¡Hello everybody! Jajajaja, hoy estoy hipermegafeliz. ¿Que por qué? ¡Pues porque he actualizado en el plazo que dije! Seguro que más de una pensaba que me iba a olvidar hasta dentro de varios meses. Pero, si soy sincera, yo mismo me he asombrado de tenerlo listo una semana después de subir el capítulo 6 :P Pero conste que cuando me pongo seria con algo, lo cumplo. Y esta vez quería hacer las cosas bien para agradecer vuestro seguimiento de "El Precio de tu Cuerpo". Pues nada, nada. Ya os dejo con el capítulo 7 de esta historia. ¡Espero que os guste!
Capítulo 7: Por Ti
- Vaya, es realmente asombroso – reconoció Sasuke con admiración malamente disimulada- Itachi no exageraba cuando hablaba de tu arte.
Deidara miró abiertamente a Itachi, pero este se mostraba atento a los diseños que el rubio había hecho en los últimos tiempos y que su hermano sostenía sobre sus piernas. Hacía mucho tiempo que el Namikaze se había acostumbrado a llevar con él un cuaderno de dibujo en el que esbozaba bocetos y trazos más elaborados siempre que tenía un rato libre o veía algo que llamaba su atención. Así pues, esa noche había acudido con su particular lienzo al edificio y, cuando después de cenar surgió el tema de su afición, no dudó en mostrar sus obras.
El rubio disfrutó al notar el parecido que existía entre los dos hermanos. No se trataba simplemente del físico –una cuestión más que notable cuando estaban juntos- ni de su forma de ser. También era algo que se podía percibir en su manera de apreciar todo cuanto les rodeaba. Ya lo había visto con Itachi, pero aún así le sorprendió darse cuenta de la actitud de Sasuke, sorprendida y admirada, al recorrer con la mirada y los dedos cada una de sus pinturas. Era como si hiciese mucho tiempo que no veían algo semejante. Y Deidara se sentía tremendamente feliz de ser el primero en darles ese gusto personal.
Distraído, el muchacho fijó su azulina mirada en el mayor de los dos Uchiha. Esa noche había mantenido una actitud bastante callada, hablando casi exclusivamente cuando se le hacía una pregunta directa o cuando quería hacerle algún comentario a su hermano. Comentario que, normalmente, iba acompañado de una sonrisa y una voz suave. Como en ese preciso instante en que ambos hermanos comentaban la naturalidad de los colores y trazos de uno de los diseños del joven. Se le notaba realmente distendido en esos momentos. Deidara habría deseado ser él a quien le dirigiese palabras aterciopeladas y sonrisas que quitaban el aliento. Sin embargo, se conformó con ser un mero espectador. Itachi estaba feliz y relajado, y eso era cuanto necesitaba para sentirse satisfecho. Estaba sumido en sus pensamientos cuando, de pronto, notó la oscura mirada del mayor clavada en él. Tardó unos segundos en reaccionar, sintiendo al instante que su cuerpo aumentaba de temperatura. Esa mirada tan profunda, tan enigmática, era tremendamente varonil. Y resultaba tan fácil dejarse perder en ella que le asustó darse cuenta de lo mucho que le costaba mantener la coherencia en sus pensamientos. Itachi debió notar que su actitud estaba causando problemas en el cerebro de Deidara porque no tardó en bajar la mirada, devolviéndola al cuaderno de dibujo que ojeaba su hermano.
- ¿Y en qué te inspiras para crear todo esto? –preguntó Sasuke con curiosidad- ¿Lo meditas antes o simplemente te dejas llevar por tus gustos?
- Me dejo llevar por mis gustos –indicó Deidara al tiempo que procuraba recomponerse.
- Ya decía yo… Los diseños son muy variados en cuanto a temas y diseños. Pero todos tienen algo en común.
- Sí, que los he hecho yo –dijo Deidara de manera elocuente.
- No –contradijo el moreno- Es otra cosa –siguió con sus dedos las líneas de las alas de un ave que se erguía orgulloso en mitad de la hoja, enorme, con sus amplias alas de fuego extendidas, desafiante- No sé explicarlo con palabras, pero es algo que se percibe a simple vista. –Alzó la mirada hacia su hermano- ¿Tú entiendes a lo que me refiero?
Itachi negó con la cabeza.
- No. Yo sólo veo dibujos y colores. Me temo que en lo referente al arte soy un negado –sonrió con dulzura- En eso sabes tú más que yo. Bueno –añadió, mirando directamente al rubio- y Deidara, por supuesto.
Un intenso cosquilleo recorrió al muchacho a la altura del estómago. ¿Eso había sido un piropo? Disimulado, por supuesto, pero alabanza al fin y al cabo hacia su persona y sus cualidades artísticas. Le había gustado.
- Puede ser –comentó Sasuke, ajeno al cruce de miradas entre los otros dos-. En cualquier caso, son dibujos increíbles.
- ¿De verdad que te gustan? –preguntó el rubio a Sasuke.
- Claro. ¿Por qué iba a mentir?
- En ese caso, quédate el cuaderno.
Los dos morenos le miraron, sorprendidos. Deidara se encogió de hombros.
- Yo puedo comprar otro cuaderno de dibujo en cualquier momento. Así que, si tanto te gusta, puedes quedarte ese –sonrió.
- No puede –indicó Itachi-. No se nos permite tener ningún tipo de efecto personal, a excepción de la ropa.
- ¿Nada de nada? –Deidara estaba sorprendido.
- No.
El Namikaze se quedó callado, meditando. El control al que sometían a esos dos chicos –y a todos los hombres que estaban atados a ese lugar, pensó- era excesivo. Por poco que fuese, cualquiera debería tener derecho a poder contar con algo de su propiedad, ya fuese un colgante, una figura o una simple colonia. Tamborileó con los dedos sobre sus labios cerrados.
- ¿Y si se trata de un solo dibujo? –preguntó al fin- Es decir, puedes arrancar una de las hojas, la que más te guste, doblarla y guardártela –añadió al ver el desconcierto de los dos chicos- Mientras no te lo descubran no habrá problemas, ¿no?
- No, pero… -empezó Itachi.
- ¿Puedo? –le cortó Sasuke.
Los dos morenos se miraron. El mayor fue repentinamente consciente de que hacía demasiado que su hermano no tenía nada que pudiese denominar suyo. Cuando les habían llevado a ese lugar les habían privado de todo tipo de lujos, incluyendo su libertad. Desvió su mirada al cuaderno de dibujo. Pensándolo fríamente no era gran cosa, pero para Sasuke significaba mucho. El primer regalo que alguien le hacía en años, además de su única posesión. Levantó la cabeza.
- ¿No te importa? –preguntó directamente a Deidara.
El chico negó con la cabeza.
- En absoluto. Que elija el que más le guste y se lo quede.
Sasuke abrió el cuaderno desde el principio y revisó todos los dibujos. Deseaba quedarse con algún diseño lleno de fuerza, de vida, de color. El problema era que casi todos los bocetos le trasmitían esas sensaciones, por lo que su elección resultaba compleja. Tras unos minutos pasando hojas ante el silencio de los mayores, el chico se detuvo en una de las láminas. Ojeó con minuciosidad el diseño hasta que, finalmente, agarró la hoja por uno de sus extremos y tiró de ella, separándola del cuaderno.
- ¿Cuál has elegido? –preguntó Deidara, curioso.
Por toda respuesta Sasuke giró la hoja, mostrando el dibujo de un enorme águila que volaba batiendo las alas mientras en sus garras llevaba una gigantesca y larga serpiente. El ave se mostraba dominante, con una mirada decidida que se apoyaba en la fuerza que transmitían sus alas extendidas. Por el contrario, el reptil se debatía entre sus garras, moribunda, pero sin rendirse a su inevitable destino.
El rubio lo observó con detenimiento. Resultaba muy apropiado que se hubiese decantado por esa pintura. Cuando él mismo la había visto en un documental de naturaleza animal había sentido la necesidad de plasmar la escena con sus manos. Lo había interpretado como la vida misma, la necesidad del propio ser humano, el cual se autoimponía la innecesaria necesidad de subyugar a unos con tal de que otros siguiesen en la cúspide del poder. Con la única salvedad de que para el águila ese simple gesto significaba su supervivencia hasta el día siguiente, pues necesitaba alimentarse. Un poder oculto e increíble del que se valía para salir adelante. Así lo había interpretado el chico. Y, al parecer, también Sasuke.
- Me parece perfecto –indicó con un asentimiento de cabeza.
- Lo sé –coincidió el menor. Un pensamiento cruzó por su cabeza. Le miró con suspicacia- Pero no me regalarás esto a modo de disculpa por haberme tocado el trasero delante de Kabuto, ¿verdad?
Deidara abrió los ojos al máximo. Con todo lo ocurrido en esa noche se le había olvidado ese pequeño detalle. Automáticamente alzó la cabeza para mirar a Itachi. Este le observaba con una ceja enarcada, en silencio, esperando una explicación a esa escena que él no había presenciado y de la que había acabado enterándose.
- Espera, no es lo que piensas –se apresuró a decir mientras gesticulaba con las manos- Me dijiste que mi actuación tenía que ser creíble para que no nos descubriese, así que…
- ¿Por eso me tocaste el culo? –continuó Sasuke, cortándole con satisfacción. No sabía por qué pero le gustaba fastidiarle un poco. Ese chico era muy gracioso cuando se ponía nervioso.
- Deja de repetir que te toqué el culo, ¿quieres? –indicó con fastidio- Dicho así suena muy mal. En serio, Itachi, no lo hice a posta –aseguró dirigiéndose directamente al hermano mayor- No sabía qué hacer y me pareció una buena idea, eso es todo. Pero no pretendía nada más, te lo aseguro.
- Pues me apretaste el carrillo con ganas, no puedes negarlo –dijo el chico.
Deidara le miró con incredulidad. ¿Es que ese niño pretendía arruinar su escasa relación con Itachi? Lo estaba haciendo a posta, eso seguro. Notaba la oscura satisfacción que sentía con cada comentario que realizaba. Estaba a punto de contestarle cuando escuchó una suave risa. Miró a Itachi, quien se tapaba la boca con una mano mientras su cuerpo vibraba a causa de la risa.
- Tranquilo, Deidara –dijo al fin con una sonrisa en los labios- A pesar de ese percance, lo hiciste muy bien –se giró para observar a su hermano- Y tú –dijo pinchándole cariñosamente la frente con dos dedos- Deja de molestarle.
- Está bien –concedió el chico a regañadientes.
- De todas formas –comenzó el rubio- ese hombre, Kabuto… No me gusta un pelo. Su sola presencia es escalofriante –recordó su viperina mirada.
- ¿Qué esperabas? –inquirió el pequeño de los tres- Es la mano derecha de Orochimaru. ¿No le habías avisado de eso, Itachi?
- Sí. Pero por muchas explicaciones y descripciones que se den, es imposible hacerse una idea de cómo es en realidad ese chico –dijo, encogiéndose de hombros.
- Es repulsivo –añadió Deidara, aún recordándole- Desprende maldad y astucia a partes iguales. No me gustaría encontrármelo en la calle –aseguró.
- Pues imagínate aguantarle todos los días aquí –comentó Sasuke con voz apagada.
El ojiazul no pudo evitar fijar su cristalina mirada en el pequeño. Era incapaz de concebir que algún ser humano pudiese hacer daño a los más débiles e indefensos. Y, sin embargo, sabía de buena tinta que eso ocurría día a día en todo el mundo. No había más que ver las noticias para darse cuenta de que el mundo estaba realmente mal y que, lamentablemente, a nadie le interesaba hacer que esa situación cambiase. Pero descubrir que esos maltratos, esos abusos y esa indiferencia se daba en su propia ciudad, tan cerca de él… Chasqueó la lengua con fastidio.
- Tiene que haber algo –murmuró.
Los hermanos le miraron. Aguardaron unos segundos en los que no obtuvieron respuesta. Deidara parecía estar muy lejos de ellos, sumido repentinamente en sus propios pensamientos.
- Deidara –llamó Itachi- ¿de qué hablas?
El chico le miró sobresaltado por su voz. Negó con la cabeza y sonrió.
- No es nada –dijo.
Ya tendría tiempo de pensar en ello más tarde.
Los chicos cambiaron de tema. Hablar de cosas vacuas era más entretenido que mantener conversaciones serias sobre asuntos que escapaban a su control. Pasadas unas horas, los tres charlaban animadamente y reían, habiendo perdido completamente la noción del tiempo. Era extraño, pero los dos Uchiha se sentían relajados y a gusto, como si estuviesen en familia, aunque jamás lo confesarían en voz alta. La primera norma que les habían enseñado al entrara ahí, aparte de complacer a los clientes y hacer cuanto les pidiesen, era a mantener la compostura y fingir. Y en ese área eran realmente buenos.
Por su parte, Deidara estaba disfrutando cada una de las historias que le contaban. Porque, a pesar de no conocer la mayoría de los lugares que mencionaban ni a las personas que habían formado parte de su pasado, sentía que conocer cada uno de esos detalles le acercaba un poco más a Itachi. Intentaba imaginar cada una de las escenas que habían vivido en su infancia. Tras meditarlo en silencio mientras les escuchaba, concluyó que ambos habían sido niños normales y corrientes con ilusiones y perspectivas de futuro que se vieron repentinamente truncadas. Aún así, existía algo que conectaba el pasado y el presente de los Uchiha. Itachi, formal y primogénito, siempre se había preocupado de cuidar y proteger a su querido hermano pequeño. Y, a pesar de las dificultades actuales, seguía esforzándose por cumplir ese cometido. "Eres demasiado leal" pensó el rubio con una sonrisa, "demasiado sensible, Itachi. Aunque te empeñes en ocultarlo". De forma distraída observó cómo Sasuke se estiraba con signos visibles de fatiga.
- Vamos, Sasuke, ya es hora de que te vayas a la cama- dijo Itachi al verle bostezar por cuarta vez seguida.
El menor hizo un puchero en señal de molestia porque su querido hermano le tratase como a un niño pequeño. Sin embargo, era tontería negar que estaba rendido. El cansancio de toda la semana se había acumulado en su cuerpo. Si a eso le sumaba la tensión vivida en las últimas horas, el resultado era el actual.
- Pero…
- Puedes acostarte en la cama de la habitación –dijo Deidara.
- ¿Y dónde dormirás tú?
- Tranquilo, no tengo sueño. Además, puedo dar una cabezada en este sillón. Aunque no lo parezca es bastante cómodo –golpeó con una mano el apoyabrazos para reafirmar sus palabras.
- Está bien.
El menor de los morenos dio un suave beso a Itachi en la mejilla y se dirigió a la habitación.
- Deidara –dijo desde el marco de la puerta de la sala. El rubio se giró hacia él- Gracias por lo de esta noche.
- No hay de qué –sonrió.
Volvió a acomodarse mientras escuchaba la puerta cerrarse. Al alzar la cabeza se encontró con la oscura mirada de Itachi. Le observaba con un brillo peculiar en los orbes que no había visto antes. Ladeó la cabeza, curioso.
- ¿Ocurre algo?
- No.
- ¿Entonces?¿A qué viene esa mirada?
El chico guardó silencio unos segundos antes de contestar.
- Eres muy raro –afirmó-. Jamás había conocido a alguien como tú.
El rubio hizo una mueca divertida. No era la primera vez que le llamaban raro, aunque a él no le acababa de molestar. Él era como era y punto. Y a quien no le gustase, que mirase hacia otro lado. Aunque Itachi no tuviese la posibilidad de alejarse de él.
- ¿Y eso es malo? –intentó ocultar el tono preocupado ante su pensamiento. Quizás estuviese obligando al muchacho a soportarle en contra de sus propios deseos.
- Al contrario –aseguró el chico. Dibujó una suave sonrisa-. Me alegro de haberme podido cruzar con alguien como tú… dadas las circunstancias.
- ¿Lo dices por lo que he hecho esta noche?
- Sí.
Deidara sintió que un fuerte peso oprimía de pronto su pecho. No era por él, sino por lo que había hecho por su hermano. Eso era lo único que había conmovido a Itachi.
- No tiene mayor mérito –dijo con voz seria- Estabas preocupado por tu hermano. Y yo estaba preocupado por ti. Trayendo aquí a Sasuke ganábamos todos, ¿no?
- No lo hiciste por él –comprendió Itachi.
- Sí y no –contestó Deidara. Acariciaba la palma de su mano contra la tela del vaquero en un intento de secar el sudor que comenzaba a generar-. Sé que suena egoísta, pero lo he hecho principalmente por ti. Te quiero, Itachi –afirmó mirándole directamente a los ojos-. Ya te lo dije una vez y no me importa repetirlo hasta que me creas.
El moreno le sostuvo la mirada. Su expresión era indescifrable, pero Deidara tuvo la convicción de que, por primera vez, le estaba escuchando de verdad, prestándole toda su atención. Y no pensaba desaprovechar el momento.
- No me gusta verte preocupado, ni triste, ni afligido. Cuando esta noche te vi tan distante… -suspiró. Era mejor jugar todas sus cartas a tener que arrepentirse por quedarse a medias- Me dolió. Por eso intenté ayudarte de la manera que fuese –observó al moreno-. Sé que para ti significa algo distinto que para mí. Crees que tener dinero es la clave para ser alguien en este mundo. Y aborreces a los ricos por eso mismo, a mí incluido. Pero con lo que he hecho antes no pretendo comprar tu cariño ni que te sientas forzado a nada –dijo-. Lo he hecho simplemente por ti. Porque me importas.
Esperó alguna respuesta, mas esta no llegó. El Uchiha seguía en silencio, escrutándole con la mirada. Deidara le contempló esperanzado, pero el otro se limitó a bajar la cabeza en silencio. Al parecer, no tenía nada que contestarle salvo un incómodo silencio de indiferencia.
Frustrado, se levantó de su sitio con brusquedad y desapareció del salón. Se sentía completamente idiota. Creía que abriéndose al moreno le mostraría que no mentía. Pero lo único que había recibido a cambio era nada. Se golpeó mentalmente por su estupidez. ¿Es que acaso no aprendía? Estaba acostumbrado a sacrificarse por los demás, a hacer cosas por ellos. Y siempre recibía lo mismo a cambio de su ayuda. Nada.
"Esto es distinto" pensó mientras entraba en el baño. La lujosa sala estaba revestida por azulejos blancos con matices azulados. Una elegante ducha con hidromasaje se ubicaba en una de las esquinas de la habitación. Al otro extremo se encontraba el inodoro. Deidara anduvo de frente, directo al hermoso lavabo de mármol que se encontraba delante de la puerta, justo contra la pared opuesta. "Esta vez no es como las anteriores. Se trata de algo más importante. El amor no nace de un día para otro, Deidara". Frotó sus manos con el agua helada del grifo mientras hacía su discurso mental. "Sólo hay que darle tiempo. No puede agarrarse eternamente a su odio. Yo soy distinto. Antes o después tendrá que verlo". Se inclinó y refrescó su rostro. "Lo importante es no rendirse, Deidara. En toda tu vida has aprendido a no rendirte antes de tiempo, a no tirar la toalla". Agarró uno de los suaves paños que se apilaban perfectamente doblados al lado del lavabo y se secó la cara. Se irguió con los ojos tapados por la tela. Al bajarla, miró de frente al espejo, intentando decidir el aspecto que reflejaba. Sin embargo, antes de poder hacerlo se giró, sobresaltado.
- Itachi –dijo-. Me has asustado.
El muchacho se había quedado parado bajo el marco de la entrada. Cuando el rubio le miró, el Uchiha se metió en el baño. Cerró lentamente la puerta a sus espaldas, evitando emitir cualquier ruido que pudiese alertar a Sasuke.
- ¿Qué haces? –preguntó el rubio al ver cómo se acercaba hacia él con paso decidido.
Sin decir una palabra, Itachi se aproximó a él. Deidara retrocedió por instinto. Esquivó el largo mueble del lavabo sin entender por qué el moreno seguía aproximándose a él. Su espalda chocó contra la pared que quedaba entre la ducha y el mueble.
- Itachi, ¿qué estás haciendo? –preguntó con seriedad.
El Uchiha no contestó. Ante la afilada mirada azulada que le seguía con cuidado se situó delante del rubio, dejando sus cuerpos tan próximos que casi se tocaban. Con un fluido movimiento llevó su boca al hueco del cuello del muchacho y le besó.
El Namikaze se quedó de piedra. Notaba perfectamente los labios de Itachi acariciándole la sensible piel con suavidad, casi con ternura, pero no era capaz de reaccionar. Con cuidado, el mayor introdujo una pierna entre las extremidades inferiores del chico, obligándole a separarlas. Deidara expulsó todo el aire de sus pulmones de golpe en un intenso jadeo al sentir la cadera del moreno oprimiéndole sutilmente la entrepierna.
Itachi aprovechó la pasividad de su acompañante para actuar. Abrió los botones de su camisa al tiempo que seguía besándole el cuello. Cuando tuvo acceso directo a su pecho, lo acarició con las manos, deteniéndose unos minutos en sus duros pezones. A continuación, dejó que una de sus manos resbalase por su vientre hasta su entrepierna. No se extrañó al notar que el chico estaba reaccionando con mucha rapidez. Desabrochó el botón de su pantalón y bajó la cremallera. En pocos segundos, agarró el pene del rubio y lo sacó de su prisión de tela.
- Itachi, detente –susurró finalmente Deidara.
Con mucho esfuerzo había conseguido superar la impresión inicial. Y ahora que se esforzaba por pensar con algo de claridad podía entender las intenciones del moreno. Procuró separarle de él con sus manos. Sin embargo, sus intentos fueron en vano. Su cuerpo vibraba con cada roce, inundándole de una debilidad que atacaba cada parte de su cuerpo. Así, Itachi encontró fácil resistirse a su voluntad. Con una mano agarró las muñecas del rubio y las inmovilizó sobre sus cabezas, acorraladas contra la pared. Una vez separado de su cuerpo, Itachi se permitió el lujo de analizarle. Sus mejillas estaban coloradas y su respiración agitada hacía que su pecho subiese y bajase con una rápida cadencia. Seguramente se debía a que su otra mano no había dejado de acariciar su erección.
Deidara le miró, implorante. En ningún momento había buscado ese tipo de trato cuando le había traído a Sasuke a su lado. Su actitud no guardaba ninguna intención oculta, de la misma manera que no deseaba que Itachi actuase en contra de su propia voluntad. Por ello, lo único en lo que podía pensar era en separarse del moreno y acabar con la situación en la que se encontraban cuanto antes. Sin embargo, su cuerpo parecía oponerse a su mente. Un sonoro gemido escapó de sus labios. Y cuando Itachi volvió a su cuello sólo pudo alzar la cabeza para concederle más espacio mientras suspiraba suavemente de placer.
Con la erección perfectamente formada, el Uchiha acentuó su agarre y el movimiento sobre esta. Arriba, abajo, arriba, abajo. Resultaba increíble comprobar que un acto tan simple era capaz de provocar reacciones tan intensas en un cuerpo tan joven como el de Deidara. No sabía por qué, pero se sentía extrañamente fascinado por las leves vibraciones que recorrían el cuerpo del rubio mientras le masturbaba.
Sin poder contenerse por más tiempo, Deidara volvió a emitir otro ahogado gemido. La posición sumisa en la que se encontraba, sumado a la soltura con la que Itachi le tocaba, estaba causando estragos en su cerebro. A ese paso se correría en tiempo récord. Notaba los suaves dedos del moreno acariciar sus testículos justo antes de volver a agarrar con firmeza su tronco. Se movía arriba y abajo, repitiendo el gesto con una lenta cadencia.
Deidara sentía que iba a explotar. Su respiración se aceleraba con cada segundo que pasaba y notaba que toda la tensión se le agolpaba en la erección que tenía entre las piernas. "Mierda". No le gustaba estar a merced de nadie.
- Itachi –susurró en un murmullo.
Cerró los ojos, incapaz de detener el placer que estaba sintiendo. Ni siquiera fue consciente del momento en que el otro muchacho le soltó las muñecas para dedicarse a pellizcar sus pezones. Lo único en lo que podía concentrarse era en los suaves labios del moreno recorriendo su clavícula y en la mano que le apresaba, deslizándose arriba y abajo por su erecto pene.
El ojiazul dejó escurrir sus brazos por los azulejos, incapaz de mantenerlos en alto con sus propias fuerzas. Sintiéndose débil, apoyó las manos sobre el pecho de Itachi, notando en las yemas de los dedos los acelerados latidos de su corazón. ¿Acaso esa situación le había alterado? ¿Le ponía nervioso su cercanía? ¿O su estado se debía a otro motivo?
Movido por una corazonada el rubio dejó que su mano derecha descendiese muy lentamente por el pecho del mayor. Acarició sus costillas por encima de la camisa antes de dirigir los dedos a su vientre. Tragó saliva mientras seguía bajando hasta su pantalón. Sin embargo, Itachi le agarró por la muñeca con su mano libre antes de que llegase a su entrepierna.
- No voy a hacerte daño –dijo a duras penas con una voz que evidenciaba su estado de excitación. Su brillante mirada azulada se clavó en las pupilas negras del otro-. Sólo quería…
- Esto es sólo para ti –contestó Itachi en un murmullo.
Para reafirmar sus palabras acarició con la yema de su dedo gordo el glande del rubio, notándolo resbaladizo a causa del pre semen que estaba expulsando. Deidara gimió ante ese roce y rodeó con los brazos el cuello de Itachi, sabiendo que estaba cerca. Apenas unos cuantos frotes después, el rubio experimentó cómo su estómago se encogía al tiempo que una ardiente y brutal sensación se acumulaba en sus testículos. Inclinó la cabeza en el hombro de Itachi, quedando recostado sobre él. Cuando el orgasmo le golpeó, apretó el hombro del moreno fuertemente con los labios para mitigar el fuerte gemido que salió de su boca. A pesar de ello, el Uchiha siguió acariciando su duro miembro con fuerza, notando que aún no estaba del todo satisfecho, hasta que las piernas de Deidara fallaron. Sin querer, colgó todo su peso del cuello del moreno, quien estuvo cerca de perder el equilibrio y caer al suelo. Con algo de trabajo, apoyó una mano contra la pared mientras rodeaba la cintura de Deidara con el otro brazo y le ayudaba a llegar al suelo, donde le dejó sentado, recostado contra la pared.
Con la respiración muy agitada, el Namikaze intentó despejar el cansancio de su cuerpo. Miró a Itachi, quien se mantenía acuclillado enfrente de él. Su ropa mostraba espesas manchas blancas que se distribuían por toda su extensión, desde la parte superior hasta llegar a su pantalón. "Maldita sea" pensó. No había sido capaz de reprimir su deseo sexual y, para colmo, había manchado las prendas de vestir de Itachi con su semen. Le miró con la vista vidriosa.
- ¿Por qué? –preguntó con voz cansada y débil.
El Uchiha llevó sus manos al pecho del rubio. Con delicadeza fue abrochando uno a uno los botones de su camisa, cubriéndolo.
- No te he agradecido debidamente lo que has hecho esta noche por mí, Deidara.
Cuando estaba a punto de cerrar el último ojal de la camisa, el ojiazul le detuvo las manos con una de la suyas.
- Yo… no quería esto, Itachi –dijo con voz pastosa-. No buscaba que me tocases así –sentía su cabeza muy pesada. La apoyó contra la pared y cerró los ojos- No quería esto –susurró.
Itachi observó en silencio cómo el rubio había caído dormido. Llevó las manos a su rostro con gesto de cansancio. La obligación le había acostumbrado a no mostrar sus sentimientos ni sus emociones. Sin embargo, lo que Deidara había hecho por Sasuke le había conmovido de verdad, pero su incapacidad para expresarse se había puesto en su contra. "Esto es lo único que puedo hacer por ti, Deidara" pensó, afectado. "No puedo darte lo que me pides. No puedo ser lo que quieres". Con un tenue sollozo, el moreno notó un par de lágrimas indiscretas rodar por su rostro. Él no era bueno para alguien como el chico que se encontraba dormido delante de él. Su cuerpo y su alma habían sido corrompidos hasta extremos indecibles. No había nada puro o nuevo que pudiese ofrecerle a Deidara a cambio de su cariño, de la misma manera que se le negaba la opción de ofrecerle un futuro juntos. Y estaba convencido de que, en cuanto el Namikaze fuese consciente de ello, se alejaría definitivamente de él, dejándole solo en ese antro.
¿Qué tal? Madre mía, no recordaba lo difícil que es describir un lemon, ugh. Son tantas cosas las que imagino en mi cabeza en esos instantes que resulta tremendamente complicado hacer justicia a mi imaginación. Si narro los sentimientos de Itachi en ese momento no me da tiempo a contar que, mientras, Deidara no deja de removerse nervioso y completamente ido por el placer. En cualquier caso, el Uchiha comienza a desmoronarse y me da a mi que eso no le va a traer nada bueno :S
No sé si os habéis dado cuenta de las metáforas que intento meter en cada capítulo del fic. En este caso, le ha tocado el turno al águila y a la serpiente, dos símbolos reconocidos en Naruto como referentes de Sasuke. Por eso me ha parecido apropiado que el chico se mostrase atraído por ese dibujo (aunque puede que tanto tema de diseños, colores y demás haya sido algo aburrido :S Pero es que es treméndamente difícil escribir nueve folios de word en los que todo cuanto ocurre sea acción Sin embargo, no creía que el final de este capítulo me fuese a quedar tan dramático y sentimental. Estoy pensando que sería una buena escena para una telenovela... Madre mía, creo que empiezo a desvariar. Y si digo que la he escrito mientras escuchaba K-Pop... es completamente incongruente: escribir algo dramático con un "chunda-chunda" de fondo. Vaya tela.
Bueno, que me enrollo como las persianas. Espero que hayáis disfrutado de este capítulo n.n No voy a dar fecha para el siguiente capítulo porque no me atrevo :S Aunque os aseguro que la cosa va a cambiar un poquito para bien de Itachi y Deidara. Así que, espero poder volver a actualizar en el plazo de un mes (sé que es mucho tiempo, pero así no me pillo los dedos :P). Además, tengo que preparar otros fics e historias que tengo en la cabeza y que no me dejan dormir...
Por cierto, que me se olvidaba: muchas gracias por todos los rr que he recibido hasta el momento y, sobre todo, por los del capítulo 6. Me hace mucha ilusión leerlos y ver que escribo algo que gusta :P
¡Nos leemos!
