—Más de lo que querría admitir—
V. Berserker
TinaCeballos
Edición: Aslaug
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Se levantó temprano dándose cuenta que había actuado como una verdadera idiota el día anterior. ¿Qué debía hacer? ¿Tendría que evitar a Ezarel? Estaba decidida: lo haría hasta devolver a su corazón a la normalidad. Suspiró intentando tranquilizarse y buscó una toalla, para poder tomar una larguísima ducha y no pensar en ello al menos cinco minutos. Tenía que pensar en Scarsh. Si las cuentas que había hecho eran correctas, hoy era el día en el que tenía programado oficialmente salir y conocer algo más que el pasillo que llevaba a su habitación.
*FLASHBACK*
—En los inicios, todos los hombres y mujeres teníamos el poder de la energía, pero no la podíamos canalizar. Nacíamos con ella, estaba presente en nuestra sangre y nos hacía superiores; éramos más fuertes y hábiles, capaces de adaptarnos a cualquier entorno, gloriosos y requeridos en toda batalla. Lamentablemente teníamos más de lo que podíamos soportar. En ese entonces no nos llamábamos heavenitas, sino que se nos conocía como berserker: guerreros de renombre por la incontrolable fuerza que nos brindaba la energía, que explotaba en nuestro interior al ver sangre, acelerando nuestro corazón y haciendo incontrolable la necesidad de matar. —Scarsh hizo una pausa, mirando al infinito. —Cuando llegamos a Eldarya ya no existía la necesidad de pelear, por lo que nuestra existencia carecía de sentido. El líder de aquel entonces empezó a buscar una cura para nosotros, sin éxito, pero con el paso de los años, gracias al Oráculo, la energía empezó a atenuarse de generación en generación; nuestra descendencia era cada vez menos violenta y ese temible poder cayó en el olvido con el lento proceso de la evolución. Nos convertimos en un pueblo tan pacífico que tomamos el nombre de Heaven y empezamos prosperar, hasta convertirnos en un país lleno de banderas blancas. Fue entonces cuando uno de mis ancestros empezó a investigar con aquella olvidada energía y a hacer experimentos consigo mismo; con el paso de los años descubrió que era posible controlarla y utilizarla a nuestro favor, en vez de ser dominados completamente por ella, otorgándonos la habilidad de controlar la naturaleza y desarrollar técnicas de sanación innovadoras. De esta manera todos los demás países empezaron a creer que los heavenitas éramos enviados del Cielo, capaces de lograr cualquier cosa que nos propusiésemos.
—Entonces, si el trato se cumple, los Absenta sólo irían a recolectar información sobre vuestros avances y procedimientos. —concluyó Loreley, acomodándose en la cama.
—Exacto. —asintió la princesa. —En realidad, no podrán llevarse nuestro método pues la condición de berserker es hereditaria.
—¿Y qué hay de Rhague? —preguntó la guardiana. —Parece casi irreal, ¿cómo llegó a convertirse en el famoso Dios de la guerra?
—La razón por la que es más fuerte que el heavenita promedio es porque aprendió a controlar la energía por su propia cuenta. Su entrenamiento era tan intensivo que ésta comenzó a despertarse en su interior casi sin que se diera cuenta, siendo capaz de ser más ágil, rápido e inteligente que sus oponentes. —continuó la joven, con aspecto alicaído. —Todos desean convertirse en alguien como él para pelear y defender sus ideales. Sin embargo, Rhague es el único con la capacidad de definir la propia guerra... —sus ojos se oscurecieron. —Probablemente su descendencia logrará que se despierte de nuevo la habilidad del berserker. Es el héroe y el villano de mi país.
El silencio se adueñó de la habitación, haciendo que Loreley se removiera inquieta.
—¿Y qué piensas tú de Rhague? —preguntó, observando su reacción discretamente.
—¿¡Ummh!? —contestó Scarsh, abriendo los ojos, mientras sus manos jugueteaban con el tarro de vidrio que él le había regalado. —Si logra terminar con la guerra... siento que le estaré eternamente agradecida.
Loreley comprendió que no era el momento adecuado para profundizar más. Scarsh parecía querer convencerse a sí misma que sólo le guardaba respeto a su prometido, pero todavía era una adolescente y no podía evitar ocultar lo evidente cada vez que alguien lo mencionaba. Estar tanto tiempo con la eterna enamorada de Valkyon, Ykhar, había hecho que su mirada avergonzada no pasara inadvertida a sus ojos.
En el transcurso de los días que le quedaban a la princesa en la habitación, ésta parecía más emocionada por charlar de todo tipo de cosas, incluso cosas de chicas. Scarsh era muy pudorosa, algo de lo que no se la podía culpar ya que, al no tener madre ni una nana, vivía con su padre rodeada de soldados. La conversación giró en torno a príncipes superficiales de pueblos pequeños, entre ellos el candente príncipe Eliot, de cabello castaño largo y labios rojos seductores, quien a los ojos de Loreley impresionaba de interesarse más por los hombres que por las jóvenes princesas casaderas. Posteriormente, en los líderes de las guardias de Eel, de los cuales Nevra pareció llamar su atención, para finalmente continuar con Rhague, quedando claro que no había dejado de pensar en él desde que le dio su tarro de vidrio.
—Son sus familiares. —explicó Scarsh, señalando las luciérnagas. —Se trata de una especie letal y difícil de lidiar, ya que debes cazarla en su panal y amaestrarla. Es sencillo mientras te concentres en conseguir los huevos de las reinas y puedas domarlas desde el nacimiento, para poder ganar el respeto del enjambre.
—Así que entonces él dejó a su familiar cuidándote.
La joven sonrió con cierta timidez, mientras envolvía el frasco entre sus delicados dedos.
—Si mato a una, su enjambre se volvería loco y avisaría a Ragh. —suspiró. —Entonces él sabría que estoy en peligro, aunque me encuentre en los confines del mundo.
Loreley se preguntó si Scarsh estaría haciéndose ilusiones con el guerrero; a sus ojos, ella sólo era el boleto que tenía el heavenita para convertirse en el próximo gobernante. De cualquier forma no quería romper la burbuja en la que se encontraba su amiga, ya que si ese hombre iba a convertirse algún día en su esposo, era mucho mejor que lo amara.
—Es fuerte. —añadió. —Será capaz de protegerte.
—¿Sabes? —comenzó la joven, encogiéndose sobre sus rodillas. —Yo no lo traté bien cuando lo conocí. Para mí era sólo un bárbaro que intentaba restablecer unos ideales pacifistas ancestrales. —asentía para sí misma, creyéndose cada una de sus palabras.
Loreley se mordió el labio. Era evidente que su amiga no sabía que Heaven sólo quería la democracia o, ¿quizás sólo estaba buscando excusas para perdonar su conducta?
—¿Y a ti? —irrumpió repentinamente Scarsh. —¿Te gusta alguien?
*FIN DEL FLASHBACK*
Recordó el momento en el que Scarsh le había preguntado si le gustaba alguien. Sí, a ella le gustaba alguien. Ezarel era un hombre del cual una se podía enamorar fácilmente cuando se le conocía: fuerte, disciplinado, talentoso, refinado, seguro de sí mismo y condenadamente guapo. Tras toda esa capa de bromas estúpidas e inmadurez, ella había encontrado un Ezarel diferente, que se preocupaba de los demás, que iba tras ella dejando atrás su orgullo, y eso había hecho que lo empezara a mirar con otros ojos. Las cosas no habían cambiado mucho después de que Eweleïn le mencionara su relación con él, confesándole incluso que se había sentido amenazada por ella, ya que hacía poco más de un año que había llegado a la guardia, y era casi una desconocida en Eel.
No puedo permitirme a mí misma amar a un hombre que no tuvo el valor de tomar en serio los sentimientos de otra mujer.
Empezó a convencerse a sí misma de que él era un inmaduro que sólo disfrutaba jugando con los demás y se prometió no ceder ante sus encantos. Sabía que no tenía derecho a inmiscuirse en la relación de ambos, pero tampoco podía ser desconsiderada con Eweleïn. El único problema en aquella situación es que, en su caso, ya no era una adolescente que tuviera la facilidad de mentirse a sí misma; tenía 26 años, y había vivido suficientes historias de amor como para saber qué valía la pena y qué no. No podía fingir que lo odiaba, pero no iba a aceptar un sentimiento tan grande como el amor de primeras. No tenía las cosas claras, ya que él había creado una revolución en su interior./justify]
Keroshane, Ykhar y Ewellëin aparecieron en la habitación de Scarsh con todo tipo de cosas para cambiar su aspecto: unas vieja montura de gafas a las cuales se les había remplazado el vidrio recientemente, faldas largas de colores pasteles, maquillaje para pintar algunos pequeños tatuajes tribales en su rostro o brazos, blusas escotadas, sandalias nuevas y ligas para el cabello, todo con el objetivo de que nadie sospechara de su procedencia. Después del gran cambio, no podía decirse que estuviese irreconocible pero, al menos, nadie la identificaría con alguien de la realeza. Se le había explicado a todos los demás que era una nueva recluta de Absenta, tal y como lo había sugerido Miiko, puesto que era más fácil que pasara desapercibida entre los aprendices de botánica que entre los escandalosos de Obsidiana o los disciplinados Sombra. Finalmente los días fueron pasando sin novedades ni sospechas, pero Miiko todavía no había recibido ninguna noticia de Rhague, y no sabía cómo tomárselo.
