NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE RUMIKO TAKAHASHO, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTO

¡Hola a todos! ¿cómo han estado? ¡muchísimas gracias por todo el apoyo y hermosos comentarios que me han mandado! me llenaron de inspiración y pude terminar este capítulo muy rápido, espero contar con sus ánimos para poder terminar el próximo con relativa rapidez. Este capítulo rompe con la cronología de los anteriores, porque empieza exactamente donde terminó el anterior, y no un par de años después.

Reviews:

Monroe21: ¡Muchísimas gracias por tus bellas palabras! sobre lo que mencionaste de los tiempos, lo siento, pero es que pensé que si me iba año con año sería repetitivo y cansado, aunque quizá hice saltos muy agigantados en algunas ocasiones, perdón si resultó confuso. Este arco de la historia que está empezando no tendrá saltos tan drásticos, lo prometo.

Mizuki09: Me alegra que te gustara la actitud de Kagome, quise ponerla lo más parecido a la serie posible. Y claro que Koga tenía que salir, además tendrá otros roles más adelante jeje. Espero te guste este capítulo.

Danesa: ¡Muchísimas gracias! ojalá este capítulo también te guste c:

Yani Anderson: ¡Hola! me alegra mucho volver a verte por aquí y saber que te sigue gustando este fic. Atendiendo a tus comentarios, la verdad pensé antes de meter a Kikyou en el fic, pero había un rol a desempeñar en la historia y pensé que sería buena idea dárselo, espero te guste conforme se vaya desarrollando. Y sobre los términos, Kikyou es hija del Barón Nakashi, que es súbdito del Reino del Oeste. En cambio, el Rey Naraku es soberano en el Reino del Sur. Así que no hay relación alguna entre estos personajes (aunque tu teoría de conspiración era muy buena ¿porqué no se me ocurrió antes? XD)

Laura: Me halagan mucho tus hermosas palabras =D espero disfrutes mucho este capítulo.

marilole: me halaga bastante que te refieras a mi historia como "refrescante" es muy lindo y me alegra estar consiguiendo este efecto, y no te preocupes, el cliché que mencionas no ocurrirá aquí (de hecho, en este capítulo se vislumbrará un poco de la relación entre Inuyasha y Kikyou, ojalá te guste).


Capítulo 7

—No hay lugar como las Altas Islas—decía Koga—Si vas estoy seguro que te encantaría.

—¿Y cómo es?

Kagome estaba sinceramente entretenida con la charla, las Altas Islas no tenían una relación directa con el Reino del Norte, y ella sabía muy poco del lugar. Ya había anotado en su libreta personal las cosas que preguntaría a Miss Dokima cuando regresara, pero mientras, las descripciones de Koga eran muy ilustrativas.

—Están algo lejos, a tres días de viaje en mar, pero sus costas son hermosas, con aguas muy claras y arenas blancas.—Koga estaba más que feliz de poder presumir su lugar de origen—Hay muchas montañas escarpadas, ríos profundos y estepas. No es un lugar para débiles.

—Yo sólo sé que el símbolo de la isla es un lobo.

—Sí, la leyenda dice que nuestros ancestros descienden de los lobos que solían habitar a las faldas de las montañas. No quedan ya muchos, pero sigue siendo nuestra tradición.

—¿Y qué más hay?

—El puerto y la ciudad son lindos, pero te encantaría el castillo. Se encuentra al lado de una pendiente de la montaña, y provoca la ilusión de haber sido esculpido en ella. Las torres son tan altas que te dejan ver la costa, y los salones están llenos de ventanales coloridos.—mientras hablaba, Koga sonaba emocionado y algo presuntuoso—Muy distinto a los interminables corredores y jardines de aquí.—agregó despectivo.

—¿No te gustan los jardines?

—No dije eso, son lindos—corrigió rápidamente—Pero no son comunes allá. Hay demasiada roca y montaña, así que usamos las pocas praderas para cosechar.

—Entiendo, el Reino del Norte es muy frío ¿sabías? Hay bastante espacio para jardines y bosques, pero la mayoría de las flores que me gustan mueren con el otoño, no podrían nunca soportar el invierno.—también había flores que aguantaban mejor los climas fríos, y a Kagome le gustaban mucho, pero era imposible crear en el norte los enormes y hermosos prados multicolores que tan fácilmente se daban en el Palacio de los Vientos.

Sin notar que Kagome estaba ensimismándose, Koga continuó hablando, aprovechando que ella había mencionado a su reino de origen.

—He oído que el Reino del Norte es maravillosamente bello en el invierno.

—¡Tiene su encanto, desde luego!—expresó la animada princesa, recordando su hogar—La nieve cubre todos los rincones que te puedas imaginar. Y la escarcha que se acumula en las copas de los árboles brilla bajo el sol, creando pequeños arco iris.

—También nieva en las Altas Islas, pero no es algo tan bonito allá. Si los ríos se congelan, nos las vemos en aprietos varias semanas.

—No es lo mismo, nosotros contamos con las heladas para limpiar los campos y represas.

—Espero tener el honor de visitar algún día el Reino del Norte—al decir eso, sujetó la mano de la princesa y le dio un suave apretón.

Kagome respondió con una sonrisa, pero alejó su mano de la de él. No fue un gesto grosero, sus movimientos fueron tan naturales que para cualquier observador casual hubiera sido desapercibido, pero no para Koga, que siempre estudiaba las reacciones de la princesa.

—Es mi hogar y me encanta—dijo ella—Pero también disfruto muchísimo el Reino del Oeste. Su clima fresco permite que crezcan estos enormes jardines, y que se mantengan durante años—miró embelesada unos rosales cercanos—La reina Izayoi me dijo que aquellos rosales fueron plantados por su propia madre ¿te imaginas lo bonito que debe ser cuidar de las plantas de tus ancestros?

—No le veo lo interesante—respondió apático—Son sólo hierbas de colores lindos ¿no?

Kagome frunció los labios, aunque no podía decirse que estuviera molesta. Koga no tenía obligación de entenderla.

—Yo no lo veo así.

Caminó a los rosales y con extremo cuidado acarició los pétalos de la flor que estaba más cercana. Era verano, pero a pesar del calor, las flores y las plantas se mantenían fuertes y perfumadas. Kagome siempre llegaba al Palacio de los Vientos en junio, esa fue la primera vez que deseó llegar en marzo, cuando es primavera, y los retoños de las plantas debían verse aún más hermosos.

Koga notó el aire nostálgico que rodeó a la princesa, repasó su conversación en la mente, pero no tenía idea de qué había hecho mal. Habían estado hablando de sus reinos con tanta emoción, que le asustó el cambio de ánimo en Kagome. Era una doncella tan hermosa, delicada y de ágil mente, por mucho la mujer más interesante y digna que había conocido en su vida. Decir que estaba enamorado de ella era algo precipitado, porque sólo se conocían de dos semanas, pero su compañía era tan conciliadora y amena que lo volvía loco y le animaba a buscar siempre formas de hacerla sonreír.

—Iré al jardín sur.—dijo en tono suave pero firme, haciéndole saber a Koga que deseaba estar sola.

Él la miró caminar a paso lento, Koga se recargó en la pared, bajo la sombra del techo que cubría el corredor exterior, divisando la figura cada vez más pequeña y borrosa de la princesa, internándose entre los arbustos de flores silvestres. Ni bien Kagome se internó en los jardines, Inuyasha apareció por el corredor, divisó a la princesa y después a Koga, frunciendo el ceño.

—¿Qué le hiciste, pulgoso?—preguntó Inuyasha de muy mal humor.

—¿Y cómo sabes que le hice algo?

—Porque está viendo los Pensamientos.

—¿Los qué?

—¡Pensamientos!—gruñó—Son un tipo de flor ¿no lo sabes?

—¿Qué, me viste cara de florista? ¿Además qué tiene que ver esas flores con ella?

—Kagome ve los Pensamientos cuando está triste o melancólica—le explicó molesto.—¿Qué hiciste para ponerla así? ella estaba muy alegre en la mañana.

—¡Yo no dije nada! Pero…

Guardó silencio, intentando recordar su conversación. Nada parecía sonar insultante o hiriente, pero recordó que algo pareció hacerle cambiar el ánimo a Kagome.

—Creo… creo que ella se molestó cuando dije que no me gustan las flores.

—¿cómo?

—¡Pues son sólo hierbas coloridas!

—¡Argh, cómo puedes ser tan tonto!—gritó—Kagome adora las flores… con razón está allá.

—¿Y qué si no me gustan? No entiendo por qué Kagome reaccionaría así.

—No me sorprende ¡tú no sabes nada de ella!

El reclamo sonó más insultante aún de lo que Inuyasha pensaba, pero Koga no sólo se molestó, también se sintió contrariado. Llevaba dos semanas pasando momentos muy agradables con Kagome, pero Inuyasha tenía toda la razón, no la conocía en realidad.

—La madre de Kagome adoraba las flores, ella solía crear jardines extensos cada año, porque la mayoría de las plantas perece durante el invierno en el Reino del Norte.—continuó Inuyasha, satisfecho de saber esas cosas—Las flores Pensamiento son las de las pocas que soportan el frío, y eran las favoritas de la difunta reina Saori.

—Ella dijo… ¿Cómo fue? Que le parecía admirable poder cuidar las plantas de los ancestros, o algo así. Como aquél rosal que plantó tu abuela ¿no?

—Sí—suspiró, ¿enserio ese pulgoso era tan tonto?—¿No te acabo de decir que la madre de Kagome debía plantar el jardín cada año? No quedó nada de su obra en vida, por eso ella se entristece con ese tema.

Bueno, ya al fin había entendido todo. Koga se dio un golpe mental, sus comentarios fueron realmente desconsiderados, pero ¿cómo iba él a saber que ese tema era sensible para la princesa? Suspiró llevándose una mano al mentón, en un gesto que mostraba su frustración.

—¿Y tú como sabes tanto de ella?—preguntó medio curioso medio molesto.

—Kagome y yo nos conocemos desde que somos niños—respondió Inuyasha con suficiencia—Es natural que sepa más cosas de ella y de su vida.

Koga volteó buscando a Kagome, pero no la vio a distancia en los jardines, volteó en los alrededores, pero no había rastro alguno de ella.

—¿Y ahora a dónde se fue?

—A las caballerizas—dijo como si fuera la cosa más obvia del mundo—Después de ver las flores va a pasar un rato con su tonto caballo Pearl.

—No es posible que sepas todas esas cosas sólo por conocerla hace tiempo—le recriminó con voz apremiante—¡No son cosas que saben los amigos! Dime ¿acaso es cierto eso de que ustedes están comprometidos?

—Tonto, ese compromiso lo hicieron nuestros padres casi desde que nacimos ¡además, no tengo que darte explicaciones!

—Yo más bien creo que realmente te gusta—medio sonrió triunfante—Además, eso explicaría tus celos.

—¿Quién dijo que estoy celoso?

—¡Por favor, cualquier ciego pudo haber visto esa cara de celos que tienes desde hace dos semanas!

—¡Yo no estaría celoso de un pulgoso torpe como tú!—se cruzó de brazos más molesto—La próxima vez ten más cuidado con las cosas que dices ¡si no conoces a Kagome, no quieras pretender que lo haces!—se dio la vuelta dándole la espalda—¡No quiero verla llorar, es insoportable!

"¿A quién engañas, chucho bobo?" pensó Koga, viendo a Inuyasha alejarse por el corredor hacia el interior del Palacio. Era tan obvio que estaba celoso y molesto, pero eso no era lo que llamaba su atención, más bien, el príncipe de las Altas Islas estaba asombrado por la forma tan natural en que Inuyasha leía el comportamiento de Kagome, y adivinaba sus reacciones.

Inuyasha podía engañarse y decir que eso era sólo porque llevaban años de conocerse, pero dos personas pueden ser vecinas toda la vida y jamás recordar el apellido del otro, por falta de interés o amabilidad. Si Inuyasha la conocía así de bien, era porque le prestaba mucha atención a Kagome, y realmente se interesaba en ella.

"Debe estar muy enamorado" pensó Koga "Pero es tan orgulloso que no se permite reconocerlo ¡definitivamente es un Taisho!"

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Si la situación con Koga no era lo suficientemente tensa, un par de días después llegó el Barón Nakashi con su hija Kikyou a la corte.

Así como Koga y Kagome pasaron mucho tiempo juntos las dos semanas anteriores, ver a Inuyasha con Kikyou fue bastante común en esos días. Lo más perturbador es que no había discusiones, gritos, ni siquiera indirectas entre todos los jóvenes; sólo ese espantoso silencio y calma similar a la "tregua" antes de la tormenta.

Los sirvientes, que atendían el Palacio desde hace años, entendían mejor la situación que nadie. Tanto joven reunido significaba muchas hormonas, y éstas siempre encontraban la manera de pelear entre ellas. Si no fueran príncipes o nobles de cierta educación, seguro ya habrían estallado muchos días atrás, pero por más capas de refinamiento que posea una persona, al final colapsa, y en las habitaciones de servicio se hacían apuestas para ver quién colapsaba primero y por qué.

Kagome no podía quejarse, al menos no tenía verdaderos motivos para hacerlo, porque Kikyou había sido toda propiedad y educación desde que llegó. Jamás dejaba de lado el protocolo, tratando a Inuyasha y a Kagome como los príncipes que eran y, peor aún, a pesar de todo el tiempo que pasaba con Inuyasha, nunca se veía en ella algún comportamiento inapropiado. Vaya, no podía decir que estaba coqueteando con él, o intentando seducirlo.

Pero ¿qué le importaba a ella que Kikyou quisiera coquetearle a Inuyasha? No era asunto suyo. Inuyasha era libre de estar con quien quisiera, y Kikyou era una muchacha hermosa y refinada.

—No es asunto mío—dijo en voz baja.

—¿De qué habla, su alteza?

Volteó rápido, viendo a Miroku expectante.

—Lo siento, me perdí un momento entre mis pensamientos ¿de qué estábamos hablando?

—Íbamos a jugar a las cartas ¿no recuerda?

Le mostró el mazo de cartas, la princesa asintió. Estaban en uno de los estudios del Palacio, el duque de manera galante señaló una mesa y le ajustó la silla, después revolvió la baraja con movimientos fluidos. Kagome contempló todo con mirada ausente, y no reaccionó hasta que sus cinco cartas estuvieron frente a ella, esperando a que las agarrara.

Sujetó de una en una las barajas: un par de dos, un as de corazones, una reina de corazones y un rey de trébol. La visión de la reina y del rey, juntos, le removió sentimientos; a pesar de que los naipes estaban colocados de manera continua, sus símbolos y colores eran distintos: tenían el mismo status, el mismo espacio, pero no podían estar juntos porque eran diferentes.

—¿Alteza?—la llamó Miroku—Es su turno de elegir.

Señaló el mazo de cartas, miró de nuevo su baraja, tenía ya un par de dos, y tres cartas altas ¿valía la pena correr el riesgo?

Bajó el par de dos, y agarró dos cartas más: un diez de corazones, y un cinco de picas.

"Maldición" murmuró.

Miroku bajó una sola carta, analizando de soslayo todas las reacciones de la princesa. Había notado su mal humor desde la llegada de la baronesa Kikyou, y estaba realmente intrigado por la manera en que se desarrollaban los sentimientos de su amigo y de Kagome.

—Nuevamente su turno, alteza.

Kagome asintió, miraba su baraja con firmeza. Ahí estaban ese rey y reina, que juntos no valían nada, tan distintos e incapaces de conseguir algo a pesar de su cercanía. No tenía ya pares, y era momento de arriesgarse, pero ¿de qué naipe era mejor deshacerse? Más que una decisión en un simple juego, parecía que estaba tomando una decisión de vida.

Al final, agarró al rey de trébol y al cinco de picas, y los bajó. En sus manos tenía al as de corazones –que no valía nada estando solo– el 10 de corazones y una solitaria reina de corazones, mofándose de su propio símbolo, reclamándole por haberla dejado sola "Lo siento" pensó Kagome ¿estaba haciendo lo correcto dejando ir al rey de trébol?

Agarró dos cartas más, cerró los ojos al acomodarla en su baraja, temiendo cometer el peor error de todos.

—Bien—dijo Mirouku con una sonrisa—Tengo un full de reyes.

Bajó sus cartas para confirmarlo: ahí estaban, dos reyes y tres reinas. Kagome miró sorprendida esa jugada "Miroku es muy bueno" pensó.

—¿Usted qué tiene, alteza?

Armándose de valor, miró al fin su jugada, y quedó en completo shock. No podía reconocer las cartas que tenía en sus manos, el propio Miroku se asustó un momento al verla asombrada, y esperó con paciencia a que la princesa revelara su juego. De una en una, bajó las cartas:

Un 10 de corazones, un as de corazones, una reina de corazones, un rey J de corazones y un rey K de corazones.

Flor imperial.

Miroku se frotó los ojos, viendo la jugada otra vez. Kagome sólo contemplaba a su reina, de repente rodeada por otros dos reyes, de su mismo símbolo y color, formando una unidad y poder impresionante.

Había dejado ir al rey que no le servía de nada, y en recompensa, obtuvo dos reyes que la volvieron invencible.

Una especie de calidez surgió de su corazón alcanzando la mente, una vocecilla pareció susurrarle "¿ya lo entiendes?" no estaba segura de qué debía entender, pero el alma de Kagome parecía haberse librado de un gran peso y estar en paz.

—Me alegra no haber apostado nada—dijo Miroku sonriente—Que buena mano tiene usted, alteza ¿quiere jugar otra ronda?

—Sí, sería divertido.

Kagome ganó la segunda ronda, mientras Miroku volvía a revolver la baraja, notó que el semblante de la princesa era más tranquilo y hasta sonriente "Es el momento" pensó.

—Me alegra tener nuevamente su compañía, alteza—dijo—Últimamente no había tenido el placer de su charla.

—Lo dice como si le ignorara.

—No creo que fuera el caso, pero ciertamente ha tenido mejores compañías ¿no?—repartió los naipes y miró sus cinco cartas con calma—Como el príncipe Koga.

—Es un joven agradable, y me alegra poder conocer gente nueva—no sonaba molesta, al contrario, Kagome charlaba como si le tuviera toda la confianza del mundo.

La verdad era que Miroku y Kagome se llevaban muy bien, el duque solía mostrarse muy caballeroso y amable con ella, y cuando no estaba de casanova rodeando a las muchachitas solteras de la corte, era inteligente y tenía conversaciones muy agradables.

—Debe ser como un soplo de aire fresco en la dinámica habitual de este palacio—afirmó—Igual que la señorita Kikyou.

Kagome apretó los labios ante la mención de Kikyou, acto seguido bajó dos cartas y reacomodó los naipes en sus manos. Miroku vio su propia jugada, tres reyes ¡con eso debía ganarle! Pero lo más importante: había notado la incomodidad de Kagome ante la mención de la baronesa, y esa era precisamente la situación que deseaba esclarecer.

—Supongo que debe ser agradable tener a una mujer más con la cual coquetear ¿no?—intentó sonar sugerente "Vaya, evadió a Inuyasha. Esto es interesante" pensó.

—La baronesa Kikyou escapa de mis ligas alteza—repuso, mostrando su trío de reyes bastante confiado de haber ganado—Más bien, creo que es una compañía agradable para Inuyasha.

Kagome miró la jugada del duque y alzó una ceja, Miroku tenía una sonrisa petulante, creyendo que había ganado en el juego –tanto de las cartas como de la conversación– sin embargo, cuando Kagome mostró sus naipes, el horror apareció en sus facciones: full (tres reinas, dos ases).

"¿Desde cuándo la princesa Kagome es tan buena jugadora?" se preguntó, aunque ahora que lo pensaba, nunca antes había jugado al póker con ella.

—Desde luego, las nuevas amistades siempre son muy agradables—dijo ella, sonriendo inocentemente.

Miroku la felicitó y revolvió las cartas otra vez "¿Me estará haciendo trampa?" pero eso no era posible, era él quien revolvía y repartía las cartas. No entendía cómo podía escapársele la situación de control.

—Sí, la señorita Kikyou es muy buena compañía—continuó, repartiendo los naipes—Supongo que usted y ella se harán buenas amigas.

—No lo creo.

—¿Por qué piensa eso?

—No hemos hablado prácticamente nada—su voz sonó al fin algo molesta—Ella sólo pasa el tiempo con Inuyasha. Así no se hacen amistades.

—Pero, princesa Kagome ¿acaso le molesta que Inuyasha y Kikyou pasen tanto tiempo juntos?

—No—su mirada era firme—Para nada.

Cambió tres cartas, Miroku cambió sólo una. Era imposible que perdiera ahora ¡tenía un espléndido full! Tres reyes y dos diez. Bajó sus cartas otra vez satisfecho, la princesa sólo las miró fijo antes de agregar:

—¿Y usted?

Bajó sus naipes: cuatro ases.

¿Cómo carajo hacía eso?

Apretó los labios y su mandíbula se tensó, nunca había perdido tantas jugadas seguidas. Respiró profundo y dijo:

—No entendí su pregunta.

—¿A usted le molesta que su amigo le deje solo por pasar tanto tiempo con Kikyou?—inquirió.

Miroku recogió las cartas y se puso a revolverlas ¿sería deshonesto contarlas para asegurarse al menos una victoria?

—No, todo lo contrario, me alegra mucho—dijo—Inuyasha cumplirá los dieciocho años en dos meses, ya es momento de que empiece a considerar el cortejar a una buena doncella para casarse.

"¡Ja! Quiso invertir los roles y ponerme a mí como el amigo celoso, apuesto a que no se vio venir esto" pensaba el duque mientras volvía a repartir los naipes.

Kagome tardó algo en responder, fingiendo que estaba poniendo atención a la jugada en sus menos, pero en realidad, la princesa estaba muy pensativa, meditando con cuidado cómo le respondería.

—No lo había visto así—admitió Kagome—Es verdad, Inuyasha accederá al total de sus herencias y responsabilidades a los 21 años. Tiene que empezar a preparar su futuro.

—Sé que las mujeres tienen mejores intuiciones que nosotros los hombres, dígame princesa ¿usted cree que la barones Kikyou sería una buena reina?

Le resultó imposible a Kagome disfrazar su reacción: hombros tensos, ceño fruncido y mandíbula endurecida. Esa idea no le gustó en absoluto; el sólo imaginársela luciendo la hermosa corona de Izayoi… "Contrólate, Kagome, respira. Ella no está haciendo nada malo" pensó.

—No lo sé ¿no te digo que no la conozco bien?—sonó mucho más hosca de lo que tenía planeado—Pero eso no importa. Mientras le guste a Inuyasha, no creo que algo más sea relevante, él debe ser feliz.

—¿Le desea sinceramente la felicidad al príncipe?

—Por supuesto. Sé que discutimos mucho, pero Miroku tú muy bien lo sabes, Inuyasha y yo somos amigos a pesar de todo—un timbre de resignación se coló en las últimas palabras—Claro que le deseo su felicidad.

Bajó su jugada: trío de diez. Miroku tenía dos pares de cinco. Por más que lo intentaba, no conseguía ganarle ¿qué clase de poder tenía la princesa que atraía a la suerte de su lado?

—Es usted muy bondadosa, alteza.

—Ni tanto—se encogió de hombros, cerrando los ojos un momento—Sólo… me preocupa la gente que quiero.

Miroku quedó muy sorprendido de que Kagome hubiera admitido eso en voz alta. Al final, después de años de cuidadosa observación, certeros comentarios, inmiscuidas sagaces y juegos especiales había conseguido toda la evidencia que necesitaba: Inuyasha y Kagome se gustaban mucho más de lo que ellos admitían.

—Inuyasha es muy afortunado de contar con su cariño—repuso—Sé que él lo valora.

—No lo creo, y no me interesa—sonó de repente molesta—Lo que él haga es su asunto.

—Eso me ha quedado muy claro—sonriendo, bajó su jugada, tenía un full de reyes y dos ases ¡era imposible perder con eso!—En fin, Inuyasha y Kikyou harían linda pareja ¿no?

Kagome sonrió con esa inocencia fingida que tan bien le conocía, reveló su jugada: flor imperial ¿cómo esa mujer había conseguido hacer dos flores imperiales en ese rato?

—Desde luego que sí, tan linda como tú y Sango.—ouch, jaque mate (aunque no estuvieran jugando ajedrez).

Bien ¡se rendía! No podía en absoluto ganarle en algo. Miroku presumía de ser buen jugador, pero después de esa tarde, ocuparía una ronda exhaustiva con Inuyasha para retomar su toque.

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Al día siguiente, Kagome pensó en la plática que tuvo con Miroku, particularmente en lo relacionado a Kikyou ¿por qué ella sentía una especie de opresión en su pecho cuando veía a Kikyou e Inuyasha platicando? No era normal. Como bien le dijo a Miroku, no conocía a la baronesa, así que no había razón alguna por la cual formular prejuicios, sin embargo… los tenía.

Conforme sus sentimientos fueron haciéndose más turbios, Kagome sintió que la perla en su pecho disminuía su brillo, y eso no le pareció bien. Para calmarse, caminó por los jardines, pero le recordaban a Inuyasha de alguna forma y eso sólo la enfurecía. Todo se lo recordaba ¿y cómo no, si estaba en el Palacio de los Vientos, la casa de él? Quizá una ligera práctica de arco con flecha le despejara la mente.

Caminó por el corredor hacia el gimnasio, pero al llegar, vio que estaba ocupado. Inuyasha estaba teniendo una práctica muy desalmada con uno de sus instructores –lo estaba destrozando con la espada– así que cerró la puerta y se deslizó fuera antes de que hubieran notado su presencia. "Está muy molesto" lo sabía por la manera en que le vio pelear "Después preguntaré qué pasó" pensó que podría practicar en la plaza de armas, pero al dar la vuelta por el corredor, se encontró con Kikyou.

La baronesa contemplaba el cielo por la ventana, tenía expresión preocupada. Al verla, Kikyou le hizo la reverencia correspondiente, una parte de Kagome quería alejarse rápido de esa mujer, pero la otra se interesó por su evidente angustia "¿Por qué no puedo ignorar a las personas que necesitan ayuda?" pensó.

—¿Está usted bien?—inquirió—No tiene buena cara.

—No es gran cosa—respondió con tono sereno—Usted no debe preocuparse por mí, alteza.

—Deja los formalismos de lado ¿Qué ocurre?

La baronesa frunció los labios, como si se debatiera entre hablar o no, al final lo hizo.

—Esta mañana llegó una carta para el príncipe que procedía del Reino del Valle—le dijo—Pareció muy afectado. Le propuse pasear o ir al pueblo, para que se distrajera, pero en vez de eso lleva metido toda la mañana en el gimnasio. Me preocupa su comportamiento.

"Conque una carta del Reino del Valle, ya todo tiene sentido" pensaba Kagome. Seguramente la carta serían instrucciones de algo, porque Inuyasha haría una visita al Reino del Valle en el otoño.

—No pasa nada—repuso con media sonrisa—Entrenar lo relaja mucho, estará bien para la tarde.

—Espero que sí.

—Ya verás que sí.

Kikyou puso mucha atención al lenguaje corporal de la princesa, ella se veía muy segura de su respuesta. Kikyou no era tonta, sabía que el ejercicio era bueno y relajante, lo que le preocupó fue la manera tan violenta en que Inuyasha enfrentaba a sus contrincantes, eso rozaba más una batalla que un entrenamiento.

—Alteza, disculpe mi atrevimiento, pero… ¿cómo está usted tan segura?

—Mm. Bueno… siempre ha sido así—explicó—Cuando se enoja mucho se pone a pelear, pero después de unas cuantas victorias se relaja, se da un baño y está bien otra vez.

—Es bueno saberlo, muchas gracias.

—No hay de qué.

Nuevamente pensó en la plática que había tenido con Miroku, la baronesa no tenía la culpa de los prejuicios que ella se estaba formando, porque además eran infundados. Una parte de su ser estaba tajantemente en contra de lo que haría, pero la otra ganó por una marcada diferencia.

—¿Por qué no me acompañas a la galería?—dijo, posponiendo su práctica de tiro con arco—No debe ser nada agradable estar aquí sola.

—Oh, gracias—susurró Kikyou sorprendida

Hasta ese momento había pensado que no le agradaba a la princesa, sin embargo, ahí estaba, con una sonrisa sincera y animándole a seguir hablando mientras caminaban a la galería. En el trayecto se encontraron con Miroku, que se les unió cómodo a la conversación.

Como una especie de profecía, dos horas después Inuyasha apareció, relajado y con el cabello aún algo húmedo por el baño, saludando a todos de buen humor. Kikyou estaba algo impresionada, pero Kagome actuó como si fuera lo más normal del mundo, desde luego debía ser cotidiano para la princesa. La baronesa había detectado la complicidad que envolvía a esos dos, pero esa fue la primera vez que notó cuán profunda realmente era.

—Te pasa algo—le preguntó Inuyasha a Kagome. La princesa se tensó y todo el ambiente de volvió frío ¿cómo podía Inuyasha saber que le estaba pasando algo?

—No.—su tono de voz la traicionó, Kikyou no entendía cómo la princesa había actuado tan amable y alegre minutos antes y de repente mostrarse cohibida—Imaginas cosas.

—No era pregunta, era afirmación—refunfuñó—Pero si no quieres hablar está bien.

La princesa no dijo nada, Inuyasha volteó hacia Kikyou y le sonrió.

—Tenemos pendiente una partida de ajedrez.

—Oh, sí—no esperaba que él lo recordara, pero se puso de pie y le siguió hacia el despacho.

Aunque Inuyasha decía estar emocionado por el juego, la verdad era que hasta Kikyou podía ver que el príncipe estaba más interesado en saber qué le pasaba a Kagome. Incluso la baronesa tenía curiosidad, había pasado mucho rato con ella y sólo la vio sonriente y feliz, pero Inuyasha con verla dos segundos supo que tenía algo en mente. "Es una relación muy curiosa" pensaba.

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Kikyou movió su caballo blanco, cayendo en una pieza donde estaba un alfil negro, con delicadeza sujetó la pieza negra y la colocó en la caja del ajedrez, sonriendo por la expresión impresionada de Inuyasha.

—No vi venir eso—dijo el príncipe.

—Tampoco cuando perdiste a una torre y a dos peones—sonrió la baronesa—Estás distraído.

—Claro que no.

Con decisión, movió al alfil que aún le quedaba y amenazó de esa forma la torre derecha de Kikyou, pero la baronesa no desplazó la torre, en su lugar se deshizo del otro alfil usando un peón que estaba a su lado. Inuyasha se dio un golpe ¿cómo no vio eso tampoco?

—¿Decías?

Inuyasha respiró profundo para ver mejor sus piezas, estaba muy mal, había perdido poco más de la mitad de las suyas, y sólo había conseguido quitarle a Kikyou peones, ninguna pieza importante. A pesar de eso, la baronesa se tomaba su tiempo y disfrutaba el juego, aunque era evidente que pudo darle un jaque mate desde hace bastantes movimientos.

—Sí, estoy distraído—admitió al fin, moviendo un peón y rezando que algo tan sencillo no le fuera contraproducente—Disculpa.

—No tienes que disculparte, todos necesitamos pensar de vez en cuando.

—Pero no cuando juegas ajedrez con una amiga.

Kikyou no respondió, había movido su torre acercándola peligrosamente a la reina de Inuyasha, pero él reaccionó desplazando a su caballo para generar una defensa "Vaya, al fin se está espabilando" pensó ella, cambiando su jugada para mover un peón. Satisfecha por su movimiento, miró a Inuyasha esperando ver su rostro de confusión, pero el príncipe miraba por la ventana, podía verse el jardín sur en todo su esplendor desde aquél cuarto, e Inuyasha lo analizaba con mucha concentración… más de la que le había dado en todo el día, siendo sincera.

—Piensas en ella—susurró.

El príncipe reaccionó y notó que era su turno, tras ver rápido las piezas, movió a su reina, la cual se puso amenazante y cerca de los alfiles de Kikyou. Ella se sorprendió de ese movimiento tan osado, y optó por retirar a un alfil, temerosa de perderlo.

—No sé de qué hablas—dijo él.

—De la princesa, claro.

—No—reiteró, moviendo su reina para quitarle a Kikyou el otro alfil, era la primera pieza importante que conseguía arrebatarle—Imaginas cosas.

Kikyou quiso reír ¡los dos príncipes habían usado esa misma expresión! Pero se contuvo y respondió en tono jocoso:

—Más bien, veo las cosas—acomodó un peón al lado de la reina, Inuyasha se vio forzado a regresar su pieza para no perderla—Has estado preocupado por ella todo este tiempo. No es algo que pase desapercibido para mí.

—¿Y qué es lo que notas, según tú?

Ella se encogió de hombros fingiendo demencia, moviendo suavemente su torre para quitarle a Inuyasha el último caballo que le quedaba.

—La forma en que miras a la princesa cuando crees que nadie te ve—dijo en tono suave y amable—Creo que ni siquiera ella se ha percatado de tus miradas.

Él no dijo nada, movió otra vez a la reina, pero fue tan rápido que Kikyou pudo con toda facilidad arrebatarle esa pieza usando su torre. Inuyasha quedó estupefacto ¡había perdido a su reina! Y todo por estar distraído.

—¡Oye!

—Es el punto del juego ¿no?—acomodó la pieza en la caja, con el resto—Aún tienes piezas.

—Sí, pero casi me acorralas, no es justo.

—Ha sido culpa tuya, por estar tan distraído.

—Lo sé, lo sé, no tienes que repetírmelo.

Kikyou sonrió, y vio a Inuyasha mover su torre, ella desplazó las otras piezas con el fin de bloquear su avance. Se mantuvieron en silencio un poco de tiempo, hasta que Inuyasha se animó a hablar.

—Lo lamento—dijo.

—¿Por qué?—respondió sorprendida.

—Sé que en nuestra correspondencia… se malinterpretaron unas cosas. Lamento que hayas venido hasta acá para percatarte de eso.

Ah, hablaba de eso. Kikyou esperó antes de responder, pensando en las palabras adecuadas. Cierto, había pensado que su relación con Inuyasha podría ser más que una amistad, pero apenas puso un pie en el Palacio de los Vientos supo lo equivocada que estaba. Se daba cuenta de que despertaba emociones en el príncipe, de atracción y misticismo, pero eso no formaba una relación, y ella sabía dominar muy bien sus emociones. No estaba enojada, y ahora que había pasado más tiempo con él, estaba aliviada, tenían pocas cosas en común y sus personalidades nunca hubieran encajado, era mejor que se mantuvieran como simples amigos.

También estaba la princesa, la situación entre Kagome e Inuyasha era confusa para todos, pero Kikyou tardó sólo una tarde en notar la manera en que esos dos príncipes se miraban. Habría que estar ciego para no ver el amor que se tenían, y Kikyou estaba feliz por ellos, pues todos se merecían encontrar amor en esta vida.

Pero los más ciegos eran, indudablemente, los propios príncipes. Eran los únicos que no parecían saber de su enamoramiento, ocultándolo en discusiones superfluas, que aún así no engallaban a nadie. Esos días que había pasado tanto tiempo con Inuyasha pudo notar la forma anhelante en que él miraba a Kagome en sus paseos vespertinos por los jardines; honestamente, sí, sentía un poco de celo, pero ¿qué mujer no sentiría la más mínima envidia tras ver a un hombre tan enamorado de una mujer?

—No tiene nada de qué disculparse—respondió la baronesa con una sonrisa—Usted nunca fue… irrespetuoso en sus misivas. Además, su amistad es un bálsamo muy reparador ¿sabía?

—Entonces ¿no estás molesta?

—No—y era la verdad—Pero sí me intriga una cosa. Alteza ¿por qué no es sincero con sus propios sentimientos?

Él apretó de repente la mandíbula, moviendo su torre para aniquilar el último alfil de ella.

—No hablaré de eso—declaró.

—Lamento si soné muy entrometida.

—Está bien, sólo eres curiosa. Pero son temas muy difíciles para mí. Perdona.

—Alteza, deje de disculparse. La confianza se gana, yo no me ofendo por eso.

Inuyasha movió un peón, el cual llegó hasta el final del tablero. Kikyou miró impresionada, ahora ella fue la distraída y no notó a ese peón llegando tan casualmente a su lado. Inuyasha esbozó una sonrisa de satisfacción.

—Mi reina, por favor.

Sacó a la reina de la caja y la colocó en lugar del peón, con sólo hacerlo, ya estaba en jaque. Kikyo movió inmediatamente al rey, al hacerlo, Inuyasha desplazó su torre y la puso en jaque de nuevo. Se había confiado tanto que no notó la manera en que la fue acorralando. Inuyasha sólo veía a su reina, estoica y amenazante, que de un movimiento podría matar al rey de Kikyou, todo lo que tuvo que hacer para recuperarla fue ser persistente e inteligente. No sabía por qué pero sentía que eso se aplicaba a otro aspecto de su vida. Dos movimientos más, le Inuyasha le dio el jaque mate.

—Me ha ganado—sonrió divertida—Es muy bueno cuando se concentra.

—Sí, supongo…

—Gracias por pasar estos días conmigo, alteza—le dijo con voz afectuosa—Valoro mucho su amistad.

—También yo aprecio mucho esta amistad.

Los dos sonrieron mutuamente, guardando el ajedrez.

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Cuando Inuyasha y Kikyou se fueron, Kagome se disculpó con Miroku y se fue a la plaza de armas, llevaba puesto un vestido sencillo ese día, que no se molestó en cambiar, sólo ató su cabello en una coleta simple y procedió agarrando un arco y carcaj. Había unos cuantos guardias cerca, que recién terminaron su entrenamiento diario, esos se fueron retirando lentamente mientras veían la forma casi iracunda en que la princesa disparaba sus flechas. Siempre daba en el blanco.

Aburrida, considerando la práctica muy simple, Kagome empezó a disparar en las pequeñas figuras de los árboles, que eran sólo para los más avanzados. Les atinaba sin problema alguno. Los guardias miraban embobados cómo una princesa tan hermosa y distinguida podía ser una arquera tan letal. Un fino sudor comenzó a cubrir la frente de Kagome, mientras se movía por la plaza de armas disparando, disparando, disparando… y siempre acertando.

Miroku la veía a distancia, y también Koga, el príncipe de las Altas Islas no daba crédito a lo que veía. Jamás conoció a una mujer que pudiera sujetar una espada, menos disparar flechas; pero por la forma en que Kagome se movía, adivinó que no le costaría esfuerzo en meterle una flecha entre los dos ojos, si quisiera. Sintió una oleada de respeto y aprecio combinándose en su interior, si antes le gustaba, ahora definitivamente la amaba.

—Es excelente arquera.—comentó.

—La princesa Kagome posee demasiadas habilidades notables—afirmó Miroku—La arquería es sólo una de esas.

—Tú, duque ¿sabes hasta qué punto es cierto el compromiso entre ella e Inuyasha?

—Sólo sé que fue un acuerdo entre sus padres.

—Aunque ellos parecen actuar como si no existiera.

—En efecto, creo que así es como pretenden romper el acuerdo.

—¿Crees entonces que Kagome acepte nuevos pretendientes?

—No lo sé, y tampoco sé si eso le molestará a Inuyasha.

—No me importa ese chucho, sólo lo que ella diga.

—Pues tú has pasado más tiempo con ella los últimos días, dígame príncipe Koga ¿no ha aceptado ella sus indirectas?

Koga guardó silencio, no, Kagome no había aceptado ninguno de sus intentos de coquetear con ella ¿debería tomarlo como una negativa? Pero ella aún era joven, quizá… en un futuro ¡sí! Un futuro. No cesaría en su empeño. Total, nada perdía con intentar.

Miroku sonrió satisfecho, nada mejor que los celos para esclarecer los sentimientos ignorados.

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Apenas terminó la partida de ajedrez, Inuyasha se disculpó con Kikyou y se marchó, la baronesa adivinó que buscaría a la princesa. Discretamente, lo siguió y vio al príncipe asomarse por los ventanales de los corredores, finalmente encontró a Kagome practicando arquería en la plaza de armas. Para no ser descubierta, Kikyou subió a otro piso y vio desde una ventana más pequeña la práctica de Kagome, era mucho mejor arquera de lo que esperaba.

Miroku y Koga estaban hablando a distancia, lo más seguro es que de Kagome. Durante mucho tiempo Kikyou se mantuvo tranquila, observando, hasta que la princesa terminó la práctica y caminó de regreso al palacio, seguro a sus recámaras para bañarse antes de la cena.

Había visto muchas cosas ese día, más que en todo el tiempo que llevaba en el Palacio de los Vientos, satisfecha, la baronesa caminó a su cuarto; era pequeño pero muy confortable, despidió a la doncella para quedarse sola y acto seguido sacó papel y tinta para escribir. Como atardecía, prendó una vela, Kikyou estuvo sentada varios minutos con la mirada perdida en la diminuta llama, buscando las palabras correctas, al final, tomó la pluma, la entintó y puso:

Mi muy estimada y honorable señora

Escribo ésta carta en el día séptimo de mi visita al Palacio de los Vientos. Tal y como usted me lo ha pedido, presté especial atención a la manera en que el príncipe Inuyasha Taisho y la princesa Kagome Higurashi llevan a cabo su relación.

Primeramente, destaco que ninguno de los dos menciona el compromiso que los une y antes bien parecen negar que existe. Desconozco si es un acuerdo al que habrán llegado con anterioridad. No puedo decir que se comporten expresamente como una pareja, porque no lo hacen, pero entre los dos se conocen a profundidad y parecen haber desarrollado su propio lenguaje, algo común en las personas unidas. Discuten con frecuencia, y he detectado algunas actitudes celosas (el príncipe Inuyasha se mostró celoso del príncipe Koga, que estuvo aquí estos días; y la princesa Kagome pareció ponerse algo celosa del tiempo que yo pasé con el príncipe Inuyasha) por lo que deduzco que tienen una relación complicada, no por eso menos profunda.

He pasado la mayor parte del tiempo con el príncipe Inuyasha, que me ha atendido con gran caballerosidad. Es inteligente y fuerte, pero también necio e impulsivo. A pesar de sus buenas cualidades, temo que es sencillo engañarle si se le provoca desde su ego masculino. Probablemente se deba a su joven edad. Agrego también que me ganado algo de su aprecio, si insisto, no tardaré en ganarme su entera confianza.

La princesa Kagome no ha pasado gran parte de su tiempo conmigo, siempre ha sido amable y generosa, pero diría que me rehúye, supongo que se debe a su buen instinto. Nunca había conocido a una mujer con el sexto sentido más desarrollado, su nivel de percepción es asombrosa, pero ella no escucha la mayoría de sus propios presentimientos. Intuye, de seguro, que soy una amenaza, pero duda de esa intuición, no sé cuánto tiempo se mantendrá así.

Ambos príncipes tienen una buena relación con el duque Miroku, quien es más intuitivo que el príncipe Inuyasha. No he hablado mucho con él, pero es bastante claro que es de confianza de los príncipes.

Cualquier cosa nueva que descubra tenga la total seguridad de que lo reportaré. Seguiré con el plan que habíamos diseñado. Le mando mis más fervientes respetos y reitero mi absoluta lealtad.

Firma: baronesa Kikyou.

Cerró la carta y la selló, después la colocó cuidadosamente entre los libros, sabiendo que nadie debía verla. Había que esperar hasta el día siguiente para mandarla, y así asegurarse que nadie la interceptara. Sonriente, Kikyou salió de su habitación tarareando: todo estaba saliendo de acuerdo al plan.


¿Y bien? ¿qué les ha parecido? Me gustó mucho la manera en que salió las referencias de póker con la conversación entre Miroku y Kagome, así que hice algo parecido al ajedrez de Inuyasha y Kikyou. Ojalá también les haya gustado. Si tienen alguna duda o sugerencia soy toda oídos, ésta vez no comentaré mucho porque quiero que ustedes deduzcan lo que pasará c;

¡un abrazo!