El resto del día pasa sin que hayan más accidentes. Peeta no se separa de mi lado en ningún momento y, a pesar de que dice que lo hace para que yo cuide de él, sé que, en realidad, solo piensa en protegerme si los Profesionales deciden volver a la carga. Afortunadamente eso no llega a pasar. Estoy segura que, cuando estemos en la arena, Peeta y yo seremos sus primeros objetivos pero, de momento, solo se han limitado a mirarnos con mala cara. Supongo que, en parte, es porque han visto que tanto Peeta como yo sabemos defendernos bien pero también creo que no deben querer arriesgarse a que Los Vigilantes les vean atacar a otro tributo durante el entrenamiento. En realidad, es muy extraño que nadie se diera cuenta la primera vez.

"Sí que lo vieron, simplemente prefirieron no hacer nada y observar, a ver que pasaba" Me explicó Peeta cuando nos sentamos juntos para comer en el descanso. El comedor era una sala enorme, casi tan grande como el centro de entrenamiento, con varias mesas llenas de comida para que cada tributo se sirviera lo que quisiera y mas mesas y sillas para sentarnos. La mayoría de los tributos comían solos, como ovejas perdidas, pero los Profesionales se sieron prisa en juntar varias mesas para comer todos juntos. No logro entender como esos chicos pueden estar tan tranquilos unos al lado de los otros sabiendo que, tarde o temprano, tendrán que empezar a matarse entre ellos.

"¿Qué quieres decir con que lo vieron?" Pregunto yo, obligándome a apartar la vista de la mesa de los Profesionales y centrarme en Peeta.

"Cuando le has puesto el cuchillo en el cuello a Cato tenía miedo de que las cosas se descontrolaran así que he girado la cabeza para ver si alguien se daba cuenta de lo que estaba pasando y he visto a cuatro o cinco Vigilantes observándolo todo con gran interés" Dijo Peeta mientras se untaba un trozo de pan con queso de cabra. Tenía una actitud muy tranquila, como si solo me estuviera dando el parte meteorológico y me di cuenta de que lo hacía a posta para no llamar la atención o que nadie supiera de qué estábamos hablando.

"¿Y por qué no han hecho nada? ¿No se supone que es su trabajo asegurarse de que los tributos cumplan las normas?" Intente sonar tan tranquila como Peeta pero no me salía ni la mitad de bien que a él.

Peeta me sonrió con picardía "No sé si te has dado cuenta, Katniss, pero, a la gente del Capitolio, les encanta saltarse las reglas del Capitolio"

"Si, supongo que tienes razón" Y, sin venir a cuento, me eche a reír. Pronto Peeta se me unió y todos los tributos, y también algunos Agentes de la Paz que vigilaban las puertas, se nos quedaron mirando como si hubiésemos perdido la cabeza. Igual sí que la he perdido, a fin de cuentas, me estoy enamorando de un chico al que apenas conozco y que, dentro de pocos días, podría estar muerto.

Después de comer volvemos a los entrenamientos. Peeta insiste en enseñarme técnicas de camuflaje, argumentando que podrían salvarme la vida si me están persiguiendo, y me quedo estupefacta cuando empieza a pintarme el brazo con distintos tonos para lograr que sea prácticamente invisible al ponerlo delante de un tronco. Si no fuese porque es un chico bastante humilde juraría que lo ha hecho simplemente para fardar. Cuando terminamos con el camuflaje volvemos a la seccio0n de las armas y practicamos un poco el tiro con lanza. A ninguno de los dos se nos da mal pero tampoco es que seamos unos prodigios. No puedo evitar lanzar alguna que otra mirada a los arcos que están apenas a unos metros de nosotros. Ojala pudiese cogerlos.

Seguimos entrenando durante tres o cuatro horas, combinando ejercicios de supervivencia con manejo de armas, hasta que nos dicen que podemos volver a nuestras plantas y descansar hasta mañana pero si alguno quiere entrenar durante la noche puede hacerlo hasta la una de la madrugada, entonces la sala de entrenamientos quedara cerrada hasta que vuelva a abrirse a las nueve del dia siguiente.

Peeta y yo compartimos ascensor con los tributos del Distrito 11. El chico parecía tener diecisiete o dieciocho años y era enorme, debía medir unos dos metros, a su lado incluso Peeta parecía pequeño, aunque no tanto como la chica que lo acompañaba, recuerdo que se llama Rue, fue una de las pocas caras que se me quedaron grabadas tras ver la repetición de la Cosecha en el tren ya que me recordaba a mi hermanita, aunque, aparte de la edad, no podrían ser más diferentes; Rue tiene la piel oscura y el pelo negro mientras que Prim tiene el pelo de un color rubio dorado pero supongo que las relaciono porque pienso que ella podría haber sido Prim si yo no llego a presentarme voluntaria.

Las puertas se abren en la planta 11 y Rue y su compañero salen del ascensor pero antes de que las puertas se cierren se da la vuelta, me sonríe, y me dice adiós con la mano. Me quedo un momento sorprendida pero logro devolverle el gesto antes de que las puertas se cierren.

"Nadie tan joven debería estar aquí" Me doy la vuelta para ver que Peeta se ha quedado mirando la puerta del ascensor con una expresión triste.

"Ninguno de nosotros deberíamos estar aquí" Me limito a responder.

Nos quedamos en silencio el resto del trayecto pero, afortunadamente, ya casi habíamos llegado.

Al abrirse las puertas lo primero que vemos es a Haymich. Y no parece estar nada contento.

"Me gustaría saber si me escucháis cuando hablo o simplemente pasáis de mi todo el rato" Nos grita, nada más salir del ascensor.

Peeta y yo nos miramos confundidos sin entender nada. Al ver nuestras caras Haymich suelta un bufido, nos agarra por el brazo y nos lleva al salón.

Intento zafarme de su agarre pero es sorprendentemente fuerte de modo que dejo de intentarlo. Al llegar al salón nos arroja sin ninguna clase de miramientos al sofá y enciende la tele. Estoy a punto de protestar y preguntarle a que venía todo esto pero, al ver la pantalla de la televisión, las palabras mueren en mis labios.

Lo primero que veo es a mi lanzando cuchillos, después aparecen los Profesionales y me rodean, inmediatamente aparece Peeta pero él también está en inferioridad de modo que agarro uno de los cuchillos y se lo pongo en el cuello a uno de los Profesionales pero sin llegar a contarle la piel.

Repiten el mismo video tres veces más pero desde distintos ángulos, varios locutores comentar la escena una y otra vez, señalando como Peeta viene inmediatamente a ayudarme al ver que estoy en problemas y como yo estoy dispuesta a romper la regla de no pelear con otro tributo antes de entrar en la arena para evitar que hagan daño a Peeta. Llega un momento en el que una mujer con el pelo amarillo limón empieza a llorar y dice que no es justo que nos haya tocado a nosotros participar en estos juegos. Sus compañeros intentan consolarla mientras otro hombre nos informa que el Presidente Snow en persona ha hablado con nosotros para decirnos que, teniendo en cuenta las circunstancias, no habrá consecuencias por la pequeña pela que hemos tenido durante el entrenamiento (la primera noticia que tengo de esto). En el momento en el que Peeta se acerca a mí para susurrarme palabras al oído, congelan la imagen y ponen unas letras gigantes encima de nuestras cabezas que dicen.

EL AMOR HA LLEGADO A LOS JUEGOS

Al ver eso le arrebató el mando a Haymich y apago el televisor de golpe.

"Llevan HORAS emitiéndolo" Nos informa Haymich "Básicamente han estado poniendo ese video todo el rato mientras chiflados charlatanes comentan la preciosa pareja que hacéis"

Estoy tan furiosa que ni siquiera me salen las palabras. No tienen derecho a hacer algo así, para empezar ni siquiera deberían tener esas imágenes, se supone que los entrenamientos no son televisados para mantener las habilidades de los tributos en secreto.

"Pensaba que no había cámaras en los entrenamientos" Parece que Peeta me ha leído el pensamiento. A diferencia de mí, él parece estar mucho más calmado y tranquilo pero puedo ver como aprieta los puños y como todo su cuerpo se tensa a medida que va hablando.

"Siempre hay cámaras chico pero solo las utilizan cuando pasa algo realmente interesante. La mayoría de años no pasa nada fuera de lo común pero de vez en cuando consiguen sacar algo jugoso, como, por ejemplo, el numerito que ambos habéis montado" Haymich nos mira a los dos de forma acusadora y yo no puedo evitar ponerme a la defensiva.

"¿Y que querías que hiciésemos? Tu nos dijiste que estuviéramos atentos por si los Profesionales intentaban hacer algo y eso es justamente lo que ha pasado"

Haymich bufa irritado "El problema, preciosa, es que, de la forma en que lo habéis manejado, ya no podemos vender la imagen de que estáis confundidos con vuestros sentimientos y no sabéis que hacer. Ahora no os queda más remedio que interpretar el papel de Trágicos Amantes y llevarlo hasta el límite"

No me gusta nada por donde va esto "¿Qué quieres decir?"

"Quiero decir que, a partir de ahora, se acabaron las miradas indiscretas y las sonrisas tontas. Si queremos que la gente se lo crea tenéis que pasar directamente a los abrazos y los besos. Tal vez si esto" Haymich señala el televisor apagado "hubiese pasado el ultimo día no sería necesario montar tanto espectáculo pero todavía quedan dos días de entrenamiento y las entrevistas de modo que necesitamos cambiar de estrategia"

Si antes estaba demasiado enfadada para hablar ahora estoy demasiado aturdida. Vamos a tener que fingir que somos una pareja perfectamente feliz que no les importa morir siempre y cuando estén juntos y para hacerlo tendremos que estar los próximos días prácticamente pegados el uno al otro. Y todo por ellos, por la gente del Capitolio, para que puedan tener un entretenimiento extra aparte de los que suelen tener Los Juegos por si solos. Eso me pone enferma.

Me levanto de golpe y salgo corriendo antes de que nadie pueda detenerme. Creo que Haymich me grita que vuelva pero no podría importarme menos. Subo las escaleras hasta llegar al tejado. No tengo muy buenos recuerdos de este sitio ya que cuando estuve aquí ayer fue para escuchar a Peeta decir que no quería saber nada más de mí pero está completamente desierto así que puedo intentar poner en orden mis pensamientos en paz.

Respira, por lo que más quieras respira Me digo a mi misma. Si no me calmo igual termino teniendo un ataque de histeria. Por lo menos esta vez no estoy llorando…

"Katniss. ¿Estás bien?" Me sobresalto al oír su voz pero, en realidad, debería haberme esperado que viniese.

"Si, lo siento por haberme ido así pero…" Ni siquiera sé cómo terminar la frase. ¿Qué podría decirle?

"Lo entiendo, a mí tampoco termina de convencerme todo esto"

"Es que me ponen furiosa, Peeta, ya nos estan arrebatando nuestro futuro y ahora nos obligan a vivir nuestro presente dela forma que a ellos mas les convenga. No es justo" Peeta se acerca a mí y me abraza.

"No, tienes razon, no lo és"

"Y lo peor es que todo es culpa mía. Si no le hubiese dicho a Haymich que te bese para obtener patrocinadores no se le habría ocurrido toda esta idea de los Trágicos Amantes" Me callo de golpe al darme cuenta de lo que acabo de decir pero ya es demasiado tarde, Peeta lo ha oído.

"¿Qué quieres decir? ¿Acaso no lo hiciste por eso?" Bajo la mirada porque no me siento capaz de mirar a Peeta a los ojos y también para intentar disimular el rubor que se está extendiendo por mis mejillas. ¿Por qué no puedo tener la boca cerrada un rato?

Al ver que no voy a responder Peeta me coge la barbilla y me obliga a mirarle a los ojos. No lo hace con dureza, sino con mucha dulzura, pero no me siento con fuerzas como para intentar impedírselo "¿Katniss?"

Le miro a los ojos. Supongo que, al menos, le debo la verdad "No, no lo hice por eso"

"¿Y por qué lo hiciste?" Puedo ver confusión en su mirada pero también algo más. Esperanza.

Trago saliva, obligándome a contener las lágrimas que están a punto de caer por mis ojos "Lo hice porque quería hacerlo"

Peeta se queda un momento en silencio, procesando lo que acaba de oír, y, después, se va acercando a mí lentamente.

En esta ocasión es él quien inicia el beso.