Hola, hola, hola...
¿Qué tal amigos? De nuevo les traigo un capitulo más de esta historia.
Agradecido como siempre de ustedes y sus poderosos reviews que me sirven de inspiración y me animan a escribir. Y tambien agradecimientos especiales a elmago02, Guest y Dope17 por darme una maravillosa idea para incluir en el fic.
Agradeciendo también a Arokham y a RCurrent por permitirme usar a un OC de cada uno. Aquí es donde se presentan estos dos, ademas de un OC propio, el cual, si han tenido la oportunidad de seguirme desde mi primer historia, reconocerán (nota mental: no más pistas).
Ahora, sin más que agregar, ¡disfrutenlo!
Hermanas, parte dos.
¿Cómo tomar eso? Con 16 años y todo lo que sufrió para estar en eso momento, ante ella, y con esa noticia. No, ni siquiera con toda su madurez pudo evitar sentir algo así, un dolor tan grande como aquel que sintió al momento de quedar fuera del clan, por ella, precisamente. ¿Pero que era? ¿Impotencia, coraje? No, era miedo. Miedo de no poder perdonarla, de no poder volver a verla, de no poder pasar esos momentos tan felices que pasaron hace apenas unos minutos. Miedo que se maximizo cuando apenas unos instantes atrás, después de conocer lo bien que le iba a su familia, decidió soltar eso tan propio de un chico de su edad, de un chico tonto.
- Vaya, parece que, después de todo, si les daba mala suerte, ja, ja, ja.
¿Su reacción? Entendible, pero tal vez no la mejor en ese momento, o al menos, no frente a la pequeña. Ese miedo, canalizado de esa forma, no llevaría a nada bueno, a no ser que él se propusiera lo contrario. Pero de alguna u otra forma, tenía que salir.
- ¡¿En que rayos estabas pensando?! -Lincoln estaba claramente molesto-.
Él no sabe cuántas veces escuchó exactamente esas mismas palabras.
- Lincoln, por favor…
- ¡Lynn, por el amor de Dios! -El chico no cedía, no encontraba como-.
- Hermano, por favor, entiende, que fue un dolor muy grande…
- ¡Un dolor que quisiste calmar de la manera más cobarde! -En miedo del chico se comenzaba a manifestar, en forma de lágrimas-.
Lágrimas, gritos, una respiración completamente alterada, todo lo que necesitaba para desahogar esa sensación que dejo aquella noticia, esa revelación. El peliblanco solo pensaba en que a punto estuvo de no volver a ver a su hermana, ni a ninguna de ellas si alguno de esos intentos hubiera terminado con éxito. Pasaba sus manos por su cara mientras caminaba de un lado a otro tratando de digerir esa noticia, de entender que rayos pasó. Y así actuó durante algunos segundos, mientras Lynn y Lili se mantenían al margen, temerosas por la reacción de su hermano.
Pasados esos segundos, Lincoln por fin pudo encontrar algo de calma en su mente. Se quedo observando hacia el horizonte, perdiendo sus pensamientos en los dos tonos azulados que este le ofrecía, logrando calmar aún más su alma alterada, su corazón, ese que se rompía con la sola idea de que, si algún día fuese a volver a ver a su hermana, pudo llegar a ser en un cementerio. Agradeció tanto que no fuera así.
Cuando pudieron notar al albino más tranquilo, la mayor se dispuso a acercarse lentamente a él. Daba cada paso con miedo, miedo de lo que pudiera hacer o decir, pero ya hallada a su lado, viendo su rostro de perfil y notando claramente algunas lágrimas aun corriendo por sus mejillas, no pudo decir nada, solo bajo la mirada. Ese lapso de silencio dio pie al peliblanco de hablar.
- ¿Por qué? -Dijo apenas audible- ¿Por qué, hermana? -Repitió con el mismo tono y la misma expresión que reflejaba decepción-.
- Por tonta -respondió al cabo de dos o tres segundos, con la voz quebrada-, por egoísta, por querer ser siempre el centro de atención de la familia o de mis amigos.
- Eso ya lo sé -volvía Lincoln a hablar-. Lo que quiero saber es que te orillo a intentarlo. ¿De verdad fue tanto dolor que solo podía desaparecer con la muerte?
Si, si lo era, pero no se lo diría, no lo entendería.
- Quiero saber, si acaso tu pensabas en ellas, cada vez que lo intentabas, porque no creo que fuera así -hablaba sin que la neutralidad abandonara su voz-. Yo creo que…
- Qué solo pensé en mí, ¿cierto? -Interrumpió, con la voz más clara y más calmada ella también-. Si, tienes razón -continuaba mientras en su rostro se dibujaba una expresión de vergüenza-, pensaba en mí, en como aliviar el dolor de haberte perdido, y, además, en como quitarme de encima todo lo que me dijeron Luna, Luan y Lola.
- ¿Fueron malas?
- Un poco más que malas, pero solo un par de semanas.
- Trio de tontas -dijo mientras se permitió crear una pequeña sonrisa, finalizando con un suspiro-.
Lynn dejo escapar una risa, muy ligera, pero muy aliviadora.
El tiempo había seguido su marcha, solo ellos se habían adentrado en ese momento, ese momento tan lleno de felicidad y otras emociones a las que habían decidido ya no darles importancia alguna. Dejaron que el silencio fuera solo interrumpido por los ruidos de la madre Gaia, tan calmos, tranquilizantes, inundando paz en ese lugar. Fueron momentos después que Lynn volvió a hablar, esta vez para darle al peliblanco algo que había escrito para él desde hace tantos años, y que después de que lo intento cuatro veces, decidió llevarla consigo para recordarle lo cobarde que es y que hacerlo no lo traería de vuelta.
Llamo su atención y saco de uno de sus bolsillos un trozo de papel. Se veía oxidado, con unas manchas de tinta que por la acción del tiempo habían traspasado la hoja. Temerosamente se la dio a su hermano, quien no dudo en tomarla y comenzar a leer lo que estaba escrito en ella. Su expresión, conforme avanzaba, comenzaba a mostrar molestia, pero no se detuvo hasta terminar de leer hasta la última palabra, y cuando al fin termino, volteo a ver a Lynn, la cual se había alejado un poco para estar junto a Lili, quien la sujetaba fuertemente de la mano, expresando algo de alegría después de ver a su hermano mayor más relajado después de la noticia. Se quedo pensativo en cómo debía reaccionar, y no lo medito mucho, pues en cuanto vio a Lili esbozar una gran sonrisa inocente, decidió romper esa carta, y arrojar los trozos de papel al aire, para que esas palabras que no habían visto más que ella y él, se esfumaran con el viento.
Volteo de nuevo a ver a sus hermanas. Esta vez, con una gran sonrisa en su rostro, dando a saber que su molestia también se marchó con la briza marina. Se acercó a ambas, y poso sus manos sobre la cabeza de cada una de estas, solo atinando a decir una cosa:
- El destino nos depara planes y sorpresas, y este era el plan para nosotros.
Terminó de decir y abrazó nuevamente a las dos chicas. El amargo sabor de hace unos instantes había desaparecido, y era remplazado por la cálida sensación que trae consigo un momento de felicidad como ese abrazo. Mismo que tuvo que ser interrumpido por el cuestionamiento de la más chica, un cuestionamiento que no se dieron a la tarea de darse, hasta ese momento.
- Hermanito, ¿qué haces en Francia?
Lincoln bufó una risa antes de responder.
- Pues verás, voy a participar en un torneo… un momento -se mostró exaltado-. ¿Qué hora es? -Preguntó algo desesperado-. ¡Oh, rayos…!
Pues si, increíblemente, desde que se volvían a ver después de años, el reloj había recorrido casi una hora, marcando las 8:22 a.m.
- ¿Pasa algo malo? -Preguntó Lynn un poco preocupada-.
- No… no es nada -dijo con inquietud, pero tratando de mantener la calma-. Solo debo volver a mi hotel en 8 minutos o tendré problemas -relajó su postura un poco más para continuar hablando-. Chicas, debo irme -sonrió-. Me alegra tanto haberlas visto otra vez.
El chico procedía a alejarse, ante la expectante mirada de melancolía de ambas.
- ¡Espera! -Gritó Lynn-. ¿Podemos… podremos volver a verte?
El chico desvió un poco la vista. Quería hacerlo, ver nuevamente a las dos y hablar con ellas, pasar más momentos como los que acababan de suceder. Sin embargo, el tiempo y el destino se encargó de darle al joven peliblanco un gran futuro, un futuro prometedor, pero que tristemente, requería de mucho tiempo. Pero pensó una y otra vez hasta que pudo dar con una respuesta, claro, secundada con un plan.
- Si… y puede ser hoy mismo -ante la respuesta del de los blancos mechones, los rostros de las dos se iluminaron-. Solo díganme donde se hospedan.
- Oh, si. Veamos -apresuradamente Lynn trató de recordar el nombre del hotel, pero no hizo falta-… es… es aquel -apuntó a un edificio que se encontraba bastante cerca de ahí, cruzando la carretera y cuesta arriba, aproximadamente a un kilómetro de distancia-.
- Por supuesto que sí.
Pensó, y casi gruño el chico cuando se dio cuenta la considerable poca distancia que había entre el hotel donde se hospedaban los Loud y su hotel de concentración. Debió darle fluidez a la situación, pues el tiempo presionaba al joven portero de 16 años.
- Chicas, escuchen -comenzó a decir seriamente-, por la tarde, entrenaremos en la playa, a unos cuantos kilómetros hacia allá -apunto hacia donde podían ver el sol salir-. Más lejos, hay un par de enormes rocas, ahí podremos vernos como a las 6:30, ¿de acuerdo, chicas?
Ambas asintieron en señal de haber comprendido por completo el plan (casi, pues faltaba una parte), y cuando Lincoln se disponía nuevamente a partir de ahí, una nueva palabra lo hizo volver a detener su andar.
- Gracias, Lincoln -dijo Lynn felizmente, a lo que el muchacho solo sonrió-. No puedo esperar a que todas las chicas te vean al fin de nuevo.
Eso ultimo hizo que el peliblanco borrará su alegría.
- ¡¿Qué?! ¡No! -Respondió exaltado-.
- ¿De que estas hablando, hermano? -agregó ella, también borrando un poco la felicidad de su rostro-.
- Por favor Lynn, recuerda que no… me siento listo para ver a todas de nuevo, y menos aún si se encuentran todas juntas -dijo seriamente, pero tranquilo a la vez-. Escucha, mejor, hablemos de eso cuando nos volvamos a ver, ¿sí?, y también, quizás… quizás podamos jugar un poco.
- De… de acuerdo -respondió Lynn sin estar del todo convencida-.
- Lynn -se dirigió a ella con un poco más de severidad-, por favor, prométeme que solo serán tú y Lili, ¿sí?
- Sí hermano, te lo prometo -dijo con mucha seguridad-.
- ¡Yo también! -Agregó Lili alegremente-.
- Gracias chicas, adiós.
Con ese alegato final, por fin Lincoln se alejaba del todo de ahí, corriendo de una manera impresionante, mientras ambas veían como sus blancos cabellos volaban son la ayuda de la briza que se generaba mientras él corría, y también del viento de la costa. Para cuando perdieron de vista a este, en su alma comenzaba a aparecer una felicidad enorme, tan grande como la luna y tan cálida como el sol. Finalmente, habían recuperado a la persona que habían perdido, y mejor aún, se alegró de verlas.
Ambas se miraron mutuamente con felicidad en sus rostros, y sonriéndose mutuamente, Lynn dijo algo a su hermanita.
- He ahí tu hermano mayor, Lili. ¿Qué piensas?
Importándole un maní su edad, respondió con suma madurez, felicidad y una pizca de vergüenza.
- Que debo perdonar a mis hermanas.
- Vamos hermanita, hay que volver, y ver cómo explicar todo esto.
- Recuerda que conociste a un chico francés, ja, ja, ja.
Lynn bufó una risa -Tontita-.
Mamá, papá y hermanas, lamento haber causado todo esto, de verdad lo lamento, lamento haber arruinado sus vidas, espero que un día puedan perdonarme, aunque yo ya no este con ustedes.
Le di la espalda y tontamente los guie a mi lado, aprovechándome de su ingenuidad, y por eso merezco todo lo que Luna, Luan y Lola me han hecho pasar, y ojalá me hubieran hecho sufrir más, hacerme sentir el dolor que ustedes están sintiendo.
A donde vaya, no se preocupen, recibiré mi castigo, uno aún más justo y severo para pagar el crimen que les obligue a cometer.
Sin más, me despido, reiterando que lamento tanto, lamento haber causado esto.
-o-
Lincoln, hermanito, por favor, perdóname.
Probablemente, cuando y si es que llegas a leer esto, yo ya no estaré con vida.
Pero, está bien, es un justo precio por pagar por arruinar la tuya, y la de nuestra familia.
Espero, que, ante todo, estés bien, estés mejor que lo que estuviste conmigo, que seas feliz.
También, espero no tener que decirte esto yo misma muy pronto, aunque tal vez, no vayamos a parar al mismo destino.
Me arrepiento tanto de haber sido tan tonta, tan cruel, tan patética.
Si algún día me dan la oportunidad de volverte a ver, aceptaré todo el castigo que tu pidas hacia mí, pues lo merezco. No importa cuanto tenga que esperar en ese limbo del que todos hablan, esperaré lo que sea, con tal de que puedas desahogar todo tu dolor con quien de verdad lo merece.
Adiós, a todos.
- ¿Qué número de habitación te dijo?
- Me dijo que era la número 601. Veamos, 605, 603, oh, llegamos.
- Estoy impaciente.
- También yo, Howie. Vamos, toca la puerta -agregó emocionado-.
La impaciencia se leía en los rostros de aquellos dos hombres, y pues, como no estarlo. Hay padres que no toleran dejar de ver a sus hijos ni siquiera por un fin de semana de campamento con los exploradores, por ejemplo, y ellos tampoco eran de los que dejan que los hijos desaparezcan por varios días sin saber de ellos. Es por eso que lo planearon, Howard y Harold McBride, padres adoptivos de Clyde y de Lincoln, habían decidido unos cuantos días atrás realizar esa visita sorpresa a sus muchachos, de los que estaban más que orgullosos, orgullosos de haber criado desde tan corta edad al lateral derecho que podía llegar a correr como gacela y que defendía los colores de su bandera; y, aunque no tanto tiempo como al joven de tez oscura, al joven peliblanco que defendía la retaguardia de ese equipo, y de cualquiera con el que llegase a jugar.
- ¿Quién? -Escucharon preguntar desde dentro de la habitación-.
Ambos trataron de relajarse un poco, e inclusive intentaron hacer algo para hacer mayor la sorpresa.
- Eh, servicio a la habitación -dijo Howard, apenas conteniendo la emoción-.
Dentro se escuchó como dos jóvenes discutían algo.
- Hey, Linc, ¿tú ordenaste servicio a la habitación?
- ¿Qué? No
- Parece que esta confundido mi buen amigo -la voz de uno de sus hijos de hacia cada vez más clara y fuerte, señalando que este se acercaba a la puerta, evidenciado también con el sonido de sus pasos-, nosotros no… -abrió la puerta-. ¡No puede ser!
El grito de su hermano provoco que Lincoln saltara de su cama, en la cual se hallaba recostado, y se dirigiera también a la puerta de esa habitación, a averiguar el porqué del exabrupto de su hermano.
- Clyde, ¿qué es lo que…? ¡Papás!
El peliblanco también se sorprendió y alegró tanto de ver a aquellos que le abrieron las puertas de su hogar cuando se sintió traicionado. Definitivamente, para él, estaba ante el mejor día de su joven vida. Un día que comenzó cuando después de cinco años reencontraba a dos de sus hermanas, ahora era casi enmarcado por completo por recibir la visita sorpresa de sus padres.
Los abrazos no se hicieron esperar. Lincoln lo hizo primero con Harold y Clyde abrazó a Howard, y momentos después lo hicieron con la persona siguiente.
Ambos chicos invitaron a sus padres a pasar a la habitación, ayudándolos con un par de paquetes que los acompañaban. Los chicos se preguntaron el porqué de la inesperada pero alegre visita. De antemano, los dos muchachos sabían que recibirían la visita de sus padres, pero esta no sería sino hasta la siguiente semana, un par de días antes del inicio de la competencia de los chicos, por lo que ambos sentían curiosidad.
Los dos padres explicaron la situación y porque su visita se había recorrido una semana. El asunto estaba en que Howard tuvo que hacer un viaje a París por causas laborales, a esto se le sumaron diversos factores, como la concordancia de algunos días de vacaciones para Harold, lo que motivo a los McBride a recorrer un poco, y de paso prolongar algunos días la visita ya programada.
Ambos chicos se sentían alegres, puesto que sus padres tendrían la oportunidad de ver a los chicos debutar en el torneo, ambos como titulares de ese seleccionado. Y las cosas se hacían cada vez mejores. Los paquetes que traían consigo sus dos padres, eran obsequios para sus muchachos. Clyde recibía un par de botines nuevos, mientras que, para Lincoln, un par de guantes lo ayudarían a proteger la retaguardia con riesgo y valentía.
Así pasaría un pequeño lapso, hasta que los padres tendrían que dejar solos a los jóvenes futbolistas, pues se acercaba la hora del segundo entrenamiento y no querían que su presencia alterara la rutina de ambos.
Los cuatro se despidieron, no sin que antes, Clyde cuestionara a sus padres acerca de su hospedaje.
- Oh, no te preocupes hijo, ya lo tenemos cubierto.
- Así es. Nos hospedaremos en un hotel llamado Le Rhul, que se encuentra bástate cerca de aquí…
Al oír eso, Lincoln no pudo evitar sentir un pequeño temor.
- … a unos cuantos kilómetros, cuesta arriba -termino de decir Harold alegremente-.
- ¡Eso es genial! ¿No crees, hermano?
- Si… genial -respondió con una risa nerviosa, mientras en su mente los pensamientos de que podría ser el mismo hotel en el que se encontraban los Loud se hacían cada vez más fuertes-.
Todos notaron la actitud del peliblanco, pero no le dieron mucha importancia, por lo que procedieron a despedirse nuevamente y subsecuentemente, a marcharse.
Ese día en particular no había comenzado de la mejor manera para todos. Sin embargo, en dos miembros de esa familia, la tristeza había abandonado por completo sus almas, irradiando no solo felicidad a su alrededor, también se podía sentir otra emoción, algo que provocaba un gran calor que parecía provenir desde su corazón. En Lynn y Lili, la esperanza se hacía presente, y así mismo, provocaba que esta renaciera cuando horas atrás vieron a las dos volver, tomadas de la mano, justo como no las veían desde hace semanas atrás.
Admiradas, intrigadas, pero, sobre todo, sorprendidas. Sorprendidas de ver como la más pequeña de todas volvía a formar en su angelical rostro una sonrisa hacia su hermana mayor. Pensaban en que o como rayos Lynn había logrado hacer que su pequeña hermana recobrara su felicidad.
¿Soborno, chantaje? No, era imposible, pues ya lo habían intentado, lo hicieron durante días, y simplemente la niña no mostraba empatía hacia su familia. No podía.
Ahora, después de algunos días lejos de casa, parecía que toda esa molestia hubiera sido extraída del alma de Lili, provocando en ellas un alivio tan grande que solo sería superado por un momento en específico, un momento que todas desearon que pasara desde aquella noche, hace cinco años. Mismo alivio que se encargó de que en todo el día, nadie le diera importancia a lo que había provocado que menor regresara a ser la niña tierna y dulce que vieron crecer junto a ellas, y que había decidido, no solo volver a hablar con ellas, sino que quiso pasar todo el día con todas y cada una de ellas, y con sus padres.
A medida que el ocaso se acercaba, también llegaba el final de ese día, un día que terminaba en una playa, con tres de las menores jugando en la arena, alzando castillos, torres, murallas y contrafuertes. Esas tres pequeñas habían hecho una obra de arte en ese lugar, obra que al final, fue derribada por una pequeña ola provocando molestia en una, tristeza en otra, pero en la tercera, en la más chica de las tres, optimismo, pues podrían volver a empezar, haciendo algo aún mejor y más grande, si tan solo la luz del sol no empezara a matizar esos colores tan clásicos de un bello y rojizo atardecer.
La demolición de su edificación de arena y el optimismo de Lili provoco que una de las otras niñas, la cual era conocida por ser la más… chismosa, al ver a su hermana mayor solo sentada al borde de la playa, recordara la conversación telefónica de esa mañana y se planteara ir a cuestionar a su hermana mayor sobre ese "asunto".
No le costó mucho trabajo convencer a su gemela para ser parte del interrogatorio que planeaba para Lynn. Así que mientras toda la familia se preparaba para la retirada, las dos audaces niñas de 11 años se acercaron a su hermana mayor, con la firme intención de sacarle toda la información que se pueda.
- Hola Lynn -dijeron ambas alegremente-.
- Hola chicas -respondió la ex-deportista, sin perder la vista del horizonte ni borrar esa expresión de calma y tenue felicidad que sostenía-, ¿qué pasa?
- Lynn -comenzó Lola-, sabes, todas tenemos algo de curiosidad por "eso".
- Si, sabes, nos gustaría que nos platicaras un poco…
- ¿Sí? -preguntaron ambas, colocando en sus rostros sonrisas suplicantes, expresiones que Lynn no pudo evitar notar-.
- Par de entrometidas -dijo con un tono tan dulce, cerrando sus ojos y mostrando una gran sonrisa que ninguna de las dos se dio oportunidad de molestarse, en cambio, insistieron-.
- Anda Lynn.
- Vamos, dinos al menos como es.
Se lo planteo, pero sus hermanas no eran ningunas tontas, se darían cuenta, y más si llegaba a mencionar ese detalle, el más importante. Quien sabe que podría pasar si por equivocación nombraba ese blanco y largo cabello, por lo que decidió callar, aferrándose a esa promesa que hizo más temprano, con Lili de testigo.
- Nop -les volvió a responder con el mismo tono de voz-.
Ambas chicas lanzaron suspiros de súplica. Aun no se darían por vencidas, por lo que insistentemente, mientras se reunían con la familia, no dejaron de tratar de persuadir a su hermana mayor. Persuasión que llego a su fin… no, que fue interrumpida por la "Arquitecta" con la que jugaban en la arena hace un par de minutos.
- Lynn -llamó su atención jalando de su jersey-, hermanita, ya casi es… bueno, eso.
-Si, Lili, gracias.
Las gemelas no evitaron mostrar su molestia por lo que sabía su hermana menor y no ellas. Pero después de las reiteradas negativas recibidas por parte de Lynn, ninguna de las dos quiso seguir insistiendo, alejándose molestas de ella.
- Lo lamento, chicas -susurró-. Se lo prometí. Pero ya pronto lo verán, también se los prometo.
Cuando todo estuvo listo para que la familia abandonara la playa, Lynn dio aviso a sus padres de que se ausentaría el resto de la tarde, llevando con ella a Lili, cosa que intrigo a ambos, pero sin tener argumento válido para negarle el favor, ambos asintieron, solo indicando que regresaran a con la familia antes del anochecer, suficiente tiempo, pensó, para poder convivir ambas con el joven arquero de cabello blanco.
- Solo quiero jugar, y jugar -cantaba un chico, un adolescente, mientras este salía del baño de su habitación de hotel, pasando una toalla por su cara-, y jugar, y jugar… ¡Ah!, ¡Por el amor de Dios, mujer! ¡Tanto te costó esperar a que saliera de la ducha! -Exclamó con algo de molestia-.
- Yo también me alegro de verte, tonto -dijo la chica, con un tono de burla-. Y mucho más viendo que traes puestos los pantalones, flacucho.
- Ja, ja, muy gracioso -agregó sarcásticamente-. Y bien, ¿qué haces aquí? Lincoln me dijo que llegarías hasta mañana, o en un par de días.
- Los idiotas de la aerolínea cometieron un error, e hice todo un drama para que nos ayudaran a mi hermano y a mí. Supongo que lo hice tan bien para que se deshicieran de nosotros tan pronto -rio levemente al terminar de decir eso-.
- Digno de ti -volvió a agregar el moreno, esta vez más relajado-.
- Oye, y hablando de Lincoln, ¿dónde está?
- Dijo que iría a patear un poco en contra de la marea, que así fortalecería su potencia de piernas -agregaba mientras tomaba un polo para cubrir su torso-. Debiste verlo hoy, la noticia de que llegarías hoy debió animarlo mucho. Estuvo impresionante en los entrenamientos.
- Ah, Clyde…
- ¿Sí?
- Lincoln no sabía que llegaría hoy -menciono ella algo pensativa-.
- ¿A que te refieres? -cuestiono algo sorprendido-.
- Esto iba a ser una sorpresa.
Ambos quedaron en silencio un breve lapso, pensativos en el motivo que habría animado tanto al peliblanco. Lo primero que les vino a la mente a ambos fue que una razón podría haber sido la también sorpresa de recibir a sus padres, sin embargo, esto cayo con el argumento de que Lincoln se encontraba actuando de ese modo desde la mañana de ese día, habiendo recibido la visita de sus padres horas después.
- Bueno, quizá solo despertó con energía -agrego finalmente ella, despreocupada-.
- Tal vez tengas razón. ¿quieres ir a buscarlo o prefieres esperarlo?
- Ah, vamos por ese tonto. Lo haré pagar por hacerme esperar -dijo con sarcasmo-.
Ambos chicos salieron de esa habitación, dispuestos a buscar al peliblanco. No se debía encontrar muy lejos del lugar donde realizaron su segundo entrenamiento, así que por ahí empezarían, y mientras recorrían ese pasillo para proceder a salir, entablaron una tenue conversación.
- Y bien, ¿cómo has estado?
- Bien, supongo. En la escuela todos hablaban de ustedes.
- Espero que cosas buenas, ja, ja.
- Tonto. En fin…
- ¡Hey, negro!
Ante la llamada de atención, ambos regresaron la mirada, solo para darse cuenta de que eran seguidos por tres chicos casi de su misma edad. Por sus vestimentas, se podía deducir que eran los compañeros de equipo de Lincoln y Clyde, siendo uno de ellos, su gran amigo, Dudley, de quien provino ese grito. Los otros dos chicos eran Dan, un chico caucásico, de similar o apenas menor altura que Lincoln, con un abundante y alborotada cabellera castaña, y el mediocentro-delantero titular de ese equipo, el encargado de surtir balones al tercer chico que los acompañaba, Michael, igualmente de tez clara, cabello negro, no más alto que los demás, capitán y número 9 letal de ese conjunto.
Los tres chicos se acercaron amistosamente a ambos, saludando primero a Clyde, y después…
- ¿Y quién es esta hermosa dama, Clyde? -Preguntó Dan, tomando la femenina mano y besándola, digno de un caballero-.
- Tranquilo Dan -agrego Michael-. Mejor que sea Lincoln quien te la presente. Y hablando de él, ¿en dónde está tu hermano?
- Pues, precisamente íbamos a buscarlo -respondió Clyde al cuestionamiento del capitán-.
- ¿Podemos acompañarlos? -Dudley pregunto esta vez-.
- Con una condición. Avergüéncenlo frente a mí -dijo socarronamente-.
Los cuatro chicos no daban razón a ese favor.
- Ay, ¿qué? Se ve… lindo cuando se pone así -agrego mientras sus mejillas se sonrojaban-.
- Trato -respondieron los tres al unísono-.
Se acercaba cada vez más la puesta del sol, que matizaba esos hermosos tonos rojos que habían notado antes. Claramente el día estaba a punto de terminar, pero ambas estaban completamente seguras de que el tiempo que compartirían con él sería suficiente, y aun si se llegaban a retrasar de la hora pactada, Lynn no tendría problema en recibir uno o dos regaños por parte de sus padres o hermanas, recibir un par de sermones con tal de que Lili conociera más a su hermano mayor, a su único hermano. Tenía la certeza de que esos momentos que pasarían valdrían por completo la pena.
Conforme avanzaban, se podían distinguir caminando ellas dos por esa blanca playa. La mayor vestía unos pantaloncillos rojos y un jersey deportivo, conjunto que había utilizado casi todo el día, y una combinación que hacía tanto no se apreciaba en ella; mientras que la de seis seguía con su vestido blanco floreado. Literalmente eran las únicas almas ahí, o eso creían.
Cada vez más se acercaban al sitio acordado, un sitio que pudieron ver a lo lejos era justo como el de los blancos les había descrito:
Una formación de grandes rocas que enmarca el fin de la playa, convirtiéndose en poco a poco en un gran acantilado.
- ¿Crees que ya esté aquí, hermanita?
- No te impacientes Lili. Si aún no está aquí, seguro no tardará en llegar, confió en él -respondió Lynn, con suma seguridad-.
- ¿Espero que literalmente estés lista para presentarle a tus demás hermanas? -Se escucho su voz detrás de ellas, tan clara como la salada agua del mar-.
Sintió como una muy intensa corriente eléctrica recorrió su espina dorsal, dejándola paralizada del miedo. Miedo que se manifestó por completo en su rostro al voltear y ver detrás suyo no solo a una, ni a dos, eran todas ellas, las ocho. Todas a las que un par de veces él había calificado de entrometidas, dándole toda la razón en ese instante.
Lili, por su parte, también se veía sorprendida, pero más que nada, temerosa. Temerosa de que podría suceder, ¿acaso ya no podrían ver a su hermano debido a estas pesadas entrometidas?
- ¡¿Qué hacen aquí todas ustedes?! -es lo único que atino a decir Lynn, aun temerosa y alterada, sabiendo que, en ese momento, su promesa se había fracturado, pero no por su culpa-.
- Vamos hermana, ¿acaso no podemos presenciar la felicidad de una de nosotras?
- ¡¿De que rayos estás hablando, Luna?! -Se escuchaba más desesperada, completamente nerviosa de que pasaría si llegará y las viera a todas juntas-.
Ciertamente no había entendido el porqué, pero no estaba en posición de negarle ese favor a su hermano, el único en cinco largos años.
- Escuchen, deben irse, ¡ya! -Grito temblorosa, pareciendo que emitía un castigo a todas ellas-.
Pudieron notar la desesperación de Lynn y la inquietud de la menor. Obviamente algo no quieran que supieran, pero, a esas alturas, ya lo habían descifrado, según ellas, por lo que no se perturbaron ante la reacción de una de sus hermanas de en medio. Solo esperando a que el potencial novio hiciera acto de presencia.
- Lynn, ¿son ustedes?
El miedo de la chica se transformó en desesperación total al escuchar esa voz proveniente de detrás de esa formación rocosa que estaba tan cerca de ellas. Las demás chicas pudieron notar un tono familiar en esa voz, pero no podían identificarlo. ¿Cómo era posible que la voz de un desconocido las hiciera sentir tan bien?
En medio de la incertidumbre generada, un gruñido que demarcaba esfuerzo fue soltado al aire, y milésimas de segundos después, todas observaron como un objeto redondo salía disparado hacia el mar con una increíble fuerza, como si se tratase de un disparo de cañón, pero la mayoría de ellas pudieron notar que se trataba de un balón, un balón de fútbol.
Después del tiro a las olas, lentamente, de detrás de esas rocas, vieron salir a un joven, que, al verlo, todas quedaron petrificadas. Estaba idéntico a como lo vieron ese día en televisión. El corazón de cada una de ellas aceleró su ritmo, pero ninguna de ellas pudo soltar palabra alguna, no al menos palabras completas. Algunas de ellas no pasaron de la primer silaba, tratando de articular su nombre completo. En sus rostros se podía leer felicidad, tristeza y melancolía, todo lo contrario, a lo que sintió Lincoln, quien después de hacerse presente, borro de su rostro la expresión de felicidad que sostenía, siendo remplazada por una de ligera molestia, ligereza que no se vio reflejada en sus palabras.
- Debe ser una maldita broma.
Bueno gente, hasta aquí llegó esta parte. Ahora si que como dice el meme: "Se viene lo shido".
Los veo al siguiente capítulo. Ahora me voy a leer y dormir, en ese orden. Chao...
