¡Por fin la actu! Espero no que no hayáis sufrido mucho esperando.

Me encanta este capítulo porque nos adentra en el mundo de los vampiros de la escuela. ¿Es un mundo tan "negro" como parece?

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¡Espero que disfrutéis leyendo!

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CAPITULO VII- " Negro"

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El enorme salón de estilo gótico acogió al personaje con majestuosidad. Las baldosas, finas y relucientes, casi no hacían sonido mientras el vampiro caminaba, no, se deslizaba, sobre ellas.

- Edward... - susurró Yuri, llamándole.

Ella estaba recostada en un suave sillón de piel ceniza, vestida únicamente con un camisón negro y roto por los bordes, que le llegaban a los muslos.

Él saludó con una frágil reverencia, aunque era evidente que no era necesaria, aquel joven de cabello blanco parecía no querer olvidar sus buenos modales de noble.

El vampiro se dirigió a las escaleras centrales, que se partían en dos e iban a parar a los dormitorios y las diferentes habitaciones.

De pronto paró.

- ¿Me esperabas?

- No.

- Lo suponía.

Edward la miró de reojo un segundo. Como siempre, el aspecto de la vampiresa era el de un felino salvaje, con aquellos mechones cortos de fuego y aquella mirada castaña. Con ese cuerpo moldeado por el demonio, que aunque pequeño era perfectamente capaz de romper unos cuantos huesos de un solo golpe.

Pero a él nada de eso le importaba.

A menudo los humanos cometían el error de pensar que los vampiros eran personas normales que habían sido maldecidas y se veían obligadas a cazar para sobrevivir.

Qué ilusos. Pensar si quiera que un vampiro se parecía a un humano.

Como siempre, aquellos mortales sólo creían en lo que veían sus ojos, y simplemente por compartir características físicas los empaquetaban a todos en un mismo grupo. Pero no era así.

El cuerpo de un vampiro era sólo una cáscara. Una piel muerta con el único objetivo de engañar a aquellos tontos que los creyeran humanos. ¿Y su belleza? Una virtud en el fondo inútil para facilitar la caza.

¡Por Dios! Ni siquiera estaban vivos. Ni siquiera su alma conservaba nada de humano.

Es por eso que a Edward le importaba un comino el cuerpo de Yuri.

No era eso por lo que la amaba... con todo su corazón, o lo que quedara de él.

- Buenas noches, Yuri – susurró.

Pero por muy fuerte que fuera su amor... por mucho que la deseara...

Nunca llegaría a alcanzar ese cielo.

- Buenas noches – contestó ella, y lo hizo con el mismo tono de voz con el que hubiera dicho: "esfúmate"

Él sintió un ligero temblor en su pecho.

Como casi todos en el Dormitorio de la Noche, soy un vampiro de rango A, un noble de sangre. Desde pequeño me enseñaron todo lo que debía saber de nuestra comunidad, mis padres se aseguraron muy bien de ello.

Soy un auténtico vampiro...

Y aún así...

A pesar de que nací siendo ya un no-muerto...

¿Por qué el corazón no para de doler?

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- ¿Qué hora es, Eva-chan? - preguntó Hikari Aizawa mientras el sol se ponía por el horizonte.

Eva miró su muñeca. No llevaba reloj, lógicamente.

- ¿Cómo lo va a saber? – dijo un chico de 17 años, castaño, alto y serio, frunciendo el ceño – Son las siete y cuarto de la tarde.

- Menos mal que ya se acabó el turno por hoy – respondió la hermana suspirando – Onii-san, yo voy a acompañar a Eva-chan al dormitorio, ¿vienes?

Derek puso una mueca de disgusto.

- ¿Con ella? Ni loco.

- Ni que tu compañía fuera una delicia, so borde...

Durante un momento la palabra "delicia" rebotó en la mente de Eva, haciéndola sonrojar un poco.

- Perdona ¬¬ pero no me dirigía a tí – contestó Derek sin inmutarse.

- ¡Pues hablabas de mí!

- ¿Tan importante te crees, pardilla?

- ¿Qué me has llamado?

- Par-di-lla

- ¡Repite eso si te atreves!

Derek sonrió socarrón, y estiró un mechón del pelo azabache de Eva, que enseguida se le escurrió entre los dedos.

- Kaoru, ¿nos vamos?

El amigo asintió divertido.

- ... si por ser un poco popular se te suben los humos pues no es mi culpa, creído imbécil y... ¡OYE NO TE VAYAS QUE TE ESTOY HABLANDO!

Hikari a penas pudo contener la risa.

- ¡Eva-chan, nunca te había oído hablar tanto como últimamente!

A Eva se le pasó el enfado de sopetón, porque la hermana del "creído imbécil" tenía razón.

Recordaba con claridad lo que le había dicho su compañero Leo la noche anterior, tras explicar una anécdota de la clase Diurna:

" ¿Te estás volviendo humana? "

El camino hacia el dormitorio se le hizo eterno. Las preguntas y las dudas asediaban su cabeza.

¿Y si realmente soy una de ellos?

Miró de reojo a la joven guardiana que caminaba feliz a su lado, despreocupada, pero no encontró nada raro. La veía normal, y le parecía imposible considerar a Hikari (como describían a veces otros inmortales) algo así como un trozo de carne.

Tal vez es justamente ése el problema...

- ¡Ya hemos llegado! - señaló la chiquilla.

En ese momento Eva escuchó con claridad una voz en su cabeza.

¿Me oís?

Oh, era Marcus. Entre otras muchas, una de las habilidades que poseía era la telepatía, o capacidad para comunicarse mentalmente con otras criaturas.

Cuando Hikari preguntó qué pasaba, Eva amplificó la señal del mensaje del líder vampiro para que la mente humana de su amiga pudiera entenderlo también.

- Guau – dijo, muy sorprendida – los poderes vampíricos son increibles...

Eva, Haru... y la pequeña guardiana, por lo que veo.

Hikari se sonrojó.

Esta noche salimos a la ciudad a dar una vuelta. No os vi en el dormitorio, así que...

¡Buenas noches, Marcus!

¿Haru?

¿Quién si no?

Nos veremos a medianoche, durante el descanso entre clases. Tenemos la madrugada libre.

¡Okiiii!

Ah, por cierto, Evangeline...

¿Sí?

Traela contigo.

En ese momento la comunicación se cortó con brusquedad y sus mentes quedaron libres de sonido alguno.

Hikari pareció meditar un instante antes de girarse hacia Eva, las coletas ondeando con el viento.

- ¿Qué quiso decir con "tráela"?

Eva entrecerró los ojos, no entendía el motivo de aquello, pero Marcus no había dado lugar duda puesto que con aquella última frase también adjuntó una imagen mental. Decidió confiar al máximo en el líder.

- Que esta noche te vienes con nosotros, Hikari...

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Alice Nohara se miró en el espejo de almas (especial para nocturnos) una última vez. Se aseguró de ir bien abrigada, cómoda y al mismo tiempo mona para aquella noche, puesto que tendrían mucho movimiento pero también...

La bella joven tenía los cabellos morenos recogidos en dos colas, que a su vez se sujetaban en la parte de arriba de la melena. Sus ojos, verdes cual esmeraldas talladas, estaban ahora ligeramente maquillados con una sombra rosa. Sus pómulos resaltaban cubiertos por esa piel blanca como la Luna y sus curvas se ocultaban tras la ropa holgada.

Alice no se consideraba demasiado presumida, aunque la mayoría de la academia la conocía por el sobrenombre de "la princesa nocturna". En realidad era una vampiresa más bien tímida, pero para los que la conocían bien, llena de una dulzura a veces sorprendente.

- Hay alguien abajo. Abre, anda – dijo la voz grave de Leo desde el otro lado de la puerta – Yo enseguida voy.

Alice bajó las escaleras alfombradas con precaución para no tropezar y llegó hasta la enorme puerta que presidía la Torre de la Noche. Sabía quien era antes de abrir, pero igualmente sintió curiosidad.

- Buenas noches – saludó Evangeline con formalidad, y se inclinó en una leve reverencia - ¿Partimos ya?

- Todabía no – respondió Alice, mirando sin ningún disimulo a la humana que acompañaba a Eva - ¿Eva... qué se supone que...?

- No creo que nadie lo sepa, Alice – murmuró ella como respuesta.

Hikari las miraba pestañeando. Creía entender que hablaban de ella, pero aún no comprendía por qué le permitían asistir a un acto entre vampiros siendo una niña humana.

Entraron a continuación en la Torre, y a la dulce Aizawa se le olvidó por completo cualquier preocupación al ver la enorme recepción, las escaleras majestuosas que parecían llegar al cielo, los cuadros carísimos o los muebles de diseño.

- ¡Es impresionante! - dijo boquiabierta.

Sólo esta sala debe haber costado millones...

- ¡¿ Quién construyó la Torre ? - preguntó muerta de curiosidad - ¡Es como un palacio! Quienquiera que fuera debió ser un gran artista, porque esta casa es... es...

- Es sólo eso, Hikari – dijo Eva – Una casa.

Ella quedó muda.

¿Sólo eso?

Las dos estuvieron de pie durante un minuto lo menos, quietas y sin hablar. Hikari se dedicaba a admirar toda aquella belleza arquitectónica pero pudo observar que la hermosa vampiresa morena, Alice, las observaba con una expresión indescifrable, como si se muriera de ganas por hacer algo...

Creo que es tímida... pero nos mira como si... ¿a lo mejor? ¡claro, ya se! ¡es la princesa, al fin y al cabo!

- Eva-chan – llamó.

- ¿Sí?

- Aunque no tengo la certeza de lo que vamos a hacer... ¿está bien ir así vestidas?

- Ahora que lo dices... deberíamos arreglarnos un poco...

Hikari se giró entonces hacia Alice, con una gran sonrisa.

- ¡Alice-sempai, nos harías un gran favor si nos ayudaras a ponernos elegantes para la ocasión! Claro, si a ti no te importa...

La princesa se sonrojó repentinamente y sonrió un poquito, dejando ver claramente que esa era su intención desde el principio.

- ¡No hay problema! Si me acompañáis a mis aposentos...

¿Aposentos? pensó Hikari ¡Qué palabra más anticuada! Me pregunto...

- Eva-chan, una cosa... - dijo, asegurándose de que Alice no las oía - ¿Puedo saber cuántos años tiene la princesa nocturna?

Evangeline pareció meditar un instante.

- 19 años.

- ¿Seguro?

- Sí.

- Ummmm... ¿y cuánto tiempo hace que tiene 19?

La ojiazul sonrió con picardía. A Hikari no se le escapaba una.

- Unos 240 años.

- O.O ¿En serio?

- Ajá. Ella es la más mayor de todo el grupo. Se unió el año pasado, pero nació el 1767.

- Guau, pero parece tan juvenil y amable y linda que...

- La edad no afecta igual a vampiros y a humanos, Hikari – explicó Eva mientras entraban en la habitación de la princesa.

- No, si ya...

En cuanto cerraron la puerta, Alice cambió radicalmente de actitud. Sus ojos brillaron casi con malicia y agarró las pinturas de maquillaje con algo sospechosamente parecido (sí, sí) a una risa malvada.

- ¡Dejádmelo todo a mí! jejejeje - dijo, y antes de que pudieran evitarlo las obligó a sentarse en la gran cama y les maquilló a una velocidad vertiginosa.

- Me olvidé de decirlo – dijo Eva, algo paralizada por las manos de Alice – ella tiene... doble personalidad...

Hikari directamente no pudo responder.

- Como abras la boca y se te quite el pintalabios, pequeña humana... - no hizo falta que la "dulce princesa" acabara la frase.

Cuando Hikari se imaginaba ya desmayada por el olor a polvorete, llamaron a la puerta.

- ¿Se puede? - dijo la voz animada de Haru mientras el atractivo chico de plata giraba el pomo y la puerta se abría un pelín.

Ninguna de las "maniquíes" supo bien que pasó, sólo que Alice gruñó como una bestia salvaje y le estampó la puerta en las narices al visitante, para después volverse a girar con cara de asesina.

- Y vosotras dos... ¿Por qué no os habéis puesto los vestidos ya?

Eva comenzó a dudar seriamente sobre su seguridad personal y Hikari se abrazó a ella con la esperanza de salir vivas de aquello.

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- Marcus... ¿qué hacen esas tres? - preguntó Leo rascándose la nuca con fastidio. A aquel paso llegarían tarde.

El líder no contestó. Se encontraba sentado cómodamente en un sillón de piel rojiza, con la cabeza apoyada en el puño izquierdo. Parecía un león perezoso.

- Ya bajan – dijo una mujer de pelo corto y llameante.

Nadie lo dudó, pues los sentidos de Yuri eran con diferencia los más agudos de todos los presentes. Probablemente había escuchado o incluso olido todo lo que ocurrió en el cuarto.

Pero entonces aparecieron.

El salón se llenó de una nueva luminosidad cuando las dos vampiresas y la humana bajaron solemnemente las escaleras, pasando las manos enguantadas por la barandilla de madera.

Alice iba la primera, y por su orgullosa expresión casi parecía más una madre que presentaba a sus hijas en sociedad que una vampiresa de 19 años (vampíricos, claro). Iba con un vestido de corte ajustado en el pecho y recto a partir de la cintura color verde oscuro y gris, que combinaba a la perfección con sus zapatos moteados de tiras finas y tacón estrecho.

Detrás de ella iba Hikari, cogida de la mano con Evangeline. La chica no recordaba haber ido nunca tan arreglada en su vida, y cuando se había mirado en el espejo había visto otra persona.

No sabía que pudiera ser tan guapa.

Alice le había rizado el pelo, que caía en tirabuzones sobre la espalda. Llevaba las mejillas sonrosadas y las pestañas el triple de grandes de lo que solían ser. Caminaba algo nerviosa, temerosa de poder hacer un rasguño al precioso vestido dorado y aterciopelado que Alice le había prestado, con la falda en forma acampanada. Eva había dicho que parecía una auténtica cenicienta.

Aunque la morena todavía la superaba. Después de todo, la belleza inhumana de Eva hacía imposible que alguien encajara mejor en su vestido que ella, y además le favorecía mucho. Era negro, con la espalda totalmente al descubierto y los bordes rotos y originalmente descosidos. La acompañaban unas botas altas, oscuras también, que relucían hasta las rodillas. Su pelo, eso sí, había sido imposible de alisar, pero ya era precioso tal y como lo llevaba, con un estilo despuntado que recordaba a los góticos.

- Oooooh – aplaudió Haru con una gran sonrisa - ¡Estáis preciosas!

Leo hizo otro tanto e incluso silbó con atrevimiento, mientras que Yuri sólo sonrió un poco y Edwuard no cambió de cara. También estaban allí dos vampiros gemelos, Ichiru y Natsume, tan iguales como diferentes en ocasiones. Eva los veía con poca frecuencia puesto que sólo venían a la escuela los fines de semana, aunque pensaban hacerse fijos.

Era evidente que también era la primera vez que Hikaru los veía, y le parecieron absolutamente adorables. Ichiru tenía el pelo rubio paja y su hermano rubio miel, mientras que los ojos de los dos eran igualmente azul intenso. También tenían el mismo peinado, corto con los mechones algo salvajes, disparados en todas direcciones.

- ¡Evaaaa-chan podrías ir siempre así! - dijo Natsume, divertido.

- ¿Acaso la prefieres a ella antes que a mi? - preguntó Ichiru, de pronto haciendo pucheros.

- Claro que no. Ichiru... tú sabes que tu y yo estamos unidos de forma especial...

- Natsume...

- Ichiru...

- ¡Ejem! - dijo Alice – Ya vale con el numerito de siempre.

Natsume sacó la lengua.

Marcus entonces se levantó e hizo una señal para salir. Eva y Hikari se sonrieron y la vampiresa le agarró fuerte la mano para infundirle confianza.

Se pusieron las capas y partieron hacia la fría noche, sin que ninguno de los inmortales pareciera angustiarse por la presencia de la humana en la reunión. Hikari cerró los ojos cuando sintió que prácticamente volaban sobre los tejados de la academia Touka, y aunque no sabía cuál era su destino, deseaba poder aprender todo lo que pudiera acerca de aquellos seres, que no tenían nada en común con ella.

Pero también sentían.

También amaban.

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