Encuentros

Era una mañana fresca, apenas y se divisaban los rayos del sol en el horizonte. El aire gélido calaba hondo en sus huesos. Tomo la bufanda para taparse bien con ella, ya no contaba con 20 años como para andar arriesgándose a pescar alguna infección. Se alejo del auto en donde venia, tomo un cigarrillo de su chaqueta y se lo llevo a los labios. Lo prendió y camino hacia el edificio. Inhalaba el tabaco y exhalaba el humo con una tranquilidad innata. El viento movía sus cabellos castaños rojizos en un compás constante.

En realidad no quería entrar, temía lo que pudiera encontrar. Sabía bien que Ángelo no estaba bien, pero no sabía que tanto había cambiado en esos 2 años, no había querido verlo desde entonces, no sabía si era decepción, miedo, vergüenza o simplemente orgullo.

Había estado casi 5 meses auto convenciéndose para ir a ese hospital, y ahora teniéndolo enfrente y a unos pasos, el estomago se le encogía al grado de sentir nauseas. Sus ojos color verde eran impresionantes, impregnadas de una paciencia y una paz infinita, eran como ver dos esmeraldas, finas, hermosas y transparentes.

Pasó por la gran puerta y se dirigió a la caseta de vigilancia de enfermeros. Un hombre descomunalmente grande de ojos color chocolate y sonrisa amable le recibió.

-Buenos días, tengo cita para visitar a un paciente-dijo el castaño con seguridad, de la cual carecía en esos momentos.

-¿Su nombre?-pregunto el hombre

-Dohko Jin-respondió escueto el chino echándole una mirada al enfermero

-Sí, aquí esta ¿Viene a visitar a Ángelo Giudicci verdad?-pregunto el hombre con amabilidad

-Sí, así es-respondió cortante el pelirrojo

-Bien mi nombre es Aldebarán y soy el enfermero en turno, tengo que darle unas recomendaciones antes de entrar. El señor Giudicci está en un estado somnoliento por los medicamentos, por lo que le puede ser difícil hablar, y contestar correctamente a las preguntas, por mas sencillas que estas sean. También creo conveniente recalcar que puede que no sea el mismo que usted conoció señor Jin… A lo que me refiero es que puede que su carácter no sea el mismo, puede estar más susceptible-explico rápidamente el enorme hombre, viendo la mala cara que le ponía el chino.

-Tome, si tiene algún problema solamente toque el timbre y yo iré a ver qué sucede, la habitación del señor Giudicci está al final del pasillo-dijo con voz nervioso, señalo un pasillo amplio y soltó una risita nerviosa. Y es que el hombre de origen oriental le había dedicado una profunda mirada intimidante.

-Si gracias-respondió secamente, odiaba los entrometidos y sobre todo las explicaciones. No sabía para que cojones le decía todo eso, si él las sabia de sobra, era un puto psiquiátrico era obvio que Ángelo no fuera el mismo, dos años ahí seguro cambiaban a cualquiera.

Camino por los largos pasillo hasta el numero 123, sufrió un respingo cuando iba a girar la perilla para entrar, un ruido se colaba en sus oídos proveniente de esa habitación. Respiro y la abrió casi con violencia. Ahí tendido en su cama esta el gran Ángelo Giudicci, haciendo ruidos con su boca, era realmente impactante ver al hombre más temido y respetado dentro de la mafia siciliana, haciendo tales cosas.

Se venía muy lejano él hombre que había sido, ahora solamente parecía un despojo de este, estaba más delgado, incluso su musculosa anatomía ahora era remplazada por una menos escultural y más esbelta, su cabello no tenía el mismo brillo, su cara estaba pálida y casi calaverita, unas profundas ojeras se asomaban de sus ojos color cobalto, los cuales permanecían perdidos en un mundo intermedio al nuestro.

Dohko sintió una punzada de rabia, jamás pensó en verlo así y menos por culpa de una maldita zorra. Se sentó en una silla que había junto a su cama y de nuevo lo miro críticamente.

-Hola Ángelo-saludo el chino, no sabía que decirle lo más comprensible seria pedirle una disculpa, pero ni siquiera tenía la certeza que él le entendiera- Soy Dohko amigo, creo que te debo una disculpa por no haber podido venir a verte, pero…-una voz rasposa e impersonal le interrumpió.

-¿Amigo? No Dohko los amigos están cerca cuando lo necesitas, y yo que recuerde a ti no te eh visto desde que entre a este hoyo. Como dice el dicho en la cama y en la cárcel se conoce a los amigos-dijo Ángelo con rabia, su mirada aun permanecía perdida, pero sus pensamientos parecían aun conectados a la realidad- ¿A qué viniste? ¿Acaso te acordaste que te debo dinero o solamente no tenias otra cosa que venir a ver a los locos? Si quieres para la próxima te recomiendo un crucero o algo parecido para quitarte la molestia de venir hasta acá- añadió con sarcasmo.

-No cambias ¿verdad Ángelo? No había podido, más bien no había querido venir a verte porque estaba molesto-reclamo el oji verde mirándolo fijamente.

-¿Así y se puede saber de qué?-pregunto el italiano finalmente mirándolo a la cara. Ambos se miraban a los ojos como dos rivales a punto de pelear.

-De tu estupidez y de tu necedad ¿Cuántas veces te dije que esa mujer era una ramera? ¿Cuántas veces nos pelamos cuando te dije que miraba demasiado a ese maldito mocoso? ¿O cuantas personas te dijeron que la veían salir de hoteles y restaurantes con Argor? Pero no nunca hiciste caso… nunca me hiciste caso-a claro con voz herida, no sabía que le dolía mas la falta de confianza o el tener razón sobre lo que decía.

-Sabes Dohko yo lo sabía, lo sentía. Cuando la miraba a los ojos, cuando me besaba sabia que tenias razón… pero mi corazón es estúpido y creyó en ella-dijo el mirando la ventana con aire ausente.

Ángelo trato de incorporarse para irse a sentar junto a su viejo amigo, Dohko lo examinaba con la mirada cuidando que no se hiciera daño.

-¿Pero sabes que es lo peor?-pregunto Ángelo con voz ahogada.

-¿Qué?-de pronto Dohko se había arrepentido de preguntar. Por un momento tuvo miedo de la respuesta, pero se reprendió mentalmente diciéndose que eran pensamientos infundados.

-Que en realidad esa mujer, se llevo todo de mí. Yo le abre arrebatado la vida, pero ella se llevo mi corazón, mi alma y mi vida a la sepultura. Me hubiera hecho un favor si me hubiera matado, pero la muy estúpida se suicido-Comento en tono lúgubre el italiano

-¿Cómo que se suicido? Ángelo tu tomaste un revolver y le volaste los sesos. A ella y a Argor-le dijo en voz baja el chino, empezando a sospechar que realmente Ángelo había perdido la cabeza

-No Dohko, yo mate a Argor, pero la muy perra me pego con una lámpara en la espalda-explico señalándose una imperceptible cicatriz que tenía cerca de los hombros- Y después se disparo en la frente-relato con una sonrisa triste el asesinato.

-Yo… no sabía eso, ¿Por qué no dijiste nada? Quizás ahora estarías libre, yo te hubiera ayudado Ángelo-musito Dohko con angustia, Ángelo era como su segundo hijo, claro después de Shiryu. Cuando el padre de Ángelo murió, él le prometió protegerlo como propio y así lo hizo, o al menos lo había intentado.

-¿De qué sirve Dohko? La culpa es igual, es la misma-dijo con melancolía, Ángelo se incorporo y quedo para junto a él chino, el cual también se había parado de su asiento para quedar frente a frente. Ángelo era ligeramente más alto que Dohko, sus cabellos negros cenizos permanecían algo parados, siempre habían sido rebeldes. Dohko lo miro y sintió una punzada de dolor, era como ver a un hijo destruido y eso le calaba hondo.

Sin pensarlo mucho, lo abrazo tan fuerte, como cuando era niño y pedía a gritos a sus padres y el llanto lo ahogaba por el abandono. Y le acaricio el cabello como si con eso le brindara fortaleza, Ángelo se echo a llorar como un bebé. Dohko le decía cosas en su idioma natal, como cuando era un pequeño niño y no podía dormir.

Cuando se separaron Ángelo tenia la mirada perdida y su semblante se hizo tranquilo, seguramente efecto de las medicinas.

-¿Te encuentras bien?-pregunto Dohko ayudándolo a llegar a la cama, el de mirada topacio simplemente le miraba sin contestar, ya no podía hilar bien las ideas y eso le frustro. Varias lagrimas mas salieron de sus ojos, quería hablar, quería decir algo mas pero su voz no formulaba sonido, su mente esta pérdida o algo parecida.

*****

El día comenzaba en la clínica normalmente a las 9 am, a esa hora se levantaba la mayoría de los pacientes, y Aioria Soiledis no era la excepción.

Ese día se había despertado con el rayo del sol, que se había colado de la cortina y le había dado directo en su mirada verde. Se levanto silenciosa y perezosamente, bostezo varias veces y se froto los ojos con las palmas de las manos. Camino hacia el baño y tomo una ducha como cada mañana.

Salió de la regadera, se vistió con un pantalón azul marino y una sudadera gris obscuro. Se dirigió al lavabo, tomo su cepillo de dientes y se miro en el espejo. Este estaba empañado por el vapor de su ducha, por lo que lo froto con su ante brazo y se dispuso a cepillarse los dientes.

Pero el cepillo nunca llego a su boca, esa mirada, esa sonrisa cruel y esa expresión no era la suya. Se toco la cara con la punta de los dedos y sintió un escalofrió cuando su reflejo no hacia lo mismo.

- Hola Aioria, mucho tiempo sin vernos ¿Me extrañaste?-Aioria miraba con terror lo que tenía enfrente, sus manos empezaron a sudarle, su reflejo ensancho su sonrisa de satisfacción al ver el terror en todas sus facciones.

-Tú no eres real… estas en mi mente-musito el castaño sobándose las sienes para que lo que veía desapareciera.

-No Aioria, y lo sabes bien. Yo soy real, tan real como tú, además ¿Le vas a creer a ese traidor de Saga? No seas estúpido, él solamente te utilizo para acercarse a tu hermano, eso es más que claro-dijo el reflejo con cizaña. Aioria aun tenía los ojos verdes desmesurados, tratando de descifrar si lo que veía era real, o solo otra ilusión.

-No, no eres real, Saga dijo…-el castaño fue interrumpido por una risa fría y cruel

-Saga dice... Que idiota resultaste ser Aioria, Saga puede irse a la mierda con sus palabras sin sentido. Yo tengo la razón y lo sabes. Anda déjame salir para arreglar eso que te molesta-ofreció el reflejo con una expresión burlona.

-Yo… ¿Por qué dices eso? No es verdad nada de lo que me dices, Aioros y Saga con buenos conmigo. Saga, el es mi médico, el sabe lo que es mejor para mí y Aioros jamás me haría daño-se dijo a él mismo mientras reflexionaba. Y es que ese día que lo visito su hermano, vio desde una ventana del edificio a Aioros y a Saga besándose, una molesta sensación de desazón se instaló en su ser desde ese día.

No quería perder a Aioros de nuevo por alguien más, se había cansado que siempre lo cambiaba, por "X" persona. No quería sentirse de nuevo solo, no quería que lo dejara desprotegido, no otra vez.

-¿Aioros nunca te haría daño? ¿Cómo lo sabes? Ya lo ha hecho antes y lo volverá a ser, y ahora con Saga. El es tu medico, sí, pero por que se mete con tu hermano. Seguro se la pasaran tan bien revolcándose mientras se ríen de ti-Comento el "otro Aioria" con rudeza. El castaño no sabía qué hacer.

-Leo, vete. Eres malo para mí, por tu culpa me encerraron aquí. Simplemente ¿Por qué no duermes en mi mente? ¿Por qué?-musito cerrando sus ojos. Porque esa estúpida presencia no le dejaba en paz.

-¿De verdad quieres que me vaya? ¿Y después qué? Yo soy el único que te entiende, yo soy el único que es de verdad tu amigo. ¿Dejarías a un amigo desprotegido? Yo soy el que te ayuda a enfrentar lo que no puedes, yo soy el que hace todas esas cosas que no te atreves a hacer. Vamos Aioria déjame salir y deshagámonos de Saga de una vez por todas, para que te deje a Aioros ¿O realmente quieres que se lo lleve y te deje solo? ¿Como cuando se fue a Canadá? ¿Eso quieres?-pregunto "leo" con ironía, Aioria miraba el lavabo sin mirar de nuevo el espejo, solamente escuchando esa voz interna.

No quería que Aioros se fuera, no lo quería perder de nuevo. Una lágrima salió de sus ojos verdes, y después de esa, varias más. Se sentía desesperado, cerró los ojos y dejo salir todo lo negativo de su ser. Una sonrisa cruel se dibujo en sus delgados labios, mientras que muchas lágrimas bañaban su rostro. Después con la manga de su sudadera gris limpio su rostro. Sus ojos verdes permanecían con un leve color rojizo y las pupilas cristalinas.

Camino como si nada hacia el consultorio de Saga, ese día le tocaba terapia con él, por lo que nada ni nadie le impidieron llegar hasta ahí. Su mirada verde, limpia y hermosa, ahora tenía un brillo de malicia. Toco la puerta de roble con el nombre Saga Kraniotis.

-Pasa Aioria-dijeron desde el interior.

El castaño entro tranquilamente, se sentó frente al médico, mientras que este le escrutaba visualmente.

-Hola Aioria-saludo tranquilamente Saga

-Hola-contesto cortante el castaño, Saga lo miro con las cejas fruncidas.

-¿Cómo te sientes hoy Aioria?-pregunto el psiquiatra al verlo actuar bastante raro. Ya que normalmente Aioria empezaría una conversación de cualquier tipo, pero ahora le miraba seria y fríamente. Eso le indico que algo no anda bien.

-¿Cómo me siento? No lo sé-dijo Aioria con burla- Dígame usted como me siento-exclamo de pronto el castaño con ironía.

-Hoy vienes con una actitud negativa ¿Por qué Aioria?-pregunto Saga con una ceja levantada analizando a su paciente.

-¿Yo? Claro que no Saga, son solo figuraciones tuyas-comento con sarcasmo y con una sonrisa irritante

-Ya veo, ¿Te molesta algo hoy Aioria?-pregunto de pronto Saga descubriendo el sentimiento que emanaba de el castaño. Era furia, la más pura y la más sincera rabia la que embargaba al de ojos color esmeralda.

-Tú me molestas Saga-dijo directamente el castaño-Tú y tu puta actitud mustia ¿Piensas que soy estúpido? Tu solamente quieres coger con mi hermano, pero no te lo voy a permitir, no lo voy a permitir de nuevo-musito con rabia y cólera mas contenida. El peli azul lo miraba sin entender, nada de la situación.

-¿De qué hablas?-pregunto Saga con cara de desconcierto.

-No permitiré que te lleves a Aioros, no voy a permitir que me vuelva a dejar de nuevo solo ¡No de nuevo!-exclamo acaloradamente el castaño antes de aventarse sobre el peli azul. El castaño había saltado el escritorio olímpicamente quedando sobre Saga.

El oji jade estaba sorprendido, no sabía en qué momento terminaron las manos de Aioria sobre su cuello, el aire empezaba a faltarle. Aioria tenía una expresión endemoniada pintada en la cara, un dolor punzante se había instalado en su corazón, se sentía mal haciéndolo, pero era por Aioros era suyo y de nadie más.

Saga trataba incontrolablemente de quitarse de encima al castaño, tratado de gritar, de moverse, pero Aioria estaba sobre de él, estaba a punto de perder el conocimiento cuando vio a un hombre igual a él, este tomo a Aioria de la cintura y de lo saco de encima. Saga empezó a toser incontrolablemente, mientras que Kanon luchaba con un Aioria fuera de control, el cual pataleaba y golpeaba al peli azul.

-¡Suéltame! ¡Deja que me deshaga de él! ¡Lo quiero fuera de mi vida!-gritaba el castaño como un cantico de guerra. Kanon sin pensarlo mucho le dio un fuerte golpe en el pómulo, noqueándolo totalmente, Aioria había quedado medio inconsciente en sus brazos.

-¿Estás bien?-pregunto de pronto Kanon a su hermano

-Estaría mejor si no hubieras noqueado a mi paciente-le dijo acusadoramente, mientras se ponía en pie, tenía unas marcas muy notorias y rojas en su cuello.

-Ja para la próxima dejo que te mate-comento con sarcasmo el gemelo menor, mientras que le aventaba a el cuerpo de Aioria a su hermano gemelo- Por cierto solo venia a avisarte que Shion viene para acá-dijo el peli azul caminando hacia la puerta. Saga palideció de pronto.

-¡Kanon!-llamo a su hermano. Kanon se volteo con aburrimiento

-¿Qué?-pregunto con molestia

-Gracias-musito Saga con Aioria en sus brazos, este aun estaba un poco confundido por lo sucedido.

-No hay de que-comento saliendo de la oficina de su hermano, con una sonrisa extraña en los labios. Se sentía absurdamente satisfecho con "la humillación" de su hermano.

Saga quedó solo en el consultorio con el joven castaño ¿Ahora qué haría? Saco del cajón de su gran escritorio una jeringa y una ampolleta de medicamento. Las saco como pudo, metió el contenido amarillento en la jeringa e inyecto al castaño. De pronto todo el peso de Aioria había caído en los brazos de Saga, este lo sostenía perfectamente, Aioria no era muy pesado y Saga era sumamente atlético. Lo deposito en el diván que tenía cerca y marco el número del hermano de este.

***

Había recibido la llamada de Saga diciendo que su hermano Aioria había tenido una crisis. Realmente se le había encogido las entrañas al saber la noticia. No sabía si Aioria estaba bien, si Saga también lo estaba. Ya que por lo que entendió lo había atacado.

Llego a St. Rosenrot escasos 30 minutos después. Camino apresuradamente por los pasillos, tenía que encontrar la oficina de Saga. En su carrera pudo divisar una cabellera azulina y una espalda ancha y atlética, justo al hombre que buscaba.

-Hey, que bueno que estas bien-dijo abrazándose a la figura del hombre que cuidaba de su hermano. Este le miraba desconcertado. Aioros sin decir nada se separo y lo miro con ternura y preocupación entre mezclados.

-¿Cómo está Aioria? ¿Se lastimo? Dime algo por favor-pidió desesperado por el silencio de "Saga". Y es que justamente a quien abrazaba y pedía explicaciones Aioros no era Saga sino Kanon que caminaba hacia su consultorio después de ir a ver a Shion Aries a la suya.

-El… está bien-dijo sonriendo. Mirando bien al castaño, prospecto de su hermano, claramente quedaba a la vista que era un joven muy apuesto, con razón su hermano estaba detrás de él. Una sonrisa ladina surco sus labios, realmente esta era la primera vez en 20 años que jugaba ser su hermano. Quizás lo hacía cuando estaban pequeños, para irritar a su madre. Pero en esta ocasión seria más fructífera la situación.

N/A: Perdone la tardanza, pero ya aquí está el cap. =) un saludo a todos los que leen este fic. Dejen rewiers por favor T____________T no sean malos, miren que quiero saber si les gusta.