En el capítulo anterior.
-Lo último que vieron, el grupo de los cinco; Chichiri, Tasuki, Ryusei, Fei Gan y Suza. Fue como el ente decapitaba a Osana.- Taka expandió sus ojos, lo que se convirtió en una lectura de aventuras, en esa ráfaga se situaba en extenuantes incógnitas.
Los presentes en la casa de Miaka, parecían competir por gestos de no admitir la incongruencia que formulaba el libro. ¿Hablaban de proteger este mundo?
Por un momento, cuando a cada uno se le retorcían las tripas del coraje e impotencia. El fulgor de luces invadió la habitación. Los cinco citados, que provenían del otro mundo aparecieron y el libro, por el cual habían viajado, inició a carbonizarse, provocando a Taka soltarlo…
¿Qué les deparará el destino, ahora que su sacerdotisa está muerta?
Los eventos se repitieron en varias partes del mundo, donde los pequeños libritos habían sido repartidos. Las chicas fueron regresados al paradero dónde se encontraban.
Él llegó al filo de la madrugada, estaba molesto por las preguntas que le hicieron por la tarde. ¿Vincularlo con las desapariciones? Sería mala publicidad. Por suerte llevaba a una escultural chica para borrarle la odiosa idea del cuestionario policiaco. Entró al recibidor de su enorme mansión, besando desenfrenadamente a la dama que le acompañaba, ya le había quitado la blusa. En medio del lujoso cuarto, que tenía finos muebles de cuero, se encontraba un cuerpo de una jovencita, desnudo, de larga cabellera negra, parecía muerta con la cantidad de heridas producidas en su cuerpo.
La mujer que le acompañaba le gritó asesino y salió como alma que le llevaba el diablo.
o|- Todos los derechos de Fushiyi Yuugi y sus otros personajes son Propiedad de Yuu Watase. -|o
(Este capítulo tendrá mucho diálogo… Espero que lo que se contará no les enfade un poco y crean sea un argumento trillado. No obstante me fundé en una loca lógica; ¿qué pasa si vistas un lugar extraño, sin conocer de los pequeños enemigos que podría asechar? puede que la probabilidad quede de uno en un millón para que ocurra…ya que no se percibe los peligros que oculta el extraño universo)
CAPÍTULO 7: VENENO
- ¿Has visto las noticias? - bebiéndose un café preguntó Taka a Keisuke, parado al filo de la puerta -
- Dicen que aparecieron en el lugar donde confiscaron los libros, las chicas contaron su permanencia en el universo de los Cuatro Dioses y las autoridades creen que su mente fue dañada por un psicópata.
- Y han vinculado a un cantante chino con el asunto… juzgando todo lo sucedido como ritos satánicos.-cerró sus ojos azules, el café llegó a su nariz como prueba de la realidad concurrente- En esto hay mucha gente inocente involucrada.
La preocupación del joven profesor de literatura estaba al borde, se llevó las manos a la cabeza arando su cabello, un desasosiego carcomía su cuerpo. Tenía tantas preguntas en su cabeza, pero la primera se encontraba en la forma de solucionar el mal mayor, por el cual, se rehusaba a admitir la verdad.
- ¿No hay nada qué hacer? -la amargura y el tembleque tono de voz se percibían con simpleza-
- No es tu culpa que esa chica callera ahí, Keisuke. -apuntó su cuñado, sentándose a un lado de la cama, donde estaba el aludido, palménadole la espalda-
- Esto es como una pesadilla, cada que intento cerrar los ojos la veo ahí, desintegrándose en la nada. -apretó más las manos a su rostro- Hubiera… hubiera preferido… ¡SER YO!
Taka lo distinguía desmoronándose, poco a poco las rodillas del castaño claro cayeron al suelo para desatar un llanto histérico. La ventana de la habitación de Keisuke se abrió con el fuerte viento gélido de la madrugada, haciendo más frías y dolorosas sus lágrimas.
Miaka había cerrado la puerta principal para encaminarse a la sala de la casa de sus padres, observando dormir en el sillón grande a Suza, la que estaba en el regazó de Chichiri, recordó que la chica pelirroja había derrochado una enorme cantidad de energía para traerlos y su cuerpo necesitaba descanso.
- No me pareció prudente separarnos -anotó seguro Chichiri, mirando el extraño entorno que le rodeaba-
- Ryusei tiene un punto favorable, respecto a Tasuki… -contestó ella embebida en la nostalgia-
- ¡¿Cuál? -acarició el cabello de la niña al verla apretar la boca, calmándole de un mal sueño-
- Es que al ir a esa casa él podrá estar sólo, expresar sus sentimientos sin el temor de reprimir su dolor y conocer la forma de vida de Kaori.
- ¿Cómo? -se quitó la careta, el sudor corría por su seño fruncido-
- Hay cosas que me tomará tiempo contártelas, Chichiri… sobre Tasuki y Kaori.
Se tomó el lapso necesario, sentándose en el sofá próximo al peliazul. Miaka estaba segura, después de narrarle la situación, la estrella de Suzaku entendería con claridad la razón de tomar esa optativa.
El corazón del hermano mayor de los Takahashi se encontraba inestable, el profundo dolor le desgastaba, tenía miedo de volver a su hogar, pero latía la idea de abrir la puerta y encontrarla ahí, con los audífonos en los oídos, leyendo un libro de filosofía, desmayada o esperándolos a la entrada furiosa al olvidarla. Bajaron del vehículo de Tetsuya, agradeciendo la atención.
Sin embargo, Yui le pidió a su novio aguardar, ella tenía un sentimiento similar al guerrero con el designio de "Su". Desde su posición, bajo la escasa luz de las cuatro de la madrugada, concebía temblar las manos de Ryusei.
Tasuki se movía cual autómata, tenía la mirada perdida, creyendo que cada imagen había sido sembrada en su cabeza, así negaba acceso al sufrimiento. Fei Gan cargaba entre los brazos al más pequeño, por su parte acertaba a la calma. La mente del falso emperador calculaba en dejos objetivos el permanecer estable, ya que cualquiera de los dos podría cometer una locura.
El tronido de la puerta afirmó la entrada. Cuando menos se esperaron, con luces apagadas, el lobo fantasma empujó el tablón de acceso, corriendo por toda la vivienda entre gritos ahogados al pronunciar el nombre de la chica. Se tropezó un par de ocasiones al llegar a la cocina, otra al dar con el patio. Ryusei accionó los interruptores, observándolo subir las escaleras para buscar en cada habitación.
Un diálogo rápido entre Fei y el anfitrión concluyó en apaciguar los arrebatos del pelirrojo. El chico de ojos grises siguió al desenfrenado, subiendo los peldaños de madera alfombrada y encontrándolo en la última habitación de la casa.
- ¡Aquí dormirás…! -dijo Ryusei, pulsando el apagador encendió el foco del techo-
Genrou miró su rededor, un lugar ordenado y desabrido; Un estante mediano en la esquina repleto de libros, una cama simple, sobre la que reposaban dos almohadas. Había un escritorio al lado de la ventana, sólo una lámpara, un portalápices y un epítome encima. El buró del lado izquierdo holgaba un aparato raro, marcaba números partidos por dos puntos que parpadeaban cada segundo, atado con cinta adhesiva blanca, eso fue lo que acaparó su total atención. Lo tomó entre sus manos.
- Ese es el reloj despertador de Kaori -apoyó su mano en el hombro de Tasuki-
- Pensé que tendría espadas, hachas y licor colgando de las paredes… -esbozó una sonrisa acompañada de dolor, pretendiendo que el estúpido comentario aligerara el hecho de saberse en un lugar desconocido- pero esta habitación no es como ella. Se siente tan solitaria…
- Porque así es Kaori.
La casa era propia para cinco habitantes, por lo cual Ryusei logró distribuir las habitaciones entre Fei Gan, el pequeño Kasuke, Tasuki y él. Sus tíos aún no regresaban del viaje, les faltaba unas cuantas semanas, dado en su momento se enfrentarían al problemas de explicar dónde quedó la ruda muchacha y en qué lugar ubicar a los visitantes.
En la Montaña Taikyoku.
Unos hombres terminaban de tapar un par de Tumbas. Taiitsukun hacía oración por el descanso eterno de las almas de aquellos cuerpos enterrados.
- Es lo menos que puedo hacer por ellos -mentó la anciana, con heridas en el rostro y manos unidas en rezo-
- Osana no merecía morir de esa forma… -puntualizó Kenji apretando el puño-
- Tampoco Nakago. - aseguró la vieja tallándose aquellos ojos cansados. Cavilaba en las injusticias, apenas conseguía el pretender lavar los pecados del ayer y ya había pagando el alto precio por ellos- No encuentro lógica en todo esto, si dices que esa mujer era la sacerdotisa de Kirin, esa supuesta Diosa. ¿Qué razón habría para dejarla morir? -flotó contemplando su morada destruida- ¿dónde está esa Diosa? O será que todo es mentira y no existe.
- Cuando estuve en casa de la Sacerdotisa Osana, sentí un poder repleto de calor y misericordia. Osana afirmó era la Diosa Kirin. -hizo memoria siguiendo a Taiitsukun- Hubo algunas cosas que mencionó, sobre que ya no quería sentir el sufrimiento de la Diosa, su necesidad de llegar a sus nuevas estrellas antes de que su tiempo se acabara e intrigó sobre un libro que trasporta a las chicas del otro mundo.
- ¿Intrigar? -cuestionó azorada, quería escuchar aquel contubernio-
- Entredijo que todo esto era un plan para conquistar el otro mundo, algo de mantener un ritmo de viajes, pues nadie podía vivir por mucho tiempo en el. -conceptuó el moreno, rascándose la cabeza en son de referirse a las palabras correctas- Quería que transmitiera el mensaje. Aunque no tuve tiempo de decírselo a Genrou.
- ¿Conquistar el otro mundo? Es cierto que el último duelo contra Seiryu se dio en el otro mundo. -pausó- Tamahome es la prueba viviente de que se puede…
El cielo comenzó a oscurecerse, sorprendiendo a ambos y al resto de ladrones. Pronto una lluvia cargada de relámpagos cubrió el planeta, vedando al sol proporcionar la valiosa luz.
En un departamento lujoso, en el sector urbano de China, se encontraba un muchacho con la pierna cruzada, agitando el pie en son despreocupado, al escuchar los regaños de su representante, una muchacha de su misma edad.
- ¿Qué sucede contigo? Tengo a toda la prensa ocupando las líneas de teléfono y encima me sales con ese detallito. -cuestionó furiosa la fémina de mediano cabello teñido en rubio-
- Jun… -su voz aguardentosa trepó la estancia, de su mirada escarlata saltaron chispazos pícaros. - No crees que esto lo podríamos usar a nuestro favor.
- Venom, hemos sido amigos por años… desde aquel accidente en Canadá. -expandió sus rasgados orbes color miel, aseverando un paso al enfado total- y aún actúas como ese chiquillo malcriado e insolente…
- Hay una diferencia radical, Xiao Jun, ya tengo diecinueve años, valoro las situaciones, les he sacado provecho a cada invención y heme aquí en la cúspide del éxito. -habiendo colocado los codos sobre la mesa del despacho, cruzó sus dedos largos y delgados, acurrucando aquel mentón escuálido en ellos, una pose de goce- Gravando discos con una famosa casa productora en Norte América.
- Por lo mismo tú último representante te votó. Recuerda que de no ser por mis padres estarías en la calle. -arrugó su chata nariz, al instante que se proyectaba una estricta mujer en su cara redonda-
- ¡Vamos muñeca!, el que tú familia me cuidara desde niño y yo despuntara, no significa en absoluto restarle gratitud. -curvó la ancha espalda, por la cual caía en cascada su longo cabello azabache, un distintivo de la diversión provocada de la mujer al irritarse- El honor de los Xiao se conservará, pierde cuidado.
- Está la situación de los libros… ¿Y qué vas a hacer con esa chica? O con la otra…
- Primero; yo no tengo nada que ver con los mentados libros. Algún fanático enfermo que se toma muy enserio mi papel artístico. Segundo; la mujer que llevé a mi apartamento es una ramera drogadicta cualquiera… ¿quién le creerá? y tercero; la chiquilla ya fue atendida por un doctor muy discreto. -acarició las llamas de sus dedos, dando entender el pago por el silencio del médico- Comprendo el llegar hasta ese punto de intentar suicidarse por mí. Lo que no me cabe es cómo una fan conseguiría entrar a mi casa, quemando mi alfombra con ese libro…
- Por el momento, Venom, es mejor mantenerla ahí, no dejarle salir, hasta que despierte y nos dé una explicación. -alzó ambos brazos masajeándose las sienes- Ya no sé si creerte o no.
Venom eyectó su cuerpo del sillón giratorio de cuero, acarició la caoba al recorrer el escritorio, llegó a la colérica chica rubia, sobándole la cabeza con suavidad, apegó su cuerpo en tendencias sicalípticas. Hubo un enorme silencio en el despacho engalanado por tomos de libros de música, literatura e historia a su rededor.
- Te preocupas demasiado… Jun. Aflójate un poco. -deslizó los dedos por el delgado cuello de la muchacha, al desnudarle el cabello, el fino rostro blanco del pelinegro se mantuvo a centímetros, en pos de hacer una labor por demás relajante-
Jun, la representante dibujó una sonrisa en su cara, dio unos pasos al frente girándose a él.
- Desde que te conozco estoy vacunada contra tu ponzoña… Venom -tomó de una de las sillas frente al escritorio un bolso azul, a juego de su blusa y pantalón ejecutivo blanco para dirigirse a la salida del departamento. Posó su mano en la perilla, misma que giró abriendo la puerta- Atiende correctamente a nuestra invitada, cuando despierte busca la manera de no querer cogértela, antes de llamarme y venir a hacer un trato con ella.
- No depende de mí… ¡muñeca! No tengo la culpa de ser irresistible.
- Irresistible o no. No quiero verme obligada a portarme severa con la persona que considero como a un hermano -salió Jun dejando a Venom con un mohín cubierto en el desafío-
Residencia Takahashi.
No había podido pegar el ojo toda la noche, cabeceaba algunos segundos, pero se resistía a pensar en Kaori. Entre la luz que proyectaba la luna miraba los objetos rodeándole. Tasuki se imaginaba la función que tendría cada uno. No fue hasta que los primeros rayos del sol y un olor a comida le hicieron levantarse de la cama. Una voz de chica llamándolos le pareció conocida. Saltó cual resorte del colchón, bajó las escaleras y se dirigió al aroma a huevos fritos que estaba en la cocina.
Una chica, espaldas a él, pegada a la estufa giró su faz hacía él.
- ¡Buenos Días! Tasuki-San -dijo la chica con una resplandeciente sonrisa- ¡Bienvenido a este mundo!
El pelirrojo se quedó estático, los músculos de sus manos se aflojaron como gelatina, apenas pudo articular en un silbido. -¿Ka-Kaori?
- ¿No te gustan los huevos estrellados? -dudó ingenuamente, con un delantal rosa estampado con fresas, colgado a su cuello, atado a su cintura con un coqueto moñito-
El lobo fantasma saltó la barrita, pero antes de tocarla unos talismanes de papel atravesaron su recorrido, prendiéndose en la frente de Kaori. Él dirigió su cuerpo a la dirección donde habían sido lanzados mirando a Suza sacando un par más.
- ¿Qué pendejada haces? Chica.-preguntó Tasuki enfadado-
- Esa no es Kaori… -contestó pronta- No puedo permitir que una estrella de Kirin sea manipulado por un espíritu maligno y lo deje sumergido en la fantasía.
- ¡¿De qué jodidos…?
Cuando Tasuki quedó a pasos de terminar la frase la figura de Kaori se despellejó, trayendo en su interior a un ente sombrío, con afilados dientes, ojos demoniacos y garras aguzadas que se lanzaron sobre él. Un pitido escandaloso provocó al príncipe de los bandidos despertarse, era aquel reloj que lo sacaba de un sugestivo sueño. Pero aquella cosa no tenía ganas de parar. Agarró el artefacto con sus manos picando a todos los botones, lo que causó un sonido más chillante. De entre las sábanas de su cama buscó su abanico, encorvando su lomo, retrayendo su brazo gritó.
- ¡REKKA SHIN…!
Una mano le detuvo evitando su algarabía. - ¡Hey! Shun'u -Ryusei lo tumbó al suelo- Estabas a punto de quemar mi casa. -Se dirigió al despertador, presionó el botón pero no pasaba nada, así que le quitó las pilas.-
- ¡Este mundo está embrujado! -protestó Tasuki enchuecando su boca abierta de par en par enseñando sus colmillos. Señaló el diminuto aparatejo con su ventilador platinado- ¿Qué putada era eso?
- Sólo un inofensivo RELOJ DESPERTADOR -expulsó un resoplido de entendimiento- Supongo que será una larga plática… es mejor bajar para preparar el desayuno.
Hubiese sido lo que fuera, sin embargo el chillido le apartó de la pesadilla. Por un instante, Tasuki, no sabía definir el preferir vivir en ella o someterse a la cruda realidad que albergaba su corazón.
Mayo llegó al filo de las ocho de la mañana, desde ayer no paraba de preocuparse por su novio. Miaka le recibió con una semisonrisa, invitándola pasar a la casa.
- ¡Buenos días! -No era el saludo adecuado, pero se prestaba al protocolo-
- ¡Buenos días Mayo!. ¿Ya has desayunado?
- ¡Sí! Antes de venir para acá. Sabes si Keisuke se encuentra en casa.
- No pudo dormir mucho. A primera hora recibió una llamada de la preparatoria. -suspiró, un mal presentimiento- En cuanto colgó se dio una ducha y salió volando.
Carretera a Hachioji.
Keisuke miró en el archivo, dispuesto a recorrer cuarenta kilómetros que le destinarían a Hachioji. Recordaba la razón por la cual, el rector de la preparatoria le había llamado.
- Vamos a expulsar a esta muchacha… -el viejo director ojeó la carpeta amarilla que tenía- Sus archivos dicen mucho de la indisciplina que no podemos permitir, a pesar que le dimos una oportunidad, pero sus actos hablan por sí misma.
- ¡Qué lástima! -estableció la maestra de física-
- Es un desperdicio. -condujo la catedrática de idiomas-
- Yo también pienso igual, era la mejor en mi clase de gimnasia. -postuló el profesor de educación física-
- ¡Señores! -Keisuke se inclinó respetuosamente ante la asamblea de profesores- Podemos darle otra oportunidad entonces. La presión por el cambio pudo originar un poco de irritación. Sólo ha faltado unos días… quizá esté enferma de gripa.
- ¿En esta temporada? ¿Cuando sus hermanos han venido a buscarla? -estableció el rector lanzando un atisbo incrédulo- Su conducta es irreverente, la inasistencia a iniciar sus clases es inadmisible para esta institución. Además un par de estudiantes y el capitán de Kendo del colegio han puesto una queja sustentada con testigos.
- Por ahí rumoran… que usted salió con la chica de esta institución desde el día que no ha vuelto. -mentó calumniando la profesora de sociales- ¿No será qué… usted y ella…?
Keisuke expandió los orbes inconforme, no podía creer la difamación en la que ambos estaban envueltos. Se quedó callado al momento que los maestros cuchichiaban sobre el asunto, difamando y echándole estiércol. Un estridente golpeteo en la mesa asilenció al parlamento magisterial presente. La atención se dirigió por completo al castaño claro, al que cubría el flequillo parte de sus ojos.
- ¡Me niego a la expulsión! -contestó el hermano de Miaka, con un férreo atrevimiento- Esa chica es una víctima de todo lo que está pasando. -se aproximó al director- ¡Permítame comprobarle! Ella merece una oportunidad más…
- Sólo que encuentre algo positivo de los anteriores maestros con recomendaciones y una razón consistente de su ausencia -entregó el folder acartonado al joven Yuuki-
En cuanto tocó el exterior de la preparatoria estaba seguro de llegar a cualquier escusa justificable para darle un poco de tiempo. Sí en el lapso, la sacerdotisa de Kirin, estaba salva, podría invocar a la Diosa pidiéndole regresarla a la vida.
Residencia Takahashi.
Fei Gan estaba sentado a un lado de Tasuki. Ryusei le ponía el plato al pequeño Kasuke. Un simple desayuno de arroz y vegetales encurtidos. Nadie parecía querer hablar. Alimentaban sus estómagos por exigencia, más no por apetito.
Cuando el pelirrojo tomó el antepenúltimo bocado soltó una enorme carcajada, al tener su cuerpo encorvado y el rostro casi pegado al plato.
-¿De qué te ríes? -Preguntó Fei elevando una de sus delgadas cejas-
- ¡De tu estúpida real cara, cubierta con arroz! -contestó Genrou sin cambiar su postura, continuando con la tremenda risotada, al instante que el peliazul de ojos turquesas tomaba una servilleta de tela para limpiarse la cara-
Pronto el menor de los Takahashi comenzó a contagiarse riendo también. Ryusei sintió un alivio al ver a su hermanito continuar la cómica racha, enseguida miró al plato de Tasuki, los palillos sostenían temblorosos la última ración de alimento, mientras unas gotas líquidas salpicaban la cóncava loza. La tremenda algazara del lobo se había convertido en aullidos de lamento.
Si bien, Tasuki, demostraba ser un hombre rudo, sin miedo al peligro, se situaba como el más llorón. Había tratado con todas sus fuerzas reprimir con insistentes chuscos las negaciones de encontrar todo su pasado en una fantasía diseminada para derrocarle. Estando en esa casa, durmiendo en la cama de Kaori, soñando con ella, desayunando en su plato, las lágrimas no se contuvieron, como los sollozos provenientes de su boca. Los muchachos dejaron que desfogara su pena, para que pudiese enfrentarse contra el enemigo libre del rencor.
Después del rato, Ryusei les proveyó de ropas adecuadas. Les dejaría en casa de Miaka para él ir al colegio y llevar a su hermano al suyo. Para el guardián "Su", existían otras maneras de desfogar la tragedia, una de ellas consistía en emprender su vida cotidiana.
Ciudad de Hachioji, sector de clase media.
Keisuke preguntó en la cuarta preparatoria a la que había asistido, enviándolo a la secundaria Takao, de ahí a un instituto del mismo grado, Hideyoshi. Todas ellas afirmaban la falta de conducta en la chica; Faltas por largas temporadas, peleas continuas con el sexo opuesto, indisposición de formar un equipo y su diligencia desvergonzada.
Terminando en la secundaria Fuji. Por suerte, en aquella escuela tenían excelentes comentarios. Una maestra cuarentona le dio las cartas que necesitaba, hasta le recomendó visitar a una amiga de la inculpada.
El papelito lo tenía entre sus manos, leyó la dirección corroborando la similitud con la estampada en el buzón. La casa se contemplaba de una familia de clase media alta. Decorada sencilla, cochera para un automóvil y un bonito tapete gris rata, con un letrero de "Welcome" adornado con una flor rosada al final. Pulso el timbre aunado al lado derecho de la puerta, iniciando una melodía de acordes alegres.
Una muchacha, vestida con un leotardo, un tutú, medias y zapatillas de ballet en rosa pastel, de cabello negro enredado en molote, adornado con un fino tocado de plumas blancas a un lado de su cabeza, correspondió el llamado.
- ¡Buenas tardes! Disculpe la intromisión. Mi nombre es Keisuke Yuuki. Estoy buscando a la señorita Mariko Nakamura. -sonrió calmadamente-
- ¡Es un placer! Yo soy Mariko. -cuando esbozó una dulce sonrisa, la hermosa muchacha de finos rasgos faciales, conjuntó mayormente sus orientales ojos café- ¿En qué le puedo servir?
Se quedó congelado unos segundos, cuestionándose, ¿cómo Mariko, una chica tan gentil y dulce, podía ser amiga de ella? Posteriormente reaccionó.
- Es sobre una jovencita. -se rascó el cuello, renuencia ante el desconcierto y nerviosismo- Kaori Takahashi.
Entonces la expresión de Mariko cambió, dejó de mostrar la energía afable, mudando a una entristecida.
- Lamento no poderle dar información de ella… -aspiró una enorme bocanada de aire- Desde segundo de secundaria que no la veo. -inclinó el cuerpo disculpándose-
- Yo-yo soy su profesor de literatura… Necesitaba, si es posible, me diera información sobre algunas cosas muy importantes de la Señorita Takahashi. -pidió con cortesía Keisuke-
- ¡En verdad lo siento mucho! No puedo retrasarme, en hora y media tendré un recital. -se percibía esquiva, un argumento fundado en huir de cualquier conexión- Por la tarde saldré de viaje a Yokohama… Es un gusto conocerle, puede ser para la próxima semana.
Mariko comenzó a cerrar la puerta, su figura delgada se contemplaba entre la rendija aún presente. El hermano de Miaka no se daría por vencido y atrancó la pequeña abertura con el pie.
- ¡Por favor! -rogó- Intento salvar a Kaori… si usted no me ayuda, ella no tendrá una oportunidad de tener una vida de estudiante normal.
La bailarina, de gráciles movimientos volvió a abrir el acceso, aquellos ojos como bayas de capulín se cristalizaron al instante cubriéndose de un roció de preocupación.
- ¡Dígame que Kaori está bien! -suplicante introdujo Mariko- ¿No ha tomado su medicina? ¿Ha faltado con el doctor Tamashiro? -se arrodilló corriéndose el delicado rímel que poseían las largas pestañas postizas y comenzó a llorar- ¿En qué hospital está? ¿Cuándo se agravó su enfermedad?
Keisuke respingó su postura dando unos cuantos pasos hacia atrás. Su cabeza se hizo un nudo, misma que sacudió para reaccionar. Ayudó a la chica a levantarse, brindándole un pañuelo de tela. Mariko le permitió entrar, le ofreció asiento para comenzar a conversar con él. El hermanos mayor de Miaka, usando la astucia, aparentó estar un tanto en el entendido de las circunstancias, con el mero propósito de saber la verdad.
- ¿Desde cuándo se conocen?
- Nos conocimos en la misma clase de ballet -limpió la mancha en sus mejillas- y nos hicimos amigas inseparables. Pedimos a nuestros padres nos cambiaran a la misma primaria y entramos a la secundaria Fuji juntas. -las lágrimas brotaron de nueva cuenta- Ambas soñábamos con ser las mejores bailarinas del mundo. Hasta que a mediados de primer año de secundaria… ella dejó de ir a las prácticas yo me enfadé con Kaori por dejar sus sueños a pesar de que me confesó de su enfermedad. Pero comenzó a comportarse alejada y fría. Entonces proliferé furiosa con unos carteles en la escuela… -su voz se quebró- lo débil que era. Yo no comprendí el sentimiento de ser desahuciada.
- ¡Tranquila! -le costaba creer las cosas, aquella rebelde chica, con estampa de buscapleitos, petulante, sobajando a cualquiera, solitaria y malhumorada tenía un motivo consistente de las acciones que emprendía. Buscaba un medio con el cual liberar la tensión. - No es grave… va a curarse. ¡Te lo prometo!
- Eso quiere decir que encontraron una solución. El medicamento correcto. Es la mejor amiga que cualquiera pudiera desear, se merece lo mejor.
- ¿Sabes la dirección de su médico? Requerimos de sus estudios clínicos -Quizá sobre esa cuestión hallaría una salida rápida a pausar un lapso la asistencia al colegio de Kaori. Tendría bases sólidas para su comportamiento e inclusive una razón más para pedir a la Diosa Kirin una salvación para la chica-
- Es un laboratorio que fundó el padre de Kaori… -Se levantó rápidamente, tomando pluma y papel donde anotó una dirección- para encontrar una cura.
- ¿Cómo? -se sorprendió un tanto más-
- ¿No sabe que los padres de Kaori hicieron una gran fortuna? De hecho destinaban un porcentaje alto a obras de caridad desde que enfermó… luego de la inexplicable desaparición, unos cuantos días junto a sus hermanos, mismo misterio de una muchacha.
Parte de la historia que leyó en el libro fue corroborada, posiblemente cuando fue devorada por el libro en el tiempo que conoció a Tasuki. Acompañó a Mariko hasta el teatro dónde llevaría a cabo su presentación, disparándose a los laboratorios. En un área urbana de la ciudad estaba un edificio con un enorme letrero en latón dorado que decía "Laboratorios Takahashi" Llegó a la recepción, trató de no verse agobiado aspirando y exhalando unas cuantas veces.
- ¿En qué puedo servirle? -preguntó la recepcionista-
- Señorita, busco al Doctor Kento Tamashiro.
- ¡Oh! Cuánto lo siento, se jubiló hace dos años. -comentó la muchacha-
- Necesito verlo con urgencia, podría proporcionarme su dirección. -con un nudo en la garganta inquirió, parecía que cada paso que daba el destino le ponía trabas-
- No estamos autorizados para proveer esa información. Aunque… -pausó-
- ¡Por favor! Es de vital importancia, la necesito. -la angustia ya no podía ocultarse entre esos ojos castaños-
- Su hija trabaja aquí, si me permite un momento le llamaré.
Largos veintitrés minutos de espera, sentado en las bancas azul claro de la recepción. Jugó con sus manos, secó el sudor de su faz. Hasta que se presentó una mujer de aproximados veinticinco años ante él. Lo miró desde unos gentiles luceros del tono del café con leche, su temple paciente cubría la salita de estar, le extendió la mano.
- Déjeme presentarme. ¡Naoru Tamashiro! -entrecerró los ojos, al aire acondicionado mecer mesuradamente su cabello castaño-
- ¡Keisuke Yuuki! -Se puso de pie correspondiendo- Tengo preguntas, referentes a una chica llamada Kaori Takahashi.
- ¡Hay! ¡Por Dios! ¿Está al tanto dónde puedo localizarle? -a primera vista se podía describir la expresión de una luz de esperanza- He estado llamándola a su casa, luego al colegio donde me informaron de su partida a Tokio. Estoy desesperada por encontrarla.
- Es un poco difícil. Puedo conseguir su dirección, sólo qué ella está…
- ¿Qué tan seguidas son sus jaquecas? ¿Cada cuando presenta fiebre? ¿Ya les dijo a sus familiares?
No supo que decir. Estático ante las preguntas recordó la lectura, las ocasiones en que ella tomaba las píldoras, las veces que caía enferma, ese deseo insaciable por volver a este mundo de la forma más pronta posible y la alegría al tener una rayito de expectativa al ir con Taiitsukun. La doctora le hizo pasar a su consultorio cuando Keisuke inició a indagar sobre la misteriosa enfermedad de la chica.
- El desconocido padecimiento de la Señorita Takahashi ha tomado a mi padre años en estudiarlo. Cuando se jubiló me puso a cargo. -sacó un expediente con contenido más grueso que la carpeta que traía en las manos Keisuke- Al principio se apostó a la Fiebre maculosa de las Montañas Rocosas, provocada por una bacteria llamada Rickettsii, le pusimos el tratamiento adecuado, ella no respondió, puesto que ese virus es exclusivo del hemisferio occidental y la señorita Takahashi no había estado en ninguno de esos terrenos. Después de varios meses intentando y analizando apuntamos a la enfermedad de Lyme, causada por la bacteria Borrelia Burgdorferi, por los síntomas. -ojeó el expediente- Llegamos a la misma conclusión, ya que la bacteria es propia de Norte América y Europa.
- ¿Qué es lo que tiene entonces? -conservándose serio, observó a la Doctora pasar por expresiones de duda-
- Sufre alucinaciones vívidas, indicios de un resfriado; fiebre, dolores de cabeza. Cuando no se le suministra el tratamiento presenta erupciones cutáneas, suelen sangrar, alta temperatura, pérdida temporal de sus movimientos corporales como de lapsos de memoria. Una vez restablecida las señales desaparecen. -pausó unos segundos para suspirar- Es como sí el microorganismo fuera de otro mundo. Le hemos controlada con una combinación de tratamientos. Cada mes debe presentarse a su inyección e inspección de rutina.
- ¿Cada mes? Quiere decir que todo va bien.
- No. Porque al principio de deducirlo aplicábamos una por año. Eso fue hace cinco años. Tres años después era una cada seis meses… actualmente requiere una dosis tdoble y agresivos analgésicos para calmar la neuralgia. -contó con toda la seriedad posible- Una enfermedad infecciosa, un veneno que a su principio caminó lentamente avanzando con voracidad. Lo único que hacemos nosotros es retrasar su fallecimiento, dándole energías para impulsar a la muchacha en una vida normal. -pausó para girar las hojas del registro y mostrarle una gráfica- ¿Qué haremos cuando tengamos que aplicarle una dosis doble de la que le colocamos? Es un medicamento fuerte… su próxima visita era ayer.
Terminando de charlar se despidió de la doctora. Entre sus manos llevaba las pruebas suficientes que le darían una pausa y justificación a Kaori.
Durante todo el lapso de ese día, Miaka y Yui se habían dedicado a darles un recorrido, a Tasuki, Chichiri y Fei, entre los conocimientos generales del planeta Tierra y les presentaron a Hikari, dado que Suza continuaba durmiendo. Ambas no deseaban tocar el tema de lo sucedido hasta familiarizar a los viajeros, evitando sentir mal al lobo.
Luego las chicas se dispusieron a preparar una cuantiosa cantidad de comida. Mientras una picaba lechuga, la otra miraba la enorme olla de estofado.
- ¿Cómo cambian las cosas? ¿No? -mentaba Miaka meneando el cocido- Hace algún tiempo Taka daba clases de educación física, ahora ha puesto su propio negocio.
- Ya sabes… el interés por el dinero -musitó la rubia sosteniendo el cuchillo-
- ¿Qué haremos ahora? -preguntó la anterior sacerdotisa de Suzaku mirando el hervor que brotaba del trasto metálico-
- Pues… el arroz ya está listo, no sé si con la kilométrica cantidad de comida tengamos, recuerda que Tasuki come como niño de hospicio.
- No me refería a eso… Yui.
- Créeme, he estado dándole vuelta al asunto toda la noche, no se me ocurren nada.
La puerta timbró enérgica, Fei atendió como si conociera el funcionamiento de tal, del otro lado estaba Ryusei tomando la mano de su hermanito.
Taka llegó tras ellos, había ajustado algunas cuentas pendientes en las oficinas. Hubo unas cuantas conversaciones a la hora de comida, entre esas qué les parecía su mundo, cuando frente a los comensales apareció Suza con un papiro entre sus manos al tallar sus ojos para mirar la comida con gran apetito.
- Primero a lo primero -produjo la peliroja de mechoncito negro- Tenemos una misión que cumplir guerreros de Kirin… usen este momento para descansar, porque cuando terminemos la hora de comida comenzaremos a buscar a las estrellas restantes de nuestro equipo.
- ¿Restantes? -preguntó Chichiri- Yo sigo sin entender el concepto de que existan estrellas aquí.
- ¡Entiéndalo!, señor Chichiri. -contestó respetuosamente Suza, arrugando el entrecejo- Ryusei es una prueba viviente. Tasuki, Chichiri, Tarazuki, es decir Fei Gan, y Hatsui, yo, provenimos del universo de los cuatro Dioses… -señaló a cada uno- por lo tanto Su, Ryusei, pertenece a los de este mundo. Los tres que faltan tienen el caracter de Ekie, Nakago y Urumiya.
- ¡Un momento! Nakago se quedó en el otro mundo… -se levantó de la mesa Yui- ¿Cómo podrían traerlo?
- Escuche bien… Sacerdotisa de Seiryu. Nakago murió en la batalla contra el enemigo, de igual manera que la Sacerdotisa que Kirin escogió, -Suza hablaba con determinación, mientras los que pensaban tomar alimento en son de paz empezaban a sentir la idigestión- El universo de los cuatro dioses enfrenta la oscuridad total… En unos días más todo se convertirá en un mundo fantasma.
Miaka se le hizo bola el trago de agua que engulló para calmar el estado de alarma, su sueño iniciaba a hacerse realidad. El mareo que provino de ella fue un espasmo originado ante el mal rato de palabras.
Chichiri, molesto se alzó de la silla. - ¿Cuál es el caso de buscar a las estrellas? Si no tenemos Sacerdotisa.
- Para proteger a ambos mundos… Antes de que se dé el desastre -rebatió Fei Gan-
- ¿Entonces para que sirvió todo? -condujo Tasuki encorvado hacía enfrente, con los codos en la mesa- ¿De qué sirvió la muerte de Kaori? -apretó con fuerza dientes y puños en la intensidad del estremecimiento que demostraba la injusticia-
- Kaori no está muerta porque… -no pudo concluir Fei Gan, una bofetada producida de la mano de Suza le calló-
- ¡Te prohíbo que hables del asunto! -Suza mostraba un enfado nunca visto, parecía el demonio en persona-
- ¿Qué asunto? Ustedes sólo hablan entre líneas… ¿Quién rayos son? -Esta vez el pelirrojo se plantó cara a cara a la chica de insignia Hatsui-
- ¡Bien! Puedo observar que aquí nadie tiene un atisbo en ayudar… -embraveció Suza- Lo haré yo sola…
La quinceañera corrió con todas sus fuerzas, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Jamás podría acapararse a la velocidad de Tasuki, quién le paró instantáneamente.
- ¡No seas imbécil! -alegó quién la sostenía de un brazo con crudeza- Nadie aquí desea más el salvar su propio mundo. Sólo que… ¡con un carajo! Parece que Fei Gan y tú mantienen muchos secretos.
- Yo quiero lo mejor para cada uno… Una vida feliz lejos de luchar cada día contra la maldad, durmiendo en escondites. -Suza estaba detenida, cerraba los ojos para no veles la cara- Nosotros también anhelamos una vida feliz. Fei Gan y yo ya hemos perdido mucho, tiempo, amigos, familia… Creímos que lo entenderían.
- ¡Habla con la verdad! ¿Cómo podríamos hacer algo sin Sacerdotisa? ¿Realmente existe esa mentada Diosa? Seguramente cada recuerdo que me contaste es…- Tasuki la sacudió aún más enfadado- ¡Maldita perra mentirosa!
Fei Gan apoyó la mano en el hombro del enfurecido pelirrojo - No hagas preguntas ni digas cosas de las que puedas arrepentirte. Genrou… En esta vida todo tiene solución, menos la muerte y el hecho de ser dominado por la mano de Dios.
El peliazul de longo cabello tomó a Suza entre sus brazos, mientras la chiquilla se quebraba gimiendo de incredulidad; "Hago todo lo que me han pedido" La sentó en el sillón buscando calmarla.
Aunque la jovencita, de estrella Hatsui, permanecería resguardando secretos, dejaba a la expectativa muchas palabras en el aire. Por un lado Chichiri comenzaba a captar el mensaje que enviaba el falso emperador. Miaka y Taka estaban preocupados más que nunca de las consecuencias del la pesadilla. Yui observaba callado a Ryusei, mostrando una pequeña sonrisa ante la idea de la mención que su hermana continuaba con vida. Tasuki iniciaba a reputarse todos los recuerdos de Kaori como ficción.
El veneno germinaba en cada uno, ponzoña que carcomía las fragilidades de los presentes en la casa Yuuki.
Cuando las cosas se calmaron, llegando el anochecer, Ryusei y sus invitados partieron a la residencia Takahachi… esa queda les depararía una sorpresa.
- ¡Inútiles! -gritó una voz entre la oscuridad de las nueve de la noche- ¿Por qué demonios nunca revisan si mi moto está en casa?
Ryusei abrió sus ojos cuales platos. No lo podía creer. Fei Gan lo suponía. Tasuki se quedó pasamado. Kasuke corrió al encuentro.
- ¡Kaori! -mentó el mayor de los Takahachi deshaciéndose entre lágrimas- ¿Estás viva?
- ¡No idiota! Soy un espíritu maligno que vengo a destruirlos. -socarrona mencionó la muchacha entre la oscuridad, reposando sus posaderas en el asiento de la moto-
Tasuki, siguiendo su sueño sacó su abanico.- Me parece bien que lo aclares desde un principio. Voy a matarte entonces.
- ¡Tranquilo! Colmilludo -bajándose de la motocicleta abanicó sus manos, retocediendo unos cuantos pasos- No me achicharres, usaba el sarcasmo. Sí que eres un verdadero pelmazo.
Las cosas concluyeron por ese día, hubo muchas preguntas para Kaori. A lo que respondió que estaba aburrida y se largó a una fiesta lejos de la ciudad de Tokio. Pensando que sus hermanos habían ido de viaje con sus tíos, pues la nota que encontró en el refrigerador, dejada por Ryusei no había sido lo bastante clara.
Keisuke tenía las manos en la perilla de la puerta, en ese viaje a Hachioji hubo recolectas de información, también encuentros. Al deslizar las llave en la cerradera recordó.
- ¡Supongo que lo sabes todo! -dijo una voz femenina tras él al salir de los laboratorios-
- ¿Saber qu…? -giró su cuerpo, en la intriga de identificar a la persona- ¡Ka-Kaori! -su sorpresa encubrió a mayor al verla como siempre, con esa cara de rebeldía- ¡Estás viva!
- Continuó viva… -le miró con reto- No por mucho… pero seguiré fastidiándote.
- ¿Por qué no…? Te esperaban ayer para tú inyección.
- Se me atravesó una maravillosa fiesta. Hubo alcohol, ya sabes…-emprendió con su pedantería para proseguir- Me debes una, maestrito, por meterme en ese nido de ratas. Supongo que sabrás callarte sobre esto. No quiero lagrimeos de lástima en mi funeral.
Al menos el día había resultado fructífero, una razón para mantenerla en el colegio, volverla a ver con aquél carácter endemoniado. Le restaba encontrar esperanzas con la magia de Kirin y su sacerdotisa.
No obstante cuando el profesor de preparatoria girara la cerradura volvería a darse topes contra la pared, atollándose con el veneno de los nuevos eventos.
