Disclaimer: los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Llévate la luna

Chapter 7

— Cariño, estás muy flaco —dijo una mujer de tez blanca y cabellos color caramelo, que no dejaba de escrutar el cuerpo del joven—. ¿Dónde está tu novia? Estoy ansiosa por conocerla.

— Mamá... —se quejó cuando su madre sujetó sus mejillas con mayor fuerza, dejando una marca roja en su piel—. Son las 6 de la mañana, ¿cómo crees que estaría aquí?

Esme achicó los ojos mirándole con precaución y él se ruborizó apartando su vista de ella.

Al menos llegaron hace un par de minutos, porque estaba convencido de haber llegado ayer por la noche muy bien que la hubiesen conocido, porque pasaron la mayor parte de la noche tumbados en la arena o mejor dicho: él tumbado sobre ella.

— ¡Dame un abrazo! —exigió un hombre alto, cabello rubio y tez sumamente blanca. Edward se echó a sus brazos visiblemente emocionado—. ¿Cómo estás, campeón?

— Papá… me has hecho falta. —hundió su cabeza en el cuello de su padre, escondiendo sus ojos vidriosos por las lagrimas contenidas— me alegro que estén aquí.

— Te extrañamos demasiado, hijo. Así que hemos decidido pasar un par de semanas junto a ti. —respondió Esme. Quitando al joven de los brazos de Carlisle para abrazarlo ella— Emmett nos dijo que la universidad absorbe mucho su tiempo y se preocupa por dejarte solo.

— ¿Emmett, dijo eso? —indago Edward, con una ceja arqueada. A lo que sus padres asintieron al mismo tiempo.

Ahora se le llama universidad a la rubia despampanante que tiene por novia.

— Eso no es verdad —añadió Edward—, mi primo no asiste en casa porque se fue a vivir con Rose. Esa es la única razón.

— ¿¡Te dejo solo!? —Esme llevó una mano a su pecho, preocupada.

— No soy un niño, estoy bien, viviendo solo. —el joven miró con interés sus pies descalzos, encogiendo sus hombros.

— Hablaré con Emmett. —intervino su padre— la condición de tu estadía en este lugar, siempre fue que él viviría contigo para cuidar de ti.

Edward rodó los ojos tras escuchar hablar a Carlisle.

— No es necesario, papá. Estoy muy bien, además Emmett tiene derecho a vivir con su novia.

— Estaré más tranquila si vive aquí, así que no insistas. —refuto Esme.

Edward llevó el equipaje a la única recámara que tenía de más poniendo las valijas en el suelo para regresar en busca de sus padres, bajó los escalones a brincos llegando hasta la cocina donde su madre rebuscaba en la nevera sin mucho éxito.

— Hijo, necesito ir al supermercado. Aquí no hay mucho —lo miró con el ceño fruncido—, ¿Te has alimentado solo de yogurt y granola?

— Casi siempre como en casa de Bella o en el restaurante de sus padres.

Carlisle y Esme intercambiaron miradas ante la respuesta del chico.

— Edward. —su padre lo llamó haciendo un carraspeo. Sentándose en una de las sillas del comedor—. Hijo, no deberías de involucrarte mucho con esa gente. Tú tienes metas por cumplir y si sigues estrechando lazos con esa niña no podrás realizarlos nunca. ¿lo recuerdas, cierto? Antes solo hablabas de fútbol, ahora solo nombras a Bella y su familia. Eso no es bueno, hijo.

El joven solo desvió la mirada del rostro de su padre para centrarse en algún punto de la pared. Era cierto, nunca se había puesto a pensar en eso pero sabía sin ahondar mucho el tema que su padre tenía razón. Bella se había vuelto lo más importante para él, tanto que el día que no estaba junto a ella simplemente una llamada no era suficiente. Era extraño porque ahora solo sentía ganas de mirarla sonreír o sonrojarse, también le gustaba sentir su tersa piel bajo su tacto. Sacudió su cabeza de un lado a otro intentando no pensar en la piel de su novia.

— Bella me gusta, papá, ¿Qué tiene eso de malo? —cuestionó el joven.

— Eres muy joven, necesitas aprovechar al máximo tu estadía, tienes sueños por cumplir, ¿lo recuerdas? No quiero verte enfrascado en una relación que te distraiga de lo que ha sido siempre tu pasión.

— No estoy diciendo que me casaré mañana, es solo un noviazgo, papá.

— Pero estas aquí solo, con tus hormonas a la orden del día. —Carlisle pellizco con desespero el puente de la nariz— ¿Qué pasa si llega un embarazo no deseado?

El cobrizo rodó los ojos.

— Eso acabaría con tu carrera, Edward. —continuó su padre— lo mejor será que tu madre se mude contigo. Necesitas límites y si sigues solo, corres el riesgo de echar a perder tu vida.

Esme solo se mantuvo de pie con la vista fija en su hijo e hizo un carraspeo antes de hablar.

— Carlisle, no seas tan duro con él. Es solo un enamoramiento adolescente, mi Edward es responsable, estoy segura sabrá llevar bien su situación sentimental y su carrera.

— No puedes estar hablando en serio, mujer —Carlisle farfulló— bien sabes todo lo difícil que ha sido conseguir el contrato con el mejor equipo a sus cortos 16 años, ¿Puedes entenderlo?

— ¡Claro que lo sé!, le has quitado tantas cosas por el maldito fútbol. Le quitaste su niñez, sus ganas de estudiar y todo eso fue gracias a ti —espetó con furia Esme, con su rostro crispado, manteniendo las manos sobre el respaldar de la silla, como si estuviera conteniendo su ira—. No dejaré que le quites su primer ilusión, no lo permitiré.

— No sabes nada, Edward tiene un prometedor futuro no dejaré que lo arruine con cursilerias ridículas. -Carlisle salió del pequeño espacio todavía farfullando palabras intangibles.

— Nunca los había visto discutir —el chico mantuvo la vista fija en el semblante entristecido de su madre, se aproximó a ella abrazándola—. No quiero que peleen por mi, puedes quedarte aquí conmigo, si eso hace sentir mejor a papá.

— Solo si tú lo quieres.

— Te quiero, mamá. Y en verdad deseo que te quedes conmigo.

Ambos continuaron en ese abrazo caluroso que tanta falta les había hecho. Edward no quiso volver a tocar el tema sobre el cual discutieron sus padres, no deseaba pensar en cuán verdadero era la teoría de su padre. No quería exponer a Esme en otra discusión por su culpa.

Estar ahí frente al umbral de la casa de su Bella lo ponía sumamente nervioso y no era para menos cuando sus padres le mirasen por primera vez, dentro de su pecho su corazón martillaba con fiereza por los nervios. No tenia idea como reaccionaria su padre al estar frente a la chica o cómo se comportará con los padres de ella, los Swan siempre tan amables se habían ofrecido a hacer una cena para convivir ambas familias, aunque Edward trató de negarse inventando pretextos sin sentido, no pudo hacerlo con ella, cuando Isabella se lo pidió no pudo negarse, no podía ser descortés con ella.

Presionó el pequeño botón que estaba al lado de la puerta, lo volvió a presionar unas cuantas veces más, también arremangó hasta los codos las mangas de su camisa azul, echó un vistazo a sus pantalones negros de vestir, sus zapatillas deportivas ahora eran reemplazadas por unos lustrosos zapatos negros que parecía que le quedaban chicos porque sus pies se sentían apretados en ellos, tal vez era falta de costumbre porque los zapatos eran siempre la última prenda para usar, para él siempre serán primero los vans.

— ¡Hola, buenas noches! —era Renee con una gran sonrisa en su rostro, se abalanzó sobre Edward para envolverlo en un fuerte abrazo dejando un beso en su mejilla. Después se dirigió a los padres igual de sonriente—. Soy Renee Swan.

Las presentaciones se hicieron con cortesía, Esme se mostró risueña en todo momento, Carlisle también se mostró amable cuando estrechó la mano de Renee, el ambiente continuó agradable cuando Charlie se aproximó a ellos, se adentraron en la pequeña sala de estar, y fue muy obvio cuando los ojos de Edward miraban en todas direcciones en busca de la castaña, una vez sentados en los sofás, Bella interrumpió el silencio cuando se detuvo frente a todos enfundada en un hermoso vestido blanco que la hacía parecer un ángel.

— ¡Hola! —musitó.

Edward al instante estaba de pie junto a ella sonriendo de ese modo que sabía era su sonrisa favorita. Se tomaron de las manos sin dejar de mirarse era como estar dentro una burbuja donde sólo ellos podían pertenecer y fue entonces que un carraspeo hizo desaparecer ese instante.

— Será mejor que cenemos pronto, nosotros tenemos cosas realmente importante que hacer a primera hora. —Carlisle fue directo sin mostrar el mínimo interés en conocer a la chica, se puso de pie tomando la mano de su esposa.

El cobrizo arrugó el entrecejo por la actitud de su padre, se aclaró la garganta y con aire presumido la presento.

— Ella es Bella… mi novia.

Esme, que ya estaba de pie se volvió hacia la menuda chica para envolverla en sus brazos.

— Eres muy hermosa, Bella —le besó las mejillas—, estoy encantada de conocerte.

— Gracias, señora Cullen. Estoy feliz que estén aquí. —expresó en un murmuró apenas audible—. Buenas noches, señor Carlisle.

— Qué tal. —respondió cortante, frunció los labios y fingió una sonrisa.

— Llámame Esme, cariño.

Edward agradeció mentalmente que su madre interviniera. Intentó sonreír manteniendo la calma, pero cuando tomaron sus lugares en el comedor la actitud hosca de Carlisle estaba acabando con su apacible carácter, los Swan intentaron de todas maneras llevar una conversación tranquila, tal parecía que su padre no está de acuerdo en ello.

— ¿Se quedarán por mucho tiempo aquí? —Charlie preguntó con la vista fija en los Cullen. Dejó el tenedor al lado del plato centrándose en escuchar la respuesta.

— Solo yo. —respondió Esme, Llevando el tenedor a su boca degustando los raviolis—. Esto está delicioso.

— Bella me ayudó a preparar la cena. Ella es muy buena en la cocina —halago Renee sonriendo amorosa a su única hija—. Edward, debes llevar a Esme al restaurante para que no se quede tanto tiempo sola. Será bueno tener una buena compañía.

— Por supuesto.

— ¿Así es todo el tiempo con los novios de su hija? Me refiero a tanta faramalla. —la dura voz de Carlisle hizo un silencio sepulcral en el comedor.

Edward sintió que los raviolis se quedaron atascados en la garganta, se inclinó un poco apoyando los antebrazos en la mesa, ni siquiera se atrevía a levantar su vista para mirar a los padres de Bella, y solo quería en ese instante sujetar la mano de su novia para sacarla de ahí mismo.

— Edward es mi primer novio. —murmuró la castaña quien puso la mano en el muslo de su chico. Edward agradeció el bendito mantel que cubría muy bien las manos unidas de ellos.

— Entonces... mi hijo es el iniciador de la nueva tradición familiar. —volvió atacar con su mordaz comentario.

— Carlisle. —la voz de Esme se escuchó más fuerte de lo normal— Por favor.

— No estoy diciendo nada malo —dio un sorbo a la copa de vino—, estoy seguro vendrán muchos novios más después de Edward. Mi hijo necesita centrarse en el fútbol así que no tiene mucho tiempo para estas cosas.

— ¡Papá! —el rostro crispado del joven eran nada para el montón de emociones que estaba sintiendo en contra de su padre.— nadie está pidiendo tu opinión.

— Mientras nuestra hija esté feliz —Charlie sujetó la mano de su esposa dándole una sonrisa— nosotros la apoyaremos siempre.

— Iré por el postre. —anuncio Bella poniéndose de pie para ir a la cocina.

— Nosotros tenemos que irnos. —Carlisle se incorporó a la vez que dejaba su servilleta sobre la mesa. Dio una mirada a Esme, haciendo que también se pusiera en pie con un semblante de vergüenza.

El silencio incómodo que se vivió en el pequeño comedor no fue para rogar que se quedarán, al contrario quizá azoten la puerta en sus narices.

Edward solo pudo disculparse con la mirada y supo bien qué Charlie estaba hirviendo de coraje porque su bigote se movía de esa forma extraña como si fuera un tic nervioso. Renee siempre mantuvo su gentil sonrisa y eso era bastante bueno para él, pero su corazón se encogió cuando miro a Bella y percibió tanta desilusión en su mirada. Ella estaba allí de pie junto a la puerta de la cocina con una tarta de chocolate en sus manos, así que sin pensarlo un minuto más se aproximó a ella abrazándola mientras susurro en su oído.

— Disculpa todo esto, no sé qué le pasa… él no es así.

Ella no respondió, solo levantó su rostro para mirarlo de esa manera que lo hacía olvidar su nombre.

Su cabeza parecía que estallara en mil pedazos no había conciliado el sueño hasta pasada las cuatro de la madrugada se había mantenido dando vueltas sobre la cama. Después de llegar de casa de los Swan, intentó hablar con su padre y lo único que consiguió fue un portazo en la cara. Aunque su madre le animó tratando de explicar con excusas sin sentido; primero dijo que Carlisle estaba celoso como padre, ya que ahora tiene a quien confiar sus secretos, y eso, según las palabras de Esme eran una verdad dolorosa porque indica que él está creciendo. Después dijo, que Bella era una niña y debían esperar a tener más edad para iniciarse en cosas amorosas. Y para rematar terminó explicándole como si tan solo tuviera 5 años que su estadía por la ciudad era cuestión de tiempo, y ella no quería verlo sufrir cuando llegará el momento de partir de ahí.

Escuchó a través de la ventana el graznido incesante de las gaviotas que revolotean en parvada sobre la orilla de la playa haciendo el dolor más punzante en su cabeza, tomó una almohada y la puso sobre su rostro, tratando de no escuchar el sonido que días antes le parecía fastuoso hoy simplemente no lo soportaba.

También ignoró el llamado de su madre quien tocaba con insistencia la puerta para que bajara a desayunar, no se sentía con apetito o más bien no quería ver a ninguno de los dos. Después de seguir por unas horas más acostado y sentir molestias en la espalda decidió que tenía que enfrentarlos de una buena vez; además en la noche tenía la fiesta de cumpleaños de Angela y por supuesto que iba a ir, porque le había prometido a Bella pasarla juntos. Sin pensarlo mucho se incorporó de un salto escabulléndose en el cuarto de baño, no pasaron ni diez minutos y ya estaba vestido con unos shorts caquis y una camiseta verde que entonaban con su color de ojos, pasó sus dedos por su pelo sin necesidad de pasar un peine para acomodarlo, caminó descalzo por el pasillo y escaleras, no escucho ningún ruido así que imagino que sus padres estaban en la terraza del patio trasero. Y sus conjeturas se desvanecieron cuando miró a sus padres en el comedor, obviamente hablaban en voz baja porque no les había escuchado hacer ningún ruido y justo se aparece en el comedor y ambos guardar silencio de lo que sea que estuviesen murmurando.

— Hola —saludo desanimado caminando hacia la nevera de donde escogió un yogurt líquido bebiendo del mismo envase.

— Volveré a calentar el almuerzo. —Esme se aproximó hasta él tocando su hombro con cariño.

— No es necesario, mamá —se encogió de hombros— no tengo hambre.

— Fui a hablar con Phil sobre tu contrato. —escuchó decir a su padre desde el comedor. Edward se tensó al instante dejándolo de piedra tras escuchar sus palabras.

Después de cinco minutos sin poder mover ningún músculo, caminó hasta donde estaba Carlisle, quien jugaba con una manzana roja en sus manos. Quedó frente a él y exigió respuestas en tono para nada educado.

— ¿Para qué fuiste con Phil? ¿Por qué te metes, papá? ¿Qué diablos te pasa?

— Modera tu tono conmigo, jovencito. —la voz de su padre fue una octava más alta que de costumbre—. Eres mi hijo, necesitaba saber cómo te has portado y si tu rendimiento ha disminuido. Phil dijo que todo marcha muy bien.

Edward boqueo con las palabras en la boca solo que prefirió dejarlas en su interior. Hizo un gesto juntando ambas cejas logrando que se hiciera una pequeña "v" en su entrecejo. Sus puños a sus costados se fueron ablandando hasta dejar las manos abiertas, estaba agradecido porque Phil no le contará a Carlisle toda la verdad sobre su desempeño. Sobretodo quien era la causa de su distracción.

— No me gusta esa chiquilla para ti —el desdén de Carlisle fue la gota que derramó el vaso. No le gustaba el tono con que se refería a su novia.

— A mi tampoco me gusta como te expresas de Bella, ella es mi novia, te guste o no.

— Nunca me habías hablado así, Edward. Tal parece que Bella influye demasiado en ti. Es una pena que sea para mal. —se levantó con brusquedad haciendo la silla golpear contra la pared produciendo un ruido seco el mismo que se agravó cuando la puerta trasera se azotó con mayor fuerza.

— No deberías hacerlo enojar. Al menos por tiempo que estemos aquí.

Miró a su madre con gesto comprensivo pintado en su rostro, no podía dar crédito a lo que escuchaba, se supone que ella lo apoyaría, al menos eso fue lo que interpretó, sin embargo ahora no sólo le daba la espalda sino que se hacía del lado de Carlisle.

¿Qué estaba pasando? Ni siquiera comprendía qué le ocurría a su padre, porque esa acritud. Y lo que era peor, ¿por qué Esme ya no lo apoyaba?


Hola! Aquí vamos de nuevo... lamento el retraso, tenía una historia que terminar. ¿Cómo ven a Carlisle?

Disculpa por los errores ortográficos encontrados.

Gracias por leer y por sus comentarios.