N/A: si, otra vez yo XD Ya hace bastante que escribí el fic, pero recuerdo haberme reído mucho escribiendo esta parte, sobre todo porque (volviendo a la parte rolera con Guardiana) salió una de las frases que más me han hecho reír. No la digo porque sería estropear sorpresas, pero sólo apunto que se convirtió en una de las frases estandartes de Baby cada vez que iba por Libra. Y bueno... el contador de visitas sigue subiendo, pero el de los reviews sigue con los 3 del comienzo. No quiero ser pesada, pero... un comentario, por muy cortito que sea, no le hace mal a nadie. Al contrario. A los escritores nos hace bastante felices U^_^.
DISCLAIMER: cada cosa de su dueño, escribir fanfictions es gratuito y sin ánimo de lucro y personajes algo OOC. ¡A disfrutar!
..::--LIBRA--::..
La vista del Templo de Libra no es demasiado alentadora durante la bajada, la verdad. Se ve viejo y mal atendido, aunque todavía mantiene la estructura con aplomo. Pero, irónicamente, los escalones se ven mejor cuidados en este tramo que en los anteriores, y eso me llama tanto la atención que pienso anotar el detalle para preguntárselo al Caballero. Baby se sienta de golpe en un escalón, y yo de nuevo me detengo dejando las cosas en el suelo para sentarme junto a ella. Intrigada, le pregunto si se encuentra mal, y me dice que le duele la tripita. Suspirando, deduzco que puede ser porque se ha pasado toda la tarde comiendo galletas, y así se lo digo. Ella, contrariada, me dice que de momento ha "desayunado" muchísimo menos de lo que acostumbra, y que piensa que puede ser porque todavía tiene hambre. Recordándole que el Caballero de Piscis le dio un paquete de galletas para que lo compartiera con su primita, la aliento a levantarnos para ver si, tal y como me dijo de carrerilla en Escorpio, ella se encuentra en Libra. Parece contenta con la solución, porque se levanta de un salto y continúa la marcha con el ya típico y gracioso vaivén de su colita.
Antes de que lleguemos al final de las escaleras ya hay un joven pelinegro vestido a la usanza china tradicional esperándonos en el rellano. Baby ríe traviesa y baja corriendo los escalones que quedan para rodear a la carrera al joven mientras me grita que ese es el 'gagón de mintira'. Al llegar junto a ellos, el joven se presenta como Shiryu, Caballero de Bronce del Dragón y alumno del Caballero de Libra. Me hace una leve reverencia que yo imito y me insta a acompañarle al interior mientras la pequeña sigue correteando diciendo entre risas que ella es un dragón de verdad y el chico no.
Interesada por la insistencia de Baby ante lo del dragón de mentira le pregunto al joven. Él me explica que Baby es hija de una semidragona plateada y que, por lo tanto, la pequeña ha heredado sus características. Es más, me da detalles de cómo la niña es capaz de pasar tanto de forma dragón como a forma humana, pero que acostumbra a permanecer en forma híbrida por decisión propia. Y como él, a pesar de tener el título de Dragón, no lo es, se convierte en objeto de mofa para la nena. Miro una vez más a la niña, que ya ha dejado de correr para venir a tomar mi mano, y me pregunto cuántos misterios más hay en el mundo que yo desconozca.
Una vez en el interior un hombre, que no parece superar la edad de los que ya he visitado, nos recibe. Igual que en Sagitario, las armaduras del Dragón y Libra descansan sobre unos pedestales a un lado de la amplia sala, y nuestro anfitrión viste con el mismo estilo que su pupilo. Ante mi cara de intriga no puede más que acercarse para, una vez hechas las presentaciones, preguntarme el por qué de mi sorpresa. Cuando le explico que el Gran Maestro me había comentado que ambos pertenecían a la generación de Caballeros de 1743, sonríe con disimulo y me explica que en su caso su juventud se debe a un don que Athena le concedió a medio camino entre la recompensa por sus servicios y el interés de que permaneciera como Guardián en Rozan. Dejando de lado el tema, le pregunto dónde colocar los útiles para la entrevista y él me lleva hasta una zona acomodada al estilo oriental. Lo dispongo todo y tomo asiento en un cómodo cojín en el suelo frente a los dos Caballeros.
Como en Sagitario, ambos responden a mis preguntas para complementar su información. La primera, por supuesto, es el nombre de ambos para que quede registrado. Y ahí viene el primer momento en que tengo que reprimir la risa en esa tanda. ¡El Caballero de Libra no recuerda su nombre! No sé si es totalmente en serio o medio en broma, pero tiene que ser su alumno el que me diga que se llama Dohko, aunque eso no sea más que una derivación de su nombre en chino: Tong-Hu. Le pregunto la posible causa de su amnesia y me replica que ya hace casi 200 años que la gente lo llama Maestro o Roshi, así que con el paso del tiempo ha ido perdiendo la costumbre de usar su nombre. Lo de 200 años, con la explicación que me ha dado antes, ya no me asombra. Calculando, más o menos, tanto él como el Patriarca no deben contar con menos de 250 años, tirando por lo bajo.
El Maestro me da datos sobre la infancia que él y el Patriarca Shion compartieron en el Santuario allá por el siglo XVIII, y es entonces cuando llegan los momentos divertidos de la entrevista. Sorprendiéndome en alguien de aparente seriedad, descubro que aquí el amigo fue un juerguista de los buenos. Bromas para celebrar los cumpleaños de los Caballeros, incursiones en el territorio de las Amazonas para conseguir prendas que les proclamaran grandes héroes ante los demás aprendices, ensayos de "nouvelle cuisine" con recetas inventadas por la mente de dos infantes hiperactivos (el Gran Maestro y él) cuando el comedor del Santuario estaba lleno, peleas con las almohadas de plumón de cisne de la recámara de Athena… Con esto último me cuenta que se ganaron una reprimenda de las que hicieron historia, y que aún hoy en día se recuerda el terrible castigo que les impusieron en su momento: obviamente volver a rellenar las almohadas que habían destrozado, fregar todos los pasillos de la Cámara con un cepillo medio roto y contar a pie todos los escalones de la Calzada doce veces. Intento reprimir la risa, pero imaginar a un chibi-Patriarca y a un chibi-Roshi frotando las losas de los pasillos entre bromas y cubetazos de agua sucia me puede… y acabo soltando la carcajada. El Maestro me pide compasión por su sufrimiento y acabo pidiéndole disculpas mientras él, palpándose las rodillas, me dice que ese castigo fue peor que todas las Guerras juntas.
Por su parte, el joven Dragón me cuenta con objetividad todo lo que aconteció desde que llegaran todos los huérfanos a la Fundación Graude hasta que terminó la última Guerra Santa contra Hades. Le agradezco toda la información, porque no ha omitido detalle alguno y es ahora que empiezo a comprender los rostros sombríos y los rehúses a explicarme nada. Tentando a la suerte, le pido que me cuente lo que ocurrió con el caballero Aiolos para que el Caballero de Capricornio me dijera que no era más que una víctima de la situación. Cuando termina de contarme que, tratando de salvar a Athena, fue considerado traidor siento que tal vez debería haber sido más considerada con él y tratar de no ser tan curiosa, pero todo eso desaparece de mi mente al caer en la cuenta de algo peor: ¿no me ha dicho que fue uno de los Caballeros que ahora regentan Géminis el causante de todas las desgracias que vivieron en el Santuario durante trece años? Le expongo mi temor y él me tranquiliza diciéndome que el mismo Caballero de Géminis fue una víctima, pues fue poseído por una divinidad guerrera y sangrienta que le obligó a actuar así. Sin terminar de estar convencida de conservar mi integridad física cuando me toque llegar a Géminis, decido dar por finalizada la entrevista viendo que más información ya no puedo obtener de ellos. Bueno, como poder puedo, pero el tema de las preguntas ya sería demasiado personal y me han caído tan bien que no quiero marcharme dándoles mala impresión.
Baby, que está sentadita en otro cojín con carita triste, llama mi atención tirando con desgana de mi manga. Al preguntarle el por qué de su pena, me dice que su primita no está allí. El Maestro le dice que se ha bajado a Aries para jugar con Kiki, y a ella se le pone una enorme sonrisota en la cara. Una vez solucionado el dilema de la peque, retomo mi cuenta pendiente y le pido algún detallito por su parte. Me mira enarcando una ceja como si yo acabara de decirle que Santa Claus existe y que se va de vacaciones con Cleopatra a Cancún todos los veranos. Mira a su alumno, que se encoge de hombros con cara de tener una duda existencial, y me mira a mí. Para evitar pensar demasiado, me pregunta directamente qué es lo que me gustaría que me ofreciera y yo, con mi niña interior haciendo el pino y partiéndose de risa por saber que la cosa promete diversión, le pido algo de su época que sugiera una infancia divertida. Como intuyendo por dónde van los tiros, me informa que por aquel entonces la cámara fotográfica no estaba a la orden del día, pero a cambio me ofrece unos peleles de tela que se supone que les representan a él y al Maestro Shion de niños. Tal y como me explica, los confeccionó una de las doncellas de la Cámara y se los regaló para que jugaran con ellos a imaginar cómo serían de mayores. Turbada por el evidente valor sentimental del objeto, le animo a ofrecerme algo de lo que no le duela desprenderse, pero él me dice que recuerdos de la infancia tiene a millones, y que puedo llevarme tranquilamente eso antes de que el Patriarca los encuentre un día y decida enterrarlos muerto de vergüenza por si alguien los viera.
Le agradezco profundamente el gesto con una sentida reverencia al estilo oriental y, una vez recogido todo, tomo la mano que Baby me tiende y salimos al rellano para despedirnos allí y continuar nuestro camino. Al bajar el primer escalón recuerdo que quería preguntarle sobre el aparente buen aspecto de los escalones en comparación con los demás tramos y con el propio Templo. Riendo a carcajada limpia me dice que, como él no ha estado allí durante dos siglos, el Templo ha estado desatendido y no ha habido peleas con el Guardián para que se permitiera el paso. De ahí el buen estado de los escalones, ya que suele ser ahí y no dentro donde se desarrollan los enfrentamientos.
Después de que Baby vuelva a hacerle burla una vez más al chico porque es un dragón de mentira, reemprendemos la bajada despidiéndonos de tan simpáticos Caballeros. Guardo los muñecos junto a los demás recuerdos y compruebo que, como siga pidiendo detalles así, el bolso se me va a quedar pequeño.
