Este fic se lo dedico exclusivamente a mi amiga Mayra Exitosa gracias por incentivarme a escribir más fic y dar un poco más de mí..
Yo que tantas veces te dije te amo, y que estando juntos te decía
Que serías por siempre la dueña de mi vida pero no te importo.
Y ahora causa dolor, demasiado dolor, haberte entregado mi vida y no te importo.
Pero causa dolor el perderte así estaba ilusionado contigo y nunca fue así. Dime que hice mal porque te alejas de mí.
DULCE VENGANZA
CAPITULO # 7
Por. Tatita Andrew.
A la mañana siguiente Candy caminaba hacia el comedor para el desayuno, cuando se acercó Williams Andrew, examino a Candy con gesto divertido al verla llegar.
Ella que era muy tímida se ruborizó mientras se sentaba en la mesa. Una de las sirvientas la había despertado y no había tenido tiempo de arreglarse demasiado, al alzar la mirada vio que Albert la miraba con indolente satisfacción. El rubor subió a sus mejillas al recordar la noche apasionada que habían vivido. Al parecer Albert la había llevado de vuelta a la cama mientras dormía, pero no sabía si lo había hecho por consideración a ella, o para que la farsa no se descubriera. Al despertar se había topado con la sabana sucia de sangre producto de su virginidad, rápidamente la había sacado, y le dio instrucciones a la sirvienta que por favor la echara a la basura, solo esperaba que Albert no se hubiera dado cuenta de aquel detalle, pero con lo poco que durmió era poco probable. Al principio esta se resistió a no decir nada, pero ella le insistió tanto y con tanta fuerza, que al final la pobre chica no pudo resistirse y dijo que tan pronto ella saliera de la habitación haría la cama nuevamente con sabanas limpias. Después de que se había convertido en la amante de Albert, se cuestionaba las verdaderas razones de este para llevar esta farsa, ¿Pretendía solamente complacer a su padre enfermo? O h abría otro plan más siniestro.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando hizo su aparición Eliza, con un vestido rojo que sospechaba Candy que era su color preferido, estaba tan pegado al cuerpo que parecía una segunda piel, en verdad no se podía negar parecía una actriz de Hollywood, hermosa, sensual, elegante, y distinguida, mientras ocupaba su asiento tanto Williams padre como Albert hijo, se habían quedado contemplándola cuando se acercaba, debió reconocer que sabía cómo hacer una entrada a un lugar para que todas las miradas masculinas estuvieran centrada en ella pensó Candy con ironía.
-Un brindis – anunció Williams Andrew- Por Albert y Candy. La boda se llevará a cabo el sábado.
Al escuchar esas palabras se puso pálida y nerviosa. Enseguida miro a Albert en busca de respuesta, leyó en la mirada de Albert, una señal de advertencia para que no dijera nada y para que no hiciera nada. Eliza suspiro y apoyo una mano sobre su marido.
-Creo que has sorprendido a tu hijo, Williams. ¿No crees que debería ser él quien tome esa decisión? Espero que no te importe que yo…
-Sal de aquí mujer, desde cuando pido yo tu opinión para algo.
-Te lo agradezco padre, pero Candy y yo no tenemos intenciones de casarnos hasta el año que viene.
-¿El año que viene?.. Acaso, vas a negarla a tu padre los pocos días que le quede de vida la satisfacción de ver a mi único hijo varón casado y con hijos.
Albert se puso de mal humor y tenso, empezó a hablar en francés con su padre, pero este con el carácter que tenía le hizo seña con las manos y lo hizo callar.
-¡Ya basta! No se diga más, las invitaciones ya están hechas, Vaya familia que tengo…
Candy bajo la mirada avergonzada por toda esta situación ni ella ni Albert se imaginaba que las cosas iban a terminar así, su padre se estaba muriendo era lógico que quería ver a su hijo casado y adelantar la boda, pero ella no iba a entrar en esa farsa no sabía que tenía que hacer Albert pero solo tenía tres días antes del sábado para deshacer todo este enredo.
-Oh Candy tendremos que volar a la ciudad para comprarte un vestido de novia- dijo Rosemary emocionada.
-Nada de viajes, Contrata a una modista hija, pero que el venga aquí lo más pronto posible.
-Querido no creo que nadie pueda organizar una boda con tan poco tiempo de anticipación – dijo Eliza con frialdad.
-Cállate Eliza, nadie te pidió tu opinión, tú no tienes nada que ver en esto- Mi hija Rosemary se encargara de todo.
Esa fue la comida más tensa y horrible donde Candy hubiera asistido, nadie hablaba y cuando el padre de Albert se retiró de la mesa, ella también se levantó y camino rápidamente hacia su cuarto.
Escucho que Albert gritaba su nombre.
-Candy se dio la vuelta y en lo alto de la escalera estaba Eliza furiosa mirando a ambos.
-¿Cómo piensas salir de este lio de la boda Albert? Dirigiendo su mirada furiosa a Albert.
-No pienso hacerlo –
Candy se quedó fría y nerviosa no podía creer lo que escuchaba.
-La única forma de evitar la boda, sería diciéndole la verdad a mi padre… Y eso es imposible.
-Podrías decirle a tus padres que no estás seguro de tus sentimientos hacia mí- le dio una idea Candy.
-Esa sería la última excusa podría decirle en la vida.
-¿Pero porque Albert?
-Candy mi padre se ha casado más de cuatro veces, crees que todas han sido por amor, no va a comprender eso.
Albert salió de la casa y se dirigió hacia el lago ella pensó que lo que el menos quería era seguir con aquella conversación, pero acelero el paso y lo fue siguiendo llego junto a él casi sin aliento.
-¡Albert!… jadeaba mientras intentaba mantener su paso.
-Mira nos casamos y luego nos divorciamos dijo Albert impaciente. Tampoco es para tanto
-Qué estás loco. Claro que lo es.
Albert por fin se detuvo y la miro de frente
-¿De verdad querida? Te casaste con Michael con sin amor… Porque no puedes casarte conmigo.
Candy se puso pálida…
-Eso no es cierto.
-Si lo hubieras querido de verdad, nunca hubieras permitido que te ponga una mano encima.
-Estas tratando de cambiar de tema.
-No necesito hacerlo. Hicimos un trato. Tres meses de tu libertad o ya lo olvidaste, después de haber visto a mi padre, dudo que sobreviva mucho tiempo.
Ella pudo sentir el dolor en las palabras de Albert, de verdad apreciaba a su padre, ahora se podía dar cuenta darse cuenta que lo amaba en verdad, había sensibilizado sus sentimientos hacia él y ahora también le dolía su sufrimiento. Era posible que hubiera aceptado interpretar toda esta farsa por amor a su padre.
-Lo siento- Supongo que desearías haber venido a verlo hace tiempo atrás.
-No, nuestra relación solo está funcionando en estas circunstancias, mi padre y yo nunca nos hemos llevado bien, supongo que es cosa de genes entre padre e hijos. Solo la falta de tiempo debido a su salud hizo que volviéramos a unirnos, me hace a mi más tolerante y a él más generoso.
A Candy le dieron ganas de abrazarlo.
-Supongo que habías analizado la posibilidad de que te exigiera que te casaras.
Albert se encogió de hombros.
-Sí me había imaginado, pero es una insignificancia si eso es lo que lo satisface.
-Pero para mí no es algo sin importancia Albert, estamos hablando de matrimonio- dijo ella mientras se acercaban a un pequeño yate. Él no tenía derecho a pedirle eso, sobre todo después de admitir que ya había visto la posibilidad de que tendrían que casarse y no le había dicho nada a ella.
-Te prometo que después de su muerte, no te retendré ni un día más…
Aquellas palabras fueron como un cuchillo atravesando su corazón amaba a Albert, a pesar de todo lo amaba, sin esperanzas de ser correspondida, pero porque él, le pedía aquello era como sacrificarse y salir lastimada después, cuando todo terminaría tendría otra vez un anillo lleno de amargura como lo fue su matrimonio con Michael.
¿Pero sentía que le debía algo por la forma tan maravillosa con que había tratado a su padre? Estaba en la obligación de cumplir ella había hecho un trato, ¡Oh Dios mío! Un trato anoche entregue mi cuerpo por un simple trato. Mientras estaba envuelta en sus pensamientos Albert la tomo por la cintura y la subió al yate, un hombre perteneciente a la tripulación le hizo señas y se fue a conversar con él, después de varios minutos volvió, la tomo por la cintura y la estrecho contra su musculoso cuerpo.
-¿Te gusta navegar? Preguntó. Tengo tiempo que no lo hago dijo con una enorme sonrisa.
Ella se puso rígida no quería que Albert y sus intentos de seducción hicieran que se olvidara de los planes absurdo de boda.
-No cambies de tema por favor Albert.
-No hay más que decir, además en esta situación haría lo que fuera por aplacar el temor de mi padre.
-¿Temor? Porque iba a tener temor tu padre.
-Temor de que nunca me case.
-¿Pero que le hace creer eso?
Ella sabía que había un secreto detrás de todo eso Rosemary se lo iba a contar, y deseaba que Albert confiara en ella y le contara la verdad.
-Bueno mi padre se casó muy joven, y no logra asimilar que yo todavía siga soltero.
No pudo dejar de sentirse decepcionada, Albert no confiaba en ella, le mentía o tal vez le ocultaba algo, después de todo lo que habían pasado, a pesar de la intimidad que compartieron, seguía manteniéndola alejada.
-Pero tu padre no parece actualmente feliz en su matrimonio.
-Eliza tiene cuarenta años menos que él, ¿Esperabas que fueran la pareja ideal? Mi padre está bastante satisfecho. Nunca ha buscado más que dos cosas del sexo femenino, habilidad para decorar el dormitorio, y capacidad para reproducirse.
Candy se quedó helada probablemente Eliza se había casado por dinero, pero no había duda de que pagaba por ello. Se preguntó si Albert buscaría en las mujeres lo mismo que su padre. De momento a ella solo la estaba utilizando esa era la realidad, y aún ni sabia las verdaderas razones por la que la trajo aquí, y se preguntó si todo eso se trataba solo de dinero, ya que Eliza por todos los medios intento interrumpir la boda, tal vez los dos estaban peleando por la herencia.
Su cabeza estaba hecha un lio con tantas preguntas y Albert no quería ser sincero con ella, tal vez sus miedos e inseguridades habían nacido después de haber hecho el amor con él, podía soportar la idea de casarse con él si era para hacer feliz a un hombre moribundo, pero no quería ni pensar si los verdaderos motivos fueran la codicia y el dinero.
-¿Estás muy silenciosa? Dijo Albert mientras sin previo aviso deslizo una mano sobre su seno haciéndola estremecer.
-No, dijo con toda su fuerza de voluntad lo amaba y no quería las cosas así sin saber lo que esas caricias significaban para él.
-Quiero olvidarme de mi padre, de la boda, de todos en mi familia- dijo acariciando su mejilla- Cuando te hago el amor, todo lo demás desaparece de mi cabeza, es el olvido más dulce que conozco.
Candy sintió su corazón acelerado, miro hacia el ocupante que se alejaba en una embarcación más pequeña.
-¿Por qué se ha ido?
-Para que podamos estar solos contesto Albert con una sonrisa seductora mientras deslizaba su mirada por los senos, y mucho más abajo.
La acompaño a la cabina del yate y le mostro unos bañadores que había comprado para ella. Y por supuesto ella escogió el menos atrevido cuando salió a la cubierta Albert se quitó la camisa, y la tiro a un lado sin mirar a donde caía, era un adonis en realidad, un cuerpo increíble, Candy se mojó los labios con la punta de la lengua al ver que se quitaba los vaqueros pensando que se iba a quedar en bañador, pero solo apareció una piel blanca con reflejos dorados por el sol.
-Nunca me pongo nada cuando nado.
-Ya veo susurro hipnotizada por tremenda visión. Lo observo como una chiquilla mientras él se lanzaba al agua y empezaba a nadar.
Ella bajo por las escaleras pero ni rastro de Albert, nado un rato y se puso a flotar boca arriba, de pronto apareció a su lado.
-No te veo muy activa rió mientras colocaba sus manos por debajo de su cuerpo que estaba flotando.
-No se te ocurra hundirme le amenazo.
Albert la beso y ella olvido por un momento mover las manos, pero él la sujeto antes de que se hundiera.
-Flota sugirió con suavidad divertido.
Después de varios minutos estaban en una tumbona con un daiquirí en la mano, y se sentía tan relajada pero de pronto el sol disminuyo debido a que Albert estaba colocando una sombrilla.
-Aguafiestas murmuro.
-Te vas a quemar, y si te quemas no podré tocarte.
-Preferiría quemarme.
-Mentirosa dijo mientras dejaba caer la toalla que tenía amarrada a su cintura y se colocaba encima de ella tembló cuando sus cuerpos acalorados se tocaron.
-¿No crees que deberías ponerte algo de ropa?
-No, creo que necesitas unas clases de Anatomía dijo Albert riendo. Mientras observaba como ella se ruborizaba.
Candy se enfureció por la forma tan descarada que Albert estaba utilizando para seducirla. Acaso pensaba que ella era alguna especie de esclava sexual.
-Volvamos al tema que no dejas de evitar, quiero que tengas muy claro que no estoy dispuesta a incluir una boda autentica en esta farsa.
Él se acercó más a ella lenta y eróticamente mientras la tocaba con su erección.
-Todos tenemos que hacer a veces cosas que no queremos.
-¿Significa eso que tú tampoco quieres?
-Después de todo lo que me has hecho la última recompensa que quisiera darte sería un anillo de bodas.
Sus ojos verdes destellaron de furia.
-¿Recompensa? Consideras una recompensa pasar por una repugnante boda.
Albert sonrió con ironía.
-Parodia o no, será un verdadero matrimonio y tú serás mi esposa… al menos por una temporada.
-Estúpido engreído ¿En verdad crees que sería una recompensa estar casada contigo? Sería un castigo, a diferencia de ti aun siento respeto por el matrimonio. Para mí no es solo algo que pueda utilizar. Tú serías capaz de cualquier cosa y a cualquiera para obtener lo que quieras.
Albert se apartó bruscamente de ella, mirándola con desprecio.
-¿Eso crees? Hace cuatro años que yo pude contarle a tu padre, la intimidad que había entre tú y yo, y conociéndolo estoy seguro de que el habría hecho cualquier cosa para evitar que te casaras con Michael.
Ella aparto la mirada furiosa nunca había pensado en aquella posibilidad.
-Yo mismo habría podido convencerlo de que no se casara contigo haciéndole ver la humillación que habría supuesto para él, que se supiera lo sucedido. Pero no lo hice, me mantuve en silencio, me retiré… deje que tomaras tú la decisión.
-Maldito seas. No me dejaste tomar ninguna decisión. Me trataste como a una prostituta.
-Eso no es cierto.
-Sí lo es, y no te atrevas a olvidar la presión y el chantaje a que me sometiste previamente. Yo nunca lo he olvidado, no hiciste el más mínimo esfuerzo por comprender como me sentía, había traicionado a Michael, le había hecho algo imperdonable al hombre que creía amar. Pero a ti no te importo nada como pudiera sentirme.
-¿Has dicho el hombre a quien creías amar? De manera que finalmente lo admites, admites finalmente que no lo amabas.
Candy se apartó de él dirigiéndose a la barandilla del yate. Yo y mi bocota pensaba.
-Creía que lo amaba, después comprendí que no era así… al menos, no como debería amarlo.
-Después repitió Albert molesto maldiciendo para sí.
-Yo no te trate como a una prostituta.
-Hace diez días me llamaste precisamente eso por lo que hice aquel día. Y así fue como me trataste. Yo solo tenía 20 años y ninguna experiencia con un hombre como tú. Fuiste tú el que se aprovechó Albert.
-Ya te lo he dicho, te deseaba.
-Y eso justifica todo, a pesar del precio que tuve que pagar, la lealtad es algo muy importante para mí y apenas me pude ver al espejo después de eso… y todo por lo que para ti fue una simple diversión. Valió la pena.
-No, murmuro él mirando hacia atrás no valió la pena.
Cuando escucho esas palabras no le quería dar la razón porque ella también tuvo la culpa ella se dejó llevar por la pasión igual que él. Después de eso el condujo el yate en silencio de vuelta a la mansión. No podía esperar a bajar como habían terminado las cosas, le resultaba insoportable.
Paso mucho tiempo preparándose para lacena, y tomando un baño de una hora dedicándole mucho tiempo a su cabello que caía en rizos dorados, se puso un vestido negro y salió para la cena.
El padre de Albert no estuvo en la cena, se sentía cansado dijo Rosemary.
-¿Cansado en este lugar olvidado donde no pasa nada? Dijo Eliza molesta.
-Es un momento difícil para todos nosotros dijo Rosemary.
-Williams se está muriendo pero yo también podría estar muerta, odio este lugar.
-Nadie te obliga a quedarte grito Rosemary enojada.
-Muchas gracias por el comentario y se levantó del comedor y salió de la mesa.
-No debí haber dicho eso dijo afligida y Albert coloco su mano sobre la de su hermana consolándola.
Albert se levantó antes del postre diciendo que iría a ver a su padre y miro a Candy por encima del hombro.
Ella salió tiempo después a caminar por allí y se metió en la biblioteca le encantaba leer. Las novelas románticas siempre la ayudaban pero en esta ocasión no pudo concentrarse.
Dejo la novela a un lado y salió a pasear por la terraza. Cuando al pasar junto a una de las numerosas habitaciones que daban a la terraza oyó la voz de Eliza con total claridad.
-No puedes amarla Albert… No puedes amarla…. Decía en tono histérico… él no puede obligarte a casarte con ella.
-Contrólate ordeno Albert.
-¿Tienes idea de lo que te haría si supieras que estas aquí conmigo? Me deseas a mí, no a ella… Te quiero te quiero sabes que te quiero gritaba Eliza.
Candy se había quedado paralizada apenas podía respirar las cortinas se apartaron y pudo ver a Albert, de espaldas a ella, Eliza arrojada en una silla llorando histéricamente.
-Tú eres el único de nosotros capaz de enfrentarse a él. Te concederá lo que quieras.
-Dudo mucho que eso incluya a su esposa, repudiada o no dijo Albert.
-No puedo esperar a que se muera entiéndelo Albert gimió que Dios me perdone.
Ella dejo escapar un gemido y Albert se volteó, pero antes de que pudiera reaccionar corrió con todas sus fuerzas con la única idea de escapar de aquella casa.
CONTINUARÁ….
Hola chicas otro capítulo para mi linda Mayra gracias por sus comentarios debido al tiempo no les puedo dejar saludos pero las llevo en mi corazón prometo que para la próxima les daré personales que pasen un lindo fin de semanas.
