Disclaimer: Todos los personajes son de Stephenie Meyer
DE HOLLYWOOD A LIVERPOOL
CAPITULO 7
Edward puso su mano sobre la nuca de Bella, mientras con su otra mano le acariciaba la espalda, y la acercó a él para profundizar el beso. Bella rodeó su cuello enredando sus dedos en los cobrizos mechones y se entregó completamente a las sensaciones que durante tanto tiempo había estado intentando contener.
Se besaron dulcemente sin decir nada; cuando el aire faltaba, se alejaban un instante para darse pequeños besos en toda la cara, antes de fundir sus labios nuevamente. Se besaron y acariciaron inocentemente pero poniendo por delante todo el amor que ambos sentían.
- Hace tanto tiempo que deseaba hacer esto – susurró Edward con los ojos aún cerrados
- Hace tanto tiempo que deseaba que lo hicieras – le confesó ella provocando en él la sonrisa de lado que ella tanto amaba.
La abrazó pegándola a su cuerpo y suavemente la recostó en la arena. Se recostó a su lado sobre su costado para observarla mientras con sus dedos recorría eróticamente su cara, descendiendo por su cuello, sus hombros y sus brazos.
- Estoy loco por ti, Bella. Lo sabes, no?
- Ahora lo sé – le dijo ella en voz muy baja
- Nunca había sentido esto por nadie y era un sentimiento que me daba mucho miedo
- Ya no le temes?
- Ahora sólo temo perderte. No puedo siquiera imaginarlo. Siento que se me desgarra el alma de solo pensar que puedas marcharte de mi lado, que alguien te arranque de mi vida.
- Nadie puede quitarte lo que es tuyo. Y yo soy tuya como nunca podría serlo de nadie más.
- Te amo, Bella. No podía identificar este sentimiento porque no lo conocía. Pero ahora sé que es amor. En estas semanas te has ido metiendo poco a poco dentro de mi alma. Te has instalado aquí – dijo señalándose el pecho – y es aquí donde quiero que te quedes.
- Yo también te amo, Edward. Te amo como no creí que fuese posible amar. Tienes mi corazón, mi alma y mi vida. Ahora son tuyas y soy muy feliz de poder decírtelo.
Edward se recostó sobre ella y la besó. Comenzó un beso tierno que poco a poco fue volviéndose más demandante y lleno de pasión. Las chispas que había en su interior fueron avivándose y el fuego empezó a arder. Sus caricias lentamente se fueron tornando más sensuales. Se besaban con pasión. Las manos de Edward recorrían el cuerpo de Bella dejando pequeñas descargas eléctricas allí donde tocaban su piel desnuda. Las manos de ella se paseaban por su pecho excitándolo. Él se recostó entre sus piernas mientras su mano levantaba una de ellas acariciando su muslo. Su erección se apretaba contra ella encendiendo un fuego devastador entre sus piernas. Bella sentía el húmedo palpitar en sus genitales a la vez que iba perdiendo la razón consumida por un deseo que era completamente nuevo para ella.
Edward le acarició un pecho por sobre la blusa endureciendo sus pezones. Ella buscando calmar su ardor movía sus caderas contra él en un baile sensual que solo lograba encenderlo más, excitándolo y poniéndolo cada vez más rígido.
- Cariño, - le susurró jadeante – si sigues haciendo esto no voy a poder detenerme
- No creo que quiera que te detengas
- No quiero hacerte el amor en un playa atestada de gente – dijo observando la muchedumbre que se concentraba alrededor de las diversas hogueras en la arena
- Podríamos irnos – sugirió Bella vergonzosa provocando una risa sensual en Edward que se puso de pie rápidamente.
- Ok, vámonos – le tendió una mano y la ayudó a acomodar su ropa cuando ella estuvo de pie. Se pasó las manos por sus pantalones limpiándolos de arena.
La levantó de la cintura para darle un sonoro beso en los labios y cogidos de la mano remontaron la playa para volver al pub donde esperaban encontrar aún a los chicos.
Éstos estaban de pie fuera del local, hablando y riendo con Sam y Emily. Al verlos acercarse tomados de la mano Rose alzó una ceja interrogante; Bella solo pudo sonrojarse bajando la mirada haciendo que Rosalie le diera un disimulado codazo a Alice, que se volvió curiosa para sonreír sinceramente al ver la cara de Bella.
- Hey! Tíos! Os habíais perdido! – gritó Emmett cuando los vio – Ven, Bells, explícale a Sam lo del retiro del viejo Eastman – Eastman había sido un profesor de Emmett y Sam en la universidad que había trabajado para Swan Corporation. Se había retirado luego de haberle ganado una demanda millonaria a un actor que había trabajado para ellos en un cortometraje. Lo había demandado por maltrato psicológico y había ganado. Se había retirado a sus 58 años para irse a vivir a Costa Rica montando un chiringuito en la playa.
Estuvieron allí por una hora más hasta que Emmett propuso bajar a la playa para unirse a un grupo de hippies que tocaban música celta alrededor de una hoguera.
- Yo creo que prefiero irme a la cama – se excusó Bella consiguiendo una mirada cómplice de parte de sus amigas
- Ni hablar! – repuso Emmett – vamos a la playa
- Emmett, Bella ha tenido una semana bastante larga con los exámenes y el trabajo – defendió Edward
- No se irá sola a la casa – contraatacó el moreno
- Yo puedo acompañarla – le contestó tímidamente – de todas formas también estoy agotado
- Ya, ya – Rosalie les ofreció una ayuda – Iros a dormir y ya mañana podremos salir hasta más tarde – dijo empujando a los demás hacia la playa.
Alice se acercó para abrazar a Bella y le susurró al oído
- Quizás necesites algo que tal vez encuentres en el cajón de la mesita de noche – sonrió cómplice ante la mirada incrédula de Bella.
Edward la tomó por la cintura y la encaminó rumbo a la casa de Emmett. Cuando llegaron a la casa, subieron a su habitación. Edward cerró la puerta apoyándose en ella y atrajo a Bella hacia sí. Ésta le rodeó el cuello apretándose contra él.
- Creí que Emmett no nos dejaría marchar nunca – suspiró enterrando la cara en el cabello de Bella y aspirando su perfume
- Mmm, Emmett no suele ser muy perspicaz – reconoció ella sonriendo
- Ya te echaba de menos – se acercó a besarla con sus manos recorriéndole la espalda. Bella se apretó contra él suspirando mientras las manos de Edward se colaban por debajo de su blusa.
Se besaban con pasión y necesidad. Las manos de Edward treparon por la espalda de Bella hasta alcanzar el broche de su sujetador. Lo destrabó haciéndola temblar por la anticipación. Sin dejar de besarla llevó sus manos al frente y acarició suavemente los pechos de Bella que se endurecieron ante el suave contacto. Bella comenzó a desabotonarle la camisa rindiéndose ante sus caricias. Cuando la hubo desabotonado por completo recorrió el firme torso con sus manos hasta llegar a los hombros para empujar la camisa y hacerla descender por los fuertes brazos masculinos. La camisa cayó al suelo y a ésta le siguió la camiseta de Bella que Edward le quitó lentamente, haciéndola sonrojar. La apretó contra sí para sentir el suave contacto de sus senos contra él. Mientras la sujetaba fuertemente por la cintura con un brazo, su otra mano descendió hasta el dobladillo de la falda levantándola, para aferrarse a sus glúteos y atraerla hacia su erección.
Bella sintió la cálida humedad que recorría su centro. Se apretó contra él frotando sus caderas en la entrepierna del chico que la estaba enloqueciendo. Él gimió ante el roce y su pene creció un poco más dentro de sus pantalones. Sin soltar sus nalgas acercó su mano libre al frente de la falda para desabotonarla y dejarla caer al suelo. Bella gemía junto a él vestida solamente con unas pequeñas braguitas de encaje blanco y sus brillantes tacones rojos.
La levantó por los glúteos haciéndola entrelazar las piernas en su cintura, mientras dejaba caer sus zapatos. Sin dejar de besarla y tocarla se acercó a la cama y la tumbó sobre ésta. Se acostó sobre ella y recorrió su torso con los dedos erizando su piel allá donde tocaba.
- Eres tan hermosa – le susurró con devoción sin dejar de acariciarla
- No es verdad – se quejó ella entre gemidos
- Claro que lo es, y no puedes imaginar cómo me haces sentir
Ella llevó sus manos a la cintura de los pantalones de él y comenzó a desabrocharlos. Él jadeaba de excitación haciendo que las manos de ella se enredasen por la urgencia. Edward se alejó un momento y se puso de pie para quitarse los pantalones y los zapatos y volvió a acostarse sobre ella.
Acercó la boca a un pecho de Bella y comenzó a lamerlo acariciando el otro con su mano. A la vez que sus pezones se endurecían sentía cómo se mojaban sus bragas. Eran demasiadas emociones que no sabía ni quería controlar. Necesitaba apagar el fuego que amenazaba quemarla y para ello restregaba su pelvis contra él alzando las caderas, y sollozando por la necesidad.
- Tranquila, cariño – le dijo él suavemente al oído sin dejar de acariciarla
- Mmm - se quejó – no puedo. Te necesito, Edward – rogó
- Y me tendrás, cielo. Claro que me tendrás – la tranquilizó besándola.
Mientras su lengua recorría desde el oído de Bella hasta el valle de sus senos, lamiendo su cuello y hombros, su mano descendió hasta ese lugar secreto que amenazaba con hacerla enloquecer si no era acariciado pronto. Metió un dedo entre el elástico de las bragas haciéndola retorcerse bajo él. Le quitó las bragas notando la desesperada excitación de Bella y empezó a acariciar los suaves pliegues de su feminidad. Ella abrió sus piernas instintivamente y él introdujo un dedo en su vagina haciéndola gemir. Con el pulgar rozó suavemente el pequeño botón del placer mientras ella se retorcía jadeando. Con esa caricia tan íntima introdujo otro dedo dentro de ella y empezó a moverlos suavemente. Sin dejar de besar su pecho, la observaba disfrutar metiendo y sacando sus dedos de esa cálida y húmeda cueva.
- Más – pidió ella y él obedeció. Incrementó el ritmo dándole lo que ella le demandaba.
Siguió penetrándola con sus dedos con suaves movimientos circulares, hasta que sintió que su interior se apretaba en torno a sus dedos. Un cúmulo de jadeos y gemidos surgió de los labios de Bella que levantaba las caderas contra las manos de Edward a fin de profundizar el contacto. Cuando el orgasmo más dulce que podía imaginar explotó en su vientre, intentó ahogar su grito mordiendo sus labios. Se dejó caer sobre la cama sin abrir los ojos y sonriendo satisfecha y avergonzada.
- Eres hermosa – repitió él retirando sus dedos y llevándolos a su boca para saborear el dulce néctar de la chica. Ella lo miró con los ojos llorosos de placer
- Tú lo eres – contradijo – y yo te amo.
- Y yo a ti – le dijo besándola.
El beso se hizo más profundo y Bella bajó sus manos hasta la cintura del bóxer de Edward. Él le tomó las manos para detenerla y apenas separándose de ella le explicó
- Cariño, no tengo preservativos – Bella se detuvo un instante y una sonrisa curvó sus labios cuando recordando la frase de Alice algo hizo clic en su cabeza
- Tal vez Alice hubiera dejado algunos en el cajón de la mesita
Edward se separó y la miró sonriente enarcando una ceja. Acercó su mano a la mesa y abriendo el cajón encontró una cajita de preservativos. Tomó uno y rió besándola
- Deberemos agradecérselo a Alice
- Ya lo creo – le respondió acercándolo a ella para besarlo.
Volvió a bajar sus manos hacia la única prenda que aún llevaba puesta Edward y esta vez no la detuvo. La ayudó a quitarle la ropa, y se separó levemente de ella. Abrió el paquetito azul y tomó el preservativo que desenrolló sobre su firme pene.
Se recostó nuevamente sobre ella besándola, con una mano le separó las piernas para acariciar su clítoris. Bella sintió nuevamente el calor que la invadía y levantó su cadera ofreciéndose a él.
- Estás segura, amor? – le preguntó sin dejar de acariciarla. Ella asintió tímidamente. La besó con suavidad. – Tranquila, seré gentil, iré despacio. Confías en mi?
- Claro que sí
La besó con calma y se acercó más a ella. Gimió al sentir el fuerte miembro abriéndose paso entre sus pliegues. Muy suavemente Edward fue colándose en su interior mientras sus paredes se iban cerrando en torno a él. Sintió la delicada resistencia de su virginidad y se detuvo un momento para tranquilizarla. Le acarició la cara y la besó con delicadeza, suavemente empujó un poco más. Bella gimió por el leve dolor
- Quieres que me detenga?
- No, por favor – susurró
Empujó más y finalmente la embistió, las lágrimas rodaron desde los ojos de ella. Cuando por fin estuvo dentro de ella completamente, se detuvo para mirarla, esperando que su cavidad se adaptara a su intromisión.
- Eres tan cálida, tan suave y tan estrecha. – la besó – Y eres mía
- Soy toda tuya, sólo tuya, para siempre tuya – le prometió separando más sus piernas.
Esta fue la señal para que él comenzara a moverse, primero suavemente, y poco a poco con un ritmo más fuerte. Con fuertes embestidas la llevó al borde del abismo. Jadeaban y gemían sus nombres a la vez que Edward entraba y salía de su cuerpo. Cuando la sintió contraerse sobre su miembro, metió una mano entre sus cuerpos para acariciar el dulce botón con suaves toques. Este roce tan íntimo fue lo único que ella necesitó para explotar ciñéndose alrededor de Edward, a la vez que gritaba su nombre. A su vez Edward, con la excitación que le provocaba sentir el éxtasis de su mujer, se derramó en su interior alcanzando el orgasmo más intenso que había sentido jamás.
Se tumbó de espaldas saliendo de ella con delicadeza y la atrajo hacia él. Besándola en la frente movió la manta para cubrirlos.
- Te amo, pequeña. Y esta ha sido la noche más maravillosa de mi vida – dijo acariciándole la espalda – Gracias por darme este hermoso regalo.
- Y yo te amo a ti, Edward – repitió somnolienta mientras las suaves caricias la relajaban y la llevaban a un dulce sueño.
GRACIAS POR LOS REVIEWS.
ES BUENO SABER QUE OS GUSTA MI HISTORIA. ESPERO SEGUIR ASÍ POR LO QUE ESPERO MAS REVIEWS...
NOS LEEMOS
BESITOS
