Caminaba como si la persiguiese el mismo demonio. Tal vez sentía eso con House pisándola los talones. A pesar de lo rápido que solía ser, había conseguido ir casi un metro por delante de él. A él no le importaba. No era consciente de lo que le divertía su comportamiento. Cuanto más le ignoraba, mejor se sentía. Paró cuando llegó a su moto pero vio que ella siguió caminando.

- ¿Dónde vas? – gritó.

- A mi coche. – se paró y giró para contestarle.

- La moto es más rápida. Llegaremos antes.

- Entonces espérame allí.

Y siguió caminando hasta su coche. ¿Qué ha sido eso? Se había quedado viéndola alejarse de allí. Demasiado difícil. Empezó a pensar que tal vez le sería imposible convencerla. Sin embargo, lo intentaría una vez más. No perdía nada.

Capítulo 7.

Había cogido un atajo porque después del desplante de Cameron se había quedado varios minutos parado en el aparcamiento del hospital sopesando todas las posibilidades. Le había dado tiempo a buscar una llave. Cuando la encontró debajo de un nomo que había en el jardín pensó que la gente era más tonta de lo que pensaba. Para él funcionaba. La esperó apoyado en la entrada de la casa. Cinco minutos después apareció caminando. Hizo una mueca cuando vio que parecía enfadada. Abrió la puerta y la hizo un gesto para que pasase antes. No se molestó en mirarle.

Era una casa luminosa, con paredes amarillas y fotos por todas partes. Cameron se asomó a las escaleras.

- Yo subiré a su habitación. – dijo mientras subía.

Realmente era la única opción. Debía estar más loca de lo que creía si había pensado en la posibilidad de que él subiese por las escaleras. Pero eran cosas como aquellas las que le hacían sentir bien cuando estaba alrededor suyo. No le daba importancia al hecho de que fuese cojo. Actuaba naturalmente como si no hubiese problema, y lo mejor de todo es que no fingía esa naturalidad. Se preocupaba por él, pero ¿por quién no lo hacía? Esa era la parte de ella que de una forma u otra le gustaba.

La planta de arriba no se distinguía en mucho de la primera. Mientras subía por las escaleras observó las fotos que había colgadas en la pared. Reconoció en gran parte de ellas a Mandy, su madre y supuso que su padre. Abrió la primera puerta a la derecha. La habitación de sus padres. La puerta de la izquierda daba a la habitación de Mandy. Paredes de un verde pastel y cortinas blancas. No había duda de que esa habitación había sido decorada por una madre muy protectora. La cama bien hecha y unos pequeños peluches sobre ella. Aquello estaba impoluto. Comenzó a tomar muestras de las superficies de los muebles, de los marcos de las fotos, la pequeña lámpara que había en una mesilla al lado de su cama… Todo. Se fijó en una estantería llena de libros. Dio dos pasos hacia ella cuando oyó un ruido. Apoyó de nuevo el pie y sonó otra vez. Levantó la alfombra y la apartó hacia un lado. Se puso de cuclillas y golpeó un par de veces. Sonaba a hueco. Pasó las manos por las ranuras que formaban las maderas y tiró de una de ella cuando vio que podía. Parecía que no todo era tan limpio en esa habitación. Metió la mano y cogió todo lo que encontró para enseñárselo a House.

Oyó como bajaba las escaleras. Había registrado la cocina y el cuarto de baño. Estaba todo como si lo limpiasen cada cinco minutos. Se sentó en el sofá.

- Aquí no sobreviviría ni un virus hitleriano. – dijo aburrido.

- He encontrado algo. – dijo ella sentándose a su lado y dejando las cosas sobre la mesa de café que había en el centro. – Aunque no creo que sirva de nada.

Se incorporó y alcanzó lo que parecía un grupo de cartas unidas por un lazo rojo. Las miró detenidamente y luego abrió una de ellas.

- ¡House!

- ¿Qué? – preguntó como si no hubiese hecho nada malo.

- Esas cartas son privadas.

- Supongo que las fotos que tú estás viendo no lo son.

Ladeó la cabeza dándole la razón. Ni las cartas ni las fotos tendrían ninguna relación con el caso, pero la curiosidad podía más que ella misma. Las había encontrado escondidas y la intrigaba. Ojeaba las fotos. En algunas estaba ella sola y en otra con una amiga o amigos.

- Estaban escondidas en un hueco en el suelo. – comentó.

- No me extraña. – dijo House que estaba leyendo una de las cartas. – No creo que quiera que su madre se entere.

Puso la carta a la altura de su cara para que pudiera leerla. La pareció una carta normal y corriente entre dos adolescentes. Seguramente la madre no la dejaba tener novio aún, no la pareció extraño conociendo a aquella mujer. House tenía razón, había un motivo más oculto y mayor por el que las tenía escondidas. Al ver la cara de sorpresa de Cameron asintió varias veces con la cabeza.

- Si no me equivoco, y sé que no soy tan anticuado, los chicos no suelen llamarse Emma.

Cameron buscó una de las fotos que había pasado. En ella, Mandy posaba junto a una chica joven, pelirroja y pecosa. De pronto aquel beso en la mejilla de la chica no parecía tan inocente.

- ¿Crees que será ella? – preguntó enseñándosela a House.

- Que cotilla eres. – dijo House levantándose.

Caminaban por los pasillos del hospital tratando de pasar inadvertidos. Como si estuviesen haciendo algo malo. Él gesticulaba con sus manos y ella aparentaba más tranquilidad.

- Estoy seguro de que planea algo y no es nada bueno.

- Me da igual si con ello consigue alejarla de una vez. – dijo Cuddy con desgana. – Empiezo a pensar que no es una locura pensar que ha tenido algo con ella…

- House no se acostaría con una chica de diecisiete años. No es tan capullo.

- Cada día está más raro.

- Puede que el hecho de que le disparasen tenga algo que ver… - dijo Wilson parando en una de las barandillas que daban a la entrada del hospital.

- Solo digo que tal vez no fuese buena idea mentirle y después volver a poner la maldita moqueta. ¡Por el amor de Dios¿Quién querría una moqueta con su propia sangre, recordándole todos los días de su vida que le dispararon?

Wilson levantó la ceja y miró a Cuddy pensando que no acababa de hacer esa pregunta. Ella movió la cabeza ligeramente sabiendo cual era la respuesta. Aún así no quería tener que ceder más ante House. Era la directora del hospital, no una madre que de vez en cuando le concedía algún capricho para mantenerle tranquilo. Eso era lo que estaba haciendo en los últimos meses y la hacía sentir que no estaba haciendo bien su trabajo.

- Lo de la moqueta fue una pataleta. Una manera de vengarse por nuestra mentira. Tenía sus razones, pero le sirvió de excusa para fastidiarnos. – dijo Wilson tratando de calmarla. – El problema ahora es que dice que tiene un plan para deshacerse de esa chica y me parece que está utilizando a Cameron para lograrlo.

- Si hace que Cameron vuelva a renunciar le patearé el culo tan fuerte que será menos doloroso andar sin bastón que sentarse. Lo juro. – dijo Cuddy irritada.

- No creo que Cameron renunciase ahora.

Si algo tenía seguro acerca de Cameron, es que no volvería a renunciar por House.

Recogió las cartas y ordenó todas las fotos. Se apresuró a subir y dejarlas tal y como las había encontrado. Definitivamente aquello no era relevante para diagnosticar a Mandy. Curioso, pero insignificante. House había revisado de nuevo la cocina mientras ella estaba en el piso de arriba. Iba a bajar cuando se quedó paralizada al verle de espaldas. Pensó en su petición. No entendía por qué ella.

- ¿Por qué a mí? – preguntó lo suficientemente alto como para que la oyese.

- Porque si nos pillan allanando una casa tú puedes ligarte a un poli y así no tendremos problemas.

Bajaba hacia él. House sabía muy bien a lo que se refería. Allison Cameron y sus interminables preguntas. Siempre cuestionando todo. Se paró a un metro de él y mirándole fijamente volvió a preguntar.

- ¿Por qué a mí?

- ¿Por qué a mí, qué?

- ¿Por qué me has pedido que te ayude a librarte de esa chica¿Por qué no puedes pedírselo a otra persona¿No has pensado en otro modo para alejarla?

- ¿Cómo cual? – no iba a contestar a las dos primeras preguntas.

- Como hablar con ella. Tú eres el adulto. Podrías explicarle las cosas tranquilamente y…

- Recuerdo haberlo hecho, pero como ya viste, no dio resultado. Así que…

La miraba con sus ojos azules, tratando de averiguar que estaba pensando. Había conseguido mirarle sin demostrar lo insegura que estaba. Le hubiese besado allí mismo. Debía controlar sus instintos.

- ¿Ensayamos? – preguntó

Pudo ver un atisbo de deseo en sus ojos. ¿Acaso eso también formaba parte de su petición? Se acercó a él. De pronto era capaz de transmitir más seguridad de la que sentía. No sabía como era capaz de mantenerse en pie mientras él la miraba de esa forma. Tan solo un paso más. Esa era la única distancia que les separaba ahora. Quería besarle. Jamás lo había deseado tanto. Movió su brazo con cuidado, rozándole ligeramente. No podía soportarlo más. Sentía su olor penetrante invadiendo todos sus sentidos. Abrió la puerta de la casa dejando a House confuso.

- Nos vemos en el hospital. – dijo saliendo.

Se llevó la mano a la cara desesperado. No podía creer lo que acababa de pasar. Estaba convencido de que iba a besarle. Tal vez ese era el modo en que ella quería jugar ahora. Lo que no tenía claro es si podría aguantar mucho tiempo.

Se sentó en el asiento de su coche tratando de asimilar lo que acababa de ocurrir. Cuando se alejó de él su corazón aún latía demasiado rápido y notaba que todo su cuerpo temblaba. No entendía como no se había derrumbado frente a él. Puso las manos en el volante, apretando fuerte. Intentaba que su respiración fuese normal. Su busca sonó. Sigues siendo una cobarde. Sonrió. Pensó que House era demasiado perseverante y tozudo. Todos esos pensamientos desembocaron en una risa incontrolable. No sabía por qué, pero allí estaba riendo y tratando de no volverse loca. No más loca de lo que estaba volviéndola House.

Cuando llegó al hospital, House ya estaba allí desde hacía más de media hora. Evitó ir a la sala de diagnóstico. No podía hacerle frente después de lo que había pasado. No se habían besado, pero de algún modo, aquel momento había sido íntimo. Era lo más cerca que había estado nunca de intimar con é. Podía haberle besado en ese momento y no lo hizo. Sin embargo, no se arrepentía. Decidió pasar una cuantas horas en la clínica. Haría unas cuantas consultas y de ese modo durante un tiempo, no pensaría en él. Al menos no constantemente.

- ¿Qué tal se lo ha tomado esa perra infernal? – preguntó House. - ¿Os ha escupido?

- La madre, - remarcó Foreman. – no nos ha escupido. Ha sido extraño, porque no nos ha insultado ni ha dicho que estuviésemos matando a su hija…

- ¿Es que alguien ha practicado un exorcismo mientras estaba fuera?

- Supongo que ha aceptado que su hija está enferma y que nosotros estamos haciendo todo lo que podemos. – dijo Chase.

- Seguro. – contestó House irónicamente. – Procuremos no joderla los riñones porque alguien nos morderá el culo si eso ocurre. No puedes mantener al diablo lejos de sus concubinas. ¿Y su corazón?

- Su frecuencia cardiaca es más rápida de lo normal. Pero no tiene ninguna anomalía cardiaca y tampoco es hereditario.

- Hacerle un ecocardiograma y una radiografía del tórax para asegurarnos.

- ¿Y un conteo sanguíneo completo? – preguntó Chase.

- ¡Se han producido dos milagros mientras no estaba! Un exorcismo y Chase se ha vuelto inteligente.

Chase que se había acostumbrado a las burlas de su jefe, sonrió indiferente.

- ¿Dónde está Cameron? – preguntó House cuando se iban.

- Creo que en la clínica. – contestó Foreman.

Suponía que habría llegado ya, pero si quería evitarle, estaba bien. Eso significaba que lo estaba pensando y que no estaba todo perdido.

Llevaba una hora pasando consulta y daba gracias a Dios porque los pacientes viniesen con simples congestiones, catarros y tos. No podía dejar de pensar en lo que había ocurrido horas antes. Era inevitable. Se preguntaba por qué no le había besado cuando tuvo la oportunidad. Tal vez fue cuestión de orgullo o simplemente quiso ponerle las cosas difíciles. Si él quería jugar, ella jugaría. Y tampoco sabía si quería jugar a ese juego. Demasiado arriesgado para ella. No estaba segura de nada.

El último paciente se había ido hacia cinco minutos. Se había quedado recogiendo las historias clínicas y ordenando. Cuando oyó el sonido de su busca miró al techo desesperada. La respuesta no estaba ahí y aún siendo atea, le podría haber echado una mano con ello. ¿Te han salido plumas ya, gallina? Se acabó. En ese mismo momento iba subir a su despacho y le iba a hacer tragar su busca. Abrió la puerta enfadada y dejó los historiales en la central de las enfermeras. El impulso de matarle ya parecía haberla enloquecido. Apretó varias veces el botón del ascensor. Tenía que acabar ya.

No saludó a Wilson ni a Cuddy cuando salieron del ascensor. Los dos se miraron cómplices. House había apretado demasiado las tuercas y ahora iba a sufrir consecuencias insospechadas.

- Creo que alguien va a matar a House. – dijo divertida Cuddy.

- Es posible que nos hiciese un favor a todos… - comentó Wilson pensando en la suerte que corría su amigo.

La violencia con la que abrió la puerta la delató. Había caído en su trampa tal y como había predecido. Cerró el puño con fuerza cuando vio esa sonrisa socarrona en su cara. Una voz en su interior le gritaba que le pegase. No volvería a jugar más con ella.