ENSÉÑAME A QUERERTE

Por Haruko Sakuragi

CAPÍTULO 7

Esa mañana, nada más abrir los ojos, la primera visión que se encontró frente a ella fue a un mejorado pelirrojo haciendo estiramientos sentado sobre su cama.

Hikari se sonrió al notar los bríos recobrados por su compañero de cuarto.

—Buenos días —le saludó con una sonrisa muy amplia. Se medio incorporó antes de intentar estirarse, y luego sintió un ligerísimo dolor en el hombro lastimado.

Hanamichi reconoció la mueca de dolor.

—¿Te sientes bien? —le preguntó, deteniendo su ejercicio.

Hikari puso la mano libre en el punto resentido, y luego se dirigió a su amigo:

—Sí. La señora Mizuko dijo que es normal que me duela después de los ejercicios nuevos que empezamos ayer.

—Bueno —Hanamichi no se había convencido por completo.

—¿Qué día es hoy? —Hikari cambió de tema con rapidez.

—Sábado.

La chica sonrió con mayor amplitud que en toda la semana, y Hanamichi comprendió la razón:

—Hoy te visitará tu novio, ¿cierto?

—Sí.

Hikari se ruborizó ligeramente.

—Iré a arreglarme.

Sakuragi asintió y detuvo su ejercicio un segundo para contemplar a su amiga entrar al baño y cerrar la puerta tras de sí.

—¿Hoy también a mí me visitará Haruko? —se preguntó en un susurro. Y no pudo reprimir un suspiro.

De repente dio un respingo al escuchar que alguien llamaba a la puerta de su habitación.

—Pase —permitió. No imaginó quién sería.

—¡HOLA!

La barbilla se le desencajó nada más escuchar esa voz. La puerta dejó pasar la delgada figura de un muchacho pelinegro, de piel clara y ojos castaños, que saludaba con una enorme sonrisa.

—Gi-Ginji…

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Cuando Haruko abrió los ojos esa mañana, buscó a tientas el reloj a la derecha de su cama. Lo sujetó y lo metió bajo las sábanas, donde ella aún se encontraba.

—¡¿QUÉ! —se escuchó en toda la habitación.

De inmediato, las sábanas volaron, ella se calló de la cama y empezó a lloriquear.

—¿Qué pasa ahí dentro? —Haruko, desde el suelo, escuchó la voz de su hermano mayor, preocupado.

—Pasa, hermano —murmuró.

La puerta se abrió, dando paso a la enorme figura de Takenori.

—¿Qué haces ahí, Haruko?

—Es que… Me caí… Se me ha hecho muy tarde, hermano…

—¿De qué hablas?

—Ayako va a matarme… Hoy hay una práctica muy importante…

Takenori contempló a su hermana tambaleándose al intentar sentarse sobre su cama. También notó el rostro enrojecido de la muchacha, y optó por tocarle la frente.

—¿Qué haces, hermano?

—Tienes fiebre —determinó el enorme Gorila cuando lo hubo comprobado, comparando la temperatura de su hermana con la suya propia.

—¿De qué hablas? Si no me siento mal…

Y dicho, Haruko se dejó caer de espaldas sobre la cama, con pesadez.

—A mí no me engañas, Haruko —sentenció Akagi—. Llamaré a Ayako para avisarle que te quedarás en casa.

Haruko no le respondió. Pero, antes de que alguna otra cosa sucediera, Akagi finalizó su discurso:

—Y más vale que le llames al tonto de Sakuragi: tampoco a él podrás visitarlo.

—¿Qué…? —Haruko entristeció, pero reconoció que sentía su cuerpo muy débil como para discutir.

Así que, para olvidarse de todo y volver a dormir el resto del fin de semana, tomó el teléfono celular y escribió:

"Me enfermé y ya no puedo salir de casa. ¿Le avisas a Hanamichi que lo extraño mucho?"

Nada más cerciorarse de que el mensaje era entregado al número de Youhei, Haruko se cubrió hasta la cabeza con las sábanas y se quedó profundamente dormida.

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—Yo entiendo, capitán —dijo Ayako. Estaba pegada al teléfono móvil desde hacía un par de minutos, y todos los miembros del equipo la contemplaban con disimulo. Incluso Ryouta, aún no convencido de que no se trataba de un admirador o un novio secreto.

Incluso Daisuke, a quien no le agradaba escuchar asuntos ajenos, tenía la extraña idea de que aquella llamada tenía que ver con Haruko.

—Sí, no hay problema. Yo puedo arreglármelas. Adiós.

Ayako guardó el aparato en su bolsa de deporte, cerca de las gradas, y se dirigió adonde su nuevo capitán se encontraba.

—Haruko enfermó y no vendrá al entrenamiento hoy —pronunció. No lo notó, pero Miyagi exhaló otra vez, tranquilo de que el interlocutor de la entrenadora en verdad hubiera sido Akagi.

Daisuke la escuchó sin mucho esfuerzo, porque se encontraba cerca de ambos superiores, y entristeció al saber que su amada se encontraba en una cama, enferma y aburrida. Y se sentía medianamente responsable de esa enfermedad.

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—¿Qué haces tú aquí? —preguntó Sakuragi con mucha desconfianza.

El muchachito, que a leguas se veía menor que el pelirrojo, lo miraba con sus grandes ojos bien abiertos.

—Vine a visitarte —respondió con su amplia sonrisa, como si fuera lo más obvio del mundo.

—¿Pero cómo es eso? ¿No se supone que estaban viviendo en China?

—Sí. Pero mamá extrañaba a tía Hiyoko, y yo a ti. Así que volvimos.

—¿Volvieron?

El chico asintió con movimientos de cabeza. Llevaba una bolsa cruzada al pecho, y de ella extrajo una cámara fotográfica digital.

—¡SONRÍE, PRIMO HANAMICHI! —y el pelirrojo sólo sintió el flash sobre sus ojos.

—En… —el pelirrojo se frotaba los ojos, tratando de reacostumbrarlos a la luz— ¿En dónde está tu madre?

—Ella está en casa con papá.

Ginji volvió a tomar una fotografía de su primo, sólo que esta vez de perfil.

—¿En casa?

—Sí. Aún no terminamos de ordenar todo en la nueva casa, pero yo moría de ganas por verte, así que hablé con tía Hiyoko y ella me dijo que estás aquí.

—¿Y te dejaron venir tú solo desde tu casa?

—Ajá.

Sakuragi contempló al muchacho que tomaba fotografías de toda la habitación con la mayor confianza.

Ginji Miyabara era su único primo, un año menor que él. La última vez se habían visto fue cuando Hanamichi tenía doce años y Ginji once. A su padre lo trasladaron en el trabajo a China, y ahí había radicado desde entonces.

Por lo que Hanamichi recordaba, se llevaba bien con el muchacho. Incluso eran como hermanos. Cuando alguien quería molestar a su primo menor, Hanamichi lo defendía: no le gustaba que lo hicieran llorar.

Cuando la familia de Ginji se mudó, Hanamichi se sintió muy triste, porque su padre y su tío eran muy buenos amigos, y su madre y la de Ginji eran hermanas gemelas y eran las mejores amigas. El pelirrojo sentía que tenía la familia más grande cuando se reunían –casi cada fin de semana–. Pero entonces se marcharon, y al poco tiempo su padre murió. Y fue cuando empezó a fallar en la escuela y a sentir que nadie lo quería.

Por eso se sorprendió tanto al verlo en la entrada de su habitación, con la cámara fotográfica y la enorme sonrisa de "el tiempo no ha pasado por mí".

—Pero tampoco estamos tan lejos —la voz de Ginji lo sacó de sus cavilaciones.

—¿Qué?

—Te digo que no vivimos muy lejos.

—¿En dónde hallaron su nueva casa?

—Está en un barrio muy bonito. Y a que no adivinas.

—… —Hanamichi no contestó: nunca le habían gustado mucho las adivinanzas de Ginji.

—Me matriculé en la preparatoria Shohoku.

—¿Qué dices?

Ginji asintió con la sonrisa más grande que cuando entró. Lo que en realidad quería comunicar era que por fin había entrado al bachillerato, pero lo que a Hanamichi le sorprendió fue que lo hubiera hecho en la misma escuela que él.

—Por fin te alcancé —murmuró Ginji, pero con la intención de que su primo lo escuchara.

—Y en la misma preparatoria —Sakuragi no pudo hacer más que sonreír—. Por cierto…

—¿Sí?

—¿Cómo contactaste a mi mamá? Poco tiempo después de la muerte de papá, mamá encontró un lugar más pequeño sólo para los dos, y nos mudamos.

—Lo sé. Mamá tenía el número de su empleo, y ahí la encontré ayer por la tarde.

—Entiendo…

—Se escuchaba muy contenta de que estuviéramos aquí de nuevo.

Ginji continuó hablando un rato más, y Hanamichi sólo lo escuchó. En realidad le agradaba que sus tíos y su primo estuvieran cerca de él, porque sentía como si su familia estuviera regresando a su lado otra vez.

Así, lo escuchó con paciencia, a pesar de que nunca se la había tenido en el pasado. Pero esa era una ocasión especial.

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Youhei estaba terminando de ponerse los zapatos para abandonar el instituto, cuando otros tres muchachos se le acercaron.

—¿Qué haces, Youhei? —preguntó Takamiya, mirando a su amigo con suma curiosidad.

—Se pone los zapatos y cierra el casillero —respondió Noma, murmurando.

—Me pongo los zapatos —confirmó el pelinegro.

—¿Y adónde vas? —continuó Ookusu.

—A ver a Hanamichi.

—¿Y por qué no nos avisaste que irías? —Noma se cruzó de brazos, indignado.

—Porque no supe en dónde estuvieron hoy —respondió el aludido—. No entraron a clases, y tampoco estuvieron en la práctica. Los estuve buscando.

Los tres chicos se ruborizaron: era cierto que habían decidido haraganear en el patio toda la mañana.

—¿Y por qué vas a visitarlo? —se repuso Ookusu, cambiando el tema.

—Porque lo vimos por última vez la semana pasada, y además Haruko le envió un recado.

—¿Qué no irá a verlo ella? —intervino Takamiya.

—Está enferma.

Los muchachos se miraron entre sí, mientras Youhei aseguraba el casillero, tomaba su maletín y empezaba su camino.

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—¡¿Entonces de verdad tienes novia! —Ginji levantó un poco más la voz esta vez: siempre supuso que su primo sería el eterno rechazado. Y no porque Sakuragi le pareciera feo, pero siempre era el buscapleitos.

—Ya te dije que sí como tres veces, Ginji —el pelirrojo empezaba a ponerse de mal humor ante el escepticismo del más joven.

En eso, los dos muchacho escucharon la puerta del baño abrirse, y dar paso a una figura femenina.

—¡Hikari! —se alegró Hanamichi— ¡Qué bueno que saliste!

—¿Por qué tanta felicidad al verme, Hanamichi? —la chica era inteligente y no le parecía normal tanta felicidad por parte de su compañero de cuarto.

—Quiero presentarte a este bicho molesto.

—¡Oye!

Hikari reprimió una risita al notar que el muchacho le daba un codazo al pelirrojo.

—Hikari Tsubasa, él es mi primo Ginji Miyabara.

Ginji se sonrojó ligeramente y prefirió hacer una reverencia ante la chica mayor.

—Mucho gusto, Miyabara —saludó Hikari, imitando la reverencia—. Puedes llamarme Hikari.

—Y tú dime Ginji, por favor.

—Oye, Hikari —llamó Hanamichi.

—¿Si?

—Tengo hambre y debo hablar de algunas cosas con Ginji. ¿Esta bien si te dejamos sola? Compraremos algo en la cafetería y volveremos, ¿si?

—Claro, Hanamichi. No hay problema.

Dicho y hecho: el pelirrojo y su primo salieron de la habitación camino a la cafetería del hospital.

No habían pasado ni diez minutos, cuando Hikari estaba terminando de cepillarse el cabello, y alguien llamó a la puerta.

—Adelante —autorizó la muchacha, sin dejar de lado su labor.

—¿Hanamichi? —la puerta se abrió, dando lugar a la figura de Youhei Mito, el amigo de Hanamichi, aún con el uniforme de Shohoku, y un poco ruborizado al darse cuenta de la presencia de Hikari.

—Hola… Youhei, ¿cierto?

El aludido asintió con una sonrisa nerviosa.

—Vengo a visitar a Hanamichi.

—Él acaba de salir.

—¿En serio?

—Sí. Otro chico vino a visitarlo, y ambos fueron a comprar algo para comer.

Youhei se molestó de momento, pues no imaginaba quién se le pudo haber adelantado. Pero, pensándolo bien, decidió aprovechar el momento para intentar entablar una conversación con esa chica que le llamaba la atención.

—Tú… —y se dio cuenta de que no sabía qué preguntar…

—¿Uhm?

—… —Youhei hacía gala de su velocidad cerebral, hasta que se le ocurrió una pregunta atinada— ¿Vas a salir?

Hikari lo miró entre sorprendida y confundida. Pero, finalmente, respondió:

—Sí —incluso a ella misma le pareció una respuesta escasa, e intentó arreglarla—. Mi novio vendrá a visitarme.

Youhei se pasmó cuando escuchó "mi novio".

—¿Tienes novio?

Y a Hikari pareció iluminársele el rostro, su sonrisa se agrandó más y suspiró.

—Sí —no conforme con la afirmación, la muchacha continuó—. Estudia la universidad, pero su verdadera pasión es el deporte. Es un gran pitcher, y siempre me enseña cosas nuevas acerca del béisbol.

—¡Youhei! —la voz de Hanamichi los interrumpió, para alivio de Mito— ¿Qué haces aquí?

—Ha-Hanamichi… ¿Cómo estás?

A leguas se notaba el desconcierto en el rostro de Youhei, pero Hanamichi intuía que tenía que ver con Hikari, así que permaneció callado. Ya más tarde le preguntaría.

—Bien. Oye, ¿recuerdas a este bicho raro?

Youhei, recobrando la compostura, se le quedó mirando al muchachito que estaba de pie junto a su amigo. Los ojos le parecían conocidos, pero no lograba identificarlo.

—La verdad…

—Es mi primo Ginji, con quien pasábamos los fines de semana antes de que su familia se fuera a China.

Youhei repensó: Ginji… Ginji… Ginji… ¡Ginji Miyabara! El primo de Hanamichi, un año menor que ellos, el de la familia perfecta y que siempre estaba de llorón. Y al único niño a quien Hanamichi no molestaba.

—¡Ginji! Por supuesto que te recuerdo —Youhei sonrió y se acercó a los dos muchachos—. ¿Sabes quién soy yo?

El chico menor se le quedó mirando. En cuanto lo vio dentro de la habitación, imaginó que sería Youhei, el mejor amigo de su primo. Pero viéndolo de cerca… había cambiado físicamente. No obstante, aún tenía la mirada cómplice y la sonrisa sincera.

—¡Youhei! ¡Qué alegría volver a verte!

Hikari observó la escena hasta que terminó de arreglarse. Una vez que se colocó las arracadas en las orejas, se despidió del grupo de hombres y salió de la habitación, en espera de su novio.

—¿Quieren ir a dar un paseo? —sugirió Hanamichi. Tras el asentimiento de sus acompañantes, los tres salieron de la habitación.

Recorrieron un par de pasillos entre risas y plática. Salieron de la clínica y se encaminaron a la playa, para contemplar las olas y seguir hablando.

—¿Entonces es cierto que Hanamichi tiene novia, Youhei? —Ginji aún estaba incrédulo ante la aseveración de su primo.

—¡¿Sigues con eso, chiquillo! —el pelirrojo gritó, aunque sabía que no era en serio.

—Sí —rió Mito, a sabiendas de que se trataba de una forma de molestar al pelirrojo—. Se llama Haruko y es una chica muy linda.

Ginji, finalmente, dio muestras de convencerse.

—Por cierto, Hanamichi —el pelirrojo volteó la mirada hacia su amigo—. Haruko está enferma y no podrá venir a verte hoy.

Sakuragi, de inmediato, desdibujó un poco la sonrisa que tenía en el rostro. Y a Youhei no le gustó.

—Pero te envió un mensaje —y acto seguido, Mito extrajo el teléfono móvil de la bolsa del pantalón, buscó un par de segundos y le mostró el mensaje de texto que Haruko le había enviado por la mañana.

—¡HARUKO ME EXTRAÑA!

Ginji y Youhei rieron ante el salto que Hanamichi dio.

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Rukawa había salido de Shohoku hacía más de una hora, pero había estado vagando casi cincuenta minutos, indeciso sobre si visitar al pelirrojo o no. Pensaba que, de seguro, su novia estaría con él, pasando la tarde en compañía, y aprovechando un poco el tiempo a cuenta de los días que no se verían en la semana. Pero luego se le ocurrió que, dado que la asistente no había asistido al entrenamiento, cabía la posibilidad de que también hubiera faltado a la clínica.

También consideró ir a casa, dejar las cosas de la escuela y ponerse la ropa deportiva, para utilizar como pretexto la caminata. Pero le pareció poco original. Así, también pensó que lo mejor era plantarse frente a Sakuragi y decirle que había ido a ver cómo estaba. Pero nada lo convencía.

Finalmente, cansado de pensar e inventar pretextos que al final siempre desechaba, viajó hasta la clínica. Su reloj de pulso marcaba más de las cuatro de la tarde. Y al llegar a la propiedad de la clínica, se detuvo a pensarlo un segundo…

Decidió dejar de considerar las cosas, con la idea de simplemente saludar. Preguntó a una recepcionista que le dijo que el pelirrojo no estaba en su habitación, pero que había salido a pasear a la playa. Entonces Rukawa decidió alcanzarlo ahí.

Caminó un poco más hasta que divisó la figura de su compañero de equipo. Pero él no estaba solo: cerca de Hanamichi Sakuragi, estaba su mejor amigo y un muchachito aparentemente menor que ellos. Los tres reían y Hanamichi lucía muy feliz por la compañía.

Rukawa iba a cercarse en un intento de incorporarse al grupo. Pero se sintió fuera de lugar, y con tan pocas cosas en común, que mejor desechó aquel pensamiento.

Suspiró e inició la marcha hacia su casa.

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Notas de la autora:

Estoy muy contenta porque, finalmente, me salió un capítulo largo.

Ojalá les guste.

He aquí las respuestas a los reviews.

Besos a todos los lectores y lectoras.

Miguel: ¿Qué te parece el capítulo? Espero que te siga gustando la historia. Ves que ahora no salieron mucho los demás personajes, y siento que he dejado olvidados a varios. Pero igual vamos bien. Y, para que no hallan pleitos sobre en cuál fic es mejor la aparición de quién, pues te tenemos en los dos. ¿Qué tal? Besos, y sigue leyendo.

Elena: Todo va en calma hasta ahora. Pero ya empieza a haber interacción entre Daisuke y Haruko. Espero que sigas leyendo. Abrazos desde aquí.

Masg: Si dices que Akari no va con Rukawa, entonces estarás feliz si te digo que ella va a terminar con otra persona. Pero no es con Hanamichi, porque él va a darse cuenta de algunas cosillas. Espero que sigas leyendo los próximos capítulos. Y no olvides dejar reviews.