Daryl vio como la afilada punta de la espada se incrustó en el rostro del alunado con facilidad, al mismo tiempo por el borde del árbol iba apareciendo la cabeza de un caballo que acababa de rampar por entre las raíces del mismo. La desaceleración iba disminuyendo mientras el caballo se sostenía en el aire, montándolo habían dos jóvenes, el de adelante cogía las riendas a la par que un arco en su mano izquierda; el de atrás se había agachado hacia uno de los costados sacando la espada del cráneo del caminante.
Todo volvió a su movimiento normal al toque de los cascos del caballo con la tierra, todo excepto Daryl, quien acababa de perder el conocimiento.
Todo estaba oscuro, a lo lejos se podía oír el arremolinar de las nubes anunciando que habría una tormenta. El sonido se iba haciendo más y más fuerte, como si las nubes se fuesen acercando. El viento corría con fuerza, azotando los cortos cabellos del ojizarco, levantando la tierra y las piedras, haciendo que estas azoten contra su cuerpo, y haciendo que este último se estremeciera por la desnudez en la que se encontraba.
Sí, se encontraba desnudo y en la intemperie.
Y aun así, todo seguía oscuro, no se podía saber dónde era arriba y donde abajo. Tampoco era posible ver los truenos aunque si se escuchaban los relámpagos. Todo era confuso. Si no fuese porque antes había presenciado una tormenta, Daryl podría asegurar que el viento le hacía caricias en distintas partes del cuerpo.
–Llevalos –sintió un fuerte revuelo hablándole al oído. El joven giró sobre sus talones intentando encontrar el origen de aquel débil susurro, mas a su costado no se podía distinguir nada en la oscuridad; con sus brazos intento agarrar lo que fuese que estuviese junto a él, pero encontró nada. – Ayudalos –oyó nuevamente aquella voz, esta vez giró con mayor velocidad estirando desde un inicio sus brazos, pero tampoco encontró el origen del sonido. Aquella voz le parecía tan conocida.
–¿Mamá? –se escuchó a si mismo preguntarle al aire, no esperaba obtener una respuesta. Y aun así la obtuvo.
–Sálvalos, y sálvate –escucho, en ese momento una suerte de ráfaga hizo que perdiese el equilibrio que tenía. Sintió como si cayera por un abismo, un profundo y oscuro abismo.
Daryl tenía la sensación de haber salido de un agujero negro, puntos de luz habían estado pasando a gran velocidad perdiéndose en los bordes de lo que su visión le permitía ver, pero de pronto se habían detenido, mostrándole todo en colores excesivamente blanquecinos. Distinguía unos ojos verdes delante de él además de un tacto desconocido en su mejilla. Daryl intento enfocar la situación y recobrar el sentido.
Poco a poco el sonido volvió a sus oídos, evidenciando lo que sus ojos habían distinguido hacía poco, el joven que lo sostenía le estaba hablando. Pero aquello pronto cobro poca importancia cuando recordó que Rick también se debería encontrar en la misma situación que él.
–¿Rick? –le preguntó, su voz se emitió en un áspero susurro, y los ojos del joven viajaron hacía su costado.
–Hey, ya despertó –le dijo a alguien más. Pero el joven no se fijó en el compañero del muchacho, había seguido con la mirada al joven y se había encontrado con que Rick estaba a su costado, ambos estaban recostados contra un árbol. No, aquello era la rama de un árbol, se encontraban dentro de la casa del árbol.
–Tenemos que irnos –se dirigió esta vez al ojiverde, aquello no le gustaba.
–No pueden irse, aun no se encuentran bien y el bosque esta infestado –le respondió el muchacho.
–No entiendes –replicó Daryl– no me refiero solo a nosotros dos, sino a ustedes también, este lugar no es seguro, los cuatro debemos irnos de aquí, no es seguro.
–Disculpa, nosotros acabamos de sacarlos de donde no era seguro –le dijo el muchacho, se podía distinguir en su voz un poco de enojo–, así que no entiendo a donde pretendes que vayamos si ni siquiera sabes dónde te encuentras, ahora… descansa –le ordenó, luego volteó y se dirigió a la única ventana del pequeño cubo, donde su compañero se encontraba.
–Estamos en una casa del árbol, construida en metal a los pies de una colina, sobre un árbol que no soportaría el empuje de tres docenas de caminantes que se dirigen en este momento a este lugar –quizás Daryl estaba exagerando con los números, pero aquello había recién hecho que el joven voltease nuevamente a mirarle.
–¿Qué pretendes? –Le preguntó enfadado– ¿Acaso eres un adivino para saber lo que va a suceder? –Daryl se quedó callado ante la pregunta, la verdad era que acababa de decir algo que no podía probar. Su instinto aun así le decía que debían irse cuanto antes, se quedó callado por unos segundos pensando.
Tenemos comida, agua, electricidad –le dijo Daryl, si había alguna forma de hacer mover a aquellos dos muchachos quizás sería ofreciéndoles algo mejor que lo que podía brindarle aquel bosque, así que se puso en ello– Y necesitamos apoyo, los puedo llevar con los míos, pero tenemos que irnos, ahora.
Daryl se quedó callado, esperando la respuesta del joven; por el intercambio de miradas entre los dos muchachos podía intuir que había dado en el clavo. El otro muchacho se levantó y cogió al ojiverde por los hombros, haciéndole un gesto a Daryl para que les permitiera discutirlo.
Daryl volvió a centrar su atención en Rick, quien se encontraba aun inconsciente por la caída, era muy probable que se hubiese fracturado algún hueso, quizás alguna costilla, y si era así tenía que pensar en cómo llevarlo al refugió sin causarle aún más daño. Pero su mirada se desvió a la esquina más profunda del lugar, donde podía ver una serie de espadas, cada una con su vaina; y dos carcajes llenos de flechas, a un costado se encontraba un arco a poleas bastante cuidado pero obviamente no era nuevo.
"¿Quiénes son?", se preguntó por primera vez Daryl.
El cazador decidió no preocuparse por ese momento en las armas ahí apiladas, en cambio comenzó a revisar a Rick. Su cabeza parecía no tener ningún moretón, y tampoco tenía ningún rasguño o herida causada por el caminante, sus brazos se encontraban arañados debido a la forma en la que había rodado por la colina. Daryl sabía que era necesario abrirle la camisa para continuar revisando, pero algo le impedía hacerlo, sus manos se habían quedado quietas a la altura del primer botón. La idea de Rick despertando justo cuando le estaba inspeccionando le hizo estremecerse.
Pero aun así continuó, quizás desabotonando lentamente, pero continuó. Entre la comisura de la tela Daryl podía observar la piel blanca del ex policía, era sorprendente ver que su pecho no tenía ninguna cicatriz y que la piel se mantenía suave al tacto. Daryl recordaba a la perfección la imagen de su pecho reflejado en un espejo, si cerraba sus ojos podía ver cada cicatriz grabada en él, además sabía que su piel era infinitamente menos suave que la del otro. "¿Cómo puede…", se preguntó, ¿No se suponía que Rick se había dedicado por completo al crimen?, ¿no había sido policía?¿Por qué su pecho no tenía tantas marcas como el suyo? Daryl sacudió su cabeza nuevamente, no era el mejor momento para filosofar acerca de su pasado y de cuan diferente era de cualquiera de los otros en el grupo.
Volvió a centrarse en el pecho de Rick, y entonces se dio cuenta que durante aquellos segundos pensando sus manos había permanecido enteramente en contacto con la piel de su compañero.
–¿Dónde está el campamento de tu grupo? –el ojiverde se había acercado apresurado a Daryl.
–Entonces ya se decidieron –le preguntó Daryl, acababa de comprobar que el estado de Rick no era preocupante.
–No hay tiempo para conversar, tenías razón, tenemos que movernos ahora –Daryl solo asintió, tras esto el joven le repitió la pregunta y Daryl le dio la dirección en base a la luz del sol–, ¿Cuán protegido esta tu campamento?
–En realidad no es un campamento –le dijo Daryl, el joven le exigió una explicación con la mirada- Nos hemos acomodado en una prisión.
