La oscuridad invadía el lugar. No podía ver nada. No distinguía las paredes del piso, ni las esquinas de las ventanas cubiertas con una gruesa tela. El chico, por su parte, lograba identificarlas por el sonido que provocaba el eco de su voz, lo cuál usaba como guía en la oscuridad, pero la chica, cada vez que daba un paso adelante, se golpeaba su pequeña y bien respingada nariz.
-Auuch… Me temo que terminaré con más cirugías de nariz que Michael Jackson-, se quejaba la chica luego de golpearse reiteradamente.
-Sigue mis pasos y no te volverá a pasar-, le recomendó el ambarino, atrayéndola hacia él. Aunque durante ese pequeño lapso, la pelinegra volvió a estrellarse contra las esquinas por lo menos cinco veces. -¿Te encuentras bien, Kagome?-
-Si… Excelente…-, dijo Kagome mientras acomodaba su pequeña y sangrante nariz en el pecho del chico.
Más adelante, lograron ver un claro, del cuál se podía escuchar claramente la fuerte voz de un hombre. Kagome pensó que ese debía ser el líder de gimnasio. Las piernas le temblaban, y no precisamente por habérselas golpeado contra la pared. Pero, de repente, se escucharon gritos detrás de ellos. Eran voces familiares. Luego unas pisadas escandalosas comenzaron a avanzar hacia ellos. InuYasha sacó su espada y Kagome mantuvo su distancia.
-¡Kagura, te dije que mantuvieras ese maldito abanico alejado de mi trasero! ¿O es que acaso quieres volver dentro de mi cuerpo?-
-¡Ni loca! Tu cuerpo no huele precisamente a rosas, ¿Sabes?-
-Guarden silencio… Alguien nos está observando…-
Kagome e InuYasha escucharon en silencio la conversación de los extraños. No cabe duda, era el Equipo Idiota, el cuál le hacía honores a su nombre. Kagura se apresuró a encender una vela que encontró en el suelo y lograron verse, cara a cara.
-¡Vaya, vaya! A esto sí le llamo tener suerte-, decía la chica del tomate.
-¿Suerte, después de la paliza que les dimos el otro día?-, contestó un burlesco InuYasha.
-Pues deberías saber que desde entonces hemos desarrollado un mayor interés en ti, híbrido-, dijo Naraku despectivamente.
-¿Híbrido?-, preguntó Kagome, desviando la mirada hacia su acompañante.
-¿Me equivoco, InuYasha?- dijo el joven pelinegro, esperando una respuesta de parte del ambarino.
-Es verdad-, admitió finalmente el chico, posando una mirada triste en los ojos de Kagome. –Siento no habértelo dicho antes, Kagome. Soy sólo mitad Pokémon.
-¿Mitad? ¿A qué te refieres? ¿Entonces cuál es tu otra mitad?-, preguntó la chica bastante desorientada.
-Soy mitad humano, un humano cualquiera, como tú-, terminó por aclarar el chico. –Pero Naraku, tú no me engañas. Tú no eres un entrenador Pokémon cualquiera. ¡Tú también eres un híbrido!-
-¡Basta ya! ¡Kagura, deshazte de este impertinente de una vez!-, ordenó Naraku a su acompañante.
-Está bien… Qué altanero…-, se quejó Kagura. –Pero justo para esta ocasión les tenemos preparada una sorpresa. ¡Kohaku, ve!-
-¿Kohaku? Jamás había escuchado de aquel Pokémon-, dijo Kagome, tratando de recordar el amplio repertorio de especimenes de "Pokémon Idol".
-Por supuesto que nunca has escuchado hablar de él… Porque no es un Pokémon-, respondió la chica del tomate, a la vez que de la Pokébola salía Kohaku. Era un chico humano, común y corriente.
-¿Cómo es posible que utilicen de esa forma a un niño pequeño?-, reclamaba la entrenadora, indignada por tal escena de cobardía.
-Pues, digamos que ya no es un pequeño e indefenso niño… ¡Kohaku, usa tu arte ninja!-, ordenó Kagura.
-Disculpe señora, no soy un ninja-, aclaró el chico.
-¡No soy señora, y no me importa qué seas! ¡Sólo ataca!-
-InuYasha… Mándalos a volar-, ordenó Kagome.
Y de un simple movimiento de su espada, cumplió con las órdenes de su ya bastante indignada jefa. El Equipo Idiota, como de costumbre, salió volando y dejando la famosa estrellita cursi en el firmamento. Pero como consecuencia de esto, el techo del oscuro gimnasio terminó totalmente destrozado. Se había activado la alarma contra incendios, e inmediatamente vino personal a retirar escombros. Fue entonces cuando un hombre de vestimenta informal apareció entre la multitud y dio órdenes al personal.
-¿Se puede saber quien demonios rompió el techo?-, preguntó indignado el hombre de cabello corto y oscuro, con unos radiantes ojos azules.
-Em… Discúlpenos. Se lo pagaremos-, trató de calmarlo la pelinegra, la cual quedó muy sorprendida por la inesperada actitud de aquel joven, que tomó sus manos entre las de él...
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Al fin Kagome supo QUÉ era realmente InuYasha. ¿Y quien será el líder de gimnasio? Ooooh... me duele la cabeza de tanto pensarlo... es que es tan dificil... Bueno, como sea. En el próximo capítulo Kagome dará la batalla de su vida, pero... ¿Podrá derrotar al líder y a la vez esconder el hecho de que tiene sólo 2 Pokémones? Sin duda, toda su carrera estará en juego. ¡Dejen reviews!
