Sus comentarios me motivan a escribir.
Cuento con su apoyo.
Primera vez
Caminando tras él podía escuchar claramente el eco de sus pasos, bien, es cierto que Sesshomaru poseía una parte tierna, bella y hermosa… pero estaba debajo de miles de capas de hielo, se recordó a sí misma.
No podía culparlo, en primera ella misma había dicho una sandez y de por si él era un ser por demás frío y de palabras comedidas, ahora ella confirmaba, una vez más algo que desde la primera vez que lo vio ya sabía: Era inescrutable.
No importaba que tanto tiempo pasara con él, o como creyera conocerle, a ella le era imposible penetrar en los pensamientos de aquel ser tan misterioso que la precedía. Y que aparte de sus respuestas cortantes y tono frío, Sesshomaru carecía de un patrón de comportamiento.
De vez en vez le hablaba, sin obtener respuesta.
Bien, era cierto que lo que dijo estuvo de más y fue una estupidez, pero ello no ameritaba ser tratada e ignorada de aquella forma.
A Sesshomaru le llegó inmediatamente el tono que iba subiendo cada vez más en su aroma de molestia y desconcierto. Quizás el único motivo por el que ella estaba expidiendo tales aromas era su actual actitud, pero no había nada que hacer. Él no sabía que pensar, por primera vez en su vida, él era el desconcertado Ya van muchas primeras veces se dijo. Y era cierto, ya la cuenta de las "primeras veces" la había perdido hace tiempo, con las diversas circunstancias vividas al lado de la ahora TaiYoukai que ibas tras él.
Y ya que habían tantas primeras veces, no estaría de más agregar una más a la lista.
Sí, una nueva "primera vez".
Porque lo nunca antes escuchado sucedería, Sesshomaru No Taisho, Señor de las Tierras del Oeste, uno de los más grandes TaiYoukai de su época, huiría… de una mujer.
-Ve al pozo, nos vemos allá pasadas dos lunas.
-¡Na... nani! ¡Pero Sesshomaru!
No tenía idea de cuantas maldiciones podía decir en un instante hasta aquel momento, no tuvo siquiera tiempo de responder cuando ya Sesshomaru estaba hecho una esfera y se fue muy campante.
Bien, era verdad que se sabía el camino y con sus ahora afinados sentidos podía orientarse sin ningún problema, que estaba apenas a día y medio y si se daba prisa llegaría aun en menos tiempo, también era verdad que podía defenderse sola perfectamente y que por instinto la mayoría de los youkais que habitaban en el bosque huían de su presencia… Pero ni aún con todo eso excusaba que Sesshomaru la dejara sola.
Sus sentidos debían de estarle fallando, no podía creer que fuera el aroma de ella, que hace tanto que no percibía, parecía mezclado tenuemente algo más, pero él en definitiva jamás confundiría esa esencia, era el aroma de Kagome, una fragancia única que solo ella poseía.
-Vuelvo en un rato Kykio-
-Inuyasha…- Pero el mitad hombre, mitad demonio, ya se le alejaba a paso presuroso de la cabaña de Kaede-
Tan veloz como sus bien entrenadas piernas y sentidos físicos se lo permitían, Inuyasha corría tras aquel rastro que una suave brisa le había llevado, cada vez la esencia se hacía más fuerte, no había margen de error, se acercaba a ella… En un pequeño llano la vio por fin, sentada, recostada de un árbol y dormida. Estaba diferente, pero era ella, a quien desde hace tanto no veía, dormía apacible con la brisa acariciándole su ahora larguísimo pelo azabache, llenando sus fosas nasales de su olor.
Sin pensarlo se abalanzó hacia a ella, despertándola de golpe, abrazándola.
Kagome pensó que era uno de sus tantos sueños, uno de esos que odiaba, que creía haber controlado por fin pero de vez en vez la asediaban llenándola de dolorosos recuerdos, cosas que simplemente quería olvidar.
Y lo abrazo.
Le correspondió antes de que el sueño finalizara, solo para dejarla de frente a la cruel realidad.
-Inu…yasha…-su voz era apenas un susurro-
Entonces el olor de él la hizo despertar ¿Qué estaba haciendo? ¡Eso no era un sueño, era la realidad! Estaba allí, como una tonta abrazando al hombre por el que tantas lágrimas había derramado, por el que había cruzado a pie por el mismo infierno, el que le dio la espalda y escogió amar a otra persona. No le odiaba, no, eso no iba con su naturaleza ni forma de ser, pero que no le odiase no quería decir que lo iba a estar recibiendo en brazos cada vez que él viniera hacia ella, aquel no era el momento de mostrarse débil y necesitada, eso no era lo que había aprendido con tanto trabajo al lado de Sesshomaru, quien de seguro se asquearía al verla así.
-Inuyasha- Esta vez el tono de su voz fue seguro, ya había espabilado-
-Kagome… Realmente eres tú…- La abrazaba con vehemencia, jurándose no volver a perderla. Aquel contacto le delataba las formas crecidas de la ahora mujer que rodeaba con sus fuertes brazos. Había sido un tonto, habiendo preferido vivir en una ilusión, lo que creyó amor no era más que una añoranza del pasado-
-¡Osuwari!
Kagome se alejó de él en el momento exacto en que el híbrido hacía un tremendo agujero en el suelo, sintiendo en cada hueso de su constitución un dolor que creía olvidado.
-¡¿Pero qué demonios haces?!-
-Eso debería decirlo yo, vienes y me abrazas como si nada.
-Fuiste tú quien se fue sin avisar, sin decir ni una palabra.
Fue en ese momento que Inuyasha, mientras la escrutaba con la mirada se fijó más en cada detalle de la mujer que estaba frente a él. Estaba mucho más diferente de que lo había intuido, más alta, su pelo suavemente ondulado que le llegaba a las rodillas, sus vestimentas, que no eran las que solía llevar meses atrás, tenía espadas en el cinto y se veía fuerte, fuerte como nunca la imaginó. Pero sobre todo, las marcas que adornaban sus mejillas, brazos y piernas lo dejaron consternado.
Absorbió nuevamente su aroma, sabiendo ahora que de hecho no era una treta de su imaginación. Sesshomaru. Ella olía fuertemente a Sesshomaru, no como el aroma que expide una hembra que ha sido marcada por su macho, si no como alguien de sangre.
Una TaiYoukai.
Kagome convertida en una TaiYoukai.
-Kagome…. ¿Qué? ¿Qué te hizo? ¿Cómo paso esto?- Inuyasha la sostuvo abruptamente por los hombros. Viéndola, escrutándola. Pero la mirada que recibió de parte de Kagome lo dejo helado, y sus reflejos le salvaron de ser herido por las garras de Kagome que lo habían atacado en aquel instante.
-No me toques- Dijo autoritaria, ante un Inuyasha que no cabía en sí de la estupefacción-
-¡Kagome! Dime que te hizo Sesshomaru. ¡Le haré pagar! Nunca imaginé que pondría un dedo sobre tí.-
-¿No te das cuenta Inuyasha?
-¿Qué quieres decir?- Estaba más que confundido, ¿Por qué era a él a quién dirigía esa mirada fría y triste? ¿Decepcionada? Él que tanto la extrañó, que en cada momento la buscaba, que tantas veces había tratado de cruzar el pozo para ir en pos de ella, pero le había sido imposible.
-¡Yo morí Inuyasha! En el bosque, aquel día. Y no estaría viva de no ser por Sesshomaru. Pero tú no sabías nada de esto. ¿Cómo lo ibas a saber si estabas tan ocupado con Kykio? De nada sirvió quererte tanto, mas no te culpes, no fue tu culpa que me mataran aquel día, fue mi culpa, por mi ingenuidad. ¡Por haberme enamorado de alguien a quien jamás debí haberle confiado mis sentimientos!-
Inuyasha se quedó sin palabras, helado. No sabía qué hacer ni qué decir. Precisamente por ello no se atrevió a moverse ni intentó hacer nada cuando Kagome le dio la espalda, y se fue alejando, a paso calmo como si nada hubiera sucedido. Es cierto que él la había buscado, pero nunca pensó que ella habría pasado por todas esas cosas, simplemente la imagino feliz y contenta en su casa, y el por su parte estaba muy bien consolado con Kykio.
Estaba sentada en el pozo, mirando la luna que brillaba en todo su esplendor. Ya se había cumplido el plazo acordado con Sesshomaru, y sus instintos le avisaron de su llegada. Como de costumbre, Sesshomaru estaba majestuoso, en cada paso reflejaba excelencia y elegancia. Se preguntó cómo se vería el en su época, aunque era mejor ni pensar en ello, siendo imposible que el lograse pasar por el pozo, a lo mejor ni lo intentaría.
-Sesshomaru-
Él apenas hizo un gesto de reconocimiento, demostrando que le prestaba atención.
-Aquí es, por medio de este pozo puedo viajar a mi época. Antes Inu…yasha también podía, pero no sé por qué el pozo se ha sellado para él, mi familia debe estar preocupada, hace más de tres meses que no regreso (y ya se deben haber acabado las vacaciones de verano -.-").
-Hablas demasiado.
Kagome no se ofendió, sabía que él le había prestado atención. Se puso de pie, dispuesta a saltar por el pozo, era momento de despedirse por unos días.
-Volveré en una semana o dos.
Pero esos no eran los planes de Sesshomaru. Kagome, casi se atraganta de la sorpresa al ver como en un rápido movimiento Sesshomaru salto al pozo, que resplandeció en un fulminante brillo azul. Ella se apresuró a ver si lo veía dentro. Pero no. Sin pensarlo también se lanzó al pozo. Sesshomaru había pasado a su época.
-¡Ouch!-
Parece que la falta de práctica le había hecho perder habilidad, pues cayó fuertemente sentada en el piso. Al mirar hacia arriba pudo ver el techo que cubría el lugar, y a su lado, parado como si nada, Sesshomaru, que de un salto salió de el pozo.
Kagome se habría reído a carcajadas con su expresión facial al ver en entrecejo fruncido de Sesshomaru, de no ser porque de inmediato reconoció lo que provocaba su molestia
Dióxido de carbono y otras cosas se podían sentir en el aire, contaminación. Nunca antes había reparado en ello, pero en aquel momento no se sintió muy feliz de sus ahora, afinados sentidos.
Por su parte a Sesshomaru aquel lugar le parecía bastante extraño, sin cruzar palabras siguió a Kagome que se le había adelantado, corriendo afuera y abalanzándose a una humana, que por su olor reconoció como la madre de la miko.
-¡Mamá!-
-¿Kagome? ¡Oh, por Kami-sama! ¡Kagome, eres tú! ¿Por qué has tardado tanto en venir? Estábamos preocupadísimos. Y que te ha pasado? ¡Estas muy distinta! Ah, hola Inuya…!
La mujer se detuvo en seco, cuando al analizar un poco al acompañante de su hija, se dio cuenta de que no era Inuyasha, aunque tenían cierto parecido, en especial por su color de cabello y ojos.
-No es él. Es su hermano, Sesshomaru- Se apresuró en presentar Kagome, aquella situación se le antojaba de lo más anormal. Por su parte, a él no le gusto que las presentaciones tuviesen que ser a base de reconocerle como familiar de Inuyasha
-¿Y el abuelo y Souta?- De más estuvo preguntar, porque su pequeño hermano venia corriendo hacia a Sesshomaru-
-¡Amigo con orejas de pe..!- Souta paró en seco como lo había hecho su madre. La mirada que le dio Sesshomaru (y la ausencia de las orejas caninas) le dejaron clarito que no era con él con quien trataba.
Kagome se acostó en su mullida cama, que tanto había extrañado, porque a pesar de todas las comodidades de las que gozaba en el castillo de Sesshomaru, ninguna cama era como la suya. Por su parte, Sesshomaru la miraba expectante. En medio de las presentaciones y demás con la familia de Kagome, tras ser confundido con su inútil medio hermano, casi matar a un estúpido gato y tener que disimular su desagrado por aquella raza inferior, aun se cuestionaba en motivo de sus actos.
Kagome de lo más calmada le hizo señas para que se sentara en la cama, a lo que el accedió sin más. Su abuelo se había inventado que estuvo de rehabilitación de una enfermedad impronunciable en otro país, el instituto hacía ya dos semanas había empezado la docencia.
Bueno, ya pensaría en eso más tarde. Seguida por Sesshomaru se despidió de su familia, prometiendo volver pronto, no le parecía buena idea alargar su estancia estando acompañada de él. Pero…
No pudieron pasar por el pozo de regreso.
Genial, justo lo que les faltaba. Quedarse atrapados en su época.
-Creo que deberíamos arreglarlo- Sesshomaru abría y cerraba amenazantemente sus garras, mostrando toda la intención de destruir el ahora disfuncional portal-
-¡No Sesshomaru! ¡Entonces nos quedaríamos aquí para siempre!-
-¿Y qué pretendes?
-Pues que nos quedemos aquí hasta que funcione, en realidad no es la primera vez que pasa, seguro que dentro de unos días vuelve a la normalidad.
Muerta. Siempre le había parecido cliché, pero ahora si lo creía, si las miradas mataran, Sesshomaru se habría encargado de que llegara al núcleo del planeta. Podía sentir su mirada inclemente atravesando su nuca mientras entraban nuevamente a la casa sacando la atención de los presentes de la televisión para posarla en ella, mientras él se había quedado tranquilamente recostado del marco de la puerta de la entrada, mirando un cielo nublado y oscuro en que no resplandecía ni una estrella, en contraste con las luces encendidas de los negocios y viviendas.
-Nos… quedaremos por un tiempo.
-Que bueno Kagome, así podrás ir al instituto.- Le dijo graciosamente su abuelo-
-Y Sesshomaru podría ir contigo.- Tranquilamente mientras se tomaba un té, le decía su madre. Ella ya estaba subiendo pesadamente la escalera sin reflexionar en realidad en lo que le decían.
-Sí, claro… ir conmigo.- No fue hasta que estaba arriba que vociferó casi perforándole el oído a Sesshomaru.
-¿Quéeeeeeeeee?
-Kagome, prepara la habitación para Sesshomaru- Antes de nada se dirigió a su aposento, y se desvistió. Miró su figura desnuda en el espejo, aún sentía que le quemaba en la piel roce de Inuyasha, sacó un suelto vestido amarillo pastel de tiritas finas que le llegaba hasta las rodillas, pero al ponérselo notó como este se abrazaba delicadamente a sus curvas, cosa que no sucedía antes. Era como haber crecido de golpe. Sin más de por medio se dirigió a la habitación de huéspedes, procurando que tuviera lo necesario para él.
–Bueno, no hay oro, ni hermosas pinturas, ni cortinas suntuosas…. Pero tendrá que conformarse con lo que hay- Le pareció gracioso aquel pensamiento, recordando lo inmenso del castillo del TaiYoukai ante el cual su vivienda y el templo parecían la casita de los sirvientes.
-Sesshomaru-sama – La madre de Kagome se dirigía a él con cordialidad, tan amable como era. Ya Kagome le había hablado antes del medio hermano de Inuyasha, al que al parecer no le agradaban mucho los humanos pero Estaba acompañando a su hija a una época puramente humana lo que le dejaba mucho a la imaginación- Tenga, por ahora puede usar estas yukatas- le dijo entregándole dos yukatas limpias y planchadas-
Sesshomaru las tomó, descubriendo de dónde Kagome había heredado su extraño comportamiento. Por ahora se limitaría a conocer el lugar en que vivía Kagome, lo cual tenía su lado bueno, así podría controlar los inmensos deseos de matar a hermano y aquel sentimiento indeseable que se movía dentro de él como un parásito infectándolo y desquiciando todo su ser. Pero él no era tan débil, oh no, no se dejaría controlar tan fácilmente por sus emociones y que reconocía como la fuente que lo había llevado a aquella situación.
En el momento que le hizo creer a ella que se iba, simplemente se alejó a una distancia prudente hasta que ella dejara de percibirlo, ocultó su aroma y la siguió sigilosamente, tanto que no pudo descubrirlo; ella era buena, sí, pero no lo suficiente como para competir con él. La observó mientras se quedaba plácidamente dormida en un claro, como era llevada en los brazos de Morfeo al mundo de los sueños, y unas horas más tarde, el olor de Inuyasha acercándose atacó sus sentidos. Se mantuvo tranquilo, esperando a ver qué sucedería y si sería necesaria su intervención.
Él la abrazo. Sus garras se fueron clavando en sus manos.
Susurró su nombre. Sus palmas empezaron a sangrar.
Ella le correspondió. Su sangre hervía.
Ella susurró el nombre de él. Sesshomaru se fue sigilosamente sin ser notado y acabó con la mitad de fauna demoníaca de aquel bosque.
Luego la vio allí, en el pozo, pasadas dos lunas, como habían quedado. Esperándolo. Y no pudo controlar el deseo incesante de saber más de ella. Más que Inuyasha, y de paso, por fin matarlo de una buena vez.
-Sesshomaru, tu habitación está lista.- El canturreo de su voz lo sacó de sus pensamientos, al verla ya no le sorprendieron sus ropas, que había concluido eran así en aquel lugar, la siguió en silencio al aposento que habían preparado para él. Se dio una "ducha" en el afán de quitarse el olor a sangre que aun podía sentir en su piel a pesar de haberse bañado en un río y que Kagome no lograba percibir. Ee puso una yukata azul sencilla y fue a al comedor, donde la familia conversaba animadamente.
Parecía que la lista no conocería su fin, ya había hallado una nueva "primera vez"
~Continuará~
