Capitulo 7: Mundo pequeño
Muchas veces, en los días, semanas y meses que siguieron a aquel encuentro con Sam, traté de imaginármela en la pareja del comandante Karofsky, toda una guerrillera, alternando con Fidel y Raul castro en manifestaciones de la revolución. La verdad no conseguía adivinarla en su nuevo papel: su figurita se me escurría como si fuera liquida. ¿ se habrá enamorado del tal comandante? ¿o había sido este un instrumento para librarse del entrenamiento guerrillero? No me hacía bien pensar en ella, cada vez sentía como si se me abriera una ulcera en la boca del estómago. Para evitarlo, me entregué a mis clases de ruso y de interpretación simularía con verdadero ahínco, así como mis otros asuntos con el señor Chames, con el cual logre entablar una buena amistad.
Ocho meses después
-Toc toc toc-
Sa: oye dormilona despierta!- vino una mañana a mi hotel.
Q: -fui a abrirle la puerta- Sam? Porque tan temprano?
Sa: jajaja acaso no puedo desayunar con mi mejor amiga?
Q: estoy en pijama, estúpido!
Sa: entonces cámbiate rápido, te espero abajo.
Q: ok ok, como digas
Le tournon
Q: vaya, tiempo que no te veía
Sa: pues tu sabes he estado viajando, esta vez vengo de tokio.
Q: y que tal están las japonesas?
Sa: jajaja no son mi tipo, pero igual son bonitas, también no he tenido tiempo por todos los asuntos del MIR
Q: y bien ahora que países visitaras?, letonia? Panamá?
Sa: -suspiro- aunque no te lo debería decir, he venido a despedirme… Dejo parís. Si, mi hermana, parto al Perú.
Q: -la noticia me cayo como balde de agua fría- al Peru?
Sa: nadie lo sabe aquí, asi que no sabes nada tu tampoco. Mi esposa y mi hijo ya están alla.
Q: - hice puños con las manos- Sam…
Sa: no te preocupes, no me pasará nada, ya verás. Y cuando la revolución triunfe te mandaremos de embajadora a la Unesco- hubo un largo silencio… yo no podía dejar de imaginar que el se dirigía a la boca del lobo para nunca más regresar…- oye a donde voy los sándwiches deben de estar malísimos.
Q: VAS A HACER UNA IMPERDONABLE ESTUPIDEZ! Si no te cuidas puede ser que los soldados te maten primero que a todos! Te vas a hacer matar por los chismes estúpidos de cuatro resentidos de París que te acusasn de oportunista? Recapacita Sam! No puedes hacer una cojudez como esa!
Sa: lo que digan los peruanitos de París me importa un carajo, no se trata de ellos, se trata de mí. Mi obligación es ir allá! Además estoy en buena condición física y tengo una puntería exelente.
Q: tu partida de parís… quiere decir que pronto estallará la guerra?
Sa: en dos meses, ya tenemos todo organizado y el entrenamiento con los becados ha sido un éxito, ellos ya están escondidos por todos los andes y también ya tenemos puestos los campamentos en diferentes puntos del país. La revolución será un éxito y Perú se convertirá en la segunda Cuba.
Q: entonces… te deseo suerte
Sa: ya se que no me crees nada, doña incrédula
Q: te juro que nada me gustaría más que creerte, y tener tu entusiasmo
Sa: -el asintió, observándome con una gran sonrisa- y tu?, tu que, hermana?
Q: yo nada. Yo aquí, de traductora en la Unesco, en París
Sa: eso es lo que quieres hacer en la vida? ¿nada más que eso?
Q: asi es… desde niña decía que quería ser diplomática, pero era solo para que me mandaran a París y eso es lo que quiero, vivir aquí, te parece poco? –le señale los arboles del luxemburo: cargados de verdura- mira eso, no es lo mejor que podía pasarle a una persona? ¿vivir, como en el verso de vallejo, entre "los frondosos castaños de París"?
Sa: jaja Reconoce que escribes poesías a escondidas, que es tu vicio secreto. Todos acá creen que escribes y que no te atreves a confesarlo por timidez. Todos los que vienen a París vienen a hacer grandes cosas ¿Quieres hacerme creer que tu eres la excepción?
Q: te juro que la soy. No tengo otras ambiciones.
Sa: bueno, ya se está haciendo tarde, tengo que tomar el metro –se levantó de la mesa- me acompañas?
Q: esta bien
Estación
Q: -se me salieron algunas lagrimas- cuídate, Sam…- lo abracé- no hagas cojudeces alla arriba.
Sa: si si claro que si, Quinn- me volvió a abrazar y vi que el también tenía los ojos húmedos.
Me quede allí, en la boca de la estación, viéndolo bajar las escaleras con lentitud. Tuve la absoluta seguridad que era la ultima vez que lo vería.
Su partida me dejo vacía, porque el fue el mejor compañero de aquellos tiempos inciertos de mi instalación en parís. Felizmente, los contratos de "temporera" en la Unesco y mis clases de ruso y de interpretación simultánea me tenían muy ocupada y en las noches llegaba a mi hotel casi sin fuerzas para pensar en la camarada Arlette o en Sam.
Unos meses después
Bar de la rue Monsieur
Mozo: lo de siempre señorita?
Q: si… -aún seguía afectada por la ida de mi amigo, y además por Arlette, había empezado a beber regularmente- oiga, quien es ella?
Mozo: oh, es una chica nueva, cada viernes se presenta aca y canta unas cuantas canciones.
Q: - la muchacha era delgada, cabello liso y rubio- como se llama?
Mozo: Kitty Wilde
Q: -tomé un sorbo de mi wisky y seguí mirándola mientras se presentara- es bonita
Mozo: y no es la única que lo piensa, todos babean por ella.
Q: sabes si tiene un novio o algo asi?
Mozo: me toma por chismoso?
Q: jaja… no, solo era curiosidad – el mozo se retiró, yo la seguía viendo- despierta Quinn, ella nunca más volverá, tienes que tener una vida, seguir adelante- me dije a mi misma.
Ki: -luego de hora y media, termino su presentación – espero que les haya gustado –salió por la parte de atrás del bar.
Q: -yo, con el alcohol en la sangre, me dirigí hacia ella- hola hermosa –dije alcanzándola justo en la salida- te llamas kitty no?
Ki: ammm si…
Q: soy Quinn, y estoy segura que soy tu futuro
Ki: jajajaja discúlpeme, usted está ebria, retírese por favor
Q: solo he bebido un poco
Ki: te tomaste como 5 vasos de wiski
Q: me estabas espiando?
Ki: ja! Porque me interesaría en una chica como tú?
Q: no te pregunte si te interesaba, pregunté si me espiabas
Ki: -se puso roja un momento- jaja bien bien, si te espiaba
Q: lo sabía! –le sonreí- desde cuando te presentas acá?
Ki: apenas voy dos semanas, solo me presento los viernes
Q: y que haces los otros días de la semana?
Ki: me quedo en casa y a veces voy a ayudar a una tía en su restaurante
Q: ósea, que mañana no tienes nada que hacer
Ki: así es
Q: pues ahora no, mañana iremos al cine en la tarde, te parece?
Ki: salir con una extraña? Jajaja tú te crees que diría que sí?
Q: solo nos divertiremos y también me encantaría conocerte más
Ki: ok, debo admitir que eres muy guapa, y también me han dado ganas de conocerte.
Q: excelente! – le extiendo la mano- te acompaño a tu casa?
Ki: encantada.
Kitty Wilde, tuve un pequeño romance con ella. Española, aunque nunca ha pisado su país. Una voz melodiosa al hablar, lo decía todo maravillosamente, susurrándolas y con unas pausas y énfasis de mucho efecto. En esos días que salimos me contó que había vivido un par de años con un actor y la ruptura con el la dejó tan afectada que no quería estar con ningún hombre, por el momento. Ella aceptaba a que la invitara a ir al cine, a cenar, y, una noche, fuimos al Olympia a oir a leo ferré, y al despedirnos me dijo, rozándome los labios "estas empezando a gustarme, peruanita". Absurdamente, cada vez que salía con kitty me invadía un malestar, el sentimiento de estarle siendo infiel a Arlette, a pesar de que trataba de convencerme que dejara el pasado atrás, pero ella simplemente no salía de mi cabeza.
L' escale
Q: -entré al bar- quizá debí decirle que hoy no tenía mucho trabajo para la noche, bueno al menos sé que está aquí –observé por todo el lugar pero no la encontraba- oiga mozo, sabe en dónde está la chica que hace los shows?
Mozo: la vi que salía por la puerta de atrás hace un rato.
Q: gracias- camine hasta la puerta trasera, abrí la puerta- Kitty…- estaba muy "acarameladita" en los brazos de un señor enchalinado y patilludo.
Ki: Quinn! Creí… que hoy trabajarías hasta tarde
Q: - me entró la tristeza y otra vez ese sentimiento vacío- descuida, ya no te volveré a ver- cerré la puerta y corrí fuera del establecimiento, me sentí estúpida, timada.
Nunca más volví a ir a ese bar, ni me la volví a cruzar. Mi vida volvió a "la normalidad". Solo que ahora viajaba por trabajo, pues, el señor chames, al ya no tener trabajo para mí, me recomendaba para que me contraten de traductora en conferencias y congresos internacionales en parís o en otras ciudades europeas. Fue a la vuelta de uno de esos viajes de trabajo que me encontré en mi hotel una carta de un primo hermano de mi padre, el Dr. Ataulfo Lamiel, abogado en lima. Este tío segundo, me informaba que mi tío Albert había muerto, de una pulmonía y me había hecho su heredera universal. Era indispensable que fuera a lima para acelerar los trámites de sucesión. El tío decía que no era una herencia millonaria pero me ayudaría en mi estadía parisina.
Su muerte tuvo mucho efecto en mí, él había sido el único que me recibió en su casa cuando mis padres tuvieron ese accidente automovilístico, cuando yo tenía 10 años. Él era un hombre sano y ni siquiera había cumplido los setenta años. Sin el tío Albert, me hubiese quedado sola como un hongo.
Esa misma tarde fui a las oficinas de Air france a comprar un pasaje de ida y vuelta a lima, y luego pasé por la oficina del señor Chames para explicarle que tenía que tomarme unas vacaciones forzosas.
Q: -cruzaba el hall de la entrada, cuando accidentalmente choqué con una señora de tacones, envuelta en una capa negra con filos de piel- perdóneme, no me di cuenta- la miré a los ojos y ella miró a los míos, como si ya nos conociéramos.
R: jajajaja vaya vaya, que chiquito es el mundo –me dijo acercándose y tendiéndome la mejilla- ¿Qué haces tú por acá? Niña buena
Q: trabajo aquí de traductora- dije balbuceando, totalmente desconcertada por la sorpresa, la miré de pies a cabeza- como has cambiado desde la última vez!... fue hace como tres años no?
R: cambiado para mejor o para peor?- dijo dándose una media vuelta, como las modelos.
Q: para mejor, la verdad es que estás preciosa. Supongo que ya no te puedo llamar Lily, ni chilenita, ni camarada Arlette ¿Cómo diablos te llamas ahora?
R: ajajaja –me mostró una sortija de oro- ahora llevo el nombre de mi marido, como se usa en Francia: madame Robert Arnoux
Q: estas… casada?- tragué mi saliva, no tenía derecho a reclamarle nada, ni a decir nada- bueno, me alegro- le brindé una sonrisa falsa- oye, te gustaría ir a tomar un café? Para recordar viejos tiempos.
R: ahora no, mi marido me está esperando –se excusó, con burla- Es diplomático y trabaja aquí, en la delegación francesa.
Q: tiene un buen cargo –ella me acarició la mejilla.
R: mañana a las once, en Les Deux Magots.
Q: te veré ahí madame Robert Arnoux- ella me dio un beso en la mejilla.
R: estas más guapa –diciendo esto, desapareció por el pasillo, dejándome aun impresionada.
Q: que chico es el mundo…
espero que les haya gustado :)
quien le da un abracito a Quinn? :(
