La chica de al lado
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Capítulo 7
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Advertencias:
- Universo Alterno
- Contenido sexual explícito
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Anteriormente…
– ¿Acaso lo vas a dejar ahí sólo?
– ¿Acaso prefieres que te deje solo a ti? – susurró provocativa y mordiéndose el labio inferior casi instintivamente.
El chico sonrió levemente ante la manera en la que lo rebatió y tras abrir la puerta de su apartamento, se hizo a un lado dejando espacio para que Rukia pasara.
– Adelante…
Sonriendo pícaramente, la morena cerró su puerta tras de sí y se acercó a Ichigo, fundiéndose en un beso candente y entrando en su apartamento sin separar sus labios. Aquella noche no dormirían demasiado…
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La luz se colaba entre las cortinas de la habitación de cierto pelinaranjo, adornada con los cantos de los pájaros en el exterior. En el lecho reposaban dos cuerpos desnudos cubiertos por una fina manta, durmiendo cerca el uno del otro. La muchacha de cabellos negros dormía plácidamente boca abajo, con su brazo extendido en el pecho del joven pelinaranjo. Sus respiraciones eran tranquilas y acompasadas, y ambos estaban totalmente despeinados tras una noche agitada.
Los ojos violetas de la chica se abrieron lentamente, somnolientos y enfocando poco a poco la figura del hombre que tenía al lado. Una leve sonrisa se dibujó inconscientemente en el rostro de Rukia al ver a un Ichigo profundamente dormido pero con su ceño fruncido aún así. Movió su mano acariciando los pectorales del chico y sintiendo su suave tacto bajo las yemas de sus dedos.
Se sentía en paz cerca de Ichigo, le gustaba estar con él más de lo que quisiera reconocer. Era divertido molestarlo, pero también apreciaba los momentos en los que se pasaban horas hablando. Una buena cualidad del pelinaranjo era que sabía escuchar y era comprensivo, cosa que valoraba de sobremanera. Recordó el interés en saber más de ella, pero temía que el muchacho comenzase a querer entrar demasiado en su corazón. No era que no quisiera, pero no estaba preparada.
Desechó aquellos pensamientos al instante y volvió a fijarse en su rostro. De verdad que Ichigo era muy atractivo. Ese ceño fruncido sólo lo hacía ver más rudo y sensual, y sus facciones marcadas lo hacían parecer mayor de lo que en realidad era. Si se fijaba ya en su cuerpo, era fácil perder la cordura. Sus músculos estaban debidamente entrenados sin ser exagerados, unos pectorales marcados y un abdomen fuerte que pedía a gritos ser besado, lamido y hasta santificado.
Sintió como su cuerpo se excitaba con sólo verlo y recordar todo lo que habían hecho en la reciente noche. Se mordió el labio bajando las caricias de su pecho con cuidado de no despertarlo. El virginal y pudoroso Ichigo cada vez se desinhibía más, y aquello cada vez le gustaba más a Rukia. Jamás pensó que pudiese tener tal don en la lengua, pero también se sorprendió por la rapidez con la que Ichigo mejoró sus caricias, sus besos y sobre todo, su manera de penetrarla.
Comenzó a sentirse mojada y una idea interesante se cruzó por su cabeza para despertar al pelinaranjo.
Comenzó a besar su cuello, ganándose unos gruñidos remolones del somnoliento muchacho. Bajó poco a poco sus besos por su pecho y siguiendo por sus abdominales, comenzando así a provocar que Ichigo abriese lentamente los ojos. Continuó bajando peligrosamente por su vientre, causándole unas cosquillas involuntarias al pelinaranjo que le hicieron abrir los ojos por completo y tensarse.
– Oe, Rukia…– la llamó con voz cansada. – ¿Qué hac…?
No pudo terminar la frase pues un ronco gemido se escapó de su garganta al sentir los labios de la morena posarse en su cada vez más endurecido pene. Su amiguito no estaba despierto al 100%, pero sentir aquel roce y observar la escena de una Rukia acariciándolo con la boca, lo hizo endurecer al momento. La chica lamió el bien dotado miembro de Ichigo en toda su extensión con gesto travieso, mirándolo al llegar a su, ya muy mojado, glande.
– Darte los buenos días…– contestó divertida a su pregunta con un tono demasiado sensual.
– Oh…b-bien…–un suspiró se escapó de sus labios cuando Rukia introdujo la punta en su boca, saboreándolo.
– ¿Te gusta? – preguntó aun sabiendo la respuesta y masturbándolo. Ichigo cerró los ojos y asintió. – Ya estamos igualados…
Y volvió a lamerlo.
Aquello era una sensación indescriptible que Ichigo jamás había experimentado antes, y debía decir que se sentía increíblemente bueno. Trató de abrir sus ojos para poder observar a la morena lamiéndolo y cada vez introduciéndolo más en su boca. ¿Cómo podía una boca tan pequeña abarcar tanto? Si bien no se lo tenía muy creído, su pene era considerablemente grande si lo comparabas con la media.
Otro ronco gemido se escapó al ver y sentir como la morena introducía más profundo su miembro, y lo hacía repetidamente cada vez más rápido. Su mano lo masturbaba al compás de sus lamidas, y aquello sólo lo estaba llevando a correrse en cualquier momento. Quería decirle que parase, pero cuando lo intentaba, sólo conseguía jadear. En el momento en el que Rukia sacó su pene de su boca, pudo aprovechar unos segundos.
– Rukia…si no paras voy a…–y no pudo decir más, ya que la morena comenzó a lamer lentamente su punta mientras le mantenía la mirada.
– ¿Quieres que pare? – preguntó burlona y agitada cuando terminó de relamer al chico.
– S-solo…solo un momento…– rogó tratando de recobrar la respiración.
La morena se incorporó en cuatro, gateando hasta estar frente al rostro de Ichigo para morderle su labio inferior y posteriormente tumbarse boca abajo a su lado. Intencionalmente, alzó levemente su trasero para llamar la atención del chico, dándole algunas pistas de lo que quería. Pero el pelinaranjo era muy lerdo y no captó el mensaje, sin embargo, el trasero de Rukia le pareció terriblemente tentador.
Acarició la espalda de Rukia con suavidad, besando el hombro que le quedaba más cerca y subiendo a su cuello mientras su mano bajaba. Al llegar a su bien torneado trasero, lo apretó y amasó con ansias. Se sentía realmente suave y firme, cosa que lo calentó más si era posible. Llevando sus labios a la nuca de la morena, se tumbó con cuidado de no aplastarla encima de ella, frotando su erección contra sus bien formadas posaderas.
Rukia gimió complacida al ver que ambos buscaban lo mismo, y se incorporó apoyando sus antebrazos en la cama para alcanzar a besar a Ichigo. Este no tardó en buscar sus labios al tenerla en esa posición, aprovechando que sus pechos quedaron más accesibles para apretarlos con una de sus manos. La morena tentó al chico moviendo su trasero lentamente contra su duro pene, y aquello estaba haciendo que a Ichigo le costase más contenerse.
Para calmarse, decidió bajar sus besos por la mitad de su espalda, notando como la morena temblaba con cada contacto. La piel de la chica era tan blanca que cuando hacía una ligera presión con sus labios, quedaba suavemente enrojecida con facilidad. Pasó sus manos por su silueta, acariciando con suavidad la piel de su cintura y bajando hasta sus caderas. Obligó a Rukia a alzar el trasero, dejando más a la vista su húmeda vagina. Se relamió ante aquellas vistas y no dudo en atacarla con ganas, sorprendiendo gratamente a la morena y apretando su trasero con ambas manos.
La chica gimió complacida, adoraba cuando el muchacho le practicaba sexo oral, tenía un autentico don con eso. Disfrutó de las caricias que la lengua hábilmente daba a la vagina de la chica, acariciando suavemente por el exterior con sus dedos. Notaba cómo Rukia comenzaba a mojar más aún si era posible y cómo sus piernas temblaban débiles ante tanto placer. Cada vez que la veía tan excitada se sentía tremendamente orgulloso.
– Ichigo…– gimió llamando su atención.
– ¿Hm? – paró unos segundos, dando un suave mordisco en uno de sus glúteos.
– Ya… –pidió entre jadeos.
El chico subió de nuevo, besando tentadoramente la nuca de la chica y frotando su erección contra su trasero anunciando lo que estaba por venir.
– ¿Ya qué…? – susurró sensualmente contra su oído, lamiéndolo despacio y haciendo gemir a la chica.
– Métemela ya…– rogó totalmente rendida. – Por favor…hm….
Aquella petición sonó demasiado erótica, por lo que Ichigo decidió complacer sus caprichos. Agarró el mismo su dureza y la guió entre el trasero de la morena, llegando hasta su húmeda cavidad que ya conocía bastante bien. Una vez se ubicó, posó su mano en el trasero de la chica, apretándolo cada vez más a medida que se introducía en ella. La penetración en aquella postura era más intensa y las paredes de Rukia ejercían más presión aún, por lo que un sincero gemido se escuchó de los labios de la chica.
Embelesado por los sonidos que brotaban de los labios de Rukia, se movió con cada vez más rapidez, profundizando las embestidas y apretando los dientes para evitar gemir demasiado. La morena trataba de incorporarse, pero aquellas penetraciones la estaban dejando sin aliento, por lo que se desplomó en la cama mordiendo la almohada cuando sentía que sus gemidos podían despertar a Renji en el otro lado. Estaba a escasos momentos de venirse si aquel hombre seguía haciéndoselo así de bien.
Podía escuchar como sus cuerpos chocaban cada vez con más violencia, resonando por la habitación junto a los jadeos y suspiros de ambos. Era demasiado bueno como para mantenerse callados.
Al otro lado de la pared, un gemido ahogado despertó a Renji, el cual no se dio cuenta de que se trataba de eso en un principio. Con un ligero dolor de cabeza se incorporó en la cama de Rukia, sin encontrar rastro alguno de ella. Se frotó las sienes para calmar aquella molesta jaqueca, inspeccionando el apartamento. En un momento, escuchó el rechinar de una cama cercana y frunció el ceño.
Temía saber quiénes eran los causantes.
– ¿Rukia? – llamó en voz alta y esperó contestación.
Al otro lado, los dos pudieron escuchar aquel llamado pero no se les ocurriría parar en ese preciso instante. Ambos estaban cada vez más excitados y sus cuerpos no parecían ser capaces de aguantar más, sobre todo el de la morena. Ichigo dio las últimas estocadas con rapidez y fiereza, y sintió como estaba a punto de correrse.
– Voy…– gimió la morena con fuerza.
Aún no sabía si estaba contestando a Renji o estaba anunciando su inminente orgasmo.
Resultó ser lo segundo, y sus paredes vaginales aprisionaron más si era posible a Ichigo, quien no pudo soportarlo más. Escondiéndose en el cuello de la morena, apretó su trasero mientras se descargaba dentro de ella, gimiendo roncamente junto a ella. Quedaron un rato en aquella posición, respirando agitados y con sus cuerpos sudados completamente unidos. Rukia cerró los ojos ante aquella sensación tan agradable, hacía mucho tiempo que no se sentía tan bien.
Cuando menos lo esperaba, sintió como Ichigo depositaba unos suaves besos en su hombro y sintió que se derretía. Aquel hombre era demasiado tierno, y eso le gustaba mucho, pero temió estar implicándose demasiado sentimentalmente en aquello…
– Creo que Renji te buscaba…– susurró agotado tumbándose al lado de la morena.
– Que inoportuno…– gruñó con una sonrisa cansada.
– Deberías ir antes de que empiece a pensar algo raro.
– Creo que ya ha debido escucharnos. – rió mirando al chico. – Además, ya lo sabe.
– ¿Lo sabe? – inquirió sorprendido.
– Sí, se lo dije. – admitió incorporándose y buscando su sostén para ponérselo. – Le cuento prácticamente todo.
Ichigo guardó silencio unos minutos, observando como la chica se vestía con tranquilidad. Tenía que admitir que era hermosa, y que estaba empezando a sentir por ella más cosas de las que debería. No porque no quisiera, sino porque ella fue clara desde el primer momento y no quería quedar como un idiota. Le gustaría tanto poder tener su confianza igual que lo hacía con Renji, sintió envidia.
– ¿Qué pasa? Te quedaste callado de repente. – preguntó con naturalidad terminando de vestirse y mirando al chico de reojo.
– Oh, nada, sólo quedé cansado…– mintió de la mejor forma que supo.
Rukia lo miró desconfiada, pero decidió dejarlo pasar.
– Voy a ver que quiere ese idiota. – se levantó de la cama y lo miró desde arriba. – Nos vemos luego, ¿sí?
– Iré a visitar a mi familia a casa. – dijo apenado. – ¿Te parece que nos veamos mañana?
– Mañana estoy ocupada, Ichigo. – el chico cayó en la cuenta de que sería domingo.
– ¿Qué haces todos los domingos que te desapareces? – trató de bromear a ver si así conseguía sonsacar algo a la chica, pero no funcionó.
– Nada importante. – contestó con una leve sonrisa tratando de evitar aquello.
– Está bien…– se dio por vencido mirando hacia abajo. – Nos vemos el lunes entonces.
Rukia se sintió mal por aquello, sabía que a Ichigo no le gustaba que fuese tan arisca sentimentalmente, pero estaba empezando a asustarse de las cosas que estaba sintiendo por él. Sin embargo, el chico no se merecía aquello, así que se acercó a él con cuidado y depositó un beso nervioso en su frente.
– Nos vemos el lunes…– susurró apenada marchándose del apartamento del chico.
Ichigo alzó la mirada lentamente ante aquel gesto, observando la espalda de Rukia marchándose sin decir nada más. Cómo le gustaría poder entrar un poco en aquel cerrado corazón, cómo le gustaría poder ayudarla a sentirse mejor…
Pero ellos habían decidido no ser nada más que amigos con derechos.
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La morena entró en su apartamento con la ropa descolocada y ante la atenta mirada de Renji, el cual acababa de salir de la cocina con uno de los panecillos rellenos de Rukia. Sabía bien de dónde venía y qué había estado haciendo, por lo que no tuvo necesidad de preguntar por eso, así que tan solo se sentó en el suelo para empezar a comer.
– Despertaste con buen pie hoy, ¿ah? – insinuó divertido llevándose el panecillo a la boca.
– Bien sabes que sí. – antes de que el chico pudiese morderlo, Rukia se lo robó ganándose una mirada asesina de su amigo.
– Lo sabría aunque no quisiera. – se levantó derecho a la cocina a por otro pan. – Eres muy escandalosa.
La morena rió sentándose en el suelo y zampándose con hambre el bollo que acababa de robarle a Renji.
– Qué no seas capaz de hacer gemir así a una mujer no significa que yo sea escandalosa. – bromeó molestona mirando a su amigo volver y sentarse en frente.
– Cállate…– le tiró el envoltorio de su desayuno a la cara y ambos continuaron comiendo.
Rukia permanecía con la cabeza en otro lado mientras comía, cosa que no pasó desapercibido para Renji. La observó fijamente, analizando bien a su amiga y sabiendo que algo rondaba en su mente haciéndola dudar de sí misma. Y sabía qué algo tenía que ver con el pelinaranjo de al lado. El chico tatuado fue su único y verdadero amigo desde pequeños, se lo contaban prácticamente todo y él fue el único que siempre estuvo en los malos momentos de la morena, por lo que sabía bien cuando algo le ocurría.
– ¿Por qué me miras así? – preguntó inquieta al sentirse tan observada.
– Te ocurre algo, ¿verdad?
– ¿A mí? – fingió tranquilidad terminándose el último bocado. – Para nada, ¿qué me va a pasar?
– Últimamente te noto algo distinta. – apuntó haciendo que la chica lo mirase sorprendida. – Menos…amargada.
Se ganó una patada por debajo de la mesa de Rukia, pero tan sólo pudo reír.
– Idiota. – sonrió suavemente. –Supongo que el sexo me pone de mejor humor.
– ¿Sólo eso? – insinuó algo más, provocando que Rukia desviase la mirada con seriedad.
– Sí, sólo eso. – pero en el fondo, ambos sabían que no era sólo eso.
– ¿Y ese tal Ichigo no tendrá nada que ver? – la morena se levantó yendo a la cocina a por algo de beber.
– Obvio. – contestó sorprendiendo a Renji unos segundos hasta que volvió con un zumo. – Es con él con quien tengo sexo.
– No me refiero a eso. – negó dando un pequeño trago al jugo que Rukia le había ofrecido y devolviéndoselo. – Yo creo que te gusta, y no sólo sexualmente.
– Ah, Renji…– gruñó cansada dando un largo suspiro. – Tú que sabrás.
– Nos conocemos demasiado, Rukia. – sonrió divertido. – Sé que te está empezando a gustar.
– Tú no sabes nada, Jon Nieve. – hizo alusión a Juego de Tronos, haciendo reír a su amigo y cayendo ella también.
– Venga, en serio. – insistió más tranquilo. – No tienes por qué mentirme.
– Ya te dije Renji, claro que me parece un buen chico y me agrada estar con él. – reconoció bebiendo de su vaso. – Pero no quiero nada más.
– ¿Hasta cuándo vas a seguir así? – insistió. –No todo va a salir mal, date una oportunidad.
– Estoy bien así por ahora. – se resistió a Renji con tranquilidad, pero pensando en lo que le decía. El chico iba a replicar, pero Rukia no le dio tiempo. – No, gracias.
Puso la palma de la mano frente al rostro de Renji, haciéndole reír y rendirse.
– Cómo quieras. – se echó hacia atrás, tumbándose en el tatami. – Sólo espero que no te arrepientas en un futuro.
La muchacha no dijo nada, tan solo se quedó pensativa con todo lo que su pelirrojo amigo le acababa de decir. Alzó la mirada hasta ver la pared que pegaba al apartamento de Ichigo y pensó en él. ¿Acaso estaba haciendo mal? ¿Merecía la pena arriesgarse por él? Rápidamente negó con la cabeza tratando de ahuyentar aquellos pensamientos. No se conocían de tanto tiempo, y a pesar de lo rápido que habían encajado, no se sentía preparada para algo así.
No estaba lista para entregarse sentimentalmente a nadie, y los fantasmas del pasado aún la atormentaban. Lo sabía ocultar muy bien, pero ciertas cosas son difíciles de cerrar con un punto y final…más aún cuando esas cosas permanecen más cerca de lo que querrías. Podrían tacharla de cobarde, pero no estaba dispuesta a volver a ser la chica que fue en el pasado por nada del mundo…
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El curso fue pasando poco, Rukia siguió desapareciendo todos los domingos y todos los del grupo se hicieron cada vez más cercanos. A Orihime le costaba cada vez más reprimir sus sentimientos hacia Ichigo, quizá porque no sabía lo que ocurría entre él y la morena. Porque sí, meses después, los jóvenes continuaban teniendo encuentros cada vez más placenteros y al igual que Inoue, al pelinaranjo también le estaba costando reprimir lo que empezaba a sentir por Rukia.
La morena a veces cedía y se abría a él, pero nunca lo suficiente como para comprenderla. Parecía que en su interior tenía una batalla en la que dos sentimientos contradictorios chocaban…y uno de ellos era el miedo.
Pero a pesar de aquello, Rukia conseguía ocultarlo demasiado bien, como lo estaba haciendo en esa ocasión.
Tras un sonoro gemido de la chica que resonó con eco por todo el baño, ambos se vinieron una vez más. Ya habían perdido la cuenta de la cantidad de veces que lo habían hecho, pero esta era la primera vez que lo hacían en aquella bañera que milagrosamente conseguía abarcar a ambos. La morena permanecía sentada sobre la erección cada vez más relajada de Ichigo, levantándose únicamente para dejarlo salir de su interior.
El pelinaranjo acariciaba sus suaves caderas con lentitud por debajo del agua y ella se puso cómoda, recostando su espalda en las piernas dobladas de Ichigo cual silla. Ambos se encontraban totalmente relajados en aquella posición y con el agua caliente bañándolos placenteramente, aunque Rukia estaba más cómoda que él…
– Me estoy clavando el maldito grifo.
Rukia rió ante aquello.
– Yo me estoy clavando tu pene y no me ves quejarme. – bromeó.
– Hace un momento si te "quejabas" cuando te lo clavaba. – en estos meses Ichigo había comenzado a sentirse más cómodo y con más confianza cuando estaba con Rukia.
– Idiota. – la chica salpicó un poco de agua al muchacho riéndose algo cansada por la actividad reciente.
Se mantuvieron en silencio unos minutos, más no fue incómodo en absoluto. Habían aprendido a disfrutar aquello.
– ¿Qué tal te fue el examen de matemáticas?
– Mejor que el anterior. – explicó – Al menos este lo he aprobado, no con gran nota, pero aprobado.
– Soy un gran profesor. – se auto aduló divertido.
– Qué creído…
Ambos se carcajearon suavemente.
– ¿Acaso no es cierto? No es fácil dar clases a alguien que se la pasa intentando violarte. – Rukia fingió indignación poniendo su boca en forma de "o". – Merezco un premio por conseguir mantener mis pantalones puestos cuando te ponías así.
– Cállate, idiota. – volvió a salpicarlo entre risas. – Bien que te gustaba.
– Claro que sí, pero luego me tenía que aguantar toda la noche con una erección horrible.
– Porque querías. – rebatió sonriendo divertida. – Sabes bien que yo quería…aliviarte.
– Y yo que me aliviaras, pero tenías que concentrarte, desgraciada. – dio un apretón a los muslos de la chica.
– No es fácil concentrarse contigo cerca. – ¿aquello fue un cumplido? Sí, lo fue.
Ichigo solo esbozó una suave sonrisa.
Volvió a inundar el agradable silencio en el que se podía escuchar el suave ruido del agua meciéndose en la bañera. Ichigo acariciaba las piernas de la chica, concentrando su mirada en el cuerpo desnudo de ella. Era realmente lindo…pero no era lo que más le gustaba de ella. Le gustaba de sobremanera su forma de ser y quería saber más de ella a toda costa.
– ¿Por qué repetiste curso, Rukia? – preguntó sin mirarla con tono sosegado.
– Ya te lo dije…– contestó con una tranquilidad fingida y mirándolo fijo. – Suspendí muchas asignaturas.
– Sabes bien que no me refiero a eso. – alzó sus orbes ocres, enfrentándose a los ojos violetas de la chica. – ¿Qué ocurrió para que eso pasara? Eres una chica lista, lo único que se te complica son las matemáticas. – acotó.
La morena jugueteó con el agua remolona, desviando la mirada del chico para finalmente levantarse y salir de la bañera, secándose con la toalla. Ichigo la miró dolido, sabiendo que Rukia estaba huyendo otra vez de él y sus preguntas.
– Simplemente tuve problemas familiares. – contestó observando al pelinaranjo levantándose desnudo de la bañera e imitando a Rukia.
– ¿Qué problemas? – trató de sonar indiferente, pero en realidad estaba interesado.
Rukia salió desnuda del baño una vez se secó bien y se dirigió a la sala de su apartamento para vestirse. Ichigo la siguió para hacer igual, pero también buscando respuestas.
– Pues tonterías, Ichigo. – le restó importancia, poniéndose uno de sus vestidos de estar por casa sin la ropa interior debajo.
– No creo que fuesen tonterías si te hicieron repetir curso. – imitó a la morena poniéndose su ropa.
Le dio tiempo a vestirse de sobra, pues Rukia se había quedado en silencio varios minutos y ahora no le mantenía la mirada más de dos segundos. Sus ojos brillaban con tristeza, aunque su rostro tratase de reflejar algo distinto. Era muy terca y cerrada, Ichigo lo sabía bien, pero quería ayudarla.
– Qué más da, Ichigo, no lo entenderías. – contestó más seria de lo que pretendía, sentándose en el borde de su cama.
– ¿Cómo sabes que no lo entendería si no me lo cuentas? – cuestionó molesto ante aquel tono de voz, cruzándose de brazos en frente suya.
– ¿Por qué quieres saber? – estaba incómoda, lo podía percibir. Su mirada se desvió hacia otro lado y por primera vez vio a la chica fruncir el ceño.
– Porque quiero saber más de ti. – insistió tratando de relajarse.
– No hay nada interesante que saber de mí.
– Déjame juzgarlo a mí mismo, ¿no? – comentó irónico.
– Ahhhg, Ichigo…– desesperada se recogió el cabello en busca de paciencia, soltándolo de nuevo tras un suspiro. – ¿Por qué demonios quieres saber más de mi? ¿No te basta así?
– No. – negó tajante sorprendiendo a Rukia. Había perdido la paciencia y ya no aguantaba más. – No me basta así. No me basta con esto, Rukia. Necesito más.
– Ichigo…– su voz suave advertía que estaba yendo por mal camino, pero él se dejó llevar por la rabia.
– No, Rukia. – no la dejó continuar, estaba enojado. – Estoy cansado de que no confíes en mí. No quiero ser eternamente tú "desahogo sexual".
– ¡Eh! – lo detuvo enojándose también y levantándose de la cama. – Tú también accediste a esto, no me vengas ahora con reproches, ¿qué mierdas te pasa?
– ¡Qué te quiero, estúpida! – gritó enojado casi sin pensar.
Y se hizo el silencio.
Pero esta vez fue un silencio tenso.
Rukia no daba crédito a lo que acababa de escuchar, e Ichigo no daba crédito a lo que acababa de decir.
Cuándo el pelinaranjo se dio cuenta de que se acababa de declarar casi por impulso, sus ojos se abrieron sorprendidos al igual que los de Rukia. Los orbes violáceos de la chica brillaban con una mezcla de terror y sorpresa, no estaba segura de si lo que acababa de escuchar era cierto o no, pero no era algo para lo que estuviese preparada. Pudo notar como su corazón se quería salir del pecho.
– Rukia, yo…–ambos desviaron la mirada al suelo.
– No…– lo volvió a parar. – No digas nada más, por favor.
– Pero Rukia... – el chico alzó la mirada desesperado ante aquel tono de voz tan serio.
Jamás la escuchó hablar así.
– Esto se nos ha ido de las manos…– Ichigo ya se estaba temiendo lo peor. – No es buena idea seguir así.
– Rukia, n-no…– la voz del pelinaranjo tembló.
– Acordamos que no habría nada más, sólo sexo y amistad. – Rukia no se atrevía a mirarlo. – Será mejor que a partir de ahora sólo mantengamos amistad.
El rostro de Ichigo se tensó unos momentos para luego volver a mirar hacia el suelo con gesto serio y triste. Su ceño se frunció con enojo ante las palabras de la joven, sintiéndose tremendamente dolido. Cerró los ojos en busca de endereza y apretó los puños para no cometer ninguna estupidez. Se sentía terriblemente idiota.
– ¿Eso es lo que quieres?
La voz de Ichigo sonó totalmente inexpresiva y seria, con lo que Rukia sintió como su corazón daba un vuelco. Se sintió la peor mujer del mundo, pero se mantuvo fuerte aguantando la situación. Lo hacía por el bien del chico, ella sólo le iba a dar problemas y no se sentía lista para afrontar sus sentimientos. Porque era más que obvio que sentía cosas por aquel muchacho.
– Sí…– afirmó con un hilo de voz y sin aún atreverse a mirarlo a los ojos.
Ahora también se sintió cobarde.
– Está bien. – contestó con frialdad el muchacho tras un breve silencio.
Rukia notó como el muchacho se daba la vuelta dispuesto a irse, y ella alzó la mirada preocupada y desesperada. ¿Estaba haciendo lo correcto? Dudó en aquel momento y no supo que debía hacer. Estaba enojado, y no como las otras veces cuando ella lo molestaba, sino enojado de verdad. Más bien dolido.
– Ichigo…– lo llamó cuando se levantó de la cama para ir tras él, pero él no la dejó hablar más.
– Nos vemos el lunes. – finalizó sin darse la vuelta.
Y se fue.
Rukia se quedó varios minutos observando la puerta de su apartamento, pensando en si acababa de hacer o no lo correcto.
Finalmente, se resignó y se auto convenció de que aquello era lo mejor, aunque su corazón gritase todo lo contrario.
Aquella noche no se dieron golpes en la pared, ni tampoco las buenas noches…
Desde aquel momento, todo había cambiado…
Continuará…
Fue cortito, lo siento, pero se compensará con los dos próximos capítulos. Sí, le quedan no más dos capitulos a este fic...y bueno, un epílogo que no sé cuanto me ocupe, pero que servirá para explicar más cosas. Pero eso, ya hemos llegado al punto álgido y pronto se vendrá el desenlace. En teoría la historia se acabará en el capítulo 9, que ya está escrito... pero quien sabe si me lo piense más :) En fin, espero saber que les ha parecido este pequeño capítulo. Por favor, merezco reviews por mi alusión a Juego de Tronos y por el hermoso lemon. C': Háganme feliz y les actualizo antes...ah, tan chantajista que soy. Jajajajajaja
Gracias por todo el apoyo que me han dado durante el fic, de verdad que es lo que me motivó a continuarlo con tantas ganas.
¡Nos vemos en la próxima actualización!
Con cariño
Atte: HanaBerry
