Hola nenas, ojala perdonen el tiempo que tarde en subir un nuevo cap, realmente estoy en medio de la depresión de después de los exámenes, es realmente destrozador ver los resultados del arduo trabajo que realicé por días y que estos no cumplan mis expectativas, pero bueno, la vida es así y todo continúa su rumbo, incluyendo nuestra historia.

Discalimer: Los personajes Hetalianos NO son míos, si así fuera habría más países femeninos y principales (Yey; soy chico) Solo los tomo prestados un rato del señor Himaruya Hidekazu, a quién le agradezco de todo corazón haber creado esta serie tan maravillosa

+++Until+++The+++End+++

7:00AM

El sol había salido ya hacía un buen rato, pero aún así era apenas hora de despertar para Gilbert, sus ojos rojizos se enfrentaron a la luz de aquel astro salvaje, cuyos rayos entraban sin permiso suyo en su recamara, pero, con la buena invitación de su hermano menor. Ludwig estaba de pie, recién abiertas las cortinas, estaba vestido de traje, formal y elegante, de color negro, lizo y simple, su cabello rubio tirado hacia atrás y sus ojos azules en dirección a su hermano.

-Bruder, es hora de despertar, tienes que… bueno, estar listo- Dijo secamente el Alemán, poco acostumbrado a las muestras de afecto, aunque comprendía y sentía el dolor de Gilbert, no podía hacer nada por ello y le costaba demasiado darle a entender que lo apoyaba- Italia ha dormido anoche aquí, hizo desayuno, solo dúchate, vístete, baja, come y nos vamos ¿Gud?

-Bien- Gruñó el albino sin ánimos de nada más, no podía creer que había dormido más de tres horas, había pasado las dos últimas noches sin dormir, ido en una galaxia lejana, aferrado al pequeño animal polar entre sus brazos, aún cuando había privado a Francis de aquel consuelo.

-¿Dónde está?- Preguntó de pronto el animal, elevando sus negros ojos a su rostro- ¿Dónde?

-¿Quién?

-Él, el muchacho rubio y distraído que me daba de comer- Respondió el osezno, volviéndose increíblemente inocente- Quiero comer.

-Oh…yo cuidaré de ti ahora, él, bueno, digamos que no volverá- Los ojos de Gil se habían vuelto a llenar de lágrimas, unas que intentaba borrar y desaparecer- ¿Qué quieres comer?

-Maple y pescado- Dijo con simpleza el pequeñín, mientras se acomodaba en la cama y se hundía en las almohadas- Aunque quizá mejor luego.

-Está bien, solo, recuerda que tenemos que despedirnos de él- Gilbert sonrió, se enjugó las lágrimas y se puso en pie, dirigiéndose al baño, hoy sería la última vez que lo viese y se haría cargo de decirle adiós propiamente.

+++I Will+++Be+++Your+++Hero+++

El agua estaba helada, le calaría los huesos en otra ocasión, lo habría hecho salir de la ducha quejándose y luego habría esperado a calentar un poco aquel líquido, pero ahora no le importaba, no la sentía, era solo algo sobre su cuerpo desnudo, su insensible cuerpo desnudo, sus cabellos rubios se pegaban a su cara, su rostro había abandonado la mayoría de sus emociones, quería quedarse allí y dejar el agua entrar en sus pulmones, quería ahogarse allí y no salir más, no quería tomar el destino que le deparaba aquel día. No quería decir adiós.

Había llorado como si de una dama herida se tratase durante la primera noche, al día siguiente había caído dormido, entre sus ropas, entre su aroma, entre su recuerdo; allí se había quedado hasta la noche siguiente, cuando había enfurecido hasta el borde de romper sus fotos, de gritar, de destrozar aquella habitación. Ahora se ajustaba el traje negro, pantalón, chaleco, saco y corbata, solo su camisa blanca destacaba, sus azules estaban desprovistos de su usual alegría, pero aún así tenía el corazón en la mano.

Quería ir y verlo, decirle que lo quería, recordarle que lo amaba, prometerle que jamás lo olvidaría, pedirle perdón una y otra vez y finalmente besar su frente y decirle adiós, darle unas buenas noches y un dulce sueño, un largo y eterno sueño. Quería prometerle que nunca volvería a fallarle a nadie como héroe, que incluso dejaría de decir que era uno con tal de no decepcionar a nadie más, todo eso y al mismo tiempo…

Al mismo tiempo tenía miedo.

Alfred estaba aterrado ante la idea de verlo, se preguntaba como estaría, su última imagen de él le atormentaba en sus sueños, el agujero de bala en su cabeza y sus cabellos teñidos de rojo, su cuerpo bañado sangre… No quería recordarlo así, el quería mantener al pequeño y callado Mathew en su memoria, al muchachito inocente y tímido que solía ser, con sus ojos violetas llenos de alegría y su sonrisa asomando en sus labios rosados, su rulo rebelde y su rostro ligeramente escondido detrás del osezno polar que solía cargar siempre.

Ese era el Mathew de Alfred y sin duda alguna, lo iba a extrañar.

+++God+++Save+++The+++Queen+++

"The London bridge is falling down
Falling down, falling down.
London bridge is falling down
My Fair Lady…

I 'm really falling down
Falling down, falling down
I'm fucking falling down
My fair Lady"

La corbata le parecía imposible, estaba "ligeramente" ebrio y apenas recordaba cómo había conseguido sacarse de la cama, meterse a la ducha sin ahogarse, vestirse sin problemas e incluso prepararse un café bien fuerte, tratando de contrarrestar un poco con el alcohol que corría por sus venas desde horas de la madrugada, había bebido y brindado, llorado y reído, había perdido sus cabales por un rato, pero era hora de recuperarlos y su corbata era el último obstáculo para ello.

-Fucking Bloody Tie- Maldijo el inglés mientras conseguía, finalmente, atar de manera decente y respetable su corbata negra, la cual completaba su fúnebre atuendo- ¡Suck my D$%k b!th!

Se colocó los zapatos mientras acomodaba su pelo, poco a poco iba recuperando el control de su mente, cuerpo y más importante; vocabulario. Había estado tomando, como todo un profesional, pero ahora debía volver a ser el responsable, debía ir y pararse allí, estar en paz, mostrarse sereno, consolar a los desconsolados y ofrecer su mejor cara y las más suaves gracias a quienes le ofrecieran sus condolencias, había perdido un hijo después de todo.

Un hijo que apenas recordaba que tenía.

Que despreciable se sentía por ello, detestaba el hecho de haber olvidado a Mathew durante mucho tiempo, se seguía sintiendo culpable, se sentía miserable por ese hecho, era su hijo, lo había criado, lo había arrebatado de brazos de Francia y lo había convertido en suyo, lo había convertido en un caballerito y por un tiempo lo había cuidado, luego de eso; simplemente lo olvido.

Era su culpa, era un mal padre, su hijo, su pequeño, callado, tímido y encantador Mathew se había quitado la vida, solo porque creía que nadie notaba su existencia, en cierta parte era cierto, pocas veces notaba su existencia pero aún así no lo olvidaba, no podría, nunca, siempre en las noches observaba la foto al lado de su cama, dos muchachos rubios, casi exactamente iguales pero diferentes, Alfred, sonriendo de oreja a oreja, casi sobre la espalda del otro, con su pose de "héroe" y a su lado; Mathew, con una sonrisa tímida, algo distraído por el peso de su hermano, saludando con una manita blanca, con la otra sostenía de medio lado a su querido osito, aquel que quería tanto.

Tanto como él lo había querido, tanto como él lo había amado, tanto como él lo extrañaría.

+++¿Comment+++allez+++Vous?+++

Tela, almohadas, plumas, rosas, hojas, fotos, vidrios y espinas. Frío, calor, miedo, tristeza, dolor, desesperación y resentimiento. Culpa, odio, asco y vacío. Todo eso daba vueltas en la habitación del Canadiense, ahora, el refugio de Francis, estaba metido en la tina, con agua hasta el cuello, el cabello mojado y los ojos hinchados, su ropa tirada, nada de cuidado, había sufrido por ello, había rosas tiradas, por todos lados, las rosas que SU pequeño había sembrado en el jardín, había roto tres floreros en medio de su torpeza, había golpeado almohadas, había llorado desesperado por horas.

-Dios mío, ten piedad de nosotros- Rogó el Francés, hundiéndose un poco más en el agua, dejando su boca cubierta por ella, estaba rodeado por burbujas, rodeado de ellas, acompañado por ellas, estaba vacío, el ya no estaba allí, Francis ya no existía allí, al menos no por ahora- ¿Qué mal he cometido?

No hubo respuesta, el la conocía, no necesitaba que su Dios se la dijera, estaba destrozado, por dentro y por fuera, había perdido a su pequeño, a su querido hijo, a aquella persona que lo queía y lo amaba sin condición, aquella persona que nunca lo había relegado, que no lo había apartado jamás y que en ninguna ocasión le llamó pervertido, quizá porque él fue la única persona que nunca se atrevió a pervertir, en su vida había intentado meterse en esos pantalones.

-¿Por qué?- No se cansaba de preguntar, una y otra y otra vez, se estaba rompiendo, por dentro y por fuera, cada día más, habían pasado solo dos noches y aún así se sentía triste, ojala pronto se acabara, ese día se terminaría, lo admitiría, lo aceptaría.

Tenía que verlo, tenía que verlo metido en esa caja, tenía que despedirse de él, tenía que llorar un rato más por él, tenía que meterlo en ese asqueroso agujero, tenía que ver la tierra cubrirlo y finalmente lo aceptaría, al poner una rosa sobre su tumba, no antes. Lo amaba, sentía que lo extrañaría mucho, lo sabía de adelantado, pero podría con ello, sintió que volvía a la realidad cuando un cristal se incrustaba en sus pies descalzos.

-¡Merde! ¿Qué más quieren de mi?- Le grito a los cielos, sin mucho resultado todavía, no le importó un carajo, se terminó de vestir a duras penas, pantalones, corbata y chaleco negro, camiseta blanca y una rosa roja adornando su pecho, Mathew adornando sus recuerdos.

+++Hook++Me+++Up+++

Leerlo era imposible, el no era un libro abierto como Francia, quién había llorado abierta y sinceramente todas sus penas, descargado todo su dolor, tampoco era un mentiroso como Inglaterra, quién se había tragado lo más posible aquellas frías lágrimas, quién trataba de mantener una fachada para los demás. Nunca sería un escapista, como Alfred, quién regalaba sus culpas a los demás, aún cuando por dentro se lo estuviesen comiendo vivos, y mucho menos podría desconectarse como Gilbert, quién se había perdido por completo dentro de aquella perdida, era imposible decir a donde se había ido el pruso pero en ese cuerpo solo quedaba el dolor helado de una muerte.

Él era distinto, el no había llorado, no había sentido ira, no había complicado su vida, se había sentido triste; sí, un poco, le había partido el corazón la noticia pero lo había superado, extrañaría al pequeñín; sí, mucho, pero entendía que estaría mejor ahora, en el cielo de las naciones o en algún lugar así. Él entendía a Mathew, mejor que el pequeñín mismo, así como Mathew lo entendía a él mejor que sí mismo, ambos eran sencillamente un espejo del otro, se conocían como a sus propias manos, y aunque no charlaban mucho, ni convivían, ni nada en especial, tenían un vínculo como ninguno.

Mathew no era solo su amigo, era una parte de él, era su pequeño camarada, su compañero, cuando jugaban Hockey se convertían en enemigos, fieros y despiadados, adoraba ver la violencia que su amigo guardaba dentro y también adoraba ser su saco de boxeo, porque Mathew y él solía irse a los puños muy a menudo, sí, se hacían marcas, se mordían, se aruñaban, se hacían sangrar y gritar, descargaban todo dentro del otro, odiaba admitirlo; Celaba al pruso.

Siempre sintió celos de Gilbert, porque a pesar de que Mahtew y él fueran amigos y quizá algo más, nunca había sido digno de su corazón, este era propiedad del peliblanco alemán, se sorprendió cuando este no lo golpeo o trato de hacerlo cuando entró en aquella casa, pero no lo culpaba, estaba destrozado. Lo único que se arrepentiría en aquella perdida sería nunca haberlo dicho, nunca haberlo admitido, él, en cierta parte; lo amaba. Aún cuando Mathew le había hecho ver que amaba a Yao también, pero no le importaba, esa ligera obsesión que tenía con su pequeño maple no la tendría con nadie, o tal vez sí, quizá por eso el rubio lo había juntado con el chino, el lo conocía más que nadie.

-Yao yao, ¿Nos vamos-da?- Preguntó el ruso, extrañamente vestido de traje, sin su usual abrigo caqui ni su bufanda, vestido formalmente y peinado formalmente, se veía terriblemente amenazador y genial, era la definición de la mafia rusa. Le tendió una mano blanca al pequeño hombre a su lado.

-Vamonos-aru, sabes que puedes contar conmigo- Sonrió el de cabello largo, quién había estado allí para Iván desde que recibió la llamada, el sería su apoyo, y aunque no pudiese remplazarlo, trataría de llenar el vacío que aquel amigo dejaba en su amado.

-Lo sé Yao yao- sonrió el ruso de su acostumbrada manera, mientras en su cabeza pensaba; "él también lo sabía"

+++Ta+++Dá+++¿?++

Próximo cap, un infarto, lo prometo, o bueno… No, mejor no, después me matan si no cumple expectativas, solo les digo que va bueno, ya casi llegando al fin de esta historia, ¿Quién diría que quería dejarla en un One shot?

Gracias por su constante apoyo; Kar!