La serie Once upon a time, sus personajes y demás mencionados aquí no me pertenecen.
Este es un fic del baúl de los fics olvidados que no deberían ver nunca la luz del internet, pero como fue cumple de Lunediose y hay que celebrarlo como fiestas patronales durante toda la semana, aquí lo dejo de regalo.
Graham fue uno de mis personajes favoritos en la primera temporada, dada su historia al ser un espíritu libre medio salvaje y Regina que fue una niña vendida a un Rey en una época donde era el deber de una reina hacer lo que le digan, siempre me dio la impresión que ser maltratada era su "normalidad". Eso es en esencia la razón detrás de este fic. La historia se remonta a la primera temporada, después que Graham termina con Regina y ella no convierte su corazón en polvo.
Advertencia: Si usted es una delicada flor ruborosa, por favor no lea, esto no es para usted.
PD: No he dejado de escribir mis otros fics, tendrán su continuación, este era solo un one shot que ya estaba escrito y muy probablemente iba a ser borrado.
GRAHAM
Me relajé mirando al techo, con el ceño fruncido pensando en aquello que he estado evitando estas dos últimas semanas. Sé, o al menos creo que puedo solucionarlo. Casi me siento seguro de haber tomado la mejor decisión al mantener la boca cerrada con respecto a mis recuerdos restablecidos sobre la maldición, sin embargo, no sabía qué tan bueno sería haber roto todo contacto con la Reina Malvada, no podía ni siquiera pensar en ella sin que una rabia absoluta crezca en mi estómago.
Había mejores formas de castigar a alguien además de una muerte lenta y tortuosa.
—Tengo que irme —Dijo Emma metiéndose en sus apretados pantalones, sus senos rebotaron cada vez que pegaba un saltito—, le prometí que desayunaríamos mañana.
—Es temprano… y puedes quedarte aquí.
—No quiero que la gente se haga ideas sobre nosotros.
—Estamos juntos.
—Sí, pero… terminaste con Regina hace solo dos semanas.
—El mismo tiempo que llevamos juntos.
—Graham.
Se puso la chaqueta por encima de su top blanco, guardó el brasier en el bolsillo y acomodó un poco su cabello desordenado.
—Nadie va a sentir lástima por ella.
—Sé que es así, pero no quiero darle más puntos a su favor.
—Es solo una fachada, su postura de mujer perfecta… no imaginas la clase de mujer que es… las cosas que ha hecho…
—Te refieres a… ¿en la cama?
Reí con ganas. Tomé una segunda almohada para colocarla detrás de mi espalda e incorporarme un poco. Emma siguió mirándome en espera de una respuesta.
—No te pierdes de nada Emma —reí—, es terrible en la cama.
—¿Regina Mills? ¿Hablamos de la misma mujer?
—Lo sé mejor que nadie… ni siquiera el hecho que sea tan sumisa hace que valga la pena.
—¿Sumisa? Solo le falta un jodido látigo. No hace más que aprovecharse de lo bien que luce en esas malditas faldas apretadas mientras nos mangonea a todos.
—Cómo dije… es solo una fachada.
Abrió la boca y la volvió a cerrar. Se tragó todas las preguntas que quería hacerme y se fue sin despedirse con todas las dudas evidenciadas en su rostro. ¿Era esa la única razón por la que estaba conmigo? ¿Para apartarme de ella?
—x—
Había sido un día tranquilo, como cualquier otro desde que Emma estaba en la ciudad. Me había quedado en la oficina hasta tarde para arreglar todos los informes inconclusos que ella dejaba. Sabía exactamente en dónde se encontraba Emma, tomó cualquier excusa que le fuera suficiente para tener un motivo que le permita ir allá y discutir con Regina. Y por más que intenté disuadirla de escuchar lo que sea que Gold le había propuesto, fue en vano.
El sonido de las sirenas me hizo abandonar la estación. No esperaba encontrar a Emma con Regina en brazos rescatándola de la Alcaldía en llamas. La gente se amontonó a ver lo que sucedía. Los paramédicos las atendieron. Sidney no dejó de apuntar a todos con el lente de su cámara. Mantuve el orden mientras los bomberos hicieron su trabajo, convenciendo a los curiosos de volver a sus casas y ni un solo instante dejé de observar a Henry siguiendo las órdenes de Emma para asegurarse de llevar a Regina a casa; no tenía idea de a quién ayudaba, incluso noté su mirada de decepción cuando Regina la echó de la mansión repitiéndole que sus servicios no eran requeridos.
—¿Cómo estás? —Pregunté cuando nos quedamos solos.
—Estoy preocupada por Regina, tiene un esguince en el tobillo, debería estar en el hospital para asegurarnos que el humo no dañó sus pulmones…
—Ella puede cuidarse a sí misma.
—Sí pero…
—¿Quieres que te lleve a casa? Te vez como si necesitaras un baño.
Se miró a sí misma y se sacudió un poco, su mirada seguía enfocada en la casa detrás de ella.
—Tienes razón. Mary Margaret estará preocupada.
No era mi idea de una ducha, pero al menos logré apartarla de allí.
—X—
Me empujó en la cama y se subió en mi regazo. Su boca mordió mi pecho, quise tomar el control pero no me lo permitió, era fuerte, yo lo era un poco más pero definitivamente a ella le gusta dar la lucha. Golpeó mis manos lejos de su cintura y mi pene se perdió en su interior sin problemas. Su ritmo era frenético, no creí poder aguantar mucho más y ella no parecía estar próxima a culminar.
—Emma —Dije atrapándola entre mis brazos. Sus ojos se fijaron en los míos pero no parecía ser a mí a quien mirase—. Emma.
Su cuerpo se alejó de mis manos, siguió moviéndose sobre mí, haciéndome alcanzar el orgasmo, y cayó rendida a mi lado sin molestarse en fingir que había logrado su propia satisfacción.
Me sentía molesto, tenía todo el derecho de estarlo, el lobo en mi interior rugía por sangre. Boté el condón en el servicio y bajé la válvula.
—¿Quieres decirme lo que te está molestando?
—No es nada —Dijo casi en un rugido, acostada en la cama desnuda mirando al techo. Quizá ella estaba más molesta que yo.
—No parece como nada.
—No tiene que ver contigo.
—Pues es contigo y me importa.
Me subí a la cama, sobre ella, mis manos a cada lado de su cabeza.
—¿Se trata de Regina?
—¿Y cuándo no?
—Quizá debiste dejarla morir en ese incendio hace una semana.
Me dio un empujón en el pecho y caí acomodándome a su lado.
—Talvez deberíamos invitarla a esta cama para que dejes de pensar en ella cuando estás conmigo.
—¿De qué rayos estás hablando? —Dijo al fin mostrando interés, colocándose de lado hacia mí.
—¿No lo has pensado? —La miré—, ¿Lo que sería estar dentro de ella?
—¿Es lo que quieres?
—¿Y tú? ¿Quieres tener sexo con ella?
—¡Claro que no!
—Sé que también te gustan las mujeres, no soy tonto.
—Es de Regina de quién estamos hablando.
—Y no imaginas lo fácil que sería tenerla aquí entre nosotros.
Eso bastó para hacerla huir, enojada, ansiosa, si le gustara fumar seguro ya se habría acabado una cajetilla completa repitiendo en su cabeza todo lo que acababa de decirle. ¿Quién estaba jugando con fuego? ¿Ella o yo? No era como si Regina iba a enamorarse de uno de nosotros.
—X—
Emma no es la mujer que creí que era. Este mundo, tan diferente al nuestro, nos da un sentido de libertad que no creo jamás haber sentido. Ella no parece detenerse ante nada, siempre enfrentándose a todos como la salvadora que el destino quiso que sea, sacando a todos de su centro y al mismo tiempo incapaz de ver la verdad ante sus ojos, negándose a creer, negándose a admitir sus sentimientos.
Pude esperar cualquier cosa de ella, un golpe, su silencio, ignorarme. Quise disculparme más de una vez. Estaba convencido de haber cometido un grave error de juicio.
No lo estaba.
Tuve la oportunidad de dar vuelta y fingir que no sabía, que no había visto a Emma sujetando el cabello de Ruby con fuerza mientras mordía su cuello y deslizaba los dedos en el interior del cuerpo frenético sobre su escritorio.
Dejé caer mi arma sobre mi escritorio. Ruby fue la única en inmutarse, se vistió entre risas y disculpas, y se fue lo más rápido que pudo.
—Lo hiciste a propósito —dijo como si ella debía ser la ofendida.
—Trabajo aquí… y creí que teníamos algo.
—Sí, bueno, al parecer crees demasiadas cosas.
—Todas correctas.
—Nunca debí haber tenido nada contigo, es evidente que sigues sintiendo algo por Regina.
—No soy el único.
—Llevo días sin poder ver a Henry correctamente, recibí un papel en dónde dice que tomará acciones legales si no me alejo de ellos.
—No entiendo qué tengo que ver yo en eso. Es ella quién hace tu vida imposible. No te obligué a estar conmigo así como no te obligué a cogerte a Ruby sobre tu escritorio.
—Lo que haga con mi vida personal no es tu problema.
—Así como mi vida personal no tenía nada que ver contigo.
—Bien. Pues eres libre de volver con ella. No soy yo quién se muere por tener una vida miserable.
—¿Qué es lo que te molesta más, Emma? ¿Qué yo me acueste con Regina o que tú no puedas acostarte con ella?
—¡Vete al diablo! Y ni siquiera pienses en volver llorando tras de mí.
Eso debió ser el momento de darme cuenta que las cosas se habían salido de control. Toda la ciudad parecía envolverse en un ambiente pesado de incomodidad, quizá era parte de la maldición, pero había algo extraño, como si algo nos estuviese volviendo más irascibles, la mínima provocación llevaba hasta la persona más calmada a discutir y hacer algo más allá de sus límites, incluso Emma no parecía poder escapar, quizá se estaba volviendo uno de nosotros bajo la maldición de Regina que se fortalecía.
No pude seguir evitándola, no pude seguir fingiendo ser quien no era.
—x—
Conduje hasta la calle Mifflin. Golpeé la puerta de la mansión con demasiada fuerza. A escuché acercarse, su olor me fue fácilmente reconocible. Apenas Regina abrió la puerta me lancé contra ella y la besé con violencia.
—¡Qué demonios crees que estás haciendo! —Golpeó mi pecho apartándome.
Entré y pateé la puerta para cerrarla.
—Es hora de pagar su majestad.
Volví a acercar su cuerpo al mío y lamí su cuello.
—Henry volverá pronto —dijo luchando contra mí.
—Los dos sabemos que eso no es cierto.
—¡Basta!
La agarré del brazo y la llevé hacia el estudio. Ella calló de rodillas en el piso e hizo un vago intento por alejarse, solo tuve que agarrar su cabello para detenerla.
—¿Qué es lo que quieres?
—Esa es una buena pregunta.
La hice levantarse, perdió un zapato en el proceso y le quité el otro mientras la doblé sobre su escritorio, su cabeza sonó al chocar contra la madera pero su boca no emitió protesta alguna.
—De ahora en adelante vas a hacer solo lo que yo ordene.
No debí haberme descuidado. Regina podía no tener su magia en este mundo, pero seguía siendo la misma mujer sin escrúpulos. Gruñí al sentir algo clavarse en mi pierna. Ella aprovechó para correr hacia la puerta, pero no era más rápida que yo, y su fuerza no se comparaba con la mía. La detuve y golpeé contra la puerta.
Una vez ella tomó mi corazón, sujetó mi rostro y me besó, esta vez la situación fue al contrario.
—Casi olvidé lo bien que sabes. Una jugosa manzana, siempre fresca y dulce.
—No puedes hacer esto. Sabes quién soy.
—No eres nadie. Estás atrapada en este mundo al igual que todos nosotros.
—Debí matarte. Voy a hacerlo, y disfrutaré cada segundo que dure.
—¿Cómo? Solo eres una pequeña mujer indefensa. Débil.
Sus ojos estaban llenos de odio pero no pudo hacer nada. La empujé, tiré todo al piso y con mi mano en su espalda la presioné contra el escritorio una vez más. Rompí fácilmente su falda con una sola mano, su ropa interior era blanca y delicada casi igual que su piel, toque las ligas pensando lo fácil que sería tomarla, siempre lo había sido.
—Ni aun teniendo mi corazón has podido controlarme del todo.
Su cuerpo se mantuvo tenso, insistiendo en rebelarse contra mí pero de sus labios no salió ninguna súplica. Me incliné sobre ella y le susurré al oído.
—Soy un asesino. Un asesino a sangre fría y tú eres mi mascota ahora.
Se mordió el labio reprimiendo un grito mientras arranqué sus bragas. Usé mis piernas para abrir las suyas. La única forma en la que siempre tomé a una mujer fue con rudeza, era lo que conocía, y Regina no era ajena a eso. Esta vez era diferente, era yo quién estaba al poder, con mi corazón latiendo en mi pecho sin ningún tipo de restricción. No era más el hombre que ella conocía y manejó a su antojo en el Bosque Encantado, era el cazador que atrapó para ordenarme matar.
Lamí su rostro mientras sobaba su sexo con mis dedos.
—Sigues estando igual que cuando eras una niña inocente, ¿fue eso lo que le más le gustó al Rey, tu inocencia?
Rió, pero yo podía sentir su temor.
—Eres patético. Estás aquí porque eres un animal en celo que me desea.
—No. No he venido a tomarte. —Dejé de tocar su sexo, hundí mi nariz en su cuello llenándome de su olor—. Estoy aquí por Emma.
Todo su cuerpo se tensó, su risa ceso, ella no espera eso. Estaba confundida.
—Ella te quiere y va a tenerte.
—¿De qué rayos estás hablando?
—No me importa si tienes que fingir, no me importa lo que tengas que hacer. Vas a complacerla, vas a cumplir todos sus deseos.
—¡No soy un juguete y tú no me das órdenes!
Tomé el abrecartas que ella había clavado en mi pierna y lo clavé en la mesa cerca de su rostro.
—No puedes obligarme —dijo con menos convicción.
—Solo necesito que la convenzas de lo mucho que la deseas en tu cama, entre tus piernas, dentro de ti. Si quieres mantener la maldición, ese es el precio que vas a pagar.
—¡No! —Gruñó.
Lamí su mejilla y susurré a su oído.
—Voy a ir por Henry si no lo haces. Le arrancaré el corazón con mis propias manos y voy a comérmelo delante de ti.
—¡No eres capaz!
Me aparté de ella y la tiré al piso con fuerza. Me lamí los dedos que tocaron su sexo previamente, su sabor era en extremo delicioso.
—Tú mereces eso y mucho más.
Salí de allí sabiendo que todo lo que tenía que hacer era esperar.
