Capítulo VI:

Revelaciones

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La oscuridad de la tarde y la nubosidad opacaron su regreso a la base. Atravesaron la entrada y saborearon el olor de las plantas y la tierra mojada. Seguramente Lambo e I-pin habían estado saltando entre los charcos. Seguramente cuando se enteraran de que habían traído a Nana, armarían una fiesta. Y seguramente, teniendo al fin a dos de los tréboles y, tras recibir la llamada de Hibari, saber que uno más venía en camino, obtendrían información valiosa después de cuestionarlos. Las cosas iban bien y aún así todo parecía tan mal.

Tsuna estaba sentado junto a la cama de Nana, en la unidad médica donde la habían instalado, y no podía evitar preguntarse qué iba a decirle cuando despertara.

―¿Cómo está mamá? ―preguntó Reborn entrando en la habitación.

―Bien, sólo sigue inconsciente ―contestó Tsuna sin mucha emoción.

Se coló una pausa larga, donde Reborn se acercó a la cama, sentándose en la orilla, como para asegurarse de que realmente estuviera bien.

―¿Crees...? ―habló de nuevo Tsuna―. ¿Crees que debería decirle la verdad?

―Esa es una decisión que tú debes tomar, Tsuna ―le contestó su ex-tutor, sabiendo que no era eso lo que quería escuchar.

―Tengo miedo de hacerlo ―admitió Tsuna.

―Iemitsu también lo tuvo ―dijo Reborn―. Quiso decírselo varias veces, pero al final no lo hizo.

―No quiero hablar de él.

Tsuna fue tajante, como siempre que se mencionaba ese nombre.

―Evitar el problema no va a hacer que desaparezca ―le dijo Reborn, acomodándose el sombrero y saltando de la cama―. Aunque no te guste hablar al respecto, piensa que él cometió el mismo error.

Reborn salió de la habitación y Tsuna se sintió frustrado al no poder rebatirle.

―Lo siento, mamá… ―le dijo en voz baja―. Todo habría sido más fácil si te lo hubiera dicho desde el principio.

Y, sabiendo que no lo escuchaba, le relató todo lo que había sucedido desde el día que Reborn apareció en su vida. Le habló de las muchas batallas… con Mukuro, con Varia, con Byakuran, con los Simon; incluso le habló de Vindice y la Maldición del Arcoíris. Le habló además del verdadero trabajo de Iemitsu, de la verdadera razón por la que se había ausentado tanto tiempo. Le habló también del día que murió el Noveno. Le habló de cuando decidió convertirse en el jefe de la mafia, de los eventos que le siguieron a la ceremonia y de los más recientes. Se lo dijo todo porque sentía que necesitaba hacerlo sin que ella realmente lo supiera. Luego se sumió de nuevo en la falsa seguridad del silencio.

―De verdad, lo siento…, no sabes cuánto… ―agregó con varios años de retraso.

Cuando salió de la habitación, Nana abrió los ojos.

―Tsuna…

HOTEL PORTRAIT FIRENZE, FLORENCIA, ITALIA

Hibari casi estrelló la pantalla de su teléfono cuando sonó la alarma que había programado él mismo. Al poco rato, se levantó con pereza, sólo había dormido unas tres horas. comprobó que Kiril seguía dormida, aún en su mismo atuendo, sin zapatos y despeinada entre las almohadas. Salió del dormitorio y encontró a Chrome dormida sobre el sofá. A diferencia de él, se había puesto su pijama y no se molestó en colocar alarmas. Sin decir nada, se dirigió a la cocina y preparó dos tazas de té. Dirigiéndose de nuevo a la sala, dejó una de ellas sobre la mesita de cristal que estaba frente a la improvisada cama de Chrome, quien en ese momento abrió los ojos tomándolo por sorpresa, aunque supiera disimularlo.

―Hi… Hibari-san…

Chrome se enderezó y le agradeció por el té en un tono tan bajo que tal vez no la hubiese escuchado.

―Empaca ―dijo Hibari―. Nos vamos en un par de horas.

―¡Pero yo aún no…! ―Por primera vez Chrome alzó la voz en un intento de explicarse―. Lo siento, es que aún no he podido hablar con Mukuro-sama.

―Recibí indicaciones de regresar hoy ―dijo Hibari―, y llevarte conmigo.

―¿Puedo hablar con el jefe? ―preguntó Chrome con la inusual persistencia que mostraba cuando el asunto se trataba de "Mukuro-sama".

Hibari le dedicó una última mirada de fastidio antes de regresar a la habitación, azotando la puerta y despertando a Kiril en el interior. Le molestaba actuar de niñera y, más aún, odiaba cuando esa herbívora hablaba de Mukuro como si… como si el tipo fuera un santo.

Afuera, Chrome sintió que los ojos se le humedecían al ver lo amplia y vacía que era la habitación mientras tomaba su teléfono.

―¿Jefe?

―¿Chrome? ―contestó Tsuna al otro lado de la línea―. ¿Qué sucede?

―El guardián de la nube me dijo que debemos regresar hoy, pero…

―Entiendo lo que quieres decir, Chrome. Sé que ésta podría ser una oportunidad para hablar con él, pero... ahora que Trifoglio está con ustedes es peligroso que se queden allí por más tiempo ―le explicó Tsuna con paciencia―. No sólo Mukuro los buscaría, hay muchos que están interesados en dar con ella.

―Pero, jefe, yo… necesito ver a Mukuro-sama… ―insistió Chrome con pocas esperanzas.

―Chrome… ―Tsuna podía notar claramente la voz entrecortada a través de la línea―. Te prometo que investigaré más sobre el paradero de Mukuro, ¿de acuerdo? ―Trató Tsuna cuando la escuchó sollozar―. No llores, Chrome, de algún modo lograré contactarlo y haré que hable contigo, ¿sí? Por ahora regresa con Hibari-san, sería peligroso si te quedas sola.

―Está bien… ―accedió Chrome limpiándose las lágrimas.

Sabía que el jefe cumplía lo que prometía, no era que no confiara en él. En realidad sabía las muchas dificultades por las que estaba pasando, pero no podía evitarlo; quería ver a Mukuro, porque había cosas que tenía que decirle, cosas que tenía que preguntarle..., cosas que tenía que aclarar.

BASE VONGOLA, NAMIMORI, JAPÓN

Tsuna suspiró. Aún le quedaba la duda de si Mukuro quería a Chrome a tal grado de alejarla por su bien o si sólo la había usado. En realidad él también quería preguntárselo. Su mente seguía en caos total mientras salía de la enfermería en busca de sus guardianes y Dino. Siempre tenía que asegurarse de que se tomaran el tiempo suficiente para atenderse después de cada batalla, pero considerando las coloridas personalidades que tenían, era difícil lograrlo. Los encontró en la sala junto con Haru, pero faltaba uno.

―¿Y Ryohei-niisan? ―preguntó.

―Tsuna-san ―lo saludó la chica―. Sasagawa-san dijo que se sentía mejor y salió a correr un rato. Sabes que es difícil mantenerlo quieto.

―Espero que realmente esté bien. ―Suspiró Tsuna, luego se dirigió a los demás―: ¿Cómo se sienten?

―¡Esto no es nada, Décimo! ―Se apresuró a contestar Hayato―. Debieron informarnos sobre la batalla, podríamos haber ido con ustedes.

―¿Dos batallas en un mismo día? Sería demasiado ―comentó Dino con su habitual sonrisa.

―¡Claro que no! ―insistió Hayato―. ¡¿Quieres comprobarlo?!

―Vamos, vamos, dejen de discutir por eso ―intervino Takeshi―. Lo importante es que las cosas salieron bien.

Tsuna sonrió al ver que cuando menos habían recuperado los ánimos.

―Décimo, escuchamos que trajeron a tu madre a la base ―dijo Hayato―. ¿cómo se encuentra?

―¿Está bien? ―preguntó también Haru.

―¿Ya despertó? ―Se unió Takeshi.

―Está bien ―contestó Tsuna―, pero aún no despierta.

―¡Ya volví al extremo! ―dijo Ryohei anunciando su entrada en la sala.

―¡Cabeza de césped, ¿siempre tienes que hacer tanto escándalo?! ―reclamó Hayato.

―Bienvenido, senpai. ―Lo saludó Yamamoto.

―Ah, qué bueno que regresaste pronto. ―Haru se dirigió a Ryohei―. Olvidé preguntarte por Kyoko-chan. He tenido muchas dificultades para comunicarme con ella. Al parecer el horario de llamadas es muy estricto y el uso de internet restringido. Ya van un par de meses desde la última vez que respondió a mis mensajes.

Tanto Ryohei como Tsuna se tensaron al escuchar ese nombre.

―Ah, sí, no te preocupes, ella está bien ―le contestó Ryohei forzando una sonrisa―. Tampoco he podido hablar con ella recientemente, pero al parecer le está yendo muy bien.

―Me alegra. ―Sonrió Haru―. Espero que podamos verla pronto.

―Bueno, creo que es hora de descansar ―dijo Tsuna, rehuyéndole al tema―. Mañana será un día ocupado.

Al salir de la sala, Tsuna se recargó en el pasillo. Kyoko… Era difícil hablar de ella. Implicaba evocar muchos recuerdos, algunos buenos y otros no tanto. Con todo, reprimir sus deseos de contactarla no era cosa sencilla. Tal vez llamarle de vez en cuando no fuera mala idea, pero eso debería esperar, sobre todo cuando alguien lo tacleó y cayó al suelo.

―¡Lambo-sama derribó a Tsuna! ―anunció el pequeño sentado sobre la espalda de su víctima.

―¡Lambo! ¿Por qué sigues despierto? ―le preguntó Tsuna, quitándoselo de encima para adoptar una posición decente en el suelo.

―¡Eso no importa, Tsuna, escucha! ―insistió Lambo jaloneándolo―. Oí que mamá está aquí ―le susurró como para mantenerlo en secreto.

―Así que estuviese espiándome.

―¡Entonces es cierto! ―dijo Lambo ignorando el hecho de que lo estaban regañando.

―Lambo, escúchame ―Tsuna lo detuvo antes de que corriera a buscarla―. En estos momentos ella no se siente bien. Tienes que dejarla descansar, ¿de acuerdo?

―No ―negó rotundamente el niño―. Lambo-san quiere verla ahora ―agregó.

―Ya cállate, vaca estúpida ―dijo Reborn, interrumpiendo su conversación al aparecer en el pasillo, arrastrando una maleta.

―¿Por qué llevas equipaje? ―preguntó Tsuna confundido.

―Voy a salir.

―¿Con una maleta?

―Iré a Nueva York, tengo un trabajo.

―¿Podrías ser más específico? ―pidió Tsuna―. ¿Qué clase de trabajo?

Reborn suspiró, dejando su maleta un instante.

―Voy a supervisar las negociaciones de Giglio Nero y los Slifer ―dijo al fin―. Escuché algunos rumores sobre esa Familia, así que me aseguraré de que Yuni esté a salvo.

―Entiendo, pero... ¿no estará Gamma con ella? ―preguntó Tsuna―. Hibari-san y Chrome regresarán pronto con Trifoglio y debemos interrogar a Caín e Ichiru. Además mañana...

Pero, claro, Reborn no era el jefe. Quien debía encargarse de esos asuntos era él mismo. Reborn no podía estar siempre a su lado.

―Reborn se irá…, podré entrar en su habitación ―creyó murmurar Lambo, aligerando el discurso inconcluso de Tsuna.

―Ni siquiera lo pienses, vaca estúpida.

Después de eso, Reborn salió de la base. Tsuna se retiró a descansar después de asegurarse de que Lambo se quedara dormido. Antes de hacer lo mismo en su propia habitación, recibió un mensaje de Hibari, dejándole saber que estaban a punto de abordar el avión. De nuevo, todo marchaba bien, pero algo se sentía mal.

AEROPUERTO DE FLORENCIA, ITALIA

―Prepara la ilusión, herbívora ―ordenó Hibari cuando llegaron al aeropuerto.

Atendiendo la orden, Chrome creó una ilusión para esconder las esposas con las que Hibari se había atado a Kiril; todo lo que fuese necesario para llevarla a Japón y deslindarse de nuevo de los herbívoros.

Kiril no protestó. Había pasado una mala noche y no estaba de humor para discutir. Había intercambiado su vistoso vestido por un par de jeans rotos y una camisa holgada, cubriéndose con la misma chaqueta de cuero que había lucido en el salón de fiestas. Pero incluso con vestimenta casual desentonaba con los guardianes, que lucían sus trajes formales y la condujeron a través de las instalaciones como si fuera una simple acompañante.

Usaron un pasaporte falso que se preguntó cómo habían conseguido, pero no hubo problemas con la seguridad. Dejaron las maletas y tras 10 minutos de espera, al fin se dirigieron a la salida indicada. Subieron por la plataforma, con la naturalidad que el negocio les había enseñado, y la azafata los recibió con una sonrisa.

―Sería mejor que soltaran a la chica ―les dijo―. Creo que sería más cómodo para ambos.

Hibari se alertó al instante y Chrome retrocedió unos pasos antes de hablar.

―Mukuro-sama…

El ojo derecho de la azafata cambió a un rojo profundo, enmarcando el número que definía parte de su nombre.

―Vaya, vaya, parece que me han descubierto. ―Sonrió la azafata mientras una misteriosa niebla la cubría―. Ku, fu, fu, fu…