Orphen presentía que estaba en una dimensión desconocida, quizás había sido absorbido por un agujero negro y ni enterado estaba. Se producía un dolor de cabeza en él y no sabía como empezar o que decir... El hombre llamado "Rafael" lo veía desafiante y cubría la vista de Cleo, en cierta parte le aliviaba no tener que verla desnuda, Porque Dios, aunque solo fue un instante pudo observar su cuerpo libre de ropa, con gotas de agua recorriendola toda y no debía de pensar en ello, lo primordial era saber ¿quien era el fraile? ¿Porque el enano había combinado "mi" y "hermosa" en una frase para referirse a Cleo? y la mas importante ¿que sucedía?

Hartia miraba hacía un lado, no quería ser apuntado con una espada también, y le causaba curiosidad esa espada blandida frente a su amigo, era tan única y extraña, parecía tener cierto brillo, además sabía que quien estaba aún en el agua seguro se estaba muriendo de frío.

-Kiriranshero, señor Fraile, chicos, Volkan- llamo a cada uno de ellos, prestandole atención- creo deberíamos arreglar esto- señalo la escena ante todos- para después y permitirle a la pequeña rubia salir del agua y vestirse.

Orphen, no estaba seguro de ello, eses fraile no dejaba de apuntarlo...

-De acuerdo- sin embargo se sorprendió al verlo ceder rápido- pero todos volteen y cierren los ojos, no permitiré que vean a Cleo así-

-¿Pero quien es usted?- Orphen no pudo aguantar mas necesitaba saber, necesitaba respuestas ahora.

-Orphen- Cleo hablo- por favor, después-

No podía verla, no veía su rostro ni sus ojos, pero podía jurar que le estaba haciendo la cara mas inocente y no podía pelear ante ello. Cedió.

-De acuerdo- muy a su pesar.

-Vamos maestro- Majic fue junto a Orphen hacía el campamento donde estaban. Hartia junto a Eris y Volkan, quien de muy mal humor dejo que todos ellos comieran su comida, la cual se esmero por hacer.

Cleo se cubría sus pechos con sus brazos y parte de su cabello. Leki nadaba alrededor de ella. Veía la dirección por la cual, sus amigos se habían ido, por donde aquel hechicero de pacotilla, abusivo y creído, se marcho, había llegado, unos minutos tarde pero llego a su encuentro, había tenido la certeza de no haber respondido ante el llamado de su hermana, pero no debió dudar, el estaba ahí. Y la vio desnuda.

-Te dije que vendrían. No debes dudar, pequeña Cleome- Rafael seguía dándole la espalda. Pero con una sonrisa en su rostro- Ahora solo debes cambiarte e ir con ellos.

-¿Te vas?- se alarmo, había sido su escolta desde que salió de Totokanta y no quería que se fuera.

-No del todo, iré al pueblo, tengo una corazonada, volveré pronto.- y en otra dirección se alejo del lago, desapareciendo entre las sombras de los árboles.

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Algunas de las casas estaban vacías y no había ningún rastro de personas en ellas. En las otras casas habitadas por familias quienes con miedo salían ante tal saqueo. No entendían que pasaba. Simplemente veían a los hombres con capuchas negras entrando y destrozando todo en su interior.

Corazón de Fuego, se impacientaba al no ver ni un progreso en su operación. Nadie sabía de la rubia y él necesitaba encontrarla ya. Sus hombres salían y entraban en las casas. Él en medio de todo el caos, observaba a todo su alrededor escudriñando a todos, a cada persona rubia que veían lo retenían e inspeccionaban. Buscaban algún tipo de magia, algo que les dijera que si habían tomado el camino correcto. Porque no debía fallar. Ni siquiera quería pensar en lo que haría Tôru cuando pidiera información y no tuviera nada.

-Señor... no la mujer no se encuentra en el pueblo. Hemos buscado en cada casa y negocios. No hay rastro de ella.-

-No puede ser- murmuro bajo -Estoy seguro que este es el camino. Ella debió haber entrado por aquí, no sería tan tonta como para entrar en el bosque...-

Ambos hombres se giraron en dirección hacía el bosque, el camino que llevaba a este y llevaba a dos caminos. ¿Podría ser que ella hubiera entrado ahí? ¿Sería tan tonta para hacerlo?

Corazón de Fuego frunció el ceño, el pueblo era pequeño, tenía algunas casas las cuales la cuarta parte estaban vacías, sus hombres ya habían buscado en las otras casas y no había nada que dijera ella hubiera estado ahí. Entonces solo le quedaba ver un camino o mas bien dos, ¿cual ir? ¿debía separar a sus hombres en dos grupos? ¿La encontraría? Estaba indeciso para tomar una decisión. Sus hombres esperaban alguna orden-.

-Debemos separarnos en dos grupos, e ir a buscar a la mujer rubia.

-Si, señor-

-Uno ira por el camino al Río Sinine, el otro grupo ira hacía el Río Hall. Nos separaremos ahora... si la encuentran lancen una chispa roja al aire e iremos hacía ustedes. ¿De acuerdo?

-NO- una voz profunda y gruesa, hizo eco en el pueblo, haciendo que los pueblerinos se escondieran en sus casas.

-¿Quien es?- pregunto Corazón de Fuego.-Sal

-Estas en tierras santas, y quien se atreva a causar caos deberá sufrir por su descaro.

Frente a los hechiceros, se encontraba un animal o varios en uno solo. Su color era blanco. Tenía la forma de un toro combinado con un Halcón y un caballo.

¿Un centauro? pensó Corazón de Fuego no, los centauros son diferentes... ¿Que clase de animal es ese demonio?

-Valge Tule- el hocico del animal se abrió descargando una bola con llamas blancas hacía los hechiceros.

-Guard Shadows - Corazón de Fuego cruzo sus brazos sobre su rostro, sacando de las sombras varios brazos negros quienes sirvieron como escudo para proteger a todos los hechiceros que iban con él.

El impacto del escudo y la bola de llamas blancas toparon sin ningún oponente saliendo herido.

-Magia roja oscura... esta prohibida para ser usada por simples hechiceros- El demonio blanco, como le nombro Corazón de Fuego, hablo.

-No me interesa. Prepárate para morir- Corazón de Fuego junto sus palmas, concentrando su magia en ellas, una esfera de color rojo oscuro se junto en ellas. -Evil Explosion - disparo un potente haz, expulsado de sus mano hacía el demonio blanco.

-White Drive- el demonio blanco libero una luz de todas partes de su cuerpo, ocultando su cuerpo en un aura de color blanco puro. -õed plahvatusohtlik- y al mismo tiempo lanzando otro golpe hacía los hechiceros.

Ambos hechizos impactaron creando una explosión levantando polvo y humo, evitándoles ver a su enemigo.

Corazón de Fuego presentía podría perder y no podía arriesgarse.

-Etherion - junto con los otros hechiceros, desaparecieron del pueblo. Dejando solo polvo levantando y ni un rastro de ellos.

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Cleo se abrazaba a Eris, ambas chicas saludándose, después de tanto tiempo sin verse. Hartia y Orphen comían mientras esperaban, ambos, el saludo de la rubia. Magic sonreía, pues había sido mucho tiempo desde que vio a la rubia, su amiga.

-Vaya Magic, has crecido y estas mas guapo- Eris se cruzo de brazos algo molesta por el cumplido y por la reacción del joven hechicero. Magic se sonrojo por el cumplido. Orphen solo rodó los ojos.

-Para mi sigue pareciendo un gusano aplastado- Volkan opino. Si había algo que le molestaba era, que "su" jefa, hiciera cumplidos a personas a quienes odiaba.

-Enano sin modales- Cleo le dio una patada enviándolo fuera del campamento. Las risas estallaron recordando el carácter de la rubia, quien parecía no cambiar, sin embargo cesaron cuando escucharon una explosión lejana, la cual provenía del pueblo.

Los cuatro hechiceros, de pie, se pusieron de guardia, no podían fiarse. El moreno, recordaba las palabras en su sueño, Apúrate Kiriranshero, mientras mar tarde llegues, mas probabilidades hay que ya no la encuentres y este en peligro, podrían estar buscando a Cleo mas no dejaría que nada le pasara.

Unos pasos se acercaban a ellos, la oscuridad no dejaba ver quien era, mas no podían arriesgarse a bajar la guardia. Cada vez se acercaban mas y mas, los nervios afectaron a Cleo, Rafael no estaba y sabía podía confiar su vida a sus amigos, pero tampoco quería que ellos salieran heridos.

Cuando estuvo un poco mas cerca Orphen susurro: -Alumbro un espíritu pequeño para iluminar.

La bola de luz se materializo e hizo ver quien era la persona acercándose a ellos.

-¡Rafael!- exclamo aliviada Cleo.

-Deberías apagar tu luz hechicero. Podrían localizar tu magia.- paso de largo hasta llegar a Cleo y pararse junto a ella.

-¿Que demonios?- susurro Orphen sin entender las palabras del fraile.

-¿Todo bien?- pregunto en un murmuro inaudible Cleo a Rafael.

-Todo bien, hasta mañana, después no lo se.

-Bueno..- Magic sentía la tensión e incomodidad la cual podría cortarse con una ráfaga de viento. -... cenemos.

-Si- apoyo Eris. Volkan volvió con ellos, gritando enfadado que el hechicero negro comiera su comida preparada con tanto esmero.

Sentados cerca de la fogata cada un comía en silencio. Aun no sabiendo como entablar una conversación, sin sacar tan rápido el problema por el cual Cleo escapaba y ¿porque lo hacía?
Rafael, no comía, simplemente estaba sentado a la par de la rubia, como protegiéndola o eso pensaban todos. Tenía la cabeza inclinada hacía adelante, sus manos juntas y los ojos cerrados. Podría parecer dormido y no era así.

Cleo comía en silencio, observando las llamas del fuego, pensando en lo que vendría y le esperaba. En como podría explicar muchas cosas a sus amigos, las cuales ella no quería entender. Dejo escapar un pequeño suspiro, levanto la vista para ver a sus amigos, el Hombre Gamba sonreía viendo a los dos jóvenes frente a él con disimulo, Orphen, el moreno tenía el ceño fruncido no sabía porque, y de último estaban los dos jóvenes, quienes viéndolos bien tenían las mejillas sonrosadas levemente. Sin embargo llamo mucho su atención las miradas furtivas que estos se daban y las cuales hacían acrecentar sus sonrojos. Sonrió, al saber lo que eso significaba. Al fin se habían dicho sus sentimientos y seguro hubo mas de un beso. Su sonrisa creció mas, el amor era tan lindo.

Sintió una mirada sobre ella, volteo a ver quien era, los ojos del hechicero la miraban con fuerza, el verlo volvió a suspirar mas estaba vez con pesambres, bajando la vista al instante. Ella sufría por muchas cosas pero la principal e importante, era el amor. Por mucho que no hubiera visto al orgulloso hechicero y de haber estado un año lejos de él, aun tenía esos sentimientos por él, ¿como podía olvidarlo? ¿como borrar ese amor?

-¿Quien es el Fraile?- Orphen pregunto llamando la atención de todos.

-¿eh?- Cleo levanto la cabeza hacía el moreno y volteando a ver a Rafael, quien seguía en su misma posición. - ¿Cuanto saben?- contesto con otra pregunta.

-De los Eternos, los seis guardianes y que tu familia son la guardia de esos tales Eternos-

-¿Saben de los 6 guardianes?- ella aun no sabía quienes eran. Rafael, levanto la cabeza, sin embargo su cabello tapaba sus ojos imposibilitandoles saber que decían estos.

-Según Mariabella... los seis guardianes Medeis, Veneficus, Paper, Ericius, Ariolus y Mariapulchra, somos nosotros. Eris, Magic, Orphen, Lai, tu hermana y yo.

Tenía frente a ella a los guardianes, quienes protegerían al hijo de los Eternos.

-¿Donde esta Lai?- pregunto Rafael.

-Enviamos un mensaje a él, para que saliera de la Torre de Colmillos, esperemos que no sea tarde.- contesto Hartia, Orphen no decía nada seguía viendo a Cleo.

-Si no están los 6 guardianes, no podrán hacer nada-

-¿Que significa?- le pregunto Orphen..

-Los guardianes deben estar juntos, para cuando lleguemos al Oráculo de Delphis. Sin estar completos no servirán de nada y tampoco podrán proteger al heredero y único, de los Eternos- contesto Rafael.

-¿Como es que este fraile sabe eso Cleo?-

No quería decir toda la verdad, porque sabía estaría rompiendo uno de los votos sagrados que hizo.

-Él... al igual que yo... sabe como llegar al pueblo Delphis ... - nadie dijo nada, esperaron a que dijera mas - como una Everlasting debo ir hacía ese pueblo, llegar hasta la torre y cuidar de los Eternos e impedir que alguien les llame.

-Muy sencillo- dijo irónico Orphen.

-Sera mejor ir a dormir, deberemos partir muy temprano- aconsejo Rafael.

-Claro, debemos estar tranquilo, no pasa nada. - volvió a ironizar. Hartia le tomo el hombro indicándole que debía tranquilizarse.

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La sien le latía, sentía un tremendo dolor en todo su brazo, apenas podía abrir los ojos. Pero sabía bien estaba en una cama y muy suave, llevo su mano hacía el hombro de su brazo, el cual para su sorpresa estaba vendado. No recordaba muy bien lo que había pasado después de haberse medio curado su herida. Muy borroso era el recuerdo de quizás haber visto a alguien cerca de él, pero sería imposible, el bosque se veía vació de hombres, quizás animales. pero alguien viviendo ahí quizás era imposible.

-Has despertado- la voz era suave y fina.

Sus ojos empezaban a visualizar poco a poco a la persona quien hablo. Era una mujer de cabellera roja, ojos violeta, quizás de unos 23 o 24 años.

-¿Quien... quien es usted?... - sacudió un poco la cabeza- ¿Donde estoy?

-Esta en mi casa, me llamo Laroise y fui quien lo rescato de un golpe en el suelo- el sonrió, la sonrisa le brindaba confianza y no sabía porque, pero su cabeza le decía que confiara en ella- Pero ¿Que hacía usted en el bosque, herido y siendo buscado por hechiceros?

-¿Ellos estaban buscándome todavía?- pregunto aturdido, la Torre de Colmillo no se quedaría en paz hasta encontrarlo.- Me quieren desaparecer, matar.

-¿Quien eres? y ¿Porque te buscan?- pregunto Laroise.

-Me llamo Lai y soy o mas bien era hechicero de la Torre de Colmillo- Laroise se tenso ante el nombre, alejándose un poco de Lai.

-¿La Torre de Colmillo?- pregunto preocupada.

-¿Pasa algo?- pregunto Lai, sentándose, sin sentir tanto dolor como al principió.

-¿Porque te buscan?- retrocedió otro paso. No podía confiarse de él.

Lai frunció en ceño, la veía tensa, incomoda al hablar de la Torre de Colmillos. ¿Porque?

-El consejo esta buscando a mis amigos para eliminarlos y hacerse poseedor de alguien muy importante para hacerse mas fuerte- ¿Porque lo había dicho? no tenía la menor idea, ella poseía algo que le hacía hablar sin tener secretos.

Laroise apretó sus puños. El hombre le decía la verdad, podía verlo en sus ojos. No iba por ella y eso le aliviaba en un 30%, porque aun desconfiaba algo de él. Pero debía ayudarle con su herida la cual ya estaba sanando, solo necesitaba que el tomara el brebaje que ella preparo para estar cien por ciento bien.

Salió de la habitación, dejándolo solo, llegando a la cocina para tomar el brebaje y servir un poco en un vaso.

Lai no supo como reaccionar ante su ida, ¿que pasaría ahora? ¿le entregaría a la Torre de colmillo? Perdiendo las esperanzas, de ser devuelto a la Torre, observo como ella volvía con un vaso lleno de un liquido rosa.

-Toma esto- le entrego.

-¿Que es?- pregunto con cautela. No quería ser envenenado.

-Te ayudara a sanar con rapidez.

Estaba en un debate interno ¿beberlo o no beberlo? dudando aun, lo bebió, tenía un sabor extraño. Al tomarlo todo, sintió su herida arder y dio un grito de dolor, era peor que cuando le hirieron. Pasado unos segundos, el ardor había desaparecido. Laroise, se sentó en la orilla de la cama y quito el vendaje, Lai solo observaba. Sin las vendas pudo ver su hombro, el cual ahora solo tenía un cicatriz muy poco visible, en donde antes se encontraba la herida abierta.

-¿Como..?- no había visto magia así.

-Magia blanca- le explico.

Así que era un hechicero como él, pero ella controlaba la magia blanca, la pura.

-Increíble- susurro.

-Lo es.- se miraron por cinco segundos- ahora que estas bien puedes irte.

Lai no había querido incomodarla, ni mucho menos ponerla en peligro.

-Lo haré.- pero tenía curiosidad por saber ¿quien era en verdad ella? y ¿Porque vivía sola?... -¿De quien te escondes?- se atrevió a preguntar.

Laroise, se levanto de golpe. No quería hablar y mucho menos confiar, pero su corazón y su cabeza no estaban de acuerdo.

-De mi padre- contesto.

-¿Tu padre?- Lai se levanto de la cama. Un alivio que tuviera puesto aun su pantalón.

-Si. El mas viejo del consejo de la Torre de Colmillo... Tôru.-

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Torre de Colmillo

El consejo estaba reunido, no habían podido localizar a Lai, el maldito vidente se les había escapado de las manos. Era hora de actuar ya y unirseles a Corazón de Fuego.

-Hiena, Fonogoros- ambos se encontraban aun en la Torre de Colmillos - su trabajo empieza ya.

-Un placer Tôru- Hiena sonrió y ambos salieron para empezar su trabajo.

-Azalea-

Azalea, quien ahora era controlada por Tôru, entro al salón, junto a otros tres hechiceros.

-Señor- hizo una reverencia ante él.

-Mi querida Azalea, es hora de que te unas al grupo de Kiriranshero. Ve con ellos y haz que el hechicero negro centre toda su atención en ti y olvide encontrar al heredero Eterno.-

-Y tráenos ante nosotros a la rubia.

-Lo haré- sonrió sadicamente.

No sabes lo que te golpeara Cleo Everlasting pensó Azalea.

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Se despertó de golpe, con el rostro lleno de perlas de sudor, había tenido una pesadilla, mas no recordaba que vio. Tomo su cabeza entre sus manos, no recordaba su sueño, pero se sentía agitado y con miedo. Los ojos le ardían, el aire, no le enfriaba en absoluto.

Se levanto de su lugar, alejándose del grupo y dirigiéndose hacía el río. Se mojaría el rostro para poder así relajarse.

Cuando llego al río, vio una figura conocida. Su cabellera rubia se mecía con el viento, sus piernas estaban dentro del agua.

-Cleo.

La rubia volteo a ver al moreno. ¿Que hacía despierto?

-Orphen

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Continuara...