Edward POV

Al llegar a Seattle, fui directamente al hotel donde Jasper se había hospedado las últimas horas, pregunté por él en la recepción, pero antes de terminar la pregunta mi hermano apareció en la estancia, le hice una señal y él me dedico una sonrisa.

Se acercó hasta donde estaba y nos dimos un fraternal abrazo, en realidad sí lo había echado de menos. Mi madre tenía razón, ni tantos años en la marina lo cambiaron, seguía pareciendo que elegía su ropa durante horas, aunque por lo que sabía de aquellos años en que vivimos en la misma casa, literalmente cogía lo primero que encontraba y con su suerte parecía que se había pasado todo el día eligiendo su atuendo. Pero antes de poder mencionar cualquiera de esas cosas, note que no había ni un solo yeso en su cuerpo, así que o había mentido a la marina para salir o nos había mentido a nosotros, y dudaba que fuera fácil mentir en una base militar.

―Creí que venías antes por la lesión que sufriste. ―murmuré separándome de él, Jasper puso los ojos en blanco antes de sonreír.

―Seis años sin vernos y ¿eso es lo primero que dirás al verme? ―preguntó con cierta diversión. ―Al menos sé que mi madre tendrá la efusividad de todos ustedes en su sistema. ―añadió tomando su maleta del suelo donde la había dejado para abrazarme. ―Yo también te extrañe, Edward. Y no es por intentar arruinar nuestro emotivo reencuentro, pero tú y yo tenemos mucho de qué hablar, así que vamos, quisiera estar en Forks lo antes posible.

―Lo siento, claro que te extrañaba. Solo me sorprendiste, esperaba que estuvieras lleno de moretones y con yesos por todos lados, si es que te habían dado casi seis meses de baja para reponerte. ―respondí comenzando a caminar con él hasta el auto.

―Uno de mis superiores me debía unos cuantos favores, así que conseguí una temporada más larga de vacaciones, siento que he dejado mi vida en pausa por mucho tiempo y quisiera ponerme al día. Pero también quería sorprender a mamá, y ya que no podía ser con mi llegada, pensé en esto. ―respondió mientras subía su maleta en la cajuela del carro.

―Mamá siempre va un paso adelante que tú, Jasper. Quizás el sorprendido termines siendo tú. ―respondí, una vez ambos estuvimos dentro del auto, salimos a la autopista para regresar a casa.

―Será una temporada llena de sorpresas. ―exclamó, no estaba seguro de a qué se refería, pero supuse que era debido a que él se había perdido mucho y ahora se pondría al corriente en todo, al menos estaba de acuerdo con él.

―Y, la Marina, ¿fue todo lo que esperabas? ―pregunté, sabía que estaba yendo por las ramas, y que quizás debería hablarle del gran secreto que había guardado todos esos años, para no temer que alguno de los invitados de mi madre le contará antes que yo, pero no quería llegar peleando a casa.

―Lo fue, pero los últimos días desde que decidí volver, solo puedo pensar en si eso es verdaderamente lo que deseo hacer para toda mi vida, quiero decir, deje todo por seguir este sueño y ahora en cierta manera que no podrías entender, me arrepiento, deje algo aún más importante de lado, y tarde tanto tiempo en recordar que eso seguía en mi espera que ahora dudo que siga ahí.

Su respuesta me tomo por sorpresa, en los años en que nos habíamos comunicado por cartas o llamadas ocasionales, jamás había parecido arrepentido de su elección, siempre estaba animado cuando hablaba del tema, feliz de subir de rango, de pasar alguna nueva prueba, sin embargo, el hombre sentado a mi lado parecía realmente pensativo sobre sus elecciones, y lo entendía. A veces tomas caminos que crees son los correctos en su momento, pero con el tiempo y al ver lo que perdiste, te das cuenta de que lo arruinaste, que esa simple elección había cambiado tu vida para siempre y no había forma de regresar a ese instante en que tomaste la decisión. No importaba lo mucho que lo desearas.

―Creo que lo entiendo. ―murmuré.

El resto del camino fue muy silencioso, cada uno metido en sus pensamientos. Las palabras de Jasper habían expresado justo como me sentía, él siempre era la persona que me mantenía con los pies en la tierra, no porque me volviera arrogante, sino porque toda la vida, él siempre había sido más maduro, consciente y firme en sus decisiones, mientras yo hacía planes y en mi camino a lograrlo, tomaba paradas continuas en tonterías, él era quien me empujaba a seguir adelante y no quedarme atascado en una parada de paso. Sin él había perdido el rumbo, preso de mis errores ahora intentaba poner mi vida en orden otra vez, intentando ser el hombre que mis pequeños necesitaban, el que Bella quisiera a su lado para criarlos. Intentaba encontrar mi camino de nuevo.

Al llegar a Forks, estaban por ser las siete, la hora en que mi madre tenía planeada la fiesta de bienvenida, había prometido no decir nada, pero dudaba que él no la esperara. Tenía un sexto sentido cuando se trataba de mi madre.

Jasper era más parecido a mi padre, con un aura tranquila, una vida con metas claras y con sus objetivos firmes. Yo por otro lado era más como mi madre, teníamos metas claras, pero nos distraíamos con el camino hacia ellas, el enorme error en la vida de mi madre había sido la aventura después de casarse, el mío era haberla dejado ir cuando más me necesitaba.

―Yo llevo tus cosas. ―murmuré cuando bajamos del auto, él asintió y comenzó a andar rumbo a la entrada, las luces de la sala estaban encendidas y por los cristales de la puerta era difícil fingir que no había nadie ahí. Apenas abrió la puerta, un grito algo confuso se escuchó desde dentro, lo vi sonreír desde mi sitió unos pasos atrás de él, mi madre fue la primera en saltar a sus brazos, al llegar a la puerta pude ver sus mejillas bañadas en lágrimas.

―Yo también te extrañe, mamá. ―murmuró Jasper abrazándola con ternura, sonreí un poco y pasé a su lado para dejar la maleta en un armario en la entrada, la casa estaba llena de personas del pueblo, dudaba que alguno de ellos hubiera sido amigo real de mi hermano, pero tenían la suerte de ser amigos de mi madre que era más que suficiente para asistir a aquella "pequeña" reunión.

Jasper saludo a cada uno, ni siquiera sabía el nombre de la mayoría, pero intentaba ser cortes, por mi parte, me reuní con Emmett y Jacob, no era la clase de fiesta que ellos acostumbraban, así que parecían incomodos, lo que era divertido de ver.

― ¿Al menos habrá alcohol? ―preguntó Emmett mirándome, asentí con diversión, sus ojos brillaron hasta que noto que el único alcohol que había era el de la champaña que mi madre había comprado días atrás.

―No entiendo porque seguimos viniendo a estas cosas. ―se quejó Jacob con su tercera copa de champaña en los dedos. ―No te ofendas, Edward, pero tú mamá hace las fiestas más aburridas en el mundo. ―solté una carcajada, en verdad no sabía cómo mi madre siempre acababa persuadiéndolos de venir a sus festejos.

―Por favor, dime que tienes algo decente en alguna parte. ―exclamó Jasper llegando a nuestro lado con una copa igual a la de Jacob, suspiré y finalmente les señalé que me siguieran. En el minibar de mi padre había escondido un paquete de seis cervezas. No era gran cosa, pero era mejor a tener que beber champaña y escuchar viejas historias de cuando éramos unos bebés adorables, de boca de personas que no recodábamos, así que tomamos el paquete y salimos al patio, mi madre pareció no notarlo, así que una vez en el jardín, Jacob fue el primero en quitarse el saco y la corbata.

― ¿Vas a contarnos historias de guerra? ―preguntó Emmett tomando una cerveza, los demás le seguimos y Jasper levanto una ceja.

―No, estaba en la Marina, no en el ejército, así que no esperen grandes historias de combate cuerpo a cuerpo. Aparte de que mi rango me impide hablarles de mi trabajo. ―respondió con simpleza. ―Preferiría que me hablaran de lo que ustedes han hecho en estos años, seguramente es más interesante que mi vida en la base de la costa con tres mujeres cada diez hombres.

Sentí pánico de que alguno de ellos mencionara a Bella, no era momento y no podría mentirle a Jasper respecto a ella o los niños. Por suerte, Emmett comenzó a contarle sobre la Universidad el montón de chicas que había conocido, mientras Jacob le hablo de un nuevo empleo en la Push, nos había hablado de él, pero aún no teníamos claro que se suponía que hacía ahí. Parecía cuidar a los más jóvenes del grupo de chicos que vivían ahí, aunque él decía que era como un maestro particular, las veces en que lo habíamos visto, parecía estar jugando nada más.

―Pero nuestras vidas son francamente aburridas al lado de la de tu hermano. ―añadió Jacob sonriendo mientras tomaba su segunda cerveza. ―Finalmente después de casi ocho años, terminó con Alice. No sé quién es más feliz, él o nosotros que ya no tenemos que soportarla por ser su novia. ―puse los ojos en blanco y ellos soltaron una carcajada, incluido Jasper.

―Jamás creí que eso duraría tanto, recuerdo haber apostado porque no soportarías ni un mes con ella. ―respondió Jasper, tomé un poco más de mi cerveza y suspiré.

―Tampoco creí que lo haría. Al final era costumbre. ―expliqué, él asintió y tomo otra botella del paquete. ― ¿Con quién hiciste la apuesta? ―pregunté y miré al otro par que negaron en su defensa.

―Con Bella. ―respondió con tranquilidad, su nombre me puso tenso, pero al contrario de mí, Emmett sonrió recordando que ella estaba sin duda en su lista de cosas por compartir.

―Oh, tienes que ver a Bella, se ha puesto preciosa. Desde que la vimos en bikini, no puedo quitarme esa imagen de la cabeza. ―exclamó levantando las cejas ladinamente, Jasper sonrió divertido.

―Ya la he visto, estaba en el mismo hotel que yo en Seattle. ―explicó, lo miré sorprendido y él se encogió de hombros. ―Tienen razón, se ha puesto preciosa. Aunque, a decir verdad, Isabella nunca fue fea, solo que, a ustedes, trío de idiotas, los manejaba la cabeza de abajo, y la pasaban por alto. ―añadió dejando la botella por la mitad en los escalones donde estábamos sentados.

―No la pasaba por alto, solo creía que Edward estaba enamorado de ella y ya sabes, primero amigos, después mujeres. ―respondió Jacob que se había puesto de pie, fruncí el ceño, no tenía idea de que era tan obvio, él siempre parecía el más despistado de nosotros y si era capaz de notarlo, dudaba que alguien del pueblo no lo hubiera notado.

―Yo lo creí por un breve tiempo, en especial por lo que paso en la fiesta que hicieron aquel verano, pero con lo que… ―Jasper se puso de pie antes de que Emmett pudiera hablar, mientras yo me había quedado tieso ante lo que estaba por decir, iba a hablar de su embarazo, casi agradecí que mi hermano se hubiera levantado.

―Creo que escuche a mi madre llamarme. Hablaremos después, con algo más que seis cervezas. ―exclamó con una mirada algo extraña, asentimos mientras él se alejaba. Entro de vuelta a la casa y fulminé a Emmett con la mirada.

―Jasper no sabe nada de lo que paso con ella en estos años, así que hasta que no pueda explicarle todo, evita mencionarla ¿de acuerdo? ―murmuré poniéndome de pie, él bufo, pero asintió.

―Está bien. Aunque me sorprendería que realmente no lo sepa. ―respondió y entramos a la casa, mi padre estaba hablando con Jasper, mientras mi madre hablaba con un grupo de personas al otro lado de la habitación.

Aquella noche sería bastante larga.

Dos horas más tarde, las personas comenzaron a irse, Emmett y Jacob parecían a punto de caer dormidos, mientras que mi madre seguía al borde con sus emociones, había pasado de sonrisas enormes a llantos nostálgicos mientras hablaba con los invitados sobre el regreso de Jasper, mientras tanto mi padre y yo habíamos comenzado a limpiar la sala, así que Emmett y Jake decidieron ayudar.

― ¿Qué te dijo Bella en Seattle? ―pregunté de pronto, Jasper había comenzado a limpiar con nosotros cuando los últimos invitados salieron de la casa, mientras mi madre subía a cambiarse para ayudar, lo miré esperando una respuesta, él solo me miró confundido.

―No mucho, al menos nada que no supiera, pero dijo que se quedaría unos días más en el pueblo. Quedamos en hablar entonces. ―respondió recogiendo algunas copas.

― ¿Solo eso? ―pregunté de nuevo, él me miró fijamente y tomo una botella vacía de champaña que estaba en la barra del bar, con las copas en la otra la mano.

―Si la pregunta es si me hablo de lo que paso hace seis años, la respuesta es que no tuvo que hacerlo. Tienes suerte de que haya aprendido a controlarme y sea más maduro que tú o tus amigos, porque si no, los tres tendrían el rostro destrozado. ―su tono de voz era tan sutil, era casi un susurro letal que me hizo sentir como un niño al que habían amenazado, su tranquilidad al decirlo solo me dejo tenso, lo miré con los ojos como platos, él comenzó a caminar a la cocina y me dejo ahí, sin saber que decir o hacer.

¿Cómo se había enterado si ella no se lo había dicho?

No creía que mis padres se lo hubieran dicho, mucho menos de una manera en que él quisiera defenderla con tal intensidad, sabía que debía explicarme, pero ahora sentía miedo de que él me rechazara, porque al final, era el único que podría ayudarme realmente.

Cuando ese pensamiento cruzo mi mente, me di cuenta de que eso debió pensar Bella años atrás, yo era todo para ella, sus padres le ignoraban, todos en la escuela la habían tomado contra ella y las personas del pueblo eran más que groseras cada que la veían, ella siempre había sido tan inocente, estaba aterrada, lo había visto cuando rompió en llanto en mis brazos porque no tenía idea de que debía hacer, lo notaba cuando aceptaba las migajas de apoyo que le daba, se aferraba a ese pequeño gesto de amabilidad porque nadie más lo tenía con ella y debía haberse sentido tan sola para aceptarlo por tanto tiempo. Jamás había pensado a fondo todo eso, no de esa manera.

Bella me había necesitado ahí cuando todo el mundo le dio la espalda.

Sentí un hueco en el estómago, y un nudo en la garganta.

Ahora podía entender el verdadero resentimiento que había crecido con los años, podía entender su mirada fría y la pared que construía entre nosotros cada que estaba cerca, ella no podía permitir que me acercara porque la había defraudado y quizás temía que les hiciera lo mismo a los niños, que los dejara solos cuando ellos me necesitaran.

No se trataba solo de pelear por lo que podría ser, se trataba de pedir perdón, algo real que demostrara cuanto lamentaba mis errores del pasado.

A la mañana siguiente decidí pasar a verla a casa de su madre, así que a medio día fui a buscarla, tarde más de lo que esperaba en salir del auto y tocar la puerta, pero a diferencia de los días anteriores, ahora me sentía nervioso, aterrado en realidad, se trataba de admitir un gran error y esperar un perdón que no creía merecer.

Suspiré y toqué a la puerta. Escuché unos pequeños pasos hasta la entrada y luego vi los hermosos ojos azules de Elizabeth asomándose por el diminuto cristal a los lados de la puerta, me sonrió y movió su mano como un saludo, le correspondí, sintiéndome más tranquilo por ese simple gesto. Antes de poder agacharme para saludarla, la puerta se abrió y Bella me miró entre sorprendida y confundida.

―Edward ¿Qué haces aquí? ―preguntó algo acelerada, suponía que era por cuidar a los niños.

―Quería hablar contigo a solas. ―respondí intentando sonar más seguro de lo que estaba, ella trago en seco, soltó un sonoro suspiro y con una mirada de no tener otra opción, me dejo pasar.

―Hola, Edward. ―exclamó la diminuta rubia parada en el primer peldaño de la escalera. ― ¿Viniste a jugar con nosotros como Seth? ―preguntó sonriente, le sonreí y me senté a su lado mientras Bella aún mantenía el agarre en la puerta.

―Jugaremos después, ahora debo hablar con tu mamá. ―expliqué y acomodé un mechón de su cabello detrás de su oreja. Ella puso los ojos en blanco y solté una breve carcajada, ella sonrió y sus mejillas se tiñeron de rojo.

―Bien, pero tendrás que regalarme un perrito por no venir a visitarnos. ―advirtió, sonreí divertido, antes de poder decir otra cosa, Bella negó.

―Buen intento, Elizabeth, pero no habrá perritos en la casa. ―la diminuta rubia suspiró decepcionada.

―Iré a jugar con James. Adiós, Edward. ―se puso de pie y se fue dando saltitos por el pasillo hasta salir al jardín, me levanté y miré a Bella, ella señalo la sala y entramos ahí para hablar.

― ¿De qué quieres hablar? ―preguntó al cerciorarse de que no había nadie cerca. La miré a los ojos y decidí que era momento de dejar de lado mis miedos, si quería que esto funcionara, ella debía saber que ya no iba a ser controlado por mis inseguridades.

―Quiero disculparme. ―ella frunció el ceño, incrédula de mis palabras. ―Finalmente entendí que me necesitabas, no solo para pagar las estúpidas consultas o llevarte al médico a escondidas. Necesitabas que alguien te sostuviera cuando estabas asustada, alguien que te brindara apoyo cuando todo el mundo parecía en tu contra, necesitabas que fuera el fuerte por una vez y lo arruine. Quiero arreglarlo, hablaré con mis padres, les diré la verdad y no importa si todo el pueblo habla de mí o si quieren que sea su nuevo blanco de insultos, solo quiero que sepas que ya no soy el chico de hace años, quizás sigo asustado porque quizás resulte ser un padre terrible y tengas que enseñarme como se hace. Pero me esforzaré por aprender. ―murmuré mirándola a los ojos, ella parecía haber palidecido y su mirada estaba fija en la mía, parecía estar pensando en miles de cosas, ni siquiera creía que estuviera viéndome realmente a mí. ― ¿Bella?

―Sí. ―parpadeo varias veces y paso una de sus manos por su cabello, suspiró y se sentó en el sofá. ―Edward, no puedes decirle nada a nadie. ―respondió finalmente, fruncí el ceño, creía que eso era lo que quería.

― ¿Por qué no?

―Sé que estás arrepentido y en algún momento en el futuro quizás pueda perdonarte. Pero sé que no haces esto porque quieres, lo haces porque crees que esto es lo que yo quiero. ―me senté a su lado y me pasé las manos por el cabello en señal de frustración.

―No tengo idea de que quieres, Bella. Cada que hablamos parece que cambias de parecer y quieres algo diferente a lo que querías la vez anterior. Solo quiero acercarme, ser parte de la vida de los niños. Y la única manera de que funcione es que todos sepan la verdad, de otra manera se la pasaran hablando y en un futuro ellos entenderán todo esto, ya una vez deje que juzgaran a una persona por mis errores, no voy a dejar que los juzguen a ellos también. ―ella suspiró pesadamente.

―Entonces todo el pueblo sabrá, pero ellos no. Así que les dirás a todos quien es su padre, arriesgando que algún extraño se los diga en la calle. ―puse los ojos en blanco, su forma de hablar era rápida y confusa, como si estuviera improvisando, no tenía la misma seguridad que había visto la última vez.

―Bien entonces hablemos con ellos primero.

―No son adultos, Edward. No entienden las cosas como nosotros, no puedo simplemente acercarme y decirles Él es su padre. En cuanto sepan la verdad toda su vida va a cambiar. ―suspiré y asentí, quizás tenía razón.

―Dime que quieres que haga. ―susurré mirando la mesa de centro como si fuera lo más interesante del mundo, ella se giró para mirarme.

―En dos semanas volveremos a Los Ángeles. ―exclamó, la miré sin entender del todo a donde iba con eso.

― ¿Quieres que me mude allá? ―pregunté confundido, suponía que no había nada que me amarrara realmente al pueblo, podía conseguir un empleo y un lugar para vivir, lo haría si con eso podía pasar más tiempo con ellos.

―Creo que antes de que tomes decisiones apresuradas, podríamos pasar algo de tiempo juntos, para ver cómo van las cosas con los niños. Pero no puedes decirles nada, yo decidiré cuando sea el momento adecuado. Y espero entiendas que el que te deje acercarte a ellos, no significa que nosotros podremos tener algo, ni ahora, ni nunca. ―asentí, estaba de acuerdo en la mayor parte de todo eso.

Quizás con el tiempo lograría que ella me viera de manera distinta, después de todo estábamos unidos para siempre por nuestros hijos, pasaríamos mucho tiempo juntos y en ese tiempo podría acercarme poco a poco a ella, no estaba dispuesto a renunciar a Bella, sabía que era con quien debía estar, aun con todos los obstáculos que tuviéramos.

Narrador POV

Había pasado mucho tiempo desde que habían tomado esa foto, la tomo con delicadeza mientras sus ojos recorrían los rostros de las personas que estaban en ella, parecía que habían pasado décadas en lugar un par de años desde ese día tocó el cristal con melancolía, cuando todo parecía estar bien, cuando parecía que la mujer a su lado era el amor de su vida y que los errores habían quedado en el pasado. Ahora su familia pendía de un hilo y aun cuando durante años él había mantenido a todos unidos, ahora no sentía la fuerza para hacerlo, ya no era el joven soñador de años atrás, era un hombre triste, aunque no dejara que las personas lo vieran, estaba destrozado, su corazón lo había estado desde mucho tiempo atrás, pero finalmente había dejado de luchar por reconstruirlo.

Volvió a dejar la foto encima del escritorio y observo el sobre frente a él, no podía guardarlo más tiempo, había hecho mal al hacerlo en primer lugar, pero había confiado ciegamente en los bonitos ojos verdes que tanto había amado, siempre confiaba en ella, no importaba las veces que rompiera su corazón, porque era el amor de su vida, no podría vivir sin ella, aunque a veces se preguntaba si él era el amor de la vida de ella.

Comenzó a escribir una explicación a porque la carta había tardado tanto tiempo en ser entregada, pidiendo perdón por esconderla y ocultarle un secreto tan grande por todos esos años.

Después de ver a esos pequeños niños, ver a su hijo en uno de ellos y darse cuenta de la realidad escondida tras los inocentes ojos claros del pequeño, supo que había hecho mal, ellos eran parte de la familia, aun cuando ella se negara a aceptarlo, era imposible cuando eran idénticos a su hijo.

Sello la carta y la guardo para enviarla.

Dos días más tarde lo hizo, sin decirle a nadie, pero advirtiendo en la carta que el secreto debía quedar entre ellos por un tiempo. Al regresar a casa le sonrió a su preciosa esposa, disfrutando de esos escasos días que les quedaban juntos, sentía un nudo en el pecho al pensar en que no pasarían el resto de sus días juntos, beso su frente con infinito cariño y susurró un tierno Te amo.

Era lo correcto. Sabía que lo era. Pero su vida quedaría destruida en cuanto ella supiera lo había hecho. Jamás lo perdonaría, porque, aunque ella era el amor de su vida, él no era el de la suya. Y uno no perdona a las personas que no ama.


Espero les guste

Gracias por leer