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Al día siguiente. Como otros tantos días salí de la habitación, y me fui a buscar a Juvia. Y de allí nos dirigimos a una de las puertas que había cerca del pasillo de las habitaciones, cerca de comedor de los consejeros.

-¿Y ahora? Ya hemos ido a muchos lugares, ¿A donde vamos hoy?- me dijo Juvia aún un poco adormilada.

-No se, - me fijé en la primera puerta- LandIce. ¿Qué te parece si entramos aquí?

-Vale, aquí aún no hemos ido. Entramos.

Juvia y yo entramos en la puerta en la que ponía LandIce, no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar.

Al llegar allí nos encontramos con una ciudad completamente de hielo. El suelo era de hielo, los parques, todo, era como una exposición de hielo.

-Pero… ¿Dónde estamos? Esto parece la Antártida.

-No, tengo ni la menor idea.

Comenzamos a caminar por las calles de la ciudad de hielo, investigando todo lo que nos encontrábamos a nuestro paso.

-Este lugar es muy raro.

-Pero mira,- dije- si te das cuenta todos los seres vivos son de carne y hueso.

- ¿Y que?

-Pues que desde ayer por la noche no he comido nada, y tengo algo de hambre.

-¿Te quieres comer a alguien?

-Si- dije sonriendo- vamos, seguro que tú también quieres.

-No, yo estoy bien- la sonaron las tripas.- vale si, tengo hambre, espero que haya algo que comer por aquí.

Sonreí la cogí de la mano y salí corriendo por las calles buscando algún humano que llevarme a la boca. Pero por más que camináramos por esas calles no veíamos nada malo.

-Esto es muy extraño, no parece haber nada fuera de lugar.

-¿A que te refieres?

-¿No te das cuenta de que todo lo que hay en esta ciudad es felicidad? No hay nadie robando, maltratando ni nada- me extrañé- esto es como el país de la felicidad.

-Es bonito ¿no? Todos son felices.

Miré a Juvia.

-Siempre tiene que haber un equilibrio entre el bien y el mal, y si esta ciudad es todo felicidad, entonces en otro lugar debe de haber otra ciudad en la que lo que haya principalmente sea el mal, o la tristeza.

-Exactamente.- una voz salió de la nada, la cual me resultó conocida por el tono jovial en el que lo dijo.

-Conejo idiota, cuantas veces he de decirte que tienes que esperar-dijo otra voz mas seria.

-¿No serán?- la cara de felicidad que había tenido hasta ese momento me cambió a enfado solo con escuchar eso.

Miré encima de mi, y en lo alto de una casa, en el tejado se encontraban aquellos dos cazadores contra los que habíamos luchado ya en una ocasión.

-¿Que hacéis aquí?- dije con enfado.

-¿A vosotras que os parece? Vosotras sois nuestra misión, fallamos el otro día, pero hoy no pensamos fallar.

Aquellas dos personas ya habían cogido sus armas y estaban preparados para atacarnos.

-"Juvia, ¿estás lista?"- la dije mientras sacaba mis abanicos y los desplegaba con mucha facilidad a pesar de que pesaban mas que 100kilos de hierro.

-"Preparada."- dijo ella mientras levantaba las manos y en ellas comenzaba aparecer un humo blanco.

Las dos reímos, estábamos preparadas para acabar con ellos y con esta tontería de una vez por todas. Las dos sacamos las alas y en medio de la gente, la cual nos podía ver perfectamente, volamos hasta lo más alto para que ellos no nos alcanzaran.

- ¿Qué pasa, no llegáis?- dije con burla hacia el chico del pelo azul el cual no dejaba de mirarme, con odio, seguramente.

Juvia y yo salimos volando hasta un lugar en el que pudiéramos luchar sin tener a los humanos como obstáculo.

Sobrevolamos toda la ciudad hasta un parque cercano en el que no había ningún humano. Al llegar, ellos aún no habían llegado, les habíamos dejado bastante atrás. Cuando llegaron.

-Mira que sois lentos- les dije a los dos mientras me columpiaba.

-¡Basta de burlas!- el peliazul se abalanzó sobre mí con la katana en alto, en cuanto le vi acercarse, salté del columpio hacia atrás, y saqué los abanicos.

-Vamos, segundo round. –le dije desafiándole.

La pelea no era como la del día anterior, el hielo que había bajo nuestros pies hacia que en más de una ocasión los dos nos resbaláramos y acabáramos en el suelo. Una de las veces caí al suelo vi a lo lejos a Juvia tranquilamente en el mismo sitio en el que había aterrizado, y estaba junto al otro cazador, no hablaban, solo se miraban. Una profunda ira comenzó a recorrerme el cuerpo. Saqué las alas y me marché de aquel lugar sin decir nada a Juvia.