Bailando en la Oscuridad
Capítulo Seis: Bésame
Por DamageCtrl
Disclaimer: No soy dueña de Avatar: la Leyenda de Aang ni nada relacionado con él
N/T: Yo tampoco, ni de la trama :) Es de DamageCtrl, ya lo saben, ¿no? ;-)
Gimoteó, retrocediendo tambaleante. Levantó la mano y se frotó la frente, haciendo una mueca. ¿De qué estaba hecha esa máscara? ¿Granito? Zuko sintió que la mano de ella abandonaba la suya y lo agarraba mientras intentaba aliviar el dolor de la zona que había chocado con su máscara. Al verla frotándose la cabeza, Zuko tenía ganas de pegarse por estúpido.
La mascara. ¿Cómo podía haber olvidado que estaba usando una máscara e intentar besarla? Detrás de la susodicha máscara, se sonrojó, avergonzado por haberse olvidado completamente y subsecuentemente hacerlos parecer un par de tontos. Y aún así, una pequeña sonrisa estiró sus labios. Era algo gracioso. Si no les estuviera pasando a ellos.
Para Katara, la sensación de querer tirarse al lago. ¿De veras había intentado besar una máscara? Ni siquiera se había molestado en tratar de quitarla. Simplemente se había hundido en los infinitos hoyos negros que hacían las veces de ojos, y dejándose llevar por el momento, se encontró estirándose a por un beso. Un beso de sus fríos e inanimados labios.
Por encima del sonido del viento soplando entre los árboles, del agua chapaleando la costa, y de los grillos gorjeando en la distancia, Katara oyó algo más. Dejó de sobarse la cabeza y alzó la vista. Entornó los ojos al posarlos en su enmascarado instructor de baile que había volteado la cabeza.
-¿Te estás riendo?
Zuko escuchó su voz y pegó un respingo, enderezándose. Sus brazos volaron a sus costados y apretó los labios con fuerza para evitar que un ataquecito de risa se le escapara. Bajo de su mirada recelosa, sacudió la cabeza de un lado al otro, como intentando convencerla de que no, no se estaba riendo.
Katara arqueó una ceja y retiró su mano de entre la de él. Se cruzó de brazos y le dedicó una mirada para nada divertida.
-Te estás riendo –acusó.
Zuko suspiró ligeramente y relajó su postura. Reticentemente, asintió. Una pequeña sonrisa acarició los labios de Katara y giró la cabeza.
-Supongo que era divertido… Lo siento –dijo. Retrocedió un paso y Zuko frunció el ceño. ¿A dónde creía que iba?-. Me dejé llevar. No quise hacerlo. Fue estúpido. Solo olvida que siquiera pasó, ¿de acuerdo?
El arrugó el entrecejo más de ser posibles. ¿Fue estúpido? ¿Besarlo? ¿Olvidar que pasó? Así que no había querido besarlo. La parte Zuko de sí estaba un poquito feliz. Tal vez realmente se había dejado llevar por el momento y no estaba más encaprichada con su alter-ego enmascarado que con él. Sin embargo, la parte Espíritu Azul estaba insultada. ¿Por qué no quería besarlo? ¿Había algo mal en él? No había nada malo en él.
Katara levantó la mano y se rascó la nuca pensativamente. Sus ojos fueron de vuelta sobre él.
-Comencemos de nuevo –insistió. Se pasó una mano por el cabello y semi inconscientemente se acomodó la ropa-. Todavía me puede servir un poco más de práctica.
Sin saber que más hacer, Zuko se encontró asintiendo. Rotó los hombros en un intento por aflojarse. Katara se paró frente a él y levantó las manos adoptando aquella primera posición. Las manos de él encontraron las de ella y las sujetaron con firmeza. Le tomó a Katara toda su entereza levantar la cabeza y encarar su mirada inexpresiva.
Ella apoyó su cuerpo contra el suyo. Él podía sentir el calor de su cuerpo a través de la tela de sus ropas. Su rostro estaba coloreado de rojo y no podía evitar preguntarse cuánto se había expandido su sonrojo. Se tragó sus pensamientos y empezó a decirse que tenían que practicar. Después de todo, para eso era para lo que habían venido.
Comenzaron el baile una vez más, esta vez tomándoselo más despacio. Él la llevaba alrededor del árbol en un silencio total. Una vez… dos veces… cinco veces. El tiempo pareció retrasarse solo por esa noche. Solo por ellos. Al rodear el árbol una vez más, ella empezó a relajarse y dejar que los movimientos de su cuerpo se volviesen menos rígidos y más fluidos.
Entornó los ojos debajo de la máscara. Los ojos azul océano de Katara centellaban a la luz de la luna mientras lo miraban, llenos de confianza total. Dios, como le encantaría que alguien le mirara así cuando no usaba la máscara del Espíritu Azul; cuando era simplemente Zuko. Mirando dentro de sus ojos, decidió que eran lo que calmaba al Avatar dentro del chico. Él necesitaba eso.
Katara ni siquiera se había dado cuenta que habían quedado casi quietos de nuevo. Ya no se estaban moviendo de acuerdo a los pasos oficiales que le había tomado tanto tiempo enseñarle. En vez de eso, se apoyaban el uno en el otro, balanceando sus cuerpos al unísono girando en un pequeño círculo.
Eran solo ellos. El mundo afuera del árbol ya no existía. Los ojos de Katara ahondaron desesperadamente dentro de los negros hoyos.
-¿Por qué estás usando una máscara? –susurró suavemente-. ¿Qué estás escondiendo? –no había querido decir eso en voz alta. Había sido un pensamiento que se había escapado accidentalmente.
El hechizo se rompió y el cuerpo meciéndose contra el suyo se tensó. Zuko sintió como si el viento lo hubiera sacado repentinamente fuera de sí. ¿Ella quería que se sacara la máscara? Su corazón comenzó a azotarse otra vez. ¿Ella quería saber realmente quién era? Su estómago se retorció en un nudo. De ninguna manera podía hacer eso; de ninguna manera ella podría aceptar la verdad.
Sus manos soltaron las de ellas y retrocedió, poniendo una buena distancia entre ellos. Volteó su cabeza, reacio a mirar la expresión herida en el rostro de Katara al alejarse de ella.
Katara observó como levantaba su mano para evitar que siguiera acercándosele. Mentalmente se golpeó a sí misma. Había una razón por la que usaba una máscara todo el tiempo. Entonces no había razón por la que tuviera que quitársela. Ella volvió la cabeza, avergonzada. ¿Cómo podía pedírselo? No tenía derecho.
-Perdón –aseveró, mordiéndose el labio inferior. Sus manos se habían cerrado a cada uno de sus lados. ¡Estúpida! ¡Estúpida! ¡Arruinaste el momento!-. No debí haberte preguntado eso. Fue grosero.
Sí... grosero..., pensó Zuko para sí. No la miró.
-Lo siento; no quise ponerte incómodo. Debí haber sabido que no querías sacarte la máscara –divagó Katara. Levantó su mano y se rascó la nuca-. Solo tengo curiosidad. Perdón. En serio –persistió.
Zuko la miró de reojo. Ella estaba mirando el suelo, retorciéndose las manos. Él mismo había cerrado los puños a los costados. ¿Ella no entendía que no podía sacarse la máscara? No frente a ella… solo podía imaginar su indignación. Se pondría furiosa.
Y no sería con la furia que encontraba tan atractiva. Encontraba seductor el que estuviera enojada; su rostro ruborizado, el cabello fuera de lugar y resollando por aire. Ella se enojaría por razones por las que no quería que se enojara. Ella asumiría automáticamente que la había estado usando. Y la peor parte era que esa fue su intención original. La había cambiado al pasar tiempo con ella, pero el hecho todavía era que había planeado usarla; solo para encontrar al Avatar.
La única razón por la que venía ahora era para estar con ella sin todos esos prejuicios en medio. Y sabía que ella nunca aceptaría eso. Ella se sentiría engañada y las mujeres no tomaban bien la decepción.
-Es solo que probablemente esta sea la última vez que te vea –ella todavía estaba hablando-. Y como que quería saber quien eras.
Zuko meneó la cabeza. No, no quieres.
-¿Estás… estás huyendo de la ley? –sugirió Katara. Zuko sacudió la cabeza y pensó un momento. Técnicamente, sí, pero no exactamente de la forma que ella creía. Decidió darle una pista para intentar decirle porque estaba incómodo sin máscara; tenía una cicatriz. Sí, eso serviría.
Zuko sacudió su mano por sobre su cara y movió las manos en extraños ademanes frente a él. Katara arrugó los ojos, luchando por entender lo que él intentaba decir. Meneó la cabeza lentamente.
-Lo siento, no entiendo –admitió.
Zuko puso los ojos en blanco. Era la chica que no podía sacar el color azul… Levantó una mano, pidiendo algo de tiempo. Empezó a buscar en sus bolsillos. Había comprando un juego extra de piedras fósforos después de que su Tío agotara las viejas. Había olvidado dárselas y todavía estaban en algún lugar de su bolsillo.
Sacó dos piedras y las sostuvo frente a ella.
-De acuerdo… -asintió. Zuko golpeó las piedras entre sí y creo chispas. Ella abrió los ojos como platos y jadeó. Se llevó las manos a la boca y lo miró con una expresión compasiva-. ¡¿Perdiste tu cara en un accidente de fuegos artificiales!?
Oh, por el amor de… Zuko la miró fijamente por un rato largo. ¿Hablaba en serio? Negó con la cabeza y echó un vistazo alrededor. Una ramita solitaria estaba tirada a la base del árbol. La recogió y colocó las rocas cerca de la punta. Con ayuda de un poco de fuego-control, la punta de la ramita prendió. Se guardó las piedras en el bolsillo y movió la rama frente a él, señaló la punta llameante.
Observó como el fuego se reflejaba en los ojos de ella; cayendo por fin en la cuenta.
-Tienes la cicatriz de una quemadura –musitó. Zuko asintió con la cabeza y extinguió la llama antes de que alguien más la notara. Arrojó la ramita al suelo y Katara sonrió con delicadeza-. Está bien. Mucha gente tiene cicatrices.
Él sacudió la cabeza y las manos por todo su rostro. No quieres ver esto…
Suspirando cansinamente, Katara se llevó las manos a las caderas y le dedicó una mirada para nada impresionada.
-Sabes, conozco alguien que tiene la cicatriz de una quemadura sobre su ojo –comenzó. La cabeza de Zuko dio un respingo. No era tan ingenuo como para no darse que cuenta que estaba hablando de él-. Lo lleva bastante bien. Nada de escasez de confianza para el tipo.
Zuko arrugó los ojos detrás de la máscara. ¿Estás diciendo que soy arrogante?
-Estoy segura que no está tan mal como crees. La de él cubre gran parte de su cara –prosiguió Katara. La mandíbula de Zuko se desencajó. ¿Primero era arrogante, ahora era feo?-. Y por mucho que odie admitirlo, es algo guapo.
De repente, se ponía interesante. Zuko movió su cabeza hacia atrás, permitiéndose registrar sus palabras. Así que no lo encontraba feo. Eso era bueno. Se cruzó de brazos y cabeceó, instándola a continuar.
-En realidad realza más su personalidad –comentó-. Solo sería un cretino si no la tuviera. Un cretino bonito. Pero es como si la cicatriz lo hiciera más misterioso –Misterioso… le gustaba como sonaba eso-. Mi hermano y yo pensamos que está verdaderamente angustiado. Nunca lo he visto sonreír. Siempre está frunciendo el ceño, o acribillando con la mirada o amenazándonos. Incluso cuando está trabajando, parece que es un angustiado melancólico.
Le dio un tic a la comisura de los labios de Zuko. ¿Angustiado? ¿Ella lo creía lleno de angustia? Apretó los dientes. Muy bien, tal vez sí estaba lleno de angustia, ¡pero tenía buenas razones!
-Aang realmente cree que es un buen chico. Me preguntó si les ha hablado sobre lo de enseñarle… -dejó de hablar, agrandando los ojos. Zuko ladeó su cabeza interrogante-. No importa –repuso rápidamente. Se enderezó y estiró su camisa en una forma semi consciente.
Sí, le respondió silenciosamente. Le preguntó a mi Tío por alguien que le enseñara fuego control. Tío dijo que no… y me miró a mí. Zuko la vio mirar el área conocida, intentando cambiar el tema con majaderías banales sobre las hojas. Él sonrió ligeramente. Incluso cuando confiaba en él, aún no sabía quién era y no había revelado el secreto de su identidad y la de su Tío.
Incluso si en realidad eso no importaba. Por dentro, no podía dejar de sentirse halagado. A propósito o no, ella los estaba cuidando.
-Bueno –concluyó, regalándole una brillante sonrisa-. ¿Seguimos con mi lección de baile?
Él asintió y extendió la mano. Katara colocó la suya en la de él y se adelantó. Empezaron a bailar un estilo que había aprendido antes esa misma semana. Algo que hacía que sus cuerpos se apretaran el uno contra el otro fuertemente, obligándolos a moverse como uno. Katara no podía dejar de sonrojarse.
Podía sentir cada movimiento de su cuerpo contra el de ella. La manera en que sus músculos se estiraban, la manera que sus piernas rozaban las de ellas. El hecho de que la parte baja de su vientre estuviera constantemente presionando sobre la de él. Había un movimiento en particular que la había hecho gritar de sorpresa la primera vez que lo hicieron. Eso había sido vergonzoso. Era solo bailar después de todo. ¿Cierto?
Zuko amaba esta danza. Le había tomado siglos aprenderla y perfeccionarla. Su compañera estaba haciendo pasitos de bebé en comparación a lo que él podía hacer, pero el único movimiento que ella parecía haber captado a la perfección era ese que hacía endurecer su parte media. Cada vez que ella lo hacía, un pequeño silbido/siseo escapaba de sus labios.
Ahora que sabía que ella lo encontraba "algo guapo" y obviamente quería un beso de él, el endurecimiento ahí abajo empeoraba. Silenciosamente esperó que no lo notara.
Katara estaba perdida nuevamente en su mundo de ensueño. El baile la hacía sentir verdaderamente como una mujer y no como una muchacha de catorce años apenas llegando a los quince. Él la trataba como a una mujer; la manejaba como una. No como a una niñita, sino como a una mujer; y prefería eso.
Su mano subió por el costado del cuerpo de ella y Zuko maldijo sus manos adolescentes. Ella tenía lindas caderas. Lindas piernas. Con el tiempo, solo las rellenaría más. Dioses, ¿por qué lo tentaban así? La hizo girar y observó como su cabello castaño volaba alrededor de su cuerpo. Al detenerse, tironeó con su brazo y la trajo girando de vuelta a ellos.
Sus rostros se encontraron. Los ojos de ella reflejaban la máscara azul en sus pupilas y Zuko deseó que no hubiera nada entre ellos. Katara deseó poder rasgar la máscara de su cara. Él sintió su cálido aliento contra su piel.
-Perdón… -susurró, la punta de su nariz rozando la máscara-. Me acerqué demasiado.
Giró su cabeza y se apartó. Estaba furiosamente sonrojada. ¡No podía creer que casi lo había hecho de nuevo! ¡Ella no era una enamoradiza y hormonal adolescente! ¡Era una Maestra de Agua control! Y tenía ganas de azotarse la cabeza contra la pared.
-Sabes… -empezó, su voz salía entrecortada y temblorosa-. Creo… que hemos bailado suficiente por hoy.
Agrandó los ojos y se atenazó su corazón. No…
Su mano se meneó entre sus cuerpo y ubicó su palma sobre su pecho ancho y firme.
-Debería regresar –bajó la mirada e intentó apartarlo.
En silencio, Zuko retrocedió un paso, sus manos todavía deslizándose por sus brazos y aferrándose a sus manos en un último y vano intento para retenerla. Katara las quitó y él sintió la calidez de sus manos abandonar las suyas propias.
-Gracias –exclamó con la voz temblorosa. Tenía que irse antes de que de veras le arrancara la máscara-. Por las clases de baile –alzó la cabeza y le ofreció una sonrisa.
Él entornó los ojos. Podía ver la desilusión y la tristeza en ellos. Zuko asintió. Su cuerpo no se movía.
-Creo que realmente he mejorado –sugirió Katara tan animadamente como pudo. Volvió la cabeza y agachó la mirada hasta las flores junto al árbol-. Ah… y gracias por las flores –recordó, yendo hasta ellas y recogiéndolas en sus brazos-. Son hermosas… gracias.
Zuko cabeceó de nuevo, observando como acomodaba los lirios blancos y negros en sus brazos. Katara inclinó su cabeza.
-Nunca olvidaré esto.
Zuko cerró los ojos. Yo tampoco.
Ella se volvió y la mano de él salió disparada. Los ojos de ella se abrieron como platos al tiempo que se giraba y lo encaraba. Una expresión interrogante iluminaba su rostro y fruncía el ceño.
¿Qué estoy haciendo? Se preguntó Zuko a sí mismo. Su mano derecha sujetaba la muñeca izquierda de ella con firmeza. Sentía como si su cuerpo se moviera por sí solo. Su otra mano fue hasta su rostro. Debajo de los delgados guantes negros, sus dedos contornearon sus labios delicadamente. Al pasar por encima de sus labios tenuemente rosa, los entreabrió y un aliento cálido pasó por sus dedos.
Tragó saliva nerviosamente. Katara observó sus ojos oscuros permanecer fijos en ella. Su corazón se aceleró en su pecho cuando él levantó su mano una vez más. Se encontró cerrando los ojos cuando el pasó su mano sobre ellos. Zuko soltó su muñeca y llevó esa mano detrás de su cabeza. Con unos cuantos tirones, la máscara quedó suelta.
Tiró de ella, levantándola por encima de la cabeza. Katara tenía los ojos cerrados. Sabía que los tenía cerrados. Acercó su cuerpo, salvando el vacío entre ellos agachó la cabeza. Solo uno no haría daño. Solo un beso de despedida. Era todo. Después tomarían caminos separados. Sus ojos empezaban a cerrarse.
Por un largo y agonizante momento, Katara lo sintió vacilar sobre ella. Podía sentir sus labios cerniéndose justo encima de los de ella y sentir su aliento sobre su rostro. Su lengua destelló sobre sus labios una vez más para humedecerlos. Sintió su corazón latir contra el de ella y se estiró.
Los sintió presionar contra los suyos. Tersos, suaves y cálidos. Eran justo como los había imaginado. Y no quería dejarlos ir. Zuko se inclinó hacia delante, abriendo sus propios labios para agarrar los de ella y urgiéndola a hacer lo mismo. Un gemido grave escapó de los labios de ella mientras unos firmes se estampaban sobre los de ella agresivamente. Los lirios panda en sus brazos fueron olvidados al caer al suelo.
Ella levantó las manos, abriéndose camino alrededor de él y agarrándose de la tela de su camisa mientras tiraba de él hacía ella. Un aliento cálido sucedió entre ellos al separarse para respirar. Todas las ideas de irse abandonaron a Katara al sentir su mano deslizándose de encima de sus ojos.
Zuko se lamió los labios. Ella sabía… bien. Una sonrisa de suficiencia estiró sus comisuras al abrir los ojos y echarle un vistazo a ella. Estaba sonrojada y jadeaba por aire. Una ola repentina de orgullo masculino se disparó en él. Él le había hecho eso a ella. Levantó la mano y volvió la máscara a su lugar antes de que su otra mano cayera de encima de sus ojos.
A través de los hoyos de la máscara vio a Katara retroceder tambaleante. El gran par de ojos azules parpadearon rápidamente, con una mirada vaga en ellos al tiempo que abría la boca, sin saber que decir. Se llevó una mano temblorosa a los labios. Lo miró en silencio. La desilusión y el anhelo estaban escritos en toda su cara.
Dios… quiere más… Zuko lo percibió al verla desviar la mirada, avergonzada. Simplemente estaba demasiado avergonzada para pedirlo. Zuko meditó la situación. Él quería. Ella quería. Había solo un enorme problema y era su identidad. Si solo tuviera algo para mantener sus ojos tapados.
Sus ojos dorados aterrizaron en la faja alrededor de la cintura de ella. Bingo.
Él avanzó y Katara se tensó. ¿Qué estaba haciendo? Retrocedió recelosa un paso, pero el continuó avanzando.
-Ey… -comenzó Katara, arrugando el entrecejo. Atrajo los brazos hacía sí retrocediendo otro paso-. ¿Qué estás haciendo?
Su espalda dio contra un objeto sólido y soltó un gritito. Katara giró su cabeza y miró fijamente y con horror él árbol contra el que había dado marcha atrás. Zuko se detuvo a un brazo de distancia.
Bueno… esto es familiar…
Perversas fantasías se abrieron paso por su cabeza e hizo una sonrisita detrás de la misteriosa máscara azul. Katara palideció cuando sus manos tantearon a los lados y aterrizaron contra el árbol tras de ella. Empezó a buscar una forma de rodear el árbol cuando un cuerpo duro se presionó contra el de ella. Se le escapó una exhalación aguda al tensarse contra el árbol
Zuko vio el pánico en sus ojos. No era un pánico aterrado. Bien en el fondo, ella sabía que él no iba a lastimarla. Era una clase nerviosa de pánico. Del tipo que no sabía como reaccionar. Bajó las manos y las apoyó con delicadeza sobre sus caderas. Cuando él era el Príncipe Zuko y ella estaba atada a un árbol, él tenía que guardar distancia. Después de todo, había soldados mirando y a él le gustaba su privacidad.
Pero esta vez… sonrió satisfecho al desatar sus manos la faja que mantenía su camisa cerrada. Katara agachó la cabeza. Sus ojos estaban tan grandes como platos al darse cuenta de lo que estaba haciendo.
-Espera… qué estás…
Un dedo descendiendo lentamente por sus labios la calló. Su otra mano sostenía la faja y suavemente masajeaba el costado de su cadera, sonsacándole un gemido. Zuko se mordió el labio inferior. Le gustaba ese sonido. Con cuidado, levantó la faja y la sostuvo por encima de sus ojos. Se detuvo antes de tocar realmente su cara.
Si ella realmente no quería hacerlo, si protestaba en cualquier forma, retrocedería y la dejaría ir. Katara abrió los ojos cuando lo sintió detenerse. Vio la faja encima de sus ojos y se relajó. Así que eso era lo que estaba haciendo. Miró por encima del pedazo de tela. Él parecía estar esperando su aprobación.
Katara sonrió y asintió. Estiró el cuello hacia delante, colocando sus ojos cerrados contra la improvisada venda y le dio suficiente espacio para que la atara tras de sí. Creyó escucharle soltar una señal de alivio y se mordió el labio para no reír.
Zuko se estiró y ató suavemente la faja detrás de su cabeza. Cuando estuvo firmemente sujeta, la soltó. Sus manos bajaron y tomaron las de ella. Con cuidado, las levantó hasta ambos lados de su máscara y las colocó sobre ella.
Bajo la punta de sus dedos, Katara sintió la máscara. Sus manos sostenían las de ella quietas mientras levantaban el objeto por encima de su cabeza. El aire fresco de la noche acarició el rostro de Zuko y miró a la joven de ojos vendados frente a él. Soltó sus manos, se estiró hacia delante y tomó su rostro entre sus manos.
Unos cálidos labios se posaron sobre los de ella al tiempo que se abrían. Se inclinó contra él, levantando los brazos y envolviendo con ellos su cuello, al mismo tiempo que él se recostaba contra ella. Zuko cerró los ojos y atrapó su labio inferior entre los suyos. Katara sonrió. Tenía razón. Nunca olvidaría esto.
-Pregunta –exclamó Sokka, mientras avanzaban por las calles de la Parte Baja-. ¿Por qué tenemos que venir hasta aquí para el festival? ¿No hay uno allá arriba?
-Déjame darte un consejo, Cabeza Hueca –respondió Toph como si nada, al tiempo que descendían por la calle. El sol se estaba poniendo en la distancia y, a pedido de Aang; habían decidido tomar un rápido tentempié antes de encarar al festival. En consecuencia, todos estaban yendo a la Casa de Té-. Un festival en la Parte Alta es aburrido. Si quieres diversión y vida, tienes que ir con la gente común. Ellos saben cómo divertirse.
-Ella tiene un buen punto, Sokka –acotó Aang. Sokka suspiró.
-Bien... pero no me puedo quedar mucho aquí –les recordó-. Estoy comprometido en la casa de poesía para darle mi serie de despedida a mis fans.
-¿Tus fans? –Se burló Katara-. ¿Sabe Suki? –preguntó, arqueando una ceja. Sokka pareció nervioso y desvió la mirada.
-Ey, ríete ahora, pero estoy seguro que más que apreciara mis habilidades líricas la próxima vez que nos veamos –le aseguró.
Katara puso los ojos en blanco y siguió caminando. Iban todos vestidos en diferentes tonos de verde. Incluso Aang. Aang y Toph ya estaban usando sus máscaras mientras que Sokka y Katara tenían las suyas en sus manos. Katara había estado de buen humor todo el día. Aang tenía curiosidad y Sokka quería preguntar por qué, pero no quería arruinar su humor. Katara tenía la clara sensación de que Toph sabía.
Aún así, no lo sacó a colación. En vez de eso, habían pasado el día preparándose para el festival. Tuvieron que recoger sus ropas y máscaras de una tienda en la Parte Alta antes de bajar. Katara y Toph habían ido todo el día al spa una vez más mientras Sokka y Aang empezaban a empacar.
Un pequeño ceño cruzó su rostro y Katara bajó la mirada al piso. Esa sería su última noche libre en Ba Sing Se. Luego, comenzarían a empacar y a organizar las diversas tropas que iban a escoltarlos fuera del muro. Irían a reuniones, hablarían con oficiales, y se prepararían para el inminente eclipse.
Después dejarían la ciudad. Katara soltó un suspiro profundo. Aunque estaba bien. Se había divertido. Una sonrisa de oreja a oreja llegó a sus labios. Y ah, cómo se había divertido. Se erizó al recordar la noche anterior. Honestamente, no tenía idea de lo que había estado pensando; besando y toqueteándose febrilmente a un hombre cuya cara nunca había visto y cuyo nombre ni siquiera sabía.
Gimiendo "Espíritu Azul" mientras le chupaba el cuello la hacía reír y no era solamente porque tenía un cuello sensible. Había escuchado más sonidos vocales de su parte esa noche que todas las otras juntas. Aún no había hablado, pero su boca había estado ocupada la mayor parte del tiempo de cualquier forma.
Inconcientemente, levantó la mano y tiró el cuello de su vestido hacia arriba. No podía dejar que Sokka viera las marcas que adornaban la base de su cuello. Se pondría como un basilisco y luego iría tras el hombre después de castigarla con firmeza y encerrarla en su habitación. Afortunadamente, el cuello de su vestido era lo suficientemente alto para esconderlas.
Al final de la noche, había sido la preocupada voz de Sokka la que la había apartado de él. Se había quedado hasta más tarde de lo habitual y había ido tras ella para asegurarse que estuviera bien. Katara había cerrado su camisa a toda prisa y sintió que su compañero de andanzas la ayudaba a pararse y a sacudirse la ropa. Le dio un último beso en la mejilla; la cosa más casta que había hecho desde que habían comenzado a besarse, y entonces desapareció. Apenas se las arregló para acomodar su cabello y atarse la faja antes de que Sokka entrara como una furia.
Había escuchado solo la mitad de su discurso mientras la arrastraba de vuelta a casa. Parte de ella se alegraba de que se fuera temprano a esa cosa de poesía suya. Tener un hermano mayor encima es rápidamente irritante.
-¡Ya estamos aquí! –exclamó Aang. Felizmente atravesó saltando la puerta abierta, con Toph siguiéndolo fríamente.
-Ey –Sokka se estiró y le cortó el paso al interior a su hermana. Ella se giró y lo miró interrogante-. Mantente lejos de Zuko. Te ha estado mirando raro.
Katara miró a su hermano como si hubiera perdido la cabeza.
-No lo ha hecho –soltó, a pesar del sentimiento pequeño y esperanzado-. Deja de ser tan sobre protector. No va a hacer nada.
Sokka bufó.
-Aún así lo estoy vigilando.
-Bueno, no sabía que lo encontrabas tan atractivo. Me mantendré fuera de tu camino –Katara le obsequió con una teatral inclinación de cabeza y Sokka gruñó. Los hermanos entraron en la casa de té y se sentaron con los otros dos.
-Veo que los cuatros van al festival –comentó Iroh, empezando a servirlos-. ¿Tienen listas sus máscaras?
-¡Todo arreglado! –Asintió Aang-. ¿Tú también vas?
Iroh dijo que si con la cabeza.
-Sí, incluso mi sobrino va.
-¿Tu sobrino? –Bufó Katara-. ¿De veras va al festival?
-Sí, una chica lo invitó –fanfarroneó Iroh. Un pequeño deje de celos burbujeó dentro de Katara y rápidamente lo desechó. ¿Cómo podía estar celosa de una muchacha que invitara a salir a Zuko? Probablemente ni siquiera pudiera mantener una conversación decente. No que el Espíritu Azul pudiera… hablar y todo eso. Pero, dios, ese hombre podía hacer cosas…
-Bueno, eso es sorprendente –sentenció Sokka. El grupo ordenó y se reclinó contra sus sillas a esperar que la comida llegara. Mientras Toph y Aang discutían que tipo de bocadillos presentaban, Katara bebió algo de té y habló con Sokka sobre su poesía.
Por la puerta delantera, un gran grupo de asistentes al festival entró y Iroh y el dueño inmediatamente fueron a ubicarlos.
-¡Li! –llamó el dueño, encabezando el grupo recién llegado-. ¿Podrías por favor traerle a la mesa dos su comida? ¡El grupo Chen acaba de llegar y Mushi y yo somos requeridos!
-¡Está bien! –respondió una voz desde el otro lado de la cortina. Zuko se ató firmemente su delantal y se pasó una mano por su cabello. Había estado en un descanso. Al pasar su cabello espeso y corto entre sus dedos, no pudo evitar sonreír con suficiencia y orgullo. Katara había halagado su pelo la noche anterior al tiempo que deslizaba su mano a través de él. Había volteado la capucha de su traje negro y de repente había sentido sus dedos enredándose en su cabello.
Soltó una exclamación entrecortada respingando su cabeza ligeramente del hueco de su cuello. De alguna manera, había terminado sentado en la base del árbol con la maestra agua sentada a horcajadas de sus caderas, con la camisa totalmente abierta. ¡Maldijo esos malditos sostenes que la contenían! Entretanto, las manos de ella se habían desecho de su camisa. Habían caído al suelo junto a ellos además de su máscara y espadas.
Un par de curiosas manos morenas habían memorizado físicamente la parte superior de su cuerpo. También le había halagado eso, entre gimoteos y gemidos. Hubiera ido más lejos si su despreciable hermano no hubiera aparecido. Zuko arrugó el entrecejo. No podía evitar sentirse molesto. Estaba al borde de vivir una de sus fantasías de captura y lo último que sabía, era que había escuchado a su hermano llamándola. El idiota.
Cuando vea a ese tonto, será muy pronto… masculló mentalmente, conteniendo la rabia. Empezó a salir del cuarto trasero y apartó la cortina del camino. Levantó la cabeza y quedó boquiabierto. A solo diez pasos de él estaba la misma chica que había estado manoseándolo y besándolo la noche anterior. En un arranque de pánico, Zuko regresó de raje al cuarto posterior y se recostó contra la pared.
Su corazón amenazaba con saltar fuera de su pecho mientras se aferraba a la mesada más próxima. Arrugó los ojos y miró con furia las cortinas que la bloqueaban de su campo de visión. ¿Qué estaba haciendo allí? ¡No estaba listo para enfrentarla aún! ¡No después de la noche pasada! ¡Todavía no estaba listo!
-Li –llamó la voz del dueño desde afuera-. ¿Por qué demoras tanto?
Zuko se encogió. Su mente intentó pensarlo racionalmente. Primero que nada, ella no sabía que era él. Mientras mordisqueaba la curva de su oreja, claramente la escuchaba llamarlo Espíritu Azul. Suspiró profundamente. Mientras no se incriminara solo, estaría bien. Inhaló y exhaló una vez más antes de salir del cuarto trasero, con su expresión severa de siempre.
-Lleva esto a la mesa del Avatar –le ordenó Iroh al pasar junto a Zuko y entregándole una bandeja llena de bocadillos. Zuko asintió y marchó decididamente.
Se detuvo junto a ellos y, con movimientos bruscos, colocó los platos de comida sobre la mesa.
-Aquí está su comida –anunció fríamente.
-Ah, ey, Li –se encogió. ¿Por qué ella tenía que hablarle? ¿No sabía que sensaciones e ideas venían a su mente cuando escuchaba su voz?-. Ordené una torta de tres capas. Ésta es una tarta de fruta.
Entonces cometió el error de mirar hacia abajo y encontrar su mirada. ¡Agh! ¡¿Cómo se atrevía a verse tan normal cuando él estaba tan nervioso?! Su rostro se encendía al tiempo que desviaba la vista.
-Claro. Perdón –farfulló y giró sobre sus talones, apurándose hacia el mostrador como si fuera su cuerda de salvamento.
-De acuerdo… -Katara no completó su frase. Sacudió la cabeza y miró a sus amigos-. Como sea, elegí esta máscara porque me gustan los pingüinos… ¿ven? ¿No se parece a uno?
Al poner la pequeña torta de tres capas en su bandeja, Zuko no pudo evitar mirar por encima de su hombro y verificar la máscara de Katara. Así que eso era lo que iba a usar en el festival. Frunció el ceño. ¿Para que quería saber eso? Tendría las manos ocupadas con Jin.
Colocaron un plato frente a ella y Katara le agradeció a Zuko sin mirarlo. Una parte de él estaba molesto, pero lo dejó pasar. Él, como Zuko, no tenía nada con ella. Cerró con fuerza las manos sobre la bandeja ante la idea de decepción. Echó un vistazo por encima del hombro mientras limpiaba la mesa tras ellos. Ella se estaba riendo. Estaba feliz, riéndose, y completamente natural.
Sería diferente si supiera que había sido a él a quién había estado besando. Zuko apretó los dientes y siguió limpiando la mesa. Jin llegaría pronto para recogerlo y entonces ya no tendría que lidiar con la incómoda sensación de que la chica que quería estaba a sentada a cinco pasos de él discutiendo, de todos los temas, sobre baile.
-Ey –chilló una voz a sus espaldas. Zuko se sobresaltó y se giró. Jin le dedicaba una enorme sonrisa y él la saludó tímidamente con la mano-. ¿Listo para irnos?
-¿Ya es la hora? –preguntó, confundido. Jin asintió. Estaba vestida todo de negro, como había prometido, y tenía una máscara encima de la cabeza; lista para ponérsela sobre la cara.
-No me digas que te olvidaste –repuso, haciéndole un puchero falso. Él negó con la cabeza.
-Solo permíteme dejar el delantal atrás y buscar mi máscara –replicó. Jin cabeceó y esperó pacientemente detrás del mostrador mientras Zuko iba al cuarto trasero. Tan pronto salió, metió la máscara azul a un costado para que nadie pudiera verla-. ¿Lista?
-¡Sí! –exclamó Jin y lo agarró del brazo. Se acercó a él y lo tiró hacia delante. Zuko no pudo evitar hacer una mueca. Katara estaba justo detrás de él-. ¡No puedo esperar! ¡Escuché que sabes bailar!
Katara levantó bruscamente su cabeza al pasar la pareja junto a ella. Posó su mirada en la muchacha colgada del brazo de Zuko e inconscientemente apretó los dientes.
-Katara –llamó una voz a su lado. Se volvió y vio a Sokka mirándolo interrogante-. ¿Estás lista para ir?
-Sí –respondió Katara. Su mirada se hizo a un lado antes de recoger la máscara y ponérsela-. Estoy lista.
Entretanto Aang pagaba, los otros tres salieron. Se despidieron de Iroh al pasar. Katara se acomodó la máscara sobre su cara y escudriñó la calle frente a ella. Toda la calle estaba bordeada por faroles para el festival. Entrecerró los ojos. No podía ver a Zuko ni a su "cita" en ningún lado.
¿Estás celosa? Le preguntó una pequeña parte de su mente. Caíste bastante bajo y te ensuciaste con un tipo que ni siquiera conoces anoche, ¿y ahora estás celosa por que una chica está con Zuko? Ah, eres una nutria koala enferma, ¿no es así, Katara? ¡No puedes tenerlos a ambos!
Katara frunció el ceño y volvió la cabeza a la calle. No era malo que le gustasen dos hombres al mismo tiempo, ¿cierto? Sokka todavía amaba a Yue y también estaba enamorado de Suki. Además, ella nunca volvería a ver al Espíritu Azul. Era una aventura. No se había encariñado demasiado. Y Zuko, no había posibilidad de que eso funcionara. Ya había llegado a esa conclusión... por más decepcionante que fuera.
No, decidió. No estoy celosa.
Con eso en mente, siguió a sus amigos por la calle. En cada esquina que doblaban, todo en lo que podía pensar era en si Zuko estaba ahí o no o si su profesor de baile enmascarado estaba allí. Apretó los dientes frustrada.
-De acuerdo, tengo que irme yendo pronto –observó Sokka mirando el cielo-. Me esperan y no quiero dejar a mis fans esperando.
-Claro –bufó Katara. Los cuatro estaban parados al borde de un patio abierto iluminado por brillantes lámparas que rodeaban una fluida fuente. Una pequeña banda tocaba en una esquina mientras los niños corrían y los adultos bailaban en círculos alrededor de la fuente-. No me has visto bailar aún.
-Oh, cierto… -sonrió Sokka-. Aprendiste a bailar, ¿no?
-¿Estás diciendo que todavía no puedo? –preguntó Katara, con la voz un poquito alterada. Detrás de Sokka, Toph y Aang retrocedieron un paso.
-Admitirlo es el primer paso –retrucó Sokka. La alarma de pelea de hermanos se disparó.
-¡Ey, Toph! ¡Están vendiendo dulces congelados ahí! –gritó Aang, bastante fuerte. Toph cabeceó.
-¡Voy justo tras de ti, Pies Ligeros! –los dos chicos de doce años escaparon a toda prisa de los hermanos, no queriendo verse envueltos en otro round de Katara vs. Sokka.
-¡Bueno, prepárate para una sorpresa! –Porfió Katara-. Vamos –le agarró la mano y tiró de él hacia delante.
-Aguarda, ¿tengo que bailar contigo? –Preguntó Sokka, arrugando la nariz y mirándola con desprecio-. ¡Ugh! ¡Eres mi hermana!
-Oh, no seas bebé –gruñó Katara. Se giró y lo miró desafiante-. A menos que por supuesto, tengas miedo.
-¿Miedo? ¡No tengo miedo! –replicó Sokka orgullosamente-. ¡De lo único que puedo tener miedo es que aplastes mi pie con tu patota! –ella entornó los ojos peligrosamente.
-¿Realmente quieres desafiar a una maestra agua junto a una fuente? –inquirió Katara, llevándose las manos a las caderas amenazadoramente. Sokka tragó nerviosamente.
-Eh… terminemos con esto de una vez.
-Eso pensé –concedió Katara.
En una de las calles que llevaban al patio, Jin arrastraba a Zuko. Su mirada se encendió al mirar alrededor y ver el mercado abierto cerca
-¡Li, mira!
Él giró la cabeza y se encogió. Había una enorme multitud en el mercado.
-Preferiría que no –repuso quedamente. Jin hizo un pucherito y tiró de su brazo.
-¿Por favor? –rogó, mirándolo haciendo pucherito con los labios.
-No me gusta las muchedumbres –Zuko no la miró. Ella soltó un suspiro resignado y le soltó el brazo.
-¿Puedo ir? –preguntó. El se encogió de hombros.
-Bueno.
Ella suspiró de nuevo y negó con la cabeza en dirección a él.
-Regresaré en unos minutos –le aseguró, retrocediendo y mezclándose con la multitud-. ¡Espera ahí!
Zuko puso los ojos en blanco. Como si iba a ir a otro lado. Se cruzo de brazos. Se acomodó la máscara pequeña que Jin le había dado. Su máscara azul todavía estaba sujeta a su costado. En silencio, se recostó contra una pared aledaña y observó a la gente apresurarse frente a él.
Podía escuchar la música sonar claramente por encima del ruido de las voces de la gente. Los adultos bailaban frente a él y los miraba con ojo crítico. Era más que obvio que ninguno de ellos había tenido clases de baile oficial. Como era de esperarse en esa fosa séptica donde vivían. Aún así, notó una figura de verde en particular que llevaba a un zoquete tambaleante bastante bien.
Todavía necesitaba algo de práctica, pero pasaba. La persona con la que bailaba tropezaba y chocaba con los demás bailarines. Sonrió con suficiencia. Ese era un hombre que podía servirse de unas clases de baile. Entonces, se giraron y la sonrisa de Zuko se desvaneció.
-Katara… -susurró. Se encogió al verla soltar a su compañero, que se dio cuenta que era su hermano.
-Au –Katara se agachó y se agarró el pie-. ¡Sokka!
-¡Perdón! –su hermano mayor se encogió-. ¿Estás bien?
-¡Solo ayúdame a sentarme! –hizo una mueca. Sokka se inclinó y pasó el brazo de ella alrededor de sus hombros, ayudándola a cojear hasta el banco más cercano. Al otro lado del patio, Zuko frunció el ceño. ¿¡Qué le había hecho el así llamado guerrero a su valiosa estudiante?!
-¿Ya está? –preguntó Sokka. Katara se sentó y lo fulminó con la mirada.
-Sobreviviré –escupió, obviamente molesta-. ¡Y eras tú el que decía! ¡Tú no podrías bailar ni que tu vida dependiera de ello!
-Ey, tengo cosas más importante que hacer que bailar –se enfadó Sokka.
-¿Cómo qué? ¿Poesía? –Sokka agrandó los ojos. Katara puso los suyos en blanco-. ¿Te olvidaste, cierto?
-¡Madame Chiu va a matarme! –Clamó Sokka llenándosele el cuerpo de pánico-. Katara…
-Lo sé, lo sé –suspiró, sacudiendo su mano despachando el tema-. Les diré a los demás que te fuiste.
-¡Gracias! –exclamó Sokka. Le dedicó una sonrisa agradecida y echó a correr-. ¡Y perdón por lo de tu pie!
-Sí, lo lamentarás cuando te encuentres congelado a tu colchoneta… -murmuró Katara bajito. Suspiró hondo y se miró el pie. El dolor se iría pronto, pero todavía estaba molesta con su hermano. Burlándose de mí cuando era tan malo… Oh… si Gran-Gran estuviera aquí…
Al quedar sentada, sola en el banco contra la pared, Katara se agachó para quitarse el zapato y asegurarse que Sokka no hubiera roto nada, cuando dos manos con guantes negros aparecieron sobre la tela verde de sus zapatillas. Sus ojos azules se abrieron como platos y su corazón dejó de latir.
Era imposible. ¿Cómo sabía que era ella?
Su cuerpo entero se tensó al ver las dos manos enguantadas deslizarse lentamente sobre las costosas zapatillas hasta quitárselas y colocarlas a un lado. Junto a su cuerpo, sus manos se cerraron sobre el banco de madera. El par de ojos azules se clavaron en las tiernas ministraciones de los guantes negros mientras unos delicados dedos se deslizaban a lo largo del pie herido, buscando con cuidado cualquier problema.
Zuko levantó los ojos vacilante al sentir que su pie empezaba a temblar. Sonrió ligeramente con suficiencia. Al descender con la mano por su pie, desvaneciendo el dolor con masajes, la miró. Podía ver sus sorprendidos ojos detrás de la máscara de pingüino y observó como se relajaban y se rendían ante sus acciones.
No había planeado ponerse la máscara por encima de la pequeña que Jin le había dado. No había planeado atravesar docenas de cuerpos bailantes. No había planeado hincar una rodilla, frente a ella, solo para asegurarse que estaba bien. Su cuerpo se había movido por si solo.
-¿Está bien? –preguntó. Él bajó la cabeza y miró nuevamente su pie. Tenía lindos dedos. A alguien le gustaba ir al pedicura. Asintió-. Bien. Pensé que el zoquete de mi hermano los había aplastados –sonrió con suficiencia detrás de su máscara. A él también le había preocupado que Sokka lo hubiera hecho.
Levantó su zapato y se lo puso antes de bajarle el pie y pararse. Hizo una reverencia para ella y extendió su mano.
-¿Bailar? –preguntó, señalándose. Él asintió con la cabeza. una amplia sonrisa iluminó el rostro de ella al cabecear-. El placer será todo mío –admitió, inclinándose en una reverencia.
Zuko debería haber sabido que en el instante que ella ponía su mano sobre la de él que entre ellos, la noche no terminaría con un simple baile. Sin embargo, por el momento, solo quería bailar con ella en público. Sonriendo ampliamente con sus mejillas coloradas y brillando con la luz de las lámparas, Katara tomó su posición delante del "Espíritu Azul". Otra pieza de música comenzó y antes de que pasara más, estaba flotando junto a él.
¿Cuántas canciones bailaron esa noche? El número que fuera, no parecía ser suficiente. Perdida en la bruma amarilla del patio y sus bailarines multicolores y que giraban velozmente, Katara se encontró chocando contra el Espíritu Azul y perdida en sus ojos.
¿Era una locura enamorarse de un hombre cuya cara nunca había visto? Era probablemente tan disparatado como ella y Zuko.
El príncipe desterrado, por primera vez esa noche, estaba disfrutando. Nunca lo admitiría, pero le gustaba bailar. Ayudaba a su manejo de la espada y su fuego-control. Dado que no había hecho mucho de aquello últimamente, bailar tendría que servir. Sin embargo, encontraba que bailar era mucho más placentero.
Al girar a Katara, sus ojos distinguieron un destello de durazno y blanco que se acercaba. Song. Rápidamente giró a Katara sin problemas en la otra dirección y vio verde. Jin. Perjurando en silencio, sabía que iban a encontrarlo. Miró a su actual compañera. Ella estaba perezosamente recostada contra él, con la cabeza sobre su hombro y enredando y desenredando sus dedos en su cabello. Ella no había visto a las otras chicas.
Katara sonreía intensamente cuando fue repentinamente echada hacia atrás. Levantó la cabeza al mismo tiempo que su compañero se alejaba de ella. la estaba empujando hacia delante, metiéndola entre la multitud de bailarines. Ella ladeó la cabeza. él seguía mirando por encima de ella, como buscando algo.
Curiosa, giró la cabeza. Antes de poder ver a Jin y a Song, que se habían visto y estaban hablando, le hizo girar una esquina.
-¡¿A dónde vamos?! –inquirió Katara sin aliento mientras Zuko la llevaba por un callejón oscuro-. ¿Espíritu Azul?
¡Zuko! ¡Mi nombre es Zuko! ¡Llámame por mi nombre! Quería volverse y gritar, pero siguió corriendo. Su corazón se aceleraba y la adrenalina latía en sus venas.
-¡Esperaba! –Katara jadeaba detrás de él y finalmente pudo zafar su brazo. Zuko de inmediato se detuvo y se giró. La miró al detenerse detrás de él. Ella se recostó contra una pared y jadeó por aire-. Déjame recuperar el aliento…
Su mirada de suavizó. ¿Qué había estado haciendo? La había arrastrado al medio de ningún lugar… un callejón oscuro entre dos casas. Se mordió el labio inferior. Su cabello estaba fuera de lugar mientras retiraba la máscara. Su rostro estaba encendido y colorado. Sus carnosos labios rosas estaban entreabiertos buscando aire y el cuello de su vestido se había desatado.
-¿Qué fue todo eso? –jadeó, alzando la cabeza y mirándolo interrogante. De repente, se dio cuenta de dónde estaban. Solos. Agrandó los ojos, enderezándose contra el muro de la casa.
A lo lejos, podía escuchar los sonidos del festival y ver el brillo de las linternas. Pero en el callejón trasero, eran solo ellos dos. Solos. Su corazón dejó de latir.
En algún lugar al fondo de su cabeza, Zuko sabía que no se suponía que estuviera ahí con ella. Pero estaba. Y lo aprovecharía al máximo. En silencio, se estiró hacia atrás y empezó a desatarse la máscara azul. Los ojos de Katara se abrieron como platos cuando se dio cuenta lo que estaba haciendo. ¿Finalmente iba a mostrarle su cara?
Se inclinó hacia adelante ansiosamente llevándose una mano al pecho. La máscara azul fue levantada y… se le cayó el alma a los pies.
Zuko se mordió el labio inferior para ahogar una carcajada al ver su rostro ansioso transformarse con la desilusión. De repente estaba contento de estar llevando la máscara que Jin le había dado. Era toda negra y lo suficientemente grande para cubrir desde su nariz hasta arriba. Incluyendo su cicatriz distintiva.
-Esto no es gracioso –Katara frunció el ceño.
Él se encogió de hombros y dejó la máscara antes de poner una mano a un lado de la cabeza de Katara. Bajó su otra mano y dio golpecitos sobre la máscara suavemente. Ella puso los ojos en blanco. Aparentemente, quería que se la sacara.
-No.
Zuko echó la cabeza hacia atrás. Que demo… no se suponía que fuera así. Se suponía que ella se quitara la máscara y luego los besos comenzaran. Él ladeó la cabeza, frunciendo los labios. Katara sonrió con suficiencia.
-Me arrastraste todo el camino hasta aquí…
Su mano acarició un lado de su cara y soltó un jadeo agudo. Zuko hizo una sonrisita. Al deslizarse su mano bajo el cuello de la camisa, podía sentir los fuertes e intensos latidos de su corazón. Se acercó más, presionando su cuerpo contra el suyo firme y duro y la pared detrás de ella. Su otra mano, se deslizó suavemente por un costado de su cuerpo, tentándola.
Si no quería sacarse la máscara, él simplemente tendría que hacer que quisiera. Los ojos de Katara se abrieron como platos al ver acercarse los ojos de él detrás de la máscara negra. Él se inclinó y besó los labios de la máscara. No puede ser… ¿Realmente iba a besarle la máscara si no se la quitaba?
¡Sácatela! Exigía la mente de ella. ¡Mira lo que te estás perdiendo! Detrás de la máscara, Katara gimoteó lastimosamente. Zuko sonrió con suficiencia. Una mano se deslizó delicadamente debajo de la máscara y acarició su tibia mejilla. La otra trazaba círculos sobre sus muslos y caderas. La escuchó gemir al tiempo que sucumbía.
Un segundo más tarde, la máscara caía al suelo recubierto de mugre debajo de ellos al mismo tiempo que Katara se hacía hacia delante y estampaba sus labios sobre los de él. Podía sentirlo sonreír triunfal contra ella y puso los ojos en blanco, rodeándole el cuello con los brazos. Él la rodeó contra la cintura fuertemente, manteniéndola cerca de él y bombardeándola con un largo y terriblemente delicioso beso tras otro largo y terriblemente delicioso beso.
Al descender con sus labios por un costado del rostro de ella, Katara hizo la cabeza hacia atrás y expuso la tierna carne de su cuello. Escalofríos se dispararon por su cuerpo al sentirlo moverse contra ella, haciendo explotar puntos de placer que él había descubierto la noche anterior. Alzando los labios sobre los de ella una vez más, ella enredó las manos en su cabello y tiró.
Un gemido grave escapó de sus labios, enviando un cálido aliento sobre el de ella. Katara sonrió con suficiencia y le devolvió el beso. Estaba recostada contra el muro, frotando su cuerpo contra él de él cuando empezó a preguntarse si él tendría ganas de verla de nuevo las próximas noches. Después de todo, tendrían a lo menos otras semanas antes de que se fuesen.
Sí… se lo preguntaría.
-¡Li! –Sintió que su cuerpo se tensaba contra el de ella-. ¿¡Li, dónde estás!?
Él apartó con brusquedad los labios de ella y se volvió súbitamente a la derecha. Los brumosos ojos azules de Katara se abrieron y parpadearon, aturdidos.
-¿Qué pasa? –preguntó sin aliento.
Zuko se volvió para mirar a Katara y rezó para que no sumara dos y dos. La encontró mirándolo, confundida de porque se había detenido. Sus brazos se habían aflojado y cayeron alrededor de su cuello.
-¡Li! ¡Te vi venir aquí! –Zuko sintió que toda la sangre se le escapaba del cuerpo al escuchar la voz de Jin-. ¡¿Dónde estás?! ¡Te estás perdiendo el festival!
Él agarró la mano de Katara y tiró de ella hacia delante.
-¿Li? –Ese no era el nombre que quería escucharle esa noche. Podía ser Espíritu Azul, Zuko, incluso niño delantal, pero no Li. No a ella.
Katara sintió que se le paraba el corazón dentro del pecho. Él había reaccionado a ese nombre. ¿Por qué reaccionó a ese nombre? Levantó su mano libre y cerró su camisa abierta, retrocediendo.
-¡Li! –era la voz de esa chica. La que había estado colgada de él en la casa de té.
Katara palideció. Zuko volteó la cabeza.
-Oh, dios… -raspó Katara, de repente viéndoselas difícil para respirar. Retiró su mano temblorosa del agarre de Zuko-. Dime que eres… todo este tiempo…
Él cerró los ojos al tiempo que la mano oscilante de Katara agarraba el borde de su máscara blanca. Sintió el objeto ser levantado de su rostro y luego el jadeo brusco y horrorizado de la maestra agua.
-No… -su voz sonaba como si la hubiera apuñalado por la espalda después de haberla traicionado. Sonaba tan decepcionada, triste, y con el corazón dolorosamente desgarrado-. ¿Zuko?
Sus manos se tensaron a cada lado de sí y se giró. El desfalleciente brillo de las lámparas al doblar la esquina iluminaban su rostro. Y la cicatriz. Katara retrocedió tambaleante, poniendo amplia distancia entre ambos con la cara ardiéndole de humillación.
-Katara…
-Todo este tiempo –escupió Katara, interrumpiéndole, insegura de si estar más furiosa o mortificada. Su vista se volvía borrosa con lágrimas empezando a ribetearle los ojos-. ¡Todo este tiempo!
Él la miró suplicante.
-No quise que fuera tan lejos… -el sonido de la carne contra la carne resonó. Ella lo había abofeteado. La cabeza de Zuko se volvió bruscamente a un lado justo cuando Katara le daba la espalda más rápido de lo que podía reaccionar. Había esperado llanto, gritos, chillidos, incluso el ser congelado a la pared, pero nunca abofeteado. Dolía más de lo que había esperado.
-Esto es bajo –siseó Katara, su voz llena de veneno a la vez que le dedicaba la mirada más fría y fulminante que podía mostrar-. No puedo creer que hicieras esto… No puedo creer que dejé que me llevaras... Yo... –se cubrió la boca con lágrimas corriéndole por el rostro-. Estabas usándome…
-¡No! –exclamó Zuko con fuerza. Se adelantó un paso y Katara gritó.
-¡Aléjate de mí! –chilló furiosamente-. ¡No puedo creerlo! ¡Todo este tiempo me estuviste usando para llegar a Aang!
-¡No! –Porfió Zuko-. Puede haber comenzado así, pero…
-¿Qué pasó con llegar a Aang de la forma de siempre? Preferiría que me atases a un árbol, tú… tú… ¡bastardo! –Gritó Katara-. Pero… tú… las cosas que te dejé hacerme… -repentinamente se sintió sucia.
Zuko sintió como si hubiera sido quemado de nuevo. No quería que ella lamentara nada con él.
-Katara, lo siento. Por favor escúchame, no quise engañarte. Simplemente una cosa llevó a otra y…
-¿Y qué? –repitió Katara. Claras y calientes lágrimas descendían por sus oscuras mejillas mientras le gritaba-. ¿Qué? ¿No encontraste a Aang? ¿¡Pensaste que sería divertido engañar a una chica? ¿No tenías suficientes chicas adulándote en esa estúpida casa de té?! ¡¿Qué?! ¡Dime!
-¡Me gustaba pasar tiempo contigo! –Retrucó Zuko con la voz en cuello, la desesperación enlazada en su voz-. Te vi… esa noche cuando fuiste a bailar debajo del árbol. Fue la cosa más patética que he visto alguna vez…
-¡¿Li?!
Ninguno de los maestros se volvió para mirar hacia la dirección en que venía la nueva voz
-Pensé que podía mostrarte unos pocos movimientos y luego comenzamos a bailar y me gustó bailar contigo.
-Oh, dios... –soltó Katara-. Eres un mentiroso.
Zuko frunció el ceño.
-No soy un mentiroso. ¡Es la verdad!
-¿Como esperas que te crea después de que lo escondiste de mí? –replicó Katara. Meneó la cabeza y se pasó una mano por la cara empapada en lágrimas-. ¿Por qué no escuché a Sokka?
Una expresión dolida cruzó el rostro de Zuko.
-Katara, las cosas han cambiado…
-Nunca te acerque a mí ni a mis amigos de nuevo –siseó Katara, absolutamente asqueada. Cerró con fuerza su camisa y se giró-. No quiero verte nunca más. ¿Entiendes? Nunca.
-¡Katara! –ella no respondió y ni siquiera miró atrás. La maestra agua siguió caminando hasta que desapareció al otro lado de la esquina.
-¿Li? –Resolló una voz a sus espaldas-. ¡Ahí estás! –Jin correteó hacia él, que quedó dónde estaba mirando fijamente a Katara-. ¿Li?
Cerró los puños y le volvió la cabeza a Jin.
-Tengo que irme…
Todo el mundo notó su cambio los últimos días. Estaba constantemente perdida en sus pensamientos incluso cuando empacaba preparándose para partir. Aparte de eso, había estado anormalmente silenciosa. Típicamente, era Katara la que empezaba todas las conversaciones y sugería cosas.
En vez de eso, el grupo se había encontrado con un silencio antinatural de la usualmente feliz joven. Sokka le había preguntado que pasaba y Katara le había respondido que no quería hablar de ello. Cuando insistió, solo consiguió una charla para que la dejara en paz. Aang se quedó tranquilo y Toph no dijo nada.
Cada momento despierta desde que había descubierto que el Espíritu Azul y Zuko eran la misma persona, el pensamiento había consumido su mente. Reuniones a las que debía haber estado prestando atención pasaron desapercibidas. Conversaciones en las cuales debió haber estado tomando parte fueron desoídas. Le había sorprendido haber sido capaz de terminar de empacar.
En silencio, se paró de su silla ya que el grupo había terminado su última cena en Ba Sing Se.
-¿A dónde vas? –preguntó Sokka mirándola por encima de la pata de chancho-pollo que estaba terminando.
-A caminar –contestó-. Solo necesito despejar mi cabeza.
Su hermano abrió la boca para decirle que la acompañaría, pero Toph le sacudió la cabeza. Él agachó la suya.
-De acuerdo.
Katara asintió inexpresivamente y salió quedamente por la puerta delantera. Su corazón le dolía tanto, podía sentir dolor físico. Cientos de preguntas cruzaban su mente mientras andaba. Las mismas preguntas que habían recorrido su cabeza desde que se enteró. Al final, todo llevaba a una cosa.
¿Realmente alguna vez había tenido buenas intenciones al hacer todo aquello?
En la última semana todavía no había sido capaz de encontrarle respuesta a esa pregunta. Todo lo que sabía era que incluso aunque no se lo había dicho, incluso aunque le había ocultado la verdad adrede, no sentía que lo que habían compartido era una completa y total mentira. Él había sido tan bueno con ella.
El baile. Las flores. Los besos. Era todo parte de un Zuko que nunca había tenido oportunidad de mostrarse de no haber conocido al Espíritu Azul. Pero aún dolía. Había sido humillada. Todo ese tiempo, él había sabido. ¿Se habría reído de eso?
No, no creía que lo hubiera hecho. Pero todavía dolía. Parpadeó conteniendo las lágrimas y alzó la mirada. El árbol. Por supuesto había terminado en el parque, frente al árbol. Estúpido subconsciente.
-¡Katara! –llamó una voz a sus espaldas. Se volvió y vio a Katara trotando para encontrarse con ella-. ¡Ey!
-Ey, Sokka –susurró ella. Su hermano la miró con preocupación.
-Ya sé que no quieres hablar sobre eso –se excusó al detenerse junto a ella-, pero me estoy preocupando realmente. Soy tu hermano… si algo te molesta; se supone que lo tengo que hacer desaparecer.
Ella negó con la cabeza y siguió yendo hacia el árbol.
-No es nada con lo que puedas ayudarme.
-Escucha, sé que es sobre un chico –comenzó Sokka.
Katara se giró y lo miró.
-¿Cómo supiste? -sus ojos abiertos como platos y su mirada fija indicaban que no sabía, simplemente había adivinado ciegamente resultando estar en lo correcto. Ella puso los ojos en blanco-. No importa.
-Katara, si algún chico te está molestando…
-Ningún chico me está molestando –cortó Katara. Apartó las hojas y se deslizó debajo del follaje del árbol-. Es solo que no sé…
Su voz se apagó con Sokka tras de sí. Se detuvo al lado de ella y la miró interrogante.
-¿No sabes qué? –siguió sus ojos sobre el área ante ellos y casi queda boquiabierto-. ¿¡Quién puso todas éstas aquí!? ¿¡No saben lo caras que son!?
Probablemente había al menos cien lirios panda desparramados sobre el suelo que rodeaba el árbol. Algunos parecían tener días de viejos, otros parecían haber sido colocados cuando estaban frescas. Los ojos de Katara se aguaron.
-Ese cretino… -susurró, llevándose una mano a la boca-. Ese estúpido cretino… -Sokka estaba plantado en su lugar, preguntándose quién era tan frívolo como para desperdiciar tanto dinero en las flores más caras del mundo.
En silencio, Katara atravesó caminando las flores. Había tirado nada más que una del ramo que le habían dado después de enterarse de Zuko. El lugar olía a las flores y los recuerdos de su última noche debajo del árbol con él resurgieron. Katara se preguntó si él había ido cada noche a esperarla. Su corazón dejó de latir. ¿La estaba esperando ahora?
Miró alrededor, pero no encontró ni un signo de él… hasta que llegó a la orilla del agua. Enterrada a medias en la tierra y a una mano de distancia del agua estaba una familiar máscara azul y blanca. Katara metió las manos en el agua y sacó la máscara. Lucía como si hubiera sido dejada ahí unos días atrás. Pasó los dedos sobre el barro para limpiarla con los ojos llenándosele de lágrimas de nuevo.
Cuando empezó a llorar, Zuko quiso saltar desde su escondite y correr hasta ella. Rodearla con sus brazos y decirle que lo lamentaba. Pero en vez de eso, tuvo que observar a su hermano correr a ella y darle su consuelo.
-¿Qué pasa? –escuchó al chico de la Tribu Agua preguntar. Katara sacudió la cabeza.
-Todo –gimoteó Katara vagamente. Apretó la máscara contra su pecho y meneó la cabeza-. Y nada.
Le había tomado varios minutos calmarse antes de que Sokka pudiera llevarla de vuelta a casa. Zuko se sentó en la rama y cerró los ojos. Ahí se iba su última oportunidad para encontrar al Avatar. Todas las noches de esa semana había ido a la misma hora, cada vez llevando sus brazos llenos de lirios panda para ella y forrando el suelo con ellos.
Había acumulado tanto y le había costado cerca de doscientas monedas de plata. Pero no le importaba. Cada noche había esperado y no se iba hasta que el amanecer amenazaba con romper en el horizonte. Cada noche rezaba para que apareciera y así poder reparar el daño. Cada noche. Y todas esas noches, ella le había resultado esquiva.
Hasta justo entonces. Y en ese momento, todo lo que pudo hacer fue sentarse y verla llorar. Nunca se había sentido tan impotente en toda su vida.
-Realmente le gustas, sabes –aseveró una voz debajo de él. Zuko casi cayó de su rama cuando la voz femenina e infantil llegó a sus oídos-. Todos los días piensa en ti. Y cuando estaba cocinando sobre el fuego los otros días, de la nada empezó a llorar. Ni siquiera creo que se acuerde.
La maestra tierra. Zuko frunció el ceño y saltó. Ella estaba parada a un lado del árbol y estiró el cuello en su dirección.
-Tú sabías todo este tiempo.
Ella bufó.
-¿Sobre que crees que nos escribíamos tu Tío y yo? –Zuko levantó la cabeza. Su Tío había estado escribiéndole a la maestra tierra… ¿sobre su vida amorosa?
-¿Por qué no le dijiste? –Inquirió Zuko-. Si sabías.
-¿Por qué no le dijiste tú? –Replicó Toph-. De cualquier forma, espero que sepas que nos estamos yendo mañana.
-¿Qué? –Zuko pegó un respingo y se quedó mirando a la niña con incredulidad.
-Tomaré eso como un no, no sabías –suspiró Toph. Se encogió de hombros y empezó a salir-. No sé que es lo que ves en ella, pero ustedes dos están hechos el uno para el otro.
Zuko arrugó el entrecejo.
-¿Se supone que eso es un insulto?
-¡Nos vemos! –antes de que Zuko pudiera preguntarle algo más, Toph pareció haber desaparecido dentro de la tierra, dejando solo al Príncipe desterrado.
Fue un poco antes de la aurora cuando Zuko llegó a su apartamento. Su Tío estaba recién levantándose y lo miró sorprendido cuando entró, con una expresión vacía en su rostro.
-¿Zuko? –Comenzó Iroh-. ¿Pasa algo malo?
Un par de ojos dorados se arrugaron y fulminaron al anciano.
-No me vengas con eso –Zuko frunció el ceño-. ¿Por qué no me dijiste que se iba?
-Oh… -Iroh cabeceó pensativo-. Hablaste con la señorita Bei Fong.
-¡No puedo creerlo, Tío! ¡Lo supiste todo este tiempo! –soltó Zuko. Respiró hondo y sacudió la cabeza-. Ni siquiera sé que decirte ahora mismo.
-¿Qué tal buenos días? –sonrió Iroh descaradamente.
-¡Te veré en el trabajo! –gritó Zuko. La puerta de su habitación se azotó ruidosamente y Iroh saltó un poquito.
Dentro, Zuko se dejó caer en su colchoneta y cerró los ojos. ¿Por qué la vida lo odiaba? Le tomó al joven otras dos horas prepararse para el trabajo. Para cuando llegó a la casa de té, Iroh ya estaba atendiendo a los clientes matinales y el dueño estaba haciendo el inventario diario.
-El Avatar llevará algunas tropas y Dai Li con él, ¿oíste? –le preguntó a su acompañante uno de los clientes de siempre.
-Parece que Ba Sing Se está a punto de sumergirse completamente en la guerra.
-No hay nada de que preocuparse. Después de todo, el Avatar está de nuestro lado.
Entró, con una expresión contrariada mientras se dirigía directamente al mostrador posterior. ¿Acaso no podía ir a ningún lado sin que le recordaran a Katara? ¿Y cómo se iba ese mismo día? Apenas se había puesto su delantal cuando una tocecita sonó detrás de él. Se giró y vio a Jin parada. Ella no lo miró al alzar la cabeza.
-Eh… Song y yo tomamos té.
-Oh… -musitó él. Había estado más tranquilo que nunca últimamente, pero eso no había detenido a las dos chicas de ir a verlo-. Veinte cobres.
Jin asintió y le entregó las monedas. Como un zombi, Zuko tomó el dinero y lo guardó.
-Eh… Li… -empezó suavemente. Él se volvió y vio que Song se había levantado y se le acercaba-. ¿Estás bien?
Desvió la cabeza.
-Estoy bien.
-Últimamente… pareces distraído –añadió Song parándose detrás de Jin-. Estábamos preocupadas.
Zuko no notó al grupo de viejos de siempre vigilando y criticando en silencio. El dueño suspiró hondo, deteniéndose en la puerta.
-Esta segura que iba a ser la maestra agua del Avatar…
-¡Solo dame un segundo! –gritó una voz desde afuera de la puerta. El dueño echó un vistazo fuera de la puerta con curiosidad y jadeó al ver una enorme bestia blanca aterrizar en el medio de la calle. Unas cuantas personas gritaron de sorpresa cuando el bisonte volador bostezó.
-¡No se preocupen! –Exclamaba el Avatar desde la cabeza del bisonte-. ¡Es amigable!
-¡Katara! –clamó Sokka, viendo descender a su hermano por un costado de Appa.
-¡Toph! ¡Rétenlo! ¡Regresaré en un segundo! –aseveró a los gritos cuando aterrizó en el suelo. Toph asintió y se giró hacia Sokka. Sonrió amenazadoramente.
El dueño saltó hacia atrás cuando Katara se inclinó ante él y echó a correr dentro de la casa de té.
-¿Katara? –Zuko la había visto en el momento en que apareció en la entrada. Ella detuvo su andar.
Inmediatamente descubrió al mesero de delantal en el mostrador. Cuando despertó esa mañana, le había preguntado a Aang si podían hacer una parada final en la casa de té. Le había dicho "Te conseguiré un maestro de fuego control". Él no hizo más preguntas. Empacaron y se dirigieron directamente a la casa de té. Katara tenía todo un guión para él, uno que había estado repasando toda la noche. Sin embargo, ahora que realmente lo veía en persona las palabras que había practicado y repetido, desaparecieron.
En silencio, Zuko se apartó de las dos chicas que estaban compitiendo por su atención, rodeó el mostrador y empezó a avanzar. Se preguntó si estaba alucinando. Katara no podía estar ahí. Tenía que ser un producto de su imaginación. Tal vez en realidad todavía estaba en la cama, durmiendo. Sí… eso era.
Katara estaba parada justo en la entrada, con un paquete envuelto de marrón sujeto firmemente en sus manos.
-Nos vamos –las palabras fueron terminantes y al grano. Zuko entornó los ojos al tiempo que los labios de Katara comenzaban a temblar-. Yo… -se mordió el labio, levantando el paquete.
Él no sabía que hacer. ¿Iba hacia ella? ¿Esperaba que ella fuera hasta él? ¿Se suponía que hablasen? Katara respiró hondo. Todo el local había quedado en silencio. Iroh caminó quedamente hasta su sobrino. Lo codeó en la espalda y Zuko tropezó hacia delante.
El mozo le dedicó a su Tío una mirada asesina antes de volverse hacia Katara. podía ver las lágrimas llenando sus ojos. Odiaba verla llorar. Dolía más que todas las cicatrices que pudiera llegar a recibir en toda su vida. Arrojó la bandeja que había estado agarrando, en la mesa más cercana y se acercó, con los brazos abiertos.
-Katara…
Unos brazos de mangas azules rodearon su cuerpo mientras él abrazaba su temblorosa figura. Ella escondió su cara en el hombro de él y se aferró con fuerza.
-Lamento haberte abofeteado –murmuró.
Zuko arqueó una ceja. Había esperado escuchar un "Te amo" o algo así, pero supuso que era lo mejor que podía pedir. Estaba diciendo mucho más.
-Lo merecía –admitió.
-Sí –acordó ella, retirando su cabeza y mirándolo-. Claro que sí –levantó las manos y tomó su rostro entre ellas. Sus dedos acariciaron la piel quemada de su rostro-. Zuko… -susurró, lo suficientemente fuerte para que él la escuchara.
Había estado esperando escucharla decir su nombre así por siglos. Antes de saber que hacía, había atrapado sus labios entre los suyos. Con los brazos de ella alrededor de su cuello, agachándolo, al tiempo que sus bocas se abrían y se exploraban ávidamente ante las desencajadas miradas de los testigos
Iroh se sonrió orgulloso. Su plan era excelente… perfecto.
Ella se apartó y Zuko siguió su boca hasta que ya no pudo respirar y se vio obligado a retirarse. Al separarse, ella apoyó su cabeza contra la de él. Dos ojos azules llenos de lágrimas ahondaron en los dorados y limpios.
-Nos vamos –musitó, aflojando sus brazos que rodeaban sus hombros. Una mano tibia acarició su piel quemada-. Ven y encuéntranos –añadió rozando sus labios contra los de él para que pudiera sentirla una vez más.
-¡Katara! ¡Tenemos que irnos! –gritó Toph desde afuera sobre el bisonte.
Sus brazos se interpusieron entre sus cuerpos. Él se estremeció cuando ella se movió contra él. una voz grave y seductora susurró para él una vez más.
-Estaré esperando –era una promesa.
Katara se alejó de él y le puso algo en los brazos. Retrocedió y se inclinó ante Iroh otra vez antes de girarse y salir corriendo de la casa de té. Afuera, Zuko podía ver al bisonte despegar con Katara en su silla de montar mientras él estaba parado, clavado en su lugar. En sus manos, sostenía la máscara del Espíritu Azul que con tanto amor había limpiado y envuelto.
-Tío –llamó Zuko atontadamente, girándose. Iroh lo miró atento.
-¿Qué sucede, sobrino? –Sí… su plan había sido perfecto.
-Prepara nuestras cosas –le respondió al viejo general con voz profunda y autoritaria-. Vamos tras el Avatar
Cuentos de Ba Sing Se
La Historia de Katara & Zuko
"Bailando en la Oscuridad"
Fin
N/A -
N/T: Ah, the end, el fin... Vieron qe bonito que fue? Mil disculpas por haberme demorado tanto, tuve que hacer una monografia :) En fin, espero que hayan disfrutado tanto como yo... o más. porque ustedes no traducían, lerolero JAJAJA.
Un besote enorme y un gracias gigante para: Juliette, Orion no Saga, florciiita, kchilina, Mizuhi-Chan, Meghan (Gracias por leer! Mm, jaja no, xP ya viste que no era precisamente que se les había caído la máscara, un beso divina!), vane.zutara, Azrasel (y este final que te parecio? Gracias, gracias por leer. nos vemos? XP Suerte!), maga azul (Gracias por bancarme en el msn!), Francisca, Murtilla, Delaied, ramiro, Nadiakiara, derek, chanel, ladycool, Lolipop91, paolyta, Steeven 2008, andrea potter-black, Rashel Shiru, kuchiki mabel (Mi acosadora textual favorita, graciass! ), youweon y :) (y la unica y querida carita feliz!) que capaz que solo con un review ya me animaron el día y me dieron ganas de trabajar. Son lo más gente! (para evitar problemas de género. XP)
También la gente que agrega a effes y pone alerta se merece mención especial, a ver si se anima y la próxima vez deja su opinión que no muerdo che: Alseide, lokhita, Sandra Snape y Shinigami Ninja-Girl.
Nos vemos pronto. ;)
Sugerencias, opiniones, comentarios al go. (Si alguien sabe de alguna historia en inglés que le guste me la recomienda? XP)
