Bien, hemos llegado a la parte interesante del Fic. No os desespereis al leer el capitulo de hoy, sin embargo, ya os digo yo que no pinta muy bien la cosa...

En respuesta a Andre22, me voy a leer el fic y a ver qué tal... si me gusta y me deja la autora, no dudes en que lo traduciré :)

El proximo que había pensado traducir es uno que personalmente me causó mucha risa, pero tengo que hablar con la autora a ver si me deja y esperando que los de S.O.P.A. no me toquen mucho la moral...

Si tenéis cualquier petición para que traduzca, no dudéis en pedir, que os lo tendré en cuenta y os responderé ok?

Ánimos con la historia y muchisimas gracias por la respuesta que le habéis dado!


Parte Cuatro – El Mundo Entero Llega A Su Fin

La sintonía de 'El rincón de Sue' suena. Cuando el título es estampado en la pantalla, hay un subtitulo debajo donde se lee 'El camino hacia la vitoria'.

Imagen de la sala del coro del Insituto William McKynley, donde Sue está sentada en una butaca al pie de de las plataformas. Tiene cara de póker, mirando a la cámara.

En las plataformas se sientan ocho adolescentes. Algunos parecen nerviosos mientras que otros sonríen a la cámara encantados. Hay un hombre con el pelo rizado llevando un chaleco.

"Buenas tardes, América. Bienvenidos a 'El Rincón de Sue: El camino hacia la victoria'. Les llevaré en un tour de los mismos lugares en donde las cuatro chicas adolescentes se han convertido en un incordio para toda la nación en el último mes. Sin embargo, antes de que me vaya de Lima, Ohio, la ciudad que crió a estas niñas, les traigo aquí, a la sala de coro del Instituto William McKinley. Bien, si están sentados mirando el programan pensando, hey Sue, nos encanta tu programa y lo miramos con más fervor religioso del con el que asistimos a la iglesia los domingos, ¿Qué hacen estos no-fotogénicos niños detrás de tu gloriosa presencia? Pues bien, seguidores, yo también me pregunto lo mismo."

El hombre con el chaleco sacude la cabeza.

"Sue, ve al grano con la entrevista. Los chicos y yo…"

"Lo siento, William, estoy confundida. ¿Es este 'El rincón de Will'? No. Por cierto, retiro mi disculpa y la sensación de confusión."

Sue se gira hacia la cámara con una sonrisa llana.

"Bien, ¿Por dónde iba? Ah, si. En una habitación con un grupo de malhechores que hacen que me quiera armar con una máquina del tiempo y como un terminator de la justicia, encerrar a sus madres antes de que les puedan dar a luz. Antes de que sienta lástima por mi actual circunstancia, espectador, déjeme decir esto: Estos chicos fueron los compañeros de las hooligans que ahora hacen que tiemble de miedo, o excitación, si es usted uno de esos Triple F. ¿Podría alguno de estos niños sacar un arma y demandar su trabajado dinero y, además, tener un club de fans?"

Sue se encoge de hombros.

"Es por ello que estoy aquí. La primera pregunta va para el Adolescente Papá. Cuando embarazaste sin cuidado alguno a mi capitana y destrozaste años de gran sacrificio por mi parte, ¿Pensaste en algún momento que tus treinta segundos de amorosa felicidad podrían llevar a una vida de asesinatos?"

El chico con la cresta mira tontamente a la cámara.

"¿Eh?"

Sue asiente sabiamente.

"Como creía. La siguiente va para el Ruedas. ¿A quién le rezas por las noches para darle las gracias por el hecho de que, si esto hubiese pasado hace un año, tus ojos serían sustituidos ahora mismo por agujeros de bala?"

El chico en la silla de ruedas mira a los otros estudiantes alarmado.

"Nunca pensé en ello… Oh Dios mío. ¿Y si vuelven y… Santana…?"

Sue, por primera vez desde que salió la entradilla, sonríe de verdad.

"La siguiente pregunta va para Porcelana. Dinos, ¿Por qué exactamente dijiste que te esperabas que estas chicas acabaran asesinando a gente?"

Llegados a este punto, mitad del club está levantado, dispuesto a seguir el hombre del chaleco que acaba de salir del aula. La única persona que no ha dudado ha sido el chico Warbler, con sus cejas trianguladas, que ahora ya baja de la plataforma para salir de la clase.

El chico que se sentaba a su lado lo mira preocupadamente.

"Bueno… Yo… Blaine ¿Qué…? Es complicado pero… ¡Blaine!"

Sue frunce el ceño.

"Tienes cuatro segundos para responder a la pregunta, Celine. O pasamos al siguiente"

Respira profunamente, corrigiendo su posición.

"La razón es, Sue, porque Rachel Berry era conocida por… ¿Cómo lo diría…? Determinación. Y Santana y Quinn estuvieron una vez bajo tu tutela. Como ya no trabajas en la escuela, y por eso no tienes jurisdicción sobre mi futuro aquí, puedo decir sin miedo a represalias que estás loca. Claro que las chicas bajo tu influencia cometerían asesinatos. Me sorprende que no empezaran aquí, y francamente, estoy decepcionado en que no empezaran por ti"

Sue miró con los ojos entrecerrados al desafiante energúmeno, que le ignora y se levanta. Se gira hacia un chico muy alto que se encuentra en la última fila.

"Buena suerte con ella, Fin. Te doy todos mis ánimos. Espero que encuentres a Rachel, de verdad."

Gira sobre sus talones, levanta una ceja a la cámara y desaparece sin decir otra palabra.

"¡Amén!"

Una chica corpulenta se levanta y lo sigue. Cuatro chicos más hacen lo mismo: el chico de la cresta, una chica gótica, y un chico delgado y alto que lleva la chaqueta de su equipo de futbol mientras que empuja a su compañero en la silla de ruedas.

Queda un alumno.

Sue se vuelve a la cámara.

"Señores y señoras, esta entrevista se ha terminado. Me marcho del Instituto William McKinley para siempre. Gigante verde, ya que ahora estás conmigo, consígueme un batido de proteínas, dile adiós a tu madre y reúnete conmigo a la casa Fabray a las seis de la tarde."

El último alumno, Finn Hudson, parece molesto mientras mira en la dirección en la que el Glee club se ha marchado. Vuelve a mirar a Sue, mejillas enrojeciéndose. Suspira y asiente con la cabeza.

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Sue se encuentra al lado de una mujer grande, delante de una casa enorme con cinta policial a su alrededor.

"Edna Bellfries, ¿Usted vio a las chicas irse de la propiedad esa fatídica tarde, cierto?"

"Si. Conducían tan rápido que corrí al teléfono para llamar a la policía. Oh, y los gritos que se escuchaban desde la casa… Creí que me estaba volviendo sorda. No esperas que pasen cosas así en este barrio, ¡En lo que llevo vivido de años no he escuchado ni un solo jaleo!"

Sue asiente con la cabeza.

"¿Vio usted a las chicas, Edna?"

"No, la verdad. Tan solo atisbé a ver parte del cuerpo de la pequeña cuando el coche dorado pasaba volando delante de mi casa. Estaba conduciendo… Qué pena nos dio perder a Judy…"

"Gracias, Edna"

La mujer sonríe brillantemente, rozando el codo de Sue.

"Lo que sea, querida. ¡Veo tu programa cada día!"

Sue le regala una sonrisa chulesca a la señora, antes de volverse a la cámara.

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Ahora, Sue se encuentra delante del área de servicio roja, con cinta policial parecía a la anterior a su alrededor. A su lado aparece un hombre bajo y fornido vestido suciamente y con una gorra en su cabeza, igual o peor de sucia que su ropa.

"Lo que pueden ver detrás de mí, expectadores, es Joe Shmoe's, una estación de servició a las afueras de Beavercreek, Ohio. Después de una semana de desaparecer de Lima por asesinato, estas chicas vinieron aquí para volver a matar. ¿Por qué lo hicieron? Y mejor aún. Fueron vistas en Illinois antes de venir aquí, así que, ¿Por qué volver a Ohio? Conmigo esta Dennis Jackson, el único testigo superviviente de esa noche. Cuéntenos qué vio, Dennis"

"Bueno, estaba ahí dentro, esperando mi filete para cenar. Cuando no llevaba ni veinte minutos ahí, esa cosa pequeña entró preguntando por un teléfono. Parecía muy nerviosa e inquieta y recuerdo haber pensado: '¿Qué planea esta chica?'. De todas maneras, se dirigió al baño, y otro cliente que estaba por ahí la siguió. Era un tío enorme, pero joder, ni idea tenía yo de lo que iba a pasar. Por lo que yo entendí, ella había escapado de casa y el era su amor. Quiero decir, a ver, cuando él la vio no dejó de sonreír."

Dennis traga saliva visiblemente, y Sue le asiente con la cabeza.

"Continúe, Dennis"

"Bueno, pues de pronto se empezaron a escuchar gritos. Gritos que nunca antes había escuchado. Parecían como si alguien… como si alguien estuviera en problemas. Y de pronto pararon. Y luego, de repente otra vez, empezaron de nuevo y juro por Dios y todos los ángeles que parecía como si el demonio hubiese sido desatado. Estaba a punto de ir ahí, para comprobar qué pasaba, pero otro cliente estaba más cerca y fue él primero. Volvió corriendo como si hubiese visto un fantasma. Y esa… esa broma de chica salía persiguiéndolo cubierta en sangre y como… como algo que solo ves en una pesadilla. Lo juro. Estaba poseída o algo. Salí lo más rápido que pude y fui al camión. Pero tan pronto como estaba en la puerta, la otra chica, una rubia y muy guapa, estaba viniendo con un bate de beisbol"

Sue entrecierra los ojos pensando.

"¿Está hablando de Rachel Berry y Quinn Fabray?"

"Eso creo, señora. Al menos eso es lo que la policía me dijo. En fin, nunca olvidare la mirada en sus ojos. O la sangre en ella. O lo guapa que era esa rubia incluso corriendo hacia el lugar. Tan sólo huí de ahí lo más rápido que pude"

Sue mira a la cámara.

"Por un lado: historia terrorífica. ¿Por el otro? Parece que he subestimado a Rachel Berry durante todo este tiempo. Qué pena, podría haberla usado para mi equipo. Gigante verde, cuando encontremos a tu noviecita, recuérdame que reprenda sobre ella el hecho de no haberse inscrito en las animadoras. Qué desperdicio"

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Sue se encuentra ahora con un hombre de mediana edad y con sobrepeso delante de una gasolinera.

"Jacob McDermott, usted fue el primero de las víctimas de los robos de las chicas. Cuéntenos, en sus palabras, la experiencia con estas adolescentes armadas.

"En verdad fue… un poco confuso. Iban vestidas como… prostitutas o algo. Una de ellas iba por toda la tienda desordenándolo todo antes de llamar a su amiga rubia, realmente alta por cierto, que estaba afuera, y la otra era como dominatrix o algo así. Le gustaba mandar. Me amenazó en dispararme en el culo si llamaba a la policía. Por eso tardé una o dos horas en llamar"

Sue asiente con la cabeza, pareciendo orgullosa de algo.

"Esa es Santana"

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"Me encuentro a fuera de la tienda y taller de Camp Crook donde Elsa Lafontaine fue la sexta víctima asesinada por un disparo. ¿Saben espectadores? Este pueblo tiene una población de sesenta y tres personas y no pude encontrar a nadie a quien entrevistar. Pero eso no me preocupa en lo más mínimo. Mientras Gigante Verde disfruta de un granizado del tamaño de su torso, tomaré esta oportunidad para deleitarme con la actividad atlética que tuvo lugar en este mismo lugar por Brittany Pierce"

Sue cierra los ojos, respirando hondo y sonriendo. Los abre otra vez y mira a la cámara.

Finn Hudson sale de la tienda con un granizado de tamaño grande en sus manos, mirando directamente a la cámara y saliendo del enfoque.

"Tengo que decir, que mientras no es cierto que enseñé a estas chicas a matar, se podría decir que las adapté para al menos, sobrevivir. A partir de aquí, pensad lo quieran"

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Una chica con un aro en la nariz y con el pelo rosa sonríe animadamente al lado de una escéptica Sue Sylvester.

"¡Fue impresionante! Rachel entró primero y, Dios, es muy agradable esta chica. A ver, todo el mundo decía que era una estúpida pija engreída pero se equivocaron mucho. Es la cosa más dulce del mundo. Y, madre mía, Brittany es… ¡tan alta! ¡Y está tan buena! Espera, ¿Qué digo? ¡Todas estan buenísimas!"

"¿Y no te dispararon?"

"¡Claro que no! ¡Les dije que era su fan número uno! Y lo soy eh… Y ahora las he conocido y… ¿Santana? Dios, la vi en fotos y estaba loca por ella. ¿Pero en persona? Buff, casi muero. Me falto poco por tener un orgasmo y morir ahí mismo"

Sue parece consternada.

"¿Tu…?"

"Y se fueron, pero luego Quinn entró corriendo y… Mira, mi hermano pequeño es un friki del Pokémon, y nunca le entendí hasta ese día. Porque, joder, ¡las quería todas para mí! ¡Faberritana para siempre!"

La chica levanta el puño. Sue deja caer su micrófono, saliendo de la pantalla disgustada.

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Sue está de pié delante de un restaurante con cinta policial a su alrededor. A su lado hay un hombre joven trajeado, con el pelo oleoso y un ligero bigote.

"My abuela fue disparada aquí. No sé por qué lo hicieron, no haría daño ni a una mosca. Había desaparecido desde hacía días y nosotros… nosotros pensamos que había muerto. Quiero decir, de la noche a la mañana desapareció. Pero ahora sabemos que lo hizo aquí, con tres balas dentro y con los pies descalzos"

Sue asiente con la cabeza.

"Esta escena tiene, de momento, el número de personas asesinadas más alto. Tu abuela una de ellas"

"Sí, señora. Aún estamos de luto, pero al menos sabemos que ahora está con el Señor, así que… Las otras personas también están con ella. No los conocía a todos, pero este sitio siempre tuvo una buena reputación. Algunas personas se ponen nerviosas cuando lo encuentran, aquí, en mitad de la nada, porque ahí dentro podrían pasar muchas cosas. Pero los dueños eran buenas personas, y es una pena haber de decirles adiós."

Sue mira solemnemente a la cámara.

"¿Qué decís a eso, Triple F? Aunque pensándolo mejor… Dejadlo estar. No hay nada que podáis decir"

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Sue está en un restaurante diferente, con las palabras 'Famous Seamus' escritas con luces de neón encima de ella. Una camarera se encuentra a su lado.

"Compañeros, me encuentro actualmente a las afueras de Wellington, Kansas, en la escena más extraña de estas cuatro famosas adolescentes. No, no han matado a nadie y ni siquiera robaron. Sin embargo, las grabaciones entregadas a la policía muestran a las chicas bailando delante de una máquina de discos, dentro de este establecimiento que se encuentra detrás de mí. Katie Delaware afirma haber servido a las chicas, que no las había reconocido hasta que se empezaron a llamar por sus nombres. ¿Katie?"

"Cierto. Las escuché llamarse Quinn y Santana y esos nombres no son muy corrientes por aquí. Además, He visto las noticias y miro tu programa siempre. Aunque era extraño, ¿Sabes? Esperaba que se presentaran aquí con las armas alzadas y disparando a todo el mundo, pero simplemente entraron, pidieron comida y ni les presté atención. Encendieron la máquina de discos y bailaron con la música. Todo el mundo se lo estaba pasando bien. La pequeñaja, Rachel, cantó. ¡Y vaya que si sabe cantar! Y luego las reconocí y llamé a la policia. Pero para entonces ya se habían ido. Pero en serio, no eran para nada como me las imaginaba"

"¿Escuchaste algo? ¿Su próxima parada?"

"No, no escuché nada de a dónde iban o de dónde venían. Tan sólo pidieron su comida, como cualquier panda de chicos que salen del pueblo una noche. Se reían y… no sé, nadie les prestó demasiada atención, y si lo hacían era solo para sonreír"

Sue levanta las cejas.

"¿Y las dejasteis marchar?"

"No. Ni siquiera sabía que eran quienes eran hasta que se fueron. Se me encendió la bombilla cuando estaban tan contentas y… y sus nombres eran muy raros. Eso es todo. Cuando caí en ello, miré las grabaciones de esa noche y llamé a la policía."

"Bueno, Kansas, creo que podemos decir que ya no están aquí. Gigantón, enciende la camioneta. Esta es la parada más reciente y ya que no hemos sido informados de otra, no pueden estar muy lejos"

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Otra gasolinera. Esta vez, un hombre de sesenta años está al lado de Sue, fumando un cigarro.

"Señoras y señores, les hablo hoy desde una gasolinera a las afueras de Beaver, Oklahoma, donde las chicas fueron vistas esta mañana por el dueño de este establecimiento, Earl McDonahue. Dime Earl, ¿Cómo es que un hombre con tanto cariño a los cigarros regenta una gasolinera sin salir por los aires?"

Earl se ríe.

"Eres una fiera. Miro tu programa. Pisoteando todos los sitios, chillando y reclamando la atención. Chica, necesitas un novio. ¿Durante cuánto tiempo vas a estar por aquí?"

Earl le dedica un guiño. Sue frunce el ceño.

"Dime lo que sabes sobre las chicas"

"Vale, vale. No pasa nada por intentarlo. En fin, estuvieron aquí ayer por la noche. Pusieron gasolina, la pagaron y se fueron. Amables las chicas, la verdad. Excepto por esa mejicana, era una pequeña mandona como tú"

Sue parece estar reteniéndose físicamente.

"¿Y te dijeron hacia donde iban?"

"Nop, ni una palabra. Cogieron golosinas, alcohol y se largaron"

"Son menores de edad"

"Cierto. ¿Sabes qué más es cierto? Que las buscan por asesinato. Pégame con una plancha si quieres, pero eso es mejor que una bala en mi trasero"

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"Señoras y señores, hoy en directo desde Denny's, en Silver City, Nuevo Méjico. No, las chicas no pararon aquí. Pero nosotros si. ¿Por qué? Pues bien, espectadores, parece que el Gigante Verde comió demasiados burritos para desayunar esta mañana y, para mantener la furgoneta libre de su bilis, hemos parado aquí durante una hora, permitiendo a nuestras adolescentes que se alejen más. Pero parece que las chicas han cambiado de parecer. Pagan sus comidas, bailan en restaurantes… Y ahora han sido vistas conduciendo a través de Texas hacia Nuevo Méjico a mitad de día. Francamente señoritas, estoy decepcionada"

Sue suspira, poniendo la mano que no sostiene el micrófono en su cadera. Mira a su alrededor.

Sacude con la cabeza antes de volver a mirar a la cámara. Abre su boca para decir algo, aunque es interrumpida por Finn Hudson saliendo del restaurante. Está moviendo los brazos y chillando.

Sue se gira, molesta.

"¿Qué?"

Finn gesticula ferózmente, gritando algo incomprensible. Sue niega con su cabeza hacia él, moviendo los brazos.

"¡Habla claro jorobado! ¡Juro por todo lo sagrado que voy a ahogarte mientras duermas esta noche! Incompetente…"

Finn llega hasta Sue, cogiendo su micrófono y mirando con emoción a la cámara.

"¡Las han cogido! ¡Lo acabo de ver en la televisión y las han cogido! ¡Han sido arrestadas! ¡Las han cogido!"

Santana agarra el micrófono de vuelta, empujando al chico fuera de cámara.

"¿De qué estás hablando? No han…"

Su cara palidece mientras mira a algo fuera de cámara.

"¿Estás seguro?"

Su expresión se oscurece considerablemente.

"Bueno, señoras y señores, parece que no lo vieron aquí en primicia. Sin embargo, Quinn Fabray, Rachel Berry y Brittany Pierce han sido arrestadas esta noche a las afueras de Duncan, Arizona. Santana Lopez ha…"

Sue traga visiblemente.

"…Sido disparada por circunstancias desconocidas. La policía la detendrá una vez… si recupera la consciencia. Repito: Estas chicas han sido arrestadas. Se ha acabado, América. La ola de terror ha terminado"

Finn aparece en la pantalla, sonriendo y pareciendo aliviado. Sus ojos brilla, sus mejillas están rojizas y parece respirar un poco fuerte. Sue se vuelve hacia él, usando su micrófono para darle en la cabeza repetidas veces.

"Eres un inútil… ¡Te odio Finn Hudson! Y cuando Sue Sylvester usa la palabra odio, ésta se traduce a una eterna rabia de fuego y destrucción. ¡No huyas de mí, gigante hijo de la gran puta! ¡Te voy a matar!"

El sonido se corta mientras Sue persigue a Finn Hudson. Él cae y Sue se sube a su espalda, golpeándole con el micro como si fuera una porra.


Brittany puso gentilmente su mano en la de Santana, cogiendo la bolsa de comida con la otra. Ya no tenía mucho hambre, pero si no sacaban la comida de ahí… Entoces, ¿Por qué habían parado y por qué esa gente había muerto? La mujer vieja la había asustado, muchísimo. Todo el mundo se había enfadado tanto y no sabía el por qué. Y quizá nunca lo sabría.

Pero al menos tenían una razón para entrar. Era algo, tenía que servir.

Cuando llegaron al coche, Rachel estaba sentada en el asiento del conductor y Quinn a su lado. No hablaban, aunque estaban un poco inclinadas hacia la otra.

"Un puto desastre" Murmuró Santana, sentándose en el asiento trasero y suspirando fuertemente.

"Vámonos" Murmuró Quinn como réplica.

Brittany se colocó el cinturón de seguridad, porque sabía que Rachel quería que todo el mundo estuviese seguro.

Condujeron lejos del restaurante, cada una inmersa en sus pensamientos.

Santana sintió, por primera vez, una absoluta culpabilidad. Vale, esas personas eran unos imbéciles de mierda cerrados de mente, pero es que ella los disparó como… ¿Era eso lo que ahora era ella? ¿Alguien que dispara a la gente que no le gusta?

Dios, ¿Era eso lo que eran todas? Presumía que le gustaba ser realista, pero durante unos dolorosos instantes mientras conducían por una oscura autopista de Utah, algo pesado se le colocó en el estómago porque quizás, pero solo quizás, no había estado siendo realista en las últimas semanas. Vale, fingió que no pasaba nada y que todo era genial, pero…

Se giró para mirar al perfil de Brittany. La inclinación de su frente, bajando por su nariz y quedándose en esos preciosos labios. Y ahí es cuando sintió el peso en su estómago ser más y más pesado.

Cada cosa que hacían era peor que la anterior. Era tan simple como eso.

Brittany miraba fuera de su ventana, con sus ojos en la casi luna llena que colgaba del cielo. Había visto la luna llena antes, pero no así de brillante. Vale que todo estuviera oscuro pero ahora podía distinguir, ligeramente, los acantilados, las rocas y los árboles. Todo estaba bañado de blanco y era la imagen más bonita que jamás había visto. Incluso con la gente muerta que dejaron atrás, y las hamburguesas que tanto había deseado volviéndose frías en el asiento entre ella y Santana, la imagen seguía siendo preciosa. Decidió concentrarse en eso, en vez de otras cosas. Tan solo durante un rato.

Y cuando Santana cogió su mano y la agarró fuerte, se imaginó un unicornio blanco corriendo al lado de ellas en el coche, saltando entre los árboles y las rocas, con su manada viajando detrás de él. Se lo imaginó tan fuerte que casi lo ve, como si el halo blanco de la luna era de alguna forma, una luz mágica. Como si el unicornio hubiese estado esperando el momento correcto para mostrarse ante ella.

Quinn no estaba mirando ni al paisaje ni a la cara de nadie. Tenía su cabeza inclinada ligeramente hacia un lado y con la mirada fija en el arma que sostenía entre las manos. De repente, era más pesada. Podía observar partes de ella brillando a causa del reflejo de la luna, pero eso hacía que el arma pareciera más horrible. Esta pequeña y espantosa arma que sostenía en una mano, que había elevado y disparado sin esfuerzo alguno, había causado demasiado dolor. Quería pedir que pararan el coche y lanzar esa cosa lo más lejos que podía.

Todo lo que la detenía era lo que aguantaba en la otra mano, que reposaba confortablemente en el regazo de Rachel, con sus dedos entrelazados. Rachel recorría la huella de su pulgar hacia adelante y hacia atrás por la parte superior de la mano de Quinn, sin entender muy bien por qué estaba haciendo el movimiento reconfortante, pero sabiendo que ahora es lo que debía hacer.

Para Quinn. Y por la desesperación que había en sus ojos cuando… Cuando se besaron y…

…Y también lo estaba haciendo para ella misma, porque de repente, se dio cuenta de lo mucho que necesitaba esto.

Pararon en el Parque Nacional de Arches, cerca de la frontera de Utah. Ninguna de ellas habló excepto para pedir suavemente ayuda para montar las tiendas, o para pasarse la comida, o para excusarse al retirarse.

Santana descansaba su cabeza en el pecho de Brittany, escuchando al ritmo constante del latido de su corazón e intentando disfrutar del momento. Aunque su mente avanzaba a un ritmo muy alto hasta el punto de saber que llegaría un día en que no podría escucharlo más. Un día en el que Brittany estaría muerta, o no podría hablar con ella y no estaría su cuerpo para abrazarlo, ni sus labios para besarla, ni ella para poder quererla.

Todo terminaría pronto. No era estúpida. No podían seguir así, no después de lo del restaurante porque… Porque simplemente no podía aguantar eso. No podía aguantar nada más.

Excepto a Brittany y al sonido de su corazón latiendo rítmicamente en las orejas de Santana. Eso le daba esperanzas, valentía y en todo eso en que no creía hasta ahora.

"No quiero perderte" Susurró, lágrimas apareciendo en sus ojos aunque intentó hacerlas desaparecer.

"No me perderás" Respondió suavemente, acariciando suavemente el pelo de Santana. Recorrió sus dedos por los oscuros mechones, maravillándose por lo bien cuidados que estaban aunque tan sólo habían sido capaces de lavarse el pelo con agua embotellada y una pastilla de jabón desde que dejaron el motel, lo cual le parecía que había pasado mucho, mucho tiempo atrás"

"No puedo" La voz de Santana se rompió. Giró su cabeza, enterrando su cara en la camiseta de Brittany y luchando por respirar sin llorar.

"No me perderás" Repitió Brittany, esta vez más fuerte, moviendo amablemente una mano para tirar del hombro de Santana hasta que podía mirarle a los ojos.

Bueno, en parte. Estaba intentando esconderlos ya que estaban rojizos e hinchados de llorar.

"Prefiero morir a…" Empezó Santana, antes de que un sollozo se colara en su garganta. "Vamos a ir a la prisión y nunca más te voy a ver y… Y prefiero morir"

La barbilla de Brittany tembló mientras sacudía su cabeza con fervor.

"No digas eso, por favor, no lo digas."

"Pero es… es verdad…"

Brittany volvió a negar con la cabeza.

"No, San. No. Vas a prometerme una cosa. Ahora mismo"

Santana cerró los ojos, porque no quería prometer nada. ¿Cómo podía cuando todo era tan incierto e iban a morir o algo parecido?

"Pase lo que pase, no puedes morir, San. No puedes. Porque voy a vivir hasta que tenga 130 años y no quiero estar ni un solo día sin ti"

Dios, esta chica era tan dulce… Santana lloró más fuerte aún.

"Bueno, tu… estarás sin mi… porque nos separarán y…"

Pero Brittany seguía sacudiendo la cabeza, esperanto a que Santana abriera los ojos antes de volver a hablar.

"San, podrías estar en la luna ¿Vale? Y yo podría estar en el fondo del océano con Bob Esponja, pero seguiría estando feliz porque sabría… sabría que seguirías viva por algún lado. No puedo… Incluso si nos separan, puedo aguantar todo mientras sepa que tú estás ahí, San. Necesito que me prometas que estarás ahí, incluso si no estamos juntas"

Brittany tenía lágrimas escapándose de sus ojos y había empezado a gimotear. Santana hizo todo lo posible por no pegarse a ella misma por haber hecho llorar a la chica.

"Cielo, no sé si puedo prometer eso"

Pero Dios, se moría de ganas de poder prometerlo. Quería ser capaz de decir 'Claro Britts, juremos un para siempre' y acabar con ello. Pero tenían armas y estaban siendo buscadas y habían tantas posibilidades de ser arrestadas como de morir.

"Si que puedes. Otro quizá rompa esa promesa, pero tú no. Y mientras seas tú quien lo promete, lo otro no me importa. Así que prométemelo ahora mismo. Por favor."

Fue la última palabra lo que la convenció. Era más una respiración más que una palabra, pero Santana la escuchó y era incapaz de resistirse.

Brittany siempre había sido la fuerte, aunque no lo pareciera. Pero a tomar por culo eso, y a tomar por culo todo lo demás. Era tiempo de espabilarse y dejar que el amor de su vida dependiera de ella.

"Lo prometo, Britts. Prometo vivir cada día por el resto de nuestras vidas, de manera que nunca tendrás que estar triste por mí. Incluso si me meten en… ¡En Azkaban! Y a ti en algún otro tipo de correccional ficticio, me mantendré viva cada día de mi puta vida porque… Porque no quiero que nunca, nunca, hayas de vivir en un mundo sin mí. De alguna forma, mantendré mi corazón latiendo hasta que vuelva a ti"

Se abalanzó a los labios de la rubia. Esto del romanticismo no estaba tan mal, después de todo. En verdad, inspiraba un poco y todo.

Rachel recordó la primera noche que compartió en la tienda con Quinn Fabray. Por aquel entonces, estaba emocionadísima por el simple hecho de compartir un espacio tan íntimo con quien siempre había querido ser amiga.

Y dormir al lado de algo era la cosa más íntima que alguien podía hacer.

O al menos eso creía.

Ahora se estiraba en su saco de dormir, con la cremallera bajada y en el suelo, con el saco de dormir de Quinn también abierto haciendo la función de sábana.

El sol se acaba de levantar y ese era el momento favorito de Rachel. Todo parecía más suave de lo que parecería dentro de unas horas, y el encanto de un nuevo día le hacía sentirse capaz de todo.

Estirada de costado y de cara a Quinn, mirando a esos ojos color miel su estómago sentía cosas que solo había leído, o soñado.

Quizás eran mariposas, y quizás, venían de la época de los dinosaurios y tenían intenciones carnívoras. Quizás también, estaban volando hacia el sud por el frío porque su cuerpo se había vuelto como esa fuente de champán que su tía había insistido en tener en su absurda y extravagante boda cuando tenía catorce años. Recordó mirar con asombro como un camarero se había subido a un taburete, colocándose al lado de miles de copas pompadour puestas en forma de pirámide y extendiendo delicadamente su brazo para abrir la botella de champán y empezar a verter el contenido de ella.

El vaso que estaba encima de todos se había llenado y el líquido que salía de él se repartía en los otros vasos, que repetían el mismo procedimiento. Otro camarero impecable le pasó la segunda botella, y la efervescente cascada seguía y seguía hasta que todas las copas estaban llenas.

Era precioso y la dejó impactada. Se prometió que tendría lo mismo en su boda. Encontraría a su hombre, que inevitablemente le propondría matrimonio y poco después vería su propia pirámide llenarse, copa a copa.

Excepto que ahora nada de eso pasaría. Pero extrañamente, los ojos de Quinn parecían llenar cada parte de ella, cada copa, sin parar y con algo parecido a…

No lo sabía.

Miró a esos ojos delante suyo y nunca se sintió como ahora. ¿Qué había cambiado?

La mano de Quinn estaba en su cadera y sus cuerpos se rozaban sin llegar a tocarse.

Pero entonces la rubia se movió hacia adelante, intercalando sus piernas con las de Rachel que instintivamente se abrieron para darse paso. Quinn se elevó sobre un codo y la mano que estaba en la cadera de la diva se deslizó hacia su estómago y siguió subiendo lentamente para terminar posándose en su mejilla.

Rachel estaba segura que las mariposas se habían revolucionado contra su abdomen y estaban intentando salir de su cuerpo a través de de su…

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el pulgar de Quinn acarició su labio inferior y ella se inclinó hacia la morena. Esos ojos mágicos se cerraron al mismo tiempo que sus labios se encontraron.

Había besado a unos cuantos chicos en los últimos tres años. De no besar a nadie, había besado a Finn, quien tenía unos labios sorprendentemente suaves; A Puck, quien de alguna manera rozaba la línea entre dulce y basto y le enseñó qué hacer son su lengua; A Jesse, quien era apasionado pero que sólo besaba para avanzar hacia las siguientes actividades amorosas; A Blaine en esa fatídica noche en la que se emborrachó. Su boca era tierna, como si se pusiera cacao de labios todos los días, y le había gustado. De hecho, no tenía quejas en lo que respectaba besarse con alguien.

Pero Dios, de pronto el nivel había subido.

No estaba segura si era porque Quinn era una chica, o a causa de su revolucionado pasado o simplemente porque era Quinn, pero su boca era… Dios, nunca se cansaría de ella.

Rachel levantó su cabeza, presionando más fuerte sus labios, inclinando la cabeza ligeramente y abriendo sus labios.

La mano de Quinn se deslizó en el pelo de Rachel con sus dedos agarrando ligeramente el cuello de la chica para mantenerla en el lugar.

Rachel dejó descansar a sus manos en la espalda de la rubia, manteniéndola ahí suave pero firmemente.

Antes era divertido, con Finn y Jesse. Le había emocionado sentirse querida, y cuando la cosa empezaba a subir de tono o sus labios estaban resentidos, siempre había parado. Aunque con Finn, ella no era la que siempre paraba, sino él por sus problemas de…

Bueno. De repente entendía a Finn.

Encima de ella y tan cerca como podía, Quinn intentaba quitarle cualquier pensamiento de su cabeza.

Y por primera vez, todo lo que quería ella era solamente, sentir.

"Quizá deberíamos quedarnos aquí otra noche" Quinn lentamente removió la sopa vegetal en la pequeña olla. No se parecía nada a la normal, pero seguía siendo comida.

Santana levantó la cabeza de la bolsa en la que estaba buscando intentando encontrar ropa limpia que pudiera llevar. Una cosa era matar a gente y darse a la fuga y otra darse cuenta que no tenía nada para ponerse que no la hiciera sentirse sucia.

"Sinceramente, Q" Alejó la bolsa de ella con disgusto. "No me importa una mierda"

Quinn alzó su cuchara soplando un poco en ella para luego comprobar la temperatura con su boca.

"Entonces nos quedamos aquí esta noche y nos vamos por la mañana"

Santana levantó las cejas, sentándose con las piernas cruzadas y apoyándose con sus manos.

"Y conducir de día, ¿Eh?"

Sus ojos se encontraron, ninguna de las dos retirando la mirada durante instantes.

Santana estaba ligeramente sorprendida cuando fue Quinn quien la retiró primero.

"Bueno, ¿Por qué no?"

Santana se había levantado esa tarde con pesadillas, todas ellas involucrando a Brittany. En algunas, estaban escapándose de personas o monstruos que no dejaban de perseguirlas, pero por mucho que intentase mover sus piernas, era como si corriese en arenas movedizas. No podían ir a ningún sitio. Y en otras, Brittany simplemente lloraba y cada vez que Santana intentaba consolarla, se encontraba con ojos acusadores y llenos de odio.

"¿Sabes qué, Q? Ya no tengo más respuestas" Levantó su mirada al cielo, mirando las primeras estrellas aparecer mientras el sol se ponía completamente.

Quinn apagó el gas, cogiendo la olla y vertiendo su contenido en cuatro boles de plástico que ciertamente habían tenido mejores épocas. Necesitaban ser lavados correctamente. Bueno, en realidad, todo necesitaban lavarse correctamente: sus cuerpos, su ropa, sus utensilios… El agua embotellada y la pastilla de jabón servían. Pero éstos no eran ni una ducha, ni una lavadora ni una pica llena de agua caliente y jabón.

"Podríamos conducir durante el día y quedarnos en un motel por la noche. Uno con lavadora, quizás" Quinn entregó uno de los boles a Santana, cogiendo una para ella misma y dejando otros dos para cuando Brittany y Rachel volvieran.

Santana tomó una cucharada de sopa, olvidándose de las estrellas hasta que terminase su comida. Asintió lentamente con la sensación en su estómago más pesada que nunca.

"Si, lo podíamos hacer. Lavar la ropa interior sería como un milagro"

Quinn sonrió ligeramente.

"Y una ducha también. Dios, ¿Te lo imaginas? Agua caliente, jabón…"

Las dos suspiraron a medida que las palabras salían de la boca de la rubia.

"Lo notas también, ¿No?" Santana mantuvo sus ojos en la sopa, odiando el sabor de ésta pero sin parar de tomarla, de manera que tenía algo que hacer en los momentos de silencio tan pesados que parecían seguir a lo que fuera que ella o Quinn fueran a decir.

"Sí. Durante un tiempo, lo que pasa es que simplemente lo he ignorado" Quinn soltó una risa agotada, aunque no había nada de humor en esa frase. "Como todo lo otro"

"Se nos… Se nos acaba el tiempo, ¿Verdad?" Santana colocó el bol en el suelo, mirando a Quinn y esperando una respuesta. Ella la sabía, pero quería escucharla de Quinn primero. Le importaba lo que Quinn pensaba, porque aparte de Brittany, ella era su mejor amiga y la quería.

No es que fuera a decirlo nunca, pero hey, ¡al menos se lo admitía a si misma!"

Quinn asintió, incapaz de hablar. Santana creyó por un momento que nunca antes la había visto tan vulnerable.

En ese instante, Brittany y Rachel volvían con el pelo y la piel húmeda, con las botellas de agua vacías. Estaban riendo juntas, y Brittany fue inmediatamente al lado de Santana para besarla en la mejilla.

"¡Hola guapa!"

Santana retiró la mirada a Quinn para sonreírle a la preciosa chica que ahora estaba sentada a su lado.

"Hey, hemos estado pensando en quedarnos aquí otra noche e ir a algún sitio mañana por la noche como un motel, para que nos podamos duchar de verdad"

Brittany parecía confundida pero feliz y se giró para mirar a Quinn.

"¿En serio? Porque tener agua caliente sería tremendo. Lo del agua embotellada no está mal, pero a veces hace que mis pezones estén tan duros que me da la sensación que se van a caer."

Rachel rió por la nariz mientras que Quinn se atragantó con la sopa que se acababa de tragar. La diva le golpeó suavemente en su espalda.

"Después de haber pasado unos buenos veinte minutos a solas con Brittany, debo decir que mi inmunidad a su inocencia está completamente mejorada. Deberíais haber escuchado lo que ha dicho cuando la he informado que no nos íbamos a desnudar completamente y nos echaríamos agua la una a la otra como un acto mutuo de limpieza"

Rachel pestañeó cuando a Quinn casi se le salen los ojos de la cara.

La mandíbula de Santana cayó al suelo porque, joder, estaba eso de la imaginación y esas cosas.

"Aunque tiene sentido. Si Rachel pudiese ver mi cuerpo, sabría donde echar el agua. Y luego yo se la echaría a ella, y seríamos la ducha de la otra" Brittany se encogió de hombros.

"¿Y…?" Santana se aclaró su garganta, ya que de ninguna manera su voz natural era así de aguda. "¿…Lo hicisteis?"

Rachel sonrió maliciosamente, su mano aún en la espalda de Quinn, pasando sus dedos suavemente por la tela de su camiseta. Quinn estaba luchando por mantener la compostura porque esto era agradable. Muy agradable. Ninguno de sus novios había sido así de cariñoso con ella y era un buen cambio. No es que Rachel fuera su novia pero, bueno, se podría decir que podía vivir con este contacto físico toda su existencia. Incluso más.

"¿Te gustaría saberlo?" Dijo Rachel remilgadamente, quitando su mano de Quinn para coger su bol de sopa, entregando uno a Brittany, quien arrugó su nariz ante éste.

"Ojalá todavía tuviéramos esas hamburguesas" Murmuró, entrecerrando los ojos a la sopa. Casi no podía verla ahora que el sol se había ido.

Como si fuera un recordatorio, Santana se levantó y encendió el contacto del coche, aunque no el motor, y encendió las luces.

Todas cerraron los ojos a la luz, para luego darse la vuelta para estar de espaldas a ésta.

"¿Puedo preguntar por qué planeamos ir a un motel?" Rachel comía su sopa lentamente, haciendo lo posible para disfrutar cada cucharada ya que alguien en algún sitio se había tomado las molestias de prepararla. No sólo eso, sino que también no utilizaron ningún producto animal de manera que la gente con consciencia podía comer si sentirse culpables.

Quinn dudó un instante antes de extender su mano y dejarla en la espalda de Rachel, moviendo los dedos de la misma forma que la otra lo había hecho hacía unos instantes. Estaba contenta cuando Rachel se apoyó en el tacto, dándole una ligera sonrisa tímida.

"Bueno, ¿Por qué no?"

Rachel se tragó la sopa. "Perdonadme si lo que voy a decir es dolorosamente obvio para todas menos para mí, pero, creía que habíamos acordado pasar desapercibidas… y bueno, quedarse en un motel no es precisamente hacer eso.

Santana, que se había vuelto a sentar al lado de Brittany y había apoyado su cabeza en el hombro de la otra chica, se encogió de hombros.

"Por muy divertido que haya sido, atracar gasolineras no es lo que se diga pasar desapercibidas. Y disparar a gente, que no ha sido exactamente divertido, es más de lo mismo"

Quinn aumentó la presión de su mano, acariciando la espalda de Rachel con la mano firme.

"Así que si vamos a ser obvias, al menos que estemos cómodas"

Rachel asintió pensativamente, mirando a la rubia con su ceño ligeramente fruncido. "¿Os estáis rindiendo?"

"No, no nos estamos rindiendo. Tan solo… Dios, no lo sé, Rachel. Es solo…" Quería reiterar lo que Santana había dicho, sobre lo de que el tiempo se terminaba, pero algo en los ojos de la morena la detuvieron. "Llevaremos disfraces, ¿Vale? Y tenemos una matrícula diferente así que… Pongámonos cómodas durante una noche. Y disfrutemos de un día entero de sol."

Todos los ojos cayeron sobre Rachel. Estaba de acuerdo con todo lo que habían dicho y una cama y una ducha con agua caliente era tan tentador que probablemente hubiese parado a la primera comisaría tan solo por poder disfrutar de una.

Da igual, estaban dispuestas a disfrazarse otra vez.

Y una pequeña y lasciva voz susurró en su mente que estaría en una habitación de un motel con Quinn Fabray. En una cama. Recién duchada y…

"Vale" Se encogió de hombros intentando disimular el rubor en sus mejillas detrás de su pelo mientras comía más sopa.

Brittany sonrió, tirando el resto del contenido de su bol porque parecía vómito y sabía peor.

Santana sospechó ante el obvio cariño entre Quinn y Rachel, preguntándose cuándo había pasado eso y desde cuándo. Porque estas eran Rachel y Quinn.

Miró como torcían sus cabezas para estar más cerca de la otra, sonriéndose y ruborizándose como…

Joder. Quería reírse, porque, joder. Pero su risa no provenía de ese lugar de burla que normalmente reservaba para la enana y a veces, para Quinn. Vino de otra parte, de alguna parte feliz y… ¿Amable?

Vaya, el poder del amor. Es lo que tiene. Se había convertido en una blanda.

Brittany pasó un brazo por sus hombros, agachándose para besarla en la frente.

Bueno, daba igual. El poder del amor molaba.

La noche resultó ser agradable. El cielo estaba claro y las estrellas abundaban.

Santana apagó las luces del coche una vez terminaron de comer, mientras que Brittany y Rachel cogían un saco de dormir y lo ponían en el suelo.

Todavía tenían comida y golosinas de, lo que ahora les gustaba llamar, la Experiencia Fresi. También había alcohol, pero ninguna de ellas tenía ganas de beber. Abrieron una bolsa de maíz tostado, caramelos de gelatina y Rachel se quedó con un paquete de Oreos para unirse a la juerga del azúcar.

Vale que esto no estaba pasando en su salón de estar mientras veían una comedia romántica, comentaban sobre los actores guapos y jugaban a verdad o reto, pero seguía siendo lo más parecido a una fiesta de pijamas que nunca tuvo, y le encantaba. Quería a estas cuatro chicas, con las que una vez soñó ser amiga.

Incluso a Santana.

"¡Hey, Berry! ¿Tienes más historias de estrellas escondidas en esa cabecita?"

Rachel saboreó el momento de sentir el frío aire de la noche en su piel y tener la cabeza de Quinn en su hombro, mientras contemplaba la pregunta de Santana.

"Podría señalarte el cinturón de Orión, pero no te podría contar el significado de él. Soy más de historias románticas que de constelaciones"

Hubo un momento de silencio en el que todas mantenían su vista en el cielo antes de que Santana tosiera levemente, mostrando indiferencia.

"Puedo aguantar lo romántico"

Rachel pestañeó cuando el brazo de Quinn que se encontraba en su cintura la agarró más fuerte.

Su corazón podría haberse roto ahí mismo. A la mierda el miedo a la ley y el horror de matar a gente, nada de eso importaba ahora. O quizá, este momento era el que más importaba.

Después de todo, fue ella quien dijo que todo importa.

"Bueno, a ver…" Su primer instinto, por supuesto, fue recitar cualquier musical con los que había crecido mirando. ¿Mi bella dama? No, el final era demasiado ambicioso. ¿Ha nacido una estrella? Oh, Dios, su corazón se encogió al pensar en ello. Demasiado tragico. Probablemente rompería a llorar antes de presentar a los personajes, aunque Barbra Streisand era impecable.

"¿Y bien, Berry? ¿Nos cuentas la historia o qué?"

"Estoy pensando una, Santana, y pido que seas paciente mientras lo hago"

Brittany rozó el brazo de Santana con sus uñas de manera reconfortante mientras la chica suspiraba impacientemente.

"Yo me sé una" Dijo esperando que las otras quisieran escucharla.

"Vale, Britts. Cuenta tu historia mientras Berry espera a que nos salgan canas para pensarse la suya"

Rachel puso sus ojos en blanco, aunque no se tomo mal el comentario de Santana.

"Si Brittany, me encantaría escuchar tu historia"

Quinn se rió en el hombro de Rachel.

"Si, B, a mi también"

Brittany respiró hondo y empezó a hablar.

"Había una vez en Paris, una gata llamada Duchess que tenía tres hijos. Vivía con su amiga, una cantante de ópera, llamada Madame Adelaide Bonfamille, que estaba muy vieja y tuvo que escribir su testamento. Decidió dejar toda su fortuna a sus gatos, que cabreó totalmente a este tipo llamado Edgar, su mayordomo, porque la única manera de quedarse con todo el dinero era cuando Duchess y sus hijos hubiesen muerto…"

Santana cerró los ojos, descansando la cabeza en el pecho de Brittany y escuchando el latir de su corazón una vez más. Su cuerpo era cálido y el detalle con el que Brittany contaba la historia la mantenía despierta.

Rachel recuerda haber visto Los Aristogatos cuando era más pequeña, era una de las principales razones por las cuales quería un gato, y simplemente se deleitó en escuchar a Brittany entonar la canción 'Todo El Mundo Quiere Un Gato'. La chica recordaba cada letra y, aunque al principio le costaba recordarla, Rachel se encontró a si misma cantando junto a la rubia el estribillo final.

Quinn quería reír, toser y renunciar a la razón completamente. Aquí estaba, abrazándose a Rachel Berry, quien estaba cantando un extraño dueto con Brittany Pierce sobre tener un gato. No solo eso, sino que también estaban en medio de un bosque, buscadas por asesinato y estaba bastante segura que su futuro era, como mínimo, nefasto.

Y aún así, no lo cambiaría por nada. Ni por la libertad, ni por no haber matado a sus padres, ni siquiera por todas las coronas de Reina del Baile del mundo.

Se acabó la oscuridad, se acabo el esconderse, y sobre todo, se acabó tener miedo. Esto era felicidad, tenía que serlo; y nunca se sintió tan ligera.

O libre.

No duraría. Se les acababa el tiempo. Pero de repente, no le importaba.

Nada ni nadie se llevaría este momento, ahí mismo, rodeada por las únicas personas a las que les podía decir, sin dudar, que las quería.

Quinn condujo hacia Colorado la siguiente mañana, después de una desesperada búsqueda por parte de las cuatro para encontrar suficientes pares de gafas para que pudieran lidiar con el sol de la mañana.

La luz del sol no era la única cosa chocante que les recordaba la vida que habían dejado atrás. Habían más coches en la autopista ahora. Brittany contó cuatro coches antes de salir de Utah.

Era raro notar que cuatro era un número grande.

Brittany había tomado el control de la radio una vez más, escogiendo el segundo CD de su colección y cantando tan fuerte como podía. Durante la noche sólo los escuchaba a medio volumen, ya que parecía no ser correcto hacerlo en la oscuridad.

Pero ahora, con el sol brillando y todo el mundo sonriendo, no había nada mejor que escuchar únicamente su múscia.

Santana se sentó detrás de ella, riendo y cantando también. Porque a ver, nunca había estado tan estresada en su vida como en el último mes. Había habido momentos de indulto, especialmente los momentos de sexo con Brittany, pero por primera vez durante mucho tiempo, con la música petando los altavoces y el paisaje volando a su lado, sintió libertad.

Rachel miró a Brittany y a Santana reír y cantar, robando miradas a la sonrisa de Quinn mediante el espejo retrovisor mientras ella descansaba su cabeza en la ventana. Quizá algún día, se preguntaría por qué se sentía tan feliz entre tanto horror. Quizá también se preguntaría por qué se había involucrado desde un principio.

Pero eso sería luego. De momento, intentaba memorizar toda esta sensación. Intentaba hacer un video mental de las chicas que la rodeaban. De la boca de Quinn, que se moría por besar; De Santana feliz, y permitiendo que la felicidad entrara en ella; Y de Brittany, bailando en su asiento, mientras el sol brillaba encima de ellas.

Esperó que, a pesar del terrible futuro que les aguardaba, podría apretar el play en su mente y quedarse con este instante por el resto de su vida.

Santana condujo después de comer, ya que Brittany bailaba demasiada llena de entusiasmo para conducir el coche al mismo tiempo y Rachel dijo que quería hacerse una siesta. Aunque realmente, tan sólo quería sentarse al lado de Quinn.

Quinn se estiraba, metiéndose en el asiento trasero con una pequeña sonrisa dedicada a la morena. Acababa de pasar cinco horas robando miradas a la boca de la chica a través del espejo, y ahora tenía toda la intención de estar tan cerca de ella como pudiese.

Pasaron la noche anterior contándose historias hasta bien entrada la medianoche y se habían conformado con un simple pico en los labios como buenas noches.

Ahora, con Santana y Brittany delante, dudó un poco porque…

Bueno, su cerebro había tomado control de sus sentimientos otra vez.

Rachel se deslizó a través del asiento para poner su cabeza en el hombro de Quinn, abrazándola por la cintura y suspirando contentamente. Después de todo, si era verdad que tenía un poco de sueño y cuando Quinn, pasó su brazo por su hombro, encontró que de repente estaba somnolienta a causa de la comodidad.

Santana atrapó los ojos de Quinn en el espejo retrovisor y levantó una ceja.

La rubia dudó durante unos instantes, antes de levantar la cara de Rachel por la barbilla y dejando un suave beso en su boca.

Era la única cosa que había encontrado que podía callar a su cerebro.

Volvió a encontrarse con la mirada de Santana, y esta vez, fue ella quien levantó la ceja en retorno.

Pero la conductora tan solo le guiñó un ojo, rió, y volvió sus ojos a la carretera y a la bailarina de su lado.

Quinn respiró hondo. Se sentía bien.

Muy bien.

Así que volvió a mirar a Rachel y la besó otra vez.