Y no me equivocaba al decir que me daba mala espina esto del buen ritmo en las actualizaciones
Y no me equivocaba al decir que me daba mala espina esto del buen ritmo de las actualizaciones. Además de tener mucho que estudiar, han habido algunos problemas familiares, así que la cabeza la he tenido en otra parte.
Muchas gracias de nuevo por todos sus reviews. Respondiendo al de Maya: No te preocupes, en el mismo resumen aclara que más adelante habrá MattxNear. La mala noticia es que para llegar a eso aún falta bastante.
Y respondiéndoles a todos: sí, Mello está especialmente odiable. Ténganle un poco de paciencia, nada más.
Curiosamente, este capítulo me ha quedado bizarro y hasta algo cómico. Quién sabe por qué. Como ya dije, mi cabeza ha estado volando en mundos de tristezas y preocupaciones, así que me disculpo si ha terminado siendo una total porquería. De todas formas, sigo aferrándome a la esperanza de que les guste.
L y N
Un par de labios curvados hacia abajo; un par de cejas rubias algo fruncidas; un par de párpados relajados; un par de ojos azules mirando fijo hacia el frente; un par de manos cruzadas sobre el regazo. Todos los pares del cuerpo de Mello indicaban que aquél no era el momento más grato de su vida. Finalmente, el rubio se decidió a salir de su posición rígida y estiró la mano en dirección al ordenador para ejecutar el programa y comenzar así con su trabajo.
Aparentemente, L había previsto todo desde el principio. Que Mello intentaría ser un "buen compañero" y aceptaría estudiar con Near. Lo que no parecía tener una pizca de verdad era el carácter temporal de ese supuesto compañerismo, ya que Roger había sido previamente informado acerca de instrucciones específicas en cuanto al trabajo que debían hacer juntos, el cual en principio no se veía más que como un simple juego de computadora. Sin embargo, se trataba de un programa ideado por el mismo L, un complicado juego de ingenio en el cual Mello y Near serían detectives y tendrían que resolver un caso. Near había sonreído luego de haber oído la consigna, entendiendo a qué venía todo aquello. Era una prueba, obviamente, teniendo en cuenta lo que L había dicho acerca de que él podría convertirse en uno de los sucesores. En Wammy's House no había tiempo que perder. Si existían dos posibles sucesores, había que decidirse por uno lo antes posible. O al menos eso era lo que querían hacerles creer a todos. Porque Near comprendía perfectamente que si el trabajo encomendado era para hacer en equipo y no por separado, esa modalidad debía tener un significado importante. Todo tenía un por qué. Todo seguía una lógica. Descubrirla era la única forma de resolver los problemas.
—Aquí dice que debemos ponerles nombres a nuestros respectivos detectives—. Las sombras en el rostro de Mello comenzaron a moverse al ritmo de sus palabras. Aquella mañana, el cielo de Londres había amanecido especialmente oscuro.—El mío se llamará L.
—¿Es necesario llamarle así?
—Por supuesto. Yo soy el heredero de L, es normal que llame así a mi detective.
—De acuerdo—asintió tras un suspiro.—Al mío ponle N.
Enseguida aparecieron en la pantalla dos personajes de aspecto bastante gracioso sobre los cuales se leían las leyendas "L" y "N".
De no haber sido porque estaba acostumbrado a resolver enigmas y rompecabezas de manera fría y racional, seguramente el juego le hubiese sentado divertido, aunque era evidente que a una persona de inteligencia promedio le hubiese resultado una empresa casi imposible. No podía esperarse menos tratándose de una creación del famoso detective. Mello, por su parte, se veía más alejado de estar divirtiéndose que de cualquier otra cosa. Se la pasó diciendo frases al estilo de "Atraparé a ese asesino serial y ganaré aunque sea lo último que haga" durante todo el tiempo que estuvieron jugando.
Cerca de las tres de la tarde, cuando ya les ardían los ojos, Roger entró en la biblioteca y les dijo que por ese día ya era suficiente, que no debían descuidar sus otros deberes. Mello gruñó por lo bajo.
—Estaba tras una pista importante—aseguró.
Near podría haber objetado tal aseveración, corrigiendo: "Estábamos", pero prefirió callar. Le resultó curioso que el otro se hubiese adjudicado los logros mientras que en realidad habían estado haciéndolo juntos. Si debía trabajar con Mello, la mejor manera de adaptarse sería descubriendo su lógica. La mejor manera de descubrir una lógica era, inicialmente, mediante la pura observación.
Sus juguetes tampoco tuvieron paz esa noche. La pista de autos resultó ser la más propensa a ser agredida, sin contar el mazo de cartas que encontró su fin en la ventana; el viento se encargó del resto. Luego de que la habitación se hallase lo suficientemente caótica, Mello se acostó sobre su nueva cama y sacó un libro de estudio. Near no podía quitarle los ojos de encima. Mirase por donde mirase, no había lógica en la cual encasillarlo. Al menos no por el momento. Lo único que le quedaba claro(sería un idiota si no lo notara) era que el objetivo más grande del chico era ser sucesor de L. A eso podía encontrarle sentido, hasta cierto punto. Estando en un orfanato, abandonados, indeseados... huérfanos, era fácil sentir que sus vidas no tenían mucha razón de ser. L les otorgaba un rumbo bastante atractivo a sus existencias.
Algunas horas más tarde, Mello se hallaba profundamente dormido con el libro de estudio moviéndose rítmicamente sobre su pecho. De vez en cuando, balbuceaba alguna incoherencia y le temblaba el cuerpo, como si estuviese teniendo sueños no muy placenteros. Near pensó que era lógico en niños que viviesen en un orfanato sufrir de esa clase de sueños, y tuvo curiosidad por saber qué clase de pesadillas importunaban la mente de su compañero. Él raramente soñaba. Tampoco estaba muy interesado en descubrir los asuntos importunos de su mente.
—Mello, ese movimiento es demasiado arriesgado, no tiene sentido exponerse tanto.
—Calla y observa.
—Harás que nos maten a ambos.
—Shh.
Al siguiente día, luego de clases, volvieron a dedicarse al caso del escurridizo y astuto asesino serial. En general coincidían en sus ideas e hipótesis, pero raramente lograban ponerse de acuerdo en cuanto a los métodos de acción e investigación, así que al final uno u otro tenía que ceder para poder avanzar. Near aceptaba algunas de las propuestas de Mello, aunque muchas veces debía enfrentarlo firmemente si no quería perder el juego. La sospecha de que éste quisiera matar a su detective para sacárselo de encima y llevarse todo el crédito estaba siempre latente.
—Mello, deberíamos pensar bien antes de...
—¡Déjate de estupideces!—exclamó el rubio, incorporándose casi de un salto y dándole un fuerte empujón que por poco lo hizo caer de la silla.—Me tienes harto con tu puta lentitud. Si fuera por ti, el asesino moriría de viejo. Comienzo a pensar que ese es tu plan maestro.
Aprovechando la distracción de Near por culpa del empujón, Mello oprimió las teclas necesarias para llevar a cabo su plan. Al hacerlo, unas letras de color verde parpadearon en la pantalla. Sus ojos azules se iluminaron apenas leyó el mensaje.
—¡Te lo dije! ¡Hemos conseguido una pista valiosísima! ¡Gracias a esto podremos avanzar mucho! ¡Ja! ¿Decías...?
—Sigo pensando que fue un movimiento demasiado arriesgado...
—Lo que sea. No puedes negar que tenía razón.
Y la tenía, medianamente. Porque un par de horas más tarde, luego de que utilizaran las nuevas pistas según el plan de Mello, un cartel volvió a aparecer en el juego, aunque esta vez fue de color rojo. Algo había salido mal, por lo que tuvieron que retroceder a un punto muy anterior, sin contar que sus detectives estuvieron a punto de perder la vida en medio de semejante lío virtual.
—¡Mierda!—insultó al ordenador el responsable de aquella situación crítica.—¡Mierda y más mierda! ¡No puedo creer lo que acaba de pasar!
—Te lo dije...
—Mejor que cierres la boca si no quieres que te de un puñetazo en la cara. No hay de qué preocuparse. Lo arreglaré. Además, seguimos contando con las pistas que descubrimos gracias a mí.
Mello hablaba muy rápido mientras sacaba una nueva tableta de chocolate. Sus palabras se amontonaban una sobre otra y Near apenas pudo entenderle cuando prometió que demostraría ser el mejor. Pero tal demostración debía esperar, pues ya era bastante tarde y habían estado jugando durante muchas horas.
—Insisto en que deberíamos pensar las cosas mejor—agregó el menor antes de apagar el ordenador. Una mirada asesina por parte de su compañero fue todo lo que recibió como respuesta. Segundos después, cuando se dio cuenta, había sido dejado solo en la completa oscuridad de la biblioteca. Apenas unos haces de luz blanca originarios de un farol de la calle iluminaban algunos rincones del enorme salón. Near se abrazó a la pierna que tenía apoyada sobre la silla y comenzó a enrularse un mechón de cabello. Permaneció así hasta que el frío en aumento de la noche y la extensión del lugar donde se hallaba le dieron ganas de dirigirse a su habitación.
Los pasillos del orfanato se encontraban sumidos en el más respetuoso silencio. Daban la impresión de ser un niño más, durmiendo despreocupadamente en su cama tibia. Al llegar a la puerta de su habitación, Near se encontró con que ésta estaba cerrada desde adentro. Le pareció que lo más coherente sería golpear.
—Vete—ordenó la voz de Mello al otro lado.
—Mello, ésta es mi habitación.
—No me importa. Vete.
No tuvo otra alternativa. Se le cruzó por la mente la idea de avisarle a Roger, pero aquello le pareció un comportamiento tan infantil que lo descartó de inmediato. También podría transitar por los lúgubres corredores como un sonámbulo, o un fantasma, hasta encontrar algún sitio donde asentarse momentáneamente. O regresar a la biblioteca. Sin embargo, el sólo pensar en los techos altos y los ventanales enormes que conformaban la estructura de todo el orfanato lo ponía nervioso y lo llenaba de ansiedad. Por eso le gustaba la seguridad envolvente de su pequeña habitación. Pero esa no era una opción. Terminó, en cambio, dejándose llevar por sus necesidades fisiológicas hacia el baño. Le sorprendió descubrir entonces que no todos los niños estaban durmiendo.
—¿Mello?—. Aquel nombre bisilábico resonó ligeramente gracias a la acústica del lugar al tiempo que una cabeza pelirroja se asomaba por la cortina de una de las duchas. —Near...
La decepción en el tono del chico era más que notoria. Near comprendía que las cosas entre él y Mello no estaban del todo bien, si es que alguna vez lo habían estado. El hecho de que el rubio nunca lo hubiese nombrado en presencia de Near lo confirmaba.
—Buenas noches, Matt. ¿Tomando un baño, tan tarde?
—Sí...
Tuvo la certeza de que Matt no estaba muy contento con su presencia, así que hizo lo que había ido a hacer y se despidió. De todas formas, permanecer en el baño hasta que Mello se decidiera a dejarle entrar no era en absoluto un plan atractivo. Pero Mello ya no estaba en su habitación cuando regresó a probar suerte. Podría haber pensado que nunca había estado allí si no fuera por los juguetes y muñecos que se encontraban dispersos por todo el suelo.
Luego de intentar acomodar aquél desastre(sabiendo que pronto sería desacomodado), y antes de tomar su cepillo de dientes para ir nuevamente al baño, se ocupó de guardar la llave de la puerta en el bolsillo de su pijama, aún seguro de que Mello sería capaz de bloquear la entrada sin necesidad de llave alguna, si así lo deseara.
Sus medias blancas debían estar más que negras en la base debido a lo mucho que eran arrastradas por los pisos fríos. Sentía otra vez ese cansancio tan insistente de su cuerpo, aunque lejos estuviese de causarle sueño.
Al llegar al baño, el agua de la ducha seguía cayendo. El vapor había espesado el aire y empañado todos los vidrios y espejos. De pronto, entre el murmullo del agua cayendo, le pareció oír algunos ruidos extraños. No supo a qué atribuirlos, hasta que avanzó lo suficiente para descubrir algo que difícilmente hubiese esperado ver.
Continuará...
