Los días pasaron y tomó una rutina, principalmente aprender el trabajo que realizaba cada uno. En una tarde con Mary el ama de llaves observó como organizaba a el personal, la limpieza, la recepción de tarjetas de invitación y cartas, las dividía según su importancia y a quien se dirigían, con la amabilidad de una persona de cierta edad le explicaba la forma correcta en que debía funcionar la mansión a cada hora y según el evento, recorrió con ella todos los espacios de lo que confirmo era mas parecido a un enorme hotel, habían muchas habitaciones vacías que debían limpiarse con regularidad por el polvo y salones para cada ocacion, en total eran 5, el que ya conocía del té bastante amplio con muebles de flores rosas y doradas, el salón de música con instrumentos preciosos que estaban de adorno con cortinajes beige y vino tinto, el salón de arte en donde se exhibían pinturas de personas que según explicaba Mary eran famosas y su valor era incalculable, el de fiesta era como estar en un palacio tenía enormes ventalaes de piso a techo y daban a la terraza que conducía al jardín, sus cortinajes eran blancos y dorados, subió a una tarima y se imaginó a los músicos tocar bailando sobre ella como una niña sacándole una sonrisa a Mary, el salón de los retratos le pareció muy interesante. Mary había trabajado como ama de llaves de los Andrew desde que vivía el Abuelo de Albert, le contó como eran con una gran admiración cada uno de los miembros retratados hasta que llego a el actual William que ostentaba el señorío de tierras no sólo en Glasgow sino también en Edimburgo y al norte de Escocia, además de la responsabilidad de liderizar una familia cuyo origen precedía de las tierras bajas, los Andrew estaban diseminados por todo Reino Unido, la miro observar cada detalle de la pintura de su esposo y sonrió con ternura, después de una tarde juntas le tuvo que suplicar que le llamara por su nombre pero solo logro que le dijera Lady Candy. Mas complicado fue el muy correcto y serio Marco, llevaba administrativamente toda la mansion, lo que debía pagar al personal y a los proveedores, tenia cuadernos de cuentas que Albert debía revisar o en su defecto su esposa, el problema era que a ella las cuentas no se le daban bien y cada que le explicaba sobre los cuadernos le parecía aun mas complejo, escuchó cada explicación que le diera pero no entendió ni la mitad del asunto, de pronto pensó en su hermano, a Jimmy si se le daban muy bien los números, tanto que hubiese adorado escuchar como hablaba el señor Marco, la miró sin una palabra con el ceño fruncido y ella se sobresaltó

- Lo siento tanto señor Marco – se disculpo con una mueca - Se que su trabajo no es enseñarme a sacar cuentas pero lo que me dice es muy confuso para mi, las peras y las manzanas es lo que recuerdo de mi niñez y la cantidad de soldados por la cantidad de vendajes fueron las ultimas cuentas que lleve, no… no se si pueda ayudarle pero si me tiene paciencia quizá poco a poco pueda aprender

- Tenia ganas de sonreírle a la joven tierna que tenia en frente pero era su señora y las reglas que bien había aprendido dictaban que no podía sobrepasar los limites asi que solo le ofreció una inclinación – Mi Lady iremos al ritmo que usted desee y no me costara nada enseñarle de estas cuentas

- Soltó el aire audiblemente – Marco por favor Mary me llama Lady Candy, no me hace sentir mas cómoda pero algo gano con que mencionen mi nombre, si no le parece me gustaría que me lo dijera, cuando estemos los dos entre estas cuentas puede regañarme, suelo distraerme muy fácil

- No se preocupe dispondremos de un par de horas a la semana para ponernos al día, no creo que deba regañarle Mi Lady

Una voz conocida aparecio de pronto con una sonrisa cordial, la saludo con dos besos y un abrazo, hacia un par de días que no pasaba. Ignoro por completo a el señor Marco frente a ella como si fuera parte de la decoración, había notado que todos lo hacían, no se daban cuenta de que existían sirvientes hasta que los necesitaban

- ¡Ah estás en esto!... Marco – lo miro con altivez – ¿los cuadernos están listos?

- Si mi Lady – se giró y los tomo con una inclinación se los entrego en sus manos

- Muy bien Candice, veremos que falló hay, ¿ya los viste? – preguntó mientras leia

- Si pero….

- ¡Aja! Un incremento con relación a la semana pasada, hay que hablar con este proveedor Marco, y este ajuste no le va a gustar a William, el acuerdo es por tres meses y apenas van dos, no es necesario pagar más… para el jardinero si, pero no al resto del personal, la fachada es importante

Candy miro a el administrador inexpresivo mientras que ella tenía los ojos abiertos de par en par, había desaparecido y tomaba las riendas como una experta.

- ¿Lo ves Candice por qué hay que revisar? Luego incrementan donde no se debe, hay pliegos de contratos que deberías le….- se llevó una mano a los labios – lo siento, no sabes leer discúlpame

- Parpadeó sin poder hablar parecía referirse a ella como una persona con alguna enfermedad – lo que necesite aprender lo haré Daisy

- Bueno estoy segura mientras puedo hacer esto por ti, encargarme de las tareas de la mansión

- No quiero molestarte de verdad, estas son cosas que debo hacer yo aunque sea poco a poco y he tenido excelentes maestros en Steven, Mary y el señor Marco – le sonrió – no necesitas hacerlo por mí – miró por la ventana hacia afuera y arqueo las cejas – lo siento tendrán que disculparme tengo una cita en la cocina – le devolvió los dos besos a Daisy y salió con un revoloteo de faldas – hasta luego Marco

Se quedó por un momento pensando en lo insultante que le había parecido despedirse de esa forma siendo una invitada y más haber generalizado con el empleado, su a buelo le habia pedido una vez mas que fuera con ella a Londres pero se negó en redondo, ahora que el habia vuelto y se quedaba nuevamente sola con su tía haría lo que fuera por recuperar lo que le pertenece, miro al impasible Marco y salió del pequeño despacho administrativo como si nada pero hirviendo de rabia por dentro, eso le pasaba cada que la veía, quería desaparecerla con el tronar de sus dedos.

Asistiría por primera vez a una celebración de la nobleza, Dorothy se esmeró en su arreglo dejándole los rizos preciosos sueltos desde un moño lleno de florecillas blancas, por su mejilla caían unos mechones dorados con gracia, era de esas mujeres que no necesitaba mucho maquillaje para verse hermosa, su rostro de niña la hacía parecer un ángel pero su vestido verde agua con mangas de encaje blanco que cubría sus hombros resaltaba en detalle a la mujer que era, Albert notó cada parte de la dama que tenía en frente, sentía que no podía respirar con normalidad cuando lo miraba como lo estaba haciendo, salió de su estupor cuando ella le pregunto si era tarde, traía en sus manos un joyero que perteneció a su madre, era tan bonito por fuera que por sí solo resaltaba por sus colores perlados, dento había un montón de joyas brillantes, se negó a aceptar algo de semejante valía tanto sentimental como material pero él no escucho ninguno de sus argumentos, lo colocó en el tocador y saco un collar dorado con una piedra en forma de rombo, una esmeralda, la colgó en su cuello desnudo dando un paso atrás para admirarla, le sonrió diciéndole que se veía hermosa, ella apenas le devolvía la sonrisa, en ese momento no podía pensar otra cosa que no fuera la piedra, jamás había llevado algo tan costoso y delicado, solo el guardapelo de plata aún así suspiro dándole las gracias, suponía que ahora debia llevar cosas así para no sentirse menos y representar el abolengo de su esposo.

Cuando llegaron a la recepción recibieron tanto la admiración como las miradas curiosas de los asistentes, eran el escándalo del momento y no pasaron desapercibidos, en un segundo Lady Keller estaba frente a ellos abanicándose con insistencia y contoneándose con una sonrisa enorme.

- Lord y Lady Andrew sean bienvenidos

- Lady Keller tengo el honor de presentarle a mi esposa Candice

- Candice querida qué sorpresa eres mucho más bonita de lo que comentan – recibió dos besos en cada mejilla – no te guardo rencor por no contestar mis invitaciones para el té porque se de buena fuente que no aceptaste ninguna otra

- ¿Invitaciones de té? – preguntó con inocencia

- Discúlpenos Lady Keller pero hemos estado con otras ocupaciones, quizá mi esposa la reciba cualquier otro día en la semana junto con su hija y su prometido, ¿no es cierto Candy?

- ¡Si claro! Estaría encantada, cuando gusten - hizo una breve inclinación mientras se preguntaba sobre el paradero de esas invitaciones, Mary no le había comentado nada de eso

- Bueno, como no conoces a todos me honrará presentarte querida, deja que tu hombre se marche a conversar de política nosotras la pasamos mucho mejor, además ya sabes cómo encontrarlo – dijo con ironía soltando una risita

Se despidió de Albert con la mirada y acompaño a la regordeta mujer que le presentó a su hija junto a su prometido quienes le sonrieron, cada grupito de mujeres que le presentaba la miraban con descaro de pies a cabeza, algunas con diversión y otras con antipatía pero todas con recelo, alzaban las cejas y se abanicaban mientras veían la Esmeralda en su cuello, su vestido o su cabello, se sentia como un objeto de exhibición para ser juzgado; llegaron a un grupo más grande en donde divisó a Daisy y Eliza, una le sonreía como siempre y la otra la miraba con desprecio, todas las demás expectantes para verla interactuar con Daisy por puro morbo, para su fortuna ella la trato con normalidad y con afecto exagerado, solo dijo pocas palabras en respuesta a la presentación, entre ellas se secreteaban detrás de sus abanicos de encaje hasta que una con su mejor sonrisa falsa se dirigió a Daisy

- Es increíble que se lleven bien, no lo tomen a mal pero ambas fueron directo al matrimonio con el mismo hombre, solo que tú no llegaste al altar – miró a Daisy divertida - entonces resulta que un mes después son íntimas. Admirable – acotó en tono irónico

El comentario no parecía en nada afectarle a la que muchas llamaban la novia plantada, más bien le resultó un pequeño chiste, era evidente que sabia moverse en ese mundo y también cómo responder a las provocaciones y lo aprovecharía al máximo para su beneficio

- Mi querida Ruth, a diferencia de Candice yo sabia de ella, William me había contado sobre su valiente decisión en medio del caos, creyo a su esposa fallecida y fue muy triste, quién sabe que habrá pasado para que pudiera venir hasta ahora – giró hacia Candy con expresión afligida – conociéndolo como lo conozco él jamás faltaría a su deber y el mío es aceptar los designios del destino

Sus palabras si le dolieron mucho, el ruido a su alrededor dejó de zumbar y su mente repetia la frase hiriente "jamás faltaría a su deber", una de las damas la tomo del brazo emocionada y preguntó en donde se habían casado, las preguntas siguieron una tras otra por parte de otras damas, ¿quieres eran sus padres?, ¿como se conocieron? ¿por que tardó tanto tiempo en volver o siquiera decir que estaba viva?, ¿como era posible que la creyera muerta?, no podía responder alguna se sentía abrumada, se sentía ahogada, una voz masculina tras ella interrumpió el jaleo

- Mis distinguidas damas – hizo una inclinación formal ante ellas – si me disculpan les robare a Lady Andrew un rato, hablábamos el otro día que no había probado aperitivos con camarones y me complacería hacer que probara algunos de la mesa de postres

- Vió la propuesta como una oportunidad y sin pensar acepto – con mucho gusto Conde – se engancho a su brazo y se apartaron a paso lento del grupo con una breve disculpa

- Disculpara la pequeña mentira mi Lady pero se veía bastante incómoda entre esas damas

- Gracias – caminaron hacia la mesa y puso un postre en sus manos que estaba realmente delicioso – de hecho su pequeña mentira no lo es del todo, nunca había probado un postre hecho con animalitos del mar – él sonrió, a pesar de que era un hombre que podría estar entre los 45 o 50 años de edad se veía jovial

Estaba empezando a creer que el Conde no era lo que pensó en un principio cuando un hombre de contextura gruesa, bajito y Rubio se acercó llevándose un gran monóculo a su ojo y mirandolos con una sonrisa petulante

- Dartmouth que evento casual encontrarte aquí – la miro fijamente unos segundos alzando una ceja y agitando el monóculo – sería una descortesía saludar a una dama sin ser presentados

- Mi Lady este hombre es Kalvin Lambert… - lo miro con lo que parecía rabia - Duque de Nortfolk, esta dama es Lady Andrew

- ¡Ahh vaya!.. ¡La esposa que regresó de la muerte! a sus pies mi hermosa dama – hizo una leve inclinación sin perder aquella sonrisa – la verdad estuve en la boda que frustró, excelente detalle

- ¿Que te retiene en Glasgow Kalvin? La cortesía no será y que sepa tus negocios están en Londres – replicó el Conde con rudeza

- Como explicaba me quede después de la boda, tenía que hacer algunas averiguaciones por acá, principalmente tus movimientos Dartmouth no me quedaría si no fuera necesario – se quitó el monóculo y tomo la mano de la joven – si quiere un buen consejo mi Lady aléjese de las personas peligrosas – miró de reojo al Conde – no es bueno hacer amistad con gente de dudosa reputación con las damas

Miró a su compañero que fruncía el gesto en una rabia que trataba de controlar, el Duque beso su mano y con monóculo en mano giró para conversar con alguien más, "dudosa reputación con las damas" entonces no estaba tan equivocada con relación a aquel hombre, pero Albert pensaba que era bueno, debería haber aprendido a no confiar en los hombres, en ninguno, él trató de no darle importancia al asunto pero se le notaba la molestia en el cuerpo, la guió directamente a Albert y con una rápida inclinación se marchó, le parecía bastante raro todo aquel episodio. Albert siguió presentándole a unos caballeros que repetían la acción de sonreír y decir que era un total placer, estaba cansada de tantos nombres y títulos que no llegó a memorizar, la música que sonaba en él área de baile era preciosa, se acercó a su esposo y en voz baja le susurró una propuesta

- ¿Por que no bailamos? …La música es muy alegre

- Pequeña no es como crees, estos bailes son muy estructurados hay que incorporarse a una fila y los pasos son estudiados, si quieres aprenderlos puedo conseguir a el mejor instructor

- Pero.. – trato de replicar pero él se adelantó a su respuesta

- Está bien bailaremos el vals, está hecho para parejas, aún hay quien lo considera indecente y no hay nada estudiado en él

- ¡Candice te nos desapareciste! – exclamó Daisy frente a ellos

Fue entonces que formaron el triángulo que a todos esa noche fascinaba, ella comentó al respecto mientras sonreía y tomaba a Candy por el brazo, podría jurar que las miradas estaban quemándoles la espalda, finalmente logró llevarla de vuelta a aquel grupo que la hacía sentir tan miserable, estaban cerca del salon de baile y se podía ver a las parejas formando la fila la verdad preferiia estas bailando y fue cuando un caballero se inclinó frente a ella ante el grupo

- ¿Mi Lady me concede el honor de este baile? – preguntó con una sonrisa

- ¡Si por supuesto! – no sabía si era correcto aunque no hay nada de malo si pertenecen a la misma familia de igual forma era mejor que quedarse alli

La siguió con la mirada hasta el salón, se disculpó con el grupo y se colocó al lado de Archie que miraba junto con muchas más personas el baile. Neil la guió hasta el final de la fila y al ritmo que imponía el violín se inclinaron los caballeros ante las damas con una mano en el pecho y la otra a la espalda, luego otra nota hizo que las damas sujetarán sus vestidos en una inclinación pronunciada, la otra nota del violín acompañada del violonchelo y la flauta dio inicio al baile, Candy sonreia mientras ejecutaba cada paso, muchas miradas sorprendidas estaban sobre ella. Mientras sonaba la alegre canción recordaba a quien le enseñara a bailar, el señor Dustin era un excelente bailarin y disfrutaba enormemente la danza mientras la señora Dustin reía y los aplaudía, en aquel entonces volvio a sonreir desde su alma y aprendio los diferentes pasos de las danzas mas populares, nunca había hecho ese baile con tanta gente pero le resultó divertido ir entre ellas y pasar por debajo de las manos unidas, para ser honesta consigo misma dejó escapar las tensiones y se concentró, no en los pasos, sino en lo divertido que era bailar; el agitado baile concluyó en sus posiciones iniciales y en los mismos tonos de inicio e inclinaciones, los aplausos se escucharon por todo el salón, Eliza le lanzó una mirada de fastidio a Daisy quien se la devolvió incomoda y Neil beso la mano de su compañera ampliando la sonrisa, la llevaba de vuelta con el grupo de mujeres cuando Stear la abordó

- Candy tiene que concederme el segundo baile

- Sonrió ampliamente – será un gusto enorme Stear, espero que sea una melodía alegre por qué nos vamos a divertir

- Rió fuertemente – diversión es mi segundo nombre – detrás de él dos caballeros se unieron a el grupo

- Mi Lady usted ha alegrado el salón con tanta gracia en el baile, parece que ha hecho esto por años – comentó Archie sonriendo – evidentemente que el tercer baile es mío – Candy le sonrió asintiendo

- Para mí ha sido un acierto mi Lady, si me disculpan la dejo a buen recaudo – sonrío Neil volviendo a besar su mano para desaparecer como siempre lo hacía de forma extraña

- ¿Me acompañas por un refresco Candy? - Evidentemente fue una pregunta retórica, la engancho a su brazo y se alejó con ella del ruido del salón de baile – ¿cuando aprendiste a bailar?

- El señor Dustin me enseñó a hacerlo

- Los Dustin de Bath… Ya los habías mencionado, me llegó una carta hace un par de semanas del segundo capitán de brigada Arthur Dustin, tiene la esperanza de que arreglemos nuestra situación y te permita visitarlos algún día, me parece que no necesitas permiso para ello – la miró de reojo – también escribió que en su casa teníamos un hogar

- Sus ojos se critalizaron – les escribí una carta hace una semana, Bath está lejos pero no imposible, les escribiré más seguido

- ¿Escribirles? - frunció el ceño y luego la miro con las cejas arqueadas

- Albert he aprendido mucho en estos años, no soy la misma – desvió la mirada

No hubieron más preguntas quizá por miedo a las respuestas ambos se abstrajeron en sus mentes, lo que si quedaba claro es que eran totalmente desconocidos el uno para el otro, nunca había conocido a Lord Andrew, un hombre correcto que no sonreía y que vivía para atender el legado de generaciones a su cargo, él no conocía a aquella dama, los llenaba de dudas el vacío de esos años en contraste con las personas que solían ser, dicen que la guerra cambia a las personas pero no era cierto lo que cambia es su manera de ver la vida y sus vidas después de ella eran otras.

La noche transcurrió sin regresar a un grupo de mujeres mezquinas, bailo y conversó con los hermanos Cornwell lo que duró la celebración hasta que los festejados abrieron en el salón la entrada al Vals, Albert la apartó de sus paladines guiándola hacia la pista y con un movimiento delicado colocó su mano en su cintura acercándola a su cuerpo, tomó su mano derecha enguantada y la miro a los ojos, la música de fondo era lenta, hermosa, sus movimientos fueron de la misma forma, no podía apartar la mirada de la suya, siempre le habían gustado sus ojos pero habían adquirido en un momento un brillo especial, estaban tan cerca que podía oler su perfume, el señor Dustin nunca le enseño el vals pero la llevaba como una muñeca y ella se entregaba a sus movimientos, entendía por qué decía que era un baile para parejas

- ¿Que estas pensando? – preguntó sin dejar de bailar ni mirar sus ojos

- Es como un sueño hecho realidad, al fin estoy bailando con el príncipe

- Sonrió dulcemente – ¿soñabas con esto?

- Muchas veces si, pero eran sueños esto es real y tú eres el príncipe ¿cierto?

- Asintió y la acercó más a su cuerpo, susurró en su oído – ¿y tu quién eres?

- Candice Andrew… Tu esposa – cerró los ojos al sentir su beso en su mejilla y con el la música se detuvo el tiempo pareció que también, se preguntó en ese breve instante si algún día el príncipe la amaría como ella siempre lo amó

Fue un momento tan intimo que no fueron los únicos en notarlo, había entre tanta gente miradas que ocultaban pensamientos odiosos y malintencionados con el simple propósito de separarlos. Al regresar a la mansión la acompaño hasta la puerta de la habitación como siempre, beso su frente y acaricio tiernamente su mejilla, le dijo que en la mañana iría con ella a ver a los pescadores y como cada noche se despedía de ella con las ganas enormes de quedarse dudando de la forma en que tenía que actuar, atormentándose con las posibilidades de su tiempo sola y ese "ÉL" que no quería ni recordar, preguntándose quién era esa tal "Cristina" que tanto daño le hizo, necesitaba respuestas pero tenía tanto miedo de obtenerlas haciéndole daño que buscó una mejor forma, su viaje estaba pautado para dentro de dos dias.

...


Hola me encantan sus conjeturas de lo que creen que sucederá y el por que de tantas cosas, Luz gracias si se me escapó un Duque por alli, me parece que Candy es ingenua pero no tonta ahora que se quede sola quiza pasen cosas buenas o malas... Un abrazo gigante a todas gracias por sus mensajes que siempre me hacen sonreir.