De nuevo, me presento con retraso…

Pero esta vez tengo excusa!

Son los benditos exámenes que quién sabe quién inventó para hacer sufrir a los pobres jóvenes que tenemos vida social.

Recompenso con este pequeño capítulo, según yo, un poco interesante.

A Leer!

Está loca—masculló el rubio para levantarse de la cama de Theodore, que había acabado des tendida y echarse en la suya.

— ¿Te piensas acostar así nada mas?—Preguntó Theo con gesto enfadado.

—Sí, ¿por qué?—respondió un soñoliento Draco.

— ¿Cómo que "por qué"? ¡Destendieron mi cama!—se exaltó Nott.

—Después la tien…—la frase de Draco terminó suspendida en el aire ya que se quedó dormido, Theo decidió dejar de insistir y salió de la habitación, dejando dormir al rubio apaciblemente.

Hermione se quedó un rato más sentada en el jardín, ya que era un día muy bonito como para quedarse dentro de la escuela. A lo lejos divisó a Harry, Ron y Ginny que jugaban con una especie de pelota-burbuja, y decidió ir con ellos.

—Que tal Ginn, Hola Harry y Ron—Saludó cuando por fin llegó a su lado.

—Hola, Herms—Harry fue el primero en saludar y miraba a Hermione con una expresión boba.

— ¿Herms?—se extrañó Hermione.

—Sí Herms, ya sabes, por Grawp, pero si quieres ya no te llamo así.

—Ah no, no importa, es solo que me pareció un poco extraño, pero puedes llamarme Herms.

—Bien, ¿Quieres jugar?—preguntó Ron, que curiosamente también miraba a Hermione con expresión soñadora.

—Sí, claro, ¿Qué juego es?

—Es quemados, Herms, el juego muggle—le respondió Harry, que miraba disimuladamente a Ginny.

A la castaña se le hizo un poco extraño que Harry y Ginny casi no estuvieran juntos y, que se dirigieran miradas de una especie de frialdad. No le tomó demasiada importancia a aquello y se dispuso a jugar un poco para distraerse.

Estaba empezando a anochecer, cuando recordaron que tenían que volver al colegio, así que empezaron a andar, pero Hermione tomó a Ginny del brazo y la obligó a volverse hacia ella.

— ¿Hermione, que pasa?—preguntó Harry, que ya se encontraba un poco lejos del sitio donde estaban las féminas.

—Oh, no te preocupes, Harry, solo necesito decirle algo a Ginny, volvemos pronto.

El ojiverde solo se encogió de hombros y volvió a caminar rumbo al colegio, junto con Ron.

—Ginn, ¿Qué pasa contigo y Harry?, han estado muy distanciados este curso, son mis amigos y necesito saber que pasa—preguntó Hermione directamente.

—Oh no es nada, Hermione es sólo que…—hizo una pausa—ah ni siquiera yo lo sé, he intentado hablar con Harry, pero no sé lo que le pasa, apenas me mira y yo creo que dejé de gustarle, Herms—le soltó Ginny, con aires de abatimiento.

—No, Ginny, por supuesto que tú aún le gustas, ¿cómo puedes creer que ya no?

—Por su forma de mirarte—apenas y terminó de decir eso, la pelirroja dio media vuelta y caminó de vuelta al castillo.

La castaña se quedó perpleja ante la declaración de Ginny, no, no podía ser, por supuesto que no, ¿Harry?, ¿su mejor amigo?

Caminó hacia la entrada principal, sin quitarse de la cabeza las palabras de su amiga, "por su forma de mirarte", cerró los ojos por un segundo para quitarse de la mente las palabras, pero lo único que consiguió, fue que al abrir los ojos, su mirada encontrara una gris, mirándola sin ningún recato. Draco se encontraba recargado en la pared, justo en la entrada, observando como Hermione abría mucho los ojos de sorpresa, cuando el joven preguntó:

¿Quisieras caminar un poco conmigo?—su voz sonaba silbante, con un tono ligeramente seductor, aunque quizá no fuese a propósito.

Draco deseó intensamente que Hermione apenas lograra asentir con la cabeza, seguirlo cuesta abajo, y cuando se encontraran solo a unos pasos de lago Negro, se detenerse junto al frondoso árbol que solía acompañar a Draco en sus días de tristeza.

Para su desgracia, su deseo no se volvió realidad, ya que cuando la joven castaña escuchó sus palabras, inmediatamente pensó lo peor y se puso a la defensiva.

— ¿Qué quieres, Malfoy?—Preguntó, casi gritando, con recelo.

— ¿No me has escuchado ya? Te he preguntado si deseas caminar un poco conmigo—contestó serenamente sin alzar la voz, sin perder su tono silbante.

— ¿Por qué querría caminar contigo?—preguntó a su vez Hermione, aún con recelo.

—Sólo necesito preguntarte algo—su voz seguía conservando la misma serenidad, a Hermione le pareció que no se rendiría hasta que aceptara, pero aún así, quería dar batalla.

— ¿Y qué cosa es ésa?

—Una muy importante, Granger, así que ¿me concedes el honor de caminar un momento con tu grata compañía?

Bien, ahora Malfoy era patético, total e irrevocablemente patético.

—¿Y qué te hace pensar que después de todo lo que hemos vivido estos últimos 6 años, yo caminaré contigo por la noche como si fuéramos viejos y grandes amigos?

—Yo no he dicho he dicho que caminaremos "como si fuéramos viejos y grandes amigos", solo he mencionado que quisiera preguntarte un par de cosas, lejos de la gente que se mete en lo que no le incumbe—se estaba impacientando un poco, pero lo haría, lograría que Hermione Granger aceptara.

—No me interesa, así que me voy de aquí—dijo comenzando a caminar hacia el lado opuesto de donde el joven se encontraba, cuando pasó por su lado, la tomó del antebrazo y le dijo al oído:

—Si no aceptas tendremos que hacerlo a mi modo, y créeme que no te gustara ni un poco—susurró con su habitual arrastrar de palabras.

Se dio por vencida, y sin decir una sola palabra, caminó hacia el lago Negro.

—No esperaba menos de ti, leona—dijo para sí mismo Draco, que observaba con una sonrisa ladeada como Hermione se sentaba a solo unos metros de lago, después el mismo se dirigió en la misma dirección que la castaña.

Antes de llegar a su destino, Draco vio embelesado a Hermione, acostada observando los astros y a la gran luna que descendía sobre ella, haciendo que su piel se volviera pálida, casi del mismo tono que la de él.

Se recostó junto a ella y pasar unos largos minutos sin decirse ni una palabra, fue Draco quien comenzó.

—Aún no me has respondido mi pregunta—señaló como si fuera una cosa que solo le hubiera venido a la mente, de repente, aunque la realidad era, que la respuesta lo intrigaba y torturaba todos los días.

—¿Eh?—Hermione acababa de despertar de su ensimismamiento y ahora miraba a Draco, recargada en su brazo.

—He dicho que aún no has respondido a mi pregunta—repitió el ojigris sin inmutarse, pues le gustaba la visión que había tenido por minutos de Hermione, aunque eso fuese extraño para el mismo, no le molestó encontrarse viéndola.

—¿Qué pregunta?—preguntó perpleja

—Tu color favorito, ¿cuál es?—cerró los ojos por un instante, deseando que, si ella decía que era el gris, su cabeza no explotara y no dará la misma respuesta que dio en su sueño.

—Ah sí, bueno, pues desde pequeña siempre me he sentido atraída hacia el color gris, no tengo idea de por qué, solo así lo siento.

—Es un color neutral, casi blanco, casi negro, pero siempre diferente.

—Nunca es igual—Hermione sonrió por dentro al escuchar las palabras del chico, es justamente como ella definiría el color.

— ¿Y el tuyo?

—Pregunta difícil sin duda, puedo decir que no lo tengo, jamás he tenido un color preferido, en mi castillo todo era gris, a excepción de la habitación de mi madre y su jardín de bellas rosas rojas, adornando con su esplendidez.

—Hermosas palabras.

—Gracias.

Y así pasaron los minutos, entre preguntas triviales, minutos de silencio observando la luz de la luna descender sobre ellos, miradas, voces, sentidos.

Y fue así como un cielo tiñéndose de rojo los sorprendió dormidos muy cerca uno del otro, la capa de Draco cubriendo el cuerpo de Hermione, sus manos casi entrelazadas y el cabello de la castaña rozando el rostro del rubio.