Bienvenidos a un nuevo capitulo de mi fanfic.
Disfruten la lectura.
Luego de que Twilight dejara el castillo, Spike planeó muchas cosas para hacer durante los días que ella no estaría allí, sin importar que ahora tuviera un par de obligaciones extras. Los primeros días fueron de relajación total, nada que hacer ni nadie a quien responder.
Una de las actividades en su lista requería la compra de ciertos víveres, por lo que salió a comprarlos. Saludó a cada poni en el camino e incluso habló con un par de sus amigas, todo parecía normal. Luego de hacer las compras, Spike regresaba al castillo cuando dos caras conocidas aparecieron.
—¡Spike! —gritaron Snips y Snails al mismo tiempo.
—¿Qué sucede chicos?
—¡Tienes que venir rápido, encontramos una mena con una joya extraña!
—¡¿Qué estamos esperando?! ¡Vamos! —exclamó Spike siguiendo al par de potrillos.
Corrieron y corrieron casi en línea recta,hasta llegar a las afueras del pueblo. Spike respiraba agitadamente mientras observaba a su alrededor, no había nada.
—¿Dónde está? —preguntó exhausto.
De pronto, Snips silbó y casi todos los potrillos del pueblo salieron de varios escondites. Cuando menos se dio cuenta, estaba rodeado por todos ellos.
—Hola amigos, ¿quieren un poco? —dijo sacando una bolsa de papas.
—No Spike, no queremos —dijo Snails.
Todos ellos lo miraban furiosos, algunos con sonrisa maliciosa.
—¿Q-que sucede? —preguntó nervioso.
Los potrillos, ansiosos por comenzar, fueron cerrando el círculo poco a poco, acorralando a Spike en el centro. El dragón desviaba la mirada de un lado a otro, buscando la respuesta en alguno de los potrillos que lo hostigaban, pero sólo encontraba odio, un odio que nunca antes había visto, ¿Cómo era posible siendo todos tan amables cuando los conoció?
Cuando menos se dio cuenta, uno de los potrillos lo empujó por atrás, haciéndolo caer al suelo, la bolsa con todos los víveres quedó esparcida. Spike se reincorporó rápidamente.
—¿Quién lo hizo? —inquirió.
Pero nadie respondió.
De repente, otro empujón hizo que llegara de un extremo del círculo al otro, lo que les permitió seguir empujándolo muchas veces más.
—¡Eres un ama yeguas! —comenzaron a exclamar los potrillos.
Spike rogaba para que se detuvieran, ellos sólo repetían aquella frase una y otra vez. Luego aquel insulto se convirtió en cantico al cual todos se adhirieron. Parecía que ese momento no tendría un final claro, hasta que, debido al calor del momento, un empujón se transformó en un golpe que tumbó a Spike, dejándole una marca en su mejilla izquierda.
Los demás se detuvieron y murmuraron entre ellos, cuestionando a quien golpeó a Spike.
—¡Él es un ama yeguas, merece eso y mucho más, vamos a darle!
Los potrillos dudaron por un segundo, todos allí sabían que Spike era un buen dragón y que tal vez no merecía eso, incluso era amigo de alguno de ellos. Pero lo que sus familias les inculcaron era mucho más fuerte.
Todos se abalanzaron contra él, pero antes de que algún casco tocara sus escamas, una mancha arcoíris golpeó el suelo a toda velocidad, levantando una gran cantidad de polvo.
Asustados, sus agresores huyeron despavoridos, no sin antes amenazarlo con volverlo a tratar así si demostraba esas actitudes que no estaban permitidas en el pueblo. La pegaso, sin perder tiempo, cargó a Spike en su lomo y despegó hacía el castillo.
Al llegar, Rainbow depositó a Spike en su cama, este sólo temblaba por todo lo sucedido.
—Quédate aquí, volveré pronto Spike, lo prometo.
Spike tomó el casco de Rainbow con una mirada que imploraba que se quedase a su lado.
—Sólo será por un segundo.
Spike estaba acostado en su cama, pensando en lo sucedido. Al final, Twilight tenía razón, aquella vez que fue a confesarle a Rarity sus sentimientos luego de que ella le dijera lo sucedido con la modista, alguien los había escuchado.
Llegó a culparse por todo lo sucedido.
Mientras tanto, en el salón de los múltiples tronos, las chicas discutían lo sucedido.
—No puedo creer que esto le haya pasado a mi Spikeywiky —suspiró Rarity.
—Yo no puedo creer como todos esos potrillos atacaron a Spike de esa manera, son unos cobardes —dijo Rainbow Dash.
—¿Pudiste ver quiénes eran? —preguntó Applejack.
—No, sólo me concentré en salvarlo.
—¿Creen que alguna de sus hermanas sepa algo? —inquirió Fluttershy.
—¿No estarás insinuando que ellas tuvieron algo que ver en todo esto verdad? Mi Sweetie Belle no es capaz de hacer algo tan ruin como eso —acusó Rarity.
—Mi pequeña manzana tampoco.
—Ni mucho menos Scootaloo.
Todas estaban seguras de sus palabras, pero el miedo es una herramienta de control eficaz, tal vez ellas lo sabían pero no le dijeron nada a nadie por temor a represalias.
—Cuando vayamos a nuestros hogares debemos preguntarles, pero con tacto —sugirió Rarity.
Applejack y Rainbow asintieron.
—Por ahora, no creo que Spike deba estar solo en el castillo, necesitamos estar aquí para él, ¿Quién quiere quedarse esta noche? —preguntó Rarity.
Pensaron por algunos segundos, pero todas tenían planes por su cuenta. Pinkie fue la única que dio una respuesta para el día siguiente, donde acompañaría a Spike con muchos dulces.
—Está bien, traeré mi trabajo al castillo y me quedaré con él.
Todas se retiraron del lugar, Rarity trajo los diseños en los que estaba trabajando al castillo y de vez en cuando iba a ver como estaba su dragón favorito. Las horas pasaban, no quiso cenar, ni leer historietas o degustar joyas, sólo quería sufrir en soledad.
La noche arribó. Spike se encontraba arropado, listo para dormir, pero no podía. Su cabeza estaba fría pero sus pensamientos seguían persiguiéndolo hasta que la perilla de su puerta sonó y esta se abrió.
—¿Puedo pasar? —preguntó Rarity.
Nadie respondió, ella ingresó y caminó por aquel lugar iluminado por el astro de la princesa Luna. Sin decir una palabra, se acercó a la cama y se sentó en el borde. Spike pudo sentir el ligero movimiento del colchón cuando ella lo tocó con su cuerpo. Permaneció sin decir una palabra, sus cascos acariciaban la suave superficie en la que se encontraba. Sin que ella lo notara, entreabrió los ojos y la vista era imposible de mejorar, podía observar con lujo de detalle aquel flanco de perfecta figura acompañado de su cutie mark de diamantes, con un leve sonrojo, Spike se volteó.
—No puedo creer lo suave que es esta cama, mucho mejor que tu antigua canasta si me permites decirlo —dijo Rarity.
Pero no hubo respuesta. Cuando la unicornio estaba por darse por vencida, una pregunta del dragón llamó su atención.
—¿Crees que soy un mal dragón?
—¿Disculpa?
—¿O un fenómeno?
—No Spike, tú no eres nada de eso —afirmó Rarity.
—Pero eso dijeron los chicos esta tarde, que por amarte era un bicho raro, deben tener razón…
—Ahora, detente ahí, no escuches a esos rufianes Spike, tu eres una de las almas más gentiles y generosas que conozco, sin importar a quien ames, no eres un fenómeno, eres un gran dragón.
El corazón de Spike se sentía aliviado, pero tomaría tiempo asimilar todo lo ocurrido.
—¿No crees que es algo tarde? Deberías volver a tu casa.
—No Spike, entre todas acordamos cuidarte para que no te sientas solo, hoy me toca a mí.
—En ese caso, te diré dónde está el cuarto de Twilight para que puedas dormir a gusto.
—De hecho, creo que tengo una mejor idea, no creo que debas dormir solo, al menos esta noche —propuso Rarity.
El corazón de Spike comenzó a latir a toda velocidad. Esté se sentó en la cama.
—N-no tienes que hacer eso Rarity, en serio.
—Perdóname Spike, pero insisto —dijo Rarity acostándose sin más al lado de Spike.
Spike tragó saliva y apresuró a recostarse antes que otro tipo de pensamientos invadieran su mente. Ambos se acomodaron dándose la espalda y usando su magia, cerró las cortinas, quedando ambos en completa oscuridad.
Unos minutos pasaron, sin que nada perturbara el ambiente de tranquilidad, hasta que la voz de Spike rompió aquella ilusión.
—¿Rarity, estás despierta?
—¿Qué sucede Spike? —susurró.
Sintió el colchón moverse y luego una garra que rodeaba su cuerpo seguido por el cuerpo del dragón que se pegaba a ella en un abrazo.
—Gracias.
Rarity se dio vuelta y atrapó a Spike entre sus cascos compartiendo el calor de sus cuerpos.
—De nada.
XXX
A la mañana siguiente, Dry se encontraba durmiendo cuando la alarma de su reloj sonó, despertándolo de su letargo. Rápidamente se levantó de la cama, cogió sus lentes del escritorio y organizó su alforja para el viaje; su diario de investigación, tinta, pluma y pergaminos, un par de libros y algunos pañuelos.
Una vez listo, salió de su propiedad y corrió hasta la entrada del castillo del cristal donde se encontraría con Twilight y su hermano. Mientras recorría el camino, intentó recordar si había guardado sus dulces favoritos, y otras exquisiteces, fuera del alcance de la poni que se encargaría de cuidar su casa mientras él no estaba.
No muy lejos de allí, los hermanos esperaban a que el hipólogo llegara para partir hacía aquella ciudad que ninguno de los dos conocía. El día de ayer fue uno largo para Shining, luego de aquella mala noticia su mundo se había derrumbado por completo. Después de aquella escena donde Cadence dejó muy en claro que no quería nada más con él, empacó sus cosas y esperó a su hermana para decirle que se iba, pero cuando ella llegó y le dijo que se irían a otra ciudad, le ocultó lo ocurrido y pensó que una visita rápida a otro lado despejaría su mente.
La corazonada que tuvo Twilight en la biblioteca se hizo real y era extrañamente familiar. La memoria la remontaba al pasado cuando ambos decidieron separarse, fue algo muy doloroso para Shining. Por un buen tiempo obtuvo una mirada vacía, sin expresión. Ahora había regresado, por lo que se abstuvo de preguntarle sobre lo ocurrido.
—¿A qué hora viene tu amigo? —preguntó Shining.
—No debería tardar.
—Sabes, no estoy de humor para andar de niñero con ese amigo tuyo.
—No deberías, él tiene más de mil años —afirmó Twilight.
De repente, el hipólogo llegó exhausto y sudado, recuperó el aliento y aclaró su garganta antes de hablar.
—Buenos días, princesa Twilight —saludó haciendo una pequeña reverencia.
—Hola Dry, este es mi hermano Shining Armor, Shining él es el hipólogo —presentó Twilight.
—Es un gusto conocerlo —dijo Dry estrechando el casco de Shining.
—Hola —pronunció a secas.
—¿Entonces, estamos listos para partir? —preguntó Dry.
—Sí, podemos irnos —respondió Twilight.
—¡Entonces vamos! —exclamó apresurando el paso.
Los hermanos se miraron extrañados por un segundo, colgaron sus alforjas y lo siguieron.
—¿Estás segura? —preguntó Shining de forma burlona— Parece que tendré que andar de chaperón.
Mientras se alejaban del castillo de cristal, la estación de tren se hacía más visible. Cuando estaban por llegar, un guardia de cristal los interceptó.
—Princesa Twilight Sparkle, vengo de parte de la princesa Cadence —Shining desvió la mirada ante aquel nombre—. Me informaron que ella preparó el tren especial de la realeza para que la lleve a su destino.
—Oh, es muy amable de su parte, pero no será necesaria la molestia —dijo Twilight.
—Ella dijo que usted diría eso, así que insiste en su pedido, además, ya está listo para partir.
El guardia se hizo a un lado para dejar ver al tren especial de tres vagones, totalmente equipado para estas situaciones. Los ojos de Dry se abrieron a la par a la vez que brillaban, dejándose deslumbrar por esa maquinaria de alta tecnología.
—Está bien, lo tomaremos, prometemos cuidarlo —dijo ella.
—Sé que lo harán, les deseo lo mejor en su viaje —despidió el guardia galopando hacía el castillo.
—Por aquí su alteza —dijo el maquinista guiando al trio al tren.
Un grupo de ponis curiosos aguardaban en la estación, ansiosos por ver a la princesa de la amistad. Ella los saludaba, algo avergonzada mientras ingresaban al tren.
Dry, con mucha curiosidad, recorrió los tres vagones rápidamente, desde el comedor, pasando por el vagón cocina hasta el lugar donde ellos estarían sentados, el cual incluía varias comodidades para los ocupantes.
Mientras el hipólogo exploraba, el maquinista le dijo a la princesa:
—Espero que disfrute de todo lo que este tren tiene para ofrecer, yo seré el encargado de llevarlos a su destino.
—Estamos muy agradecidos —dijo Twilight, en ese instante Dry pasó corriendo hacía otro vagón—, de verdad.
—Si desean algo, sólo pídanlo, iré a iniciar la marcha.
Unos minutos más tarde, el tren inició su marcha hacia Dodge City. A mitad del camino, Dry regresó al vagón principal y tomó asiento junto a Twilight.
—¡Este tren tiene de todo! —exclamó llevándose un pastelillo a la boca.
—Está muy emocionado, ¿es la primera vez que viaja en tren?
—Es la primera vez que veo uno.
—¿En serio?
—Pues, los trenes son un invento reciente y no tuve la oportunidad de tomar uno desde que regresé.
—Cierto, a veces lo olvido.
Mientras Dry terminaba su aperitivo, Twilight no pudo evitar notar que su hermano miraba por la ventana hacía el ya perdido en el horizonte, imperio de cristal. Ya había dejado pasar demasiado tiempo.
—Shining, ¿Qué te parece? Ahora que lo pienso un tren privado no suena tan mal, ¿eh?
Pero este no respondió.
—Shining… ¿Qué sucedió entre Cadence y tú?
—¿Cadence? ¿Cadence la princesa? —preguntó Dry casi atragantándose con el pastelillo.
Tanto Twilight como Shining le dieron una mirada, una más despectiva que la otra.
—Creo que… voy a revisar el baño del tren… otra vez —dijo alejándose rápidamente.
Una vez que el hipólogo salió de allí, Shining suspiró.
—Ella no quiere saber nada —dijo con pesar.
—¿A qué te refieres?
—Me habló y me dijo que no quería nada conmigo por el bien del imperio de cristal.
—¿Y el bebé?
—Lo dará en adopción, lo entregará a algún guardia, lo pondrá en una canasta y lo dejará en alguna casa de adopción, no sé lo que le hará. Lo que si se, es que ella no quiere tenerlo conmigo.
Quería llorar y desahogarse, pero ya había dejado caer todas sus lágrimas en la soledad del castillo.
—Pero no puede ser… eran tan felices juntos —comentó Twilight sin poder creerlo.
—No puede ser que la dejara entrar a mi corazón nuevamente, me siento un idiota, destinado a repetir los mismos errores una y otra vez.
Twilight se acercó a su hermano y lo abrazó, este apoyó su cabeza encima de la de ella.
—Lamento mucho el haberte traído a este viaje Shining, si te hubieras quedado en Canterlot…
—No te culpes hermanita, de todas formas ella iba a invitarme para verla.
La conversación los distrajo tanto que no se dieron cuenta cuando el paisaje cambió, o cuando el tren se detuvo. De repente, los altavoces del tren se encendieron y el maquinista pronunció:
—Hemos llegado a destino princesa, Dodge City la espera.
Hasta aquí llegó el capitulo señores, espero les haya gustado.
Un simple capitulo de transición, pero Dodge City guarda lo mejor del fanfic, asi que esperenlo con ansias.
En este espacio, voy a responder los reviews dejados en el capitulo anterior por parte de:
PinkieAgus: Gracias por el comentario.
Dragon Lector: Gracias por el comentario. ¿Crees saber quien es el cliente del detective? Apostemos (?
Linkwarriorx0: Gracias por el comentario. Y si, fueron una vacaciones largas de verdad.
misery680: Gracias por el comentario y si, son heterosexuales en su mayoria.
Julian The Dreamer: Gracias por el comentario.
Recuerden, si les gustó dejen un review, si tienen alguna duda o consulta pueden mandarme un MP, no muerdo, tambien pueden darle like a la pagina de facebook "exelion fanfiction" para estar enterados de avances y otras cosas, link en mi perfil o pueden buscarlo por FB.
Nos vemos gente, se despide, Exelion.
