Los personajes de Yu Yu Hakusho no me pertenecen y aquí se relatan datos que no son históricos ni mucho menos, solo un simple mundo imaginario XD

Las Arenas del Tiempo

Capitulo 7

Un beso, una caricia,

y un pensamiento

Fuerte Fronterizo

Mukuro se sentó a planear una emboscada contra el puesto norte del que Kuronue se apropio en anteriores batallas, y actualmente no se encontraban muy lejos de él, y a pesar de las bajas, con la ayuda de las tropas de Genkai intentarían recuperar ese terreno perdido.

-Atacaremos mañana en la noche, las emboscadas son más efectivas si se realizan antes del amanecer – Mukuro señala la posición del puesto norte en un mapa del reino que traía consigo –

- No me parece – Genkai se cruza de brazos –

- ¿Por qué no?

- Porque aun tus soldados no se recuperan moralmente de la batalla perdida, seria enviarlos otra vez a perder.

- Tuve muchas bajas, pero no puedo darme el lujo de estancarme aquí un mes, deje a mi señor solo en Mariaba.

- ¿Eres un comandante o eres niñera? Decídete de una buena vez o terminaras perdiendo toda Saba, Mukuro - Genkai sentencia fríamente –

- Soy el comandante de las tropas de Saba, ¡pero también soy el protector del rey Hiei! – golpea la mesa con su puño muy molesto –

- Así no ganaras esta guerra, libérate de esos sentimientos banales o terminaras dando tu vida en vano.

- Eres muy fría Genkai, más que yo y más que cualquier persona que haya conocido.

- Mi puesto de comandante me costo mis sentimientos, y por ello soy la mejor en batalla, no he perdido ni una sola de ellas, nunca – Genkai se levanta de su asiento y camina fuera de la carpa para dejar que Mukuro reflexione sobre sus tácticas y recordar algunas cosas de su pasado que fueron removidas ante esa discusión con Mukuro -

ooooooooooo

Una hermosa chica de cabellera rosa paseaba a caballo junto a un joven alto de tez morena y rostro sereno, iban rumbo al palacio del rey Raizen para una entrevista con el mismísimo rey en persona.

- ¿Crees que nos acepten en las filas de su ejército? – la joven le pregunta con rostro curioso a su compañero –

- Eso creo, si nos mandaron a citar será porque ya saben lo buenos que somos en las batallas - el joven la mira totalmente seguro de sus palabras –

- Pero… se darán inmediatamente cuenta que soy una mujer, sabes que en la milicia no aceptan mujeres.

- Eso también lo se, pero si no te aceptan yo tampoco aceptare.

- No digas eso, tu sueño es ser comandante de tropas y poner en práctica tus enseñanzas. ¿Cómo dejaras tu sueño por mí?

- Mejor dejemos ese tema y entremos al palacio – señala las grandes puertas del palacio Yanen que se erguían majestuosas delante de ellos –

Una comitiva llevo al dúo directo donde el rey Raizen que estaba sentado en su trono muy cómodo y rodeado de algunos sirvientes vestidos todos de negro.

-Pasen – Raizen les indica con la mano que entren al gran salón –

- Buenas tardes – los dos jóvenes se inclinan respetuosamente ante el rey –

- ¿Ustedes son los dos guerreros que derrotaron solos a 20 hombres de Kuronue?

- Si mi señor Raizen – el moreno contesta seriamente –

- No sabía que uno de ustedes era mujer – desvía su mirada seria hacia la chica –

- Pues así es mi señor, soy mujer – la chica lo mira muy segura –

- No me sirve una mujer dentro de mis tropas, distraería a mis hombres y esta prohibido que las mujeres tengan cargos militares – Raizen se levanta de su trono y camina hacia la pareja –

- Pero… mi señor, ella es muy hábil en combate y es una excelente maestra para enseñar a sus soldados el arte de la batalla – el moreno interviene algo preocupado –

- Tú te quedas pero ella se va – Raizen le hace una seña a sus soldados para que la saquen de palacio –

- ¡Espere! – la chica se pone en pose defensiva ante esto –

- ¿Pretendes contradecir mis órdenes mujer? te arriesgas a morir aquí mismo – Raizen se vuelve a sentar para ver que hará la chica –

- Le demostrare que puedo ser igual y hasta mejor que cualquiera de sus soldados aquí presentes – la joven se prepara para atacar a los diez soldados que la rodearon –

- Mátenla – Raizen sentencia con voz fría y segura –

El moreno se hizo a un lado para dejar que su compañera luchara a sus anchas, estaba seguro que ella sola los derrotaría sin ninguna dificultad a pesar de estar desarmada y los soldados contaban con espadas y lanzas. La batalla se dio con el ataque en conjunto de los diez soldados, se abalanzaron formando un círculo alrededor de la joven, pero esta dio un salto alto posándose delicadamente sobre los hombros de uno de los soldados, acto seguido, con sus manos le doblo la cabeza en un rápido movimiento matándolo al instante, después volvió a saltar para quedar en una esquina del salón.

Va uno, te faltan nueve, mujer - Raizen parecía que disfrutaba de esa exhibición en su propio salón real –

Después los nueve restantes se dividieron en dos grupos para atraparla, pero la joven corrió entre uno de los grupos y pateo rápidamente en el estomago a dos de los soldados dejándolos sin aire, luego de ello tomo sus espadas y se abalanzo sobre los tres restantes de ese grupo, tuvo una lucha pareja con los tres que trataban de darle alguna estocada, pero la chica era muy hábil para atacar con una de las espadas y defenderse con la otra. A la final desarmo a dos de los soldados y al tercero le corto la cabeza. Mientras todo esto sucedía, ya Raizen comenzaba a sentirse molesto por las torpezas de sus soldados. Una sola mujer había dejado fuera de combate a seis soldados de su comitiva privada, y estaba a punto de terminar con los cuatro restantes cuando el mismo rey detuvo la batalla con una orden potente.

- ¡ALTO! ¡BAJEN SUS ESPADAS! – Raizen le grita a sus hombres que aun se defendían de la joven –

- ¿Que sucede mi señor? ¿Acaso ya no quiere que cause más bajas en su ejército? – la mujer sonrío segura mientras baja las espadas que utilizo para defenderse –

- Eres hábil, de verdad que si lo eres, pero no puedes acceder a un rango militar en mi ejército.

- ¿Cómo? Si ella lucho de la mejor manera ante sus hombres mi señor – el moreno los interrumpe con preocupación –

- Lo sé, y por ello decidí que tu estarás en las tropas pero ella se quedara a entrenar a mis hombres en el palacio ¿aceptan mi oferta?

- Ser una maestra de sus soldados… pero yo quiero es estar en el campo de batalla, luchando.

- Es eso o es nada, decidan.

- Aceptemos la propuesta Genkai, después podrás subir los escalafones con tu astucia – el moreno le sonríe muy seguro de que eso sucederá en un futuro no muy lejano –

- Esta bien, acepto ser la entrenadora y maestra de sus soldados.

- Muy bien… Con ustedes mi ejercito será invencible – Raizen se levanta de su trono y posa sus manos sobre los hombros de ambos jóvenes -

ooooooooo

No pudiste controlar tus propias ambiciones… y el menos. – Genkai mira hacia el cielo ya estrellado por la llegada de la noche –

Cuevas de Petra

El rey Hiei y Kurama al fin llegaban aquí, ya era de noche y se guiaban por las estrellas gracias a que el pelirrojo las conocía perfectamente. Bajaron de los caballos al llegar a una de las cuevas elegidas por Hiei, pasarían la noche allí protegidos del inclemente clima del desierto. Encendieron una fogata para alumbrar el lugar y tener un poco de calor, después de ello, se sentaron cerca de la misma muy callados, cenaron ligero con un poco de pan y frutas que llevaban en las alforjas de sus caballos.

Kurama se sentía extraño al estar a solas junto al pelinegro, era una sensación de nervios pero a la vez era agradable, sentir su presencia no le atemorizaba como sucedía con Kuronue, no había que temer de este chico caprichoso y malcriado, tan solo la sensación que estaba atacándolo era de ansiedad ante los sentimientos nuevos que fluían segundo a segundo en su viaje a estas cuevas.

- Mañana en la mañana vamos a explorar algunas de las cuevas, hay grabados de antiguas civilizaciones, vestigios de los que vivieron en ellas – Hiei estiro sus manos hacia el fuego para darse calor, hablando en tono sereno y pausado –

- Suena muy interesante – imito al pelinegro por el frió que hacia en el lugar –

- Kurama…

- Dime.

- Si gustas compartimos la manta, se nota que estas temblando de frió – el pelinegro señala la mullida manta tejida que tenia puesta sobre sus hombros –

- Eh… no se – el pelirrojo se asombro por la repentina muestra de atención que le hizo el rey –

- Deja de negarte, que después te enfermas y me quedo sin compañero para aventurarme por el reino – el pelinegro se arrima junto a Kurama y extiende la manta para quedar los dos bajo la misma –

- Gracias.

- Gracias a ti – voltea a ver al chico con un rostro sincero y hasta dulce –

- ¿Porque a mí?

- Bueno… porque recordé que tú fuiste el que alboroto a los soldados en la entrada del palacio hace unos días atrás ¿o me equivoco? – lo mira a los ojos –

- Si, ese día intente entrar y no me dejaron ¿pero eso que tiene que ver con las gracias que me estás dando?

- Tiene que ver mucho, porque esa mañana estuve a punto de… de suicidarme – Hiei baja la mirada algo molesto con esa tonta idea que se le ocurrió ese día –

- Suicidarte ¿y cómo lo evite yo?

- Me iba a cortar las venas cuando el escándalo que causaste me interrumpió – le sonríe con ternura al pelirrojo –

- Eso es… increíble, pero nunca lo vuelvas a intentar, el suicidio es una salida para los cobardes y se que tu no eres un cobarde Hiei – Kurama voltea a verlo con una sonrisa calida y segura –

El silencio de una confesión, el preludio a algo más… las miradas de ambos se cruzaron atraídas cual imanes, los ojos rubíes de Hiei se reflejaban como llamas danzando sobre el fuego, mientras que las esmeraldas del pelirrojo brillaban mas que nunca al reflejo de las luces despedidas por la fogata. Ambos sumergidos en la mirada del otro, como si el tiempo se detuviera solo para ellos, lo demás no importaba, el mundo que los rodeaba era como una simple pintura sin vida, lo mas importante sucedía en esos dos seres que sin siquiera planearlo se vieron unidos en un mismo camino, los unían las desventuras, pero también el naciente amor que florecía dentro de ellos.

En un momento los rostros de ambos se acercaron poco a poco, y un débil beso se deposito en sus labios juveniles: cálido, dulce e inocente, como sus experiencias. Solo duro unos segundos para después ver a ambos muy sonrojados y mirando a otro lado, se habían dejado llevar por las sensaciones del momento.

- Lo...siento – Hiei volteo muy apenado a verlo, pero para su sorpresa el pelirrojo le tomo el rostro bruscamente y lo volvió a besar en los labios –

- Gracias - Kurama lo suelta tan rápido como lo agarro –

- No dejaras de decir gracias por lo que reste de noche.

- Es que nadie me había besado de modo tan inocente – Kurama bajo la mirada recordando los asquerosos besos que le daba Kuronue, tan salvajes, lujuriosos y llenos de morbosidad –

- ¿Qué sucede? – pregunta preocupado al notar el cambio de actitud en Kurama –

- Tengo un pasado muy desagradable que debes conocer, aunque no sé si ya lo conoces por lo que te conto Mukuro de mi.

- No sé de que hablas Kurama.

- ¿Mukuro no te contó de las atrocidades que cometió Kuronue conmigo?

- Solo sé que eras su esclavo, y que te hizo la vida difícil, pero nada más.

Kurama tembló en su lugar, no quería contar eso aun, pero se sentía obligado ante una persona como Hiei, habían cruzado la fina línea entre amistad y algo mas, además, el rey le había revelado su intento de suicidio, su pasado dantesco con la procedencia de su reinado. Tantas verdades que podrían dañar un reino entero, y el sintiéndose en deuda también quería revelar una parte de su verdad, del pasado doloroso que lo marcaba en el alma. Respiro profundo, tomando fuerzas de donde no creía tener ya, trago grueso y volvió a levantar la mirada directo en Hiei, era ahora o nunca.

- El abusaba de mí – Kurama dejo escapar algunas lágrimas por la rabia y la pena que sentía ante esa revelación –

- ¡Ese maldito te violo! – Hiei le tomo bruscamente de los hombros, estaba impresionado y con una molestia infinita a la que no tenia nombre para darle –

- Si… varias veces, llegue a desear morir para acabar con esa tortura, pero no me atreví a suicidarme… mi hermana Yukina lo evito – el pelirrojo termina quebrándose emocionalmente entre los brazos de Hiei –

- Y yo que creía que mi vida había sido un infierno, la tuya ha sido peor, pero no te preocupes… ¡Matare a ese maldito perro de Kuronue, aunque me lleve la vida entera hacerlo! - Hiei lo deja desahogarse entre sus brazos, se siente responsable de muchas cosas. Una conexión invisible acaba de nacer entre ellos, algo que los mantendrá juntos por mucho tiempo, algo llamado amor –

La noche se paso realmente lenta para ambos, Hiei mantuvo entres sus brazos a Kurama, silencioso y sorprendo ante el chico que había pasado por tantas cosas, y sin embargo todavía sonreía y era dulce con todos, parecía que nunca había intentado hacer una coraza para protegerse de los demás como hizo el, Kurama era un alma incapaz de odiar al grado de hacerse daño a si mismo, pero el sí, el era capaz de hacerse daño para proteger sus sentimientos y sus miedos, aunque Kurama estaba logrando aliviar esa carga y sin quererlo le obligaba a liberarse de su mascara para ser el mismo, seguro eso lo había atraído tanto al pelirrojo. Mientras pensaba ello, Kurama se había quedando dormido entre sus brazos, como quería que el tiempo se detuviera y tenerlo así por siempre, con ese pensamiento también Hiei se quedo dormido junto a su ángel de la noche.

Reino de Saba

Afueras de la ciudad

Dos sombras se encontraron en medio de la noche estrellada, vigilaban la zona en busca de posibles perseguidores pero al verse seguros y a solas, decidieron entablar su respectiva conversación.

- No creí que vendrías tan rápido – una de las sombras mira al recién llegado –

- ¿Por qué no me dijiste lo de la unión de Saba y Sahn? – mira con suma molestia al otro ser –

- ¿De qué demonios hablas? No se nada de esa supuesta unión de ellos.

- El ataque de Karasu fallo por la llegada de las tropas de Genkai.

- No sabía nada sobre ello, seguro fue planeado por el rey Hiei y nadie más. – se queda pensativo por unos momentos, tratando de recordar -

- Tendrás que ser mas especifico y metódico para la próxima, no podemos dejar que Kuronue desconfié de mi.

- Ya lo sé, estaré al pendiente de Mukuro, aunque ese desgraciado no habla mucho de sus planes de batalla, es inteligente.

- ¿Como van las cosas dentro del palacio Mariaba?

- Mukuro llevo a un muchacho como acompañante del rey, es un completo desconocido.

- Vigílalo, puede ser un estorbo en nuestros planes.

- Lo estoy haciendo, pero el rey en estos momentos salio del palacio sin destino conocido.

- ¿Solo?

- No, con el nuevo chico, esos dos andan muy juntos y he visto al rey entrar a la habitación del muchacho dos veces en medio de la noche.

- Pueda que sean amantes.

- No lo creo, Mukuro seria el primero en evitarlo, y si eso sucede yo me encargare de sembrar la cizaña en el comandante de Saba – sonríe muy malicioso -

- ¿Sigue siendo el perro faldero del rey?

- Si, igual que siempre, pero… ¿y qué has averiguado de Kuronue?

- Su talón de Aquiles es una obsesiva atracción por un esclavo que escapo, me pago para que lo busque pero me daré mi tiempo, eso lo esta volviendo loco poco a poco.

- Buena táctica, al caer Kuronue lo demás será más sencillo, ya verás.

- Me tengo que ir, pronto amanecerá y debo volver a Bengasi antes que Kuronue lo sepa.

- ¿No tienes alguna recomendación para mí esta vez?

- Solo no mates a nadie o terminaras arruinando nuestro plan.

- No sabes lo que me cuesta no hacer eso… Pero me divierto de otras maneras más interesantes – una sonrisa sádica se dibuja en el rostro del soplón -

- Ya lo sabes, nos veremos en dos semanas para planear lo que haremos en Sahn con el rey Yusuke y su esposa – sonríe y monta sobre su caballo para retirarse del lugar en medio de la noche –

Cuevas de Petra

El sol apenas se asomaba por entre las paredes de piedra rojiza, revelando la fogata extinta y a un par de chicos dormidos, el rey de Saba seguía rodeando entre sus brazos al pelirrojo que despertó poco a poco muy tranquilo, se sintió realmente bien estando en los brazos de Hiei, además de quitarse un peso de encima con la verdad que dijo. Pensando en ello volvió su mirada hacia el rey que todavía dormía, tan sereno y pacifico que no pudo evitar sonreír.

- Eres un muchacho dulce en tu interior – Kurama beso la frente del pelinegro con ternura –

- ¿Quién te ha dado el permiso de besarme? – Hiei abre los ojos muy serio –

- Per...perdón – Kurama se separa bruscamente muy apenado –

- Si que eres ingenuo e inocente, Kurama – Hiei lo rodea entre sus brazos otra vez y no lo deja alejarse -

- No me digas eso.

- En serio, hubieses visto tu cara cuando te dije lo de besarme.

- Tu eres el rey, te debo respeto a pesar de lo que sucedió anoche.

- No soy rey, pero si quiero tu cariño – acaricia el rostro del pelirrojo –

- Y lo tendrás si eres igual conmigo – sonríe –

- Es un trato… mejor no, es una promesa. Me prende de ti al verte esa noche, estabas de pie en medio de los jardines, recuerdo que la luna te reflejaba de una manera mística.

- ¿Por eso me susurraste al oído que me habías visto antes, el día que nos conocimos?

- Si, y me quede como el único testigo de tu presencia – empujo suavemente al pelirrojo haciendo que regresen a las improvisadas mantas usadas como cama –

- No sabía eso – poso sus brazos alrededor del cuello del rey –

- Pensé que eras una ilusión que me jugaba mi mente – sin meditarlo mucho empieza a besar el cuello del pelirrojo con suavidad –

- Pues soy una realidad.

- Me gusta esta realidad – sus manos se deslizaron por la cintura de Kurama, un movimiento muy atrevido de parte de Hiei para la situación actual de ambos –

-Hiei – logro sujetar las muñecas del nombrado antes de que siguiera su camino rumbo a las caderas –

- Lo lamento… creo que me emocione demasiado, tu y yo… sabes… - un sonrojo enorme invadió el rostro del rey –

- No – Kurama renegó con su cabeza suavemente – No te estoy diciendo que no sigas, lo único que deseo es que estés muy claro con esto que sucede ahora mismo entre nosotros.

- Yo siento algo muy grande aquí dentro – deslizo su mano hasta su pecho – Es algo muy fuerte, jamás me había sentido vivo Kurama, tú has despertado todo aquí dentro, siento demasiadas cosas juntas.

-Debo confesar que yo también siento eso… - suspiro quedo, evidenciando que estaba tan nervioso como Hiei, ambos presas de las emociones naturales entre dos jóvenes que se gustaban –

- ¿Llegare tan lejos como tú lo desees? – inclino su rostro hasta susurrarle en el oído aquella frase al pelirrojo –

- Creo que has estado cruzando ese límite desde anoche – movió nuevamente su mano hasta la muñeca izquierda de Hiei – Y por alguna razón te dejo hacerlo, no me preguntes cual, solo dejo que esto pase entre tú y yo.

- ¿Qué más puede pasar entre tú y yo? – otra pregunta de Hiei con un tono seductor en el oído –

- Siento que pueden ser cosas muy hermosas, pero… no sé cómo se hacen estas cosas con amor.

Un nudo extraño se formo en la garganta del rey de Saba, prácticamente Kurama le estaba dando un sí rotundo, pero eso no era lo que le despertó temor, estaba ansioso por descubrir mas del pelirrojo. Lo que verdaderamente temía era lastimar a alguien que ya había sido muchas veces lastimado, maltratado y vejado, no tenía nociones básicas de intimidad, ni si quiera de cómo demostrar amor a otra persona. Sin embargo el sentimiento lo superaba todo, superaba las dudas, el miedo, la angustia de esa situación, se atrevería a llegar hasta donde Kurama le permitiera, sería su maestro, por así decirlo, uno que ya está marcado con dolor, quizás entre los dos vuelvan a armar sus almas y curarlas en el proceso de aprender nuevamente en el arte de querer.

- Sentirte tan cerca me hace querer besarte otra vez, y otra vez… - beso la mejilla del pelirrojo, muy cerca de sus labios, un beso tentador por su ubicación - Hacer otras cosas para demostrarte lo que quiero decirte.

- Inténtalo, tengo curiosidad sobre la verdadera forma de hacerle el amor a alguien, sin lastimar… no sé lo que es sentir una caricia sin ser acompañada con dolor – estiro sus brazos sujetándose fuertemente a la espalda de Hiei, confesando sus miedos más profundos, queriendo borrar las malas experiencias pasadas, dándose una segunda oportunidad con alguien obviamente más puro que el –

- De acuerdo – deposito un casto beso en su frente – Si soy torpe entiéndeme… también es la primera vez que hago esto.

- Te entiendo – Kurama noto perfectamente el intenso carmín que cubrió las mejillas de Hiei –

Cuando tu figura aparece entre mis sueños

Cuando tu perfumado cabello de rosas juega en mi almohada

Cuando tus ojos de esmeraldas son apagados por Morfeo…

La luz del día ahora era claramente apreciable dentro de la cueva, podían verse, podían notar los tonos naranjas reflejados en las paredes que los rodeaban, ambos tendidos sobre las mantas en donde pasaron una noche eterna, abrazados en consuelo. Y ahora, ambos se volvían a abrazar, hablarían el lenguaje universal del amor, como un mudo y un ciego, el que sabe pero está bloqueado para decirlo, y el que no sabe pero quiere sentir el mundo entero.

Entre besos mas desinhibidos Hiei descubrió que los labios no eran la única cosa para besar, su boca paso a bajar poco a poco desde el cuello hasta donde empieza el pecho, sintiendo por primera vez que las ropas que el mismo escogió para Kurama, ahora eran un verdadero estorbo, la solución, pues simplemente abrirlas de un solo jalón, Kurama quedo realmente paralizado al ver como el rey de Saba se ensañaba con una pobre prenda de vestir, la camisa acabo desgarrada en dos con el pecho al descubierto, una imagen que nunca había sido tan tentadora para el pelinegro, sus ojos surcaron aquella piel clara, casi lechosa, sus dedos empezaron a recorrer el mismo camino que segundos atrás lo hicieron sus labios, detallando cada centímetro de piel, bajando un poco mas hasta quedarse dudando sobre tocar o no un par de tentadores pezones, parecían la cosa más provocativa, casi igual que los labios de Kurama, la curiosidad gano la pequeña pelea mental que tuvo consigo mismo, así que sus dedos bajaron hasta rozarse contra aquellos botones rosados, estaban suaves al tacto, casi como la seda de las sabanas donde siempre dormía.

- Puedo… - Hiei alzo la mirada al notar como el pelirrojo temblaba de pies a cabeza, para Kurama esto no era fácil, se notaba claramente en su rostro –

- Por favor hazlo, demuéstrame que esto puede ser diferente a lo que ese maldito hacia conmigo – estiro sus manos acariciando el rostro del pelinegro, una súplica seguida de lagrimas, tenía el intenso deseo de enterrar el pasado con una nueva historia sobre el -

En ese justo instante veo tus alas de plata surcar sobre mi cabeza

Estiro mis manos, pero nunca te alcanzo

Grito con todas mis fuerzas, pero nunca me escuchas

¿Por qué ángel de la noche?

Aprobación, decisión… deseo, ya estaban todos los ingredientes completos. Kurama tan solo cerro sus ojos y sintió, pudo sentir el cuerpo cálido del rey sobre él, como después de destrozar su camisa paso a acariciarle con ternura, era raro sentir eso, una mano dulce que no estaba buscando dañar, eran manos cálidas, una boca suave y tierna, torpe también, pero la torpeza era sinónimo de pureza para esta ocasión. Aun con las lagrimas sobre sus mejillas pudo experimentar el primer contacto intimo de Hiei con él, de la impresión tuvo que abrir sus ojos para verlo, el rey estaba besando su cuello, usando por primera vez su lengua en este arte extraño que es dar placer, sintió la húmeda extremidad bajando cada vez mas hasta que tropezó con uno de sus pezones erectos, aquel contacto lo sobresalto, tuvo que acallar un intento de no, algo que se atoro en su garganta como un golpe de nervios pasados, pero su parálisis instintiva hacia la sensación de dolor nunca llego, lo único que obtuvo fue una suave caricia, el roce de la lengua de Hiei contra su pecho, entre unos besos mas y unos menos. Era muy diferente a lo que recordaba, hasta agradable se estaba volviendo, la piel de su cara estaba sintiéndose repentinamente caliente, sudando como nunca antes, además de comenzar a sentirse incomodo bajo su cintura, los roces entre ambos cuerpos estaban dando el resultado físico obvio de una fricción constante, calor.

Cuando tu piel de terciopelo blanco toca mis sabanas de seda

Cuando tu calido aliento despierta mis deseos

Cuando tu vaivén de palmera al viento me quita el sueño

Y el primer gemido de placer resonó en la cueva, vino de los propios labios de Kurama, no supo cuando se le escapo, quizás cuando Hiei intento moverse y su rodilla rozo la naciente erección que tenia, pudo ser cuando sus manos intentaron ayudar al rey de Saba para terminar de desvestirse, lo real del asunto es que jamás en su vida había sabido lo que era gemir en placer, pudo dar tantos lamentos de dolor después de los abusos de Kuronue, pero de su garganta nunca salió el menor indicio de placer, jamás.

Para Hiei fue como obtener un premio, escucharlo vocalizar el placer que daba era maravilloso, sentía que estaba bien y se atrevió a ir un poco más lejos, sus manos viajaron hasta la cintura de Kurama, tanteando el terreno para abordarlo como mejor pudiese, entre movimientos torpes finalmente pudo bajar los pantalones de ambos, no de un modo pudoroso, mas bien, fue una lucha encarnizada con una pieza de tela rebelde de ceder ante su dueño. Y la situación paso de jocosa a maliciosa, volviendo al inicio de todo, ambos con las miradas encontradas, notando la desnudez del otro, muy diferente a la vez del oasis, en ese momento Hiei no tenía la mente llena de excitación, así que en esta ocasión el cuerpo actúa como naturalmente debe reaccionar, con una obvia erección de ambos.

No sabía a ciencia cierta cómo haría ahora, estaba muy emocionado con Kurama bajo el, mirándolo avergonzado ya que tampoco tenía muy en claro cómo hacer las cosas de un modo agradable, su cabeza estaba intentando desconectar las situaciones dolorosas y permitir que Hiei avanzara mas, pero nada es sencillo la primera vez.

-Quiero intentar algo – finalmente Hiei se decidió a tomar las riendas de sus deseos – ¿Puedes darte la vuelta?

-No quiero darte la espalda, el verte me evitaría pensar en otra cosa… - susurro con la mirada clavada en el techo de la cueva –

-Yo no sé cómo hacer esto, si quieres lo dejamos hasta aquí Kurama. – intento bajar sus propios ánimos, asustar al pelirrojo no era su meta –

-Intentare guiarte… pero no me hagas darte la espalda nunca, no lo hagas. – Se arrodillo quedando frente a frente con Hiei –

-Como tú digas – centro su mirada en Kurama, noto la seriedad de la petición, parecía tonta, pero era algo importante en el modo de adquirir confianza entre ellos –

Frente a frente, tan solo volvieron a besarse apasionadamente, despertar lo que por un momento quedo latente y en el olvido, ya las reglas estaban establecidas y el juego podía continuar, para Kurama representaba serenidad en el pensamiento, para Hiei era una lógica sin lógica, aun no sabía muy bien como acabaría esto, pero se dejaría llevar por las manos del pelirrojo, con él, hasta el mismo infierno podría llegar, de verdad que se estaba enamorando un poco cada vez, con cada beso, cada caricia suya, con el aroma del pelirrojo por toda su piel, tatuándose en su alma.

Kurama intento seguir el rumbo, sujetando las manos de Hiei, guiándolo hasta su boca, en ese instante detuvo sus movimientos para hacer que el pelinegro entendiera lo que haría, era una obviedad para él, pero no para alguien que jamás ha hecho esto. Con suavidad llevo los dedos del rey a su boca, primero el índice, después el dedo medio, y de último el anular, los tres a la vez, moviendo tímidamente su lengua para cumplir con el proceso correctamente, así le trajera un mal recuerdo de Kuronue mojando sus propios dedos para prepararlo.

-Kurama… - estaba quieto, mirando asombrado lo provocativo que podía ser ese acto a simple vista, se sintió repentinamente un pervertido, así no supiese el porqué de los actos del pelirrojo –

-No hables, tan solo deja que te guie, haz esto con dulzura, bórrame de la mente el pasado, por favor – dejo de lubricar los dedos del rey para ahora llevarle la mano hasta sus caderas empujándolo un poco cada vez, se sentía como un perro lazarillo llevando a su dueño a casa por primera vez –

- Te prometo que será siempre así, no me creo capaz de lastimarte – volvió a juntar sus labios con los de su acompañante, un beso lujurioso que solo distraía a ambos de lo que verdaderamente estaba sucediendo más abajo en sus cuerpos –

Sus dedos rozaron por primera vez los glúteos del pelirrojo, eran firmes, carnosos y suaves, su palma extendida los recorrió un poco, como buscando el camino indicado, al mismo tiempo Kurama estrecho más aun el contacto entre ambos, acurrucándose en el cuello de Hiei, susurrándole al oído lo que debía hacer, le costó un poco poner en palabras el acto mismo, pero para un excitado Hiei fue sencillo posar sus dedos en aquel pequeño y apretado lugar, la curiosidad mal sana de invadir la ultima cuota de espacio personal de Kurama. Se movió suavemente por alrededor primero, con caricias débiles, tratando de entender que podía gustarle y que no, el perfecto indicativo fue la boca del pelirrojo ya que con sus débiles jadeos daba las indicaciones, entre aquellos movimientos, también los miembros erectos de ambos se rozaron una y otra vez, cálidos, palpitantes por sentir la necesidad del contacto. Hiei respiro profundo y se atrevió a introducir su primer digito en el estrecho interior de su compañero, fue un acto rápido, seguido de la impresión obvia en ambos, Kurama estiro sus brazos aferrándose más aun a los hombros del rey, cerrando sus ojos para soportar las caricias que seguirían, aunque en lo profundo de su mente parecía esperar que algo malo sucediera, que el dolor saltara repentinamente y que todo ese dulce proceso acabara por caer, pero nunca sucedía, Hiei era delicado a un punto extremista, la excitación lo llevaba a explorar con ternura, mientras su dedo acariciaba, su otra mano se atrevió a moverse hasta los miembros de ambos, sujetándolos suavemente al mismo tiempo, sintiendo la calidez de la piel húmeda por las esencias de ambos, su mano se movió grácilmente de arriba abajo, masturbando a ambos en un intento de disfrutar el momento actual.

- ¡Hiei! – gimió con fuerza al sentir como de un dedo pasaba a dos, abriéndose paso dentro suyo, acariciando una y otra vez su interior, con movimientos circulares suaves, dentro y fuera al mismo tiempo que su naciente erección era atendida con la otra mano del rey, jamás había disfrutado de esto, jamás había sentido su cuerpo reaccionando ante caricias, nunca había tenido erección de ese calibre entre sus piernas, jamás –

- Déjame entrar en ti… quiero sentir tu calor, se que debes estar tan ansioso como yo Kurama, déjame hacerlo – su petición sonó tan necesitada y tan tímida, jamás se había rebajado ante nadie para pedir algo, y ahora, siendo un simple hombre rendido a los pies de otro, todo por amor y deseo -

En ese justo instante veo tu figura difusa brillando ante la luz de plata

Tu sombra me atrapa y no quiero ser liberado

Tus palabras me atan y no quiero romperlas

¿Porque ángel de la noche?

Porque te quiero

Porque te deseo

Porque te amo

- Hazlo – beso la frente del pelinegro como signo de aprobación, con sus mejillas congestionadas en rojo carmín, el cuerpo entero temblando de placer, sus bajos ardían, esos dedos toqueteando su interior de modos que jamás imagino, nada era lo que fue, y nada seria ahora como antes, esto marcaba un ahora y un después –

- Gracias – saco sus dedos para ahora pensar como haría las cosas, la petición de Kurama de no obligarlo a darle la espalda le complicaba todo, su concepto de sexo viajo a los recuerdos de una noche cuando en una de sus escapadas nocturnas por los jardines encontró a un soldado en las barracas teniendo contacto con alguna prostituta, fue un acto ciertamente tosco, asqueroso y animal, hasta los perros tenían más amor al entregarse que ese soldado y la mujer bajo el –

-No pienses mucho… - Kurama le hizo que se tumbara boca arriba entre las mantas, sabía que Hiei no podría con esto solo, la inexperiencia sobresalía entre sus actos –

- ¿Estarás bien? – noto el sonrojo enorme en el rostro de Kurama cuando se monto sobre sus caderas, rozando el miembro del rey sin querer entre sus glúteos –

-Sí, solo quiero que estemos juntos – mascullo bajando la mirada apenado, no estaba seguro de si terminar de tomar control o no de la situación actual –

-Déjame ayudarte – entendió instintivamente lo que quería hacer el pelirrojo, así que sujeto su erección acariciándola un poco con su mano para lubricarla de propia humedad, trago grueso al guiarla hasta rozar ese apretado anillo de carne que lo separaba del interior de su acompañante –

Ambos jadearon, estaban en el umbral del placer y el dolor, no había diferencia, o lo disfrutabas o lo detestabas, el dolor tenía que estar presente en ese momento, no existía modo de evitarlo, la primera vez de Hiei, los recuerdos dolorosos de Kurama, ambos gobernando el momento, la unión de ambos fue una especie de lucha interna, pero para el pelirrojo fue difícil no dejarse caer sobre las caderas de Hiei, estaba sobre él, no resistiría mucho con todo su peso en las rodillas, hacia un esfuerzo sobre humano, temblando completamente ante el dolor del instante, no tan desagradable como lo recordaba, porque con Kuronue jamás hubo una previa preparación, siempre fue un animal al tomarlo, sin dulzura alguna, por eso toleraba esto, era un dolor diferente, claro que no era agradable, jamás lo seria, pero al ver que el rostro de Hiei estaba igual de contraído, se notaba que sufría a su modo esa iniciación, el dolor era compartido, con eso bastaba para dejar que siguiera, así que termino de bajar, culminar aquella penetración que dejaría huellas en sus cuerpos y en sus almas.

-Kurama… - jadeo una y otra vez, el calor del chico lo arropo por completo, sus manos temblaron al sentirlo, estirándose hasta sujetar las caderas del nombrado, esto pasaba a ser maravilloso, una sensación inimaginada que cubría todo su ser, sintiendo una ganas locas por mover sus caderas y embestir dentro de ese espacio apretado y cálido –

-Te siento… Hiei – susurro con la voz hecha un hilo, agachándose lo suficiente para besar los labios enrojecidos del rey, mordiéndole suavemente una y otra vez mientras hacia un esfuerzo increíble por levantar y bajar sus caderas para el –

-Y yo a ti –mascullo acariciando las caderas del pelirrojo, sujetándolas fuerte, como queriendo moverlas el mismo, guiarle en el vaivén lujurioso de esa unión –

Fue un silencio roto entre jadeos, ambos entendieron lo que era la entrega sin límite, las sensaciones que despertaron no dormían mas nunca, sus cuerpos vibraban a un modo que nadie comprendería, salvo ellos dos. El dolor dejo de ser dolor, se volvió un caldo de placer culposo, las caderas de Kurama empezaron un vaivén suave, arriba y abajo unas cuantas veces, pero Hiei quería mas, su ardor de principiante le pedía todo de una vez. En un movimiento brusco lanzo a Kurama de lado haciendo que los papeles cambiara, el arriba y el chico abajo, la sensación volvió a cambiar, ahora era Hiei quien dominaba la situación, aferrando sus brazos a los muslos de su acompañante, embistiendo mas fuerte aun, moviéndose una y otra vez hasta que súbitamente rozo aquel misterioso lugar que despertó una oleada magistral de placer en el pelirrojo, la espalda de Kurama se arqueo violentamente, su erección fue súbitamente atacada por un calor malvado, fuerte, tan fuerte que los gemidos no fueron suficientes para expresarlo, ya no podía, la garganta se le atoro en un agónico gemido, el ultimo que pudo dar cuando el orgasmo lo atrapo, su esencia perlada se derramo entre los vientres de ambos, dando culminación a ese estado febril de pasión interna, letárgico, agotado, tan solo sintiendo como la hombría de Hiei se volvía mas palpitante, sintiendo que sus estocadas se hacían rápidas, fuertes y angustiosas, sabía lo que sucedería pronto, sus manos cansadas se estiraron para atajar el rostro sudoroso del rey de Saba, lo encaro con esos ojos verde esmeralda, una mirada que decía todo, que le daba el permiso de llegar dentro suyo, de derramarse como mejor quisiera, sentirse lleno de la calidez de Hiei, y así sucedió, el pelinegro dio unas cuantas estocadas mas, temblando completamente, extasiado por lo que era su primera vez de verdad, finalmente sucumbiendo entre las piernas del pelirrojo, cayendo letárgico al culminar la pequeña muerte dentro de Kurama.

-¿Que será ahora de nosotros? - Kurama pregunto letárgico, con el poco aire recuperado para hablarle a Hiei –

- Solo puedo pedirte que te quedes conmigo – le mira con ternura, entrelazando sus dedos con los de Kurama –

- Eso no lo dudaría, mi vida inicio aquí en Saba y deseo que finalice también aquí.

- Rescatare a tu hermana.

- Ese es uno de mis mayores deseos Hiei…

- Y lo cumpliré para ti.

- Gracias – un pequeño beso rosa los labios de Hiei –

- ¿Y esto qué es? – Hiei nota la perla que pendía del cuello de Kurama, no le prestó atención hasta este instante cuando ya no había pasión nublando su cabeza –

- Le pertenece a mi hermana Yukina, me la dio a modo de pacto, se la devolveré el día que la libere de Kuronue. – mira la perla con nostalgia, preguntándose cómo se encontrara la chica que tanto lo ayudo a superar sus males -

- No sé porque, pero creo haber visto una perla parecida cuando era niño – Hiei trata de hacer memoria -

- Esto pertenecía a su madre, se la entrego antes de morir. Yukina ha pasado muchos trabajos para su corta edad, perdió a su madre cuando tan solo tenía 4 años, nunca conoció a su hermano y después fue vendida a Kuronue por unos mercaderes del desierto que la tenían como esclava.

- ¿Por qué nombraste a su madre como si no fuera la tuya? ¿No son hermanos de madre?

- Es que ella no es familia mía, le digo hermana porque me cuido mucho cuando fui esclavo en Bengasi – Kurama baja la cabeza algo triste al recordar lo que vivió –

- La quieres mucho, por lo que veo.

- Si, fue mi soporte a todo lo que vivi… Le debo mucho y la quiero ayudar lo antes posible Hiei.

- Le diré a Mukuro apenas regrese a Saba que haga un ataque sorpresa al palacio de Kuronue.

- ¿Eso no es muy arriesgado?

- Si lo es, pero a Mukuro le agradara hacerlo, tiene sangre para la batalla.

- ¿Y que dirá Mukuro de lo nuestro? – salta una de las dudas más grandes que ahora tiene Kurama -

- No lo sabrá.

- ¿Cómo?

- No debe saberlo, es tan paranoico que te echara de Mariaba a patadas apenas e entere de los nuestro – Hiei finalmente se levanta para vestirse –

- Pero… yo no deseo ocultar esto.

- Yo tampoco, no te preocupes, no será por mucho tiempo, solo déjame buscar la manera de que Mukuro confié mas en ti – acaricia el rostro del pelirrojo con ternura –

- No creo que lo haga, ese hombre es muy celoso de ti ¿será que le atraes como algo más que su rey? – Kurama se levanta también para vestirse –

- Imposible, el me crió, lo conozco desde que tengo uso de razón.

- Yo pensé lo mismo de Kuronue, y ya sabes lo que me hizo…

- No es igual Kurama – Hiei se molesta ante ese comentario –

- Espero que sea como tú lo dices.

Puesto Fronterizo

Mukuro se debatía entre las palabras de Genkai y sus deseos de ir a atacar a las tropas de Kuronue lo antes posible. Al final logro meditar mas fríamente la situación decidiendo dar un descanso de dos días para que sus soldados se repusieran, pensó también en que Hiei estaría bien en Mariaba con la compañía de Kurama, aunque ese chico le daba una sensación de que algo malo pasaría, sentía que era un arma de doble filo para su cuello, pero cada vez que sentía celos de alguien Mukuro se los tragaba y pensaba mas como protector que como un enamorado. Pobre, había perdido la mayor parte de su juventud haciendo de soldado y comandante de Saba y ahora miraba el espejo de su futuro en Genkai, una mujer ya mayor y sola, el no quería acabar así su vida, deseaba tener aunque sea algo por lo cual vivir si su amado rey Hiei le daba la espalda. En su mente se poso una loca idea que ya antes había estado pensado, pero que por su puesto de comandante no podía atreverse si quiera a intentar.

- Apenas regrese a Saba tendré que decidir entre este mundo, y mi mundo – Mukuro se quita el casco y lo mira muy serio y pensativo –

- No creo que sea buena idea tu plan, Mukuro – Genkai entra a la tienda tomándolo por sorpresa nuevamente –

- ¿De qué hablas? – voltea a verla algo sobresaltado –

- Se perfectamente en que piensas por esa mirada, soy vieja y se muchas cosas sobre la vida y los deseos no cumplidos.

- Dime algo Genkai ¿no tienes familia?

- No, a nadie se puede tener en este mundo militar – sentencio con suma seriedad–

- ¿Dejaste a un lado tu feminidad por las batallas?

- Esa pregunta deberías es hacértela tu Mukuro.

- Ya me la hice hace tiempo, pero siempre tengo la misma respuesta – vuelve a colocarse su casco –

- El rey nunca te corresponderá ¿verdad? Piensa que eres un hombre.

- Si, esa es la respuesta que siempre tengo.

- El sexo es lo de menos en esta vida, si alguien te ama lo hará sin ver el exterior.

- ¿No y que eras muy fría Genkai?

- Solo digo lo que creo real para este mundo en el que vivimos.

- Mi puesto de comandante esta primero que mis sentimientos, después de matar a Kuronue tendré tiempo de pensar en ellos.

- ¿Y si mueres antes de eso?

- Será un triste final para mí.

- Solo te deseo suerte, y que seas capaz de poner en una balanza tus deseos, te lo digo por experiencia… Ya yo perdí mucho al no medir bien mis acciones.

Continuara…

Esos dos desconocidos ya sabrán quienes son, están tramando algo muy grande a costillas de Kuronue y los otros reyes ¿Que pensaran hacerle a Yusuke y Keiko? ¿Podrán Kurama y Hiei ocultar su romance en Mariaba? ¿Qué decisión tomara Mukuro al regresar a Saba? Tantos hilos que unir y tanto misterio, verdad. Gracias por el interés.

Próximo Capitulo:

Mucho más que un secreto