Disclaimer: Los personajes de Sailor Moon son exclusivos de Naoko Takeuchi. Esta historia me pertenece al igual que la frase final de mis comentarios. Esta historia no es a fin de lucro.
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Soy egoísta, lo sé, pero la necesito conmigo, la extraño, y los celos de verla con otro me están matando. Después de aquella batalla me di cuenta de que no podía permanecer sin ella, pero que malvado es el destino al hacer que ella no me conociera.
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Recuérdame
Inesperado
Con mucha vergüenza había dejado a Lita y Amy en su casa sin decir palabra alguna. A la última que debía dejar era a Mina, a quien no podía dejar de mirar con tanto arrepentimiento por la condición en la que se encontraba su rostro (no tan grave según lo que dijo Setzuna), gesto que no pasó desapercibido para Mina, quien se encontraba impactada por los sucesos del día. Trataba de controlar el impulso de ir más rápido, pero sabía que eso la asustaría y ya no deseaba eso. Todavía tenía en su memoria los rostros sorprendidos de ellas al ver como golpeaba a Michiru, el silencio sepulcral de camino al hospital como también de camino a casa.
Mina iba pérdida en sus pensamientos recordando claramente la voz filosa de Serena, el cómo sin titubear se acercó a la otra chica con la mirada dura y furiosa, como levantó la mano de manera automática y la abofeteaba, y sin ni un rastro de remordimiento salía del restaurante sin importar si ellas iban o no detrás de ella. Tuvo ese fuerte deseo de echarse a llorar, de ser consolada por lo que ya no seria. Debía aceptarlo, resignarse a esa triste realidad en la que Serena Ogawa no cambiaría.
La Serena que ella recordaba no era así; su amiga era una chica dulce, amable, bondadosa, risueña, con la mirada siempre brillosa y llena de energía, con ese peinado infantil que recuerda una vez le dijo lo cambiara.
En cambio, a esta nueva Serena debían sacarle las sonrisas, buscar la manera en que se abriera pero con cautela, teniendo miedo de que ella sacara esa personalidad tan arrogante.
Debía aceptarlo, ya no tendría a quien abrazarse y consolarse de manera exagerada por sus malas calificaciones, o fastidiarla por su comportamiento tan aniñado, molestarla por la manera en que ella se negaba aceptar que le atraía cierto pelinegro. Un sollozo se escapó de su pecho, ella quería a su amiga de vuelta pero sabía que eso no sucedería.
Serena, sin saber cómo comportarse la miró por el retrovisor, vio como las lágrimas de la rubia salían de sus ojos y como inútilmente ella trataba de contenerlas. No supo que decir, por lo que decidió guardar silencio, acción que terminó por derrumbar a Mina.
-Nos vemos luego Serena, y gracias por llevarme al hospital- dijo Mina cuando bajó del auto, esperando alguna reacción por su parte pero eso no sucedió.
Trato de no seguir pensando en aquello, respiró varias veces tratando de controlarse, secó sus lágrimas y puso su mejor cara. Con suerte su abuela no se percataría de su tristeza.
Rebasó los límites de velocidad. Algo que odiaba con todo su ser era que le mintieran, y en ese momento entre 200km por hora y casi atropellar a unos cuantos peatones solamente iba con una idea en su cabeza: enfrentar a esas dos únicas personas en las que supuestamente debía confiar, aquellas que lo único que le emitían en ese momento era desconfianza, ella se sentía traicionada.
Luna miraba sin saber qué hacer. Tenía tantos deseos de hablarle, de decirle que todo estaría bien, pero eso no pasaría.
Estacionó frente a la puerta, dejando el auto aun encendido. Entro por la puerta gritando a viva voz el nombre de su amante.
-Cariño, esos gritos guárdalos para la cama- le dijo apenas entró a la estancia con esa sonrisa socarrona.
Un sonoro golpe se escuchó por toda la sala, Asami con asombro vio justo el momento en que su muy enojada hija abofeteaba a quien era su amante.
-¿Querida, por qué has hecho eso?- preguntó asombrada Asami.
-Mira Asami, no quiero preguntas de tu parte- le respondió Serena con ese tono mordaz.
Asami la miró con asombró, sólo en dos ocasiones Serena la había llamado por su nombre y eso era lo más doloroso que su lastimado corazón había soportado.
-Princesa, no me hagas esto, ¿qué te he hecho?- preguntó con una mirada apesadumbrada.
-No se hagan las victimas ahora- les dijo con esa voz llena de ironía -Hoy me he encontrado con Michelle, o debería decir Michiru y también con Setzuna.
Ambos se miraron, sabían lo que venía.
-Y saben, muy amablemente Setzuna me contó que ustedes habían llegado hace casi un mes a Japón, y no me habían dicho- hizo un gesto desdeñoso con su boca –En cambio, yo tenía entendido que apenas habían regresado la semana pasada.
-Princesa…- trató de decir Asami pero Serena la detuvo con un sonoro grito.
-¡Princesa una mierda!- le gritó- No te permito que me vuelvas a llamar así.
-Serena, lo lamento, no quise mentirte pero tampoco voy a soportar esta actitud de tu parte- habló firme.
-¡Oh!, que sorpresa, mira quien ha aparecido: la perra sumisa del Sr. Ogawa- dijo con burla.
-Te estás pasando Serena, es tu madre y le debes respeto- trató de calmar las aguas Jerry, quien se acercó a ella pero esta lo esquivó dando un paso hacia atrás.
-¿Mi madre dices?- preguntó con su voz cargada de sarcasmo- ¿se le puede llamar madre a quien cada noche…?
-¡Basta!- gritó Asami perdiendo la paciencia -Yo te he cuidado y criado con todo el amor que mereces, pero parece eso no te es suficiente, porque a lo mínimo te pones en esa actitud de niña caprichosa y malcriada.
-¿Me has cuidado dices?- se rió sin ganas –Podríamos darte el premio a la madre del año.
Serena la miró con enojo, se acercó lentamente a su oído y le susurró solamente para que ella le escuchara.
-Además, yo seré una malcriada, una caprichosa y mimada, pero al menos mi marido no me engañó con una prostituta por más de 9 años.
Un segundo golpe se escuchó en la habitación, Jerry estaba asombrado, nunca pensó que la dulce Asami pudiese golpear a Serena.
Asami miraba con arrepentimiento a Serena, quien con su gracia fría y elegante se alejó de camino a la puerta dispuesta a marcharse, sin inmutarse en el ardor de su rostro ni en la cara de agonía de su "Querida madre".
-Los malos hábitos del Sr. Ogawa siempre terminan absorbidos por las personas de mente débil- la miró con lastima -Personas como tú. Sonrió de lado.
-Ten cuidado que tu rehabilitación sea en vano y debas regresar a esa clínica a superar tus problemas de alcohol- le dijo ya desde la puerta.
-Serena, perdóname princesa.- le dijo Asami entre lágrimas pero no recibió respuesta de ella.
Cuando la puerta de la entrada se cerró, Asami no pudo más y se echó a llorar, mientras que Jerry aun impactado se acercó a consolarla.
-Vamos Asami, iremos a la cocina a que te preparen un té. Ella regresará, siempre lo hace.
Ella no dijo nada, sólo se dejó guiar a la cocina donde una Britani, haciéndose una idea de lo que había pasado, puso a hervir un poco de agua.
-Sra., no se preocupe, ella regresará.- la animó Britani aunque por dentro no estaba muy segura.
Por un mísero momento pensó que podía pasar el día bien, pero no fue así. Su mente viajó a un tiempo atrás, un tiempo en el que su manera de comportarse no rayaba tanto en lo patético. Ella era consciente de su situación actual. Era patética, con ese aire de "La vida me odia".
-Las cosas pasan por alguna razón- la miró con una sonrisa -Lo sé, suena cliché.
-En realidad, sí- le respondió también con una sonrisa.
-Pero aunque suene a cliché es verdad y no puedes tomarlo tan apecho, o no buscarle una solución- le lanzó una mirada de preocupación.
-El enojo o la tristeza son malos consejeros, puedes llegar a arrepentirte- ella lo miró con una ceja arqueada –Bueno, yo desearía que sintieras arrepentimiento.
Pero no. El 90% de las veces ella no se arrepentía, no tenía remordimientos y terminaba odiando de manera muy apasionada. Después de todo su corazón ya estaba demasiado marchitado, un poco de veneno no le haría mal.
-Eres patética, Serena- se dijo así misma.
Paro en medio de la calle, su respiración empezó a ser errática, sentía como si un puñal estuviera atravesando su pecho lo que hizo que tuviera el impulso de empezar a gritar y a golpear el timón con sus manos.
Sintió algo posándose en su regazo, miro hacia el mismo y vio a su pequeña gata. El simple hecho de verla arrullándose en ella la hizo calmar un poco. Fue como si ella la estuviera consolando. Definitivo, no podía ser más patética.
-Luna, lo siento, me había olvidado por completo de ti- le dijo mientras le acariciaba el lomo haciendo que esta ronroneara.
La gatita se sintió confundida, tuvo miedo de entrar a casa con Serena y percatándose que esta había dejado el auto encendido con la puerta abierta, prefirió esperarla dentro de él. Y ahora estaba esta reacción tan alterada que la había dejado más impactada que lo que pasó en el restaurante.
Las senshis se lo habían advertido, ella no era su Serena y nunca lo seria pero Luna se negaba a creerlo. No importaba si tenía esos cambios de humor tan drásticos, esas explosiones y arrebatos, ella se quedaría a su lado. Esperó más de un año para reencontrarse con ella, y ahora que estaba ahí no se alejaría.
- Siento mucho lo que acabas de presenciar- tenía la mirada al frente– En general siempre mantengo mis emociones a raya, pero esto me ha descolocado.
Si rió con ironía.
-Muy bien Serena, ahora desahogas tus penas en un gato. Lo diré otra vez, soy completamente patética.
Volvió a poner el auto en marcha. Condujo de manera acelerada perdiéndose por las calles, no supo en que momento quedó frente a una pequeña casa de fachada abandonada.
Mirarla así hizo que un sentimiento de nostalgia se apoderada de ella. Podía imaginarla con las paredes blancas, la cerca color negro y un bonito jardín con rosas rojas. La imagen que le regaló su mente la hizo sentir feliz.
No sería mala idea tener un lugar propio. Se bajó del auto con Luna detrás de ella, puso el seguro y se aproximó a la entrada. Escuchó el sonido oxidado de la verja, entró con cautela al marchito jardín y llegó hasta la puerta. Como imaginó, no tenía seguro.
Entró y recorrió con cuidado, mirando cada lugar donde pisaba: la estancia, la amplia sala, el pasillo, la cocina; y a pesar que la imagen no era agradable, su mente le decía otra cosa. Ya se imaginaba llegando cada día a ese lugar, su gatita esperándola en la puerta de entrada, estar en su tiempo libre acostada en un sofá leyendo un libro o viendo una película.
-Te imaginas, tu y yo aquí- miró a su gatita quien se había posado a su lado –Yo sería como una vieja de sesenta años con un gato- se rió de sus ocurrencias.
Tuvo el deseo de subir al segundo piso, pero sabía que sería muy peligroso por el estado en que observó las escaleras. Tomó su decisión y salió de la casa.
Ya más tranquila subió a su auto, miró a su alrededor y observo lo lindo y cálido que era ese pequeño barrio, pero sintió le faltaba algo. Echó una última mirada y llegó a la conclusión de que con una buena remodelación ese barrio quedaría aún más bonito.
Luna observaba a Serena con curiosidad, en un momento estaba mal y al siguiente se calmaba como si nada hubiese pasado.
Antes de que esta pusiera en marcha el auto, Luna se asomó por la ventana y sintió muy dentro de sí que reconocía aquel lugar, pero no sabía de dónde.
-Señora, no llore, ella siempre regresa- trató de consolar Britani.
-No la viste Brit, me miró con tanto odio, tal como aquella vez. Si tan sólo hubiera tomado mejores decisiones no estaríamos así; pero cuando pienso aquello, siento que estoy dando la espalda a mi pequeña luz, mi cielo lleno de estrellas y a la vez mi infierno- terminó de decir con la voz entrecortada y las lágrimas bañando su rostro.
-Asami, nunca he querido preguntar que pasa detrás de todos estos reclamos y este estilo de vida que lleva Serena, tampoco preguntare esta vez, pero hazle caso a Britani. Serena es explosiva, pero sabemos tiene un gran corazón y aunque nunca pida disculpas, termina demostrando con sus acciones silenciosas que no quiere seguir enojada. Ya sabré yo de esto, ¿Cuántas veces no hemos discutido? Ya ni lo recuerdo.
Jerry tenía mucha curiosidad por la familia de Serena. Él sabía tanto como sabían los periodistas, o sea: ¡Nada! Pero era muy respetuoso, reservado y no quería irrumpir en algo personal como era lo de la familia Ogawa.
-Me atreví a golpearla Jeremi, eso es algo que ella no olvidará-
-Creo sería mejor que se vaya a acostar, Señora. No me contradiga- se adelantó Britani cuando vio que Asami se opondría -Luego podemos llamar a Setsuna y preguntar si fue con ella, pero mientras tanto solo nos queda esperar que la señorita Serena regrese a casa-
-Eso espero Britani, eso espero- dijo desganada Asami recordando como una de aquellas veces, Serena desapareció por un mes y medio. No fue hasta que la llamaron del hospital que pudo saber de ella.
Su niña de ojos tristes. Era su razón de vivir, y aunque Serena pensara lo contrario Asami sentía ese infinito amor por ella.
Mina trataba de convencer a su abuela que su quemadura no era nada grave, la miraba con esos ojitos brillosos y a medio morir, pero ésta se empeñaba en decir lo contrario.
-Abu, tranquila, sólo fue un accidente. Sabes lo patosa que suelo ser muchas veces- expresó con su mejor voz de niña dulce.
-Es por eso que te regaño, siempre estas metiéndote en problemas Minako. Y no me pongas esa cara de borrego degollado, esta vez no te salvas del sermón de tu abuelo- le habló su abuela, una señora de algunos sesenta y tanto de años, cabello corto en un bonito rubio cenizo, el rostro un poco arrugado, los ojos grandes de un color azul y unas pestañas largas, envidiables para cualquier colegiala.
La abuela de Mina, una antigua actriz de Broadway seguía conservando aquella belleza y candidez de sus días de gloria y juventud.
-Abu Tara, prometo ser más cuidadosa, pero no le digamos a mi abu Benjamín- trató de convencer Mina a su abuela -De aquí a que regrese de Londres ya habrá sanado, ¡Por favor!- y se acercó a ella y la llenó de besos, haciendo a su abuela reír.
-Cuando haces eso, te pareces tanto a tu madre.
Mina sonrió con emoción. Algo que adoraba, era escuchar a su abuela hablar de su madre. La había perdido desde muy niña, puede que desde los cuatro o cinco años de edad, en realidad ya no lo recordaba, pero no olvidaba el olor a vainilla que desprendía su cuerpo y la voz tan dulce con la que le cantaba antes de ir a dormir.
-¿Me hablas de ella? No estoy desviando el tema, pero tú lo sabes.- y se sonrojó, bajó la mirada y sintió las lágrimas asomar en sus ojos.
Tamara o Tara como le decía Mina, la miro con ternura. Había cuidado a Mina como a su propia hija, y cada vez que la veía con sus pucheros, sus risas y aquella mirada tan emocionada, no podía evitar pensar en su hermosa hija: Claris.
-Pues… Ella era muy risueña, pero a diferencia de ti era muy ágil- vio como Mina la miró con emoción.
-Recuerdo la primera vez que la vi en escena. Colgada con tanta gracia sobre esas hermosas telas color turquesa, me dije a mi misma que había criado a una estrella. Nunca la vi triste, siempre estaba feliz, y cuando conoció al apuesto Tadashi Ahino su sonrisa se acrecentó más.
Respiro hondo y recordó con mucho amor a su hija.
-Tus padres te amaban demasiado mi niña- le dijo mientras la acercaba fuertemente a su pecho -Tanto que no les importó dejar los escenarios para dedicarse a criarte.
-Aunque no los recuerde mucho, los sigo amando- dijo mientras apretaba fuertemente con sus manos un medallón dorado.
Serena no quería regresar a casa. Se sentía demasiado enojada y abrumada. Necesitaba respuestas, necesitaba seguir peleando, necesitaba gritar y seguir desahogándose. Lo pensó detenidamente, y llegó a la conclusión de que debía hablar con ella.
Sacó su celular y marcó. Al segundo tono ella contestó.
-Jeremi me ha llamado. Creo que he cometido una indiscreción ¿Cierto?- dijo ella apenas contestó.
-Claro que no Setsu, sólo has sido sincera conmigo- le habló Serena de manera relajada.
-Sabes que no te creo, siempre me dices que yo te "oculto" cosas.
-¿Acaso no es así?- le habló un poco más fuerte.
-Baja tus revoluciones Serena, recuerda que no eres el centro del universo, ni la única que tiene una carga en su interior- reaccionó Setsuna de la misma manera.
-Yo…- se quedó en silencio mientras Setsuna sabía que ella no pediría disculpas.
-Olvídalo muñeca. Sacaré el queso y serviré dos copas de tu vino- trato de animarla.
-Setsu…- le dijo a manera de regaño.
-¡Hey!, lo sé. Sólo fue un poco de humor negro. Mejor pido una pizza y tomamos gaseosas.
-Eso sí me parece perfecto. En 10 minutos estoy en tu apartamento-
-Vale Sere, te espero. Y por favor, conduce con cuidado.
Pero contrario de lo que dijo Setsuna no condujo con cuidado. Luna sentía que en cualquier momento su corazón saldría de su pecho. Serena manejaba como loca y cada tanto escuchaba como hacía sonar el claxon del auto de manera estrepitosa, casi con rabia.
-Llegamos- le dijo Serena a su gatita –Lo siento pequeña, creo te he dejado mareada.
La tomó con sumo cuidado acomodándola entre sus brazos, y de aquella forma bajó del auto.
-¡Pasaron al menos cinco minutos!- le riñó Setsuna cuando abrió la puerta y vio a Serena con un gato ¿morado? entre sus brazos.
-¿Tienes una mascota? o ¿La has sacado de un basurero?- pregunto algo contrariada.
-¡Hey!, más respeto con Luna- le respondió Serena con un puchero –Y estaba cerca de aquí, puedo decir que a 3 cuadras- la miro con una sonrisa inocente y los ojos picaros.
-No te creo, pero ya qué- se hizo a un lado –Pasa y espero que este animalejo no me llene el sofá de pelos.
-¡Oye!, más respeto- la miró enojada.
-¡Muy bien sabes que no me gustan los gatos!
-Pero es muy linda- dijo mientras le daba un beso a Luna en la coronilla mientras que esta ronroneaba.
-Bueno, tienes algo de razón- aún no estaba muy convencida –Pero, donde me ensucie el sofá o arañe mis cortinas, me las pagaras.
Serena soltó una carcajada, una que hizo a Setsuna sonreír de emoción. Eran pocas las veces que escuchaba a Serena reír de esa manera y aquello la llenó emoción.
-Ya dejemos a Luna por la paz.
-Vale.
Ambas se acomodaron en el sofá negro en forma de "L"; Serena con Luna en su regazo y Setsuna mirándola fijo. No sabía cómo empezar. Estaba dispuesta a dar unas cuantas declaraciones, pero no qué tanto.
-Siento mucho lo que pasó, no sabía que mi comentario desataría una guerra- comenzó Setsuna con una voz de arrepentimiento percatándose de la mejilla de Serena.
La acarició con dulzura y sintió más remordimiento por lo que pasó.
-No tienes culpa de ello- soltó un suspiro– Quiero pensar que hay una razón de peso por la cual lo hicieron, pero sabes lo mal que me sentí durante estos meses. Y que ellos estuvieran cerca y no fueran por mí, me enferma. Sabes cómo me sentí hace más de un mes; tú sabes lo confundida y contrariada que estuve sintiendo que esto es un maldito deja vu que quisiera detener, pero sabes también que no puedo.
Hizo un ademan con su mano.
-Tienes razón en decir que no soy el centro del universo.
Setsuna sonrió con sorna.
-Pero con todo y mi mal carácter, siempre he sido sincera.
-En eso te doy la razón.
Se miraron un corto tiempo sin emitir palabras. Setsuna recordó la condición en la que llegó Serena aquella vez; la sorpresa que ambas se llevaron, cómo la consoló después que los medios publicaran que ella se había tratado de suicidar y las veces que sin resultado trató de visitarla y que esta se negara a verla.
-Lo siento tanto Setsuna- dijo serena con los ojos brillosos.
Setsuna no pudo evitar soltar un jadeo, ¿Serena pidiendo disculpa?
-No tienes por qué pedirme disculpas- le dijo sin saber exactamente a qué motivo lo hacía.
-Claro que tengo. Todo fue mi culpa, tú lo sabes- y las lágrimas empezaron a caer. Ahí Setsuna entendió.
-Estabas tan ilusionada… Estaban ilusionados y por querer ayudarme…- la voz se le quebró, sentía que aquel nudo que retuvo por tanto tiempo le atoraba la garganta impidiendo que esta pudiera hablar. Quería ser liberado.
Setsuna no pudo evitar acompañarla con las lágrimas. Luna bajó de inmediato del regazo de Serena cuando vio que su amiga se acercaba para abrazarla.
-No te culpes por favor.
-Es mi culpa. Estaba mal y ustedes como siempre cumpliendo cada uno de mis caprichos- el llanto se hizo presente.
-¡Oh gatita! Soy mala con las lágrimas, no me hagas esto porque no sé cómo consolar.
-Aun con tu aura de misterio y las cosas que me ocultas, siempre he sabido que eres la segunda persona en mi vida que es 100% sincera conmigo- la miró con tanta tristeza que Setsuna no pudo evitar soltar un sonido desgarrado.
Ella también se sentía culpable, por alguna razón ella sentía ser la razón por la que todo pasó.
-Mis emociones son un desastre, cualquier cosa me hace rabiar o querer llorar. Andrew quiere y no quiere hablarme, Michiru me sigue culpando y Jeremi siempre quiere sacar el tema a colación.
Setsuna no supo que decir. Habían pasado demasiadas cosas en menos de un año y cada día se levantaba con esa sensación de que más cosas, sin saber si eran malas o buenas, no tardarían en llegar.
-Andrew me odia- dijo llamando la atención de Serena.
-Pero me dijiste…
-He tratado de hablar con él, pero nunca pasamos de un hola y me hace tanta falta- poco a poco su voz se fue quebrando –No te miento, soy una cobarde porque cuando lo busco procuro que ella no esté cerca. Sé que si ella aparece en ese momento, todo se vuelve un caos y él me mira con tanto odio que termino siempre alejándome con el corazón roto.
-No, él jamás te podría odiar- dijo Serena tratando de calmar su llanto – No tiene por qué odiarte. Tal vez este confundido.
-No entiendes, él me odia por petición de Michiru- se rió sin ganas –Y así dices que la caprichosa eres tú, pero creo ella te gana.
-¿Por qué lo dices?
-Sabes que Michiru sufrió una crisis nerviosa, pero nunca te dije por qué fue.
-Me lo dirás- afirmó Serena extrañada.
-Me habían dado de alta y había regresado a casa- trató de ordenar bien sus palabras –Días después Andrew me buscó, pensó que debía quedarme con él, no quería dejarme sola.
-Sí, eso lo sé.
-Un mes después, Mitchelle regresó junto con Jerry- soltó un suspiro de cansancio –Él, como siempre ha sido el sensato de su familia, llegó tan amable como siempre, preguntando por mi estado emocional, preguntando sobre tu paradero, cosa que no puedo decir de Mitchelle.
Se levantó del sofá y por alguna razón tomó a Luna entre sus brazos. El contacto con su pequeño cuerpo peludo la hizo sentir tan tranquila, no entendía el por qué.
-Ella entró detrás de él y cuando me vio se me lanzó a golpes.
Serena abrió los ojos con sorpresa, no podía creer aquello. Mitchelle siempre fue dulce y refinada, aunque su actitud con el cappuccino dejaba mucho que desear. En definitiva todos habían cambiado.
-Jerry trato de quitármela de encima, pero Andrew estaba parado ahí, sin decir nada; era como si no le importara lo que ella me estaba haciendo- nuevas lagrimas salieron de su rostro– Jerry por fin la pudo apartar de mí y fue cuando ella empezó a gritar que todo era mi culpa, que yo era responsable de todo y que no quería volver a verme.
La tomó entre sus brazos, le acarició la espalda mientras susurraba palabras de aliento.
-No puedes culparla Sirena. Todos somos víctimas, pero te has pasado- le dijo Jerry con voz conciliadora.
-¡¿La defenderás?!- gritó la aguamarina a viva voz –Tú no sabes nada, ella y Serena siempre serán las responsables de todo.
Trató de lanzarse nuevamente a Setsuna, pero esta vez fue Andrew quien la detuvo.
-Ya detente- le dijo bajo, pero con una voz que no aceptaba replicas.
-¿Tú también? ¿La escoges a ella en vez de a mí?- dijo con odio.
-Mitchelle, no he dicho eso. Sentemos y dialo…- fue interrumpido por un grito de ella.
-¡Soy Michiru!- dijo con convicción.
-Hicimos los trámites, por eso hemos demorado en regresar- dijo Jerry desganado.
-No lo entiendo, te estás haciendo más daño con ello- dijo Setsuna dirigiéndose a Michiru.
-Sólo te lo diré una vez más– la miró fijamente –No quiero que ni tú ni Serena se vuelvan a acercar.
Setsuna estaba en shock, no sabía que pensar de todo lo que estaba pasando. Ellas siempre fueron unidas y de pronto ella se sentía juez para decidir quiénes sí y no eran culpables, y sobre todo romper la amistad de años.
-Y ustedes- dirigiéndose a Andrew y a Jerry –Si se quedan con ellas o les vuelven a dirigir la palabra, tengan por seguro que tendrán que olvidarse de mí.
Los presentes quedaron impactados mirándose unos a otros. ¿Estaba hablando en serio? Ella no podía hacer eso.
-¿No dirán nada? –les habló ella con rabia.
-Lo que pides es una insensatez- empezó Jerry –Sabes que lo que te mueve en este momento es el dolor.
-Jerry tiene toda la razón- secundo Andrew –Disculpa, pero Serena tiene más derechos que tú en…
-¡¿Me dejaran?! Ustedes… yo pensé que…- ella empezó a respirar con dificultad, cayó de bruces al suelo y empezó a balancearse – Ustedes no saben, yo… yo...
Setsuna trató de acercarse a ella. Andrew y Jerry estaban congelados y no sabían que hacer.
-¡Aléjate!- gritó Michiru antes de desmayarse.
Para ese momento Serena tenia a Setsuna abrazada. No podía creer lo que ésta le decía. Si bien sabía que la relación de Jerry con Andrew y Michiru había cambiado, no se imaginaba que fuera a tal grado, ni los sucesos que los llevaron a aquello.
-La hospitalizaron por dos días, creo- trató de hacer memoria –Yo pensé y sigo pensando que era su forma de manipularlos. Como sabrás Jerry no consintió aquello, sin embargo, Andrew fue distinto. Él aceptó lo que ella pedía.
Una nueva ola de lágrimas empezó.
-Ellos se fueron a vivir juntos, se alejaron por completo y han apartado a Jerry.
-Lo siento tanto Setsuna, no sabía que esto había pasado.
-Tú tenías otras cosas por la cual preocuparte. Estabas siendo lo más madura que podías a tu edad, hiciste lo correcto y pienso que lo sigues haciendo.
Serena la miró con tristeza mientras Setsuna quitaba algunas lágrimas de su rostro.
-Yo he tratado de acercarme a ellos, pero todo ha sido en vano- se secó unas cuantas lágrimas– Quiero tener plena fe que en algún momento todo se arreglara, que volveremos hacer como antes, y que mientras tanto, el mantenernos alejadas de ellos dos es lo mejor. Tú no tienes culpa de nada, si a alguien deberíamos culpar es a Michiru por ser tan egoísta.
-Yo no sé qué pensar con todo esto, quiero entenderla- dijo Serena con pesar– Siento que ella tiene razón en todo.
-No busques entenderla a ella- la tomó de las manos– Hazte un favor, no hagas lo que hizo Michiru, entiende a Jerry, ponte en su lugar.
-Me siento tan confundida y a la vez tan enojada.
-Y tienes todo el derecho, me parece muy hipócrita de parte de ellos dos el que no te permitan acercarte a la casa, ni al restaurante- su voz cambio a una más enojada –Claro, quieren cambios, nos repudian, nos quieren lejos, pero siguen en el mismo apartamento y manejando ese restaurante.
Serena iba a decir algo más, pero el timbre la interrumpió. Setsuna se alejó y fue a ver quién era. Mientras, Serena se volvió a acomodar en el sofá y Luna se puso en su regazo.
No paso mucho tiempo cuando el olor a pizza se apoderó de la habitación.
-Llegó la comida
-¡Sí!- gritó Serena como niña pequeña. Luna se emocionó por dentro; Serena seguía teniendo esa debilidad por la comida, sobre todo la chatarra.
-Iré por los vasos y la gaseosa- le dijo Setsuna mientras se perdía en la cocina.
-¡Hey!- gritó Serena cuando sintió el golpe en su mano.
-Por lo menos espera a que yo llegue- y la miró enojada –Y ni creas que comeremos en el sofá.
Serena la miró exasperada. -No hay nada mejor que comer una pizza sentada en el sofá, mientras vemos una película.
Setsuna la miró con los ojos entrecerrados, mientras Serena le lanzaba su mirada de gatito con botas.
-Vale, está bien- dijo resignada –Pero cuidado con mi sofá Serena.
-Tu posesividad y obsesión con este sofá me preocupa- le dijo de manera dramática mientras colocaba una mano en su pecho.
-Ya cállate- le respondió con falso enojo.
Estaba colocando una película en el DVD cuando sin voltearse a verla llamó a Serena, quien ya se encontraba comiendo una rebanada de pizza.
-Serena…
-Mm.
-Gracias.
Y Serena no tuvo que preguntar por qué, ella sabía a qué se refería.
-Serena- no quiso tampoco mirarla –¿Le has dicho a alguien más?
Pero ella no respondió.
Así entre comentarios, una pizza y una buena película, pasaron la tarde en el sofá. Por otro lado, Luna quería entender lo que pasaba alrededor de la vida de Serena pero ¿Cómo hacerlo?
No quería comentar lo escuchado con las chicas, era la intimidad de su princesa y no quería traicionarla, por otro lado había pendiente algo entre ellas, Darien y Rei.
Ellos aún no estaban enterados del contacto que tenían con Serena, pero temían que si le decían a Rei esta no podría ocultárselo a Darien. Ella adoraba a su hermano, no le gustaba verlo sufrir y lo más probable es que esta le dijera, y no querían que por el arrebato de Darien de querer recuperar a Serena ella terminara alejándose, más ahora que Luna veía como era ella. Algo volátil.
-Cito textualmente lo que me ha dicho Setsuna: "Serena y el animalejo que tiene como mascota pasaran la noche conmigo, mañana regresará a la casa pero no le toquen el tema, al menos que ella quiera"- dijo Jerry fastidiado.
-Entiendo- fue lo único que dijo Asami.
-Tienes una hija caprichosa.
Asami puso mala cara.
-No me gusta el drama Jerry, si por mi fuera muy abiertamente te diría las cosas, pero es la vida de mi hija y no puedo- se detuvo de golpe –Sólo me queda apoyarla en lo que pueda.
-Lo sé- se acomodó en la orilla de la cama de Asami, quien había tratado de descansar pero la preocupación por Serena no la había dejado.
-Yo debo regresar a España y no sé cómo lo vaya a tomar Serena- dijo con algo de pesar –Tú te vas en unas semanas y no sé, esto me preocupa, tengo una extraña sensación.
-Quiero pensar que ella estará bien. Pronto empezara la universidad, tal vez ese nuevo ambiente la haga sentir mejor- sonrió con nostalgia –También están esas lindas jovencitas que a pesar de ser tan jóvenes, hacen feliz a Serena.
-Sí, es algo raro de ella– quedó pensativo por un momento– Son algo peculiares, y ahora su nueva mascota.
-Sí, Luna es un amor- dijo Asami completamente encantada.
-Lo será contigo y Serena; cada vez que me acercó se pone a la defensiva y ya en dos ocasiones me ha arañado- dijo enojado, mientras Asami no se contuvo y soltó una carcajada.
-Me odia.
-Exageras querido. Pero bueno, ya creo puedo descansar- se acomodó en la cama. Jerry se levantó y se dirigió a la puerta.
-Descansa Asami.
Pero esta no respondió, las emociones del día la habían dejado agotada.
Jeremi tuvo deseos de buscar a Serena, pero sabía bien que no sería su persona favorita en ese momento. Deseaba ser sincero con ella, decirle como en realidad se sentía con toda esa situación, pero pensaba que no era justo. A pesar de las cosas que habían pasado, ella no se había logrado abrir a él. Recordaba cuando la conoció, con esa sonrisa y esa mirada que decía que se comería al mundo, pero luego de un tiempo, era como si algo dentro de ella se hubiera apagado. Aun habían muchas cosas de ella que desconocía, las lágrimas que muchas noches derramó y de las que él se hizo el desentendido para no asfixiarla con preguntas, su constante manía de dar de qué hablar a cada medio de comunicación, la decisión de mantenerse alejada de cualquier negocio de su padre y hasta la manera de referirse a él.
Pero ella era reservada, y por más cosas que hayan compartido juntos sentía que ella nunca confiaría en él.
A la mañana siguiente, despertó sintiéndose acompañada. Al abrir los ojos vio a Serena acostada a su lado y a la pequeña Luna durmiendo a los pies de ella.
La observó un rato más sin querer despertarla. Esa era la manera de Serena de decir lo siento o te perdono. En su caso cualquiera era valida.
Eran esos momentos que ella veía a esa niña pequeña que corría descalza por el jardín. A la que por las noches le leía cuentos y con la que se bañaba en harina preparando pasteles o galletas.
No podía llevarse el papel de la madre del año. Parte de lo que Serena dijo era cierto, ella tenía secretos guardados que podrían destruirla más. Y podría sonar falso o hipócrita, pero a pesar de ello, la amaba y lo que le importaba es que aun la tenía ahí, con ella.
-Buenos días, Serena- le dijo Asami cuando vio como esta abría sus ojos.
Su mirada se tornó brillosa y una mueca casi imperceptible se pintó en sus labios.
-¿No soy tu princesa?- hizo un puchero, ocultando sus verdaderos sentimientos. Sabía que lo había arruinado, estaba tan iracunda que dijo cosas que nunca pensó decir. No pudo dormir en toda la noche, por eso apenas considero que era una hora razonable regresó a casa.
-Definitivamente, eres una niña mimada y caprichosa- le acarició el rostro con dulzura, su mirada se dirigió a la mejilla ya con un leve moretón. Quiso pedirle disculpas, pero no quería sacar la razón por la que la lastimó.
-Pero aun así, me amas ¿cierto?- preguntó con cierto temor.
-Te noto muy sensible hoy.
-¿Me amas?- volvió a preguntar ella ya con lágrimas asomándose en sus ojos.
-Claro que lo hago, con todo mi corazón- terminó diciendo con un beso en la frente y atrayéndola fuertemente contra su pecho.
Para su sorpresa, Serena empezó a llorar. Pero no esas lágrimas de tristeza o de dolor, ni de felicidad. Eran lágrimas de confusión, de añoranza, de arrepentimiento, de soledad. Esas lágrimas que sabían que llevaba mucho tiempo guardando y que sólo se permitía soltar en los momentos en los que se encontraba en completa soledad. Ella era más de acciones agresivas, de destrozar todo a su paso, ofender, golpear, pero muy pocas veces ella dejaba que la vieran llorar o decía palabras de arrepentimiento. Cualquiera pensaría que ella no tenía sentimientos, pero fue la manera en la que creció, y gran culpa era de ella.
-Estoy tan enojada.
-Lo sé, mi princesa, lo sé- le dio un corto beso en la frente –Y siento mucho no haber venido por ti, pero él necesitaba también de mi apoyo, entiéndeme.
-Lo sé, pero eso no quita que esté enojada con él- puso cara de berrinchuda –Y contigo, pero eres mi mamá, a la que amo y que con sus defectos ha hecho lo posible para verme feliz.
-Hubiera querido hacer más. Creo que siempre fui una simple espectadora de todo eso- acarició su espalda –Pero no sólo debes hablar conmigo ¿Lo sabes?
-No me obligaras a hablarle ¿cierto?
Asami la miró resignada.
-Si es lo que quieres, respetare tu decisión. Pero piénsalo- Serena le esquivó la mirada –Sabes que por obvias razones él debe volver a España.
-Lo sé.
-Solo piénsalo, ¿sí?- Serena se acurrucó más a ella preparándose para lo que tenía que decir
-Te conozco, pasa algo- le aseguró Asami.
-He estado evadiendo algo y no sé cómo lo vayas a tomar- empezó por decir.
-Sabes que cuentas conmigo- le dijo Asami.
-Lo sé, pero siento que esto...- se quedó en silencio –Mejor te cuento luego, tal vez tengas que acompañarme a un sitio- pidió con las mejillas sonrojadas.
La observó fijamente, analizó su mirada y supo que era.
-No puede ser- fue casi un susurro, la abrazo más fuerte –Yo siempre estaré para ti, y aunque este lejos sabes que estaré para ti.
Serena sólo asintió mientras que las lágrimas salían de su rostro.
-Jeremi no…-No sabía cómo continuar,
-¡Oh! Mi pequeña, pero ¿sabes…?
-Sí, pero lo evito- fue su respuesta antes que su madre terminara.
-Los recuerdos a veces se voltean en nuestra contra, tanto que nos hacen olvidar o recordar- aseguró.
Serena asintió y nuevas lágrimas empezaron a salir.
-Todo estará bien. Lo prometo. Sólo no trates de evitar lo inevitable.
-Está bien, mami.
-Y debes hablar con Jerry- Serena esquivó la mirada –Cuando estés lista ¿vale? Debes ser honesta y justa.
-Está bien- volvió a repetir.
Pero no lo hizo. Las semanas pasaban, y entre trámites para la universidad, noches con Setsuna y salidas con las chicas o su mamá, su tiempo en casa era mínimo, por lo que el contacto con Jeremi era nulo y quedaban pocos días para que él regresara a España, y aun no estaba segura si quería tenerlo a su lado o dejar que se marchara. Además, por cómo iban las cosas sentía que era egoísta de su parte.
Tenía miedo de iniciar una conversación que la dejaría en lágrimas, y ya llevaba esa etapa "superada". Hablar con Jerry sería como echarle sal a la herida, una que estaba siendo sanada por la reciente amistad que tenía con esas chicas.
-Tu hija es una terca.
-Lo sé- dijo Asami tranquila mientras arreglaba su equipaje.
-Me voy mañana Asami, y ha encontrado la manera de evitarme todo un mes. Y no te rías, pero hasta su gata la ayuda.
Se mordió la lengua para no reírse del sufrimiento del pobre rubio.
-Exageras- dijo con simpleza.
-¡No lo hago!- gritó –Hace unos días la escuche cuando iba de salida, la iba a topar en la puerta pero su gata me agarró la basta del pantalón y no podía quitármela de encima. Para cuando ella me soltó y corrió, ya Serena se había ido.
-Eres tan dramático- lo miró, preguntándose si lo que haría estaría bien. Pensó que tal vez era momento que su hija tomara decisiones. No era sano lo que estaba haciendo.
-Fue a la playa con las chicas, me escribió hace quince minutos que había dejado a la última y ya venía de regreso.
-Aja…
-Espérala en la entrada, ya debe estar llegando.
Jerry salió de la habitación hacía el recibidor. Unos minutos después, Serena venia entrando con Luna detrás de ella.
La vio tan hermosa con un short de mezclilla, un buzo manga largas para el agua y chancletas; el cabello suelto y rebelde, las mejillas sonrosadas por el sol.
Ella lo miró sorprendida, sabía que su madre tenía que ver en ello.
-No me esperabas- ella no respondió– Mañana me voy, esperaba que me acompañaras al aeropuerto.
-Mamá también se va, es obvio que deba ir- se calló. Esquivó su mirada. Ni uno decía nada y Jerry no sabía cómo continuar.
No deseaba irse como aquella vez, necesitaba que las cosas se arreglaran ya, que todo volviera a su sitio, pero parece que el único que deseaba eso era él mismo.
-Debo ir a cambiarme- le dijo ella.
-Entiendo- le lanzó una última mirada –Estaré en mi habitación haciendo mi maleta.
Ella le sonrió y así cada uno se fue.
Estaba demasiado cansada, Luna las había hecho reunirse a altas horas de la noche alegando que en el día no podía salir de la vista de Serena.
-Mina…- llamó su abuela.
-Lo siento, tengo mucho sueño- bostezo mientras sentía como los ojos se cerraban solos.
-Deberías cancelarle a tus amigas e irte a descansar- la miró con mala cara.
-Tranquila, sólo vendrán por un corto tiempo, cuando se vayan me acostare a tomar una siesta.
Su abuela asintió de mala gana mientras se iba a la cocina a terminar de hacer el almuerzo para Mina y sus amigas. Tenía que salir y no quería llegar y ver su casa incendiada.
Al poco tiempo Mina quedó sola en la casa esperando a Lita y Amy. Se sintió algo culpable, llevaban ya un mes evitando a Rei por las salidas que tenían con Serena, y no sabía si era el sentimiento de culpa, pero ya ella les había preguntado si algún día conocería a la chica misteriosa, porque la mencionaban muchas veces.
-Nunca había venido a este templo, es muy bonito- les dijo Serena con emoción.
Trataban de llevar a Serena a lugares que ella tal vez recordara, pero todo era en vano. Ella miraba todo como si fuera la primera vez. Una vez ella las llevó a la escuela a buscar unos papeles que "Amy necesitaba", pero para su decepción Serena no lo recordaba, ni el parque N°10, ni el centro de juegos, ni su viejo hogar, y aquel día no fue la excepción.
-Solíamos reunirnos muchas veces aquí, con Rei y Serenity- comento Lita.
-Sé que su amiga Serenity murió, pero siempre mencionan a Rei.
Las chicas rieron incomodas.
-¿Será que en algún momento conoceré a la 4ta integrante de su grupo?
-Es que… cuando nos reunimos contigo da la casualidad que tiene compromisos con Darien o sus papás- soltó Mina apresuradamente sin percatarse de su indiscreción.
-¿Darien?- preguntó Serena.
Lita y Amy miraron enojadas a Mina.
-Es el hermano de Rei- inició Lita –Pero que tarde es, mi papá va a matarme- dijo con falsa preocupación mirando su teléfono celular, con el fin de terminar la conversación.
-¿Pero no está de…?-iba a decir Mina, pero recibió una mirada feroz por parte de Amy y Lita.
El timbre la sacó de sus recuerdos. Recibió a las chicas y fueron directo al cuarto de Mina.
-No sé cuánto tiempo podre estar mintiéndole a Rei… - dijo Amy luego de acomodarse.
-Yo tampoco, pero Luna tiene razón: Si le decimos a Rei ella le contará a Darien- dijo preocupada Lita –Cada día está peor, Rei dice que sólo sale de su habitación a comer o ir al baño.
-No podemos forzar esto, debemos ser pacientes- dijo Mina.
-Serena inicia clases el lunes igual nosotras, - comentó Amy- y estamos a viernes. Saben que cuando entremos y volvamos a nuestra rutina será más difícil vernos con Serena, y cuando la veamos mucho más difícil será evitar a Rei.
-Mina tiene razón- dijo Lita –Además, me preocupa como pueda reaccionar Rei cuando se entere que llevamos un mes en contacto con Serena, ni que decir de Darien.
-Hay otra cosa que me tiene también preocupada.
Las dos observaron a Amy.
-Si bien es cierto que Serena ha cambiado un poquito con nosotras, dudo mucho que vuelva a ser como antes. A veces, me siento entre la espada y la pared o caminando por un campo minado, porque tengo miedo de decir algo y que todo se arruine. Cuando vamos a comer con ella y la veo tomar los cubiertos o sentarse de esa manera tan elegante, me resigno a que ella nunca nos recordara, y que por nuestra amistad con Rei en un momento dado deberemos separarnos de Serena.
-¿Acaso estás loca, Amy?
-Piénsalo bien, Mina ¿Cómo reaccionaría Rei cuando vea a esta nueva Serena? Ella era la que más se empeñaba en molestarla con lo de infantil, torpe, inmadura, y la lista sigue.
-¿A qué quieres llegar?
-No me mires mal Mina pero, imagínate, ya vimos una vez a Serena enojada, que pasa si Rei hace o dice algo que la antigua Serena tomaría a broma o lloraría falsamente como antes.
Lita y Mina bajaron la cabeza entendiendo el punto de la peliazul.
-Ustedes lo saben. Serena reaccionaría mal, no como la antigua niña llorona, sino está de sentimientos nulos y falta de arrepentimiento.
-Yo opino que esto lo conversemos con Luna esta noche- dijo Mina.
Un ruido en la ventana las alertó. Con cautela Lita se levantó de donde estaba y abrió las cortinas, afuera se encontraban Luna y Artemis.
-¿Qué sucede?- preguntó Mina preocupada al ver a los dos gatos –Luna ¿no nos dijiste que irías al Aeropuerto con Serena a despedir a su madre y Jeremi?
-Hice un "berrinche" y me quede en su habitación hasta escuchar que se fueran- dijo con la mirada gacha.
-Tenemos problemas- Dijo Artemis.
-¿Le pasó algo a Serena?- volvió a preguntar Mina.
-Puede que sí, puede que no.
-Me confundes Luna, explica bien- se exasperó Lita.
-¿Recuerdan que ayer les dije que Serena llevaba días enojada con Jeremi?- dijo su nombre casi con asco– Esta mañana que desperté… – Luna agachó la mirada apenada. Sentía que algo en su pecho iba a explotar.
-Ella… Estábamos en el comedor con su madre y Jerry- prefirió omitir el hecho de haber despertado y no encontrar a su dueña en la cama, y que cuando salió de la habitación dispuesta a buscarla vio como ella salía del cuarto de Jerry. -Todo estaba tranquilo, hasta que la mamá de Serena gritó- inspiró hondo preparándose para lo que iba a decir.
-Serena empezó a reír junto con Jerry y yo aún no entendía, fue entonces cuando la mamá de ella preguntó si ya habían puesto una fecha.
-No puede ser- exclamo Amy adivinando lo siguiente.
-No entiendo- dijo Lita.
-Jerry le pidió matrimonio a Serena, y ella aceptó.
-Esto no puede estar pasando- se desesperó Mina, cada vez veían imposible el que Serena recordara su antigua vida.
-Eso no es lo peor del caso- dijo Luna.
-¿Acaso hay algo peor?
-Sí, Lita- miro a Artemis como pidiendo apoyo, este asintió.
Aquella situación la estaba matando, fue un duro golpe escuchar aquello y tener que aceptar que a pesar de todo tenía la esperanza de que ella y Darien volvieran a estar juntos, que recordará que era una princesa y que su misión era proteger la tierra.
Lo había decidido desde hace tiempo, su lugar era junto a Serena. Y que Darien se muriera de depresión si quería, pero ya ese amor del pasado terminó. Que las senshis se resignaran y lo aceptaran como ella lo estaba intentando, pero ya no habría un "Serenity y Endimion"; ese romance que traspasó la muerte se quedaría como una historia de amor.
La historia había cambiado, le había fallado a su reina al no poder reunir a su hija con su eterno amor. Pero Serena ya había elegido, y ese no era Darien. Ya su corazón tenía dueño y en camino venia el fruto de ese amor.
–Serena está embarazada.
Siento mucho esta larga ausencia. 3 años, pero como mencione en mi último One-shot (haciéndome publicidad a "Eres tú"), he tenido obligaciones de niña grande que no me permitían continuar. Pero aquí estoy.
Espero les guste este cap. y siento mucho si no respondo rw, pero ya ha pasado tanto tiempo. Sí, es una excusa pésima, pero lo importante es que estoy aquí con un nuevo capítulo y de antemano agradezco todos sus comentarios y hasta los follow que le han puesto a esta historia, al igual que a mi amiga y beta Sams que saca de su tiempo para ayudarme.
Resultado de un cofre de ideas y una mente desatada
Llena de historias
Que deben ser contadas
Cleo de Luna
