7º capítulo: Partida sin retorno.
Tails hizo girar la pieza de la Armadura Dragonil en su mano. Sus ojos azules estaban medio cerrados, signo de que estaba estudiando a fondo la cabeza de plata. El joven zorro dejó la pieza en la mesa de mezclas químicas y sacó de su neceser de herramientas una pequeña pica de metal. Con ella, empezó a aporrear suavemente el objeto de la armadura. Sin duda, Anya había sido clara con sus palabras. Aquel material no podía ser simplemente plata. Era mucho más duro e indestructible. Miró el reloj en el momento en que un bostezo acudió a su boca. Era casi medianoche. Todos estaban durmiendo excepto él.
-Vaya, se me ha ido la hora- se dijo a sí mismo mientras guardaba la pica en el neceser.
-Será mejor que vayas a dormir ¿no te parece?- sorprendió de repente Cream a Tails. Estaba apostillada en la puerta del laboratorio con su pequeño Cheese durmiendo entre sus infantiles brazos. El chao emitía ligeros murmullos sonámbulos.
-Creía que estabas durmiendo- le saludó el zorro. Estaba guardando la pieza de plata en una extraña caja fuerte de acero inoxidable.
Cream se acercó a Tails y acarició su torso peludo. Éste se estremeció ligeramente y parecía que la conejita había notado ese movimiento. Tails rezó para que no fuera así. Carraspeó para disimular la situación y empezó a caminar hacia la salida.
-En realidad, no podía dormir. Estaba un poco desvelada pensando en lo que pasó esta tarde- Cream respiró entrecortadamente- He pasado mucho miedo.
Tails reaccionó con esas palabras e inmediatamente se interpuso ante ella, con su cara muy cerca de su rostro. Cream hizo retroceder su cabeza pero la boca del zorro y la suya seguían demasiado cerca todavía. Sí, la conejita podía oler su aliento. Olía…a pasta de dientes de menta. Ese olor la envolvió y la cubrió hasta dejarla casi sin respirar. Pero había un olor mucho más seductor en aquel ambiente: el olor del aceite que siempre caracterizó a Tails. A la conejita no le importó ese olor. Además, Tails no sería Tails sin él. Pero eso no fue lo que realmente le impactó. Un espíritu protector brillaba en el joven zorro junto con un sentimiento confuso que Cream no podía descifrar ¿por qué le lucían tanto los ojos a Tails?
-Mientras esté aquí no tienes razones para pasar miedo- fue simplemente lo que dijo antes de apartarse de ella- Vamos a dormir- sin embargo, los ojos del zorrito seguían iluminados.
Anya se removió bajo la protectora y calentita ala de su preciada Noranth. Se preguntaba si Tails habría descubierto algo sobre la composición de la pieza de la Armadura Dragonil. Levantó la cabeza para mirar que estaba pasando dentro del laboratorio pero las luces estaban apagadas. Debió de irse a dormir, pensaba la periquita. Abandonando sus pensamientos acerca de la pieza, se recostó sobre la mullida hierba y cerró los ojos. Se pegó bien a las costillas de su dragona, donde se podía notar el calor del fuego de su vientre. Ese calor la envolvió hasta sumirla en un estado de tranquilidad soñolienta. El suave canturreo de Noranth también actuaba como nana. La dragona se movió sobre su lecho y enrolló la cola alrededor de Anya en un gesto claramente cariñoso. La periquita notó que el animal no estaba dormida del todo.
-¿Noranth?- le preguntó silenciosamente.
-¿Sí, Anya?- la mente de la criatura no estaba del todo clara pero se podía percibir que era coherente.
-¿Qué…qué pasará cuando acabe todo esto? ¿Te marcharás? ¿Desaparecerás?
-Yo siempre estaré contigo, pequeña. Nunca me perderás.
El corazón de Anya empezó a latir más despacio al oír esas palabras. Le acarició el cuello escamoso en señal de agradecimiento.
-Te quiero, Noranth. Te quiero mucho.
-Y yo a ti. Que descanses.
Y ambas mentes, periquitil y dragonil, desconectaron a la vez para sumergirse en el inmenso e inacabable mar de los sueños. La pareja estaba dormida totalmente agarrada la una de la otra. No se separarían jamás.
Sonic fue el primero en despertarse en aquella mañana fresca y luminosa. Se desperezó en el momento en que una brisa agitó el pelaje de su cuerpo. Decidió disfrutar al máximo de ese paisaje matutino. No le quedaba mucho para volver a sufrir los ataques de Orox y su ejército, los nigs. Un canturreo melodioso le sobresaltó ligeramente y giró la cabeza hacia el origen del ruido. Sonrió tiernamente cuando vio a Anya totalmente acurrucada en la cola de Noranth, bajo un ala dorada de la dragona. Ese animal…parece claramente peligroso pero sin embargo, en ese momento un gato semejaba ser más amenazador que ella. No confiaba demasiado en aquella bestia pero no tenía más remedio que tenerla de su bando. Era el animal de la leyenda.
Noranth emitió un enorme bostezo y abandonó la compañía con Anya. La dragona se separó de la periquita con mucho cuidado antes de desperezarse como una felina. Los reflejos dorados que lanzó a la luz del sol alcanzaron a Sonic. El erizo tuvo que protegerse los ojos. Noranth se sacudió y caminó hacia Sonic a quien le saludó con un encantador canturreo.
-¿Qué hay, Noranth?- le contestó a su estilo.
-Voy a medias- escuchó Sonic en su cabeza.
El erizo parpadeó varias veces, sorprendido.
-¿Has dicho algo?
Pero Noranth se había empezado a limpiar las alas y las escamas. Sonic se encogió de hombros y se sentó en la hierba. Unos metros más lejos, Anya ya se estaba despertando. Sonic pensaba que era una periquita muy estilizada y atractiva. La naturaleza la había hecho casi perfecta en cuerpo. Sus curvas no eran muy pronunciadas pero sí se apreciaban, sobre todo en las caderas. El rostro de la mujer era muy carismático. Sonic sería capaz de confesar que su mirada era una de sus mejores armas. Con sólo clavarte por un segundo los ojos en los tuyos te podía hacer retroceder o enamorar. Era una criatura muy poco común en Mobius.
Anya sonrió a Sonic y se sentó a su lado. Ambos se quedaron en silencio mientras contemplaban una bandada de mariposa que emigraba hacia el sur. Sí, se acercaba el invierno y esa era una de las pruebas. Ella, como periquita y ave que era, también tenía la costumbre de emigrar a las zonas cálidas con su pueblo. No podía soportar la nieve ni el frío. Pero ahora no podría hacerlo ya que tenía que seguir con la misión que Noranth le había encomendado y…porque su pueblo ya no existía. Sin embargo, no estaba preocupada por el clima que vendría en el futuro. Se sentía suficientemente arropada por sus nuevos amigos. Amigos que la ayudaron cuando casi moría en el lago. Sobre todo se sentía muy bien cuando estaba al lado de "él". Sonic lo llamaba Knuckles the Echidna. Él había combatido a los nigs cuando no tenía casi fuerzas. Estuvo a punto de entregar su vida. Eso había quedado grabado en Anya.
-Hola, colegas- una voz sumamente familiar la sobresaltó detrás suya. Knuckles se había levantado. El equidna olía a champú de hierbas.
-¿Qué tal la noche, Knux?- le preguntó Sonic mientras chocaba los nudillos con su compañero.
-Un poco incómoda. La herida de mi brazo- se señaló un vendaje que llevaba en la extremidad derecha. Cubría la herida que le habían hecho los nigs en su primer combate- me ha dado un poco la lata pero se está recuperando bien. Esa es la parte buena- ahora se giró a una inmóvil Anya que respiraba fuertemente- ¿Qué tal tu letargo, preciosa?- sus palabras iban ligeramente cargadas de ironía. Sin embargo, la última de ellas hizo enrojecer a la periquita.
-Bien…bien…- fue simplemente lo que le contestó.
Noranth se había instalado al lado de su jinete. Movía la cola de un lado para otro en un gesto de estado de relax. Anya rascaba la piel escamosa del cuello de la dragona, lo que provocaba que ésta ronroneara de placer. La periquita cerró los ojos cuando una brisa sorprendió en el ambiente. Era fresca y relajante. Traía consigo la predicción del que se suponía que sería el día más cálido antes de que cayera el invierno. Noranth sintió también ese hecho y se levantó cuidadosamente.
-Vayamos a volar, Anya. Va hacer un día precioso- le aconsejó a la vez que la miraba con sus ojos azulados.
-Es muy temprano y seguro que aquí Sonic…
-Por favor- Noranth interrumpió la frase de su jinete. Restregó el hocico cuneiforme en el pecho de Anya para pelotearla un poco.
-Ah, está bien pero volveremos pronto- le advirtió, sin embargo.
La dragona canturreó, contenta de haber logrado su objetivo. Se agachó para que Anya pudiera trepar a su grupa y se incorporó impacientemente cuando ella llegó hasta arriba. La periquita soltó un gritito en consecuencia. Su animal se disculpó pero aún seguía inquieta, trotando de aquí para allá.
-Estás incontrolable…- miró a Sonic y a Knuckles. Ellos estaban observándola, ajenos a los pensamientos que se enviaban periquita y dragona. Sonreían mientras pensaban que bonita era la unión entre ambas- Me voy con Noranth a volar un rato. Volveré pronto.
Sonic se levantó y entrecerró los ojos. Estaba un poco preocupado por Anya. No era seguro que se alejara de la zona. Knuckles, a su lado, tampoco parecía muy convencido pero no quería decir nada. Tendría que advertirla el erizo mismo.
-No te marches muy lejos. Es peligroso.
-Lo sé, lo sé. Si pasa algo regresaremos inmediatamente.
Sonic asintió aunque no por eso estaba más tranquilo. Se alejó con el equidna para dejar espacio libre a Noranth para despegar. La dragona saltó al aire con una elegancia divina con la que no podría competir nadie. Sus alas enormes se abrieron para dar el primer batir que la elevó varios metros en el cielo. En su lomo, Anya se agarraba con fuerza y diestramente para no resbalar. Realmente, pensaba Sonic, parecía que había nacido para eso. El erizo se volteó y caminó junto con su colega Knuckles de vuelta al laboratorio-hogar. Mientras tanto, Anya y Noranth desaparecían en el brillante horizonte iluminado por el sol.
Cream se levantó de un salto del sillón y se acercó a Tails, quien estaba otra vez con la pieza de la Armadura Dragonil. Suspiró silenciosamente. No podía hacerle ver al joven zorro que le aburrían esos experimentos. La conejita deseó que Amy saliera ya del baño y la rescatara de ese lugar. Cream asomó la cabeza por el hombro de Tails y miró el objeto de plata. Cheese también estaba algo interesado. Todo, absolutamente todo, seguía igual de cómo Anya les entregó la pieza. No había hecho ningún cambio. En definitiva, una pérdida de tiempo.
-No has averiguado nada ¿verdad?- le preguntó frotándose los ojos y lanzando un bostezo.
-Muy pronto lo haré, ya lo verás- le contestó a la vez que se limpiaba los guantes.
Cream dio una vuelta por el laboratorio. Cheese la seguía piando de vez en cuando. Estaba bastante cansada. No había podido dormir en toda la noche. Se quedó pensando en la actitud y las palabras que le dijo Tails antes de acostarse. De que ella no tendría motivos para tener miedo mientras él estuviera a su lado. Eso…se le había clavado en el corazón y cada vez que lo pensaba, la sangre de su interior ardía peligrosamente. Por primera vez, esa noche había sentido que alguien le importaba Cream. Era pequeña, sí, pero no invisible. Tanto Sonic como Knuckles parecían ignorarla por el mero hecho de no llegar ni siquiera a los ocho años, edad de Tails. Amy la trataba casi como a un bebé. Era una chica, y las chicas siempre creen que pueden ejercer de mamá con un niño, o en este caso niña pequeña. Pero Tails…Tails siempre la había animado a hacerse valer, a hacer ver de lo que era capaz. Sólo se sentía querida por él pero ¿sería verdad de que la quería…tanto como ella le quería a él?
Eran casi las dos de la tarde. Sonic salió del laboratorio-hogar y miró al cielo esperando ver un reluciente cuerpo dorado descendiendo hasta llegar a tierra. Lo único que percibió eran tres nubes blancas y esponjosas que se movían con el viento. El erizo rugió apresado por la preocupación. Habían pasado casi cuatro horas desde que Anya y Noranth se habían marchado. La periquita le había dicho que volvería rápido ¿estarían bien? Ojalá Tails le hubiera dado uno de esos relojes que había inventado para charlar a distancia. No estaba seguro de ir a buscarlas.
El erizo entró en la casa del laboratorio-hogar y fue al salón, donde Knuckles estaba viendo la televisión. No podía distinguir de qué programa se trataba. Sonic intentó estudiar las emociones del equidna: aparentemente parecía tranquilo y despreocupado. O simplemente andaba ajeno a la ausencia de Anya y su dragona. Sería lo segundo. O…puede que él supiera cuando volverían el dúo femenino.
-Knuckles ¿tienes idea de cuando vuelven Anya y Noranth?- le pregunto deseando oír que su colega afirmaba a la cuestión planteada.
El equidna apartó medio segundo la mirada del televisor y negó con la cabeza.
-No, lo siento, Sonic- no obstante, inmediatamente se levantó del sofá- ¿Todavía no han vuelto?
-No, y temo que les haya pasado algo.
-¿Y no has pensado en ir a por ellas, imbécil?
-¡Cállate! ¡Yo también estoy preocupado!
Un portazo les sorprendió a ambos héroes en la habitación. Sonic entrecerró los ojos muy extrañado de la actitud en la que Amy había irrumpido en la estancia. Estaba jadeando y tenía todo el pelo empapado. Se encontraba vestida pero aún así se podía ver claramente que estaba mojada por todo el cuerpo. Sonic dedujo que debió de haberse duchado. La eriza dio dos pasos adelante y carraspeó para tomar aliento. Sonic acudió a ella para llevarla a una silla pero Amy rechazó rotundamente su ayuda. Parecía tremendamente nerviosa. Las cosas iban de mal en peor. Más preocupaciones para Sonic.
-Amy ¿qué demonios ocurre?- le preguntó llevando sus manos a los hombros temblorosos de la chica.
-Estaba…- la eriza cogió aire hasta llenar sus pulmones- estaba vistiéndome en el baño cuando fui a quitar el tapón de la bañera para vaciarla pero…- la respiración de Amy se aceleró.
Sonic le masajeó los antebrazos para intentar relajarla pero era inútil tranquilizarla. Estaba muy fuera de sí. Desde detrás del erizo, Knuckles estaba totalmente asombrado.
-Intenta calmarte, Amy- le aconsejó el equidna.
-¡Sonic! ¡En el agua estaba reflejada una imagen de Anya inconsciente y un montón de nigs atacando a Noranth! ¡Está en peligro!- Amy cayó al suelo y se llevó las manos a la cara. La eriza rompió a llorar desesperadamente.
Sonic se agachó y la zarandeó fuertemente. No obtuvo resultados. El erizo apretó los dientes intentando no perder los nervios. Tenía que manejar la situación. Tenía que saber donde se encontraba Anya. Knuckles se colocó al lado de Sonic y levantó la cara que la misma Amy cubría con sus manos. Primero, la agitó hacia los lados y después, con la mano libre, abofeteó sus mejillas cinco veces seguidas. La eriza quitó las manos de su cara y retrocedió hacia atrás, totalmente aturdida y confusa. Sonic la agarró suavemente por el cuello y la atrajo hacia él. El calor de su aliento pronto despertó a Amy, quien se acurrucó totalmente asustada en su pecho. Sonic acarició su pelo húmedo para tranquilizarla todo lo que fuera posible.
-Amy- le susurró cálidamente- tienes que decirnos como era el lugar en donde estaban Anya y Noranth.
La chica se llevó la muñeca a la nariz y la frotó para quitarse el moquillo que el llanto le había producido. Aunque aún temblaba, se podía ver que estaba cuerda y sabía lo que decía.
-En el agua se reflejaba unos picos de piedra enormes. Creo que se trataba de Rock Peaks pero ese lugar…los vientos son tan fuertes que te podían arrastrar hasta uno de ellos y acabarían atravesándote. Nadie va allí.
-Nosotros tenemos que ir. Hay que salvar a Anya y a Noranth.
Abrió los ojos muy lentamente y con dificultad. Un dolor espantoso que se daba de manifiesto en la base de su cabeza la estaba atormentando. La estancia donde estaba ella era muy cálida pero poco luminosa. Anya oyó cerca un chisporroteo de un fuego encendido en una chimenea ¿qué hacía ella ahí? ¿Quién la había salvado? Poco a poco se fue incorporando sobre una mullida cama de paja que alguien había preparado especialmente para la periquita inconsciente. El dolor de cabeza aumentó de intensidad y tuvo que recostarse en la pared a la que estaba arrimada la cama. Lanzó un suspiro y se llevó la mano derecha a la nuca. La piel bajo sus plumas latía rítmicamente. Con un gemido, se inclinó para delante hasta lograr sentarse con las piernas cruzadas. Mientras esperaba a que el dolor pasara aprovechó para estudiar el lugar donde se encontraba. Era una habitación un tanto rústica. Las paredes eran troncos de madera y los muebles que había estaban hechos a mano. La habitación era pequeña y sólo había una mesa cerca de la puerta con dos taburetes y una cama con colchón y sábanas al lado de en la que estaba Anya. En la mesa reposaban dos tazas humeantes. Por último el fuego que ella había escuchado, ardía en una chimenea de piedra instalada en la pared izquierda. Un individuo, aparentemente viejo, estaba sentado cerca de ella en una mecedora. A Anya le resultó muy familiar.
-¿Hola?- al ver que el viejo no respondía a su palabra, la dijo más alto- ¿Hola?
El viejo se volteó instantáneamente y se levantó muy rápido de la mecedora. En la mano izquierda llevaba un extraño bastón dorado con una piedra azul. La luz del fuego iluminó su figura. Se trataba de otro periquito pero a diferencia de Anya, tenía el plumaje verde y la nariz azul. El periquito se acercó a Anya, sirviéndose ligeramente de ayuda de su bastón aunque parecía que no lo necesitaba para caminar.
-Ya te has despertado ¿eh, jovencita?- el ave se arrodilló a los pies de la cama de la periquita- ¿Cómo te encuentras, Anya?
El ave hembra parpadeó sorprendida cuando oyó su nombre salir por el pico de ese periquito desconocido.
-¿Te conozco? O mejor aún ¿me conoces?- le preguntó. Quería saber cómo sabía quién era.
-¿No me conoces tú a mí?- la cara de extrañeza de Anya le hizo continuar- Soy Ealdor, el jefe de tu pueblo. El Kahuki.
-¡Kahuki!- exclamó Anya nada más oír esa palabra.
¡Hola otra vez! ¡He regresado con mi octavo capítulo! La verdad es que últimamente estoy trasnochando demasiado...jejeje. Es que por aquí es muy muy tarde. Nada, aquí no llega el sol. Sólo lluvia y lluvia...Ay, que se le va a hacer. Bueno, no me entretengo más. Voy con los agradecimientos (siempre en orden de publicación): Muchas gracias, Alicia the Hedgehog. Me alegra que la historia te siga pareciendo interesante (a mi, sinceramente, no me lo parece, jajaja) y que te guste. Gracias por gastar algo de tu tiempo en leerla y en comentarme. No me lo merezco. Muchas gracias, Kira-writer, por tu review. No, no creo que valiera mucho para la comedia pero gracias de todas formas ¡Y no me importa nada en absoluto que me cuentes tus cosas y para nada me aburres! ¡Puedes escribirme lo que quieras! Por cierto, me ha llamado la atención que estés con mudanza porque ¡yo también me mudé hace poco! Y sí, coincido contigo, se deja mucho atrás. Amigos, colegio, ciudad, vecinos...A mí me dio mucha pena marcharme ya que he vivido toda mi vida (literalmente) en la misma ciudad pero hay que ser fuertes ¿verdad, amiga? Muchas gracias, Kamiase. Como has podido comprobar, he puesto otra ración de TailsXCream (o CreamXTails en tu caso ¿prefieres que lo llame así?), espero que ese párrafo te haya gustado también. Y sí, ojalá se pudieran intercambiar los climas (como hecho de menos el calorcito...) pero como bien dices, amigo, "no se le puede hacer nada". Muchas gracias por tu review. Me satisface mucho ver que te gusta el CreamXTails. Bueno, yo he acabado ya. Ah, se me olvidaba daros las gracias, lectores, espero que os esté gustando la historia. En fin, nos veremos en el próximo capítulo. Muchos besos y abrazos a todos.
Wings-Dragon
PD: Que paséis unas felices vacaciones y una buena semana.
