Una pequeña figura humanoide, con orejas como las de un murciélago y enormes ojos, apareció ante los jóvenes.

—¿Es una enana? —preguntó Michelle en voz baja.

—Es una elfa doméstica —respondió Alexandra con el mismo tono—. Aunque ahora no todos los elfos realizan tareas domésticas como hace tiempo. Ya te contaré la historia.

Todos miraban expectantes a la elfa.

—Síganme, niños —dijo la elfa—. Mi nombre es Winky.

Mientras caminaban, la elfa les iba hablando con una voz calmada y tranquilizadora. No obstante, el efecto era difícil de conseguir.

Alex y Michelle se miraron entre sí, con rostro que denotaba incertidumbre.

Se escuchaban muchas voces a unos pocos metros, al final de un pasillo. Pero Winky los llevó hacia un cuarto vacío para darles algunas instrucciones a los nuevos alumnos.

—En unos momentos —volvió a hablar la elfa—, se reunirán con el resto de los alumnos de esta maravillosa escuela. Pero antes deben pasar la prueba de las casas. Ellas son Hufflepuff, Gryffindor, Ravenclaw y Slytherin.

Les explicó que cada casa sumaba puntos con sus triunfos y los restaba con las infracciones que pudieran cometer. Y la casa que más puntos obtenga, recibirá la copa de las casas. Lo cual es considerado algo fantástico.

—Todas las casas tienen una importante historia —prosiguió Winky—. Enorgullézcanse de pertenecer a cualquiera de ellas. Y hónrenlas con su presencia.

—Sí, sí —se escuchó una voz gruesa para un niño de esa edad—. Pero yo quiero estar en Slytherin.

Algunos se animaban a decir en voz alta a qué casa querían ser asignados.

—Yo quiero ir a Gryffindor —dijo Lucas a sus tres amigos—. Pero mis padres me dijeron que no me enoje si me tocaban Ravenclaw o Hufflepuff.

A mí cualquiera me da igual —dijo Michelle—. Ojalá nos toque juntos.

—Pues quisiera que nos toque juntos en Ravenclaw —agregó Bruno—, de ser posible.

—Pues yo quiero ir a Gryffindor —afirmó Alexandra Francis—. Sin embargo, quisiera que sea con ustedes —añadió con una sonrisa.

Los niños pasaron al gran salón, el cual estaba iluminado por miles de velas flotando en el aire; repleto con los alumnos de todos los demás cursos. Estaban separados en cuatro secciones, que representaban las cuatro casas de Hogwarts.

—El subdirector Longbottom —dijo Winky con respeto, mirando a un hombre joven, con cara de bueno y de buena estatura que se acercaba a ellos— será el encargado de la selección.

—Gracias profesora —contestó el subdirector.

Detrás de ellos se encontraban en una mesa larga, varios profesores y, en el medio, la flamante directora de la escuela, Sophia Weasley. Ella daba la sensación de tener unos treinta y cinco a treinta y siete años y tenía una estatura media. Su piel era muy blanca, de rostro con facciones agradables y ojos marrones claros. Su cabello lacio y castaño claro, apenas pasaba de los hombros.

—¡Longbottom! —exclamó Lucas a sus tres amigos. Seguro es el nieto de Neville Longbottom y Luna Lovegood.

—¡Es cierto! —Agregó Alexandra—. Creo que se llama Neville al igual que su abuelo.

—Por favor guarden silencio —pidió Neville con amabilidad.

La profesora Winky acercó un taburete con un sombrero puntiagudo de mago. Realmente no daba un buen aspecto. Parecía sucio y estaba remendado.

Todos lo observaban.

De pronto se abrió una rasgadura cerca del borde y como una boca empezó a hablar.

—Ya no canto —dijo con una voz suave y segura—. Desde los tiempos en que Harry Potter, junto a sus amigos y aliados, vencieron a Voldemort, a los mortífagos y fuerzas del mal colaboradoras.

Los niños estaban estupefactos.

—Las cuatro casas voy a describir y contentos y orgullosos deben ir.

El silencio en los jóvenes se generó sin que nadie tuviera que pedirlo.

—Si sois valiente y osado —continuó el sombrero—, entrar en Gryffindor no te resultará pesado. Si eres perseverante, justo y leal, Hufflepuff no te sentará nada mal. Si son razonadores, lógicos e inteligentes, en Ravenclaw encontrarán a su gente. Si eres astuto y odias la decadencia, entrar a Slytherin te dará excelencia. He terminado.

Todos los alumnos y profesores aplaudieron el corto discurso.

Longbottom abrió un pergamino y comenzó a llamar a los alumnos.

—Rachel Bellemare.

Una niña rubia de cabello largo y lacio que llamaba la atención.

La joven se acercó.

—Siéntate por favor —pidió Neville—. Y ponte el sombrero.

Luego de unos pocos segundos el sombrero seleccionador gritó.

¡Ravenclaw!

La sección de Ravenclaw festejó y Rachel fue a sentarse a esa gran mesa.

—Mike Bird.

Michelle recordó a ese niño algo relleno que había visto en el tren. Cuando le dio vergüenza entrar al compartimiento en el que estaba con otro compañero.

¡Hufflepuff!

—Gabriel Boiti.

Un niño alto, delgado, rubio y con muchas pecas, que viajaba con Bird y llevaba un sapo.

¡Hufflepuff!

—Thomas Burdock.

Obeso y de piel muy clara.

—¡Slytherin!

Cada vez que elegían una casa, el niño se dirigía a esa mesa en medio de los festejos de sus nuevos compañeros.

—Bruno Callahan.

—Suerte —dijeron Michelle, Alexandra y Lucas al unísono.

Bruno se colocó el sombrero.

—Tienes muchas cualidades —susurró el seleccionador—. Pero una inteligencia sin par. ¡Ravenclaw!

"Me gustaría que estuviéramos todos juntos". Pensaba Bruno. Mientras se iba feliz por la casa que le había tocado.

—Joanne Collage. ¡Slytherin!

Una joven de bellas facciones y hermoso cabello castaño fue hacia la mesa y se sentó al lado de un chico mayor.

—Lucas. ¿Ese no es el molesto del tren? —preguntó Michelle.

—Sí. Ahora que los veo, tienen un parecido. Deben ser hermanos.

—Aunque ella es bonita y él definitivamente no —agregó Alexandra sonriendo.

—Ángela Crambel.

Una joven de buena estatura y tez morena.

—¡Hufflepuff!

—Michaela Crease.

Una niña de piel trigueña y pelo castaño claro.

—¡Gryffindor!

Los niños seguían pasando.

—Jacob Ferris.

Pasó un niño con cara agresiva y pelirrojo. Era el niño que Michelle escuchó anteriormente querer ir solamente a Slytherin.

Y recibió lo que deseaba.

—Alexandra Francis.

—Suerte Alex —le desearon Lucas y Michelle.

—Interesante… —le dijo el seleccionador cuando esta se lo colocó, y de manera que solo ella podía escucharlo—. Podrías ser una grandiosa Ravenclaw, o ser una líder en Slytherin. Pero espero no equivocarme. ¡Gryffindor!

—¡Sí! —gritó Alexandra—. Y se fue contenta mirando a sus dos amigos, y dirigiéndose hacia la mesa asignada.

Lucas Lunagan fue el tercero de los cuatro amigos en ser llamado.

—Suerte Lucas —lo animó Michelle.

—Gracias, igualmente para ti.

Lucas se sentó y se puso el sombrero.

—Veo que tienes muchas cualidades. Pero necesitas aprender a conducirte a ti mismo. Aunque no lo creas hoy. Estoy seguro de la casa a la que te enviaré.

—¡Hufflepuff!

Lucas no lo podía creer.

"¿Por qué me dijo eso?"

El niño se fue dubitativo aunque aceptando de a poco la decisión del sombrero.

—Michelle Mercier.

La niña se sentó y se colocó el sombrero.

—Hmm. Estás muy contenta de estar aquí, puedo ver. No sabes la casa ideal para ti. Pues yo sí. Sin duda. ¡Gryffindor!

"La misma que Albus. En cuanto pueda iré a presentárselos a mis amigos". Pensó Michelle.

Se fue sonriendo para sentarse al lado de Alexandra quien sonreía aliviada de que al menos uno de sus amigos estuviera en la misma casa que ella.

La selección terminó rápidamente con algunos alumnos más. Empezaron su nueva vida en Hogwarts.