Capitulo 7: "Solo Una Vez"
Al descubrir mi destino y saber lo que hice mal, me hace temer a las consecuencia de lo que sucederá…
Pero el saber que te tendré a mi lado…
Me ara mas fuerte con un solo abrazo.
Y por solo una vez… abrásame hasta que amanezca.
Lentamente y también temprano, la tarde de invierno iba llegando. El cielo estaba pigmentando de algunos colores anaranjados con rosas pasteles en las esponjosas nubes blancas. La brisa cada vez se hacía más insoportable ya que el aire a fresco no dejaba de colarse por entre sus ropas. De pie en una enorme rama, con sus brazos sobre su pecho y con la espalda bien rígida se encontraba un hombre con la mirada fija en el horizonte, donde el sol amenazaba con marcharse y dar paso a la oscuridad de la noche. El cabello se le mecía, con gracia en su espalda para dar paso a la brisa que levemente quemaba sus mejillas, al parecer sin afectarle, ya que estaba como en un estado de trance total. Ese gran roble firme como el imponente ego del muchacho que ya nombramos que se encontraba de pie en una de sus ramas.
"Mocosa del infierno..."
Y sí, esa chiquilla era una mocosa del infierno a la cual le habían entregado la misión de abrir las siete llaves del las estrellas, pero claramente se veía que ella no tenía ni la menor idea de eso ¡Dios, era increíble que no supiera nada sobre el claro, pasado que tenía enfrente¿Sus padres jamás le hablaron de eso a ella? de seguro que no. Se entretuvieron malcriándola, no podía ser una persona como ella, ser tan… ¡según le informaron venia de una noble familia¿Cómo era posible que ella tenga ese tipo de comportamiento? –Se froto la mejilla inconscientemente– jamás nadie le golpeo con tanta fuerza. Apretó los puños y noto lo que estaba haciendo…
- ¡¡¡PUTA MADRE!!! – estallo golpeando con ímpetu el tronco del roble que se encontraba a un lado de su cuerpo. Lo humillo. Claro que lo humillo y en lo más profundo de su ser, nadie, NUNCA tuvo el coraje para golpearlo de esa manera y sobrevivir luego. Él la aria pagar, no le importaba si para eso tenía que llegar un poco magullada a las manos del travesti… la aria pagar. Su mirada penetro el sol que estaba cayendo paulatinamente, el odio pareció hacerlos brillar de forma singular, con el cejo fruncido mostro a la muerte en persona. – vas a sentir lo que es no respetarme… – mascullo, lento y ronco como si le estuviera hablando al oído.
- Inuyasha… querido – dijo con tono afeminado mientras que se acomodaba en su mullida y enorme silla, en medio del gigantesco salón. Su "trono" como prefería llamarle, era donde ella mandaba, dirigía y sentenciaba a sus esclavos. Sonrió con suavidad mientras que le daba una cálida mirada al hombre que tenso, su mandíbula tragándose la incomodes del momento. – te tengo una enorme noticia.
- Te morirás – bufo mordazmente.
Cerro sus ojos y se enderezo mejor pada mostrarse imponente. Coloco sus antebrazos en el apoyabrazos, cuando cruzaba sus piernas y dejaba entrever un muslo de su pierna con voluptuosidad, sonriendo con desdén.
- No… lo lamento. Tengo siglos de vida aun.
- ¿Qué es lo que quieres? – inquirió cortante, provocando una nueva y enorme sonrisa de satisfacción a la mujer que se inclino un poco más en su silla hacia delante tomando su mentón.
- Te molesta que cruce mis piernas ¿verdad?
- Me molesta ver a algo que finge ser una mujer – como la odiaba y odia. Maldita sea su surte al tener que hacerlo estar presenciando eso ¿Por qué estaba ahí¡Ah! Cierto, estaba cumpliendo una promesa. Gruño por lo bajo y corrió su mirada a un lado, observando cómo los adonis, ogros, grises, gárgolas y demás criaturas se paseaban, por allí bailando mientras que ella con uno de sus dedos coordinaba los pasos y música. Sí. Ella era feliz.
- Bien… pero no puedes evitar sentirte atraído por mi…
- No. Me repugnas enormemente. Con palabras no te podría explicar lo mal que se siente mi estomago.
Levemente la vio fruncir, cerrando sus ojos mientras levantaba un dedo y se lo apuntaba hacia él.
Un rayo salió disparado.
- ¡¡MIERDA!!
- Respétame si quieres vivir.
El rayo fue duro y lastimero. Le dio en el muslo de su pierna derecha haciendo una profunda cicatriz para el futuro. La sangre brotaba a grandes cantidades mientras que él con una de sus manos trataba de sanarla o parar la sangre, odiaba el sofocante dolor y mas odiaba no tener poderes sanatorios; lo único que él podía hacer era destruir… no sanar. No pudo sostener mas su peso y cayó con fuerza golpeando su rodilla en el frio y duro piso de piedra, cerro sus ojos al sentir las dolorosas y agudas punzadas que se clavaban imaginariamente pero notables en su muslo.
La escucho reír a carcajadas, podía imaginársela, verla, pero no quería dirigir su mirada en el travesti que tenía enfrente. Nunca había dejado a algún ser vivió que lo haya insultado o se Haya dignado a tocarlo siquiera, jamás los dejaba con vida y pensaba hacerle lo mismo a ese maldito. Pero sabía que no podía… ella tenía algo de que a él le pertenecía y sabia que si la hacía enfadar podría destruirlo… y ya no podría vivir más.
- Perra asquerosa… ¿Qué es lo que quieres? – mascullo con dificultad. Cuanto quería gritarle más que esas palabras y desahogar un poco su ira, pero sabía bien que no podía si quería protegerla… si de verdad quería hacerlo él no podría decir nada.
- Tus modales jamás cambiaran… eso está mal… ¿Qué mujer te querrá? – pregunto fingiendo que sus palabras le dolían.
- ¡¿QUÉ ES LO QUE QUIERES?! – gruño irritado sintiendo que no podría controlarse ni un minuto más. – ¿¡para que demonio me llamaste!?
- UUUy… – movió su cabeza negativamente mientras chasqueaba la lengua. – hoy nos levantamos con el pie izquierdo ¿verdad? – él la fulmino con la mirada y ella sonrió mas. – bien, bien, te diré, pero no te pongas así de sensible… – le guiño un ojo, haciendo que Inuyasha deseara vomitar. – no te sienta… amor…
"¡¡¡¡PUTOOOOOOO!!!!"
- Te tengo una importantísima misión… – afirmo ya completamente seria. – quiero que me traigas a la detectora de las siete llaves…
Agudizo mas su mirada en la de ella irguiéndose mientras trataba de soportar el dolor de su muslo.
- ¿Para que la quieres?
- ¡¿Qué, no es obvio?! – dijo exasperada. – si consigo las siete llaves de las estrellas, podre ser indestructible y mejor aun… Merlín no podrá detenerme a dominar cada uno de los mundos que nos separan…
- Que la traiga uno de tus adonis, no puedo andar de cartero… soy demasiado para una estupidez como esas, hasta tú con solo mover ese mugriento dedo podrás traerla en un abrir y cerrar de ojos. – volteo para marcharse por las gigantescas puertas del salón cuando de la nada se cerraron con fuerza, tanto que las hizo temblar.
- No es tan fácil – su voz esta vez sonó ronca pero igualmente femenina. Volteo fastidiado y al ver sus ojos, sintió como lo penetraban. – ¿no crees que ya lo hubiera hecho en vez de mandarte a llamar…? Inuyasha, esa mocosa está del otro lado del mundo, el de los seres humanos, los adonis al igual que las gárgolas o grises no pueden traspasarlo, y sé que tú tampoco, en otras palabras nadie puede – se irguió de su cilla y elevándose se dirigió hasta él. – pero sé que tus artilugios, podrán hacerla venir a ella, sola, hasta mis manos… tu puedes hacerlo… o sino – se acero hacia su oreja susurrando. – ella se muere…
Salto del árbol en donde estaba y buscando el aroma de la mocosa se adentro en el bosque. La noche al fin cayó sobre su cabeza creando una completa oscuridad, la luna aun no se asomaba y eso le complicaba aun más las cosas. Tenía que encontrarla si quería que… ella… aun viviera.
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Con claro orgullo se quito las lágrimas con fuerza. No debía llorar ahora, tenía que ser fuerte si quería salir de ese lugar, pero es que era tan tenebroso que ni ella misma podría creer como había corrido desesperadamente hacia adentro de la cueva, cuando pudo darse la vuelta y volver a la salida. Pero nooo, ella tenía que correr hacia la dirección que decía peligro, sabiendo que podría existir cualquier clase de peligros allí. Sus piro derrotaba dejando que sus brazos cayeran a los lados como si fuera extremidades sin vida y soltando la antorcha que llevaba en su mano izquierda, reacciono cuando noto que rodaba hacia delante dejándola a ella en la oscuridad plena, la persiguió hasta que se detuvo a los pies de algo que no supo identificar, arrugo la frente y lentamente levanto la mirada recorriendo las piernas de algo que ni se quería imaginar. De su sien una gotita de sudor rodo hasta caer por su mejilla.
Era un hombre…
- ¡Buh! – emitió de la nada inclinándose hacia ella.
- ¡¡¡KIIIIIIAAAAAAAAAAAAAAA!!! – grito a todo pulmón retrocediendo hacia atrás. Pero algo la detuvo tomándola de sus brazos volteo con rapidez y vio la cosa más horrible de toda su vida… ¡era como un ogro! Tenía todo el rostro deforme, una enorme frente de primer plano, ojos salidos casi hacia afuera, su piel era arrugada completamente, mientras que sus labios eran vaporinos dejando ver toda la dentadura amarillenta. - ¡¡¡kiiiiiiiiiiiiaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!
Los dos soltaron estruendosas carcajadas mientras que ella se removió inquieta forzando para zafarse del encierre en que este la tenia. Su corazón latía vertiginosamente, mientras que su visión se nublaba turbando sus sentidos, las lagrimas amenazaban con salir cristalizando su vista. Chillaba como si fuera un cerdo al que se encontraba a punto de carnear. ¡¿Cómo podía sucederle esto a ella?! No lograba entender, sentía que el piso se movía y que su corazón saltaría de su pecho dejándola completamente sola con esas horribles cosas. Ambos eran enormes, altísimos dejándola como una ratita al lado de ellos…
- Bien hecho Hiro, no la sueltes – dijo el que se encontraba enfrente de ella.
- ¡SUÉLTAME! – exigió con la voz trémula.
- No podemos, hermosura… primero debemos llevarte con nuestra señora – respondió apretando mas el agarre de sus brazos. Sonreía con arrogancia inclinándose un poco para estar a la altura de Kagome quien arrugo la nariz al percibir el nauseabundo olor a podrido que emitía el aliento del gris que ella ignoraba que fuera. – pero antes… nos divertiremos contigo…
Palideció al aspirar ese sofocante arroma y notar el significado de sus palabras. La sangre se le fue a los pies y se disperso en el suelo dejando la tan pálida, que se podría comparar con una hoja de papel ¡de nuevo no! querían usarla… ¡como si fuera un trapo¿Pero en qué demonios pensaban los del sexo masculino? Porque sinceramente se notaba que TODOS querían lo mismo: usarla. ¿Acaso no había un, solo, hombre en la tierra que no quisiera tocarla? No es que se sintiera, especial o estuviera presumiendo que ella era hermosa porque sabía que no era gran cosa. Pero justamente a ella le pasaba lo mismo… SIEMPRE… ¿Qué tenían para querer violarla cada vez que la tenían raptada? Bueno no sabía, ni mucho le interesaba ¡lo primordial era salir ilesa de esa maldita cárcel a la cual la tenían!
- ¿Quién comienza primero? – asevero el que la tenía enfrente acercándose paulatinamente hacia ella con claras intenciones de tocarla.
Su estomago se encogió mientras que los nervios le carcomían el cerebro…
"¡¡Piensa, Kagome, piensa…!!"
Y de la nada algo ilumino su mente. Cerró sus ojos para darse valor. Sin pensarlo más levanto unas de sus piernas lo más alto que pudo y con la mayor fuerza posible clavo con la punta del talón su sandalia en el pie de el gris que la soltó de inmediato gritando a las cuatro vientos palabras y más de un juramento que la dejo pasmada viendo como se inclinaba para tocar la extremidad herida.
- ¡¡perra del demonio!! – exclamo el otro que se encontraba enfrente de ella extendiendo una de sus manos para partirle el rostro de una fuerte bofetada. Pero Kagome tenía reflejos y en un abrir y cerrar de ojos tomo la tierra que se encontraba a sus pies lanzándosela en sus ojos con furia. Este también grito sintiendo como sus ojos ardían pero no de la furia sino del dolor que le causo la acción de la chica.
Como alma que lleva el diablo se echo a correr con fuerza tratando de escapar de los adoloridos grises que gemían y quejaban del dolor que en un segundo ella causo. No se detuvo por nada del mundo y corrió a toda prisa olvidándose de la maldita antorcha que se encontraba aun en el suelo. Todo se encontraba en penumbras, siendo cubierto por la oscuridad que cada vez se hacía más espesa haciendo que cada tanto ella se chocara con una piedra o roca, lo que sea que estuviera en el suelo. Aminoro la marcha ya cuando noto que estaba lo suficientemente lejos de esas dos cosas que querían violarla. Suspiro con cansancio mientras que con una mano afirmaba su peso para tratar de controlar la respiración que no la dejaba enderezarse, su frente estaba completamente perlada de sudor frio que se la acariciaba con delicadeza. Abrió sus ojos con ímpetu.
¡Por algún lado había una abertura!
Pero a causa de la horrorosa oscuridad que invadía el lugar resultaba completamente confuso encontrar alguna abertura ya que claramente todo se encontraba en la penumbra. Pero no era imposible. Sonrió ante aquel pensamiento, con total resolución camino sin quitar su mano de la pared que le serbia como guía, todo se encontraba frio, y muy oscuro. Camino a paso lento dándose valor cada tanto no podía distraerse ya que su vida corría grave riesgo pero no solo ella… su virginidad también. ¡NOOO! –Coloco sus manos en su rostro horrorizada– ¡no solo ella estaba en peligro sino también su inocencia¿¡¡En que maldito momento se le ocurrió salir de su casa sin notar las consecuencias!!? Pero… pensándolo bien… ¿su virginidad no estaría en peligro también de que un anciano se la quitase? Golpeo con fuerza el talón con el suelo ¡sí, cierto¡¡Uuuyyyy!! Se sentía tan frustrada… tan humillada, tan TRAICIONADA, tan… tan… tan consternada.
- ¿Por qué estoy pasando por esto? – se pregunto observando con atención el suelo, de repente se le hizo muy interesante.
"Porque huiste de casa ¿recuerdas?"
- Uyy… gracias por el consuelo… – dijo con tono burlón. – pero de todas maneras tendría que entregársela a ese hombre que pidió mi mano a mis padres…
De la nada y tan rápido como lo sintió desapareció, una helada brisa que golpeo de lleno su rostro estremeciéndola por completo, la sacudió. Parpadeo con rapidez ya que esa brisa la hizo desatar un par de lágrimas. Esbozo una enorme sonrisa al descubrir que de enfrente de ella se encontraba su salvación, y sin detenerse a pensar corrió ya dejando en el olvido, que la oscuridad no la dejaba ver. El camino le mostraba que debía doblar en la curva que guiaba al camino y ella con emoción la obedeció pero una vez que todo llego al final de la curva descubrió que se encontraba cerrada.
Ahí terminaba el camino…
- No puede ser – jadeo susurrando.
Todo se encontraba sellado, no había ni un solo camino, nada. Solo el muro que le impedía el paso. Camino con lentitud hacia él y con una de sus manos palpo el muro que se erguía imponente en frente de ella. Se sentía realmente frustrada ya no le gustaba esto… nunca le gusto. La penumbra era sofocante tanto que ni sabía en donde se encontraba, antorchas si las hubiera jamás las vería, tampoco sabría como encenderlas ya que carecía de habilidades para encender algo como una antorcha. Desde que se entero que se tendría que casar con alguien su vida se transformo en puro peligro, a cada segundo estaba el peligro y todo por enfadarse con ese maldito ¡¡TERCO Y TOSCO!! Tipo… –se cruzo de brazos– desde ahora no lo llamaría por su nombre ni mucho menos le diría hombre… lo llamaría eso o él pero, NO, Inuyasha. Podía recordar como claramente se había acercado a ella como si quisiera besarla… y ella la muy estúpida se ilusiono con eso… ¡¡uyyyy que idiota!!
El alma se le fue del cuerpo al escuchar la repentina voz de esas cosas que parecían acercarse cada vez más. Su respiración se volvió agitada y como si la hubieran encontrado con las manos en la masa volteo repentinamente chocando con fuerza la espalda en el muro que de la nada se abrió paso hacia ella empujándola hacia atrás mientras que se cerraba dejándola encerada dentro de… de…
- ¡¡EN DONDE ESTOY!! – se levanto con rapidez y escudriño todo lo que estuvo alcance a su mirada. Los ojos repentinamente le ardieron por la luz que había en el lugar nublando su mirada y haciendo que cerrara los ojos con fuerza. De a poco pudo abrirlos y ver bien en donde se encontraba. Claramente se denotaba que parecía ser un santuario ya que las antorchas iluminaban todo lo que estaba a su alcance eran demasiadas, mientras que en el frente de ella y a lo lejos casi tocando la otra pared de enfrente se encontraba un altar con un espejo encima mostrándose como lo principal de ese lugar. Mientras que a los pies de ese altar se encontraban pétalos de sakura desparramados por doquier creando un camino hasta el espejo. Frunció cuando noto que era pétalos de sakura ¿Qué hacen las hojas de ese árbol en Inglaterra? Se pregunto con rareza.
"Acércate… toca el espejo de Kanna…"
Volvió a escuchar la clara y ronca voz del anciano. Esta vez no se sobresalto ni le dio temor, ya se estaba acostumbrando al que en el mundo en donde se encontraba. Sabía que todo lo lógico es ilógico mientras que lo ilógico es lógico, un estúpido juego de palabras que creo Inuyasha, pensó. ¡Uy! Que tonta era, se dijo que no lo llamaría mas por su nombre… bueno, al menos él no se encontraba cerca para oír lo que ella misma se había impuesto.
Sintiéndose más derrotada que antes y sumamente cansada, avanzo ya por la alfombra de petados que se encontraba enfrente de ella. De la nada sintió como si sus temores se disiparan dejándola completamente en vilo dirigiéndose hacia ese espejo de Kanna como nombro el anciano. El brillo de su mirada se volvió opaco dejándola en plena ceguedad, sonriendo embobada al espejo que cada vez parecía más cerca, sentía que las piernas le temblaban amenazando con tirarla al suelo, pero parecía omitir eso ya que aun seguía acercándose cada vez mas y mas. No entendía que era lo que le pasaba, pero parecía estar drogada y como lo disfrutaba, los temores desaparecían con rapidez, el casamiento del cual escapaba se hacía mucho menos importante de lo que era para ella, todo absolutamente TODO, le importaba muy poco, lo único que quería era acariciar el vidrio de ese espejo que tanto llamaba su atención.
Y cuando al fin poso las yemas de sus dedos en él…
Todo se ilumino.
La luz la absorbió, y ella pareció no importarle ya que su sonrisa boba no desaparecía. Cerró sus ojos sintiendo paz por primera vez desde que llego a ese lugar y se dejo llevar estirando sus brazos a sus lados y tirando su cabeza hacia atrás. Sentía como si su alma viajara atreves del tiempo llevándola lejos de todos y de todo. Un aire frio pero a la vez cálido roso sus mejillas haciendo mas profundo el gusto de la joven a no abrir los ojos, pero cuando dejo de sentir esas sensaciones de paz abrió sus ojos de improviso observando tolo lo que había a su alrededor.
- ¿En dónde estoy? – musito atónita.
Todo se encontraba en penumbra de nuevo, pero esta vez era diferente. Estaba en la punta de una montaña observando desde la altura en donde estaba todo un bosque que se le hizo familiar y su castillo… parpadeo incrédula. Su castillo se encontraba a un lado de ese bosque en donde ella se perdió y cayó por la cascada. ¡Su casa estaba allí! Sonrió mientras que las lagrimas mojaban sus mejillas ¡había vuelto a casa! Se sentía tan feliz, volteo con premura para correr hacia su casa y abrasar a sus padres ver sus sirvientes, charlar con los guardias o caballeros de su padre ¡por dios, quería hacer tantas cosas! Pero cuando volteo completamente un rayo surco el cielo ennegrecido con nubes azules y pigmentos violetas iluminando todo lo que se encontraba a su alrededor y la sangre se le helo al ver que el mismo viejo que escucho en su mente estaba de pie enfrente de ella, sonriendo con ternura. Pero ella no podía responder a esa sonrisa como hubiera querido el anciano.
- Hola Kagome… – saludo observándola fijamente.
¿Cómo era posible que él supiera su nombre¡Si jamás en su vida lo había visto! Retrocedió lentamente embelesada sintiendo como de apoco todo se iba nublando ¡por dios se estaba por desmayar! Más pálida que una hoja de papel trago con fuerza tratándose de dar valor para no flaquear en un momento como ese, tenía que ser fuerte. Solo era un anciano y ella ya se había enfrentado a ogros, cascadas y adonis ¡podía con un anciano! Apretó sus puños con fuerza clavándose las uñas inconscientemente y dio un paso hacia el frente.
- ¡¿Quién eres?! – ordeno con la voz firme y el ceño fruncido. El anciano siguió sonriendo y eso la hizo por un memento dudar y quiso echarse a correr pero tenía que soportar… si quería volver a su casa, que por suerte no estaba muy lejos, ahora. - ¡le hice una pregunta!
El anciano cerró sus ojos y esbozo otra sonrisa.
- Tu antepasado… – eso le provoco un frio horrible en su espalda.
- ¿Antepasado? – repitió con sorna.
- Sí… y eh venido a explicarte las cosas que los necios de tus padres no fueron capaces de decirte…
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Una suave neblina cubrió todo ese tenebroso bosque que era el lugar por donde él recorría buscando algún rastro de la maldita mocosa esa que se perdió o mejor dicho que se fue de su lado porque no soporto una simple broma de él. Frunció la nariz al percibir el aroma a rosas y flores silvestres ¡ese era, el maldito aroma que desprendía esa mujer de sus cabellos! Corrió a prisa en dirección contraria a la que se encontraba y como si fuera un rayo se perdió entre los follajes de las hojas de arbustos y árboles. Tenía que apresurarse la noche cada vez se hacía más pesada y la neblina más densa, podía sucederle cualquier cosa y él tenía que encontrarla lo más rápido posible si quería ver con vida a ella. Sabía bien que si entregaba a la mocosa como premio él recibiría su anhelada libertad y hasta capas…
- ¡Tengo que apresurarme! – mascullo por lo bajo corriendo más fuerte.
Llego a los pies de un risco, su aroma terminaba allí ¿pero en donde se encontraba? No había ninguna abertura o algo que demostrara que dirección había tomado. Frunció su ceño al notar algo… había pequeñas pisadas en el suelo y otro par de de pisadas mucho más grande que las primeras. Ella no estaba sola. Escudriño el lugar como si de un depredador se tratara y noto que en el aire aun se percibía un repugnante olor que él conocía bien.
- Grises…
Volteo hacia el muro de la montaña y de un solo puñetazo rompió el muro y descubrió una cueva escondida allí. Sonrió triunfante y se adentro a toda marcha, había aroma al de la mocosa mesclado con el de los grises. Tubo que haberlo percibido desde un comienzo, ese travesti lo estaba probando y poniendo obstáculos en su camino, de seguro ése maldito sabía bien que él podía traérsela a la mocosa y él tendría que darle su libertad junto con ella pero como no quería perder la manera de controlarlo, le ponía obstáculos en el camino.
- ¡Ja! Pues no se te será fácil…
- Ohh… ya nos hemos vueltos locos – se escucho por unas de las paredes de la cueva. Frunció su ceño al saber quién era. ¡Maldición¿Por qué tenía que encontrarse justo con él¡Y más, en un momento como este!
- Hace tiempo que no nos vemos…
- Sí. Estas diferente.
- Creo que no puedo decir lo mismo – tenía que apresurarse, esa mocosa era inútil y si algo malo le pasaba él no podría recuperar lo que a él le pertenecía. – ahora no puedo hablar.
- Mmm… tenía ese presentimiento.
- En otro momento seguimos con la charla – asevero echándose a correr por entre la oscuridad del lugar.
- Inuyasha, Inuyasha, siempre tan impulsivo. No dudes, que nos encontraremos nuevamente, mi querido amigo, ni lo dudes – musito sonriendo de lado. De una de las paredes salió una sombra que en un segundo tomo la apariencia de una persona, de un hombre joven y con una sonrisa calmada. – creo que esta vez viajare por mucho tiempo…
Por los dos lados de los muros que sostenían a la cueva se encontraban antorchas sin encenderse. Algo no le daba un buen augurio de todo eso, parecía como si antes en ese lugar hubiera existido algo, pero no sabía con exactitud que era. Siguió corriendo notando que en el ambiente había más arromas distintos… un aroma a sal con agua.
"¡Lagrimas…!"
La mocosa a seguro estaba llorando y su aroma cada vez se hacía más notorio. Noto como al final del camino había una curva que daba a algún otro lugar y se dirigió con premura allí, sin contar o prepararse para lo que sus ojos verían. Un rayo se cruzo por frente de su nariz haciendo que él quedara inmóvil y con suerte sin ningún rasguño, fue solo un segundo el que lo vio pero pudo notar que ese rayo ya anterior mente lo había visto ¡y fue de las manos de la mocosa! Giro su cabeza a un lado observando neutro como la mocosa se encontraba en el suelo con un brazo extendido hacia el frente y la palma de su mano completamente abierta. Sus ojos estaban bien abiertos dejando ver lo enormes que eran, lánguida, pálida como una hoja de papel se encontraba sentada en el suelo. El pecho le subía y bajaba rápidamente y la respiración trémula se hacía escuchar, estaba consternada.
- Mocosa... – llamo con sorna, para que ella lo mirase ya que se encontraba como en un estado de shock. – hey… ¿me escuchas? – inquirió sintiendo algo en su pecho que no supo explicar ¿se encontraba preocupado por la mocosa¿Eso podría ser posible? Se coloco rígido y con pasos firmes se acerco a ella posándose enfrente, para que lo mirase. – ¡¡hey!!
Paulatinamente y como si ese gruñido al haya despertado levanto su mirada buscando unos ojos que parecían brillar entre la penumbra. Trago con fuerza al ver como los ojos castaños de ella se llenaban de lágrimas y rodaban por sus mejillas ¿Por qué lloraba¿Y por qué le molestaba?
"Límpiale esas lagrimas…"
¡NO! Él no podía hacer eso, él jamás lo había hecho, no se atrevía ¡no estaba en su…!
Pero todo lo que pensaba se interrumpió al sentir un pequeño y cálido cuerpo juntarse con el suyo. Los frágiles brazos de la joven ahora se encontraban sobre él pecho del hombre que por un momento pensó que su corazón se saldría del lugar. No podía tragar ni mucho menos respirar, se encontraba neutro de pie allí con ella arrugando la tela de su ropa tratando de encontrar refugio en ese pecho que mantenía a su corazón en su lugar. La escucho sollozar y eso fue lo peor que pudo oír…
- ¡Inuyasha…! – sollozaba con fuerza escondiendo mas su rostro en el pecho. – tengo miedo… Inuyasha…
No sabía qué hacer, hace tantos siglos que no tenía a una mujer en sus brazos que no sabía cómo reaccionar. Pero por instinto la oculto entre sus brazos tratando de protegerla… aunque sea solo una vez…
"Solo una vez… no arruines el momento"
Y solo por una vez, la abrasaría… solo una vez.
Continuara…
N/A: ¡¡SIGO VIVA!! ñ.ñ bien, lamento la tardanza. Pero es que luego del accidente que tuve en la playa, el hospital, mi prima (que se quebró) y mi adolorido cuerpo, no pude actualizar rápido. Casi me muero, y no miento, con eso no se juega, y la verdad creí que no podría volver a escribir fics jeje, pero gracias a Dios sigo viva y les traigo un nuevo cap. Ana gracias amiga, esta parte en donde se abrazan se me ocurrió gracias a lo que me dijiste n.n y Giuly esta pregunta es para ti ¿Quién crees que será el hombre que Inuyasha se encontró? ñ.ñ jejeje… ya lo descubriste… quiero creer.
Bueno para serles sincera, creo que me va a tomar un tiempo actualizar con rapidez, ya que con la caída del cuatriciclo que casi me saca la cabeza, y el brazo de mi prima; tengo que ocuparme de cuidarla, se quebró el brazo cuando caímos y bueno ¿Quién creen que era la que conducía? Sip, adivinaron jeje ¬¬ la próxima ando más despacio… si quieren saber cómo sucedió n.n pasen por mi spaces que en mi blog voy a describir con más detalle es el que se encuentra en la página principal n.n
Bueno, nos leemos en la próxima y… ¡¡REVIEWS, REVIEWS, REVIEWS, REVIEWS, REVIEWS…!!
La vida sin sueños no puede cambiar…
Dulce Kagome Lady-
