintura y sonreía con ella. No había que ser un genio para darse cuenta de lo que pasaba. Ella era feliz lejos de Simón, tenía una familia que la amaba y no parecía tener el más mínimo remordimiento por lo roto que había dejado al pobre anciano.
Siguió pasando en las fotos donde seguía saliendo toda la familia sonriendo, divirtiéndose. Hasta que llegó a la última foto. Las risas cambiaron por lágrimas, los paisajes alegres se entristecieron con árboles decaídos y tierra seca, los alegres colores se pintaron de negro y ni siquiera el sol que quemaba en esos momentos era sinónimo de felicidad. El pequeño se aferraba con fuerza al suelo donde estaba de rodillas y lloraba con tanta amargura que incluso a través de una simple foto se lograba transmitir la pena tan dolorosa por la que estaban atravesando. El señor daba la impresión de estar sumergido en su propio dolor como para poder consolar a su hijo. No lloraba, pero tenía la vista clavada en una rosa que había quedado sobre el ataúd que se encontraba ya en el pozo.
No pudo seguir viendo y dejó las fotos boca abajo sobre la mesa. Le dolía tanto por la expresión en el rostro de todos los presentes como por Simón, él no podía enterarse de eso o acabaría por desmoronarse.
La pizza llegó poco rato después de que el inspector saliera, Marceline la recibió, pero no la tocó en toda la noche, ni al día siguiente. Terminó por tirar la pizza completa a la basura al tercer día.
Fin del Flash Back
Ahora iba llegando a su trabajo tratando de olvidarse de todos esos pensamientos que la aquejaban, necesitaba estar al cien por ciento presente en su trabajo si quería conservarlo. Su jefe era bueno con ella, pero no estaba segura de cuánto le aguantaría si seguía cometiendo errores.
Apenas entró se fue directo a su área sin fijarse en ninguna otra cosa, pero hubo cierta frase que llamó su atención y no sólo por la manera de expresarlo, tan casual, sino también porque reconoció la voz de la persona que lo había dicho.
— Soy gay.
Un chico se encontraba hablando con el jefe. Llevaba puesto un pantalón de mezclilla ajustado y una camisa blanca con las mangas por los codos. Cabello rosa bien peinado, pero sin parecer nerd, ojos azules, y unas pom… bonita figura.
Gumball.
Lo conocía bien, pero no se detuvo a saludar porque él estaba hablando con su jefe y porque ella tenía que entrar a trabajar.
Tenía años que no sabía nada de él. La última vez que lo había visto fue cuando tenía diecinueve años… Esa era una larga historia que prefería no recordar. Le incomodaba mucho encontrarlo ahí, no sabía a qué había ido, pero le urgía que se fuera.
Para su mala suerte media hora después lo tenía ahí con el uniforme del trabajo. Ni siquiera sabía que existía el uniforme para hombres ya que los únicos empleados en ese lugar eran de sexo femenino, pero al parecer él se las ingenio para que lo dejaran entrar… Ahora tenía más sentido lo que le había dicho al gerente. Ella sabía con toda seguridad que Gumball no era gay.
Se acercó hasta donde ella estaba y como no tenía a donde correr tuvo que quedarse, poner una sonrisa que se viera real y saludarlo.
— Marcy, es bueno verte de nuevo.
— Lo mismo digo, ha pasado tanto…
— Lo sé, la última vez que te vi fue cuando corriste fuera de la iglesia marchándote con tu primo.
Eso la incomodaba, no se le hubiera ocurrido que Gumball era de esos que te echan en cara las cosas, además ella habló con él antes de irse y creía que ahora ya todo estaba, si no bien, al menos tranquilo entre ellos.
Se dio cuenta que era la única que parecía sentirse rara con la situación, él sonreía como lo había visto hacer tantas veces antes y llevaba esa mirada de borrego a medio morir.
— Siento aquello.
— Descuida, no lo dije para molestarte, tampoco me gusta que te sientas incomoda. Sólo quería recordarte que te prometí…
— Gumball… —lo interrumpió. — No ahora. Estamos en el trabajo y no quiero recibir una amonestación.
— Oh, por supuesto. ¿Podremos hablar en algún momento?
— Tal vez.
Entonces lo dejó ahí y continuó con su trabajo, ya eran demasiadas cosas en su mente como para sumarle ahora el regreso de Gumball, no tenía las ganas ni la suficiente energía para lidiar con esto ahora. Era mucho lo que debía resolver dentro de ella misma.
El día se pasó más rápido de lo que hubiera creído, y afortunadamente, el pelirrosa había estado tan ocupado que ni siquiera pudo acercarse a ella en todo lo que restaba del día. Ese día salió a toda prisa para no darle oportunidad de hablar con ella, aunque sabía muy bien que no podría estar haciendo eso siempre.
Algún día tendría que darle la cara. Seguir huyendo no era una opción. Por desgracia.
Recibió una llamada cuando iba rumbo a su casa y contestó sin mucho ánimo. Desde que se enteró de lo que había sucedido con Finn y Bonnibel cada vez que recibía una llamada de ella no podía sentir la misma emoción de antes.
— Dime.
— Hola, Marcy.
— ¿Qué pasa? ¿En qué puedo ayudarte?
— … Sólo quería hablar un rato contigo. Tal vez si no tienes nada que hacer podríamos…
— Perdona —la cortó. — Hoy estoy ocupada.
— Oh… Ya veo. ¿Qué vas a hacer?
La verdad no tenía ningún plan, era mejor que se le ocurriera algo pronto antes de que se diera cuenta que estaba mintiendo.
— ¡Marceline! — gritó alguien a la distancia.
Sabía quién era incluso antes de voltear y ver su rosada cabellera. Venía corriendo hacia ella y al llegar la sujetó del brazo y respiró profundo antes de hablar.
— Ya has huido suficientes veces. Sólo déjame hablar contigo. — se quejó con tono irritado.
— ¿Quién es? — preguntó Bonnibel al otro lado de la línea.
— Él es… Lo siento, Bonnie, estoy ocupada, tengo que irme. Hablamos después.
— Esper…
No la dejó terminar, simplemente colgó el teléfono y lo apagó.
— ¿Qué quieres Gumball? Creí que te había dicho…
— No puedo esperar. Estuve años esperando verte de nuevo. Sólo quiero que volvamos a ser amigos, ¿de acuerdo? Una amistad nada más.
Suspiró. Conocía a Gumball lo suficiente como para saber que no pararía de insistir.
— De acuerdo. Seamos amigos.
— ¿En serio? — Ahora se veía bastante feliz. Era adorable cuando se ponía así.
— Sí.
— Te prometo que seré el mejor amigo del mundo. —sonrió.
...
— ¿Qué pasa, Bonnie? —preguntó Finn viendo como sostenía el teléfono sin dejar de mirarlo. Como si quisiera preguntarle muchas cosas.
— ¿Eh? No es nada.
— Pero si te has quedado mirando el teléfono desde que Abadeer te colgó.
— Es eso… Es que no puedo creer que me haya colgado. Además…
No podía estar confundida, definitivamente la voz que escuchó era de un hombre llamándola. Algo no estaba bien. Se supone que Marceline no tenía novio, eso la dejaba un poco más tranquila, pero cuando la llamaron había sonado casi desesperado, y eso la intrigaba.
— ¿Qué? —cuestionó al ver que no decía nada.
— Nada. Olvídalo.
— … De acuerdo. —tampoco era que muriera de ganas de hablar de Marceline. Lo que más quería era evitar el tema.
— Creo que iré a su casa.
— Hey, espera. —la detuvo sujetándola del brazo, quizá más fuerte de lo que pretendía.
— Auch.
No la soltó.
— ¿A dónde vas? Si no quiso salir contigo, ¿por qué crees que va a querer recibirte? Ta vez está ocupada.
Finn no tenía idea de la voz que había escuchado, pero aquello había sido como recordarle que la había dejado de lado por estar con aquel tipo.
— No pierdo nada con ir. Necesito hablar con ella.
Se zafó del agarre de Finn y salió de su casa a toda prisa. Al rubio no le quedó más remedio que esperar, todavía se encontraba en calzoncillo y no podía salir así a la calle.
Bonnibel caminó todo el tramo a casa de Marceline, eran alrededor de las once de la noche cuando tocó la puerta y en ningún momento se había detenido a reflexionar que quizá podría despertarla, al menos hasta que salió y la vio en pijama, una camisa que apenas le llegaba un poco por debajo del muslo. Se veía increíble.
— ¿Bonnie? —su voz logró sacarla de sus pensamientos.
— Necesito hablar contigo.
— ¿No podía esperar a mañana? Ya estaba dormida y mañana debo ir temprano al trabajo.
— Lo siento, pero sólo será un segundo. Lo prometo.
Se lo pensó un poco y volteó hacia la habitación de Simón. Sabía que seguiría dormido un buen rato más, pero de todos modos le preocupaba despertarlo, últimamente había estado teniendo problemas para conciliar el sueño.
— De acuerdo, pero sólo un minuto.
La dejó pasar y la condujo hasta el comedor.
— ¿Té o café?
— Café, gracias.
Puso la cafetera en la estufa y mientras el agua se calentaba sacó todo. No se tardó tanto cuando al fin estuvo listo y comenzó a preparar su té y el café de Bonnibel. Si ella tomaba lo mismo que la pelirrosa no podría dormir en toda la noche, definitivamente no dejaría que eso pasara.
Bonnibel no dijo nada hasta que Marceline se sentó junto a ella y dejó las tazas en la mesa.
— ¿De qué querías hablar?
De pronto se dio cuenta que no tenía ni idea de lo que quería decir, sólo le habían dado ganas de verla, y ahora mismo también sentía la necesidad de despojarla de la única prenda que lograba cubrir su lindo cuerpo.
— ¿Y bien? —cuestionó dando un pequeño trago a su té. Estaba caliente, pero no tanto como para no poder tomarlo.
— Yo sólo quería verte.
— ¿Sólo viniste a eso?
— No yo… ¿Quién era el hombre que te gritó hace rato que hablábamos por teléfono?
Marceline había dejado su taza en la mesa de nuevo y juntó sus manos sobre su regazo jugueteando con sus dedos. No pudo sostenerle la mirada a Bonnibel y la fijó en el refrigerador.
— No quiero hablar de eso.
— Me estoy entrometiendo mucho, ¿verdad? Lo siento.
— Si es todo lo que tenías que decir, realmente me gustaría seguir durmiendo.
La pelirrosa se levantó de la silla para acercarse más a ella y así no pudiera levantarse. Marceline la miró confundida. Ella sólo quería dormir.
— ¿Sigues molesta por lo de Finn?
— No. Te dije que lo olvidaras.
— ¿Entonces por qué me estás evitando?
— Yo no te estoy evitando.
Bonnibel intentó rozar su mejilla con la mano e instintivamente ella retrocedió.
Hizo una mueca. No le gustaba para nada que la estuviera rechazando. Volvió a acercar su mano tomando su cuello suavemente luego se inclinó buscando su boca. Parecía que Marceline la evitaría de nuevo, se veía que quería hacerlo, pero al final no fue capaz y se dejó besar por la pelirrosa. Un beso suave y lento, como los que pocas veces había dado en su vida.
Bonnie apoyó su mano libre en la pierna de Abadeer y fue subiéndola sorprendiendo por completo a la pelinegra quien la sostuvo para evitar que siguiera avanzando por su muslo. Ya había subido una parte de su camiseta, y si antes le quedaba muy arriba, ahora era peor.
Con una mano evitaba que Bonnibel continuara y con la otra se aferraba al suéter al tiempo que disfrutaba de cada beso que seguía dándole.
— Déjame avanzar.
Marceline no pudo responder, seguía jadeando y se aferraba al brazo de Bonnibel, tuvo que forzarse a responder cuando ella intentó subir su mano de nuevo por su pierna.
Al menos esta vez logró llegar a la orilla de su ropa interior.
— No hagas esto. No quiero sentir que lo estás haciendo sólo por caridad, o lastima. No me ofendas de esta manera.
— Yo no lo hago por eso…
— Ya basta, por favor.
Bonnibel se le quedó mirando sin moverse de la posición en la que estaba.
— Creí que estabas de acuerdo en ser esto. Pensé que estaba bien para ti el tipo de amistad que tenemos. Tal vez me no me di a entender cómo debía.
Se acercó a su boca de nuevo, pero no la besó ni Marceline lo intentó. Sus palabras estaban sonando bastante duras, la sorprendía la capacidad que tenía de decir las cosas, sin embargo, sabía que ella estaba en lo correcto, desde un principio su trato había sido así, no se suponía que se quedara esperando por más o que fuera a ser la única con la que se besara.
— Déjame ser lo suficientemente clara. Yo quiero intentar todo contigo, pero sin sentimientos, ¿de acuerdo? Como amigas. No hagamos de este tipo de cosas algo muy grande.
Volvió a besarla y pasar la mano por debajo de la camisa acariciando su espalda sin que ella se resistiera. No había venido con esas intenciones, pero ahora se daba cuenta que realmente quería hacerlo.
Se alejó sólo para sentarse de nuevo en su silla y extendió los brazos hacia Marcy dándole a entender que fuera a sentarse con ella. Ese gesto hizo que Marceline notara el moretón que adornaba ahora su parte de su brazo, pero no dijo nada, no le parecía algo importante. No lo dudó mucho antes de obedecer y sentarse en sus piernas de frente a ella.
— No podemos hacer tanto ruido, Simón duerme.
— Entonces procura controlar tu voz.
Se deshizo de su camisa dejándola únicamente en ropa interior. Marceline tenía un cuerpo envidiable, si con ropa se veía bien, sin ella se veía aún mejor.
Tocarlo era tan suave como acariciar el pétalo de una flor y la manera en la que se escuchaba su voz, en un tono tan bajo que sólo ella podría escuchar, eso era lo que más le encantaba.
Bonnibel tenía razón, no tenía nada de malo tener sexo sólo por diversión, y mucho menos debería arruinar esa maravillosa situación en la que se había metido con estúpidos sentimentalismos. Era mejor disfrutar de ella todo lo que pudiera.
Eran las tres de la mañana cuando Marcy cayó dormida. Esa fue la hora en la que Bonnibel salió de la casa tratando de hacer el menor ruido posible para no despertar a nadie.
Ella no abrió los ojos hasta la mañana siguiente. Se despertó de casualidad, confundida. Se encontraba en el sofá con su camiseta para dormir, pero se dio cuenta que no llevaba nada puesto debajo, al parecer Bonnie se había encargado sólo de que no la vieran sin nada.
Salió corriendo en cuanto se dio cuenta de la hora que era. Si no se daba prisa llegaría tarde. Recorrió toda la casa en diez minutos mientras se vestía, se arreglaba y lavaba su cabello. Todo lo hizo en tiempo record y se fue como un rayo rumbo a su trabajo.
Seguía cansada por lo de ayer, no nada más por el ejercicio, sino por la desvelada también, ahora tendría que lidiar con las consecuencias de eso.
Su jefe estaba esperándola en la entrada con una gran sonrisa en su rostro. Ese tipo no se daba por vencido con nada y de no ser por él, su trabajo sería incluso más increíble de lo que ya lo era.
— Llegas muy a tiempo, Marcy.
— Lo siento.
— No importa, faltan tres minutos todavía para tu hora de entrada.
— Genial, entonces es mejor que entre de una vez.
— Espera…
No le quedó más remedio que detenerse y esperar por lo que tuviera que decir, aunque ya tenía una idea bastante clara de por dónde iría el asunto.
En ese momento Gumball también venía llegando y se detuvo junto a ellos a saludar. En parte porque había notado la expresión de Marceline, esa que indicaba que esta situación se le estaba saliendo de las manos y ella sólo quería huir y esconderse en algún lugar donde nunca fuera encontrada.
— Buenos días, jefe. Marceline.
— Buenos días, Gumball. —saludó el supervisor un poco irritado por haberlos interrumpido.
— Hola. Yo tengo que entrar a checar o se me hará tarde.
Y esa fue la excusa para escapar de ambos y no tener que verlos, en especial a su jefe, al menos con Gumball ya había quedado en que serían únicamente amigos. No podía estar segura si le había dicho la verdad en eso, pero no le quedaba de otra que confiar en él, después de todo lo iba a tener bastante cerca, a saber, por cuanto tiempo.
Keila fue a verla a la hora de la comida, se veía molesta y supo que aparte de todo lo que ya le estaba pasando tendría que soportar sus quejas y reclamos. Se fueron a comer al restaurante de enfrente, aquel pequeño café que tenía grandes ventanales, mesas pequeñas y las más grandes eran aquellas con los asientos pegados a la pared que se encontraban en cada esquina. Las chicas tomaron una de estas últimas porque Keila amaba tener lo mejor. Pidieron dos cafés y dos platillos principales que al ser apenas medio día no eran más que un omelette como desayuno.
Había un rico aroma impregnando el ambiente. Probablemente gracias a la cafeína.
— Marceline, estoy muy molesta. —le dijo una vez que la camarera se hubo ido.
Ella suspiró.
— Puedo notarlo. ¿Por qué?
— Hace mucho no sé nada de ti. Sé que pasa algo con Bonnibel, pero no tengo idea de qué es.
— Oh eso…
— Sí, eso. Así que no te irás de aquí hasta que lo sepa todo. Soy tu mejor amiga.
— De acuerdo. Te voy a contar todo lo que me está pasando porque honestamente ya me cansé de que lleguen problemas tras problemas. —dijo de manera acelerada, sólo quería hablarle a alguien de todo. — Primero Bonnibel con su dichosa propuesta.
— ¿Qué propuesta? —eso la confundía.
— Quiere que seamos algo así como "amigas con derecho".
— ¿Qué? Obviamente le dijiste que no. Tú no eres de las que hace eso.
— … En realidad, le dije que sí.
Esa respuesta la emocionó, consideraba que era una experiencia interesante para alguien como Marceline que siempre hacía las cosas de la manera correcta. No se la imaginaba teniendo ese tipo de relación con nadie y mucho menos con una mujer. Sonrió.
— ¿Y el problema es?
— No lo sé… tiene lo mismo con Finn.
— Bueno, son amigas, no tiene prohibido hacerlo con otros.
En ese momento se acercó de nuevo la camarera que venía con sus pedidos y los dejó sobre la mesa. Keila le sonrió en agradecimiento y bebió un poco de su café.
— Lo sé. Pero esto que tengo con ella ha hecho que Finn me odie.
— Pero sólo son amigos.
— Está enamorado de ella, Keila.
Había parado de comer un segundo para razonar eso. Ahora entendía la escena del otro día en el boliche. Finn había tenido un ataque de celos y confrontó a Marceline, pero ahora le quedaba una duda…
— ¿Por qué huiste ese día en el boliche? ¿Qué te dijo Finn?
— Él dijo… —se quedó callada, ¿cómo decirle que se había puesto triste porque Bonnibel se acostó con él?
— Dijo…
— Me comentó lo que hizo con ella la noche anterior…
— Oh…
Ambas se quedaron calladas un rato mientras trataban de pasarse la comida. Sus platos estaban casi llenos.
— ¿Cuáles eran los otros problemas?
— Simón me preocupa.
— Eso siempre es así. Pasa al siguiente.
— Gumball volvió.
Eso casi la hizo atragantarse con la comida y comenzó a toser. Tomó café para no morir de asfixia mientras Marceline la veía con seriedad sin intervenir.
— ¿Cuál Gumball?
— ¿Cuántos Gumball conoces? Es obvio que es el único, te estoy hablando del chico de hace unos años.
— Aquel con el que…
— Sí, el mismo. Y trabajo donde mismo que yo.
— ¡¿Qué?!
— Lo que escuchas.
Creyó que jamás volvería a saber nada de ese chico, y ahora de la nada... Marceline debía estar pasando por un momento muy incómodo teniéndolo cerca.
Ahora entendía porque su amiga había estado tan distante en estos últimos días con tantas cosas en la cabeza.
— Bonnibel, Finn y para colmo Gumball también. Eres un imán de problemas.
— Ayer me acosté con Bonnibel.
Fue imposible que después de eso Keila no escupiera su café en el piso.
Respuesta a los reviews.
GabyBlue98C: ¡Me la había creído! XD no manches, me asustas diciendo que la mataron. Awww, no me molesta, el punto en el fic es que algunos personajes terminen siendo odiados, sin importar que sea la protagonista o quien sea. Gracias por los likes /w\
LucyloquillaXD: La gente cree cosas (?) Nah, es que Bonnie ha tomado malas decisiones, eso es todo. Creo que ahora la está haciendo sufrir más UwU
Persona invitado (No aparece nombre): Yo sé que normalmente Marcy no sería así, pero en este fic me dieron ganas de ponerla en el papel contrario, donde ella es la persona frágil :3
Azuna Konoe: Gracias por todos tus reviews :3 Me hicieron decir como "Ya debo escribir". XD Ya sé, me gusta mucho escribir historias dramáticas así que aquí verás bastante de eso, espero te haya gustado este capítulo y me sigas leyendo porque esto apenas está empezando ÒwÓ
