7- Puro

-¿Qué cosa dices que teníamos que echar en este mármol?

-Ácido puro rebajado con el compuesto de la probeta.

Falco mueve la base del experimento que tiene en la mano y mira al profesor al principio de la sala anotando fórmulas en la pizarra. Para él es como si estuviese escribiendo jeroglíficos.

-¿Se supone que tenemos que hacer algo con eso?

-¡Es la explicación de lo que estamos haciendo! Lo estudiamos ayer. ¿No has repasado la lección?

-No. Yo no estoy aquí para aprender, estoy aquí para aprobar e ir a la academia.

-En serio, Falco. Quizá esto nos saque de un apuro el día de mañana.

-¿Saber que si le echas ácido al mármol sin tratamiento se deshace? ¿Quién en su sano juicio va a dedicarse a echar ácido puro a un bloque de mármol? En mi cocina tiene un tratamiento para que estas cosas no pasen.

-Pues sirve entonces para que aprendas métodos para tratar el mármol.

-Yo no quiero dedicarme a eso. Yo quiero ser piloto, no echador de ácido a los mármoles.

Fox se ríe y se pone los guantes para ayudar a Falco con el primer experimento. Coge la calculadora para saber qué cantidades debe echar en el tubo.

-¿Qué se supone que es un mol?

-Es la cantidad de partículas que tiene una determinada masa. Hay compuestos que tienen seis con cero dos por diez elevado a veintitrés partículas por cada unidad o seis con cero dos por diez elevado a veintitrés partículas por cada doce unidades.

-Yo tengo seis con cero dos por diez elevado a veintitrés ganas de irme de clase por segundo. ¿Qué clase de compuesto soy?

El zorro vuelve a reír ante las ocurrencias de Falco.

-Eres un hidrógeno.

-Pues mira tú que bien.

Falco mira otro compuesto a su lado calentarse. La probeta apunta hacia la pared para que no haya accidentes. El tiempo pasa lento y aburrido.

-Ahora en serio. ¿Para qué queremos echarle ácido a un mármol?


De todas las cosas que la madre adoptiva de Falco había elegido para él, la peor había sido que fuese puro. Puro en el sentido religioso de la palabra, un siervo perfecto de su dios.

Debía serlo a toda costa, por encima de su libertad, de su felicidad o de su simple salud mental. ¿Cuántas personas estarán encerradas bajo el yugo de una religión? Se supone que tiene que ser algo que traiga paz, pero todavía no ha encontrado ninguna que lo haga crecer y encontrar la paz.

Con tres años Falco asistía a los cultos religiosos con ella y comenzaba a aprender lo que se suponía que no debía hacer. Todavía no había comenzado a vivir, en cambio sentía que era el diablo en su misma persona.

Para alguien que comienza a conocerse, los pecados son como dagas. Dañan, y lo peor es que quedan clavadas durante años.

Callado, escuchaba todos los días que su dios era bueno y benevolente, mas duro e implacable con los pecadores. Él era un pecador. Su mamá era una pecadora. Su papá era un pecador. Sus amigos eran pecadores. Todos arderían en el infierno. Todos. Ella le echaba la culpa.

Por eso, cada vez se iba alejando de los demás chicos, esperando que un día, como su líder moral había dicho, por medio de rezar y de sufrir, Falco podría sanar su alma de la homosexualidad.

El ángel blanco y puro que ella esperaba la decepcionaba. Negaba que su ángel fuera policromo y quería cambiarlo. Falco debía cambiar. ¿La razón? Fanatismo. ¿El como? Como fuera. Costara lo que costase.

A los trece años Falco era un sucio pecador que había huido de su casa a Zoness, un lugar de perversión. Era el fin. El ángel había volado y había reclamado su vida y su libertad.

A los quince años, Falco descubrió la pureza de un chico de ojos verdes como el pasto.

Fox era el ejemplo que esa mujer siempre había querido: respetuoso, estudioso, fiel, querido por todos, de aspecto correcto, un líder nato que aceptaba la palabra de sus superiores con los ojos cerrados. Pero Fox tampoco era puro. Fox tenía también un corazón policromático en el que cabían todos sus amigos y que guardaba un lugar especial para él.

Falco había aprendido que lo verdaderamente puro en este mundo era el amor. Cuando comparten una mirada y ven la sinceridad en sus ojos. Ella no lo comprende, su alma está corrupta. Ella nunca lo verá como un héroe. No verá jamás sus ojos azules reflejando el dolor del corazón de Zoness gritando piedad a la contaminación y la destrucción. Nunca verá su corazón dorado cuando toca el hombro de un niño refugiado de un tiroteo y lo lleva a un lugar seguro a riesgo de su vida. Nunca verá su sangre roja bullir de rabia defendiendo a los inocentes de un destino cruel con sus amigos.

Jamás lo verá, vestido de negro, mirada al frente, engalanado con su sonrisa, al lado de sus amigos y el amor de su vida siendo el ejemplo de millones de personas en los planetas de toda la galaxia mientras reciben otra medalla al honor por defenderlos.

Falco es un ángel puro, valiente, pero su alma tiene color. Ha renunciado a los dioses. Ha renunciado a los pecados, al sufrimiento, y ha cogido la mano del amor de su vida para no soltarla jamás. Ahora es él quien decide su destino. Ha decidido que es rebelde, valiente y tiene el corazón puro de un guerrero incansable.